Bajo El Mismo Techo.

By LadyCornamenta.

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Capítulo 15: No todo está perdido.

Estuvimos dando vueltas alrededor de los árboles, escuchando sólo el murmullo de los pájaros y nuestras ruidosas pisadas sobre las ramas y hojas que alfombraban el suelo de forma salvajemente uniforme. No sé con exactitud cuanto tiempo caminamos, pero, en lo que me pareció horas, los pies comenzaron a dolerme. Fatigada, me apoyé contra el tronco de un frondoso árbol. Edward, que venía detrás de mí, se detuvo.

—Estoy agotada —comenté, echando la cabeza hacia atrás.

—Ven —pidió Edward.

Lo vi hacer un gesto y ponerse de espaldas a mí.

—Pero…

—No volveré a correr, tranquila —me aseguró, con una suave sonrisa de lado.

Con total delicadeza me cargó a su espalda y yo volví a ubicar mis brazos alrededor de su cuello. Esta vez, comenzó a andar con tranquilidad, apartando ramas y corriendo hojas para que no me golpearan. Pronto llegamos a una zona repleta de troncos entrelazados que hacían una especie de pasadizo. Edward se inclinó con cuidado hacia delante.

—Agacha la cabeza —me pidió.

Con cuidado, hice lo que me había pedido y oculté mi rostro en el hueco entre su cuello y su hombro. Aspiré aquél perfume tan particular que desprendía su cuerpo y, casi de forma inconciente, rocé la piel de su cuello con mi nariz. Edward me miró por sobre su hombro y yo, completamente avergonzada, volví a ocultar mi rostro en su espalda. Sentí, mientras seguíamos andando, como su cuerpo se agitaba de forma suave por la queda risa entre dientes.

Transcurrimos unos cuantos metros más, hasta que sentí como Edward me depositaba suavemente en el suelo. Con cuidado, quité mis brazos de su cuello; entonces, él se giró para mirarme.

—¿Estamos mejor que antes? —pregunté, con una mueca.

Él negó suavemente con la cabeza.

—Veo más luz, lo que quiere decir que estamos más cerca de la salida —me comentó—; pero no tengo idea de donde estamos.

Suspiré.

—¿Debemos seguir caminando? —pregunté, con la misma mueca de disgusto.

Sonrió suavemente.

—Puedes seguir en mi espalda, si quieres —replicó. Quise hablar, pero no me dejo—. Aún no estoy cansado, tranquila.

Otra vez, no sin cierta incomodidad, volví a montarme en su espalda, mientras él retomaba la marcha por el paisaje completamente verde. Seguimos andando en silencio por unos cuantos minutos, hasta que escuché su suave voz entre el murmullo de las hojas a nuestros pies.

—¿Bella? —preguntó suavemente.

—¿Si?

—¿Tú… has vuelto a hablar con Jacob? —preguntó.

Me quedé sorprendida con su pregunta y tardé varios segundos en elaborar mi respuesta.

—Lo he visto el otro día por casualidad, en la playa, pero no hablamos demasiado… ¿Por qué? —inquirí, luego de hablar a toda velocidad.

Se encogió suavemente de hombros.

—Curiosidad —respondió, sonando desinteresado, mientras apartaba una frondosa rama.

—¿Curiosidad? —pregunté yo, escéptica—. ¿Qué es lo que pasa con Jake?

Sentí que su espalda se tensaba.

—Lo que pasa con Jacob —replicó, evidentemente algo molesto con el sobrenombre— es que simplemente nosotros dos no… congeniamos.

Me acerqué un poco más a él por sobre su hombro y lo miré alzando una ceja, cuando el giró su rostro.

—De verdad, Bella, nunca nos llevamos bien —confesó Edward—. Claro que…

—Que… ¿Qué? —pregunté ansiosamente.

—Ambos nos peleamos por cosas nuestras y… bueno… él no es un buen chico para ti —habló, y creo que no miento al decir que sentí que su voz era vacilante.

