Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 7
Edward da un paso hacia atrás, metiendo sus manos en sus bolsillos.
—Gracias por el almuerzo —dice suavemente, una pequeña sonrisa asomándose por su boca. Sus ojos me recorren, como si estuviera asimilándome, realmente viéndome por primera vez.
Lo sé porque eso es lo que estoy haciendo. Estar tan cerca es excitante y aterrador, pero es bueno ser capaz de realmente mirarlo.
—¿Eso es por el fútbol? —pregunto, señalando a una pequeña cicatriz en su ceja.
—Ajá. —Su sonrisa crece, pero la comprime.
—Oh.
Él asiente.
Nos quedamos parados allí como tontos por un momento, rodeados por aromas cálidos, dulces y mantecosos. Charlie se ha movido hacia la sala —lo sé porque ahora Peppa La Cerdita ríe roncamente sobre algo en esa increíble forma inglesa que me encanta.
—Me encanta Peppa La Cerdita —mascullo.
Edward esboza una gran sonrisa.
—Ni siquiera sé qué es eso.
—Una caricatura. —Llevo un mechón de cabello por detrás de mis orejas y doy un paso hacia atrás, echando un vistazo al reloj sobre la estufa.
—Tienes trabajo por hacer —dice, siguiéndome con la mirada. Él es observador, mucho más de lo que estoy acostumbrada. Las personas... tendemos a ser egocéntricas. Sé que puedo serlo, de todas formas. Edward es agradablemente —y sorprendentemente— para nada así.
—Sí. —Deseo que no fuera así. Deseo que pudieras quedarte. Deseo poder besarte, solo para saber cómo es, y luego retroceder el tiempo... así no tengo que lidiar con cualquier repercusión o expectativas o rarezas—. Y tú también, supongo.
—Sí. —Él asiente, pasándose sus manos por su cabello—. Gracias por el almuerzo, Bella.
—Cuando quieras. —En serio. Cuando quieras. Cielos—. Gracias a ti por traer estos suministros.
—Cuando quieras —dice, guiñando un ojo.
Mi estómago da un vuelco, y él se está alejando, metiendo su cabeza dentro de la sala para despedirse de Charlie, que le agita su mano media dormida. Lo acompaño hasta la puerta, saludándolo tímidamente con la mano, obligándome a simplemente cerrar la puerta y no mirar al hombre que se aleja a pesar que estoy tan confundida, indecisa y ansiosa como una chica de catorce años.
Porque sí.
Sí, los guiños sí consiguen a las chicas.
~tbts~
Después de mucha búsqueda online, llamadas telefónicas y visitas improvisadas, encuentro un preescolar que creo le irá bien a Charlie. Ella puede ir media jornada, solo unas mañanas por semana, si queremos. Pasan un par de semanas sin nieve, y aunque lleva un poco más de tiempo para que suba la temperatura, juro que puedo sentir a la primavera llegar.
Un día soleado y fresco, llevo a Charlie a conocer su nueva maestra—su primera maestra. No me encuentro tan emocional como pensé que estaría, afortunadamente. Mi hija es una maníaca, apresurándose hacia adentro y despidiéndose con un chillido antes de tener la posibilidad de ubicarla.
—Tienes suerte —dice la maestra, colocando su mano en mi brazo—. No todos están tan ansiosos en su primer día.
—Supongo que ella es muy independiente. —Está bien, quizás estoy melancólica.
Pero está bien. Ella es ambiciosa, creo.
Después de darle un abrazo, y hacerle saber que la amo, me voy. Como cualquier padre, asumo, siempre me sentiré un poco incompleta cuando ella no está físicamente conmigo, pero también es liberador. Hago los recados para el negocio toda la mañana, contestando un par de llamadas en el transcurso.
Estoy terminando la llamada con la Sra. Gerandy, que llamó para agradecerme una vez más por su pastel, cuando hay otra llamada. Me despido y cambio, para nada sorprendida de escuchar la voz de Mike.
—Hola, Bella.
—Hola, Mike. ¿Cómo va?
—Bien. Acabo de llenar las próximas dos semanas. Estoy seguro que Em te contará todo sobre ello.
—Sí. —Estaciono en mi casa y salgo, disfrutando del sol en mi rostro.
—De acuerdo, escucha...
Oh, no. Sé lo que viene. Nos debemos nuestros almuerzos "amistosos", y ahora no puedo usar a Charlie como mediadora porque está en la escuela.
—¿...una cita? —Pausa—. ¿Conmigo?
—No puedo.
—Oh. De acuerdo. ¿Está... todo bien?
—Sí. Sí. Simplemente...
Estoy soltera. No hay nadie. Bueno, eso es una mentira. Está Edward, estrella de mis fantasías actuales, y la sospecha de que también le gusto. Más que sospechas... desde mi charla con Rose, lo veo con ojos nuevos. Cómo usualmente me está mirando cuando lo miro. Cómo se sienta a mi lado cuando todos vamos a lo de Em y Rose a cenar. Cómo ofrece conducir cuando le ofrezco ir a comprar cerveza o postre o pan francés para dichas cenas.
Pero sin embargo, estoy soltera. Y aún así, no—no puedo, Mike. Porque estás sintiendo cosas, mierda, has sentido cosas siempre, y solo deberías... encontrar a alguien que esté emocionalmente disponible.
