Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 22
Como técnicamente es verano, no quiero que Charlie vaya a la escuela toda la semana. Siento que debería tener tiempo libre, como otros niños, incluso aunque el preescolar en estos momentos es básicamente pura diversión y juegos.
—Me gusta la escuela, mamá.
Eso dices ahora.
—¡Bien! Me pone feliz. Pero no tienes que ir a la escuela todo el año.
—Pero, mamá.
—Sé que Nessa no vuelve hasta agosto, ¿cierto? Y tampoco Margot.
—Oh.
Hemos tenido varias versiones de esta conversación cerca de doce veces. Terminamos comprometiéndonos: ella vuelve al horario de media jornada, y la retiro temprano si hay algo que quiera hacer con ella.
Sus primos están en casa ahora también, volviendo loca a Rose cuando no están en campamento de día. Pero eso solo dura por un par de semanas; como yo, Em y Rose odian mantener a sus hijos super estructurados cuando podrían estar relajándose.
Quiero decir, ¿acaso eso no es lo que hicimos de niños? ¿Relajarnos? Recuerdo infinitos días en la casa de nuestros abuelos—la modesta, pero no menos fantástica, casa del lago que el abuelo construyó después de jubilarse. Y cuando estábamos en casa en el vecindario, mandábamos nosotros. Bueno, Emmett lo hacía. Yo mayormente me unía hasta que fui lo suficientemente grande como para ser genial por mi misma, momento en el que me metía en problemas con mis amigos.
A pesar de estos recuerdos nostálgicos de la infancia, y mi deseo de que Charlie experimente alguno de ellos, sé que los tiempos son diferentes ahora. Soy una madre soltera, los abuelos de Charlie siguen trabajando a tiempo completo, así que no hay juegos increíbles en casas del lago. Mis opciones para las aventuras de verano de Charlie están limitadas a citas de juegos con Angela y Nessa y pijamadas en lo de Em y Rose.
Mientras tanto, trabajo a tiempo completo y Edward entrena todos los días. La mayoría de las noches se encuentra exhausto, y puedo ver que está frustrado por tener que trabajar tanto para volver a estar en forma, pero definitivamente es una obra de amor para él. Es obvio.
—Está despejado esta noche. Qué mal que hay contaminación lumínica —dice él una noche, cuando estamos en su balcón. Es la primera vez que hemos usado sus tumbonas. De hecho, ha pasado un tiempo desde que optamos por su casa, principalmente porque sigo sintiéndome rara de que Charlie se quede aquí con nosotros.
Solo quiero ir despacio cuando se trata de cosas así.
—Sí, lo es. Pero hay lugares donde podemos ir a ver las estrellas.
—A fuera de la ciudad y en el campo...
Sonrío, tomando un sorbo de mi cerveza rubia, una de las sobras de la fiesta de Edward.
—Solía estar tan obsesionado con jugar la Copa del Mundo...
Esperando a que continúe, me mantengo en silencio. Pero él no dice nada, y cuando lo miro, simplemente está observando al cielo.
—¿Ya no?
—Sí. Siempre ha sido un sueño, supongo. Solo que no es tan importante para mí ahora. —Se endereza, mirando al frente, hacia el centelleo de las luces—. No me tomes a mal; sigo pensando en ganar. Simplemente... no venderé mi alma por ello.
—Entiendo eso —digo, después de un momento, reflexionando sus palabras—. Es bueno tener un balance, no aferrarse un sueño loco, ¿sabes? Has estado cerca antes... aún podría pasar.
—Cualquier cosa podría pasar. Depende de mi equipo... a quienes tenemos jugando y qué tan bien jugamos juntos. Si soy malo, si no puedo volver a donde solía estar, ellos podrían venderme o simplemente soltarme. Y si ellos son malos... tendré que buscar en otro lado. —Pasa sus manos por su cabello, suspirando—. Aunque no puedo pensar en todo eso ahora mismo. Simplemente voy a jugar. Es más difícil comenzar a mitad de temporada, pero... está todo bien.
—Por supuesto. ¿Cuándo podremos ir a verte jugar?
Terminando su cerveza, se reclina, uniendo sus manos sobre su vientre.
—En dos semanas.
—¡Vaya! ¡Eso es pronto!
—Mitad de temporada —me recuerda.
Me lleno de emoción.
—¿Nos conseguirás boletos?
Él hace una cara, mirándome de reojo.
—¿Realmente acabas de preguntarme eso?
Busco su mano, apretándola juguetonamente.
—Solo me aseguro.
—Te quiero en todos los juegos. Todos.
