Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 17

Charlie cruza el patio corriendo, con los brazos abiertos, al segundo que me ve.

—Hola, cariño —digo, arrodillándome para abrazarla.

Envolviéndose a mi alrededor, ella frota su rostro contra mi cuello. Tener tiempo para mí misma se sintió muy bien, pero estar aquí, así, con su suave cabello y su aroma a Charlie —hoy es canela, plastilina, y loción frutal— es lo mejor que hay. La abrazo fuerte, tragando el nudo en mi garganta, suspirando por dentro ante mi drama de mami.

—¿Me extrañaste? —susurro—. Yo te extrañé.

—Sí —susurra ella—. Pinté.

—¿Sí? ¿Puedo ver?

—¡Está adentro! —Ella se zafa de mis brazos y corre de vuelta al columpio de llanta, donde ella se pelea con Embry por un turno.

Parándome, echo un vistazo a Edward, que desaparece dentro de la casa con mi hermano. Emmett me nota mirando, y sonríe, agitando una mano.

—¿Dónde está Rose? —digo, saludando también.

—Justo aquí —dice ella, colocándose a mi lado con lo que parece ser un montón de cometas viejos—. Estaba en el garaje, buscando estas cosas.

—Genial. Está algo ventoso.

Ella asiente, llevando mechones rubios por detrás de sus orejas.

—Y deberíamos tener buen clima también. Se lo prometí a Charlie cuando comenzó a ponerse un poco ansiosa temprano.

—Deberías haberme llamado. —Golpeo su brazo suavemente—. ¿Estuvo bien?

—Ella estuvo genial, lo prometo. Solo una pequeña situación esta mañana... es pequeña. Por supuesto que te extrañó. Pero luego Em le dio jugo extra y le contó sobre los cometas de Makenna.

—De acuerdo. —Asiento, mirando a Charlie de nuevo—. Gracias por cuidarla, Rose. Los amo, chicos.

—No es problema. ¿Cómo estuvo tu noche? —pregunta casualmente, llevándome hacia el deck así podemos sentarnos.

—Excelente. Fuimos a Campagne.

—Oh, ¿en serio? ¡He escuchado mucho de ese lugar! ¿Fue increíble?

—Muy increíble. Tú y Em deberían ir.

—¿Y... hicieron algo después?

—Solo pasamos el rato en su departamento.

Ella sonríe, desenredando pacientemente las cuerdas y cintas de plástico de alrededor de los cometas.

—Pasé la noche allí.

Sonriendo diabólicamente, ella levanta la cabeza.

—Lo sabía. ¿Cómo fue? ¿Cómo estuvo él?

Sonrojándome, mantengo mis ojos en ella, sin siquiera echar un vistazo hacia las ventanas de la cocina donde probablemente Edward y Emmett se encuentran.

—Fue... perfecta. Nos divertimos muchísimo. —Me inclino hacia adelante, susurrando—: Y tuvimos mucho sexo.

—Oh, Bella. —Ella suspira, apretando mi mano brevemente—. Presiento algo bueno sobre esto. Él es auténtico.

—Sí. Solo, ya sabes. Lo del fútbol. Si comienza a jugar de nuevo. Eso es lo único que me contiene en realidad. Pero él parece estar dispuesto a trabajar conmigo, mientras que yo trabaje con él. Así que, sí. Creo... que esto podría ser bueno. Muy bueno.

Rose me observa, escuchando mi balbuceo.

—Solo... Es tu vida, ¿cierto? Adelante. Tienes opciones. Siempre puedes viajar.

—Lo sé, pero, Charlie...

—Las familias militares se mudan constantemente.

—Bueno, Rose. —Resoplo, haciendo una cara—. No somos una familia militar.

—Solo digo.

—Parece que has pensado mucho en esto.

—En realidad, no, pero Em y yo estuvimos hablando...

—¿Hablan mucho de mí? ¿De Edward y yo?

