Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 15

El departamento de Edward es mucho más limpio de lo que espero. Bueno, eso no es verdad: sospecho que él planeaba invitarme, así que supuse que estaría impecable, pero es más que eso. Está resplandeciente.

Es muy lindo, también, demasiado... moderno.

—Así que aquí es donde duermes —digo, dejando mi cartera, y mis zapatos, cerca de la puerta. Son tacones cómodos, y adorables, pero prefiero estar descalza.

—Aquí es —dice, quitándose la chaqueta. Él sonríe cuando ve mis pies y hace lo mismo, dejando sus zapatos al lado de los míos.

—Es inmaculado.

—Alguien viene a limpiar cada ciertos días. —Pone los ojos en blanco cuando nota mi sonrisa—. No soy desordenado, Bella. Simplemente no... me gusta... restregar. O pasar la mopa.

—¿Quién sí? —Me río—. Pero para ser justos, no puedo imaginarte haciendo alguna de esas cosas.

Tomando mi mano, él me dirige hacia la sala, pasando por el pasillo y a la cocina. Es un departamento bastante espacioso, y muy abierto. Mucha madera, lo que me gusta, y paredes de un tono cálido. Luz baja, generando un ambiente íntimo.

—Me encanta esto —digo, pasando una mano por su estufa. Como el resto de la cocina, es de acero impoluto.

—Deberías venir y usarla.

—Quizás lo haré.

Él sonríe, pasando una mano por mi espalda baja.

—¿Vino?

—Por favor.

Hay dos botellas de vino en la encimera. Tomando una, él la abre y la deja a un lado. Luego, toma dos copas de la alacena y las llena.

Lo sigo de vuelta a la sala, al sofá—por supuesto.

—¿Qué? —pregunta, respondiendo a mi sonrisa con una de las suyas.

—El sofá. Es como, nuestro lugar.

—Lo es. —Me tiende una copa cuando se sienta—. Es un buen lugar para... relajarse.

Es un lugar entremedio, supongo. Más íntimo que otros lugares, pero no tanto como otros. El vino que ha elegido es bueno, un delicado tinto que se acerca más a dulce. Me gusta, especialmente como un trago después de la cena.

No sé qué estoy esperando, exactamente. Quiero decir, sé lo que quiero. Sé que estoy lista para estar con Edward de todas las maneras, lo que es una seguridad que no he sentido en años. He estado con un par de chicos, pero al final, nunca valía la pena. No hay nada peor que el vacío de estar con alguien físicamente cuando no hay una conexión emocional.

Sin embargo, no es el caso con Edward, y me tiene sintiendo tanto ahora que es algo abrumador. Siento que con cada conversación, cada barbacoa en lo de Emmett, cada llamada y cada salida, mis muros han descendido, mis defensas se han desmoronado. No quiero ser buena y responsable ahora mismo. Quiero ser quien soy, y quiero lo que soy, y tener esto.

Más aún, quiero tener esto y que sea bueno. No uno o lo otro.

Oh, Dios—él está hablando. Suave, dulce, sus ojos brillan cuando dice lo que sea que está diciendo y como siempre me encuentro en la la land. Parpadeando rápidamente, asiento, pero él solo pausa y baja su copa.

—¿Qué acabo de decir, Bella? —pregunta, un tono juguetón en su voz.

Tomo otro sorbo de vino para conseguir algo de tiempo, pero entonces él aparta eso y toma mis manos. Nos observamos al otro por un segundo, y diablos. Él es delicioso.

—¿Quieres saber la verdad? —pregunto, acariciando la palma de su mano con mis dedos.

Con sus ojos fijos en los míos, él asiente lentamente, hipnotizante.

—Me es difícil concentrarme cerca tuyo porque me siento muy atraída hacia ti. Intento seguirte, pero a veces mi mente simplemente se va, y no es porque lo que dices no sea importante, lo es, sino que es porque eres demasiado. Dices cosas, y tu voz... tú... desarmas mi cerebro.

Su boca esboza una sonrisa, y antes que pueda intentar rectificar la ridiculez que acabo de decir, él me lleva a su regazo y me besa.

Y oh, aquí la trama se complica. Estos no son los besos lentos y errantes que normalmente compartimos, explorando la boca y las emociones del otro. Ni siquiera son unos sexy, donde tocamos y jadeamos y prácticamente nos restregamos en la cocina. Bueno, estamos restregándonos en su sofá, pero esto es besar con un propósito, besar con un fin, cada momento se intensifica hasta que se pone de pie. Me bajo de su regazo, contenta de que no intente cargarme porque quizás eso funciona en las películas pero con mi suerte chocamos contra una pared o nos resbalamos en la alfombra y nos desmayamos.

