Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 19
Originalmente, el día del entrenamiento de Edward con Marcus se suponía que era después de su cumpleaños, pero debido a un conflicto de agendas, se adelanta una semana.
Había esperado estar allí en apoyo moral, pero el cambio significa que trabajaré con los chicos mientras él se dirige al centro para encontrarse con Marcus. En vez de alentar, o simplemente rezar, desde las gradas, estoy trabajando en un gran pastel de cumpleaños para un pez gordo corporativo con Emmett, Mike y Maggie. También es nuestra primera vez que incorporamos al pequeño equipo que hemos traído para eventos como estos. La verdad es que el negocio está creciendo rápidamente—tenemos una gran reputación que ha sido muy promovida de boca en boca. La publicidad ayuda también, pero la mayor parte de nuestros negocios vienen de las referencias.
Es un buen momento para todos. Estoy generando más dinero que nunca, y es haciendo algo que disfruto—a pesar de estar cansada la mayoría del tiempo. También quiero asegurarme de mantenerme ocupada, cumpliendo mis sueños mientras que Edward persigue los suyos.
En definitiva, quiero que hagamos nuestras cosas juntos, pero mientras tanto tomo su consejo y me concentro en un día a la vez. Puede ser un poco abrumador cuando lo pienso demasiado —en su futuro y el mío— así que intento no perderme en mi cabeza.
—Puedo con esto, Bella —Maggie dice suavemente, permitiéndome un minuto para echar un vistazo al diagrama que armamos juntas. Mientras tanto, ella sigue organizando la mesa de postres enorme que hemos estado amasando desde las nueve de la mañana.
—Gracias, Mags. —De acuerdo con mis notas, solo necesitamos lidiar con la fuente de chocolate, la cual estará en un rincón diferente, y habremos terminado por el día. Le hago saber a Maggie que me encargaré de eso, y luego troto hacia la camioneta que usamos para los trabajos grandes.
~tbts~
Para la una, terminamos. Em nos invita a Maggie y a mí a tomar unas cervezas en Hilltop Ale House. Maggie rechaza la invitación, explicando que tiene una cita, y yo también casi lo hago, pero finalmente decido ir. Ha pasado un tiempo desde que los tres nos hemos relajado así, y es bueno ponerse al día.
Luego de eso, sigo a Emmett de vuelta a su casa para recoger a Charlie.
La casa está silenciosa cuando entramos. Rose se acerca con una revista en mano.
—Charlie duerme.
—¿En serio? —digo, observando la hora. Ni siquiera son las seis.
—Tuvo un poco de fiebre temprano.
—Oh... no. ¿Dónde está?
—La acosté en el cuarto de invitados. Embry también ha estado sintiéndose cansado últimamente, así que espero que no sea algún virus que esté dando vueltas.
—Cielos. Lo siento, Rose.
—¿Por qué? No seas ridícula.
Asiento, dirigiéndome hacia el cuarto de invitados, tratando de no sentirme culpable de haber estado tomando una cerveza mientras que Rose estaba aquí con mi hija enferma.
Charlie se despierta cuando la toco, mirándome media dormida.
—Mamá.
—Hola, cariño. —Aparto el cabello de su rostro, notando sus mejillas rojas—. ¿Cómo te sientes?
—Quiero dormir. —Ella bosteza, se da vuelta, y comienza a quedarse dormida.
La tomo en brazos y la cargo igualmente, sabiendo que me sentiré mejor cuando las dos estemos en casa. Em la toma mientras yo le agradezco a Rose. Ella me tiende la mochila de Charlie.
—Le di un poco de ibuprofeno para niños que tenía en el botiquín. Quedaba un poco, así que lo metí allí adentro.
El viaje a casa es pacífico. Cansada y hambrienta, llamo a mi restaurante favorito de comida china y hago un pedido, suponiendo que ellos llegarán no mucho después de que llegue a casa. Justo cuando termino la llamada, suena mi teléfono.
—¿Hola?
—Hola. Soy yo.
—Hola, tú. —Sonrío, bostezando—. ¿Cómo fue?
—Fue... genial. Realmente genial.
—Entonces tienes buenas noticias.
