Disclaimer: esta historia no me pertenece al igual que los personajes.

Summary: "Out With a Fang" presenta a Isabella Swan, una were-jaguar solitaria que se registra en la agencia de citas paranormal Midnight Liasions para una cita a ciegas. Cuando llega, descubre que su cita, un vampiro, fue el humano del que había estado enamorada hace cuatro años, pero se vio obligada a dejar por culpa de su padre. ¿Qué les deparara el destino?


Capítulo 5._

Decidí dormir en mi forma de jaguar, ya que así estaría lista para cualquier sorpresa. Cuando el sol estaba a punto de ponerse, exploré el área una vez más, buscando indicios de que los vampiros estarían de vuelta tan pronto como el sol se pusiera. Cuando no vi ningún rastro de problemas, me dirigí al interior de nuevo, cambié a humana, y acabé con el resto de la comida mientras esperaba a que Edward despertara.

Después de que esta noche saliéramos de allí, mi vida podría volver a la normalidad. Trabajo tranquilo, días tranquilos, noches tranquilas y a solas. Normal y solitaria. Edward continuaría huyendo, ya que los vampiros sabían que estaba en Fort Worth. Él se habría ido de nuevo justo cuando acababa de regresar a mi vida. Ahora, cuando podía salir con él. Podía acostarme con él. Podía tocarlo y no preocuparme por poner a otros en peligro con mi lujuria por él. Toqué mi boca, pensando en su beso. Mis dedos se desviaron a mi cuello, donde nada indicaba que hubiera sido mordida. Él había tenido razón, había sido maravilloso.

¿A cuántas mujeres había mordido desde que habíamos roto?

Odiaba incluso preguntármelo, como si tuviera algún derecho sobre él. Esto era sólo un enamoramiento con un viejo amor. Podría echarle la culpa al afrodisíaco, pero la verdad era, que yo lo había deseado y lo había disfrutado. Tan simple como eso.

Esta noche cuando despertó, sus ojos brillaban y su sonrisa brillaba más. Me miró y extendió su mano hacia la mía.

—Bella.

Me puse de pie, enderezando mi camisa prestada.

—No hay tiempo para charlar. Deberíamos salir de aquí mientras aún sea temprano. Podemos sacarles algo de ventaja a los chicos malos.

Edward se sentó, la expresión de su rostro era inescrutable.

—Deberíamos hablar…

—Ahora no —dije en un tono exasperado.— Edward, por favor. No quiero vivir en esta vieja envasadora de carne polvorienta para siempre.

—Por supuesto —dijo con una voz enojada y rígida, claramente tomando mis acciones como un desaire.

Y tal vez lo fueran.

Lo amigos no se ponían cursis después de haber tenido sexo, ¿cierto? Empecé rápidamente a desabotonar mi camisa.

—¿Dónde está tu escondite más cercano?

—Lado suroeste de la Interestatal 35. Al otro lado de la ciudad. No es un gran barrio, pero eso es lo que lo hace ideal como escondite.

—Está bien, iremos allí por ahora. Luego decidiremos qué hacer. —Me quité la camisa y se la devolví. Esta vez, su mirada fue cuidadosamente evitada de mi desnudez, y por alguna razón, eso dolió. ¿Por qué el sexo tiene que arruinarlo todo?

—Voy a ir en forma de jaguar. Tú vas a ser mi dueño. Encontraré un trozo de tela que pueda pasar como un collar y un poco de cuerda, así que voy a ser tu mascota exótica, ¿de acuerdo?

Frunció el ceño.

—Pero eso es degradante para ti.

—No importa —dije—. Eso me dará una oportunidad de protegerte si lo necesito y me permitirá usar mis sentidos animales. Además, será más fácil que pasear por la calle desnuda.

Caí de rodillas para cambiar de nuevo.

—Bella —empezó a decir, pensativo.

Me disparé de nuevo erguida, mi corazón martillando con esperanza. ¿Iba a decirme cómo se sentía?

—¿Sí?

Me sonrió pensativamente.

—Gracias. Por todo.