—Haré todo lo posible.
Porque él tiene que viajar; eso lo sé. Por mucho que los dos lo queremos, no será posible que yo asista a todos los partidos, así que estaremos separados a veces.
No estoy tan nerviosa como lo estaba antes, sé cómo se siente, pero si sé que lo extrañaré.
~tbts~
Charlie está tan emocionada de asistir a un partido de fútbol real que es casi demente.
—¡Veremos el juego! ¡Veremos a Edward! —no para de decir, haciendo palmas y pateando sus pies.
Ella no es la única; Makenna se encuentra detrás nuestro hablando con entusiasmo con su mejor amiga Tia, que está con nosotros por el día. Ellas no estaban tan emocionadas antes, pero aparentemente ahora es muy importante ya que Makenna tiene un "tío" famoso.
Siento alivio de que no seamos solo Charlie y yo en el juego. Es cerca —en Lumen Field, cerca del centro de Seattle— pero la magnitud de todo sigue siendo abrumador. Y el próximo partido de Edward será en LA. Él quiere que vaya, pero no me he decido aún.
Aunque realmente quiero ir.
—Ow, Charlie —me quejo, frotando mi brazo que sigue pinchándome.
—¡Mira, mamá! —susurra, señalando al estadio que aparece por la ventana—. ¡Miraaaaaaaa!
—Estoy mirando. —Me río, inclinándome para ver.
Vestidos con los colores verdes y azul de Sounders, estamos dentro del Tahoe de Emmett —lo más cercano a una furgoneta que conseguirá— deduciendo que sería más divertido viajar todos juntos. Más fácil también.
Llegamos temprano, pero hay una multitud debido a que el estacionamiento norte está lleno así que Em conduce a otro lugar para estacionar.
—No he estado aquí en un tiempo —masculla, encontrando finalmente un lugar. Descendemos, tomamos nuestras cosas, y nos dirigimos hacia las ventanas Will Call, donde Edward dejó nuestros boletos.
No puedo negar la expectativa que crece dentro de mí. Esta es la primera vez que lo veré jugar en vivo—no en TV ni en línea. Se siente como el comienzo de una era. Siempre recordaré este juego.
La multitud crece mientras nos acercamos. Em busca a Charlie y se la entrego con gusto, incapaz de contener mis nervios al tener a todas estas personas alrededor de ella. Él la coloca sobre sus hombros, lo que a ella le encanta y siempre ruega que haga de todas formas. Hace que mi corazón se contraiga, haciéndome pensar en ella y Edward de esta forma.
Ella debería tener a alguien que haga eso por ella, siempre.
Con boletos en mano, ingresamos al estadio. Detrás de mí, Rose le recuerda a Makenna y Tia que permanezcan cerca, que presten atención, que se alejen de los pervertidos, etc, mientras que al frente Em comienza a cantar canciones de lucha —de fútbol, pero como sea— emocionando aún más a Charlie y Embry.
—¿Te das cuenta que tenemos los asientos de primera fila? —Emmett prácticamente chilla. Él me echa un vistazo, moviéndose incómodamente con Charlie aferrada a su cuello—. Tu hombre realmente se lució, Bellaaaaaa.
—Y esto es antes de que comience a beber —masculla Rose. A veces me olvido que ella lo conocía en la universidad.
—Oh, genial —digo, pero no me molesta la emoción de Em. Yo también lo siento, no he estado aquí desde que era niña, doce quizás, para un partido de los Seahawks con mi papá. Fue muy divertido entonces, así que solo puedo imaginar lo increíble que será hoy... especialmente con asientos de primera.
Al segundo que nos ubicamos, Charlie anuncia que ella necesita hacer pis. Embry también, así que Rose y yo los llevamos mientras que Em se queda con las chicas y ordena comida. De vuelta en nuestros lugares, encontramos a Em posando para selfies con Makenna y Tia y charlando con algunos clientes amigables. Ellos mencionan las actividades previas al juego que están disponibles cerca así que las chequeamos, dejando que el rostro de los niños sean pintados y que jueguen en los juegos inflables.
Veinte minutos antes de la primera patada, nos apresuramos de vuelta hacia adentro —Charlie tiene que ir al baño de nuevo— y encontramos a Em, que está resguardando los asientos.
—¿Quieres una cerveza? —pregunta Rose mientras nos sentamos.
—Sí. ¿Tomarás una?
—Una o dos. Probablemente conduciré luego, así que, ya sabes.
—De acuerdo, sí.
Y entonces, los locutores piden que todos nos pongamos de pie para el himno nacional.
El juego está por comenzar.