Hice fuerza para que nos detuviéramos y me bajé de sus hombros. Edward se volvió para mirarme y yo lo tomé de los hombros. Sus ojos se mostraban confundidos, a diferencia de los míos, que seguramente demostraban seguridad; porque, al notarlo vacilar, por primera vez sentía que realmente podía contra él.

—¿Él no es un buen chico para mí? —pregunté, de forma extrañamente suave—. ¿Con que derecho dices eso? —le dije, aunque sin enfado en mi voz

—Lo conozco mejor que tú, Bella —dijo aterciopeladamente, cerrando los ojos y dando un gran suspiro.

—¿No lo dices por… celos? ¿No estás celoso de él? —pregunté yo, cerrando los ojos también e inclinándome hacia delante suavemente.

Su frente chocó con la mía y me estremecí cuando sentí su aliento cerca de mi rostro. ¡Cómo necesitaba que me respondiera aquello!

—Completamente —confesó y yo abrí los ojos con sorpresa.

Sus obres verdes me miraban desde cerca. Sin duda, aquél era el verde más hermoso de todo el bosque.

—¿Qué? —pregunté atónita.

—Que estoy completamente celoso de él —repitió, como si estuviera comentando el hermoso clima que se presentaba—, pero eso no viene al caso ahora —agregó—. Si te digo que te alejes de él, es por tu bien, no por el mío.

Pasó de forma suave su mano por mi cabeza, acariciando mis cabellos.

Yo, por mi parte, me incliné hacia delante y probé rozar mis labios con los de él. Cuando vi que no se apartaba, presioné un poco mi boca contra la suya. Nuestros labios comenzaron a adaptarse y sentí la necesidad de llevar mis manos a su cabello de bronce. Sentí que respondía a mi contacto abrazando mi cintura y me sorprendí cuando el árbol que se encontraba detrás de nosotros chocó contra mi espalda de forma suave. Antes de que me diera cuenta, Edward separó sus labios de los míos y, luego de dejar un suave beso en mi mandíbula, se separó de mí.

—Eres demasiado buena para él —me aseguró, acariciando mi rostro—. Eres demasiado buena para cualquiera.

—No para ti —rematé.

Después de todo, ya estaba demasiado frustrada de que siempre me alejara. ¿No besaba lo suficientemente bien o qué?

Lo vi sonreír tenuemente.

—Eres mucho más de lo que podría pedir, Bella —me aseguró, haciendo que mi corazón latiera como loco—. Nunca dudes de ello.

Seguimos caminando en silencio y aún podía sentir los desbocados latidos de mi corazón dentro de mi pecho. La calidez de los labios de Edward y el significado de sus palabras aún quemaban dentro de mí.

Después de otro largo camino, mi acompañante comentó que recordaba algo del paisaje. Estaba seguro que por allí había comenzado su carrera. Amenamente, comenzamos a juntar ramas del piso y a cargarlas, mientras seguíamos en la misma dirección. Sentí una gran tranquilidad cuando vimos que los árboles se abrían, dándonos acceso al enorme claro. Dejando escapar un suspiro, seguí caminando detrás de Edward, con las ramas entre mis manos, hasta que divisamos al grupo de cuatro jóvenes acomodados sobre la hierba. Alice corrió hasta nosotros y, cuando se detuvo, puso las manos en sus caderas mientras nos miraba reprobatoriamente.

—¿Qué demonios estaban haciendo ahí? ¡Me tenían preocupada! —se quejó, con voz más chillona de lo normal—. ¡Si querían estar solos, por lo menos podrían haber avisado!

Sentí mis mejillas tibias, mientras fulminaba a la menor de los Cullen con la mirada.

—Nos perdimos, Alice —respondió Edward, con un suspiro cansado.

La pequeña lo miró con confusión.

—¿Se perdieron? ¿Cómo que se perdieron? ¡Sólo tenían que buscar un par de ramas! —comentó rápidamente.

