Disclaimer: esta historia no me pertenece al igual que los personajes.

Summary: "Out With a Fang" presenta a Isabella Swan, una were-jaguar solitaria que se registra en la agencia de citas paranormal Midnight Liasions para una cita a ciegas. Cuando llega, descubre que su cita, un vampiro, fue el humano del que había estado enamorada hace cuatro años, pero se vio obligada a dejar por culpa de su padre. ¿Qué les deparara el destino?


Ya volví!

Sé que les gustaría estrangularme, pero les ruego no hacerlo.

He estado muy ocupada con la escuela, los exámenes y la búsqueda de nuevas historias para adaptar. Realmente lo siento.

Como recompensa les diré que este capítulo les va a encantar. xD

BESOS!


Capítulo 7._

Después de que el taxi nos dejara en el complejo de apartamentos de Rose, abrí el camino en dirección a su piso. Una pequeña luz estaba encendida en la ventana del apartamento del segundo piso, y suspiré con alivio. Ella se encontraba en casa.

Edward golpeó en su puerta, y esperamos. Un momento más tarde, Rose abrió la puerta y alzó la mirada hacia Edward sorprendida.

—Mierda, ¿Edward? Yo… —Su voz se interrumpió cuando me vio en forma de gata, frotándome contra las piernas de él.

Abrió más la puerta, dejándonos entrar.

—Espero que un fetiche de gatito no sea la razón por la que ella está usando ese feo collar.

Edward se rió, pero el sonido fue forzado.

—Necesitábamos un disfraz para ella. De lo contrario podría haber habido muchas preguntas.

Me agazapé en el suelo, bajo, y empecé mi transformación de regreso a mi forma humana.

—Un disfraz es una cosa. Un lazo rosa es sólo humillante —dijo Rose, para luego señalar hacia la cocina—. ¿Café? Ella estará en un minuto.

Edward me miró cambiando, luego se volvió hacia Rose.

—No gracias.

Ella se encogió de hombros y se cruzó de brazos, mirándolo fijamente, y luego volteándose hacia mí.

—Y yo que pensé que finalmente ella podría haber encontrado un sujeto con el que escaparse corriendo cuando estuvo perdida por los últimos tres días. — Olfateó el aire, luego frunció el ceño en dirección de Edward.

— Hueles como a…

—Lo soy —dijo él, mostrándole sus colmillos.

—Puaj —dijo rose arrugando a nariz. Me miró consternada.

— ¿No hemos caído muy lejos?

Me sacudí fuera de lo último de mi transformación y me flexioné, para luego estirarme.

—Te lo explicaré más tarde, Rosalie. Ahora mismo, tengo que pedirte prestado el teléfono.

Edward inmediatamente se quitó la chaqueta y me la entregó.

—Iré a por el teléfono, y unas bragas —dijo, sacudiendo su largo cabello rubio.

Alcanzó su bolso y sacó su móvil, y luego me lo dio.

—Llama primero a la agencia.

Le fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—Porque pusieron un IDL sobre tu novio vampiro.

Miré a Edward con alarma, luego volví a Rose.

—¿IDL?

—Sí. Intento de Localizar. La Alianza pensó que nuestro "Valjean" de aquí se hizo renegado y dejó tu cuerpo drenado en la zanja de algún lugar. Hay una cuadrilla peinando el área en su busca.

—No pareces preocupada —comentó Edward.

—No lo estaba —dijo Rose, y bajó su nariz hacia él—. Ella es una were-jaguar. Podría barrer el suelo contigo si hubiera querido. Es esa pelinegra nerviosa de la agencia que se está volviendo loca.

Oh, chico.

—Llamaré y lo explicaré todo.

Alice sonaba exhausta cuando contestó el teléfono, pero su agotamiento desapareció tan pronto como me escuchó. Recibí un intenso regaño, y pedí disculpas dócilmente por asustarla. No fue mi intención causarle esos días de preocupación, lo cual sonó como si así hubiera sido. Ella había pensado realmente que Edward me había asesinado y dejado en alguna parte. Había revocado su membresía de la Alianza, cancelado su registro de la base de datos de Midnight Liaisons, y dijo que había enviado su perfil al equipo de seguridad de la Alianza, el cual lo estaba buscando ahora mismo.

Esa era la mala noticia. Los vampiros renegados eran asesinados apenas verlos. Me puse unas bragas y un sostén.

—Valjean no hizo nada malo. He pasado los últimos días protegiéndolo.

