Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 16

Edward hace un sándwich increíble.

Balanceando una bandeja sobre mi regazo, me acurruco contra sus almohadas, las cuales hemos acomodado así podemos ver películas y comer como cerdos. En la cama. En la enorme e increíble cama de Edward.

—Jamás volveré a comer pavo normal de nuevo —gimo, masticando con deleite.

—En serio, Boar's Head, cariño. —Me guiña un ojo, todo bobo porque solo lo hace porque dije específicamente que me gusta.

—Mmm —tarareo, sacudiendo mi cabeza. No solo es el pavo, sino la mostaza elegante, el repollo y el pan casero. Y el queso. Ni siquiera puedo comenzar a describir el queso. Supongo que él tiene gustos exquisitos por los años que vivió en Europa o algo—. ¿Por qué no me sorprende que seas un comidista?

—¿Un comidista? —repite, frotando su irritante vientre plano.

—Sabes lo que quiero decir.

—Me gusta las cosas buenas.

Trago, asintiendo con la cabeza.

—Eso veo.

—Me gustas.

Pongo los ojos en blanco, pero la chica femenina dentro de mí se derrite un poco por la forma en que sus ojos me estudian por completo, su atracción obvia a pesar que me encuentro en una camiseta grande y pantalones enrollados. Los suyos.

—Quizás es por eso que me gustas —sigue Edward—. Eres una comidista también.

—Sí —concuerdo—. Excepto que incluso compras soda esnob...

Sonrisa McEngreída asoma su cabeza.

—¿Quieres decir soda sin colores y mierda artificial?

Tomando otro gran mordisco, esta vez yo le guiño un ojo, obteniendo una risita.

Él aparta mi bandeja, ignorando mis protestas, y me lleva a su regazo.

—Mmm, sigo masticando —mascullo, cubriéndome la boca pero secretamente emocionada de estar tan cerca. Aunque espero no lucir asquerosa. Juro que Edward me hace sentir de vuelta en séptimo grado, tonta y paranoica con mi apariencia.

No debo estar tan espantosa, porque a pesar de los pantalones que tengo puestos, su excitación es evidente. Me retuerzo un poco, haciendo que jadee y detenga mis caderas con sus manos.

Él me tiende su vaso de soda esnob que se encuentra en la mesa a un lado de la cama, y lo acabo, esperando que no haya comida en mi boca.

—Gracias. —Le devuelvo su vaso y me inclino para besarlo.

Sus manos se deslizan por debajo de mi camiseta, moviéndose por mis costados, haciéndome cosquillas. Me aparto y tomo sus manos, pero él continúa, tocándome por todos lados, aferrando mis pechos con la sonrisa de un niño que toca un par de pechos.

—Me encanta tu cuerpo —dice.

—Qué coincidencia, me encanta el tuyo. —Quiero decir, vamos.

Él se vuelve a recostar sobre las almohadas y levanta mi camiseta, echando un vistazo, pero la bajo de un tirón. A diferencia de otras personas, mi estómago realmente luce como si acabara de comer un sándwich. Pero él solo me mira y me quita la camiseta, dejándome en topless sobre su regazo.

—Déjame ver.

—¿Acaso no viste... antes? —pregunto, bromeando un poco. Tan solo pensar en... antes... me caliento por todas partes y sus ojos se ensanchan, siguiendo el sonrojo.

—Vaya —dice, besando entre mis pechos—. Te sonrojas por completo.

—Lo sé. —Me retuerzo, para nada acostumbrada a tener tanta atención.

Dejando pequeños besos sobre mis pechos, toma un pezón en su boca. Enredo mis dedos en su cabello, mirando hasta que no puedo y luego cierro los ojos, rindiéndome ante las sensaciones.

—Piel perfecta —masculla, rozando su nariz a lo largo de mi cuello—. Perfecta.

—La perfección es algo subjetivo...

—Sí, lo es.

Froto mi mejilla contra su suave cabello, suspirando.

—No soy perfecta.

—¿Por qué no? —Muerde la piel de mi clavícula.

—Ay. —Golpeo su brazo, pero él solo lame la zona y sigue con su exploración oral—. No lo soy. Perfecta es... Natasha Kai.

Él se ríe tan fuerte que mi pezón se escapa de su boca.

