XXIX. De cómo Stinky Peterson es el enamorado de Helga Pataki.

No sabía nada. Nada de nada. Era la primera vez en mucho, mucho, tiempo que no estaba pensando. No tenía monólogos existenciales ni planes siniestros, no tenía poemas de amor desesperado ni aclamaciones de odio profundo. No tenía nada. Nada, salvo el hormigueo delicado que se expandió de sus labios al resto de su cuerpo.

Era la primera vez que alguien la besaba.

—¿Qué? —Dijo por decir, sin entender.

Arnold alzó una ceja.

—Ah, sí… —soltó una risita nerviosa y luego arrugó el ceño, ¿qué demonios estaba pasando con su cuerpo? —Eso… ja. Eh, no sé si lo sabías. Nosotros… Stinky… eh, estamos saliendo.

Helga sabía, muy superficialmente, que nada de lo que estaba diciendo tenía el menor sentido, eso no la sorprendía. Lo que la estaba preocupando, muy poco en realidad, era el hecho de que realmente no le importaba si lo que decía se podía entender o no. No, estaba entretenida en algo más, en aguantarse las ganas de soltar un suspiro para ser más precisa. No tenía ni la menor idea de por qué quería suspirar, pero el deseo era fuerte.

—¿Están saliendo?

Si hubiese estado más atenta quizá se habría percatado de la entonación incrédula. No lo notó, claro. Parpadeó un par de veces antes de hacer un esfuerzo por concentrarse.

—Sí.

No, no había sido un beso odioso. Inesperado sí, pero no odioso. Nada de saliva y con una emoción extraña porque le había tomado de la mano. Sí, distinto, definitivamente. Los besos que conocía siempre eran rápidos, fuertes, casi demasiado y con ella iniciándolos. Imponiéndolos. Eran climáticos y alteraban la sangre y confundían y era como si un rayo le cayera en el espíritu. El beso de Stinky había sido un roce muy gentil, con una seguridad cariñosa que no alcanzaba a entender.

—Pensé que era sólo un rumor.

—Sí, como la mayoría. —En su mente sonó sarcástico, pero cuando lo dijo nada más parecía distraído—. No los culpo.

Stinky Peterson acababa de besarla, demonios. Cómo era posible. No tenía sentido. Era raro, pero Helga quería saber más. Siguiendo sus impulsos, dejó que su mano derecha subiera hasta su mejilla, acordándose de pronto de todos los besos. Dejó que sus dedos buscaran el lugar exacto y una repentina calidez le calentó el rostro.

—No sabía que te gustaba Stinky.

Ese zopenco idiota se había atrevido a besarla. Caradura. Dejó que sus dedos bajaran hasta la comisura de sus labios y una sonrisa irónica se instaló de pronto.

—Yo tampoco.

XXX. De cómo All by myself es la mejor canción del mundo. En serio.

Prendió la radio por puro reflejo. Tenía la misma costumbre de cerrar la puerta de su habitación con el pie, tirar la mochila a los pies de su cama, encender la radio y echarse sobre su alfombra a escribir poesía.

When I was young. Comenzó Celine Dion y Helga dio un respingo. I never needed anyone. Su voz era tan convincente, tan confesional en los primeros susurros cantados. And makin' love was just for fun. Se encontró escuchándola con atención. Those days are gone.

Celine Dion tenía tanta razón. ¿Dónde estaban sus días de primaria?, ¿dónde estaba su tranquilidad?, ¿su paz mental?, ¿dónde estaba la negación?, ¿su juventud?

Bueno, quizá no. Todavía era joven. No, seguía sin necesitar a nadie, así que en realidad tampoco era tan grave. Y… eh, claro, podía saltearse la frase con doble sentido. Pero eso no quitaba de ninguna manera que esos días en los que creía que podía controlarlo todo, definitivamente, se habían ido.

Esos días se habían ido. Qué profundo.

Living alone

Sí, así se sentía todos los días de su vida. Nadie sería capaz de sentirse de otra manera. No con Miriam y Bob como padres.

I think of all the friends I've known

Muy conveniente sí, porque Phoebe no le contestaba el teléfono. ¡Oh, Phoebe, si supieras!

But when I dial the telephone

¡Exacto! Cuando marcaba el teléfono… ¿cuándo marcaba el teléfono qué?

