Disclaimer: esta historia no me pertenece al igual que los personajes.

Summary: "Out With a Fang" presenta a Isabella Swan, una were-jaguar solitaria que se registra en la agencia de citas paranormal Midnight Liasions para una cita a ciegas. Cuando llega, descubre que su cita, un vampiro, fue el humano del que había estado enamorada hace cuatro años, pero se vio obligada a dejar por culpa de su padre. ¿Qué les deparara el destino?


Capítulo 2._

La primera vez que empezamos a salir, Edward había sido como un dios hermoso y sexy, y no había cambiado. Pelo cobrizo cubría su cabeza en una melena libertina y espesa. Siempre fue un poco demasiado largo en la parte superior, y cuando se pasaba la mano por el cabello, sus mechones cobrizos sobresalían como espigas silvestres en la parte superior de su cabeza. Había estado enamorada de esos picos, que le daban un aspecto salvaje. Su rostro era tan perfecto como lo recordaba, también; sus pómulos definidos y sus cejas oscuras perfectamente delineadas en contraste con su rostro pálido; su mandíbula estrecha, pero firme y en ese instante tensa por la rabia. Sus ojos eran faros de color verde esmeralda, y tenía la boca llena y sensual. Estaba tan musculoso y duro como lo estaba cuando jugaba al fútbol en la universidad. En el pasado, siempre se dejaba una barba incipiente; había desaparecido. Su mentón estaba completamente liso. Siempre había tenido un bronceado perfecto en el pasado; eso había desaparecido también.

Él era un vampiro.

Edward era un jodido no muerto. La sangre abandonó mi rostro mientras juntaba las ideas. Cuatro años, me dijo que habían pasado desde que se había convertido en vampiro. Debía de haber sido convertido después de que hubiéramos roto.

Entrecerré los ojos, y me centré en sus dientes. No había nada malo con ellos. Nada en absoluto.

Esta cita era todo un montaje. Él no quería que yo supiera que era él. Había estado sentado ahí, riéndose de mí, mientras yo tenía los ojos vendados y estaba tratando de actuar como si fuera una cita de verdad. Disfrazando su voz para que no llegara a la conclusión de que era él.

¿Por qué haría tal cosa? ¿Sólo para vengarse de mí? ¿Para conseguir la ventaja y hacerme quedar como una tonta?

La furia pulsaba a través de mí.

—¿Qué coño es esto, Edward? ¿Es algún tipo de pequeño juego enfermizo?

Se tensó con ira.

—¿Y qué pasa si lo es, Bella? ¿Es tan diferente de los trucos a los que jugaste conmigo cuando estábamos juntos?

Así que era sólo por vengarse. Le arrojé el pañuelo, golpeándole en el pecho con ello.

—Nunca he jugado juegos. Siempre he sido sincera contigo.

—¿En serio? Porque me parece recordar que tus últimas palabras fueron, "No es lo que parece, Edward".

—Vete a la mierda, Valjean —dije con frialdad. Recogí mi bolso, que sería un gran proyectil cuando se lo lanzara a la cabeza—. Encuéntrate a otra mujer a la que comerte con los ojos mientras ella está con los ojos vendados. Me niego a seguir con tu pequeño juego enfermizo y pervertido, vampiro.

Me abrí paso por el restaurante, ignorando la llamada entrante de Alice. Estaba demasiado molesta para una pequeña compañía. Lo tenía claro. Sal de aquí. Los camareros y los clientes se apresuraban a apartarse de mi camino hasta que salí por la puerta, erizada por la indignación.

Fuera, en la acera, inspiré profundamente, respirando el aire fresco de la noche. Era extraño cómo me había gustado el olor ligeramente picante y dulce de vampiro. Había oído que era parte de su encanto, tan atractivo y atrayente que la gente normal y sensata bajaría la guardia. Di unos pasos calle abajo, estirándome y dejando que el aire de la noche lo despejara todo sobre mis hombros, y me dirigí a la parada de autobús.

—¡Para! —gritó Edward—. Bella, ¡para! Quiero hablar contigo.

Esta noche era una pesadilla. ¿Cuántas veces había soñado con volver a verlo? ¿De confesar mis faltas horribles y que él me perdonara? ¿De decirle que siempre lo había amado y que él me respondiera lo mismo? Lo único que Edward quería era vengarse de mí. Caminé aún más rápido.

Una fría mano me agarró del brazo.

Me di la vuelta y gruñí.

—¿Qué?

El viento le alborotaba el cabello grueso y rebelde. Él se cernía sobre mi forma más pequeña, y me llamó la atención de nuevo lo hermoso que era. Sus rasgos parecían refinados para un no-muerto. Le sentaba bien.

Odiaba eso.

—¿Dónde crees que vas? —dijo.

