Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 13

Como normal, Charlie se queda dormida de camino a casa solo para despertarse al segundo que el coche se detiene. La conversación tranquila que Edward y yo hemos estado teniendo es interrumpida por su energía renovada cuando comienza a charlar sobre la fiesta... y la suya, para la cual faltan unos meses.

Mi mente también sigue en la fiesta, pero por razones diferentes. Por mucho que intento escuchar a Charlie, todo en lo que puedo pensar es la declaración improvisada de Edward. No sabía que se sintiera así, y si Lauren no hubiera empujado sus tetas en su rostro, quizás seguiría sin querer tener idea.

Así que, eh, gracias, Lauren.

No hemos hablado sobre ello, de hecho. Lauren estuvo avergonzada, obviamente, y se alejó, y entonces Angela anunció que era momento de cantar el feliz cumpleaños. Comimos pastel, vimos a Nessa abrir sus regalos, y eventualmente nos fuimos, llevándonos a una Charlie muy reticente con nosotros.

Edward me sigue hacia adentro, dejándose caer sobre el sofá mientras que yo llevo a Charlie para su segunda ducha del día. Afortunadamente, ella no protesta esta vez. En vez de dejarla mojarse y jugar, la restriego y la seco.

—¿Tienes hambre? —pregunto, colocando acondicionador en spray a su cabello así puedo comenzar a desenredar.

—Nop.

—Todo ese pastel, eh.

—Tuve dos porciones. Y un hot dog. Y una fresa.

—Entonces estás llena.

Ella asiente frenéticamente, trepándose a su taburete así puede ver su reflejo mientras cepillo su cabello. Edward entra, algo que normalmente no hace.

Él le sonríe a Charlie a través del espejo, y ella le devuelve la sonrisa.

—Mi mamá tiene que cepillar mi cabello.

—Las mamás tienen que hacer eso a veces —dice él.

—Tú deberías cepillarte el cabello —dice ella, señalando.

Resoplo, mirándolo. Su cabello se encuentra un poco más desordenado de lo normal hoy, pero por supuesto que encuentro eso sexy. Él me da una pequeña sonrisa torcida.

—Debe ser todos los juegos.

—¡Tú no estabas jugando! —chilla ella.

—Charlie, shh. —Me río, pasando mis dedos por su cabello. Está libre de nudos ahora, así que le doy un pequeño golpe en el trasero para hacerle saber que terminamos.

Ella sale disparada, y volvemos a la sala—nuestra zona.

—¿Estás bien? —pregunto, asintiendo en dirección a la rodilla de Edward.

—Sí, está bien. Un poco adolorida... mi doctor realmente me la hace trabajar, pero parece pensar que volveré a la normalidad. Dijo que él no me hubiera aceptado así si pensara que el daño era irreparable.

—Qué bien. —Asintiendo, tomo aire profundo—. Sé lo mucho que lo extrañas.

—Ha sido mi vida por mucho tiempo, ¿sabes?

—Lo sé.

—Cuando pasó por primera vez... cuando me lastimé por primera vez... estaba obsesionado con ponerme mejor. O sea, ¿quién soy si no estoy jugando? Me definió por mucho tiempo.

Asiento de nuevo, entendiendo. De ciertas formas, así es cómo ha sido mi vida con Charlie. Mucho de mi existencia gira en torno a quién soy con respecto a ella. Ha sido un desafío mantener una sensación de autonomía. Pero el equilibrio es importante, algo que Rose y Emmett me recuerdan todo el tiempo.

Noto que Edward se ha quedado callado. Él observa sus manos, al parecer sumido en pensamiento. Probablemente esté pensando en fútbol, pero yo pienso en nosotros. Pero, ¿y si piensa que yo tengo la ventaja? ¿Y si piensa que él está a mi merced de la misma que yo estoy en la suya?

—¿Cuáles... son tus intenciones? —pregunto, antes de acobardarme—. Conmigo, quiero decir. ¿Cómo encajo en tus... planes futbolísticos?