Edward le contó brevemente lo que había sucedido en el bosque, obviando aquellos detalles innecesarios que podían ponernos en vergüenza o incitar a Alice a hacer de doctora corazón. Finalmente, luego de zafarnos de las garras de la pequeña diablilla, comenzamos a preparar un fuego no demasiado grande con las ramas que habíamos conseguido. Saludamos a Jasper y a Rose y comenzamos a charlar con ellos, mientras Emmett y Alice trataban de preparar la comida que habían llevado.

—¿Es seguro dejar a Emmett con la cocina? —comentó Jasper con desconfianza, viendo como el mayor de los Cullen cargaba unas bolsas cerca del fuego.

Rosalie se encogió de hombros a la par de Edward.

—No creo que sea tan peligroso —comentó la rubia del grupo, con tranquilidad—. A lo sumo, terminará con alguna quemadura.

Su hermano rió entre dientes, mientras Edward sonreía tenuemente de lado.

Extrañamente, luego de posar mis ojos en este último, me encontré sonriendo yo también.

Estuvimos allí sentados, comiendo y hablando. Emmett cocinó sin ningún percance de por medio y pudimos disfrutar de un ameno tentempié. Varias veces, me vi ante el estudio de la persistente y aguda mirada de la pequeña Alice, que parecía sorprendida cada vez que Edward enseñaba una sonrisa suave en su rostro. Después de todo, yo misma estaba bastante sorprendida de que siguiera sonriendo, tenuemente pero con mucha frecuencia.

Luego de la comida, Jasper y Emmett comenzaron a jugar con bate y pelota y empezaron a molestar a Edward para que se les uniera. Al quedar impares, el más grande del grupo comenzó a fastidiar a su novia que, con indignación, se levantó murmurando algo acerca de patear traseros.

Alice y yo reímos y luego la vi ponerse de pie, mientras me extendía la mano.

—Vamos a meter los pies en el río —comentó con entusiasmo.

Tomando su mano, me puse de pie y la seguí.

Nos sentamos en la orilla del río y ambas nos quitamos las zapatillas y las medias, para luego meter los pies dentro del agua fría. Una placentera sensación vino a mí y me apoyé de costado contra una piedra, mientras Alice sonreía. Nos quedamos un segundo así hasta que, inesperadamente, la pequeña me miró con ojitos llenos de ilusión.

—Eres maravillosa, Bella —comentó soñadoramente.

La miré confundida.

Sin embargo, no pude preguntar nada porque todo pasó demasiado rápido. Sentí un fuerte impacto en mi espalda y lo último que supe luego es que estaba dentro del río, maldiciendo entre dientes. Luego escuché un grito y una risotada. Saqué la cabeza del agua, sintiendo mi pesado cabello mojado cayendo a ambos lados de mi rostro. Entonces, divisé a Emmett mirándome con una mal disimulada sonrisa y a Alice aún sentada en el borde del río, observando reprobatoriamente a su hermano. Jasper, Edward y Rosalie llegaron y también miraron mal al mayor de los Cullen.

—No tenías que ser tan salvaje —comentó Rose a modo de regaño—. Era sólo un punto, Emmett.

Vi como Edward y Jasper se acercaban al río y, tendiéndome una mano cada uno, me ayudaron a salir del agua. La cálida brisa me golpeó repentinamente y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Vi como Emmett se disculpaba con la cabeza y se sacaba la camiseta que traía puesta. Me la pasó con un gesto arrepentido.

—Sécate y ponte esto —pidió—, perdón por el golpe —agregó, con una media sonrisa.

Sonreí levemente antes de salir caminando hacia la parte de los árboles, con la intención de cambiarme detrás de alguno de ellos. Pronto me saqué la campera y la remera, que estaban completamente empapadas, me escurrí un poco el pelo y me puse la camiseta de Emmett, que me quedaba casi como un vestido y olía a aquél perfume fuerte que lo caracterizaba. Con cuidado de no arruinar la prenda, la anudé a un costado, dejándola a la altura de una camiseta normal. Volví con el grupo, donde Alice se encontraba ya sentada sobre la hierba con Rose y Edward, mientras Jasper seguía haciendo unos golpes con Emmett.