—¿Protegiéndolo de qué?

—No importa —dije con rapidez, tirando una camisa sobre mi cabeza—. ¿Qué tan pronto puedes levantar el IDL para que sea seguro para él salir?

Ella escribió en el ordenador, y escuché un revoltijo de papeles.

—Acabo de enviar el mensaje al equipo operativo de la noche, pero no sé cuándo lo recibirán. Y luego tengo que esperar al cambio de turno para comprobar sus e-mails y mensajes de texto. Mantengan un bajo perfil, y los llamaré cuando tengamos el visto bueno.

—Bien —dije en voz baja—. Gracias. Lamento todo esto.

—Sólo no vayas a tu casa. Es uno de los puntos de vigilancia. Podrían lanzar ajo primero y preguntar después.

—Entendido.

—O a la casa de él. Sólo para estar seguros.

—Ok.

—O la casa de tu hermana.

Hice una mueca. Demasiado tarde.

—Gracias, Alice. Nos esconderemos durante otro día o dos.

Le di a ella el número del móvil de mi hermana y terminé la llamada, luego me puse unos pantalones de yoga, pensando con fuerza. Necesitaba cancelar mis tarjetas de crédito, comprobar si habían robado mi casa, llamar al trabajo y dejarles saber que estaba viva; había tantas cosas que tenía que hacer.

Pero me encontré nuevamente atraída por Edward. Si me iba a dejar pronto, quería pasar cada minuto que pudiera con él. Regresé a la sala, mi mirada devorándolo. Él se paseaba, mientras mi hermana miraba desde su posición privilegiada en el brazo del sofá, preocupado e inquieto.

Pareció distenderse al verme, aunque su mirada permaneció preocupada.

—Bella, no puedo quedarme aquí.

—Lo sé —dije con una mirada a mi hermana—. No es seguro para Rose. Tienen equipos buscándote, y a mí, en cierto sentido. Si vienen aquí, no quiero que la situación empeore.

Rose resopló y se puso de pie, los brazos cruzados sobre su pecho.

—No seas tonta, hermanita. Quédate.

Sacudí la cabeza.

—Edward es realmente poco popular ahora mismo. Voy a quedarme con él.

—No. —La voz de Edward fue baja pero resuelta.

Me giré para mirarlo con sorpresa. El terror curvado en mi estómago.

—¿Qué quieres decir con no?

—Es demasiado peligroso para ti. —Sacudió la cabeza—. La peor cita a ciegas jamás, ¿recuerdas? Es mi culpa que hayan pasado dos días demasiado largos. Probablemente estés cansada de vigilarme, y no te culpo.

Por supuesto que no estaba cansada de Edward. Lo amaba. Siempre lo había hecho, y siempre lo amaría. Estar con él nuevamente hizo que mi mundo se sintiera bien una vez más. Como si una pieza faltante hubiera encajado en el lugar. Había estado bien si él, pero no había sido feliz. Extrañaba ser feliz.

—Pero… —dije.

—Está bien, Bella —dijo, y tomó mi mano en la suya.

Rose dijo:

—Parece que necesitan un momento.

Cuando dejó la habitación, Edward puso su otra mano sobre la mía, mirando nuestras manos agarradas.

—Realmente aprecio lo que has hecho por mí en los últimos días. Has sido una muy buena amiga.

Ahí estaba esa maldita y jodida palabra con a nuevamente.

—No te puedes ir por tu cuenta. Ese hombre lobo está trabajando con el cazador de recompensas —dije, preguntándome si mi voz sonó tan desesperada como me sentía yo—. Pueden seguirte por tu olor. Y hay incluso más gente buscándote esta noche. Si sales sin mí a tu lado, muy bien podrías pintar un enorme objetivo en tu espalda.

—Mejor sobre mi espalda que en la tuya —dijo, y rozó sus dedos sobre mi mejilla en una caricia—. Has hecho suficiente. Sé que no quieres volver a verme. Pude saberlo en el momento en que te quitaste la venda. Fue obvio por la mirada en tu rostro, y siento que hayas estado encerrada conmigo. Tengo que dejarte volver a tu vida normal. Lamento haberte arrastrado a esto.

¿Qué vida? ¿Observando cámaras de seguridad en la unidad de almacenamiento? ¿Pasando mis noches aburrida y buscando unas primeras citas torpes en el servicio de citas? ¿Pasando mi tiempo lamentando las elecciones que he hecho?

—No lamento que me hayas arrastrado —dije con suavidad.

