LXI. De cómo Helga dice que no (1)
Arnold descubrió que había muchas maneras de recibir una negativa. Descubrió que, incluso, aunque no hubiese lenguaje verbal, bastaba una mirada para tener bastante claro el concepto. Descubrió, cómo no, que Helga era creativa y terca y cuando esa cualidad y ese defecto se juntaban, las maneras de decir que no se convertían en hazaña del ingenio.
—No, Arnoldo, no me interesa hablar contigo ni en este momento, ni en los que vengan.
—¿Por qué no?
Helga cerró su casillero con fuerza, se dio la vuelta, la furia brillándole en los ojos.
—¿Por qué no?, ¿quieres saber por qué no? —Avanzó con todo el pasillo, pero Arnold se negó a retroceder—. Porque eres un tarado y si hablo contigo, me convertiría en tarada por asociación. Así que, si lo que quieres es conversar, ¡ve a buscar a cualquier tarado de los que abundan por la escuela!
—Dijiste que hablarías conmigo.
—¡Soñaste!
Lo empujó y se pasó de largo, perdiéndose en un nube de polvo furibundo.
—Te dijo tarado dos veces, viejo, ¿no es esa una señal de que debes darle espacio? —Gerald silbó mientras terminaba de guardar sus libros en la mochila. Se había cuidado de no interrumpir el intento número un millón de Arnold de hablar con Helga.
—Fue una vez, Gerald, —contestó exasperado— y no, cuando Helga tiene tiempo de pensar, se imagina cosas increíbles.
—Hablas como si la conocieras.
—La conozco.
—Lo que digas, viejo.
LXII. De cómo Helga dice que no (2)
Helga estaba sentada en una de las mesas céntricas de la biblioteca. Arnold sabía que Helga odiaba esas mesas, porque normalmente prefería tomar una de las que estaban al lado de la ventana, pero desde hacía varios días que prefería sacrificar su soledad con tal de que no la encontraran sola. Era una cobarde. Arnold sonrió y avanzó para ocupar un asiento a la derecha del de ella.
Helga no levantó la mirada.
—Piérdete, Arnold.
—Lo siento, estoy estudiando.
Contó uno, dos y tres.
—Hay cuatro mesas vacías, —dijo entre dientes—, piérdete.
—Me voy a sentar donde yo quiera, Helga.
—Te voy a patear el trasero.
—¿Cuál es tu fijación con mi trasero?
Arnold sonrió cuando Helga alzó la cabeza del libro que estaba leyendo.
—Eres un…
—¿No sabes que en una biblioteca no se habla, Helga?
Helga se levantó, movió todos los libros que tenía sobre la mesa hasta formar una torre que ubicó entre ella y Arnold.
—Muy madura.
—Muérete.
LXIII. De cómo Helga dice que no (3)
—¿Arnold? —Phoebe se arregló los anteojos, sorprendida.
—Buenas tardes, Phoebe.
—Eh, buenas tardes…
—¿Qué tal?
—¿Qué?
—¿Qué tal? —repitió sonriente y amable.
—Bien, creo… fue una buena reunión… —Phoebe recogió sus papeles y los guardó en su carpeta—. Eh, Arnold, no vayas a tomarlo a mal, pero… ¿buscas a alguien?
—Espero a alguien, —aclaró con tranquilidad.
—¿A Helga?
—Exacto.
—Pero… eh… Arnold, ¿no sería mejor hablar con ella en clase?
—Quizá, si me contestara. Tú sigue lo que estás haciendo, no molestaré.
—Eh… —Phoebe dio una mirada al resto de su club de química avanzada y se encogió de hombros. Supuso que había sido Gerald quien le había comentado que Helga venía a recogerla después de las prácticas de beisbol—. Claro, bien…
Miró el reloj, eran las cinco con diez minutos y seguramente Helga estaría por llegar el cualquier…
—¡¿pero qué demonios estás haciendo aquí?!