—Sí. Cállate. Estuvimos hablando, y él mencionó que Edward quería permanecer en el área, pero que si tenía una oferta en otra parte, querría ir. Y entiendo eso, ¿sabes? Si tuvieras una oferta en otro lugar, ¿no querrías tener la libertad de ir?

—¿Una oferta para qué? ¿Vender galletas y pasteles en otro lugar?

—Sí. —Ella lo dice completamente en serio.

—Supongo. Probablemente.

—Es lo mismo. Como sea, Charlie está en preescolar. No está aprendiendo nada que no puedas enseñarle, Bella. No pienses mucho en esto.

Estoy a punto de discutir con ella, pero entonces me doy cuenta que tiene razón. No arrastraría a Charlie por todo el mundo, pero si tenemos la posibilidad de ir a alguna parte por un tiempo, o visitar a Edward cuando esté afuera, ¿por qué no entonces? Se siente bien tener a Rose a mi lado, alentándome a que solo —diablos— tenga mi torta y la coma también.

~tbts~

Nuestro negocio de catering recibe una oleada de órdenes para el transcurso de la primavera y hasta mediados del verano. Emmett, Mike, y yo estamos inundados de trabajo, tanto que Maggie se vuelve una presencia fija, ayudándome regularmente, y Edward da un paso adelante, trabajando varias horas al día.

De hecho, estoy tan ocupada que opto por dejar a Charlie en jornada completa de preescolar, lo cual solo significa que se queda hasta las dos en vez del mediodía, y todos los días de la semana en vez de solo un par. A ella no parece molestarle, y me pregunto cómo demonios fui tan afortunada. Por supuesto, ella es muy demandante con mi tiempo cuando se encuentra en casa, pero eso es apaciguado por la presencia de Edward.

Él ha comenzado a trabajar en el cuarto extra que uso como oficina. Cuando él no se encuentra en el gimnasio o en fisioterapia, está aquí, supervisando nuestros horarios y lidiando con las cuentas. Todo el papeleo que Em, Mike y yo compartimos por años ahora lo tiene Edward.

—¿Estás seguro de estar bien con esto? —le pregunto una noche, después de llevar a Charlie a la cama. Es tarde, más tarde de lo normal, y él sigue trabajando.

Encogiéndose de hombros, aparta su laptop.

—Será mejor que ponga en uso mi título en negocios.

—Pero hay demasiado papeleo últimamente.

—Sí —concuerda, pasándose una mano por el cabello—. Con la cantidad de clientes que tienen, puede que sea el momento de considerar contratar a un contador oficialmente. No me molesta hacer esto, pero sería más eficiente.

—De acuerdo. Hablaré con Em.

—Ya lo hice. —Él sonríe—. Comenzaremos a buscar la próxima semana, el martes. No hay mucho trabajo ese día, así que está bien.

Es increíble lo fácil que él encaja en nuestras vidas. Me hace preguntar cómo lo hacíamos antes que él llegara, y me doy cuenta que no lo hacíamos; su presencia nos ha dado la libertad de crecer.

~tbts~

En un extraño día libre en mayo, llevo a Charlie al parque para encontrarnos con Angela y Nessa. Nos tumbamos sobre el césped por horas, mirando a las chicas chillar y jugar, pausando solo para almorzar antes de volver a sus juegos.

Luego, llevo a mi chica a su lugar favorito de batidos. Ella pide de chocolate, como siempre, y logra terminarlo para cuando llegamos a casa, donde charla sin parar y corre alrededor de la casa como una salvaje llena de azúcar.

—¿Quieres mirar Frozen? —pregunto, desesperada por que se calme.

—Peppa, mamá.

—De acuerdo. —Encontramos su DVD, y la ubico con su manta en la sala.

—¿Puedo traer juguetes, mamá?

—¿Qué juguetes? Quiero que estés tranquila por un momento. Ha sido un día largo.