Se inclinó y me besó. Sentí el más leve roce de sus dientes contra mi labio.

—Adiós, Bella.

Y antes de que pudiera detenerlo, pasó junto a mí y abrió la puerta principal, mientras yo me quedaba sentada allí mirando fijamente. Me estaba dejando. La pesadilla de hace cuatro años impactó sobre mí una vez más.

Rose salió de su habitación unos momentos más tarde, sin duda sospechando que Edward se había ido.

—Entonces, ¿vas a dejar que se marche otra vez?

No dije nada, el nudo de mi garganta era tan grande como una bola de bolos.

—Sé que lo quieres —señaló Rose—. Normalmente, tienes una expresión miserable en la cara, pero esta noche estabas iluminada como un petardo. No se necesita ser un genio para darse cuenta que es él. ¿Y lo vas a dejar irse? ¿De nuevo? —Ella señaló hacia la puerta principal—. Los vampiros no están fuera del límite. ¿Cuál es el problema?

—Cree que sólo somos amigos —dije con amargura—. Me lo recordó varias veces.

Ella resopló.

—Podría no saber lo que está pasando entre ustedes dos, ¿pero la manera en que te mira? Es obvio que ustedes nunca fueron sólo amigos. ¿Dormiste con él?

Sentí mis mejillas calentarse.

—Ajá —dijo Rose conocedora—. ¿Y duermes con tus otros amigos?

—No.

—¿Tú piensas que él duerme con sus otras amigas?

Sorprendida, la miré.

—Supongo que no.

Me dio un empujoncito.

—Entonces supongo que deberías ir a decirle que tus partes de chica siguen teniendo pensamientos poco amistosos por él.

—Pero Rose, cree que lo engañé. No me lo preguntó, pero no pudo haberlo olvidado.

Todavía recordaba la mirada de total angustia en la cara de Michael, la tensión enfermiza en mi propio estómago, las lágrimas que no dejaría que fluyeran hasta después de que cerró la puerta.

—¿Alguna vez escuchaste sobre las segundas oportunidades? —Rose le dio a mi hombro un empujón con más fuerza—. Ve. Lo peor que puede decir es no, y entonces te convertirás en esa loca señorita gato a la que te estás dirigiendo de todas maneras.

Ella tenía razón. Tenía que intentarlo. Incluso si él me rechazaba, tenía que saber lo que realmente sentía. ¿Qué tenía que perder? Si él se iba, yo lo perdía todo.

Fui afuera y me detuve, oliendo en viento, buscando el aroma picante de Edward.

Quizás no era muy tarde. Yo podía explicarle lo que él había visto hace cuatro años. Tal vez podríamos tener otra cita, tomarlo con calma.

Tal vez dejaría de llamarme su amiga.

El viento llevaba la esencia de vampiro consigo, e inhalé, esperando llenar mis pulmones con el aroma de Edward. Tal vez me daría una segunda oportunidad…

Pero el aroma a vampiro no era de él. Jadeé.

—¿Bella? —gritó Rose desde el interior del apartamento, escuchando mi jadeo a través de la puerta.

Me lancé a través del estacionamiento, siguiendo el olor, buscando la forma familiar de Edward. ¡Allí!

Él iba dando grandes zancadas calle abajo en las sombras, las manos metidas en los bolsillos, la cabeza gacha. Su cabello picudo parecía plano y marchito, como si todo su ser se hubiera abatido. Una sombra se movió a su derecha, y vi al otro vampiro levantar la ballesta a su hombro.

Salí disparada hacia adelante, gritando.

—¡Edward! ¡Abajo!

Edward cayó al pavimento, su chaqueta volando detrás de él mientras rodaba al suelo.

Seguí corriendo hacia él, mis piernas rápidas a pesar de que mis pasos eran cortos. Podía alcanzarlo a tiempo. Podía.

Escuché el ruido de la ballesta al liberarse, y algo me impactó en la espalda, golpeándome hacia delante sobre mi estómago. Jadeé, quedándome sin respiración por un momento.

—¡No! —gritó Edward, el sonido ronco y áspero con indignación. Corrió hacia el hombre en los arbustos, y escuché su puño golpear en la boca del hombre. Los escuché pelear, sin embargo no podía concentrarme y ver lo que estaba pasando. ¿Estaba Edward cazando al sujeto? Escuché un grito desgarrador de un jaguar cercano, y el viento olía como a mi hermana…

Y sangre.