… momento.
Phoebe dio un paso atrás, no estaba segura de haber guardado todos sus materiales.
—Buenas tardes, Helga.
—¡Eres peor que la peste!
—No sé de qué hablas, ¿no tengo derecho a estar en mi club?
—Eres malísimo en química.
—Ah, ¿también sabes eso sobre mí?
—¡PHOEBE, SI NO ESTÁS AFUERA EN DIEZ SEGUNDOS TE VAS SOLA A TU CASA!
Sí, tenía todo en su mochila. Antes de irse, Phoebe dio una mirada fugaz en dirección a Arnold. Si tenía que corroborarlo, sí, Arnold todavía sonreía.
LXIV. De cómo Helga (le) dice que no (a otras personas) (4)
—Helga, querida, te ves terrible.
—Vete al diablo, Rhonda.
Rhonda puso los ojos en blanco.
—No me refiero a eso. No seas malagradecida, te lo digo por tu propio bien, estás muy tensa, relájate.
—A ti se te ha corrido el maquillaje, pero no ves metiéndome en tus asuntos, ¿verdad? —Helga alzó el puño—. ¡No te metas en mis asuntos, Rhondaloid!
Rhonda abrió la boca horrorizada mientras sacaba su espejo de bolsillo y se revisaba con atención. Había sido una mentira, seguía tan divina como siempre. Guardó el espejo con rencor y sacó su lima de uñas.
—¿Tus asuntos? —Bufó—. Querida, lamento tener que informarte que lo tuyo con Arnold dejó de ser privado desde hace mucho tiempo.
—¡NO ME MOLESTES, RHONDA, PORQUE TE JURO QUE…!
—¡No es necesario gritar, vulgar! —Rhonda se exasperó—. Estoy haciéndote un favor, ¿sabes?, no entiendo cómo es posible que vayas por la escuela tan desinformada de todo. Debería darte vergüenza.
—¡¿Y se puede saber de qué me tengo que informar?!
—Ya deberías perdonar a Arnold, era divertido al comienzo, pero todos estos espectáculos gratuitos en el pasillo, la biblioteca… ¿estás intentando hacerte popular? —Rhonda la miró con sospecha.
Helga le dio otro significado a la palabra tensión. Tenía los hombros rígidos, el rostro pálido y esa lentitud premeditada en cada uno de sus movimientos que indicaba lo predispuesta que estaba para lanzar un golpe.
—¿Sabes cuántas veces me han suspendido de la escuela desde que comenzó la secundaria, Rhonda?
—¿Eh?
—Tres. Una por partirle la nariz a David, el mariscal de campo. La otra fue por robar suministros del laboratorio. Y la última, fue arrancarle el cabello a una tal Wellington Lloyd.
—No serías…
—Pruébame.
Rhonda, por supuesto, se decidió por la opción más segura.
LXV. De cómo Helga dice que no (5)
Lila generalmente no intervenía en asuntos que no eran de su competencia. Escuchaba los rumores, los comentarios, los ofrecimientos incluso, pero prefería salvar distancias y mantenerse en un lugar seguro. La situación, sin embargo, se estaba saliendo de control y no había un solo momento del día en el que no escuchara sobre Arnold y Helga y Helga y Arnold, protagonizando una escena digna de cualquier comedia musical. Era entretenido, no lo negaba, pero estimaba a Arnold y a Helga y un buen amigo siempre tenía que ofrecer su ayuda en el momento preciso.
Así que Lila esperó. Diez, quince, veinte minutos hasta que Helga decidiera aparecer en la sala de computadoras, donde comía su almuerzo últimamente.
—Buenas tardes, Helga, —la saludó con una sonrisa cuando la puerta se abrió y Helga apareció en el marco.
—¡OH, DIABLOS, NO!
Lila parpadeó confundida, todavía mirando el espacio vacío en el que Helga había estado apenas unos segundos antes.
