Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 6
Se supone que el yoga se trata de centrar la mente de uno, concentrarse, y estar presente, pero todo lo que veo cuando cierro los ojos es a Edward. Realmente espero que él no mire hacia aquí. Gracias a Dios, las luces están apagadas, pero hay solo un cristal entre esta sala y el resto del gimnasio.
No ayuda que también soy mala en esto. Adonde sea que mire, cuerpos viejos y jóvenes se estiran y se doblaban como pretzels mientras que yo simplemente... lo intento.
—Mientras más asistes, más fácil se volverá —promete Rose mientras nos vamos.
Asiento, fingiendo no estudiar el cuarto lleno de atletas.
—Él está en la sala de spinning.
—Sabías que estaba aquí. Perra conspiradora.
—¿Besas a tu madre con esa boca? —Reacomoda el cabello de su coleta—. Creo que también deberías probar spinning.
—¿Eso no es bicicleta? Mis piernas ya se sienten de gelatina después del yoga.
—Yo tomaré a los niños; deberías intentarlo.
—No. —Me apuro a decir, dirigiéndome hacia la guardería antes que ella lo haga. Puedo sentir su crítica—. Estás siendo detestable, por cierto. Si y cuando hable con Edward, será con mis términos y cuando no esté sudada y asquerosa. ¿De acuerdo?
—Me encanta cuando tienes agallas —canturrea—. Es sexy.
Poniendo los ojos en blanco, busco a mi hija y espero a que ella busque a los suyos.
~tbts~
El Sr. y Sra. Gerandy celebran su quincuagésimo aniversario este domingo, y hemos sido contratados para alimentar a sus invitados. Mi trabajo es hacer una réplica del pastel que tuvieron en su boda. Es un gesto dulce, y estoy emocionada. Todo cambia de generación en generación, y los pasteles populares de hoy difieren a los de los años sesenta. Será un buen cambio de aire para mí.
Mike me llama cuando llego a tienda de artesanías a la que suelo ir en busca de artículos para tortas.
—Hola, Mike.
—Hola, Bella. ¿Es un buen momento?
Suspirando por dentro, cruzo el estacionamiento. Esa pregunta usualmente precede largas conversaciones, y no soy una persona que usa mucho el teléfono.
—Tengo un par de minutos, sí.
—Oh, bien. —Se aclara la garganta—. Sé que las cosas están agitadas esta semana, pero tenemos un par de días libres cerca y me preguntaba si te gustaría llevar a Charlie a ese lugar nuevo en la ciudad. ¿Con el chocolate caliente que a ella le gusta?
Mi corazón se cae. Mike Newton es uno de los hombres más amables y tontos que conozco. Es adorable también, y muy atraído hacia mí. Incluso adora a mi hija. Todas esas cosas lo harían un excelente novio. Y aún así, simplemente no puedo. No me atrae lo suficiente de esa manera, no importa cuánto desee que lo hiciera.
Pero somos amigos. Amigos cercanos. Razón por la cual estas seudo-citas son normales para nosotros.
—Eh, claro. A ella le encantaría eso.
—Genial —dice, sonando aliviado. Me hace sentir mal que lo ponga así de nervioso. Sé lo que es tener sentimientos no correspondidos—. ¿El martes?
—Está bien. Quizás temprano, ¿antes de su siesta?
—Perfecto. Bien. —Se ríe—. De acuerdo, Bella. Nos vemos pronto. ¿Necesitas algo para el pastel?
—Estoy bien. De hecho estoy en Hobby Lobby ahora mismo.
—Te dejaré ir.
Técnicamente, no hay razón para que me sienta culpable, porque jamás le he dado esperanzas a Mike. Él sabe cómo es nuestra relación; él simplemente es... irritantemente persistente.
Colgamos, y rápidamente abro la app que uso para mis listas de compras.
~tbts~
—Mamá. ¡Mamá! ¡El timbre! —Como si no hubiera escuchado el timbre.
Aún así, le sonrío y revuelvo su cabello.
—Lo escuché. Gracias, cariño.
Vamos hacia la puerta y decimos, al mismo tiempo, «¿quién es?» aunque puedo ver por la mirilla que es Edward. Diablos. Libero mi coleta y paso mis dedos por mi cabello.
—¡Un segundo!
—¿Quién es? —pregunta Charlie, en el susurro más fuerte posible.
—Es Edward. —Chequeo mi camiseta y abro la puerta—. Hola, tú.
—Hola. —Alza las dos bolsas de comestibles que sostiene. Intento, vanamente, no imaginarlo levantando otras cosas, como pesas, medio desnudo—. Rose me pidió que trajera esto.
—Oh, está bien. —Le indico que entre. Él huele muy bien—. Fue amable de tu parte.
—Está bien. He estado haciendo recados todo el día, de todas maneras.
—Hooola, Edward —dice Charlie amablemente, siguiéndonos hacia la cocina.
—Hola, Chuck.
Ella esboza una sonrisa y me muerdo el labio antes que yo también lo haga.
—Mi tío Emmett me llama así.
—Lo sé; él me lo dijo. —Edward me echa un vistazo, como si estuviera preguntándome si está bien.
Me encojo de hombros, sonriendo.
—Ella fue nombrada por mi padre, y su apodo también es Chuck, así que...
—Sí. —Aparta su mirada, posando las bolsas sobre la encimera—. Emmett también me lo contó.
—Ustedes dos son muy charlatanes, ¿eh? —digo, encogiéndome un poco ante lo atrevido que eso suena.
Quiero decir, creo que lo es. Algo así. Diablos, estoy oxidada. No que esté intentando coquetear, simplemente... él tiene ojos muy expresivos. Brillantes. Como si quizás esté coqueteando. Pero, de nuevo, probablemente habla así con todos. De eso va el carisma...
