Disclaimer: esta historia no me pertenece al igual que los personajes.
Summary: "Out With a Fang" presenta a Isabella Swan, una were-jaguar solitaria que se registra en la agencia de citas paranormal Midnight Liasions para una cita a ciegas. Cuando llega, descubre que su cita, un vampiro, fue el humano del que había estado enamorada hace cuatro años, pero se vio obligada a dejar por culpa de su padre. ¿Qué les deparara el destino?
Capítulo 6._
Mis ojos se abrieron de golpe, y miré a través de la pequeña habitación, tratando de descifrar qué me había despertado. Edward todavía estaba acurrucado contra mi costado, su respiración suave y uniforme.
Me senté, forzando mis oídos. Alguien estaba en la parte delantera de la tienda. Había oído el suave murmullo de la voz alegre del carnicero más temprano cuando él había ayudado a los clientes, pero ya eran las seis, y la tienda estaba cerrada.
Los pasos se acercaban. Mis oídos punzaron de nuevo. ¿Tal vez estaban reaprovisionando el mostrador delicatessen de las cosas en el congelador? Al oír los pasos, noté un patrón. Dos pasos y luego un suave rap-rap. Sucedió otra vez, y luego otra vez. Mi piel se erizó con conocimiento.
Dos pasos, rap-rap. Dos pasos, rap-rap.
Me deslicé de la cama y puse mi oreja contra la puerta. Dos pasos, rap-rap. Alguien estaba golpeando las paredes. Me tensé, mi instinto depredador totalmente alerta. Quienquiera que estuviera al otro lado estaba probando la pared cada pocos metros.
Una pausa, y luego otro rap-rap. Entonces oí la puerta a la antecámara siendo abierta.
Un gruñido se formó en el fondo de mi garganta, y me lo tragué, pero permití que las garras formándose en las puntas de mis dedos surgieran. Los pasos entraron en la pequeña antecámara contigua a nuestra habitación de seguridad y se detuvieron de nuevo. Oí bips cuando alguien oprimió el teclado. Una pausa, luego un poco más de bips. Luego una palabrota y otros botones, botones de teléfono, siendo oprimidos.
Con mi excelente audición, pude escuchar la conversación a través del teléfono.
—Oficina de Félix vulturi —dijo una voz alegre.
—Encontré el lugar —dijo el intruso, y capté el tufillo de un olor perruno. Mis puños se apretaron. El estúpido hombre lobo nos había rastreado.
—Excelente —dijo la mujer—. ¿Lo atrapaste?
—Está en una habitación de pánico. Necesito el código de acceso.
—Yo no lo tengo.
Casi suspiré de alivio.
—Entonces consíguemelo —dijo el hombre lobo, hosco.
—El Sr. vulturi no estará despierto durante al menos una hora o dos —dijo ella dulcemente—. ¿Debo dejarle un mensaje?
Él maldijo quedamente entre dientes.
—No, ningún mensaje. Llamaré a Dimitri cuando su hora de la siesta haya terminado.
—Muy bien, Sr. Jacob —dijo, y la llamada terminó.
Así que el lobo era Jacob, el vampiro cazando a Edward era Dimitri, y ellos iban a descender sobre nosotros como buitres tan pronto como llegara la hora de que los vampiros despertaran.
Teníamos que salir de allí. Mientras el hombre iba y venía al otro lado de la puerta, me arrastré de vuelta al lado de Edward y saqué su ropa de la pila en el suelo. Lo vestiría, y tan pronto como despertara, saldríamos de allí. Tal vez nos dirigiríamos a otra de sus casas de seguridad o iríamos a mi casa, al menos por un poco de ropa. Solo teníamos que ir a otro lugar, no me importaba dónde.
Lo vestí mientras dormía, primero poniéndole lentamente la ropa interior y luego subiéndole los pantalones por las piernas. La camisa de botones fue un poco más de trabajo, pero lo logré, manteniendo mis movimientos tan ligeros como pude. No dejé de mirar el reloj mientras trabajaba, esperando el momento de que hiciera clic otra vez.
¿A qué hora despertaba Edward? ¿Seis? ¿Seis y media? ¿Siete?
Fuera de la habitación, el hombre estaba apoyado en la puerta, silbando. Él pensaba que esperaría el maldito código de acceso y nos sacaría, pero yo no le daría esa oportunidad. Me senté a horcajadas sobre el pecho de Edward y puse mi mano sobre su boca, anticipando su despertar. Debo haber estado sentada allí durante diez minutos, mirándolo fijamente, esperando el aleteo de sus párpados.
Unos minutos más tarde, sus ojos parpadearon abiertos y dilatados, mirando hacia mí. Me incliné sobre él y presioné un dedo en sus labios, esperando que estuviera lo suficientemente despierto como para entender.
Hizo una pausa por un momento y luego asintió. Sentí sus dientes alargados contra mi mano al mismo tiempo que sentía su erección hinchándose en contra de mis caderas. Me incliné hacia su oído, susurrando lo suficientemente bajo para que el hombre lobo no fuera capaz de detectar mi voz.