LXVI. De cómo Helga dice que no (6)
—Helga…
—¡Si te atreves a mencionarme a Arnoldo, Stinko, te cortaré la garganta!
—… se te cayó este libro en el pasillo. —Stinky se lo entregó—. Es de poesía, pensé que sería importante para ti.
—Uh…
Helga odiaba sentirse culpable.
—Está bien, no te molestaré más.
—¡No, espera!, ug, ¡Stinky, espera! —Helga lo alcanzó a medio camino y lo jaló del brazo—. Lo siento, ¿está bien?, ha sido una semana difícil y… seguramente ni te interesa, pero… gracias, ¿de acuerdo? E-es… —Miró la portada de reojo—, ¡hey, es Byron, gracias!
—Lo sé, te gusta, ¿verdad?, lo leías mucho cuando conversábamos… —Sitnky se rascó la nuca.
Helga se preguntó si sería la persona más horrible del universo.
—¡Estaba escuchándote!, solo lo ojeaba porque… eh…
Stinky soltó una carcajada y Helga arrugó el ceño.
—Estoy bromeando, Helga, —le sonrió— en realidad no leías cuando hablaba contigo, pero sé que pensabas en otras cosas. Está bien, yo también soy distraído.
—Eres un fenómeno sin gracia.
—Y no voy a preguntarte sobre Arnold, si quieres hablar conmigo, puedes hacerlo. Todavía somos amigos.
—¿De verdad?
—De verdad.
—¿Alguna vez fuimos amigos?
—Más o menos, ¿no? —Le dio una palmadita en el hombro—. Nos conocemos desde hace mucho tiempo.
—Claro, Stinko, —dijo más animada—. Hey, en serio, gracias por el libro.
—Está bien, —se encogió de hombros— te ves muy estresada últimamente, ¿estás bien?
—Estaría bien si me dejaran en paz.
—Ya veo.
—¿Eso es todo?
—¿Uh? —Stinky la miró con curiosidad.
—¿Nada de consejos?, ¿de indirectas?, ¿nada de que le hable a Arnold?, ¿nada de qué pienso?, ¿solo "ya veo"?
—Así es, —Stinky asintió—, creo que solo uno mismo puede decidir qué es lo que quiere hacer y tú nunca le has pedido permiso a nadie para hacerlo, Helga. Estaré aquí si me necesitas, escuchándote. No soy una persona que tenga muchas ideas, después de todo.
Helga sonrió.
—¿Entonces puedo decidir qué hacer?
—Claro que sí, Helga.
—Bien, genial, así es como debe ser.
—Eso mismo.
Se quedaron callados un momento, mientras seguían caminando.
—Oye, Helga, ¿crees que vaya a llover hoy?
Helga miró el cielo, estaba lleno de nubes grises.
—Claro que no, Stinko, qué idea, —contestó, sarcástica.
LXVII. De cómo Helga dice que no (7)
—¿Qué quieres?
—¿Por qué crees que quiero algo?
—Porque no soy Phoebe y tu auto está hasta el otro extremo del estacionamiento.
—Bien, sí, quiero algo.
—Dilo de una vez, te digo que no y seguimos con lo nuestro, Geraldo.
—Antes quiero aclarar que no me siento cómodo teniendo esta conversación contigo y que Arnold no tiene nada que ver.
—¿Así que no es sobre Arnold?
—Es sobre Arnold, pero él no sabe que estoy aquí y me gustaría que se mantuviese así.
—¿Qué te hace pensar que puedo hacerte favores?
—¿Qué te hace pensar que no puedo contarle a todos sobre tu encuesta ficticia?
—Te lo tragaste completamente.
—Claro que no.
—Apuesto que Phoebe te lo dijo.
—¡Ese no es el punto, Pataki! —Gerald hizo botar su balón, exasperado y se llevó una mano a la frente, intentando calmarse—. Mira, probablemente ya te lo haya dicho medio colegio…
Que hable con Arnold, sí. Helga rodó los ojos.
