Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 25

Charlie y yo estamos sentadas una frente a la otra, sobre la alfombra en su cuarto, teniendo un picnic de desayuno. Fue su idea. Hacemos esto cada tanto, la dejo elegir dónde haremos nuestro picnic y qué comeremos—hoy es un desayuno tarde de tostadas con jalea, chocolate caliente con crema batida, y fetas de pavo frío. Rollos de canela de postre.

Ella también quería las canciones de Frozen, lo cual veté a favor de John Coltrane. Quiero decir, una chica tiene límites.

Hoy parecía ser un buen día para el picnic de Charlie porque quería contarle sobre mi viaje a Los Ángeles por el fin de semana. Generalmente, a pesar que trato de ser firme con Charlie, ella es algo malcriada porque ella jamás ha tenido que compartirme. Por suerte para mí, ella también ama a Edward, así que espero que esto no sea demasiado para ella.

Y si lo es, bueno, tendrá que adaptarse. Lo siento.

—¿Moras o fresas? —pregunta ella, copiándome, el cuchillo de plástico para mantequilla en equilibrio sobre los dos frascos de jalea.

—Fresas, por favor. Pero yo puedo hacerlo, cariño.

—Yo puedo hacerlo —discute ella, sumergiendo el cuchillo con cuidado. La observo por un momento, recordando la obstinación de Edward con el asiento para coche. Justo cuando estoy por hacerlo yo misma, ella logra verter un poco de jalea sobre un triángulo de pan. Llena de orgullo, ella me lo tiende.

—Gracias, Charlie.

—De acuerdo, mamá.

—De nada —le recuerdo.

—De nada.

Nos sonreímos. A veces ella luce como Tyler... en ciertas expresiones. No me molesta. Él fue —es— un hombre atractivo, y me dio el regalo más preciado que podría haber pedido. Es difícil imaginar tener más hijos; no es posible que ame a otro niño de la forma que amo a este.

La miro trabajar en una tostada, esparciendo jalea meticulosamente en cada rincón antes de llevársela a su boca.

—Char-lie —digo—. Pequeños bocados, cariño. Vamos.

—Lo siento, mamá —masculla, haciendo volar muchas migas.

—Bueno, escucha. Haré un pequeño viaje con Edward pronto.

—¿Un pequeño viaje?

—Síp.

—¿Adónde van?

—Los Ángeles. Es otra ciudad, así como esta. Iré a ver a Edward jugar otro partido.

—Me gustan los partidos —contesta ella automáticamente, así como sabía que ella haría.

—Lo sé, cariño, pero te quedarás con la tía Rose y el tío Emmett de nuevo, ¿de acuerdo?

Ella mueve un dedo por la crema sobre su chocolate, llevándola rápidamente hacia su boca.

—Pero.

Espero, pero no llega nada.

—¿Pero qué?

—Pero. Amo a Edward.

—También amo a Edward.

Ella sonríe, inquietamente pícara.

—¿Él es tu novio?

—¿Qué?

—Makenna lo dijo.

Parece que tendré que tener una charla con mi sobrina sobre la discreción y lo que es apropiado para una niña de cuatro años.

—Bueno. Sí. Edward es mi novio.

—Él también es mi novio —confiesa ella.

—Oh, ¿en serio? Eso es bueno. —Me muero el labio, tratando de no reírme.

—Sí. Me casaré con Edward.

—¿Pero qué hay de Harry?

—No, mamá. —Ella mira con tristeza a su tostada—. Ya no me gusta Harry*.

—De acuerdo. —Puede que ella esté tan loca por los chicos como yo lo estuve... Solo que no pensé que comenzaría desde tan joven—. Bueno, supongo que podemos compartir a Edward.

—No, mamá.

—Sí.

Ella me mira, lamiéndose la jalea de los labios.

—Charlie, Edward estará en nuestras vidas, ¿de acuerdo? Él quiere pasar mucho rato con nosotras.

—Bueno.

—Y a veces iremos de viaje juntos. A veces vendrás, pero otras veces te quedarás.

Ella asiente, mirando a la taza de plástico de Peppa La Cerdita que Edward le regaló para hacer juego con la mía.

—Entonces, este fin de semana me iré con él y eso es todo —repito, sabiendo lo selectiva que es con lo que quiere escuchar—. Te quedarás con tus primos.

