Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 29

—Bien, para tu cumpleaños... —Observo a Charlie, esperando a que ella apartara la mirada de mi teléfono, en el cual le he permitido jugar Alfabeto Infinito. Trato de no lobotomizarla con mucha pantalla, pero los viajes en coche largos son el diablo.

Ella me mira eventualmente, dándose cuenta que tanto yo como la radio estamos en silencio.

—Tengo hambre, mamá.

—De acuerdo, pero espera. Tengo unas manzanas...

—¡No quiero manzanas!

—Bueno, no tendrás otra cosa.

Charlie se queda callada, frunciendo el ceño hacia la pantalla. Le quito mi teléfono de sus manos, bien consciente que conducir mientras entablo travesuras con una niña de casi cuatro años es completamente lo opuesto a seguro.

—¿Quieres las manzanas o no?

—Sí, mamá. Por favor.

Me estiro hacia su mochila y tomo la bolsa de plástico que preparé antes de salir de casa. Dándosela a ella, ajusto la radio así suena bajo.

—De acuerdo. Charlie. Para tu cumpleaños, ¿quieres un pastel de Frozen o algo con Peppa?

—¡Peppa!

Levanto un puño por dentro, aunque Peppa está casi en la lista de las Cosas que Estoy Harta.

—Bien, genial. Podemos hacer un pastel rosa...

—Quiero dos pasteles. Chocolate y vainilla.

—¿Qué tal magdalenas?

—¡No, mamá! —chilla—. ¡Por favor!

—De acuerdo, está bien. Será un pastel. —Le echo un vistazo a través del espejo retrovisor, preguntándome sobre su repentina aversión a las magdalenas—. Pero solo uno. Con dos capas.

—Con M&M's —añade, probablemente porque Edward comparte su amor por ellos.

Estacionamos frente a la casa de mi padre quince minutos después. Quito a Charlie de su silla, colocándole su mochila así puede cargarla, y luego tomo las bolsas de comestibles del maletero. Adentro, la casa huele increíble, como el chili legendario de Sue. Encuentro a mi madrastra en la cocina, donde tiene a Charlie en brazos mientras observan una olla en la estufa.

—Es chili, mamá —me informa Charlie, retorciéndose para bajar.

—Mmm. —Abrazando a Sue, le ofrezco las dos barras de pan que traje—. ¿Quieres que comience con esto?

—Claro, cariño. El ajo está en el refrigerador.

—De acuerdo. Solo iré a saludar a papá rápido.

Ella tararea en aprobación y camino por la casa, siguiendo la voz feliz de mi hija. Los encuentro en la sala, donde Charlie grande le muestra a Charlie el nuevo rompecabezas que ha comenzado. Él piensa que ella es lo suficientemente grande para comenzar a ayudar, pero yo tengo mis dudas. Siempre odié los rompecabezas de niña, así que quizás esté equivocada.

—Hola, papá —digo, agachándome para abrazarlo, frotando mi mejilla contra la suya.

Él sonríe desde su silla, rebotando una pieza de rompecabezas contra la mesa.

—Hola, Bells. ¿Qué es esto que escucho sobre dos pasteles de cumpleaños?

—Sí, claro. —Me río—. Será un paste de dos capas. Solo uno. Como sea, te haré saber el día que hagamos su fiesta... depende del trabajo y todo eso.

—Oki doki. Hazme saber si necesitas ayuda con eso. —Vuelve a Charlie y el rompecabezas.

Los observo por un momento; Charlie realmente parece fascinada con el juego. Alejándome, vuelvo hacia la cocina para ayudar a Sue a hacer pan de ajo y la ensalada. Ha pasado mucho tiempo desde que hemos tenido una cena en su casa —Em, Rose y los niños deberían llegar en cualquier momento— y decido hacer tiempo como solía hacerlo. No se puede negar que el crecimiento de nuestro negocio, así como mi relación con Edward, me ha dejado más ocupada que nunca. Es un malabarismo, pero realmente quiero mantener algo de balance.

Suena el timbre, y entran corriendo Embry y Makenna. En segundos, la casa en la que Em y yo crecimos se siente como cuando éramos niños, muy ruidosa y con aromas de comida casera.

