Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 31
El día de la fiesta de Charlie, decoro el patio trasero con serpentinas y globos, rosas y verdes. El cielo es azul, suavemente iluminado por los débiles rayos de sol, pero hubo mucha lluvia anoche. Rose y yo chapoteamos sobre el césped húmedo, colocando sillas y juegos y cosas, tratando de trabajar con lo que tenemos.
Charlie ha invitado a cuatro niñas de su escuela. Secretamente, estoy agradecida que de nunca se llevó bien con la hija de Lauren Mallory. Hubiera sido extremadamente incómodo que asistieran.
Parece que el pobre Embry es el único niño además de Edward y Emmett. Él se encuentra sentado de mal humor en el sofá, pasando canales.
—Él quería traer a un amigo —dice Rose, llenando la heladera con hielo.
—Eso hubiera estado bien —digo, encogiéndome de hombros.
—Nah. Estará bien. —Sacude la cabeza—. Es solo un par de horas, y quiero que ayude a Charlie a celebrar, no a crear desastre con sus amigos.
Para las dos, mi patio está lleno de música y risas exuberantes de niñas. No hay un tema para la fiesta, además del pastel de Peppa, así que ellas corren alrededor, jugando con la piñata y al juego de la silla.
Edward, mi papá y Emmett se mantienen en un rincón del patio la mayoría del tiempo, y cuando uno de los padres se acerca, lo incluyen en su grupo de hombres. Mientras tanto, Angie y las otras mamás —las cuales conozco muy casualmente— suspiran en asombro por mi anillo y la "historia del compromiso". Sé que todas están deslumbradas con Edward. Angie me dijo una vez, tomando café, que han hablado de nosotros desde el cumpleaños de Nessa meses atrás. La atención es divertida, pero también me hace sentir cohibida. A excepción de mi viaje a LA, gran parte de mi relación con Edward ha existido tras las puertas de nuestras casas. Bueno, las nuestras y las de Emmett. Estamos ocupados mucho tiempo trabajando, así que cuando nos juntamos simplemente queremos al otro.
Sin embargo, las cosas evolucionan. Ahora que nos vamos a casar, siempre seremos la cita del otro, y eso incluirá desde los eventos sociales de Charlie a los eventos públicos de Edward.
Eventualmente, es hora del paste, y luego los regalos. No soy una gran fan de abrir los regalos en las fiestas de cumpleaños, pero hoy me ganan en la votación.
Charlie se encuentra sentada en una silla en el medio de todo.
—Recuerda decir gracias, ¿de acuerdo? —susurro, tomando un papel y un bolígrafo así puedo recordar quién regaló qué.
—De acuerdo, mamá.
—No te olvides.
—Sí, mamá.
Satisfecha, me siento en la manta a su lado, acercando los regalos mientras que Rose toma las fotos. Edward le da una pequeña caja al final.
Lo observo, incrédula.
—No lo hiciste.
—¿Qué? —pregunta, encogiéndose de hombros—. Dije que lo haría, y... —Se inclina, rosando su nariz a lo largo de mi oído—. Soy hombre de palabra.
Me estremezco, tratando de mantener mi enojo, y miro a Charlie, que está tirando del envoltorio rosa con la gracia de un rinoceronte bebé. Me pongo de rodillas, temiendo que mande a volar el contenido de la caja con su emoción, pero ella se detiene al último momento.
Ella mira a Edward, meciendo sus pequeñas piernas, y abre la caja. Adentro, rodeado con papel de seda, se encuentra un pequeño anillo delicado. Inspeccionándolo más de cerca, veo que es un corazón verde pálido en una banda de plata.
—Esa es tu piedra natal —Edward está diciendo, pero Charlie está rebotando y haciendo un espectáculo para colocárselo, en su dedo anular, por supuesto, y grita su agradecimiento. Se baja de su silla y corre hacia donde él se encuentra a mi lado, sentándose sobre su regazo.
—Gracias, Edward. ¡Gracias!
Levanto la vista. Todos están mirando, sonriendo, emocionados y divertidos.
—Le compré una cadena —me dice Edward—. Así puede usarlo como collar por un tiempo. ¿De acuerdo, Chuck?
Ella asiente, permitiéndole que quite el anillo.