Podría haberlo estrangulado alegremente. Caí de rodillas de nuevo y comencé a cambiar.

oOoOo

La gente cambiaba de acera al ver mi forma jaguar. Edward sólo sonreía y actuaba como si siempre sacara un enorme felino para un paseo nocturno. Esperaba que el collar brillante de lazo rosa que había creado de partes desechadas de retales aliviara un poco el miedo. Se veía ridículo, y me sentía ridícula usándolo, así que esperaba que quitara mucho de lo aterrador.

Doblamos la esquina hacia un callejón, y seguí en guardia mientras Edward deslizaba una llave de su billetera y después marcaba un código clave. La puerta se abrió con un clic, y Edward asintió hacia mí.

—Entra.

Rápidamente cambié de regreso a la forma humana y lo seguí adentro.

Entramos en una carnicería y mi boca se hizo agua ante el abrumador olor de la carne. A pesar de que estaba puesta en cajas refrigeradas, todavía podía olerla, la sangre empapando el papel, todo. Era como entrar en un buffet libre.

—Está atrás, por aquí —dijo Edward, yendo detrás del mostrador.

Miré a las cámaras de seguridad y crucé mis brazos sobre mis pechos.

—¿Esas van a ser un problema?

—Oh, uh. —Hizo una pausa, rascándose la cabeza—. Supongo que lo serán. No te preocupes. Dejaré una nota para el administrador.

—¿No se preguntarán por qué tú no estás en la cámara y yo sí? Totalmente desnuda, ¿podría añadir?

—Una nota larga —modificó Edward, luego me hizo un gesto para que lo siguiera.

—Vamos.

Renuente, lo seguí.

Edward entró en el congelador de la carne, y yo entré de puntillas detrás de él. Se movió a la parte trasera del congelador y empezó a pasar su mano por la pared del fondo. Miré a los costados gigantescos de carne colgando de los ganchos, la carne de cerdo, los extendidos bastidores de costillas. Vaya. Todo parecía… jugoso. El pensamiento me sublevó incluso mientras mi estómago gruñía. Mi mitad jaguar no era exigente, pero a la parte humana no le gustaba la idea de roer en carne cruda.

—Aquí vamos. —La mano de Edward encontró un filón en la pared de metal y empujó a un panel invisible. La pared hizo clic y se abrió una rendija, revelando un cuarto oscuro en el otro lado. Seguí a Edward al interior y fui sorprendida al descubrir que esta era sólo una pequeña antecámara, igual de fría que el congelador de carne. La habitación estaba vacía de todo excepto una puerta sin ventana en el lado opuesto y un panel de seguridad numerado en el muro.

—El código once veintinueve —dijo, marcando los números—. Sólo en caso de que necesites volver mientras estoy inconsciente.

—¿Once veintinueve? Ese es mi cumpleaños.

Él me miró, con un dejo de sonrisa moviéndose sobre su cara.

—Coincidencia.

Sí. Le di a su espalda una mirada escéptica cuando se giró hacia la puerta. El panel emitió un pitido, aceptando el código, y la puerta hizo clic, desbloqueándose. Edward la mantuvo abierta para mí.

Si yo estaba esperando algo increíble en el otro lado, me sentí profundamente decepcionada. Había un sillón, un televisor de pantalla plana montada en la pared, un sistema de reproducción en el suelo, debajo de ella, y una cama individual en el otro extremo de la habitación. Las mantas estaban revueltas, y la habitación era pequeña, tal vez de tres metros y medio por dos metros y medio de ancho.

Tampoco era cálida. Froté mis brazos, mirando alrededor.

—¿Esta es tu habitación segura?

—Una de tantas. —Se movió hacia delante, agarrando unos dvds del asiento de la silla y colocándolos en un estante cercano.

— He estado moviéndome de un lado a otro con la esperanza de que Tanya pensara que me había ido y lo entendiera, pero ella no parece estar prestando atención.

—Ella no parece ser muy buena en eso —estuve de acuerdo, y luego froté mis brazos.

—¿Ropa?

Parecía afligido.

—No hay nada aquí. Es una situación bastante nueva para mí.

Traté de ignorar el frío. Como cambiadora, era bastante inmune al clima frío, pero estaba desnuda, y se sentía un poco fresquito incluso para mi metabolismo.

—¿Entonces te importa si me meto bajo tus mantas?

—Adelante.