—¿Podemos ver Peppa?

—¿Qué, ahora?

—¡Sí! —Ella pega un salto, casi tirando el resto de su chocolate.

—¿Podemos terminar de comer primero?

—Pero.

—Ven a sentarte. ¿Quieres sentarte en mi regazo?

—No, mamá.

Pero se ubica sobre mí de todas formas.

~tbts~

Los Sounders no siempre usan vuelos privados, pero han reservado uno para su viaje a LA. Estarán en Portland después de eso, y luego de vuelta en Seattle. Aquí es donde las cosas se ponen un poco feas: ocho días de viaje, jugando alrededor del noroeste, seguido por un viaje al este para jugar en Boston y en Nueva York, respectivamente. Y entonces a Texas para jugar contra el FC Dallas... luego de vuelta a Seattle. El próximo par de meses van a ser complicados para mí, pero para Edward serán completamente locos.

Aunque él dice que está acostumbrado a ello. Él progresa.

Tuvimos nuestro primera casi-discusión cuando él asumió que mis hospedajes y mis vuelos serían pagados automáticamente... por él.

"No estoy segura de sentirme cómoda con eso" dije, observándolo del otro extremo de la mesa. No había pensado en todos los detalles, supongo.

"¿Cuál es el problema?" Él se encogió de hombros, girando la pasta alrededor de su tenedor. "¿Prefieres pagarlo tú?"

"Sabes que no puedo permitírmelo. No para tantos juegos."

"Cierto. Entonces, ¿cuál es el problema?"

Fue el ejemplo suficiente de lo diferente que veíamos al dinero. Él había crecido en una familia trabajadora pero muy privilegiada, y había comenzado a jugar directamente al fútbol, donde siguió haciendo dinero. Yo, por el otro lado, nunca estuve desamparada, pero cada dólar fue ganado duramente. Él veía al dinero cómo una herramienta para conseguir cosas, yo lo veía como algo que debía ser manejado con cuidado y distribuido con discreción.

Viajar alrededor del país para mirar a mi novio jugar parecía frívolo.

"Llegará un momento en que preferirás quedarte en casa, para ser honesto. esto no es tan sofisticado como suena. Pero ahora mismo, mientras todo sigue siendo nuevo, simplemente ven cuando puedas y deja que yo me encargue de los gastos." El mesero se acercó con nuestra segunda botella de vino. "Yo puedo servirlo; gracias."

"De nada, señor. ¿Hay algo más que pueda ofrecerle?"

"No, gracias. Esto está bien."

Asintiendo brevemente, el mesero sonrió y se fue.

"Está bien" dije al fin.

"¿Por qué suenas tan insegura?" Él sirvió mi copa. "Yo soy el que te invita, ¿cierto? Yo debería pagarlo.

Él arqueó una ceja, como si estuviera desafiándome. Mientras más tiempo pasábamos juntos, mientras más cerca estábamos, más cómodos nos sentíamos para ser directos. No más banalidades, no más endulzamientos. Había sido un cambio gradual, pero natural y me gustaba que nos conociéramos lo suficiente para ser reales.

"Solo estoy acostumbrada a cuidarme sola. Está bien. Simplemente... no quiero que nunca alguien piense que... estoy aprovechándome."

"Olvida lo que todos piensen. Tendrás que hacerlo, especialmente en ese mundo. Las personas hablan pestes y crean rumores sin importar lo bueno que intentes ser. Además, si alguien se está aprovechando... soy yo."

¿Cómo podía discutir con esa lógica?

"Me siento como una mujer mantenida" bromeo.

"Lo superarás."

No tengo permitido viajar con Edward, ni siquiera cuando toman vuelos regulares. Tampoco puedo quedarme en su hotel, así que él me ha reservado una suite en el Marriott más cercano.

—Probablemente debería haberme ido a dormir más temprano —digo cuando nos detenemos en SeaTac la mañana de nuestros vuelos. Yo salgo una hora antes que él, así que él me deja en la entrada antes de irse a encontrar con su equipo.

—Mmm. —Él sonríe, distraído por el tráfico a nuestro alrededor—. De acuerdo. Me tengo que ir. Te llamaré cuando aterricemos.