Nobody's home

Oh bueno, bonita manera de redundar. Sí, sí. Muy atinado porque había intentado alcanzar a su mejor amiga unas quince veces, pero no había obtenido ninguna respuesta.

Helga se encontró asintiendo y elevándose en la voz que le llenaba el corazón de emoción apasionada. Se encontró levantándose del piso y tirando los libros a un costado. Se encontró abriendo las ventanas de su habitación y subiéndose a su cama. Se encontró abrazando a su muñeca y adoptando una pose dramática de soledad experimental que se expandió en el coro más legendario de su adolescencia.

All by myself
Don't want to be, all by myself anymore
All by myself
Don't want to live, all by myself anymore

No quería, de verdad, estar sola nuevamente. Estar sola y emocionada y sin saber qué sentir. Hard to be sure. Continuaba y era eso lo que estaba buscando. ¡Era la incertidumbre lo que le estaba comiendo la cabeza! Sometimes I feel so insecure. Especialmente ahora, que no sabía cómo actuar o qué sentir o en quién pensar. And love so distant and obscure. Y nuevamente, ¡oh, el amor!, que siempre estaba poniéndola al borde del abismo. Remains the cure. Oh, Celine, qué grande era.

La anticipación del coro, en el pico más alto, la lleno de escalofríos.

All by myself
Don't want to be, all by myself anymore

Helga empezó a cantar sin darse cuenta.

All by myself
Don't want to live, all by myself anymore

La puerta de su habitación se abrió con fuerza.

—¡Niña, te estoy diciendo que bajes el volumen de…! —Bob cortó abruptamente su reclamo cuando la encontró con la mirada. Estaba parada en el alfeizar de su ventana, abrazando su muñeca mientras le cantaba a los autos que pasaban por la calle.

Helga parpadeó dos veces.

Bob parpadeó otras tres veces más.

—Ni siquiera voy a preguntar. —Dijo exasperado y se marchó.

Helga se encogió de hombros y siguió cantando.

Don't want to be, all by myself anymore.

XXXI. De cómo ocultar secretos públicos.

Si Helga creía que Stinky era la última persona que iba a sorprenderla, estaba muy pero que muy (terrible y trágicamente) equivocada. Debió adivinarlo cuando Rhonda, de entre todas las personas, la llevó hasta un salón vacío para hablarle de algo "importante".

Triste, sí.

—¿Cómo es eso que estás saliendo con Stinky, Pataki? —Preguntó Rhonda con las manos en la cintura, estaba molesta.

—¿Perdón? —Respondió Helga indignada y se levantó de su carpeta sólo para recordarles a todos los mirones y a Rhonda, que todavía seguía siendo una de las chicas más altas de la escuela.

—Oh, no te hagas la tonta conmigo, Helga. —Entrecerró los ojos—. ¿Qué es lo que estás planeando?, dilo de una vez.

—Rhonda, querida, te invito a que despiertes a la aburrida realidad de tu vida. Puede doler, pero es mejor que lo vayas captando de una vez. No hay conspiraciones y los unicornios van dibujados en los libros. —El tono irónico terminó llenándose de irritación, pero la morena no se veía para nada intimidada. Lo cual era raro porque a esas alturas ya debería haberse ido.

—No juegues conmigo. Sé que no estás tramando nada bueno y déjame decirte que si algo sale mal la clase entera se pondrá del lado de Arnold… —Rodó los ojos—. Y de Stinky, claro. Aunque todavía no entiendo por qué te está ayudando.

—¿Qué?, ¿qué ridiculeces estás diciendo, Rhonda? —Soltó confundida.

Rhonda la estudió por un largo rato antes de alzar una ceja y responderle.

—¿Es en serio?

—¿Qué cosa? —Se cruzó de brazos—. ¿Puedes dejar de decir tantas tonterías y llegar a un punto, princesita?

—Oh… —Rhonda se calló de pronto, se mordió el labio inferior y no dejaba de lanzarle miradas penetrantes. Helga se hartó más pronto que tarde y empezó a golpear el piso con su pie derecho—. Pero… no es posible, tienes que saberlo.

—Rhonda, si no me dices lo que se supone que debo saber en diez segundos, te prometo que te dejaré calva.