Me arrastré debajo de las mantas y las envolví alrededor de mi cuerpo, notando que su mirada me siguió.

—¿Tienes hambre otra vez?

—Estoy bien —dijo, demasiado rápido—. ¿Tú?

—Hambrienta —admití—. Toda esa carne en dos habitaciones no está ayudando.

Sonrió.

—¿Te gusta la carne cruda?

—No tan cruda, pero si estoy lo suficientemente hambrienta, sí.

Hizo un gesto hacia atrás al congelador.

—Hay sándwiches ya hechos en la nevera delicatesen (1).

—Ahora sí que estás hablando —le dije, sonriéndole.

Recuperamos unos pocos sándwiches y otra botella de agua, y me envolví en la manta, cruzando mis piernas y sentándome.

Mientras comía, él giró el sillón hacia mí y observó mientras yo devoraba los sándwiches.

—¿Quieres mi camisa otra vez?

—Estoy bien por ahora. —Además, su camisa olería demasiado a él, y tenerla frotando contra mi piel otra vez podría darme ideas. Tiempo para una distracción.

— Así que… — dije entre bocados, — ¿vas a contarme tu historia?

—¿Mi historia? —Puso los ojos en blanco por un momento, luego se rió.

Era tan guapo que dejé de masticar sólo para mirarlo, mi corazón latiendo con fuerza.

Esa risa trajo muchos recuerdos y me llenó de intensa nostalgia.

—¿Quieres decir cómo me convertí?

No confiando en mí para hablar con el nudo en mi garganta, asentí.

Se pasó una mano por el pelo, y la dejó arriba.

—Bueno. Después de que yo, uh, abandonara los estudios… Cuando habíamos roto…

No dije nada, dejando al silencio incómodo llenar la habitación. ¿Qué podía decir? Sí, ¿cuándo me atrapaste jodiendo con ese tipo? ¿Y luego dejaste la escuela?

—Decidí que debería ver el mundo —dijo—. Tomé mis Becas Pell (2) y decidí recorrer Europa.

—No me digas —dije—. ¿Transilvania?

—Madrid, en realidad. Conocí a una mujer inglesa muy encantadora llamada Kate quien estaba recorriendo el continente. Nos llevó a pasar tiempo juntos mientras yo estaba en España. Ella era divertida y despreocupada y le encantaba reír. Yo necesitaba eso, en ese entonces.

Kate, la divertida y despreocupada inglesa. La odiaba. Esa perra.

—Pasé la mayoría de las noches ebrio, tratando de olvi… —Se movió en su asiento e hizo una pausa—. Bueno. No estaba en un buen lugar, así que no me importaba mucho lo que me pasara. Kate era algo fiestera y bebedora, así que fui de fiesta y bebí con ella. Una noche, estando de juerga, y me desmayé en su habitación, saltándome la fiesta. Cuando desperté la noche siguiente, me enteré de que ella me había convertido en vampiro.

—¿Te convirtió contra tu voluntad? ¡Eso es horrible! —Inmediatamente ardía con odio por ella. Esa perra.

—Bueno, ella no tenía intención de hacerlo —dijo Edward con una sonrisa triste y cariñosa que hizo que mi corazón golpeara con un tipo diferente de latido, celos.

—Resulta que había estado bebiendo de mí aquí y allá, cuando estábamos besuqueándonos, y yo se lo había hecho borracho. Demasiado alcohol en mi sangre, y ella perdió sus inhibiciones. Cuando me desmayé en su habitación, fue incapaz de resistir y drenó un poco demasiado. Yo estaba en peligro de morir, así que me convirtió en su lugar.

—Esta es una historia bastante podrida —le dije— ¿La odias?

Negó con su cabeza.

—Nah. Ella estaba realmente arrepentida. De todos modos, ella me tomó bajo su ala y me enseñó cómo sobrevivir como vampiro. Luego, cuando le cogí el truco a las cosas, ella me dio un convenio agradable y me envió a seguir mi propio camino.

—Deberías haberla estacado —murmuré.

—No es así —dijo Edward— Me gusta ser vampiro. La alimentación a veces es difícil, pero ha abierto un nuevo mundo entero que ni siquiera sabía que existía. Tengo nuevas habilidades y he conocido gente fascinante que nunca habría conocido de otra manera. No lo lamento.