Después de cenar, llenamos la sala con el chess pie de Sue y café para mirar el resumen del último partidos de los Sounders. Mi papá ha estado mirándolo mucho, diciendo que realmente ha mirado un par de los partidos de Edward.

—¿Crees que él podría conseguirle a este viejo una entrada o dos? —pregunta él, tomando los restos del plato de Sue.

Es su forma de reconocer la seriedad de mi relación. Parece que necesitaré contarle sobre nuestros planes.

—Por supuesto. Quizás podemos ir juntos.

~tbts~

Edward observa con impotencia mientras lanzo el pastoso desastre que debería ser un soufflé a la basura. Es el tercero.

—¿Qué puedo hacer?

—Nada —susurro, conteniendo las lágrimas de frustración. El soufflé con el que he estado trabajado toda la mañana no deja de explotar y lucir como caca en vez de algo servido en una boda elegante. Han pasado un par de años desde que lidié con la cosa, pero nunca me ha dado estos problemas.

Además, mi asistente Maggie —que se encuentra en su tercer trimestre— llamó hace un rato para hacerme saber que no vendrá hoy. Sus náuseas matutinas, las que han sido esporádicas, eligieron este fin de semana para brotar. Han sido tan severas en las últimas cuarenta y ocho horas que se encuentra de camino al doctor para ver si puede recetarle algo. Me siento mal por ella, porque recuerdo mis propias náuseas matutinas, pero también me siento mal por mí y el hecho que ahora tenga que hacer el trabajo de dos.

Mientras tanto, Charlie ha sido un terror y no quiere dormir la siesta —de hecho, se encuentra en penitencia de nuevo— y estoy cansada por haber estado despierta tan tarde, trabajando en el pastel de bodas. ¿Y ahora? Tendré que correr de nuevo a la tienda para conseguir más suministros para el estúpido y maldito soufflé.

El pobre de Edward debería estar durmiendo ahora. Después de un mal tiempo en el este, incluyendo un tornado, su avión fue retrasado hasta la medianoche. Para cuando logró llegar a casa en taxi, estábamos dormidas en el sofá, la cena fría en la cocina.

Ha sido un fin de semana raro, pero ¿qué puedo decir? A veces la vida se va a la mierda.

Pero hay un lado bueno: Edward. Lo he extrañado como loca, así que simplemente tenerlo aquí ayuda.

—¿Por qué no trabajas en los brownies o algo? Chuck y yo iremos a la tienda por tus cosas —dice él, señalando, acercándose a mí y la encimera llena de chocolate—. Haz una lista de lo que necesitas.

—¿Estás seguro? —Muerdo mi pulgar ansiosamente—. Hay marcas muy específicas que uso, y...

—Entonces, haz una lista específica.

—De acuerdo. —Tomo aire profundo y exhalo realmente lento, como lo hago en yoga con Rose... yoga al que tuve que faltar hoy para preparar la comida hoy—. ¿Estás seguro?

—Sí. —Sale de la habitación, y un minuto después lo escucho tintinear sus llaves—. Oye, Chuck. ¿Quieres ir a la tienda conmigo?

Él nunca la ha llevado a ningún lugar por sí solo. Siempre hemos sido los tres juntos, yendo a cenar o al parque... él nunca ha logrado colocar su silla.

—¿Quieres llevar mi coche? —le digo.

—No —responde.

—¿Qué hay de la silla?

—Lidiaré con ella.

No tengo la energía para pelear con él. Si vamos a hacer esto... ser un equipo... él tendrá que lidiar con la silla.

—Está bien —digo, tragando mi argumento. Rápidamente escribo una lista, chequeando dos veces para asegurarme que tenga todo lo que necesito, y la entrego.

Edward se encuentra en la entrada con Charlie, acomodando sus sandalias.

—Vamos a la tienda, mamá.

—Lo sé, muchas gracias —digo, tendiéndole la lista a Edward cuando se para—. Yo, eh, tendré mi teléfono cerca. Llámame si tienes preguntas. Por cualquier cosa.

—Estaremos bien —responde, besándome.

~tbts~

Para las seis, termino por el día.

Tomo fotos de la mesa dulce —soufflés perfectos y todo— y guardo mis cosas, ansiosa de irme antes de que la lleguen los invitados.

