Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 24
—Bueno, ¿quieres ir o no? —pregunta Em, revolviendo los papeles.
Estamos en la oficina de su casa, sentados en lados opuestos de su escritorio como si fuera mi jefe. Lo cual es.
—Sí. Quiero decir. Sí. Eso creo.
—¿Eso crees? —Sus ojos me estudian rápidamente—. ¿Siempre has sido tan indecisa?
Poniendo los ojos en blanco, me reclino. Puedo ver su patio trasero desde aquí, una parte. Charlie está acostada sobre el césped, señalando hacia arriba—a las nubes probablemente. El sol comienza a ponerse, cubriendo todo de un color oro rosado.
—Rose y yo podemos cuidar de Charlie si te gustaría ir sola. Es un fin de semana de todas formas. No hay problema.
—¿Por qué insistes en que vaya?
—Solo te estoy dando opciones. —Se encoje de hombros, dejando la pila de papeles en un cajón—. Además, creo que tienes que decidirte o dejar de molestar. No que tu relación sea de mi importancia.
—No, no lo es —concuerdo, pero sus palabras me llegan al corazón.
Edward está comprometido a mí como yo a él. Ambos estamos concentrados en nuestras carreras, pero nos hemos prometido darnos la misma atención si, y cuando, podemos. Solo que... hay una parte de mí que sigue teniendo miedo—al rechazo, al fracaso, a la decepción, al corazón roto. Ya sea intencional o no.
¿Cómo dos personas combinan sus vidas sin perderse a sí mismos? ¿Y perderme a mí misma es tan malo como creo que es? Miro a Em y a Rose y ellos simplemente... lo tienen.
—¿Cómo lo hacen? —pregunto—. ¿Tú y Rose?
—¿Qué quieres decir? —Em frunce el ceño, luciendo perplejo—. ¿Cómo permanecemos felices o como sea?
—Sí. ¿Cómo van en distintas direcciones pero logran... ir hacia el mismo lugar?
Exhalando fuerte, él une sus manos por detrás de su cabeza.
—Esa es la pregunta del millón, Bella. ¿Pero hablando en serio? —Me mira, realmente me mira—. Es mucha comunicación. Y compromiso. E in-ter-dependencia. —Pronuncia esta última parte como si tuviera cuatro años.
Asintiendo lentamente, medito sus palabras.
—Entonces, básicamente es un malabarismo entre independencia y dependencia. Compromiso.
—Cierto. Pero en resumen es, ¿realmente lo quieres? No lo que crees que quieres, o lo que todos los demás quieren para ti, sino tú. ¿Qué quieres?
—Me gustaría ir a LA. Solo tengo nervios.
—¿De qué?
—De ir a este partido sola. Estar sola. Dejar a Charlie. No quiero que ella alguna vez piense, o sienta, que alguien más va antes de ella.
—Chuck estará bien. Todos aman a esa niña. Y... respecto a ti... —Suspirando, se inclina hacia adelante—. Está bien tener personas en tu vida además de Chuck. Si Edward es un buen chico... si él es ÉL chico, está bien. Tiene que estarlo. No puedes ser Santa Bella por el resto de tu vida, sacrificando mierda como si fueras algún tipo de mártir. Vamos.
—Los mártires se sacrifican a sí mismos, Emmett.
—Exactamente.
Noto que ni siquiera se molesta en abordar la parte de "ir sola", y supongo que es intencional.
Porque soy una chica grande. Puedo hacer esto.
~tbts~
Él le resta importancia, pero Edward está eufórico de que iré a LA.
—Pensé que seguramente me dejarías colgado —dice, abrazándome por detrás mientras me preparo un sándwich. Ha sido un día largo, lleno de mandados.
—Gracias por el voto de confianza —bromeo, sin querer admitir lo cerca que estuve de hacer eso mismo.
—Te conozco —susurra, besando mi oreja antes de apartarse por completo.
Corto el sándwich en dos, ofreciéndole la mitad.
—¿Sí?
—Sí. Creo que sí. —Él acepta, tomando un bocado—. Lo suficiente para adivinar tus movimientos.
—Mmm. —También tomo un bocado—. Bueno, quizás te sorprenderé algún día.
Sus ojos se arrugan en las esquinas, y asiente.
—Espero que lo hagas.
Estas conversaciones sin sentido normalmente nos lleva al cuarto, parte de la razón por la que me encanta participar en ellas. Solo es... tontería y ternura, simplemente él y yo. Coqueteando. Sus ojos estudian el borde de mi solero más corto de lo usual, y mis manos ansían tocar la piel debajo de su camiseta.
Espero que siempre nos sintamos así.
Y entonces me doy cuenta que pensar de esa forma me dice más de lo que sabía: estoy en esto para siempre.
Y eso es todo.
~tbts~
—¿Estás seguro que pasaré la inspección? —pregunto, sonriendo para esconder mis nervios.
Edward aprieta mi rodilla, seguramente notando mi actuación.
—Sí, Bella. Mi mamá ama a todos; ella es fácil de comprar. Y mi papá... él también te amará. Lo prometo.
—¿Cómo lo prometes?
—Porque los conozco. Sé el tipo de cosas que les importa, y va con el mismo tipo de cosas que te importan. Eres una buena combinación.