Yo lo lamentaba por él, sin embargo. Él debería haber estado viviendo en los suburbios en este tiempo, con 2/5 hijos, un perro, con un trabajo de oficinista o algo así.

—¿No te quedaste con Kate?

Negó con su cabeza.

—No mucho. Ella no quería una pareja, sólo un amigo de copas. Nos separamos en buenos términos. Después de que ella se fuera, viajé por Europa y Asia, visitando algunos de los refugios de vampiros en el camino. Después de un par de años de eso, me aburrí y decidí que quería volver a Estados Unidos. Y ya que soy nuevo en la zona, me uní a la agencia de citas. —Se encogió de hombros.— Sin acontecimientos extraordinarios, siento decirlo.

Él había viajado por el mundo y había sido convertido en un vampiro. Yo había estado trabajando en la unidad de almacenamiento local y deseado haber tenido las pelotas de hacer frente a mis padres cuando tuve la oportunidad.

Me sonrió.

—¿Qué hay de ti? ¿Viviendo la gran vida desde la universidad? ¿En qué conseguiste tu licenciatura?

Me mordí el labio. ¿Decirle la verdad? ¿Mentir? Suspiré después de un momento y decidí ir por la verdad totalmente poco glamurosa.

—La dejé unos días después de que tú lo hicieras. Estaba… sin ganas.

—Ya veo —dijo, pero no sonaba juicioso—. ¿No volviste?

Negué con la cabeza, el arrepentimiento arrastrándose a través de mí.

—No. No sabía qué hacer conmigo, así que decidí trabajar en su lugar.

—¿Dónde trabajas?

—Cool Storage —dije, y luego resoplé—. Soy guardia de seguridad. Divertido, ¿eh?

—¿Por qué? Creo que serías increíble en lo que sea que pongas tu mente.

Su tono lleno de admiración me molestó. Le di una mirada amarga y moví mis dedos, como cepillando sus elogios.

—No, no lo haces. Crees que soy una perdedora porque he estado atascada en un trabajo sin futuro en la misma ciudad desde la última vez que me viste. No obtuve un título, no tengo una familia y estoy recurriendo a conocer hombres a través de una agencia de citas, a pesar de que debería ser capaz de encontrar a alguien fácilmente, ya que las mujeres cambiadoras son raras. Sin embargo aquí estoy, a la fuga con un vampiro en una cita que no terminará bien. Un vampiro a quién dejé hace cuatro años, podría añadir. —Apreté las mantas alrededor de mi cuerpo y resistí el impulso de girar mi rostro hacia la pared—. Una especie de cita de mierda, si me lo preguntas.

Silencio. Él pasó su mano a través de su pelo de nuevo, y entonces se rascó la cabeza.

—Lo siento, Bella.

—No lo sientas. Yo soy la que está siendo irrazonable y ridícula.

—No eres irrazonable. Ni ridícula —dijo con vehemencia.

—¿No? —Mi tono era amargo—. Tú, de todas las personas, deberías verme así.

—Nunca pensaría eso de ti —dijo, sus ojos volviéndose negros con la emoción—. Te amaba —dijo, y mi corazón tartamudeó por un momento—…cuando estábamos en la universidad.

Mi corazón dejó de tartamudear.

—Eres tan cálida y divertida y fuerte ahora como lo eras en ese entonces, y todavía quiero ser tu amigo. Eres la cosa más alejada de irrazonable que podría imaginar.

Mis mejillas se volvieron un poco rosadas. Yo estaba teniendo sentimientos encontrados sobre la forma que él seguía lanzado "amigo" por ahí, como si estuviera tratando de recordarme que nuestra relación ahora era platónica. Bueno… tal vez no tan platónica. Amigos con beneficios.

Hablando de eso.

—Así que, um, ¿realmente necesitas beber tres veces al día?

Se encogió de hombros, pasando una mano por su pelo de punta otra vez. —Podemos saltarnos comidas, pero, al igual que la gente común, comenzamos a sentirnos mareados y débiles.

—Huh. ¿Cualquier otra cosa sobre vampiros que debería saber?