—¿Qué sabes de Natasha Kai? ¿Has estado investigando?

—Googleo —digo, pinchando su frente.

—¿Sí? ¿Alguna vez me has googleado?

—Nop.

—Charlie me contó todo sobre tu computadora de escritorio, por cierto.

—Voy a matarla.

Él sonríe, ejerciendo presión en mis caderas.

—Natasha es una buena chica, pero no es mi tipo.

—Con un cuerpo como ese, ella es el tipo de todos.

—Estás generalizando. Me gusta suave... sedoso...

—Parece un comercial de Pantene.

—También te googleé, ¿sabes?

—¿Qué? —Algo espantada, me devano los sesos tratando de pensar en lo que él podría haber visto—. ¿Qué viste? ¿Mi Facebook?

—No, el...

—Oh, no. No esa fotografía mía con Mike y Emmett con los mandiles, la vez en que trabajamos para la boda Lambert y...

—Antes. Mucho antes que eso.

Frunzo el ceño, perpleja.

—Tenías una... pequeña falda, y un sweater... violeta... y tu cabello era muy, muy largo...

—¡No puede ser! —Me cubro el rostro, avergonzada—. Eso fue en la secundaria, ¡la prehistoria! ¿Cómo siquiera encontraste ese artefacto?

Él se ríe, apartando mis manos.

—Eres un acosador —me quejo, recordando mi faceta ñoña de la que habla. Era una alumna muy delgada del undécimo grado que amaba las faldas de jean y las botas Uggs—. Ese no fue un año adorable para mí.

—De hecho, fue un año muy adorable para ti —dice—. Qué bueno que no te conocía entonces, porque la diferencia de edad hubiera sido un problema.

—¿Lo encontraste en el sitio de mi vieja escuela? ¿Cómo encontraste eso?

—Emmett y yo estábamos viendo sus cosas deportivas viejas, y entonces solo... seguí echando un vistazo. —Su mirada vuelve a mis pechos—. Tienes buenas tetas.

—¿Sabes? Los cumplidos te llevan lejos.

~tbts~

—Eh... Bell, Bella, esperaesperaespera. —Edward se tensa y luego colapsa sobre la cama, jadeando.

Tragando como una buena chica —no me gusta en realidad, pero es mejor que esperar a poder escupirlo— me limpio la boca y me siento sobre mis rodillas.

—Mierda —dice, su voz se quiebra.

Trepo sobre él, volviendo a subir sus pantalones hacia sus caderas, besando su estómago, amando la forma en que sus abdominales se contraen involuntariamente. Beso cada imagen que veo, y luego beso el aro en el pezón que de alguna forma no vi anoche. Beso y beso hasta que él me toma en brazos y nos gira hasta quedar sobre mí, sosteniendo mis brazos sobre mi cabeza.

—Hola —dice, sonriéndome brillantemente como si acabara de mover su mundo con mis habilidades.

—¿Vas a besarme o esperar a que cepille mis dientes? —bromeo.

Él desciende, aplastándome, besándome—apropiadamente, de hecho. Qué sucio, pienso, jugando con el cabello de su nuca mientras le devuelvo el beso. Me gusta sucio. Mientras más sucio, mejor.

Eventualmente, se aparta de mí y bosteza.

—Estoy tan cansado que podría morir.

—Vayamos a dormir. —También bostezo, echando un vistazo al reloj digital a un lado de su cama—. Es tan tarde que es temprano.

—¿Tienes que recoger a Charlie temprano?

El solo escuchar su nombre provoca un dolor dulce en mi corazón.

—Nah, estará bien. Em siempre les hace a los niños panqueques de banana los fines de semana.

—Me parece bien —masculla, ya medio dormido.

—Él les añade chips de chocolate —balbuceo, delirando de agotamiento.

Edward tantea en busca de la lámpara y la apaga. Sus brazos me encuentran en la oscuridad y me acerca hacia él, envolviendo su cuerpo alrededor del mío.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

O buen día, depende de cómo lo veas.


Comidista: Foodie en inglés, amante de la buena comida.


En el grupo dije que era olderward porque la historia la encontré así, pero cuando la leía no pude encontrar la edad de Edward, di vuelta todo y nada jajaja Quizás ahora que presto mucho más atención la encuentre.

¡Gracias por comentar y hasta el próximo!