—Sí. Parece que jugaré para los Seattle Sounders de nuevo. El entrenador Schmid estuvo allí, y se acordó de mí. Todo el día fue simplemente... —Se ríe—. Fue como si nunca hubiera parado.
—Me pone muy feliz —digo, y es en serio. No solo él volverá a jugar, sino que lo hará localmente. Incluso cuando su equipo tenga que viajar, su base será aquí. Todos ganamos.
Me detengo en mi entrada y apago el motor, escuchando a Edward relatar los eventos del día. Mayormente son cosas deportivas y que tan bien se ha sentido su rodilla. Él menciona que va a estar entrenando mucho, y quiere saber si creo que a Chuck le interesará mirar.
Echando un vistazo al rostro dormido de ella a través del espejo retrovisor, asiento.
—Sí. Creo que le encantará.
—Bien. Quizás podemos, no sé, meterla en fútbol. Un amigo mío dirige una liga para niños.
La idea de ver a Charlie corriendo con una pequeña camiseta y botines es demasiado adorable.
—Definitivamente pensaremos en ello.
—Genial. ¿Cómo fue tu día?
—Oh, fue increíble. Todo salió bien. —Suspirando, bajo del coche—. Pero Charlie tiene fiebre, lo que apesta. Acabamos de llegar a casa.
—Mierda, ¿te estoy reteniendo?
—No, literalmente acabo de estacionar hace unos minutos. Pero debería irme. Tengo que meterla en la cama así puede dormir.
—De acuerdo. Iré a ducharme y me tomaré tranquila la noche.
Decepcionada, pero comprendiendo completamente, exhalo.
—Está bien.
—A menos que...
—Puedes dormir aquí.
—Nos acostaremos temprano. Dame una hora.
~tbts~
Por una vez, iremos a dormir antes de la medianoche. Es inaudito.
Bostezando, me meto en la cama, acurrucándome contra Edward. Normalmente, dormimos separados durante la noche, a ninguno nos gusta hacer cucharita, pero se siente muy bien estar tan cerca al principio.
—Estoy muy feliz de que las cosas hayan salido bien hoy —digo suavemente, acariciando el brazo de Edward—. Estoy emocionada por verte jugar.
—Lo sé. —Besa mi cuello—. No puedo esperar a verte en las gradas.
—Muy de película deportiva. —Sonrío en la oscuridad, retorciéndome cuando él aferra mi muslo.
—Me gustan las películas deportivas. Las buenas.
—¿A diferencia de las malas? —bromeo—. ¿Cuál es tu favorita?
—Tengo un par. Jerry Maguire.
—¿En serio? —Me doy vuelta con emoción—. ¡A mí también!
—¿Cuál es tu favorita?
—¿Película deportiva o solo película?
—Cualquiera.
—Me gustan las películas de terror. Como La Aldea... o El Conjuro.
—¿En serio? Nunca hubiera adivinado eso.
—Quizás podríamos ir a ver una película algún día. Cuando tengamos una noche de citas. —Frunzo el ceño—. Si tenemos una. Las cosas están por volverse locas.
—Encontraremos la manera —dice él, encontrando mi boca. Nos besamos un poco, abrazándonos—. Lo haremos funcionar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
—Es... diferente para mí ahora.
—¿Qué cosa?
—Mi vida. Las cosas que quiero... las cosas que tengo en consideración. —Su voz es suave, pero suena muy seguro. Me pregunto si estas cosas han estado mucho en su mente—. Lo que siento por ti.
Enredo nuestras piernas, sin saber qué decir.
—¿Confías en mí? —pregunta.
—Sí. Confío.
—¿Me amas, Bella?
Mi corazón se detiene. Tomo su rostro.
—Sí.
—Bien, porque... —Me besa, suavemente, brevemente, y se detiene, apartándose. Imagino que si las luces estuvieran encendidas, estaríamos mirándonos—. He estado pensando en esto todo el día. Pensando en jugar de nuevo. El fútbol era todo antes... No necesitaba algo más. Pero necesito esto; te necesito a ti. —Frota su pulgar a lo largo de mi mejilla—. Te amo.