—¿Para ellos o para ti?
Él resopla suavemente.
—Ambos.
—Bien. —Alisando mi vestido, tomo aire profundo y miro por la ventana, disfrutando de como la luz solar pinta a los árboles. Edward creció en una zona rica de Seattle, pero ahora sus padres son dueños de un gran terreno en el campo.
Hemos estado conduciendo por su entrada durante cinco minutos. Eso debería decir algo. Aunque es hermoso aquí afuera. Abierto, infinito. Fácil de respirar.
Echo un vistazo a Edward, admirando su aspecto. Se encuentra más formal de lo normal, en un pantalón de vestir Armani gris (eché un vistazo) y una camisa blanca que enrolló las mangas, mostrando sus antebrazos así como sus otras mangas. Sin corbata o algo, simplemente... elegante.
Simplemente... sexy.
Cuando me mira, sus ojos se suavizan.
—¿Estás bien?
—Estoy genial. —Lo estoy. Solo algo nerviosa.
El camino adelante se curva y entonces, al frente, se encuentra la casa de los Cullen.
Estacionamos al lado de un Mercedes negro y un BMW blanco. Considerando el vehículo completamente plebeyo que manejo, encuentro esto graciosamente predecible. Aún así, el terreno es hermoso, sin ser demasiado trabajado—rosas salvajes y árboles altos, una pequeña pileta para pájaros a mi derecha.
Y no tienen criada. La misma madre de Edward responde la puerta, sonriendo cuando ve a su hijo.
—Hola, guapo. —Ella lo abraza fuerte, besando su rostro de la forma que ella probablemente hacía cuando él era un niño, y luego gira hacia mí—. Bella.
—Sí. Hola, Sra. Cullen. Es un gusto conocerla.
—¡Gracias! Igualmente. Y Esme está bien. Prefiero eso. —Nos abrazamos incómodamente, pero ella es tan cálida, hermosa y amable que está bien—. Estoy feliz de que finalmente te haya traído —dice, aferrando la mano de Edward pero mirándome mientras nos adentramos en la casa—. Ya era hora.
—Estamos ocupados, mamá —dice Edward, su exasperación suavizada por un evidente cariño.
—Todos estamos ocupados, Edward. Pero sacas tiempo. —Ella me guiña el ojo, y de repente veo de dónde lo saca él—. ¿O no?
Sacas tiempo.
—Sí, tenemos que hacerlo. —Asintiendo, me apresuro a seguirlos.
Carlisle Cullen es una versión de su hijo más rubio, grande y libre de tatuajes. Así que, sexy, básicamente. Quiero decir, sexy en una forma distinguida; no estoy teniendo pensamientos inapropiados o algo. ¿Pero él y Esme? Vaya. Qué sorpresa. Ellos son tan atractivos; tiene mucho sentido que Edward sea igual de hermoso. Tengo que preguntarme qué pensarán de sus tatuajes. Ellos parecen ser tranquilos, pero uno nunca sabe.
De todas formas, la cercanía que Edward comparte con ellos es evidente. Puede que ellos no pasen mucho tiempo juntos, pero es obvio que se mantienen en contacto regularmente. Esme menciona un correo, y Carlisle dice algo sobre Facebook.
Me tenso y miro a Edward.
Él se muerde el labio, riéndose.
—Sí. Él ha estado monitoreando.
—¿Qué? —dice Carlisle, levantando sus manos—. Me gusta estar al tanto. Ya lo verás. Cuando envejezcas. No te sentirás viejo, ¿sabes?
—Es verdad —dice Esme, rellenando mi copa de vino—. Aunque él está metido más en las redes sociales que yo. Lo encuentro agotador.
—Pero aún así me pides todos los detalles —contesta Carlisle.
—¡No es verdad! —Pero ella también está riéndose ahora.
—Sí lo es. —Carlisle me mira—. Entonces, Bella. Dime.
Edward se tensa y toma mi mano al mismo tiempo.
—Papá.
Su padre agita su mano.
—No, tengo curiosidad. Dime, Bella. ¿Hacia dónde ves que esto con Edward irá?
Estoy sin palabras. Todos hemos tomado algo de vino con la cena, y estos dos son particularmente abiertos —agradablemente transparentes incluso— pero esto es inesperado.
—Yo... no lo sé. —Echo un vistazo a Edward, que sacude su cabeza en mi dirección.
—Él es un entrometido, Bella. Ignóralo.
—No elijas el camino más fácil. —Carlisle se carcajea—. Vamos. Hemos estado escuchando sobre ti por meses.
Esme baja su mirada, pero sigue sonriendo también. Es gracioso; a pesar de lo seguro que es Edward, sus padres son muy alegres. Ellos me recuerdan a... Emmett. Sonriendo por dentro ante la idea, finalmente miro a Carlisle a los ojos.
Pero Edward habla primero.
—Bella es la primera chica en la que he confiado en mucho tiempo. Realmente tenemos algo muy bueno, y... la amo.
Él me ha dicho que me ama, pero de alguna forma, escuchar que confía en mí me hace algo. Él es tan generoso, tan jugado. Busco su mano, aferrándola entre mis dos.
—Iré a dónde sea que él me lleve.
Aw, conocimos a los suegros.
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
