Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 14
Para las seis p.m., Charlie y yo estamos de camino a la casa del tío Emmett y la tía Rose. La he estado emocionando todo el día... no que tenga que hacerlo realmente; ella ama estar allí.
Estacionamos y ella ya está moviéndose como un cachorro, desesperada por salir de su sillita.
—¡Espérame! —llamo, corriendo detrás de ella cuando sale disparada por la entrada.
Makenna abre la puerta con una sonrisa.
—¡Hola, Chuck! ¿Quieres banana chocolate?
—¿Qué es un banana chocolate?
—Vamos. —Ella se lleva a Charlie con la facilidad de Prima Mayor, recordando de echarme un vistazo—. Oh, hola tía B.
—Hola, Kenna.
Ellas desaparecen, y cierro la puerta detrás de mí.
—¿Rose?
—¡Aquí! —dice ella.
La encuentro con las chicas en la cocina, dándole a Charlie una servilleta de papel con su banana con chocolate. Sí, ese es un desastre que estoy contenta de no limpiar.
—¿Estás segura que no te molesta que se quede toda la noche entonces? —pregunto, ni bien estamos solo Rose y yo.
Ella arquea una ceja.
—Yo me ofrecí, ¿no es así?
Asintiendo, coloco la mochila de Peppa Pig de Charlie sobre una silla.
—Sí. De acuerdo, bueno, me iré.
—¿A qué hora viene?
—Alrededor de las siete.
—¿Sabes adónde te llevará?
Charlie vuelve a entrar.
—¿Te quedas, mamá?
—No, cariño. ¿Recuerdas? Te quedarás aquí esta noche. ¿De acuerdo?
Ella asiente lentamente, luciendo insegura.
—Será divertido —digo, besando su mejilla.
—Muy divertido —añade Rose.
—Bueno. —Ella sonríe, tomando un mordisco de su bocadillo. Creo que estamos todos bien hasta que jala de mi mano y pregunta—. ¿Pero Edward te llevará, mamá?
—¿Llevarme?
—Él te llevará —repite, echando un vistazo a Rose. Típico. Le pido que haga algo, y ella no me escucha, pero cuando no es dirigido a ella, de repente tiene oídos supersónicos.
Sí, Charlie está ansiosa de tener una pijamada hasta que descubre lo que voy a hacer. Supongo que sobrestimé su cariño por Edward.
—Me gusta Edward, mamá.
—A mí también, pero...
—Quiero ir, mamá.
—No esta noche. Mami necesita una cita de juegos para ella misma.
—Mamaaaaaaaá —se queja ella.
—Detente, Charlie. —Suspiro, odiando que realmente me esté sintiendo un poco culpable. Sé que merezco tiempo a solas con Edward, tiempo a solas con cualquiera, pero ella es mi bebé y la culpa de madre es... simplemente... agh. La lucha es real.
—Pero me gusta Bennynanas.
—No iremos a Benihana. Iremos a un restaurante que es aburrido y tranquilo y no para niños. —La abrazo fuerte, ignorando las manchas de chocolate que deja en mi camiseta—. ¿De acuerdo? La tía Rose tiene planeado cosas divertidas.
—El tío Em va subirte al trampolín... y puede que incluso asemos malvaviscos si no llueve, ¿sí?
—Está bieeeen —dice Charlie.
La beso una última vez, abrazo a Rose, y escapo, determinada a borrar el puchero lastimero de mi hija, la timadora, de mi mente.
~tbts~
Estoy apenas vestida cuando suena el timbre. Para ser justos, es mi propia culpa que esté retrasada; no podía decidirme entre el vestido verde y el azul.
La expresión de Edward cuando abro la puerta me dice que el vestido azul era el correcto.
—Vaya.
Sonrojándome, pongo los ojos en blanco y lo jalo hacia adentro.
—Hola.
Nos besamos suavemente, y él se aparta.
—¿Estás lista para salir?
—Síp. Déjame tomar mi cartera...
Esta noche, el Aston Martin tiene sentido. Brillante y sexy, navega fluidamente a través de las calles semi oscuras, música tranquila llenando el espacio. Los dedos ansiosos de Edward suben y bajan por mi muslo, provocándome escalofríos.
—Realmente me encanta esto.
—Gracias. —Cielos, sueno jadeante ya. Cubro su mano con la mía, deteniendo sus movimientos.
Él sonríe a sabiendas, girando su mano y enlazando nuestros dedos.
—Creo que le gustas a Charlie —comento después de un rato, mi mente dispersa con el escenario cambiante de afuera.
—¿Sí? A mí también me gusta.
—Sabes lo que quiero decir. Le gustas, gustas.
