Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 23

Mientras los capitanes de los equipos se reúnen para lanzar la moneda, trato de recordar en vano las reglas, según las explicaciones de Edward (muy técnicas) y Emmett (vagas y a medias). Entonces decido que no me importa, porque me volveré loca tratando de seguir todo.

Hoy el equipo contrario, el Portland Timbers, es un gran rival de los Sounders; incluso yo sé eso. En consecuencia, se supone que la multitud de hoy rompe récords, y por lo que se ve, es verdad. El estadio está abarrotado, poniéndome más feliz de que estemos aquí abajo. Aún así, los gritos y los alientos hace que sea complicado no engancharte... hay una energía dando vueltas por este lugar que solo grandes multitudes pueden generar.

Al principio, no podía ver a Edward. No le pregunté cuál era el número de su camiseta, y Emmett tampoco lo sabe. Y esto es tan apresurado; estos chicos corren más rápido de lo que puedo concentrarme.

Pero una cosa es cierta: estar en estos asientos es excitante. Incluso Makenna y Tia están gritando junto con todos, saltando y señalando y tomando demasiadas fotos con sus teléfonos que probablemente se quedarán sin espacio.

En cambio, Charlie se ha tranquilizado y está observando el campo con mucha concentración, sus ojos azules bien abiertos.

De hecho, ella es la primera en detectar a Edward.

—¡Mamá! —Levantándose de su asiento como un cohete de agua, ella aferra mi brazo—. ¡Edward! ¡Edward! —Ahora lo está llamando.

—Shh —Me río, llevándola a mi regazo, tratando de seguir su dedo. Todos lucen iguales... pero entonces... veo los tatuajes. Y aunque no es el único jugador tatuado, él es el único con brazos así.

Mi corazón se expande en proporciones ridículas.

Él me había dicho que era una buena señal que lo hayan metido a jugar tan rápido, que las horas que había invertido, así como su reputación de antes, le habían ayudado. Creo que se encuentra más preocupado sobre todo eso de lo que necesita estarlo, pero Edward es sorpresivamente modesto.

Desapareciendo y reapareciendo entre el grupo de jugadores que corre por todo el campo, Edward parece estar siguiéndoles el ritmo simplemente bien.

~tbts~

La pareja mayor sentada a nuestra izquierda, Eleazar y Carmen, amantes autoproclamados del fútbol desde España, nos han estado explicando las jugadas. Los noto algo estirados al principio, pero mientras más hablamos con ellos me doy cuenta que simplemente son muy elegantes. Majestuosos. Para el entretiempo, el cual solo dura quince minutos, sé que Edward es mediocampista—gracias a Eleazar. Él está impresionado que estemos saliendo, comentando que él recuerda a Edward de sus partidos europeos.

Es difícil no hacer una mueca cuando los jugadores caen. No dejo de pensar en la rodilla de Edward, y en cómo debió sentirse en el momento de su lesión. Él cae una vez, al toparse con otro jugador, y juro que mi corazón se detiene.

—Relájate, Bella —dice Emmett suavemente, descansando su brazo sobre mis hombros—. Él estará bien.

—Lo sé —digo, asintiendo.

Porque lo estará, sin importar lo que pase hoy allí.

Él ha mirado en nuestra dirección un par de veces, pero nunca puedo notar si nos ve o no. No me molesto en llamar su atención. Es una locura ese campo, y el estadio es tan ruidoso, que sería inútil.

Al final de la primera mitad, los Sounders iban perdiendo por un gol, pero para el final del juego, ellos le ganan a los Timbers por dos. El ruido. Santo cielo. Rugido ensordecedor es quedarse corto. Es tan bullicioso que apenas puedo escucharme pensar. Incluso Charlie está parada sobre su asiento, saltando y alentando, agitando un cartel azul y verde que solo Dios sabe de donde lo sacó.

—Será mejor que esperemos un minuto —dice Rose, estudiando los asientos que se vacían lentamente—. Hay miles y miles de personas yéndose al mismo tiempo. La mitad de ellos probablemente ebrias.

—No me molesta esperar —comento.

—Estoy segura que no —dice ella, sonriendo—. ¿Tienen planes para después? ¿Vas a... ya sabes... ir a por donde sea que salen?

—No. No lo planeamos. Probablemente hable con él en casa. —Aunque deseo que hubiéramos planeado algo.

Emmett desaparece por un rato, y vuelve con Ben & Jerry para todos—como si no hubiéramos comido durante dos horas. Pero jamás me verás rechazar un helado. Especialmente Ben & Jerry.