La aludida abrió los ojos, horrorizada.

—¿Y bien? —Escupió sin pizca de paciencia—. Diez… nueve… ocho…

—No te atreverías.

—Seis… cinco… cuatro…

—¡Está bien!, ¡está bien!, ¡te lo diré!

—Escúpelo antes de que decida no ser tan diplomática. —Apretó los puños para hacer su intención más clara.

—Sí, está bien. —Respondió petulante y se arregló el cabello en un movimiento muy tieso—. No es nada que no sepas… estoy preguntando por tu supuesta relación con Stinky, ¿por qué están saliendo cuando a ti te gusta Arnold?

¿QUÉ?

—¿QUÉ? —Si Helga hubiese estado tomando agua, se hubiese ahogado. Se estaba ahogando, en realidad.

Rhonda la miró con arrogancia y algo de cariño. Parecía que estaba mirando a un niño problemático haciendo berrinche porque no le habían dado su juguete.

—Acabo de decir que por qué razón estás con Stinky cuando a ti te-

—¡Cállate! —Su cara había pasado de la profunda palidez a un carmesí exótico—. ¿Q-qué estás diciendo?, a mi no me gusta Arnold. Tú misma lo has dicho, estoy saliendo con Stinky. Me gusta Stinky. ¿De qué rayos estás hablando?

—¿Estamos un poco nerviosas, no?

—Estaremos un poco muertas si sigues insistiendo. —Amenazó, pero Rhonda no parecía afectada, quizá porque la voz se le había quebrado y el nerviosismo se notaba a leguas de distancia.

—Helga, querida, no pierdas más tiempo negándolo. —Dijo aburrida—. Es entretenido verte haciéndolo, sí, pero después de siete años de lo mismo llega a ser un poco pesado.

—¿Qué?

—¿No habrás pensando que estabas siendo, no sé, discreta? —Rhonda fingió sorpresa y sus ojos brillaban llenos de malicia—. Te puedo asegurar que no lo eres, en absoluto.

—¿Sí? —Respondió débilmente y le entró un dolor de cabeza fortísimo.

—No, en serio, no. —Aseveró mirándose las uñas.

—Si… si esto fuese cierto… ¿quién más lo sabría? —Dijo ansiosa.

Rhonda le lanzó una mirada que decía: ¿En serio?, ¿vas a seguir negándolo?, pero decidió contestar de todas maneras.

—¿Toda la escuela?

Helga sintió ganas de vomitar.

—Estoy bromeando, tranquila. —Aclaró sonriente y Helga se contuvo para no golpearla—. No toda la escuela, pero quizá toda nuestra clase.

—Oh dios…

—Eres tan dramática.

—Silencio, no quiero hablar contigo.

—¡Pero no me has contestado!

—Eh, quizá, no sé, te has planteado la posibilidad de que… ¡no es tu maldito problema!

Rhonda parpadeó y la miró confundida.

—No.

Helga alzó las manos al cielo.

—Mátenme, por favor.

XXXII. De cómo no se arregla un malentendido.

—Vaya.

Lo que le chocaba era que Phoebe no estuviese en el mismo estado de total estupefacción en el que, aún ahora, se encontraba. Tendría que condolerse de su pena y al menos fingir un poco del histerismo que la había llevado a hablar de sus problemas y sin metáforas.

—¿Cómo "vaya?, ¿qué quieres decir con "vaya"?, ¿por qué "vaya" y por qué no "Oh Dios mío santo el mundo se va a acabar, liberen a los animales" como debe ser? —Insistió alterada, las manos le sudaban.

—¿Acabas de citar a Curly?

—¿Qué? —Escupió—. Mi vida se está acabando y tú te fijas si he citado a Curly, ¿en serio?, ¡Phoebe, por favor!

—Sí, lo siento Helga, tienes razón. —Dijo preocupada—. Te aseguro que yo también estoy tan… —La miró de reojo—. También estoy sorprendida. No me había percatado que la capacidad de observación de nuestros compañeros era tan elevada.

—¡Eso es porque no lo es!

—Es cierto, quizá Rhonda sólo estaba exagerando. —Murmuró pensativa—. Quizá sólo empezaron a darse cuenta cuando dejaste de molestarlo.