—Creo que —comienzo, delicadamente, probablemente deberíamos concentrarnos en el trabajo—. Te amo, Mike, pero... siento que... —Por el amor de Dios, Bella, escúpelo—. Deberíamos mantenernos profesional. Amigos.
—¿Amigos profesionales?
—Sí. —Me paso una mano por el rostro—. Profesionales en el trabajo. Amigos fuera del trabajo.
Él se ríe, pero suena vacío.
—Pensé que eso es lo que estábamos haciendo.
—No puedo salir contigo, Mike.
—Lo entiendo. Está bien.
No lo está, pero fingimos que sí.
—Bien.
—Bien.
—Cuelgo, Mike.
—No te preocupes. Dale a Chuck un abrazo de su tío Mike, ¿de acuerdo?
—Lo haré.
Colgamos. La ansiedad da paso al alivio. Hice lo correcto.
~tbts~
Edward pasa la ensalada.
La acepto, neutralizando mi rostro cuando nuestra piel hace contacto. No tiene que hacerlo, pero él se asegura de que así sea, todo el tiempo.
Hay un lugar libre en la mesa de Em: Mike. Él ha estado aceptando las cosas un poco desde nuestra charla. Entiendo la razón, pero me siento un poco culpable de todas formas.
Entonces Edward pide la manteca, y recuerdo que a menos que me sienta justo así, no tiene sentido. La última vez que un tipo me hizo sentir así de loca por dentro, terminó embarazándome.
Y... eso no es un camino que quiera recorrer. ¡Auxilio, auxilio!
—¿Mamá?
—¿Sí? —Mi voz tiembla. Afortunadamente todos los demás están concentrados en la conversación para notar la locura aquí.
—Rasgué mi camiseta —dice con pena, señalando la costura de su cuello en V.
Me encanta Old Navy, en serio que sí. Pero también puede ser demasiado barato, lo juro. No ayuda que a Charlie le encanta tirar de los hilos, estirar los agujeros, arrancar los botones y abusar de la ropa.
—Cielos. —Suspiro, observándolo—. Está bien, déjala así por ahora. La tía Rose puede coserla.
—Necesitas aprender a coser —se queja Rose, escuchando.
—Todos tenemos nuestros talentos —digo—. Y ese no es uno de los míos.
—Qué lástima —dice Edward.
Lo miro de perfil.
—¿Por qué?
—Tengo una camiseta que necesita ser arreglada.
—Estoy segura que puedes darte el lujo de comprarte una nueva.
—Es de la suerte.
—¿Realmente crees en esas cosas? —Me río.
Emmett se carcajea, golpeando su puño en la mesa.
—¡Bella, vamos! Sé que no miras deportes, pero... esto es básico.
—No más cerveza para ti —dice Rose por debajo de su aliento, apartando su botella.
Él la atrapa, bebe lo que queda, y señala la botella vacía hacia mí.
—De hecho, deberías mirar un juego. Edward tiene vídeos.
—No —gruñe Edward—. Eso es...
—Una buena idea —dice Rose, sonriendo con satisfacción.
—¿Tienes vídeos? —pregunta Charlie, acercándose a Edward, descansando sus manos en el regazo de él—. ¿Peppa la Cerdita?
—No...
—¿Bob Esponja?
—Vamos, Chuck. Vayamos a ver un partido de fútbol —grita Emmett, realmente emocionándose ahora. Sí, ha pasado un tiempo, pero recuerdo este aspecto de su personalidad. Es la misma que solía beber cerveza parado de manos y llenar las casas con papel sanitario.
Echo un vistazo a Edward, pero él está sentado allí, resignado.
—No tienes que verlo si realmente no quieres. —No quiero que se desanime. O esté avergonzado.
—Está bien. Simplemente... es cursi mirar tus propios juegos.
—Como si nunca te hubieras visto jugar —bromeo—. Hazme el favor.
—Lo he hecho. —Se pone de pie, juntando su plato, y luego el mío antes de que pueda protestar—. Pero fue para mejorar mi juego, ver dónde cometí errores así puedo corregirlos para la próxima vez.
—Oh.
El televisor está encendido en la sala. Charlie está parloteando, a una milla por minuto, y ahora Embry y Makenna están allí, gritándonos que nos apresuremos así pueden comenzar.
Ver a Edward en acción es la cosa más sexy que he visto jamás. Estoy contenta de que jamás fui una seguidora, o una chica que iba a mirar los juegos en vivo. Puede que hubiera estado tentada de lanzar mi respeto por la ventana y perseguirlo.
Su juego es fantástico. No soy fan del fútbol y puedo ver lo talentoso que él es. Me explica el juego con voz suave, respondiendo pacientemente mis preguntas. Los niños se van después de un tiempo, y luego lo hacen Em y Rose (algo disimuladamente, creo).
El vídeo termina. Edward apaga el televisor y se echa hacia atrás en su asiento, callado.
Miro hacia dónde descansa su mano sobre su rodilla.
—Lo extrañas.
—Todos los días.
—¿Por cuánto tiempo jugaste?
—Profesionalmente, seis años. Pero he estado jugando desde pequeño.
—Lo siento.
Él asiente lentamente.
—Es lo que es.
Obviamente Edward se está haciendo notar jajaja, ahora solo queda que Bella ceda por completo ;)
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