Me dio una mirada pensativa, luego se inclinó hacia adelante, los codos apoyados en sus rodillas. La postura casual era tan absolutamente de Edward que mi corazón dio ese loco y pequeño saltito de nuevo.

—Vamos a ver. La cosa del ajo funciona. Agua bendita, sí, cruces, sí. No se puede ver el reflejo en los espejos. Hay una vieja historia sobre no ser capaz de cruzar el agua, pero eso no es cierto. Oh, y no podemos convertirnos en murciélagos. La luz del sol supuestamente nos freirá hasta achicharrarnos en unos diez minutos, y nunca he sentido el impulso de probarlo.

Estaba distraída por sus manos largas y la inclinación de su cuerpo mientras se movía más cerca. Cuando se inclinó hacia adelante, estaba casi tocando mi pie con sus dedos.

No tomaría mucho para que deslizara su mano bajo la manta, donde estaba desnuda y esperando por él.

—¿Y tu corazón? —pregunté a la ligera—. ¿Late?

—No —dijo, y una sonrisa juvenil cruzó su rostro—. ¿Quieres escuchar?

—¿Es raro si lo hago?

Me senté erguida en la cama, agarrando las mantas.

—Nah. Fue la primera cosa sobre la que también pregunté. Bueno, eso y la cosa del murciélago. —Se levantó de la silla y se sentó a mi lado, en la cama—. Ven a escuchar.

Él se recostó, y yo me arrastré hacia adelante, abrazando la manta a mis pechos desnudos. Él me sonrió y sentí la misma oleada rara y ligera. Parecía como si el tiempo no hubiera avanzado y no hubiéramos pasado cuatro años separados, deseando que las cosas hubieran sido diferentes. Casi podía imaginar que estábamos juntos de nuevo.

Apoye mi oído contra su pecho y esperé. Y esperé. Y entonces me di cuenta que seguiría esperando, porque no estaba escuchando nada. Era como presionar mi oído a un bloque de madera.

—Vaya —dije, una risa surgiendo de mí—. Eso es un poco raro.

—No es raro. Si puedes pasar por alto la piel fresca, puedes pasar por alto la cosa del corazón, ¿cierto?

Sentí su mano tocar los mechones de mi pelo que cayeron sobre su pecho. El deseo pasó a través de mí, y me senté, mirándole. Sus pupilas se habían oscurecido de nuevo, la sonrisa risueña desaparecida de su hermoso rostro.

Dejé caer la manta, exponiendo mis pechos a su mirada.

—¿Sediento?

La nuez de su cuello se balanceó.

—Siempre.

Los colmillos brotaron de su boca, y los vi descender, tan largos que prácticamente raspaban su barbilla. Con curiosidad, toqué uno con mi dedo y disfruté de su estremecimiento.

—¿Te... asustan... mis cambios? —Se señaló a sí mismo, su voz entrecortada, como si le fuera difícil hablar con sus colmillos.

Me encogí de hombros.

—Estás hablando con una were-jaguar. Eres diferente, pero no aterrador. —Mi sonrisa se curvó, y me incliné para pasar la punta de la lengua sobre un diente—. Además, creo que mis dientes son más largos en mi forma felina.

—Bella —dijo con un gemido, y su mano se extendió hacia mi nuca, como si quisiera atraerme cerca de él—. No tienes que hacer esto. Sé que no quieres estar aquí.

—Si no quisiera estar aquí —dije en voz baja—, habría cambiado y me habría ido hace dos días.

Cuando me incliné para besarlo, sus brazos rodearon mi cintura y me atrajo hacia él.

Sus colmillos se retrajeron cuando mi boca tocó la suya, y su lengua se precipitó para rozarse contra la mía. Inmediatamente, sentí ese maravilloso florecimiento de placer de su boca, el beso lánguido del afrodisíaco. Caí sobre él, mis pechos presionando contra su camisa.

Él emitió un gruñido de frustración y, con una velocidad sobrenatural, me puso de espaldas sobre el colchón.

Me reí.

—Ahora, ese fue un buen truco.

Me devolvió la sonrisa, quitándose la ropa.

—Estoy a punto de mostrarte otros.