—¿Estás diciendo que es mi culpa?

—¡No, claro que no! —Agregó inmediatamente—. Sólo estoy tratando de averiguar cómo es que se enteraron.

—¡Eso no importa, Phoebe! —La agarró por los hombros y la zarandeó—. ¿No te das cuenta de lo que está pasando?

La morena pareció confundida por un microsegundo, sus ojos se abrieron en absoluta sorpresa.

—No creerás… —Soltó en un suspiro alarmado.

—No quiero creer. —Tragó con dificultad—. Pero si es cierto, estoy metida hasta el fondo y no hay posibilidad de escape.

Helga la soltó suavemente y no hacía falta, pero Phoebe bien podría haber dicho: Te lo dije.

XXXIII. De cómo manejar la presión y no morir en el intento.

—Helga…

—¡No puedo! —Se atropelló con sus palabras y tuvo que toser para aclararse la garganta—. ¡Definitivamente no puedo y no podré y no servirá de nada que nadie insista porque simplemente, no puedo!

Se fue tan rápido que creó una ráfaga de aire.

—Yo sólo quería devolverle el lápiz que se le ha caído. —Dijo Lila quedamente mientras el resto de la clase compartía su estupor.

—Se lo daré yo, señorita Lila, no se preocupe. —Soltó Stinky muy tranquilo y tomó el lápiz antes de retirarse, él muchísimo más calmado, por la misma puerta. Estaba sonriendo y les había crispado los nervios a todos.

Así había sido prácticamente toda la semana. Alguien hablaba y Helga saltaba en su lugar y negaba cualquier posibilidad de comunicación. Escapaba como nadie la había visto escapar nunca y Harold se hubiese burlado si Helga le hubiese dado el tiempo para hacerlo.

—Esto es demasiado extraño. —Opinó Eugene sin analizarlo demasiado y el resto le dio la razón.

XXXIV. De cómo establecer los límites. Una guía por Arnold Shortman para niños obstinados.

1) Una llamada al orden.

¡riiin, riiin, riiin!

Pausa.

¡riiin, riiin, riiin!

Clic.

—¿Aló?

—Buenas tardes, ¿se encuentra Helga?, soy un compañero de su clase y llamo porque tenemos que discutir un proyec-

—Sí, sí, lo que sea. —Interrumpió con fastidio—. No necesito que me cuentes todo, ¿está bien?, sólo dime quién eres.

—Arnold.

—Bien, sí, Alfred.

—Arn-

Se escuchó un bramido tan fuerte que tuvo que alejar el auricular para no quedarse sordo.

¡Niña, te están llamando!, ¡ya te he dicho que le bajes el volumen a ese condenado aparato!

Silencio.

¡Olga!, ¡contéstame!

Un gruñido.

—Arthur, espera un rato.

Arnold puso los ojos en blanco y se alegró de que esto fuese sólo una llamada telefónica.

Tap. Tap. Tap.

Sonido de la puerta abriéndose.

¿Qué se supone qu-…? No, olvídalo, no quiero saber. Te están llamando por teléfono por una tarea o algo así. Contesta.

¿Quién es?

No lo sé. Me voy a llevar este aparato, lo recuperarás cuando aprendas a utilizarlo.

¡Es mi radio, Bob, y me la estás quitando precisamente porque sé utilizarla! Al menos di cosas coherentes, rayos.

¡El teléfono, niña, y no me hables así!

¡Lo que sea!

—¿Aló? —Sonaba bastante agresiva.

—Buenas tardes, Helga. —Le pareció que escuchaba un jadeo—. Soy Arnold.

Clic.

Oh sí, le había colgado. Arnold arrugó el ceño, una costumbre que había adquirido últimamente.

2) Sin permisos para los tercos.

Fue una corazonada la que lo guió hasta los laboratorios del tercer piso. Esos en los que no se hacían experimentos muy complicados y todavía estaban equipados con computadoras muy antiguas. Se le había ocurrido, cuando notó que Stinky estaba almorzando con Sid, que Helga probablemente no se presentaría en el comedor. Había puesto mucho empeño en ignorarlos a todos al mismo tiempo que se presentaba en todas las clases. Una hazaña, realmente, pero que no tenía razón de ser.