—...estaban ocupadas. Odio cuando las personas caen sin avisar —está diciendo.
Mierda. Nunca escucho a este pobre tipo. Supongo que es uno de los riesgos de lucir tan bien como lo hace.
—Cierto, sí, yo también.
Él asiente rápidamente.
—Puedo irme, solo...
—¡No! —Charlie y yo decimos al mismo tiempo. Bueno, ella chilla, y yo lo suelto en un jadeo. Todo es muy exagerado—. No —repito, intentando ¡simplemente calmarme! por una vez—. No me molesta que hayas venido. Fue increíble de tu parte que hayas traído estas cosas; estaba esperando a Rose de todos modos, así que, no es que estaba ocupada. Quiero decir, he estado ocupada todo el día, pero estaba tomando un descanso. —Divagando, divagando—. Acabamos de almorzar.
—¿Te gustan los hot dogs? —pregunta Charlie, una mano en su cadera.
—Están bien.
—Son fabulososssss —insiste ella.
—¿Quieres... uno? —pregunto, alejando los nervios absurdos. Quiero decir, ¿en serio? No es la primera vez que hago esto.
—Claro. —Él sonríe y toma asiento frente a la encimera. Charlie desaparece, probablemente volviendo a su app de Alfabeto Interminable.
—Escuché que se vienen grandes cambios —digo, colocando los frascos de kétchup y mostaza frente a él—. Te mudas, ¿cierto? ¿Rose dijo que encontraste un lugar?
—Ustedes dos son muy charlatanas, ¿eh? —dice él, sonriendo engreídamente.
Mi rostro se sonroja, pero decido aceptarlo.
—Sí. Siempre lo hemos sido.
Él se echa hacia atrás en su silla, observándome.
—Encontré un lugar. De hecho, eso es lo que he estado haciendo hoy, moviendo mis cosas. No que tenga mucho aquí. El resto está en tránsito.
—Entonces, realmente te vas a quedar.
—Por ahora.
Su incertidumbre es contagiosa, me hace sentir inquieta.
—¿Eres de por aquí?
—Prácticamente. Crecí no muy lejos de donde conocí a Em.
Es una locura cómo dos personas del mismo lugar pueden crecer para vivir vidas extraordinariamente diferentes.
—¿Tus padres siguen cerca?
—Bueno, ellos viven en el campo ahora. Es lindo, pero no para mí.
—Entiendo eso. —Coloco su hot dog en un bollo y lo ubico frente a él—. Voila.
—Merci. —Él sonríe, sus ojos brillantes y, vaya, son hermosos. Muy hermosos.
—¿Tienes hijos? —pregunta Charlie, de vuelta con nosotros.
—No, no tengo.
—Cuando tengas hijos, podemos jugar —comenta, acercándose a la alacena—. Necesito un refrigerio, mamá.
—Palabra mágica.
—Por favor.
—Está bien. Pero solo un poco, porque acabas de comer.
—Un poco de chocolate.
Tomo un pequeño bol y vierto un puñado de chips de chocolate y maníes.
—No lo comas en tu cuarto, ¿de acuerdo? En la mesa ratona.
—Está bien.
Aferro el bol, sin soltarlo hasta que me lo agradece y sale corriendo.
—Eres una buena madre.
Sus palabras me descolocan por dentro. Me giro para encontrarlo observándome, el hot dog terminado. Nunca sé qué responder a eso. Quiero decirle que él vio un buen momento, que hay muchos más en cuales grito, lo arruino, o permito demasiado TV, o ruego por cinco minutos de paz.
—Gracias.
Él asiente, limpiándose la boca. Nos miramos por un segundo. Me pregunto si él está pensando en el gimnasio, que nos vimos allí. Aparto la mirada primero.
—¿Quieres otro hot dog?
—No. Probablemente debería irme.
—No tienes que hacerlo. —¿Qué estoy diciendo?—. Solo... estoy haciendo rosettes. Si tú, quiero decir, sé que estás ocupado. —Juro que fui a la universidad. Puedo formar oraciones de verdad. Tomando aire profundo, me doy vuelta para lavar mis manos.
—¿Qué son rosettes? —pregunta, muy cerca de repente.
Corazón, acelerado. Lo siento en mi garganta.
—Glaseado. Flores para la torta.
—Oh. Me encantaban de niño.
En la encimera que utilizo para trabajar, le muestro las rosettes de color suave que he estado haciendo toda la mañana. Una se encuentra ligeramente partida, y mi perfeccionista interior probablemente no lo usaría para la torta de todas formas, así que se la ofrezco.
Él la acepta, examinándola, sus dedos rozando los míos.
—Todos peleaban por estas. En las fiestas de cumpleaños.
Él se la lleva a la boca por completo, y me doy vuelta, incapaz de observar esa boca por más tiempo.
—Eso trae muchos recuerdos —dice, y puedo escuchar su sonrisa—. ¿Puedo comer otra?
Le doy dos, contenta. Él es como un niño. Como Charlie.
—Me sorprende que estés comiendo algo de estas cosas.
—¿Por qué? —Ronda por la cocina mientras mastica, estudiando mi selección de mixers, posa pasteles, cortantes de galletas, espátulas.
—Es que eres de apariencia... saludable.
—Estoy seguro que está bien. ¿No comes estas cosas? —bromea.
—Bueno, sí. —Le doy una mirada—. Pero creo que es seguro decir que nuestros estilos de vidas son muy diferentes. Tú eres muy deportivo y yo soy muy...
Él traga, deteniéndose a milímetros de mí.
—Dulce.
¿Alguien más se babea? Les juro que la historia entre estos dos es lo más tierno del mundo :3
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