—¿De acuerdo, mamá? —Él me pregunta, chocando su hombro con el mío.
—De acuerdo. —Asiento, moderando mi sonrisa.
—¿Estás molesta? —bromea él, pasando el anillo por una cadena así puede colocarlo alrededor del cuello de Charlie. Las conversaciones entre padres han regresado, y las niñas están gritando a nuestro alrededor ahora, sus pequeños pies mojados debido al césped.
—¿Cómo podría estarlo? —mascullo, observando la alegría de Charlie. Ella le da un beso en la mejilla, comienza a correr, vuelve para darme un beso, y luego se va, seguida por su pequeño séquito—. Acabas de hacer su día.
—Creo que tú has hecho su día con todo esto. —Se reclina, apoyándose sobre sus codos—. No intentaba menospreciar tus sentimientos. Simplemente creo que ella... también se merece cosas especiales.
Mi corazón se contrae, y bajo la mirada hacia él.
—Por supuesto que sí, pero, Edward, las cosas especiales en esta edad pueden ser un batido después de la escuela. ¿Sabes?
Él ladea su cabeza.
—Ustedes son un paquete, ¿cierto? ¿Eso no es lo que siempre dices?
—Peleas sucio.
—Siempre. —Mueve sus dedos hacia la parte trasera de mis jeans, haciéndome sentir agradecida de que nadie se encuentre detrás nuestro.
~tbts~
El lunes, Edward viaja con su equipo de nuevo. Despedirse nunca es divertido, pero parece más fácil esta vez... quizás porque sé que volverá en cuatro días. Los Sounders tienen otro viaje más largo pronto, pero será cerca de octubre.
El verano termina, más o menos, así que Charlie está en la escuela a tiempo completo de nuevo. El próximo año ella comienza el jardín de infantes, pero por ahora está de vuelta en preescolar, disfrutando con Nessa y sus otras amiguitas. No es difícil mantenerse ocupada, porque acepto trabajos extra, algunos afuera del negocio de catering. A Em no le molesta. Aparte de mantenerme ocupada y disfrutar genuinamente lo que hago, él sabe que me gusta el dinero extra, ganarlo y tenerlo.
El miércoles por la noche, acabo de sacar a Charlie de la bañera cuando mi teléfono suena. Envolviendo a Charlie con una toalla, lo saco de mi bolsillo trasero.
—¿Hola?
—¿Hola, Bella? Soy Esme.
—Hola, Esme. —Por un segundo me pregunto si llama por la boda, la cual sigue estando a una eternidad, aunque no te darías cuenta al ver su emoción y sus planes. Cuando ella no dice nada, frunzo el ceño, balanceando el teléfono mientras seco el cabello enredado de Charlie—. ¿Esme? ¿Estás allí?
—Sí, cariño. Escucha, he intentado contactar a Edward... su padre se encuentra en el hospital.
—¿Qué? ¿Qué pasó? ¿En qué hospital?
—Harborview. Él... —Ella suspira—. Ha estado teniendo dolores en el pecho.
Charlie se retuerce y la suelto, inclinándome contra el lavabo.
—¿Se encuentra bien? Quiero decir, ¿está en observaciones o algo?
—Está estable. Creemos que tuvo un pequeño infarto... han estado haciendo pruebas toda la tarde.
Es difícil imaginar que alguien tan saludable y vivaz como Carlisle Cullen tenga problemas de corazón.
Salgo del baño, apagando la luz.
—¿Qué puedo hacer? ¿Necesitas que vaya...?
—Oh, no. Nada de eso. —Ella le dice algo a otra persona y luego vuelve al teléfono—. ¿Recogerás a Edward mañana?
—Sí, alrededor de las cuatro.
—De acuerdo. Él normalmente me devuelve la llamada, pero supongo que no ha tenido tiempo para chequear su teléfono. Por favor... solo hazle saber lo que está ocurriendo en caso de que te llame primero.
—Lo haré.
—Gracias, cielo.
—No hay problema. Estoy aquí si me necesitas.
—Lo sé.
Terminamos la llamada. Observo al pasillo, a las fotografías de papá conmigo, y luego lo llamo.
—¿Bella? ¿Está todo bien?
—Sí, papá. Solo quería escuchar tu voz.