Sus ojos se encuentran con los míos.

—¿Cómo encajo yo en los tuyos?

Sonrío, asintiendo.

—Eso es justo, supongo.

Él se encoje de hombros, volviéndose a relajar en el sofá, estirando un brazo a lo largo del respaldo como siempre lo hace.

—Llegados a este punto, probablemente te has dado cuenta que no soy de cosas casuales. No puedo. Pero me gustas mucho. Y le gustas a Charlie, lo que me importa. —Ahora soy yo la que observa mis manos—. Quiero esto.

—Yo también quiero esto.

—Lo sé —susurro, riendo, pensando en la expresión estupefacta de Lauren.

—Puedo jugar en cualquier lugar, Bella. Y tú... puedes hacer lo que haces en cualquier lugar, creo.

Mis ojos vuelan de vuelta hacia los suyos. ¿Mudarme? ¿Quedarme? Estos son planes grandes, pero...

—¿Cierto?

Asiento lentamente.

—Puedo ser flexible —añade.

—Quiero ser flexible también. Solo que es difícil, con Charlie. No puedo, ya sabes, viajar constantemente con ella. —Mis mejillas arden—. Si eso es siquiera lo que estás diciendo.

—Lo es. —Enlaza sus manos por detrás de su cabeza, observando hacia adelante—. Eso es lo que estoy diciendo.

Charlie entra al cuarto dando saltos, vistiendo pijamas al revés.

—Edward.

—Hola, Chuck.

—¿Te gusta Frozen?

—¿Frozen qué?

Ella frunce el ceño.

—¡Frozen con Anna y Kristoff!

—La película —aclaro, chocando su pie con el mío—. Es su favorita. Bueno, una de sus favoritas.

—Oh. —Edward ríe—. Nunca la he visto.

—Mamá, ¿podemos...?

—Nop. No de nuevo. —Solo la hemos visto cerca de once mil veces.

—Mamaaaaá...

~tbts~

Edward carga a Charlie hacia su cuarto mientras que yo sigo ansiosamente por detrás. Verlos juntos es incongruente y extrañamente natural. Ni siquiera sé cómo sentirme al respecto. Querida, supongo.

Charlie llegó hasta la mitad de la película. La apagamos al segundo que se quedó dormida; yo porque la amo pero estoy harta y él porque no soporta los musicales.

—No puedo. A mi mamá le encanta esa mierda... estoy segura que ella miraría esto.

—Bueno. Gracias por intentarlo, al menos. Charlie lo apreció, estoy segura.

—Es difícil decir que no a un rostro así.

Es difícil decir que no a un rostro así también, pero simplemente asiento.

—Conozco la sensación.

—Entonces, se quedó dormida temprano esta noche —dice él.

—¿Quieres una cerveza? Compré un pack de esa IPA que te gusta.

—Sí, me parece bien.

Poniéndome de pie de un salto, voy hacia el refrigerador y tomo un par de botellas. Las abro cuando él se une a mí, deslizándose por la encimera. Me encanta la forma en que me toca, como si fuera automático, involuntario, sus dedos haciendo cosquillas a lo largo de la parte superior de mis jeans antes de desaparecer.

—Me gustaría que salieras conmigo —dice después de un momento, levantando su botella.

—De acuerdo. Haré que Rose cuide a Charlie —digo, un poco demasiado emocionada, estoy segura. Estoy lista para avanzar las cosas, y tiempo a solas con Edward suena muy bien ahora mismo, ya sea que tengamos acción o no.

Aunque realmente, realmente me gustaría tener acción.

—¿Te parece bien una cena?

—Sí.

—Tú decides.

—Quieres decir guiar. —Él toma un trago de cerveza, y puedo ver la diversión en sus ojos.

Tomo un sorbo largo de la mía.

—Lo estás comprendiendo.

Él baja la botella de su cerveza, deja la mía a un lado, me sube sobre la encimera y me besa.