Cuando se quitó la camisa y la chaqueta, extendí mis manos, pasándolas sobre los abdominales de músculo frío. Él siempre había tenido un cuerpo delgado y musculoso, y me encantaba que eso no hubiera cambiado. Suspiré ante el simple placer de ser capaz de pasar mis manos por su pecho.

Él se inclinó y me besó, el beso aumentando en intensidad y deseo. Cuando se terminó, yo estaba jadeando en busca de aire. Su mano se deslizó hasta mi pecho y lo ahuecó, y luego él se movió hacia abajo, hasta que su boca se cernió sobre mi pezón, y el otro era provocado suavemente por su mano hasta tensarlo. Podía sentir su aliento sobre la punta de mi pecho.

—¿Lista?

Me retorcí debajo de él.

—¿Lista para qué?

No respondió, solo se inclinó y lamió mi pezón. Contuve el aliento ante la sensación de su boca en la punta sensible... y luego el afrodisíaco hizo efecto. Gemí cuando el intenso placer atravesó mi cuerpo en espiral, el pezón volviéndose caliente y duro por el deseo. Me arqueé debajo de él.

—Oh, Dios mío.

—Lo sé —dijo con aire de suficiencia, y luego lamió mi pecho de nuevo.

El segundo lametazo se sintió como si estuviera vibrando directamente en mi sexo, tan intenso era el placer. Mis manos apretaron la almohada detrás de mi cabeza y gemí de placer, jadeando cuando movió su boca al otro pecho e hizo lo mismo. Momentos más tarde, mis pechos eran faros gemelos de exquisito e intenso placer, y Edward no había terminado todavía conmigo. Se deslizó por mi vientre, presionó un breve beso en mi ombligo, y luego se cernió sobre el vértice de mis muslos.

—¿Lista? —Su murmullo grave y sensual rodó sobre mi piel, aumentando el intenso placer. Mis pezones estaban tan duros que dolían, y sentía que me caería de la cama si no ponía su boca sobre mí de nuevo.

—Edward, por favor. Oh, por favor…

Cuando puso su boca en mi sexo, el mundo entero se puso patas arriba, allí y en ese mismo momento.

Todo comenzaba y terminaba con Edward Cullen.

oOoOo

Unas horas más tarde, después de que Edward se hubiera alimentado y hubiéramos tenido sexo otra vez, nos acurrucamos bajo las sábanas. Ninguno de los dos había hablado mucho después, pero tampoco estábamos listos para dormir. El sol saldría muy pronto y dormiríamos entonces. Hasta que él cerrara los ojos, besaría y acariciaría cada centímetro de su cuerpo.

Sus dedos hicieron círculos en mi piel y yo tracé los contornos de su pecho, sintiendo cada contorno de sus marcados abdominales.

—Así que, ¿por qué Tanya está obsesionada contigo? —pregunté finalmente.

Suspiró pesadamente.

—Creo que es porque soy nuevo en la comunidad. Me ve como un juguete exótico, soy soltero y no tengo compañera de sangre. Piensa que como es una mujer vampiro, yo debería estar agradecido de que me quiera para compañero de sangre.

—¿Y por qué no la quieres? —pregunté, aunque no estaba segura de querer saber la respuesta.

—No quiero estar con Tanya. Un compañero de sangre es de por vida y la eternidad es mucho tiempo para pasarla con alguien que es sólo una comida conveniente.

Seguí pasando mis dedos sobre su pecho.

—Mencionaste compañero de sangre. ¿Eso es como el matrimonio?

—Un poco. Las normas vampíricas son bastante flexibles, pero un compañero de sangre es sagrado. Si estás emparejado, estás fuera del alcance de los demás. Llevas la marca del mordisco del otro en el cuello con orgullo, y pasan la eternidad juntos. Tanya no me gusta lo suficiente para un gran compromiso. Ella estaría en muchas mejores circunstancias estableciéndose con Felix, pero mientras esté interesada en mí, él tratará de sacarme del campo de juego. Parece pensar que si se deshace de mí, su atención se dirigirá de nuevo a él.

—Entonces ahí está la respuesta —dije, sentándome—. Necesitas una compañera de sangre.

Él me sonrió, rozando mi mejilla con sus dedos.

—Aún no he encontrado a una vampiresa con la que quiera pasar la eternidad.