—Pero es obvio que Arnold quiere hablar contigo. ¿Por qué no solo lo dejas y acabas con el sufrimiento de todos?
Helga arrugó el ceño, no había entendido la mirada que Gerald le había lanzado cuando dijo "quiere". La ignoró porque el enfado siempre le ganaba e hizo una mueca.
—¿A mi qué me importan los demás?
—¡Suficiente!
—¿Suficiente qué, cerebro de cepillo?
—¡Mira, Helga, sé que una mujer muy complicada, pero ya es hora de que escuches y si no vas a escuchar a nadie, al menos me vas a escuchar a mí! —Gerald lanzó su balón a un lado y se acercó, lleno de indignación—. Ya sé que los demás no te importan nada, pero si tienes decencia como ser humano, al menos serás capaz de reconocer que a pesar de tu obvio egoísmo, Arnold siempre ha estado ahí para ayudarte. Así que, es verdad, los demás te pueden importar muy poco, pero hay algo que se llama reciprocidad e incluso los delincuentes son conscientes que un favor se paga con un favor. Si Arnold te ha hecho el favor de escucharte a pesar de tus desplantes, tu mal humor y, lo que estoy seguro es, bipolaridad, ¡al menos ten la decencia de corresponderle y déjalo hablar. ¡A él, déjalo hablar por primera vez en tu vida!
—¡Pero qué…! —Helga tenía los ojos muy abiertos, sorprendida, indignada, pero más asombrada que ofendida y ciertamente nada preparada para ese momento. Para cuando pudo recobrar la compostura, Gerald ya se había alejado—. ¡Y este que…!
¡A él, déjalo hablar por primera vez en tu vida!
Helga dio un grito frustrado.
LXVIII. De cómo Helga dice que sí
Helga todavía iba a despellejar a Gerald. Seguramente lo haría a fin de año, para dejar que la escuela acabara y nadie hiciera preguntas incómodas sobre él y nadie intentara revisar su casillero donde seguramente encontrarían el objeto del crimen. Helga lo iba a despellejar lentamente, hirviendo agua y dejando calentar pinzas de hierro. Le iba a dar una lección en carne viva y lo iba a disfrutar en ese rincón oscuro del alma humana en el que se ocultaba el sadismo. Haría eso y mucho más, pero primero se iba a despellejar ella misma por hacer lo que estaba a punto de hacer.
Encuéntrame en el muelle, hoy a las tres.
H.
Dejó que la nota se deslizara por las rendijas del casillero de Arnold y se alejó antes de que le diera tiempo a su cabeza de arrepentirse. Quizá lo mejor hubiese sido cambiarse de escuela.
Continuará...
Nota: ¡No, no es mentira!, actualicé -se esconde para que no le peguen-, ¡lamento mucho la demora retoñitos! Igual les informo que entre esta y la siguiente semana subiré nuevos capítulos de todos mis fics y una vez estén todos al día, subiré capítulos nuevos todos los viernes. Espero que el capítulo de hoy les haya gustado. Contestaré los reviews y los MP durante esta semana, les pido mucha paciencia por favor. Además, les agradezco mucho su fidelidad para con mis historias, ¡siempre es bonito regresar al fandom! Les escribiré una nota más extensa en mi siguiente actualización, por ahora debo irme al trabajo.
Por si les interesa, tengo un facebook donde subo drabbles y adelantos de mis historias (pues es más fácil publicar por ahí), les pediría que me agreguen por allí si desean mantener contacto conmigo. Luego les hablaré de una dinámica que me gustaría proponer y, ¡también encontrarán fanarts de mis historias!, ¡son preciosos!, ¡muchas gracias a todos! (el link está en mi perfil)
ABRAZOS MILES PARA TODOS, los amo retoños 3
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