—Me voy —espeté como respuesta, retirando bruscamente mi brazo de su toque. Eso era lo bueno de ser una were-jaguar. Él no era más fuerte que yo—. Esto fue obviamente un error. Diría que fue un placer verte de nuevo, pero ambos sabríamos que era una mentira, ¿verdad? Así que ni siquiera me molestaré.

—¿No crees que es injusto que te vayas tan rápido?

Me detuve y me giré hacia él, furiosa.

—Exactamente, ¿cómo es esto injusto?

—¿No puedo tener ni un beso de buenas noches?

—No, siempre y cuando tengas colmillos en tu boca. —Me alejé con pisadas fuertes.

Dios, ¿qué estaba mal con él? ¿Y conmigo, por soñar con él durante tanto tiempo?

—Adiós, Bella —dijo en voz baja, tan baja que casi no lo oí.

El autobús se detuvo en la acera con un chillido ruidoso, ahogando cualquier otra cosa que él podría haber dicho. Hice una pausa. ¿Por qué se había vuelto su voz tan suave y precavida? ¿Era un señuelo vampírico? Eché un vistazo por encima de mi hombro y atisbé al hombre girar hacia el callejón. Edward debía haber decidido quedarse a la sombra para su camino a casa. Valjean, me corregí a mí misma con un fruncimiento de mi labio, y me volví hacia el autobús que estaba parado. En ese momento, sonó un ligero alboroto y el sonido de carne contra carne atrajo mi atención. ¿Una pelea? Venía del callejón.

¿Un truco?

El viento cambió, y junto con el fuerte olor del escape de los automóviles, atrapé el de algo extraño y penetrante. Escaneé la hilera de restaurantes cercanos. Nada italiano.

Cómo de raro era que captara un espeso olor a ajo

Di un grito ahogado, y a continuación corrí hacia el callejón.

Dos hombres luchaban allí, y vi a Edward golpear a uno que llevaba una camisa de polo. El otro hombre se tambaleó ante el golpe. Edward gruñó por lo bajo en su garganta, extraño lo sexy que me pareció ese sonido, y se abalanzó sobre él.

La irritación me atravesó. ¿Estaba atacando a un transeúnte desventurado en un callejón por culpa de su mal humor, o peor, porque tenía sed? Puse mis manos en mis caderas y golpeé el pie en el suelo.

—Edward, esto no es para nada fantástico.

Edward se dio la vuelta, y sus ojos se oscurecieron por un momento, pensé que había algo malo en él. Una aguja hipodérmica sobresalía de un lado de su cuello, y la sacó de un tirón hacia fuera y la tiró al suelo. Se tambaleó hacia adelante un paso y levantó una mano hacia mí.

—¡Sal de aquí, Bella! —dijo con un gruñido enojado—. ¡Vete!

Detrás de él, el hombre saltó sobre la espalda de Edward y empujó otra aguja hipodérmica en su garganta. Edward se estremeció, sus ojos se pusieron en blanco, girando hacia atrás en sus cuencas, y se desplomó en el suelo. Un olor espeso a ajo llenó el aire.

Di un paso hacia adelante.

—¿Qué demonios está pasando?

El hombre que estaba agachado sobre Edward se levantó. Era alto, de hombros anchos, barba desaliñada y cortes en la cara donde los puños de Edward habían hecho claramente algunos daños. Una manga oscura de tatuajes cubría cada uno de sus brazos. Esto no parecía una chapuza de alimentación.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, acercándome.

Dio un paso hasta quedarse delante del cuerpo tendido de Edward.

—Conseguir una gratificación. Lárgate.

—¿Gratificación?

—Tiene que ocuparse de sus propios asuntos, señora. Lárguese —repitió, haciendo crujir los nudillos de una manera amenazante.

Levanté una ceja.

—Tal vez debería detenerte.

—Ahora bien, cariño —dijo, mirándome con condescendencia—. No me gustaría que te rompieras ni una sola de las uñas de tus pequeñas y lindas manos.

Oh, ¿era eso lo que iba a pasar? Me moví hacia adelante, dejando que mis ojos brillaran con luz de la luna como un gato.

La comprensión iluminó su cara, junto con una sonrisa lenta y malvada que mostraba un par de colmillos muy largos.

—¿Qué eres, una were-conejita? Nunca he probado una. Esta noche podría ser la noche.

Maldita sea, ¿por qué todo el mundo piensa que era una were-conejita? Dejé mi bolso en el suelo y empecé a desabrocharme la parte delantera de mi vestido, dejando que el cambio se moviera a través de mis entrañas.

—Vuelve a probar.