—Cuando sea que puedas está bien; no te preocupes.

—Oh, y la esposa de Garrett, Kate, te recogerá.

—¿En serio? —Una gran sensación de alivio me envuelve; no había notado lo ansiosa que estaba.

—Sí. Ella está muy emocionada de que vengas... mierda. —Frotándose el rostro, suspira—. Lo siento. Debería haberte preguntado si estabas de acuerdo con eso.

—No, esta muy bien. Kate me agradó mucho.

Sonriendo suavemente, él se estira, curvando su mano alrededor de la parte trasera de mi cuello.

—A ella también le agradaste. ¿Estás segura que está bien?

Incluso a las cinco de la mañana, él es tan devastadoramente apuesto. Mi corazón se saltea un latido, recordándome lo mucho que él me afecta... aún.

—Sí. Gracias.

Acercándome, me besa fuerte.

—Gracias a ti.

Es un buen momento para estar en el aeropuerto; no está muy agitado. Después de tomar café y una ensalada de frutas, me ubico cerca de la puerta de embarque y hago una videollamada con Charlie en el teléfono de Rose. Ella se ríe demasiado en nuestra charla, alejándose de Rose en un momento y llevándose con ella el teléfono hacia un armario. Eventualmente Rose la encuentra, y hablamos por un momento antes de colgar. Del otro lado del cristal, el sol comienza a alzarse, reflejando los aviones que esperan en la terminal, haciéndolos ver de un color plateado. Observo distraídamente por un rato, preguntándome de dónde exactamente parte el avión de Edward, si está ansioso por el partido.

Él dice que siente nervios antes de todos los partidos, que el día que no se sienta así estará nervioso por no estar nervioso porque eso lo ayuda a jugar tan bien como lo hace.

Llega un mensaje—Edward me envía el número de Kate, asegurándome que ella me verá en arribos en el LAX.

Gracias. Ten un buen vuelo. Te amo.

Te amo.

~tbts~

Kate es tan deslumbrante como la recuerdo. Su cabello está un poco más largo, recogido en una coleta baja. Sonriendo por detrás de sus grandes gafas de sol, ella me abraza.

—No tienes bolsos extra, ¿cierto? —pregunta.

—Nop. Solo este.

—Perfecto. Vamos.

Es fácil hablar con ella, así como la noche del cumpleaños de Edward, balbucear sobre todo, desde la ola de calor que la ciudad ha estado teniendo hasta el juego de esta noche.

—¿Sabes? Esto puede sonar tonto, pero no me di cuenta antes que Garrett jugaba para el LA Galaxy. Ustedes son los amigos que vinieron a ver a Edward una vez, ¿no?

Ella asiente, usando su llave para abrir su coche. Un SUV lujoso, por supuesto.

—Sí. Será un poco loco verlos competir. Ellos solían jugar en el mismo equipo... se siente como una eternidad atrás.

—Es bueno que sigan siendo cercanos.

—Lo es. Han pasado por muchas cosas juntos. —Ella sonríe, encendiendo el aire acondicionado—. Bueno, no sé tú, pero realmente necesito más café.

—Me parece bien —digo, enviándole un mensaje rápido a Edward y luego a Rose, haciéndoles saber que aterricé bien.

A pesar del café, sin embargo, para cuando Kate me deja en mi hotel, tengo sueño de nuevo. Me registro, voy a mi cuarto, me quito los zapatos y me dejo caer sobre la cama, agradecida de tener unas horas antes del partido. Estaré sentada de nuevo en los asientos delanteros, con Kate esta vez. Edward se aseguró de que no estuviera sola, y ni siquiera puedo comenzar a pensar en lo mucho que eso significa para mí.

Me despierto al sentir manos y besos.

Edward se encuentra a mi lado, medio desnudo ya.

—¿Qué...? ¿Cómo entraste aquí?

—También es mi cuarto —Se ríe, bajando mi cierre.

—Pero pensé que debías quedarte con el equipo. —Bostezo, desorientada.

—Así es. No puedo quedarme aquí. Simplemente... necesito tener acceso a ti.

Nuestras miradas se encuentran. La necesidad en sus ojos es tan brutal que juro que puedo sentirla.

Soy suya. Levanto mis caderas así puede quitarme los jeans.


*Harry Styles.