—Hay un hombre lobo al otro lado de la puerta. Si nos oye, vamos a perder el factor sorpresa.
Quité mi mano, y él extendió la suya para agarrar la parte de atrás de mi cuello, atrayendo mi oreja hacia su boca.
—Esa es la única manera de salir de aquí.
Asentí con la cabeza. Ya lo sabía. Me incliné de nuevo, incapaz de resistirme a rozar mi lengua contra la concha de su oreja.
—Yo me encargaré de él.
Me agarró del brazo cuando traté de deslizarme fuera de él, sacudiendo su cabeza en un movimiento rápido y furioso. ¿No le gustaba la idea de que yo eliminara al hombre lobo? Pero yo era el depredador. Era la cambiadora fuerte. Flexioné mi mano, mostrándole las garras listas para salir de las puntas de mis dedos si dejaba que el cambio tomara el relevo.
Él volvió a sacudir la cabeza violentamente.
—Bella, no —articuló.
Me di la vuelta, dirigiéndome a la puerta de puntillas. Me quedé con el dedo en los labios, asegurando que Edward permaneciera en silencio, aunque no le gustara mi idea. Detrás de mí, oí su mano agitándose a través del aire, sin duda tratando de llamar mi atención y decirme qué mala idea era ésta.
Pero toda mi atención estaba centrada en la puerta. Cada cierto tiempo podía oír al lobo cambiando su peso y el suave repiqueteo de las teclas en su teléfono. ¿Mandando mensajes de texto? ¿Navegando por la Web? ¿Obteniendo el código de acceso, incluso ahora?
Con mi mano en el pomo, lo moví hacía abajo por milímetros silenciosos hasta que había girado completamente. Entonces abrí la puerta empujándola tan fuerte como pude, usando todo mi peso para impulsarla hacia atrás con fuerza.
El hombre apoyado contra ella cayó al suelo al otro lado. Oí el chasquido de su cráneo y su gemido de dolor cuando fue arrojado contra la pared opuesta. Salté sobre él. Había caído boca abajo, con una mano sosteniendo su cabeza. Me moví sobre su espalda, agarré su cabello y volví a golpear su cabeza contra el suelo.
Su cabeza hizo un ruido sordo y enfermizo, y él se quedó inmóvil.
—Maldita sea —dijo Edward detrás de mí—. Cuando dijiste que eras un depredador, no estabas bromeando.
Su elogio me complació, y sentí el absurdo impulso de ronronear. En cambio, froté un dedo bajo la nariz del lobo. Todavía respiraba, solo estaba inconsciente.
—Guarda tu halago para más tarde. Atémoslo.
Utilizamos las sábanas para atar de pies y manos al hombre lobo en la cama, luego lo encerramos dentro. Ahora nadie sería capaz de llegar a él a menos de que tuvieran el código de acceso. Edward parecía reacio a abandonarlo, pero le expliqué que tan pronto como despertara, empezaría a morder las ataduras de todos modos. Nuestro objetivo era poner a salvo a Edward. Cambié a mi forma de jaguar y abrí la marcha.
Otro lugar de Edward y mi casa probablemente serían demasiado vulnerables, por lo que nos dirigiríamos al apartamento de mi hermana. Estaba en esta parte de la ciudad, y esperaba que no estuviera demasiado furiosa cuando me presentara con un vampiro y un cazador de recompensas pisándonos la cola.
De cualquier manera, ella por lo menos tendría ropa para mí. Estaba bastante cansada de estar desnuda.
Quería apegarme a los callejones y sombras, pero Edward negó con la cabeza.
—Tomará mucho tiempo. Entre eso y el hecho de que tienen un rastreador, podrían encontrar nuestro rastro.
Él tenía razón.
Me puso un lazo rosa de collar, y mientras yo me escondía en un callejón próximo, entró en un negocio cercano para llamar a un taxi. Cuando el taxista nos vio, pensé que iba a marcharse, pero Edward ofreció suficiente dinero en efectivo para que el hombre me dejara entrar en el asiento trasero, aunque mantuvo el divisor de vidrio y me disparó miradas nerviosas todo el tiempo.
Hice todo lo que pude para parecer un felino manso y domesticado. Edward acarició y mimó mi cabeza mientras nos trasladábamos, su calma enmascarando el nerviosismo que ambos sentíamos.
Cuando el auto se acercó a una señal de alto, Edward se tensó, mirando por la ventana.
—Espere —le dijo al taxista—. ¿Podemos detenernos aquí?
Levanté la cabeza de su regazo, confundida.
El taxista miró al alto, luego de nuevo a mí, vacilante.
—No estoy seguro…
Edward sacó su billetera y extrajo varios billetes, agitándolos ante el taxista.
—Lo consiguió —dijo el conductor, entrando en un estacionamiento cercano.
— Esperaré aquí.
