Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 26

Es increíble lo diferente que puede ser una experiencia basada en las personas con las que estás. Asistir a uno de los partidos de Edward con mi familia fue una diversión alborotada y loca. Un poco abrumador.

Con Kate, ir a un juego de la MLS es abrumador también, pero por razones diferentes. Ella dice que va a casi todos los juegos, incluso después de todos estos años. Por supuesto, no tener hijos hace que eso sea un poco más fácil.

—No quiero tener hijos —dice ella—. Amo a los hijos de mi hermana... y Charlie es completamente adorable... pero simplemente no son para mí.

De todas formas, este juego contra el LA Galaxy no podría ser más diferente. Y quizás esté paranoica, pero parece haber más chicas aquí. Al menos, en asientos de primera. Todos en LA son más... atractivos. Más parecidos. Mientras Kate y yo tomamos nuestros asientos y esperamos para pedir algo de tomar, miro alrededor, agradecida de estar mejor vestida que en mis jeans y camiseta como en Seattle.

Kate siempre luce perfecta, desde su cabello a las uñas de sus pies. No puedo evitar preguntarme cuánto de ello es natural y cuánto una consecuencia de su entorno.

El partido va bien. Van muy empatados, pero LA Galaxy gana. Esta es una realidad a la que tendré que acostumbrarme, pero definitivamente estoy nerviosa sobre el ánimo de Edward post partido. Él ha estado relativamente tranquilo en el tiempo que hemos estado juntos, pero he notado una intensidad creciente ahora que está de vuelta en el juego.

Pasión.

~tbts~

Kate y yo nos ponemos de pie, observando el campo.

—Vamos —dice ella, asintiendo hacia la entrada VIP por la que entramos.

—Quería ver a Edward —respondo, jugando con el cierre de mi cartera.

—Lo sé. —Ella sonríe, enlazando su brazo con el mío. Ambos estamos un poco ebrias, razón por la cual ella arregló para que un servicio de coches nos transporte hoy—. Los veremos. Vamos.

Es muy diferente con Kate. Las personas se hacen a un lado para nosotras, abren puertas, sonríen. O la reconocen como la esposa de Garrett Allen, o responden a su belleza y seguridad—lo que sea que es, estamos en el salón de jugadores antes de darme cuenta. Hay otras personas dando vueltas, la mayoría mujeres. Sabía que sería así, estereotípicamente, pero verlo es otra cosa.

Kate envía un par de mensajes y suspira, mirándome.

—Lamento que no hayan ganado.

—No, no lo estás. —Me río, poniendo los ojos en blanco.

Ella se carcajea, sus mejillas rosas de alegría y alcohol.

—No lo sé... sexo de derrota es tan bueno como sexo de victoria. Él probablemente necesite consuelo.

Me inclino contra la pared.

—Bueno. Él tuvo mucho de eso esta mañana, así que...

Kate golpea mi brazo.

—¡Se supone que lo tienen que guardar para después!

—¡Oye, él vino a mí! —Y, ¡¿lo has visto?! Quise agregar. ¿Quién se niega a eso?—. ¿Qué se suponía que debía hacer?

—Y luces tan inocente —dice ella, sacudiendo la cabeza—. Las apariencias engañan.

—¿Inocente? Tengo una hija, Kate.

—Lo sé. —Sus ojos se suavizan—. Pero eres una chica buena. Eso lo sé. Y... él definitivamente sabe eso.

Sus palabras me hacen preguntar qué tipo de conversaciones sobre mí han tenido Edward y Garrett —y Kate. Es una sensación cálida, en serio, porque ella ha sido tan amable conmigo, como si podríamos volvernos verdaderas amigas. Espero que lo seamos; tener personas en mi vida que entienden este mundo sería invaluable.

Momentos después, los jugadores comienzan a salir. Kate y yo obtenemos nuestra parte de atención, miradas y sonrisas, pero entonces Garrett sale y envuelve a su esposa en un abrazo. Me doy vuelta, dándoles un poco de privacidad mientras se besan, encantada de que tengan este amor, incluso después de todo este tiempo.

Edward aparece un momento después, fresco de la ducha, su cabello un perfecto desorden.