Los tres me miraron.

—¿No tienes frío? —preguntó Edward—. Mira que…

—No, no, estoy bien —aseguré. Bajo la resolana no tenía calor, pero tampoco frío.

—Se siente culpable porque fue él quien bateo —comentó Rosalie, señalando con el pulgar a Edward, mientras ponía los ojos en blanco. Luego lo miró—. Deberías dejar de hacerte cargo de las idioteces que hace tu hermano —comentó con una sonrisa.

—Si hablaban de hermano que hace idioteces, aquí estoy yo —dijo Emmett con una gran sonrisa, poniéndose en cuclillas para quedar a nuestra altura.

Estuvimos allí un rato más, bebiendo algo, conversando y jugando cartas. Mientras Alice se ponía de pie para festejar su victoria, Emmett se levantó rápidamente y comenzó a perseguirla muy de cerca. Todos empezamos a reír mientras los veíamos alejarse. Jasper hurgó en el pequeño bolsito de Alice y sacó una llave, para luego ponerse de pie junto con su hermana.

—Mejor vamos a buscar los autos —comentó Jasper—. Hasta que Emmett atrape a Alice, tendremos un buen rato —agregó con una sonrisa.

Edward torció sus labios de lado y los dos hermanos, no sin cierta sorpresa en sus rostros, comenzaron a caminar. Mi acompañante empezó a guardar las cosas con parcimonia, aún sentado a mi lado. Mientras tanto, yo me quedé observándolo, hasta que una fresca brisa me generó un escalofrío, que me hizo sacudirme suavemente. Edward me miró casi al instante.

—¿Tienes frío? —preguntó otra vez.

—Sólo un poco, pero no pasa nada —respondí—. Ya nos vamos.

—No lo creo —replicó Edward, mirando el lugar por donde Emmett y Alice habían desaparecido.

Luego, con rapidez, se quitó su campera gris y la pasó ágilmente sobre mis hombros. Su esencia me embriagó por unos instantes, mientras él acomodaba la prenda sobre mi espalda. Vi acercar su rostro levemente.

—¿Mejor? —inquirió con voz suave.

Me abracé a mi misma, mientras asentía. Edward se quedó mirándome por un momento, haciéndome incomodarme notablemente y generándome un suave escalofrío. Su interpretación del mismo debió ser errada esta vez porque chasqueó suavemente la lengua.

—Ven aquí.

Lo próximo que sentí, luego de su voz de terciopelo, fue su brazo sobre mis hombros y su mano tirando suavemente para acercarme a él. Por inercia, apoyé una de mis palmas contra su pecho, y prono sentí las suaves caricias de su mano sobre mi húmedo cabello. Cerré los ojos, disfrutando de aquél contacto y sintiéndome levemente adormilada. Definitivamente, estaba segura que podría pasar toda una eternidad sentada allí.

Nos quedamos un buen rato en silencio y comprendí que había algo en Edward que me hacía sentir tranquila, algo que me generaba una extraña necesidad de tenerlo cerca; sobre todo después de nuestra conversación en la playa. Sin embargo, no estaba segura de que él se sintiera de la misma manera. Él tenía su pasado, su historia; pero, sin dudas, lo que más me dolía de todo aquello es que él tenía un viejo amor. ¿Había olvidado a Tanya después de… su muerte? ¡Demonios! ¡Me costaba tanto pensar en ello! Suspiré contra el pecho de Edward y alcé los ojos, para encontrarme con su mirada del color de las esmeraldas. Acercó un poco su rostro al mío y me miró interrogante.

—¿Qué sucede? —preguntó, con aquel tono suave y dulce que venía usando conmigo recientemente.

Suspiré. Estábamos tranquilos, sin nadie a nuestro alrededor y en un momento confidente. Todas las condiciones se daban a mi favor, pero tuve que respirar varias veces antes de poder conseguir un poco de valor para hablar.