—Mis animales. —Poniéndose de pie, corre por el pasillo y vuelve con un pequeño cesto lleno de animales de plástico.

—Está bien, pero estemos tranquilas, ¿entendido?

—Sí.

Ajusto el volumen así la preciosa voz de Peppa no se escucha desde la cocina, y luego escapo hacia mi libro de cocina favorito y una botella de cerveza. Pero me es difícil concentrarme esta noche. Edward llamó temprano, haciéndome saber sobre su fisioterapia y luego de una reunión importante, así que espero que las cosas hayan salido bien.

Marcus DiLane. Él me representó cuando recién comencé, salido de la universidad, y está interesado en trabajar conmigo de nuevo.

¿Es local?

Sí y no. Le conté mis preferencias, así que veremos.

Crucemos los dedos. Estoy segura que irá bien, ¿cierto?

Eso espero. Como sea, no sé cuánto durará.

¿Aún quieres venir después?

Sí. Te llamaré cuando esté en camino.

Termino mi cerveza, la lanzo al tacho de reciclaje, y comienzo con la cena. Es una noche de sopa de pollo, con ensalada y pan fresco. No cocino pan a menudo, pero es una buena manera de tener la mente ocupada. Deseo no estar tan ansiosa.

Mi teléfono suena. Sacudiendo la harina de mis manos, respondo.

—¿Hola?

—Soy yo. Estoy en camino, ¿necesitas que lleve algo?

—Nop; estamos bien.

—De acuerdo. Te veré en quince.

Cortamos, y me maravillo, no por primera vez, lo fácil que nos volvimos una pareja. Solo han sido un par de meses, y solo hemos tenido unas pocas "pijamadas", pero él es una parte natural de mi vida ahora. Supongo que ayuda el que mi hija lo adore, y que él tenga la aprobación de Em y Rose desde antes que nos conociéramos. Incluso le agrada a mi padre, aunque él prefiere el baseball al fútbol.

Suena el timbre, provocando que Charlie grite mi nombre. Corro, casi tropezando con el imperio animal que ha acumulado cerca de la puerta principal.

—Charlie, guarda eso. Casi me caigo.

—Es un desfile, mamá. Están luchando.

Echando un vistazo por la mirilla primero, pateo a un par de jirafas lejos de la puerta y la abro.

Edward sonríe, dejando un beso en mi mejilla y luego otro más lento en mi boca. Él está hermoso y despeinado por el viento, sus mejillas rojas por la fría tarde.

—Hola, Chuck —dice mientras pasamos por la sala.

—Hola, Edward. ¿Quieres ver Peppa?

—Quizás luego, ¿sí? Tengo un poco de hambre. Y estoy cansado.

—No puedes comer en la sala —dice ella seriamente—. Así que vuelve más tarde. Puedes ser un león.

—Trato. —Él desordena su cabello al pasar.

—¿Quieres una cerveza? —pregunto mientras él se sube a una banqueta.

—Estoy bien por ahora. —Olfatea el aire—. Eso huele muy, muy bueno. ¿Qué es?

—Sopa de pollo. Con dumplings. Y... —Señalo a la encimera, donde mis barras de pan sin hornear descansan, esperando el horno—. Habrá pan.

—Lo espero con ansias. No he comido desde el almuerzo.

—Y bien, ¿cómo fue con tu agente? —pregunto, precalentando el horno.

—Fue bien. Muy bien. Tengo que pensar un par de cosas, pero... sí. —Él sonríe un poco—. Deberíamos hablar de ello. Tú y yo.

Me tenso por dentro, nerviosa.

—Bien. ¿Vas...? ¿Tienes que irte?

Él se acerca a mí, tmando mis manos.

—No por un tiempo. Y si tengo que hacerlo, no será por mucho tiempo. Nada es definitivo.

—De acuerdo. —Observo su pecho, mordiéndome el labio.

—Oye. —Se inclina así estamos cara a cara—. Lo prometo.