Casi lo estoy terminando cuando siento vibrar mi cartera. Sacando mi teléfono, respondo sin siquiera chequear quién es antes, no queriendo perder la llamada.

—¿Hola?

—¿Bella?

—¡Oye! —jadeo—. ¿Cómo es...? ¡Felicitaciones! ¡Eso fue increíble!

Él se ríe un poco.

—¿Entonces vinieron?

—¿Estás loco? ¡Por supuesto! Te dije que vendríamos...

—¿Siguen aquí?

—Sí, solo esperamos a que las personas se vayan un poco así no estamos estancados en el tráfico.

—Bien pensado. Eh, espera. —Habla con alguien más, riendo y despidiéndose, y luego vuelve a mí—. Sí. Como sea, me gustaría verte.

—A mí también.

—¿Puedes venir?

—No sé a dónde ir.

—¿Siguen en los asientos de primera?

—Sí.

—De acuerdo. Tiéndele el teléfono a Em por un segundo.

~tbts~

Me encuentro afuera de la puerta, nerviosa, esperando que sea él cada vez que se abre. Un par de jugadores salen primero, mirándonos, y entonces sale Edward. Él luce cansado pero muy, muy feliz.

Como pez en el agua. Es demasiado sorprendente.

Charlie corre hacia él primero, abrazando sus piernas, pero él se agacha y la toma en brazos.

—¿Disfrutaste del juego, Chuck?

—Lo disfruté.

—Bien. —Los ojos de él brillan cuando me ven, y se inclina para besarme—. Estoy feliz de que estén aquí.

—No nos lo perderíamos. —Quiero decirle que esto es el comienzo.

~tbts~

—Mis padres asistieron hoy —dice Edward, bostezando.

—¿En serio? ¿Dónde estaban sentados?

—A ellos les gusta los asientos comunes, lo creas o no. Varias veces he intentado darles en primera fila, pero...

Quito los restos de su plato y lo llevo hacia la cocina.

—¿Alguna vez ellos te fueron a ver cuando jugabas en Inglaterra?

Él me sigue, abriendo el lavavajillas así puedo cargarlo.

—A veces. Normalmente van a mis juegos en casa. —Vuelve a bostezar—. Bueno, casa en el sentido de los Estados, no donde vivía en ese entonces. Ahora realmente es en casa de nuevo.

—¿Los conoceré pronto?

—Sí. Han estado preguntando por ti, de hecho.

—¿En serio? —Ato mi cabello en una coleta—. Eso es genial.

—Mayormente mi mamá. Ella ha querido que... siente cabeza... por mucho tiempo. —Sus ojos se mueven hacia mí, y luego se apartan. Es un tema pesado, y mientras que definitivamente lo hemos aludido, "sentar cabeza" tiene un tono muy definitivo—. Ya sabes como son las madres.

—Sí, lo sé. —Mi propia madre, Renée, vive en un estado diferente pero aún así tengo que esquivar sus preguntas invasivas sobre mi vida amorosa habitualmente.

Enciendo el lavavajillas y apago la luz, sacando a Edward de la cocina. No es tan tarde, pero todos estamos exhaustos—Charlie se quedó dormida de camino a casa y por una vez se mantuvo así.

—Iré a ducharme —dice Edward, atrapando mi brazo—. Deberías venir.

Me he estado preguntando cuándo pasaría esto. Él está cansado, pero ha estado extra coqueto esta noche, tocándome y tomándome como si fuéramos adolescentes cachondos.

No que me esté quejando.

Al segundo que cerramos la puerta del baño, me besa, presionándome contra ella y levantando mis brazos así puede quitarme la camiseta. Desabrocho su cinturón mientras él besa mi cuello, tratando de concentrarme, pero eventualmente estoy demasiado exhausta y ansiosa. Jalo de sus jeans a medio camino y luego trabajo en los míos.

Él enciende la ducha, llenando el baño con vapor. Nos terminamos de desvestir y nos encontramos adentro, llenándonos de besos y caricias.

—He estado pensando en esto todo el día —dice, pasando sus manos ásperas por todo mi cuerpo.

Me giro hacia la pared, él separa mis piernas y desliza una mano, tocándome hasta que me encuentro desesperada y lo busco hasta que esté adentro. Envolviendo mis caderas con sus manos, él las aprieta, manteniéndome quieta mientras embiste dentro de mí.

—Estoy feliz de haberte encontrado —susurra.

Casi no lo escucho, pero lo hago.

Me hace querer llorar.

—Yo también.


Tan hermosos. Mencionaron a los padres, ¿será el próximo paso?

Yo soy igual que Bella, pero declararía guerras por el helado jajajaja

¡Buen fin de semana! :)