Él resopla suavemente.
—Ella es adorable, pero es un poco joven para mí.
—Los niños son inteligentes, amigo. Las personas creen que ellos no saben lo que pasa, pero sí lo hacen. Ellos entienden vibras y situaciones incluso si no pueden... ponerle palabras, ¿sabes?
Él me echa un vistazo, asintiendo.
—Ella quería venir esta noche, pero... le dije que no podía. —Sacudiendo la cabeza, me río un poco, recordando—. Ella estaba algo molesta.
—¿Se lo dijiste suavemente? —bromea, mirándome de soslayo.
—Charlie necesita más directo que suave —digo—. De todas formas, está bien. Ella puede hacer lo suyo y yo haré lo mío.
—De acuerdo. —Me dedica la sonrisa más dulce, haciendo que mi corazón se salte un latido.
—No hablaré de ella toda la noche, lo prometo.
—Bella, puedes hablar de lo que sea que quieras —dice, dándole un apretón a mi mano.
Asiento, pero lo dije en serio.
~tbts~
Edward me lleva a Campagne, un restaurante francés muy conocido pero íntimo en Pike Place Market.
—¿Has venido aquí? —pregunta Edward una vez que estamos sentados.
—No, no he venido. —Echo un vistazo alrededor, impresionada—. Pero he escuchado mucho sobre él.
—Lo mismo digo.
—¿Emmett recomendó esto también? —Estoy parcialmente bromeando; mi hermano tiene una afición para las cenas refinadas y comidas nuevas.
—Logré todo esto por mi cuenta —dice él, matándome con ese guiño baja bragas.
—Hablando de lograr cosas —comienzo, tratando de no llevar mi mente a un lugar no apropiado con mi desafortunada elección de palabras—, eres el único tipo que he conocido que luce bien guiñando un ojo.
Sonriendo, él toma un sorbo de agua.
—¿Sí? ¿Quién más te ha estado guiñando?
Se me viene a la mente Mike, pero lo alejo mentalmente.
—Solo digo.
La cena es, no sorpresivamente, fantástica. Permito que Edward pruebe bocados de mi carne, la cual se corta como mantequilla, y él comparte su confit de pato, cambiando mi opinión sobre el pato en general. Y por tan magnífico que todo es, nuestra conversación es aún mejor. Siempre he sabido sobre la conexión entre una buena comida y la excitación, pero jamás ha sido tan evidente como esta noche.
Estamos yendo más profundo, y ambos lo sabemos.
—¿Alguna vez pensaste en abrir tu propio negocio? —pregunta él.
—No realmente. —Me encojo de hombros—. Tengo un par de cosas independientes, como ese cliente nuevo del que te conté. Pero... me encanta trabajar con Emmett.
—A él también le encanta trabajar contigo. Ustedes tienen algo bueno.
—Hemos trabajado muy duro para ello. Mike también.
—Lo sé. No podía creer lo lejos que las cosas habían ido cuando volví. Em siempre le restaba importancia cuando hablábamos.
—Suena como Emmett. —Sonrío, bajando mi tenedor.
—Fue una buena inversión. —Se bebe el resto de su vino—. Para todos.
Para cuando estamos listos para irnos, estoy cómodamente llena—física, pero también emocionalmente. Ha pasado mucho tiempo desde que he sido capaz de disfrutar de mí misma por completo sin tener que atender a los demás. Mentiría si dijera que Charlie nunca vino a mi mente, pero estoy en paz sabiendo que ella está sana y salva. Rose prometió llamar si habían problemas, y no ha habido ninguna.
Es un cambio sutil. Terminamos el postre, y nuestra conversación se ha pausado. Apartando mi cabello sobre mi hombro, noto la mirada de Edward sobre mi mano, y más abajo, quizás en el escote de mi vestido. Nuestras miradas se encuentran, y simplemente lo sé.
Edward se encarga de la cuenta, y entonces se pone de pie, extendiendo su mano hacia la mía. Acepto, disfrutando por una vez el ritmo acelerado de mi corazón.
Aferrando mi mano, me dirige al exterior del restaurante, pasando por varias coloradas con ojos seductores y una mesa llena de señores grandes cuyas voces se han escuchado durante toda la noche, y nuestro eufórico mesero, que acaba de darse cuenta que ha obtenido la propina de su vida.
La noche afuera es limpia y húmeda, calles oscuras brillan con la lluvia y las señales de neón se suavizaron por la neblina. Edward abre mi puerta por mí, y antes que él se una a mí ya sé lo que él va a preguntar, y lo que voy a decir.
—¿Quieres venir?
—Sí.
Uff se viene en el próximo ;)