—Hola —digo, caminando dudosamente hacia él.

Tomándome de la cintura, me jala hacia él.

—Hola.

Él está callado, exhausto. Envuelvo mis brazos alrededor de él, abrazándolo fuerte.

—Buen juego.

—No lo suficientemente bueno. —Besa mi cuello y se aparta.

No sé qué decir en situaciones como esta; quizás debería haberle preguntado a Kate. Pero quizás él no necesite que diga algo. Recuerdo a Emmett después de sus partidos en la secundaria, cuando su equipo perdía. Él simplemente iba a una fiesta.

Como si estuviera leyendo mi mente, Edward roza mi oreja con sus labios.

—Salgamos.

Garrett y Kate se van, prometiendo que nos verán más tarde. Edward me lleva a su hotel así puede cambiarse, y luego volvemos al mío así yo hago lo mismo. Decido ducharme también, sintiéndome sudada y asquerosa después de estar en el incesante calor.

—¿Conoces bien Los Ángeles? —le pregunto a Edward mientras nos subimos a un taxi.

—En realidad, no. Kate y Gar me sacan afuera cuando estoy en la ciudad, lo cual es cuando sea que estoy en los Estados. —Me echa un vistazo, descansando su mano sobre mi rodilla desnuda—. Lo cual es todo el tiempo ahora. Si te gusta, podemos visitar más a menudo.

Asiento, observando la ciudad, cubierta por el sol poniente.

—Es bastante sofisticada.

—Algunas partes.

—Las personas, quiero decir.

—Sí. Es diferente. Seattle es mucho más tranquilo.

Aprieto su mano, feliz de que él reconozca eso. No estoy segura si podría seguirle el ritmo a una ciudad como esta, incluso si es emocionante y nueva.

Nos encontramos a Garrett y Kate en The Standard, un hotel en el centro con un bar en la azotea. Muchos compañeros de Edward y Garrett están allí, llenando el aire de la noche con risas y conversaciones. Reconozco a un tipo de la fiesta de Edward—James, un rubio de ojos azules y estereotipo americano. Él es amigable, aunque un poco intenso, su sorpresa al verme es obvia.

—¿No jodas? —Él sonríe, elevando sus cejas, mientras toma un trago de su cóctel—. Estás poniéndote viejo, hombre. Sentando cabeza. —Choca su vaso con el de Edward, pero tengo la impresión que él está siendo algo sarcástico.

—Sí. Bueno, ¿qué hay de...? —Edward cambia el rumbo de la conversación, dejándome para mirar alrededor, observar a otros clientes. Garrett y Kate están a unos seis metros de distancia, absortos en una conversación. Adónde sea que mire, las personas charlan y coquetean, algunos son más obvios que otros.

No me pierdo las miradas que Edward recibe. No soy estúpida. Hombres como él son imanes para eso, algo en lo que pensé largo y tendido cuando comenzamos a salir. Él es de lejos la persona más atractiva con la que he estado, pero eso es solo la punta del iceberg. Su rostro y su cuerpo pueden haberme atrapado, pero es quién es él por dentro que me enamoró. Las otras personas, sin embargo, las otras mujeres... no saben quién es él. Ellas ven perfección follable, no generosidad y amabilidad.

¿Y puedo culparlas? En realidad, no.

Aún así, me hace querer estar cerca. También me aterra, porque no puedo estar a su lado todo el tiempo, ni debería. Como en todas las relaciones, esto tendrá que basarse en confianza. De lo contrario, no tenemos nada.

James no es el único en mostrar sorpresa cuando Edward aparece conmigo frente a sus amigos y compañeros de equipo, presentándome como su novia. Algunos son amigables, otros casi despectivos. Un par de ellos me miran de arriba abajo, igual de lascivos como James. Si Edward lo nota, no lo toma en serio, y yo tampoco.

Eventualmente terminamos en una mesa con Garrett, Kate, James, y dos chicas, ambas al parecer interesadas en James. Decido que ni quiero saberlo, especialmente cuando los tres se mueven hacia un rincón, charlando y riendo entre ellos.