Supuso que Helga tendría hambre y que no querría ver a nadie. Los laboratorios parecían una conclusión razonable. Abrió la puerta sin hacer mucho ruido y se encontró con la silueta de la rubia. Estaba de espaldas, mirando por la ventana, y tenía un emparedado y una botella de agua sobre una carpeta.

—¿Helga?

La vio dar un respingo y tensarse de inmediato antes de voltear muy lentamente.

—¿Qué quieres, Arnoldo?

Más agresividad, no le sorprendía.

—Hablar contigo del proyecto. Ese día no logramos avanzar mucho.

—Podemos hablar el siguiente martes, déjame tranquila. —Tenía el ceño muy arrugado y parecía que estaba a punto de saltar en cualquier momento.

—Si lo aplazamos hasta el siguiente martes nos atrasaremos. Tenemos que comprar los materiales este fin de semana.

—Mira, cabeza de balón, sé que eres un nerd sin remedio y todo eso, pero ahora estoy almorzando y me gustaría hacerlo yo sola. ¿Qué te parece si te marchas y hablamos luego?

—¿Cuándo?

Helga soltó un gruñido y Arnold se acordó de la llamada telefónica.

—¡No lo sé, Archivaldo!, demonios, ¡después! —Hizo un gesto con la mano para que se marchara—. Después de clases o lo que sea.

—Está bien, después de clase entonces.

—Sí, sí, ya vete.

Se marchó.

3) Diferenciar la terquedad del enfado.

Acorraló a Helga antes de una de sus huídas habituales justo después de que tocaran la campana. Como sospechó que la rubia iba a intentar escapar sin importarle un comino su promesa o no, decidió preparar sus cosas unos minutos antes de que sonara el timbre y la alcanzó en uno de los corredores que llevaban a la salida por el patio de atrás. Era el menos frecuentado a pesar de que el recorrido a la calle era el corto.

—¡Espera! —Llamó y su voz hizo eco.

Helga se detuvo y le sonrió en una mueca muy forzada.

—Sí, lo olvidé, ¿un poco paranoicos, no, Arnoldo?

—Estabas huyendo.

—Me estaba yendo, es distinto. —Le aclaró de malhumor—. Termine-

Un celular comenzó a sonar. Arnold estuvo a punto de revisar el suyo pero Helga sacó el aparato que sonaba de su mochila y le puso fin al misterio. Tenían, vaya casualidad, el mismo timbre.

—¿Aló? —Dijo exasperada—. ¿Qué quieres, Olga? —Una pausa breve—. ¿Qué quieres decir con que estás en la ciudad?, ¡tú estás en Nueva York! —Una nueva pausa, esta vez más larga—¿Qué?, ¡no!, ¿yo por qué tengo que ir?, ¡no iré! —Silencio—. ¡Escúchame, Olga, yo…!

Clic.

—No puedo creer que me haya cortado. —Protestó furiosa.

Arnold sonrió, irónico.

—¿Qué pasó? —Se atrevió a preguntar luego de un largo rato de silencio.

—Pasó que no tengo tiempo para quedarme, tengo que ir a una estúpida reunión familiar por un motivo que ni siquiera conozco y que estoy segura ni siquiera me interesa. —Explicó cortante—. No puedo ayudarte.

—Hoy.

—¿Qué?

—No puedes ayudarme hoy. —Aclaró—. Soluciona lo que tengas que solucionar con tu hermana, Helga, pero nos tendremos que reunir mañana.

—¿No estás escuchando, melenudo? —Preguntó irritada—. ¡Es Olga en el pueblo!, esconde a tu cerdo porque se armó la feria. No tendré tiempo d-

—Estoy seguro que encontrarás tiempo. —Interrumpió muy seguro y pasó por alto las miradas venenosas que Helga le estaba lanzando—. Mañana nos quedaremos dos horas después de clase.

—Tengo práctica y ensayo con el club de teatro.

—Tú no haces teatro.

—Por supuesto que no, ¡no soy Eugene!, es parte de mi nota de literatura. Saldré a las seis, tú decide si mañana puedes o no.

—Sí puedo.

—Bien.

—Bien.

Helga se fue azotando la puerta.

4) No usar el castigo físico.