Al parecer no podía despegarme del suelo. Empujé, pero mis manos no estaban respondiendo correctamente. Algo estaba clavado en mi espalda, y se sentía como un atizador caliente. Líquido caliente y húmedo corría hacia abajo por mi columna, y me di cuenta que había sido disparada con la ballesta.

—Bueno, mierda.

—¿Bella? —Edward estaba a mi lado. Intenté levantarme de nuevo, pero yo era como un insecto clavado en un tablero. Ridículo que yo fuera tan fuerte y fuera derribada por algo tan pequeño. Las manos de Edward tenían magullones en los nudillos cuando se acercó a mí, y fueron suaves mientras me ayudaba a sentarme. Me acunó en su regazo.

—No, Bella, no. Cariño, ¿por qué viniste detrás de mí? —Noté sangre manchando su camisa, mi sangre. Sus ojos brillaban con furia, sin embargo apartó el cabello de mi rostro con ternura—. Te dejé para que estuvieras a salvo.

—Estabas en peligro —dije con suavidad.

—¿Viniste tras de mí porque estaba en peligro?

Se estaba volviendo difícil respirar, mi pecho se sentía pesado. Quería toser pero no tenía fuerza en mí para hacerlo.

—Quería decirte —dije con debilidad—. No quiero que seas mi amigo.

En la distancia, escuché el gruñido y el crujido de los dientes de Rose al hundirse en el vampiro, asegurándose que no nos molestara nunca jamás.

Edward acarició mi cara, sus dedos temblando.

—Te amo —dije suavemente. Estaba tan cansada, y parecía importante decirlo ahora, mientras podía—. Siempre te amé. No te engañé… en ese entonces.

—Lo sé —dijo con brusquedad, luego me besó—. Siempre lo he sabido. Todo lo de la cita a ciegas fue una trampa. Sólo quería verte de nuevo. Todo lo que hice, la venda, el estúpido cambio de mi voz, todo eso fue para conseguir que te quedaras unos minutos más.

—¿Cómo…? —pregunté, pero las cosas se estaban volviendo oscuras, y estaba repentinamente irritada por los fallos de mi cuerpo. Quería escuchar su historia. ¿Cómo lo había sabido siempre?

—Bella, te amo. Nunca dejé de amarte.

Sonreí débilmente hacia él, a su rostro haciéndose cada vez más difuso.

—Tu momento de la oportunidad es una mierda.

Me acunó más cerca y presionó un beso en mi boca.

—No quiero perderte. Por favor, Bella, no dejes que te pierda. —Sus ojos ardían negros por la emoción—. ¿Te quieres quedar conmigo? ¿Confías en mí? Porque no estoy listo para dejarte ir.

—Tampoco yo —dije suavemente, pero supe que no importaba. Pronto no importaría.

—Entonces no te enojes conmigo por hacer esto —dijo, y hundió sus colmillos en mi garganta.

Me puse rígida por el destello de dolor; no me había lamido para aliviar la mordida.

Pero sólo un poco de dolor. La quemazón rojo ardiente entre mis costillas se había encendido abarcándolo todo, y estaba lejos de sentirse mejor. El mundo se estaba haciendo cada vez más oscuro y borroso.

Sentí los colmillos de Edward deslizarse fuera de mi cuello, lo sentí presionar un beso rápido allí.

—Hazlo. —Escuché sisear débilmente a mi hermana—. ¡Maldición, tan sólo hazlo!

—¿Y si ella nunca me perdona? —dijo Edward, su tono angustiado.

Eso es ridículo, pensé débilmente, el mundo volviéndose negro. Siempre perdonaría a Edward lo que fuera.

Después una muñeca fue empujada entre mis dientes, sangrando y goteando. El rostro de Edward se cernía sobre mí.

—¡Bebe, Bella! Bebe.

oOoOo

Cuando desperté, me sentía… diferente. No físicamente diferente sino en mi conciencia.

Como si una puerta hubiera sido abierta. Como si algo de repente se hubiera encendido como un interruptor. Como si fuera seguro salir y jugar. Por qué me sentía así, no tenía idea.

El mundo estaba mortalmente tranquilo a mí alrededor. Demasiado callado. Mis ojos se abrieron, y miré a mi alrededor. Una mano me acariciaba la mejilla.

—Estás despierta.

La voz de Edward. Automáticamente me volví hacia él. Me estaba sonriendo, su expresión increíblemente tierna mientras sus dedos acariciaban mi mejilla.