Exhausta, me dirijo hacia el Aston Martin que espera en el estacionamiento detrás del lugar. Charlie está dormida en su silla, babeando toda su camiseta, mientras que Edward pulsa sobre su iPad.

—¿Todo listo?

—Sí. —Asiento, acomodándome agradecidamente en el asiento del pasajero—. Gracias por traerme.

—No hay problema. —Él sonríe irónicamente—. Es, técnicamente, mi negocio también.

Después del desastre del soufflé temprano, me había quedado corta de tiempo. En vez de llevar a Charlie a lo de Rose mientras trabajaba, Edward me condujo, ayudándome a cargar todo adentro y luego cuidando de Charlie hasta que haya terminado.

Todo el día ha sido una lección en la importancia de los planes alternativos. Entre la llamada de Maggie y la lesión de Emmett, hemos estado cortos de personal. Mi error fue asumir que, como la boda era tan pequeña, podría hacerlo sin ayuda extra, pero estaba equivocada. Mike había tenido una situación similar, trabajando el doble de tiempo con su equipo para tener todo listo a tiempo.

—¿Tienes hambre? —pregunta Edward, saliendo del estacionamiento.

—Algo. Sí ¿Tienes algo en mente?

—Burritos.

—¿Como Taco Bell o...? —Estoy bromeando, sabiendo que él es tan pretencioso con la comida como puede ser.

—Burritos de verdad.

Sonrío, bostezando.

—Gorditos.

—Lectora de mentes.

—Es un largo camino desde esta parte de la ciudad. —Echo un vistazo a Charlie, pero ella está completamente dormida.

—Sí. ¿Quieres?

Mi estómago gruñe.

—Por supuesto.

Hacemos el viaje en un buen tiempo, escuchando el álbum de Arctic Monkeys que Edward recientemente descargó. Eligiendo para llevar, él nos deja en el coche mientras corre hacia Gorditos, el cual se encuentra lleno—normal para un sábado por la noche.

Debo quedarme dormida, porque pego un salto cuando Edward vuelve al coche, cargado con bolsas que huelen deliciosas.

—Lamento tardar demasiado.

—Está bien.

Comenzamos a conducir de nuevo, pero no hacia casa. Asumiendo que debe tener otros recados que hacer, no pienso mucho en ello hasta que gira hacia Kerry Park. Es uno de los lugares más pintorescos de la ciudad, y ahora mismo, con el sol a punto de ponerse, es mucho más encantador. Varios fotógrafos han colocado sus trípodes y están tomando fotos, captando la puesta del sol mientras la línea del horizonte de Seattle brilla en lo alto.

—Ven —dice él, abriendo su puesta.

—¿Qué hay de Charlie?

—Dejaré el coche andando. Solo quiero sentarme afuera por un minuto. Mirar el atardecer.

—Oh, está bien. —Como si pudiera rechazar eso. Tomando las bolsas, abro mi puerta y lo sigo para inclinarme contra el capó.

Comemos en un silencio amigable. Supongo que tenía más hambre de lo que había pensado.

—Esto está tan bueno —susurro, sin querer interrumpir el silencio que parece haber descendido sobre el parque.

—Lo sé... —Asiente él, limpiándose la boca con una servilleta.

El sol se ha puesto ahora, dejando el mundo en un suave color plateado.

Edward toma las bolsas vacías y las deja a un costado, acercándome.

—Te traje aquí por una razón.

—Okey. —Mi corazón comienza a latir rápidamente, porque, ya sabes. He visto películas. He leído libros.

—Iba a esperar al final de agosto... al final oficial de la temporada...

Presionando mis manos contra mis jeans así no tiemblan, lo miro.

Él traga, y luego sonríe, tomando un pequeño estuche del bolsillo de su chaqueta.

Mientras lo abre, me acobardo y cubro mi rostro, completamente abrumada.

—¿Bella?

—¿Sí?

—Mírame.

Bajo mis manos y giro hacia él.

—¿Cásate conmigo?

—Sí.

Él aparta las lágrimas en mis ojos con sus pulgares antes de tomar suavemente mi mano izquierda y deslizar un anillo en mi dedo.