—¿Were-gatita? —dijo, con una mirada lasciva cuando dejé caer mi bonito vestido nuevo al suelo y salí de ello, a continuación salí de mis zapatos—. O tal vez un pequeño y lindo were…

Las palabras se ahogaron en su garganta cuando me dejé caer a cuatro patas y el pelaje con manchas negras y doradas brotó por todo mi cuerpo. Mi cola se azotó distendida de inmediato, y garras gruesas y curvadas crecieron de mis dedos. Mis dientes se alargaron hasta convertirse en dientes filosos y depredadores. Mis hombros se encorvaron hacia abajo, mis caderas se retrajeron hasta adaptarse en unos poderosos cuartos traseros.

—Oh, joder —juró por lo bajo.

Y ahí está, pensé con aire de suficiencia. Entonces el cambio me tomó completamente, y mi pensamiento se convirtió en nada más que mi jaguar, hasta que mi transformación estuvo finalizada. Cuando abrí los ojos y di un paso hacia adelante, rondando, él salió disparado por el callejón.

Mi gata interior enloqueció. Lancé un pequeño y alegre aullido y salí disparada tras él.

Mientras corría por el callejón salté sobre su espalda, cerniéndome sobre él. Gritó cuando mis garras hicieron rastrojos su camisa, dejando al descubierto una espalda llena de más tatuajes. Aceleré, pisándole los talones. Podría romperle el cuello y jugar con él, saltar sobre su espalda y hundir mis dientes en los huesos frágiles de la base de su cabeza. Una fractura en el cuello no mataría a un vampiro, pero sería muy divertido ver el miedo en sus ojos cuando se diera cuenta que sería mío para jugar y destruirlo a mis anchas.

A veces había algo bueno en ser un súper depredador, pensé con gran regocijo.

Un gemido sonó detrás de mí, y me detuve de golpe, agudizando mis oídos, para escuchar otro sonido de respiración.

El hombre tatuado sintió mi distracción y aceleró, dirigiéndose hacia el tráfico. Todavía podía atraparlo. Si él conseguía llegar a una de las calles principales, no tendría más remedio que abandonar la caza. ¿Un gato grande deambulando por el centro de Fort Worth? Un poco demasiado perceptible. Pero no era más rápido que yo. Todavía podía saltar sobre él, golpearlo en la espalda, romperle el cuello…

El gemido sonó de nuevo. Edward. Di otro aullido de ira y me dirigí de nuevo hacia él.

Trataría con ese vampiro tatuado más tarde. Tenía su olor, y sería capaz de encontrar su rastro si no se metía en un coche.

Llegué hasta el costado de Edward y puse mi nariz húmeda contra su piel. Ruborizado por el calor. Eso no era bueno para un vampiro. El ajo debe de haberle dado fiebre.

Lo toqué con la punta de mi lengua. Todavía estaba inconsciente, con el pelo desparramándose sobre la frente y pegado a su piel en espigas sudorosas. Sus párpados revoloteaban rápidamente, su respiración era áspera, rápida y poco profunda.

Le di con mi hocico. Él no se movió. Otro gemido escapó de su garganta. Él sentía dolor, y mi corazón se apretó en respuesta.

Mierda. No podía dejarlo allí. ¿Y si los humanos lo encontraban? Yo no podía llevarlo al doctor local de la Alianza, ya que sólo trataba a cambiaformas. Y si un vampiro lo estaba buscando, es posible que hubiera más. Si me iba de su lado, sería vulnerable.

Observé el gran cuerpo de Edward, caído sobre el cemento. Probablemente podría llevarlo en mi forma humana, pero eso sería llamar demasiado la atención, teniendo en cuenta su talla. Tal vez podría encontrar algún lugar cercano y seguro. Entonces podría dejarlo y explorar el área.

El vampiro no podía haber ido muy lejos, y yo quería saber en qué trataba exactamente esta "gratificación".

Arrastré a Edward a un pequeño camino y luego conseguí subirlo a mi espalda, no es nada fácil sin manos, déjame decirte. No era fácil mantenerlo equilibrado allí, y probablemente él iba a tener los nudillos llenos de grava cuando se despertara, de arrastrar sus manos por el suelo, pero lo alejé unos cuantos bloques del restaurante. Mi progreso fue lento, pero conocía muy bien la zona. Con unas cuantas ideas creativas, no fue demasiado difícil mantenerlo fuera de la vista, pasando por los callejones, atravesando puentes, y manteniéndolo en las sombras. Quedé expuesta una o dos veces, pero la mayoría de la gente se frotaba los ojos y miraba, sin poder creer lo que veía. Puede ser que hubiera algunas llamadas extrañas a la policía, pero me habría ido para el momento en que un coche patrulla llegara allí.

Mantuve la cabeza gacha, en busca de un lugar seguro y resguardado, para echar un vistazo a las lesiones de Edward. Mi visión nocturna me mostró un enorme edificio, apareciéndose en la distancia. La antigua planta empacadora de carne abandonada. Situada en el centro de Fort Worth, una monstruosidad horrible que era abierta sólo en Halloween para servir de casa embrujada.