¿Has encontrado a una no-vampiresa? No pregunté porque no quería saber la respuesta. ¿Y cómo podía esperar que Edward pensara en mí de esa manera? Me estaba engañando a mí misma. Una were-jaguar y un vampiro podían salir, pero él necesitaba a una compañera de sangre para salvarlo de un vampiro despiadado. Por la mañana, llamaría a la agencia y vería si ellos podían emparejarlo con una vampiresa. Tal vez su necesidad mutua podía servir a ambos.

Apoyé la cabeza en su pecho y me obligué a no pensar en ese tipo de cosas.

—Has estado por toda Europa, ¿no? Háblame de ello —dije, mi garganta dolorida. Distracción era lo que necesitaba.

— ¿Cómo era Roma?

—Vieja.

Lo golpeé en el pecho.

—No, de verdad.

—No, de verdad. Era vieja. Todo olía a viejo. Todo parecía viejo. Eso fue lo más importante que noté. Dondequiera que caminara, no podía dejar de pensar que miles de personas habían caminado por allí durante miles de años. Es increíble y humillante al mismo tiempo. Y hace calor, llena de gente y ruidosa, y simplemente no te importa, porque estás de pie en medio de la historia.

Cerré los ojos, tratando de imaginarlo.

—Suena maravilloso.

—Lo fue. —Su mano acarició distraídamente mi cabello—. Vi el Panteón, el Coliseo y la Fuente de Trevi, y tantas otras cosas.

—¿La Capilla Sixtina? —pregunté, esperanzada. Siempre había querido verla.

—Nop. No se puede encontrar un tour de noche.

Eso fue decepcionante. Me preguntaba cómo se había sentido respecto a su vampirismo cuando lo descubrió y acaricié su pecho de forma consoladora.

—Apuesto a que no es tan interesante de todos modos. Háblame de la fuente. — Quería imaginarlo allí, en medio de la multitud de Roma, absorbiendo las vistas, mezclándose con los turistas humanos, rodeado de maravillas.

— Háblame de todo.

Cuando pensó por un momento, su mano se detuvo en mi cabello y luego comenzó de nuevo.

—Es una fuente enorme. Pensé que era una piscina al principio, porque es larga y cuadrada como una, excepto que hay personas rodeándola y ese hermoso edificio barroco justo detrás. El centro de la fuente está lleno de estatuas, todas bellamente talladas con toda esta piedra, y caminas y piensas que has tropezado con alguna gruta donde los dioses han venido a jugar. Todo está iluminado. Me imagino que es preciosa durante el día, pero por la noche, todo el mármol es dorado y brillante, y es la cosa más increíble que jamás he visto. Hay miles de monedas en el agua, y es increíble pensar que cada una representa a alguien que se detuvo junto a la fuente y pidió un deseo.

Sonreí, con los ojos cerrados.

—Suena precioso.

—Lo fue.

—Ahora háblame de París.

—París... no fue tan grandiosa.

Lo golpeé de nuevo.

—Estás mintiendo.

—Tal vez.

Levanté la cabeza y lo miré. Arqueé una ceja.

—¿Estás minimizando deliberadamente las cosas para que no me ponga celosa de tus aventuras?

Me dio una sonrisa enigmática.

—Tal vez.

Eso fue dulce por su parte. Volví a apoyar la mejilla contra su pecho y le di un fuerte pellizco de advertencia en el abdomen.

—París. Detalles. Ahora.

Edward rió y envolvió su mano en mi cabello otra vez.

—Cuando llegué a París por primera vez, estaba lloviendo...


(1) Delicatessen: (abreviado a veces como deli) es un tipo de tienda especializada en el que se sirven alimentos que por sus características son especiales. Bien sea por ser exóticos, raros o de elevada calidad en su ejecución. Los productos ofrecidos suelen ser de elevado precio, o por lo menos de precio más elevado que los alimentos ofrecidos en otro tipo de tiendas.

(2) Becas Pell: se otorga sólo a estudiantes no graduados que aún no haya obtenido ni título universitario de cuatro años (bachillerato) u otro título profesional y que no se han excedido del tiempo máximo permitido (150%) para completar un primer bachillerato.

muchas gracias leerme!

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