—¿Por qué está todo tan callado? —murmuré, mis palabras sonando como yunques en la calma.

—No te preocupes por eso. Todo está bien. ¿Cómo te sientes?

—Diferente —dije lentamente—. No malo, sólo diferente. ¿Algo… algo pasó?

—¿No lo recuerdas?

Recordaba fragmentos y pedazos, pero había una niebla mental que no podía sacudir.

—Recuerdo a Rose… y a ti yéndote… —Pensé con fuerza por un momento y luego jadeé cuando la ráfaga de recuerdos brotó de una represa—. ¡El cazador de recompensas! Él… me disparó, ¿no? —Mi mano se levantó y deslizó sobre mi pecho, sintiendo un agujero de la flecha. Ya no sentía el atizador caliente y punzante de dolor. ¿Alguien había sacado la flecha?

— Y luego todo se volvió oscuro, y tú… —Recordaba vagamente a Edward empujando su muñeca entre mis labios y el sabor de la sangre inundando mi boca.

Mis dientes hormiguearon, y algo salió de mi boca, la punta de ese algo clavándose en mi labio inferior.

—¡Ow! —Puse una mano en mi labio, sorprendida. Mis dos incisivos se habían distendido ante el pensamiento de sangre. Sentí el largo de un diente y me di cuenta que era largo y levemente curvado. Como un colmillo. Como los de Edward.

Lo miré. Había olido picante y único como vampiro antes, pero ahora su aroma era… intoxicante. Delicioso. Hizo a mi boca babear sólo por acercarse a él. Él había cambiado.

Y yo tenía colmillos.

Lo miré sorprendida.

—¿Fú fuiste fien fe fonvirtió?

Edward me miró, sus ojos intensos.

—Si quieres retraer los colmillos, concéntrate mentalmente en meterlos hacia adentro. Es como aprender a usar un nuevo músculo. Lo resolverás con el tiempo, al igual que resolviste cómo hablar alrededor de ellos.

—Pero…

—Colmillos primero —dijo suavemente—. Luego hablaremos.

Miles de preguntas quemaron mi mente, pero no iba a ser capaz de mantener una conversación sin sonar como Elmer Fudd. Así que cerré los ojos y me concentré en pensar en dientes normales, y mis colmillos se retrajeron. Los sentí deslizarse bajo mis encías. Bien, eso fue raro. Mis ojos se abrieron, y le di a Edward una mirada significativa.

—¿Respuestas ahora?

—Te estabas muriendo —dijo, su voz baja con angustia. Su mano acarició mi pelo, luego enredó sus dedos en él, sosteniéndome sujeta contra él—. Tomaste una flecha en mi lugar, una flecha que me habría estacado en el corazón. En cambio, cuando él te escuchó llegar, te disparó.

—No podía dejar que te matara —dije, pasando mi mano sobre su pecho, buscando heridas. Raro, pero su piel se sentía caliente para mí ahora. ¿La temperatura de mi cuerpo era mucho más baja? Sólo pasar mis dedos sobre él se sentía delicioso, como si su maravilloso olor se estuviera rozando sobre mi piel.

Edward gruñó ante mis dedos exploradores, y su mano capturó la mía, manteniéndola presionada contra su pecho.

—Bella, tú… te pregunté si podía salvarte. Seguramente sabías…

En realidad, no se me había ocurrido.

—No estaba pensando claramente. Algunas estrellas se dispararon en mi pecho, ¿recuerdas? —Se veía… delicioso. Tanto sexualmente como físicamente. El hambre tenía un borde completamente diferente cuando uno era un vampiro.

—Realmente no sabía con lo que estaba de acuerdo.

—Lo siento mucho, Bella. No podía dejarte morir, así que lo ofrecí. —Cerró sus ojos y agachó la cabeza, como si le doliera el pensamiento de convertirme en contra de mi voluntad—. Tengo una pequeña fortuna que me dejó mi benefactor vampiro. La cortesía vampírica expone que debo pasarte el favor y darte la mitad.

Alcé la mirada hacia él, a su boca bella y firme. Me pregunto si sabría diferente cuando me besara ahora. Mis colmillos se empujaron de nuevo, y deseé deslizarlos de vuelta al interior. Sólo había escuchado la mitad de lo que él dijo.

—¿La mitad? ¿Mitad de qué?

—Mi fortuna. Diez millones.

Eso registró mi mente.

—¿Tu fortuna es de diez millones de dólares?