—Decía —murmura, besando las esquinas de mi boca, una después de la otra—, que nunca pensé que serías tú. Escuchaba cosas de Emmett con los años, pero no tenía idea.

—¿Idea de qué? —susurro, luchando por comprender lo que está comunicando a través de la niebla que amenaza con llevarme.

—No tenía idea de cómo lucías, o... cómo eras. Cómo te sentías. —Desliza sus manos por mi espalda y sobre mi trasero, acelerando mi respiración.

Llevando su rostro hacia el mío, beso su boca.

—Entonces... veamos cómo me siento.

El cuarto de Edward es de tonos negros y grises, noches oscuras y tormentas y otras metáforas sexys que mi mente desesperada lucha por encontrar. Sin más, él se inclina, moviendo sus dedos por debajo de mi vestido hasta que encuentra mis bragas. Me aferro a sus hombros mientras él me las quita.

Nos besamos. Mi cuerpo se curva contra el suyo, rindiéndose ante el calor de sus manos sobre mí.

Mi vestido es el siguiente, despojado de mi cuerpo y descartado. Él avanza, empujándome suavemente hacia la cama. Las luces están bajas, pero me siento un poco expuesta, cierro mis rodillas hasta que se une a mí. Estirándose, se quita la camisa. Desabotona sus jeans, pero deja sus bóxers puestos —sabía que estaría en bóxers— y se sube a la cama y se cierne sobre mí, el material una apreciada fricción contra mi piel.

Es como si antes estuviera conteniéndose, quizás no quería comenzar algo que sabía que no podría terminar, porque esta noche se encuentra ardiendo. Sus besos son llamas devoradoras, lamiendo cada centímetro de mí: mis labios, mis orejas, mi cuello y mi vientre. Cierro los ojos cuando el placer es demasiado intenso solo para volverlos a abrir porque deseo ver los tatuajes que solo he podido ver por partes.

Hay flores, diseños, y muchos rostros... besa mi ombligo, jalando la piel con sus dientes... representaciones tan reales como fotografías y bocetos tan finos como sueños... él separa mis piernas, sorprendiéndome con su insistencia... Una Estrella de David; dos, si cuento la que tiene en su mano... su lengua, oh. Oh.

Mis dedos se encuentran en su cabello ahora, y los suyos dentro de mí, llevándome al orgasmo mucho mejor que las veces donde he estado buscándolo por mi cuenta. Me escucho jadear su nombre, casi como si sea demasiado, como si sorprendentemente sea demasiado pero moriré si se detiene ahora y afortunadamente él sabe eso porque no se detiene en absoluto.

—Te quiero dentro de mí —ruego, incluso mientras me corro, jadeando en busca de aire, mis ojos fuertemente cerrados, viendo las estrellas.

Él se aleja, se pone de pie para quitarse la ropa interior. Lo observo mirarme, sus ojos recorriéndome con un hambre que me hace contraer en anticipación. Tomando un condón de la mesa de noche, vuelve a la cama, de vuelta al lugar que le corresponde entre mis piernas porque lo siento; ahora que él ha estado allí, no se irá. Jamás.

—¿Sí? —pregunta, mordiéndose el labio y luego inclinándose para morder mi pezón. Duele un poco, pero de una forma que provoca placer y necesidad de más. Él arrastra sus labios hacia el otro pecho, lamiendo y succionando hasta que estoy envuelta a su alrededor, jadeando.

Edward presiona contra mí con una fuerte embestida, y soltaría un chillido pero me ha quitado el aliento. Apartándose un poco, establece su ritmo, sus ojos fijos en los míos, conectándonos aquí mientras conectamos abajo, cambiándome por completo. Sabía, desde el momento en que lo conocí, antes que siquiera considerara la posibilidad en un nivel consciente, que él sería así: salvaje y oscuro y apenas contenido. Él saca lo mismo de mí, haciéndome sentir casi feroz de deseo.

Él se estira sobre mí, todo musculoso, arremetiendo contra mí con una fuerza que asegura que mañana sentiré esto y quizás por más tiempo. Quizás él me sienta mirarlo, porque baja la mirada, y sus ojos se suavizan mientras que baja el ritmo, y descansa sobre mí, besándome lánguidamente, penetrándome suavemente. Me lleva a un lugar más profundo, y cierro los ojos, sintiendo, sintiendo y entregando.

Espero que sepa lo mucho que estoy entregando.

Ahora se mueve dentro de mí perfectamente. Intensifico mi agarre, manteniéndolo allí, y comienzo a elevarme justo cuando él susurra que está por correrse.

Por favor, hazlo, Edward. Por favor, hazlo.