El taxi fue puesto en posición de espera, y Edward abrió la puerta y salió. Le dio un tirón a mi correa, indicando que debía seguirlo.
—Vamos, Bella. Tengo algo que mostrarte.
Cuando me escabullí fuera del taxi, escuché al taxista murmurar entre dientes la palabra "loco". Podía ver cómo Edward no parecía la persona más cuerda ahora mismo. Nos detuvimos en una calle lateral, con un alambrado que nos separaba de un parque cercano. Resultaba familiar, pero no tanto como para que entendiera por qué estábamos allí.
Edward saltó por encima del alambrado bajo y me sonrió desde el otro lado.
—Sígueme.
Como si pudiera protestar mientras estuviera en forma de jaguar. Tampoco podía quedarme ahí, no fuera que los pueblerinos sacaran sus armas. Así que salté por encima del alambrado, tratando de averiguar su plan.
Él se metió las manos en los bolsillos, dándome rienda suelta, y comenzó a pasear hacia adelante, silbando. Intrigada, lo seguí, observando nuestro entorno. Estábamos en un patio de recreo. Pasé una portería, la red ya no estaba. Podía oler la tiza con la que estaba rayada la cancha y oír el chirrido de un carrusel lejano. A un lado, un par de columpios se mecían con la brisa del anochecer, y Edward se dirigió hacia ellos. Se sentó en uno de los columpios y extendió una mano hacia mí.
Avancé, empujando mi boca contra su mano.
Sus dedos rascaron justo debajo de mis bigotes en un lugar que era el cielo puro.
Empecé a ronronear, apoyándome pesadamente contra él. No sabía por qué estábamos allí, pero por un breve momento, no me importó.
—Aquí es donde te vi por primera vez —reflexionó en voz baja.
Miré hacia arriba bruscamente. ¿Aquí? Esperaba una respuesta, y cuando él no continúo, empujé su mano con mi cara. Él me rascó de nuevo, así que lo mordí, ligeramente, solo lo suficiente para llamar su atención.
En lugar de estar asustado, Edward soltó una risa. Supongo que los dientes no asustaban a un vampiro.
—Lo siento. Sí, te vi por primera vez aquí. Estaba aquí para recoger a uno de mis primos de la escuela, y creo que tú estabas aquí para recoger a Rosalie.
Miré a mí alrededor. Efectivamente, se trataba de una escuela en la que Rosalie había trabajado hace unos años como maestra de tercer grado. Había olvidado todo sobre ello hasta que él lo mencionó. ¿Había conocido a Edward aquí? No lo recordaba.
—Estabas en el aparcamiento, y te vi apoyada en la puerta de tu auto. Pensé que eras lo más hermoso que jamás había visto —dijo en una voz casi soñadora—. Tenías cabello largo, marrón chocolate y rizado y un cuerpo pequeño y curvilíneo. Te veías tan suave y dulce, pero no podía despegar mis ojos de ti porque estabas tan segura de ti misma. Cada parte de ti parecía cantar con vitalidad y fuerza. Recuerdo haber pensado que me encantaría salir con una chica así. —Me miró, pasando los dedos por el pelo corto en mi hocico—. Estabas leyendo una revista. Seguí tratando de llamar tu atención, pero nunca levantaste la mirada. Eso fue una semana antes de clases. Cuando entré en Historia Americana y estabas sentada allí con una silla vacía a tu lado, pensé que era el destino.
No tenía ni idea. Ese pequeño y casual encuentro simplemente no se había grabado en mi memoria, y Edward nunca me lo había mencionado, incluso cuando estábamos saliendo. Por lo que yo recordaba, mi relación con Edward había comenzado el primer día de clases, cuando un chico guapo y alto con cabello revuelto se había sentado en una silla junto a mí en Historia y se había inclinado para tomar un lápiz prestado. Su olor había sido limpio, con solo una pizca de jabón y canela, como si hubiera estado masticando chicle. Recordaba sentirme encantada por eso y por la sonrisa que lanzó en mi dirección. La primera vez que se había pasado la mano por el cabello y lo dejó de punta, estuve perdida.
Edward rascó mis bigotes de nuevo.
—Supongo que estoy siendo sentimental —me dijo con una media sonrisa. Se puso de pie y se sacudió los pantalones arrugados.— De cualquier manera, quería mostrarte esto porque… —Luchó por decir lo correcto—. Bueno, supongo que porque me alegro de que estés de vuelta en mi vida, Bella. Se siente más rica contigo en ella.
No podía sonreír, así que me incliné y le di un suave lametazo a su mano, como diciendo: me alegro de que estés de vuelta, también.
—Amigos para siempre —dijo en voz baja.
Y yo resistí el impulso de morder su maldita mano…
¿Qué les pareció? ¿No es Edward el vampiro más adorableloso que ha existido en el mundo?
(N/A:)Lamento decirlo chicas pero este es el antepenúltimo cap. es decir, solo faltan 2 capítulos mas para terminar esta maravillosa historia.
¿reviews?