—Bella —jadea Kate. Puede que ella sea la borracha más adorable que he visto—. Tengo que hacer pis. ¿Tienes que ir?

—De hecho, sí.

—Bien. Vayamos. Juntas.

—De acuerdo. —Sonrío ante sus payasadas, me recuerda un poco a Alice.

—Termina tu trago —masculla ella, notando mi vaso casi vacío—. Podemos pedir otro luego.

Es un martini de chocolate, mi favorito. Lo acabo y entonces la sigo hacia el baño.

—Incluso esto es lindo —comento, echando un vistazo a la elegancia.

—Lo sé. Es algo ridículo —dice ella, bajándose la ropa interior—. Pero me encanta.

La sigo y uso el baño. Nos lavamos las manos y arreglamos nuestro cabello. Le presto mi brillo labial, el cual ha alabado todo el día—y ella me rocía con un poco de su perfume. Se siente como estar en la secundaria o en la universidad, de la mejor manera. Me doy cuenta, mirándome al espejo, que ha pasado mucho tiempo desde que... salí así.

Ni siquiera tengo veinticinco años, y aún así a veces siento que he vivido toda una eternidad.

De vuelta en nuestra mesa, los buitres han descendido. Veo a los chicos sonreír y responder preguntas, dar abrazos incómodos, y entonces, finalmente, ponerse de pie cuando Kate y yo volvemos. Estudio a la chica más cerca de Edward, sin perderme su fantástico escote o falda super corta.

—¿Estás bien? —pregunta Edward, asintiendo hacia mí.

Sonrío, asintiendo, pasando por el costado de la castaña, que capta la indirecta y se aleja. La otra chica también se va; Kate ni siquiera se ve molesta. Ella probablemente esté acostumbrada a eso.

Como sea. Edward me está mirando como si fuera la cosa más deliciosa del mundo y en serio, eso es todo lo que me importa.

~tbts~

Terminamos de vuelta en el cuarto de su hotel. Le pregunto si esto causará problemas con el manager de su equipo; él dice que no.

—Mientras que te... envíe de vuelta. Después.

—¿Después de qué? —pregunto, dándole mi mejor mirada inocente.

—Después de una emocionante ronda de Uno —contesta sarcásticamente—. Te pediré un taxi.

—¿Qué estaríamos haciendo si fuera una de tus seguidoras?

Edward resopla, quitándose los zapatos.

—No, lo digo en serio...

Él me observa.

—Creo que piensas que he estado con muchas más mujeres de las que he estado.

—Oh, por favor. —Me quito los zapatos y los dejo a un lado—. Ahórrate el acto.

—¿Qué acto? —Él se ríe suavemente, observándome del otro extremo de la cama.

—Hombres como tú no permanecen célibes —desafío—. Puede que no esté acostumbrada a este estilo de vida, pero sé suficiente. Así que dime. Quiero saber.

—¿Por qué?

—Porque sí. Es una de las pocas cosas que hemos esquivado.

—Por una buena razón.

—Pero...

—Hubo unas chicas... muchas más cuando era joven —admite al fin—. Me he calmado desde entonces.

—Eso es bueno.

—Tengo una novia ahora. —Me sonríe.

—Uh. ¿Qué pensaría ella de esto? —pregunto, siguiéndole el juego.

—Ella no pensaría nada. Ella sabe que soy fiel.

Mi pecho se contrae.

Él me lanza una pequeña botella del minibar. Un especie de vodka saborizado; lo que me gusta. Él también toma una, y las bebemos rápidamente.

—¿Qué quieres? —pregunta de repente, dejando a un lado su botella vacía.

—Quiero que... finjas.

—¿Que eres una seguidora?

Sonrojándome, asiento.

Por una pequeña eternidad, él no hace nada. Excepto sonreír. Y... me siento tonta. Pero audaz. Y alentada por las bebidas, con ganas de jugar.

Él se endereza. Me observa, estudiándome de cabeza a pies.

—Entonces ven aquí —dice, señalando que me acercara.

Cruzo hacia donde él se encuentra.

—Ven aquí —susurra, rozando su nariz por mi mejilla, mi cuello, estremeciendo toda mi piel—, y siéntate sobre mi polla.