Arnold pidió permiso para presenciar los ensayos y como era muy simpático se lo otorgaron enseguida. Helga expresó muy vivamente su desacuerdo y no dudó en lanzarle indirectas y malas miradas cada vez que lo tenía en la mira. A Arnold eso no le importó, se sentó en una de las butacas del auditorio y mientras todos practicaban, él aprovechó para terminar sus ejercicios de álgebra.

Los ensayos terminaron a las cinco con cincuenta minutos y todos los participantes se retiraron a los camerinos para terminar de arreglarse antes de partir. Arnold observó con curiosidad los cortinajes y preguntó al instructor si no había alguna salida secreta detrás. Para su tranquilidad, no había ninguna, así que se dedicó a esperar con paciencia y tratando de mantener el buen humor.

A las seis con cuarenta y dos minutos y luego de que todos los demás alumnos se hubieran retirado, a Arnold se le había acabado el buen humor. No la paciencia, no, especialmente cuando el profesor se hartó y fue a apurar a Helga para poder cerrar el lugar. Era evidente que quería irse a casa.

Helga se apareció en uno de los extremos ya muy bien cambiada y con la peor cara de funeral que había puesto en su vida. Era bastante notable. Arnold se permitió avanzar hasta la salida y la esperó, pues la rubia venía arrastrando los pies, sin demasiado entusiasmo.

—Arnoldo, espero que no creas que vamos a avanzar nada. —Fue lo primero que le dijo cuando ignorarlo ya no era posible—. Estoy cansada, tengo hambre y las luchas comienzan a las siete y media. Te dije que hoy era una mala idea.

—Podemos comer mientras avanzamos y si lo hacemos rápido estarás lista para descansar mientras ves las luchas. —Dijo medio en serio, medio sarcástico.

—¡No!, ¡no quiero!, ¡no quiero pensar en la maqueta ni en lo que sea que quieras que hagamos!, ¡escoge un puto proyecto y mándame la lista de los materiales, los compraré yo!, ¡estoy harta de ver tu cabezota, me irritas! No tengo ganas de aguantarte, será mejor que cada quien haga el proyecto por separado, mañana iré y le diré al profesor que simplemente no pode-

Arnold había tenido suficiente.

—¡No! —Exclamó furioso—. Basta, Helga. ¡Por una vez en tu vida vas a tener que aprender a ser considerada y a pensar en el resto antes que en ti misma!

—Cállate.

—¡No!, este es un proyecto que tenemos que terminar los dos. Además, por si no lo recuerdas, fuiste tú la que me preguntó si podía hacerlo contigo. Ya que descartamos que definitivamente no quería, al menos confiaba en que ibas a ser capaz de un mínimo de responsabilidad.

La tomó de la muñeca para llamar su atención cuando se dio cuenta que Helga había volteado el rostro. Funcionó inmediatamente, Helga lo miró a los ojos y su expresión exasperada se intensificó. Arnold apretó su agarre sin darse cuenta.

—Y por eso, te estoy liberando, ¿o tu cerebro de pez en tan pequeño que no lo entiende?, ¡no tienes que hacer el trabajo conmigo!

—Tú lo pediste, Pataki, ahora vas a terminarlo. No vengas a soltar excusas patéticas.

—¡Patético es tu…! —Se cortó a medio camino y cerró los ojos con fuerza—. ¡Mierda, Arnold, suéltame!, ¡me estás haciendo daño!

La soltó inmediatamente, sorprendido, no se había dado cuenta.

—Lo siento.

5) Dar para recibir.

—Mira Helga, lo siento, ¿está bien? —Dijo rendido—. No creas que disfruto estar siguiéndote a todas partes. Simplemente quiero que avancemos.

La rubia le lanzó una mirada desconfiada.

—Supongo.

—No te volveré a molestar si prometes cumplir con un horario y aceptar que algunas veces tendremos que ampliar las reuniones.

—Ya habíamos quedado en reunirnos los martes.

—Sí, pero como te dije, necesitamos comprar los materiales.

—¿Por qué no sólo dividimos el trabajo?

—Porque es un trabajo en grupo. —Arqueó una ceja—. ¿Qué es lo que te está molestando? Porque sé que no tiene nada que ver con el trabajo.

—¿Cómo puedes estar tan seguro, zopenco? —Preguntó irritada—. Créeme que no lo estoy pasando bien para nada.