La rodeé hasta llegar a la parte trasera del edificio, donde las sombras eran más espesas, y dejé caer a Edward en un rincón oscuro. Caminé por los alrededores del costado de la estructura inmensamente larga, examinando las hileras de ventanas. No tenía ni idea de cómo de protegido estaba el edificio. Si había seguridad, seríamos atrapados.

Bueno, sólo había una manera de averiguarlo. Arrojé mi cuerpo de jaguar a través de una ventana baja y esperé.

Nada de alarmas. Perfecto. Salté por la ventana hacia el exterior, otra vez, cambié rápidamente a mi forma humana, despejé el vidrio y procedí a empujar a Edward a través de la ventana.

Accesorios de casa embrujada cubrían toda la planta de abajo, así que me llevé a Edward más adentro hasta que no hubo más que equipos rotos y basura almacenada, todo cubierto por una gruesa capa de polvo. Lo dejé tendido en un rincón de la sala, detrás de un par de bobinas de cable vacías. Todavía estaba quieto, demasiado quieto.

Vacilé, luego me obligué a levantarme. Tenía que asegurarme de que estaba a salvo primero.

Ya que lo había llevado a través del antiguo almacén y de la mayor parte de la ciudad, cualquiera que estuviera buscándolo, no encontraría su olor a menos que estuvieran prácticamente sobre él. Eso estaba bien. Coloqué accesorios y cajas a su alrededor, haciendo una pequeña fortaleza para protegerlo. Estaría a salvo allí, mientras no hubiéramos sido seguidos.

En caso de que hubiéramos sido seguidos, me transformé a mi forma de cambiador y me paseé por el interior de la antigua planta, dejando un rastro de olor que cruzaba y atravesaba toda ella para confundir a los rastreadores. Los vampiros no podían rastrear el olor, pero no confiaba en dejar nada al azar. Entonces, cuando Edward estuvo tan protegido como pude ponerle, me deslicé por la ventana y me dirigí hacia el callejón.

Necesitaba mi vestido, y tenía que explorar la zona en busca de respuestas.

El callejón estaba impregnado del olor espeso y picante del vampiro tatuado, quien había regresado, de hecho. Me oculté en las sombras, mi cola retorciéndose lánguidamente mientras observaba a mi presa.

El vampiro había alzado un teléfono a su oreja, y se agachó para recoger mi vestido.

—No me dijiste que estaba con una maldita y fantástica cambiadora —dijo Tattoos.

—No lo sabía. Debe estar desesperado por conseguir sangre —dijo la voz en el teléfono—. Félix le está siguiendo el rastro. Ocúpate de él.

Tattoos resopló.

—No es su culpa que Tanya lo encuentre tan sexy.

—No importa —dijo la voz del teléfono con brusquedad—. Félix todavía lo quiere muerto. ¿Dijiste que una cambiadora huyó con él? Mira a ver si ella lo abandonó cerca. Busca pistas.

—No soy Scooby-Doo —murmuró Tattoos, sacando una pistola de la cintura de sus pantalones vaqueros y mirando por el callejón.

¿Una pistola? Maldita sea. Salté de golpe, trepando hasta un toldo cercano y luego saltando a la parte superior de un edificio. Rodeé de nuevo el almacén abandonado lentamente, pensando mucho. Alguien llamado Félix quería a Edward muerto. ¿Qué se supone que debía hacer con esa información?

Me deslicé de nuevo en el almacén y caminé hacia donde había dejado a Edward. Su olor era espeso y fuerte, mezclado con ajo. Lo que hacía que la especia en su olor de vampiro se volviera amarga y errónea. El ajo es un veneno para los no-muertos, y Edward había recibido una dosis masiva.

Estaba delirante y débil, sus párpados aleteando para abrirse cuando me agaché a su lado y me transformé de nuevo a mi forma humana. Me incliné sobre él y apreté mis dedos sobre su frente, midiendo su temperatura. Todavía estaba caliente y húmedo por el sudor. ¿Qué se suponía que tenía que hacer con un vampiro enfermo?

Los ojos de Edward se abrieron, tan verdes que casi brillaban en su rostro enrojecido. Para mi sorpresa, extendió la mano y acarició suavemente con sus dedos mi mejilla, y luego trazó mi mandíbula.

—Soñaba con esto —murmuró—. Tan preciosa.

Entonces sus párpados se cerraron, y él se relajó, dejándome sola, desnuda, y muy, muy confundida.


Esta es mi nueva historia una adaptación de ''Out With Fang'' escrita por Jessica Sims.

muchas gracias a la chicas que estan siguiendo esta historia, les dedico este capitulo! MORDISCOS PARA TODAS xD

¿reviews?