—En realidad, mi fortuna es de veinte millones. La mitad es tuya. Es lo menos que puedo hacer por convertirte en contra de tu voluntad. —Su mirada buscó mi rostro, desesperado—. No lamento que estés viva, sin embargo.

No, tampoco yo, en realidad. Pensé un momento.

—¿Esa extraña sensación de alivio cuando me desperté?

—El sol está bajo —murmuró él—. Lo sentirás cada día. Es el instinto diciéndote que te mantengas alejada hasta que se vaya.

Instintos inteligentes.

Lamí mis labios y lo miré, notando lo decadente que estaba su piel pálida. Toda esta cosa de vampiro era… erótica. Froté mi pulgar contra su pecho desnudo, ahora notando que mis piernas estaban entrelazadas con las suyas. Ambos estábamos abrazados bajo las sábanas en una cama grande. Yo llevaba puesto el sostén y las bragas prestadas, y Edward no usaba nada. Era tan injusto. Clavé mis dedos en su pecho, arañándole la piel e inhalando bruscamente el delicioso aroma de él.

—Yo… creo que tengo hambre.

Como si fuera una señal, mis dientes volvieron a deslizarse, aunque esta vez, no apuñalaron mi labio. Mientras miraba a Edward, noté sus dientes deslizarse hacia afuera, también descendiendo, y su erección creció con fuerza contra mi pierna.

—Entonces debes beber de mí —dijo Edward suavemente. Se recostó en la cama junto a mí y desnudó su garganta—. Pero ve lento, y no tomes mucho tu primera vez.

Mi boca se hizo agua ante la vista de su pálido cuello. Dios, olía bien.

—¿Me afudarás? ¿A afravesarlo?

Su mano se movió hacia mi hombro, y asintió, acercándome. No necesitaba mucho más estímulo. Me incliné sobre él, mi cabello derramándose sobre mi hombro. Lo apartó hacia un lado, y me estremecí ante el roce de sus dedos en mi sensible piel.

—Encuentra la carótida —dijo, su voz baja, fuerte, y retumbante a través de mí—. No hay pulso en un vampiro, pero puedes oler la concentración de sangre allí.

Me incliné y olí su cuello y casi me desmayé por su embriagador aroma.

—Fero todo tú fuele defasiado fien —dije, incapaz de resistir rozar mis pechos contra su pecho.

Gruñó.

—Entonces escoge un lugar. Recuerda lamer la piel primero.

Mi lengua se lanzó entre mis dientes, y acaricié el costado de su cuello, golpeando su piel con mi lengua. Mis bragas empezaron instantáneamente a mojarse. Dios Santo, esto era un incendio sexual.

—Lame… de nuevo —dijo Edward, su voz sonando tensa.

—¿No lo fonseguí lo suficienfe? —murmuré entre dientes.

—Sólo lame de nuevo —gruñó, y su mano fue a la parte posterior de mi cabeza, presionándome contra su cuello—. Se siente increíble.

Un intenso relámpago de placer se disparó a través de mí, y lo lamí lentamente, disfrutando de su gemido. Era caliente.

—Ahora —dijo, respirando con fuerza—. Muerde. Suavemente. Cuando tus dientes estén dentro, sabrás que hacer.

Lamí su garganta otra vez y entonces suavemente presioné las puntas de mis colmillos contra su piel. La atravesaron, afilados, y sentí mi boca llenarse de sangre, espesa, rica y decadente. Escuché el gemido de placer de Edward mientras tragaba mi primer bocado de sangre… y trataba de beber más. Era mejor que nada que hubiera probado alguna vez, la dulce e intoxicante esencia de Edward, hecha pura y destilada ambrosía.

Succioné con fuerza, mi lengua lamiendo contra su piel mientras bebía, sin querer perder una gota.

—No mucho —advirtió, incluso mientras su boca acariciaba mi cuello. Lo sentí empujar mi cabello a un lado y lamer mi garganta—. Dios, Bella, quiero beber de ti, también. ¿Puedo…?

Empujé su cabeza contra mi cuello como respuesta, todavía bebiendo.

Sentí su lengua lamer rápidamente mi garganta una vez, luego sus colmillos hundirse, y un intenso placer me atravesó. Mi cuerpo se tensó en un orgasmo mientras continuaba bebiendo, los dos con los cuellos entrelazados, nuestros dientes hundidos en el otro.


Bueno chicas uno más y se acaba esta maravillosa historia.

De nuevo les pido disculpas por la demora y espero que les haya gustado el cap.

¿reviews?