—Porque no tenías ningún problema al principio y ahora parece que me odiaras. —Arnold rodó los ojos—. Ya sabes a qué me refiero.

—Es porque te odio. —Insistió, pero la expresión descreída que le lanzó el otro la hizo aceptar a regañadientes que—, bueno, quizá no te odio. Y quizá sí tengo un problema, pero no tengo ganas de contártelo.

—No he dicho que lo hagas. —Aclaró con una sonrisa arrogante que Helga resintió—. Lo que quiero decir es que dejes de estar tan histérica por todo y comiences a colaborar.

—Está bien. —Murmuró.

—¿De verdad?, ¿puedo estar seguro que no sólo lo estás diciendo por decir y que de hecho no tendré que perseguirte por toda la condenada escuela?

—¿Condenada? —Alzó una ceja y sonrió en una mueca—. ¿Ampliando tu vocabulario, Arnoldo? Y sí, deja de presionarme, si he dicho que lo haré es porque lo haré.

—Bien.

—¡Bien!

Una pausa. Cada uno estaba terminando de arreglar sus cosas antes de marcharse.

—Entonces… —Comenzó Arnold—. ¿Cuándo?

—Mañana, a las cuatro, si no tienes nada más qué hacer.

—Está bien, nos encontramos en la biblioteca.

—Lo que sea.

Se miraron un poco, incómodos. Helga comenzó a aclararse la garganta, pero Arnold se le adelantó. De nuevo.

—Estaba mintiendo.

—¿Qué quieres decir?, ¡tú no mientes!, ¡eres Arnold!

—Sí quiero qué me cuentes que es lo que te está torturando.

A Helga le comenzaron a sudar las palmas de las manos.


A la siguiente


Mecanografiadas

Bien, ahora pueden decir que soy genial. Logramos que Killa alargara un poco más el asunto, pero la condenada se creó un nuevo conflicto del que no tengo la menor idea. Oh Killa, why are you like this? D: En fin... como recompensa le pedí que me dictara más y miren que creo este es más largo que los anteriores. Además creo que Killa jamás había escrito tantos diálogos en su vida... o sea, era muy chistoso escucharla dictarme todo, parecía desquiciada hablando consigo misma (XD). Ahora... ¿alguien sabe por qué rayos Stinky sigue con Helga?, esto le hace daño a mi cerebro. ADEMÁS, Arnold está raro y SÉ que él SABE, pero todavía no sé POR QUÉ y, mejor dicho, POR QUÉ COÑO NO HACE NADA. AG. No entiendo nada, me rindo, quiero ver el jodido final. Así que ahora por favor no se olviden de mandar reviews, mientras más mejor, porque así meto más presión y puedo actualizar más rápido D:

Killa-quotes: "Retoños, los escuché (leí) a todos y decidí alargar la trama, pero alargar por alargar no es algo muy bonito así que me imaginé que querrían más suspenso. Ja. Espero que les esté gustando, este capítulo es muy bobo, pero sí se está avanzando así que creo que podrán disfrutarlo. Les agradezco nuevamente todos los reviews que siguen mandando a pesar de que no he podido darles una respuesta apropiada. Gracias también a los nuevos lectores por darle una oportunidad a mis trabajos. A ver... no sufran mucho por Stinky, no tengo corazón para dejarlo mal parado. Si les gusta me alegro muchísimo porque la idea es que sufran para decidir jajajaja. No, ya, en serio. Tengan paciencia que verán cómo se soluciona todo. ABRAZOS MUCHOS Y LLENOS DE MI AMOR. Les prometo que pronto podré escribirles yo directamente. Tuve una cita con el médico hace unos días y me dijo que lo tomara con calma. Mi muñeca está bien, pero por andar de ansiosa estoy retrasando la cosa con mi tobillo... ¡Oh sí!, así que estoy escuchando música zen... y muriéndome de aburrimiento. Sus reviews me alegran el día como no tiene idea. Y bueno... ¡besos y abrazos con cursilería!"

Y ESO que lo censuré. Dios. Bueno queridos amigos del fanfiction, espero que nos veamos más pronto todavía (apúrense con sus comentarios D:) y por favor si tienen las respuestas a mis dudas, me las hacen llegar.

¡Chaito!