—Edward —lo llamé suavemente—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Lo vi fruncir el ceño suavemente.

—Supongo que si.

Tomé aire otra vez.

—¿Tú aún…? —me mordí el labio inferior con incertidumbre, mientras apartaba mis ojos de los suyos—. ¿Tú aún estás… enamorado… de Tanya? —pregunté en un susurro demasiado suave.

Sin embargo, su cuerpo tenso me indicó que me había escuchado.

—Yo… —se quedó unos segundos, luego de que la voz se le apagara—. Yo la quería mucho —me confesó de forma suave—, pero se que es algo que debe… quedar en el pasado… como una enseñanza, quizás.

¿Enseñanza? ¿A qué se refería?

Lo miré, para encontrarme con sus dolidos ojos verdes.

Pasé mis manos por su cintura mientras lo abrazaba suavemente.

—¿Pero tú… aún sientes algo por ella? —pregunté, intentando ser lo más sutil posible.

No quería que se sintiera mal por mi culpa, pero necesitaba saber aquello.

Necesitaba saber si yo tenía alguna oportunidad.

—Siempre sentiré algo por ella, Bella —me aseguró—. Antes de ser otra cosa para mí, ella fue una amiga, casi una hermana. Por lo menos cuando éramos pequeños…

Asentí quedamente, aunque sin acabar de comprenderlo realmente.

—Pero, entonces… ¿Por qué no quieres volver a… enamorarte? —pregunté tímidamente.

Él suspiró.

—Alice no sabe callarse las cosas —murmuró más para sí que para mí. Luego una sonrisa nostálgica apareció en sus labios—. A veces me gustaría haber heredado un poco de esa personalidad que ella posee.

Lo miré interrogante.

—Esa naturalidad, esa espontaneidad y facilidad de decir las cosas; pero, sobre todo, esa percepción para saber como se desarrollarán los hechos, ese… sexto sentido —explicó—. Yo carezco de todo ello.

¿Por qué lo decía?

Estaba realmente confundida.

—Bella yo… —se quedó pensativo mientras me miraba—. La verdad es que no creo que pueda querer a nadie luego de lo que sucedió,… como no creo que nadie pueda quererme a mí.

Lo miré confusa, casi indignada.

—¿Cómo que nadie puede quererte a ti? ¿Con que fundamentos dices eso? —pregunté.

—No tengo nada que ofrecer, Bella —respondió simplemente—, y es demasiado lo que hay para perder.

Alcé un poco la cabeza, apoyándome contra su pecho, y mirándolo con decisión. ¿Cómo podía decir todo aquello? ¡Tenía tanto que ofrecer! ¡Si tan sólo abriera lo ojos!

—Edward —llamé, con un susurro suplicante, luego de un prolongado silencio—, déjame intentarlo.

Me miró sorprendido.

—¿Qué?

—Déjame probar —le pedí suavemente, sintiendo como mis mejillas comenzaban a emanar calor—. Déjame demostrarte que tienes demasiado para ofrecer.

—Pero Bella…

—Por favor —supliqué—. Te pido una sola oportunidad; un par de días, si quieres, pero déjame intentarlo.

Se quedó mirándome a los ojos con aquellas hermosas esmeraldas, donde se podía ver incertidumbre y duda. Pasamos así un momento que me pareció eterno, sin decir nada, sólo mirándonos a los ojos. Creí firmemente que todo estaba dicho ya, que no hablaríamos más del tema y nos haríamos los idiotas, como siempre sucedía.

Sin embargo, sentí que no todo estaba perdido cuando Edward se inclinó y sus labios rozaron de forma suave y gentil los míos.

Quizás, sólo quizás, todavía había esperanzas.

No es demasiado largo, lo sé, pero creo que pasan un par de cosas… interesantes jaja. Veremos que pasa en los siguientes capítulos, que ya siguen un poco más interesantes… por lo menos en mi cabeza jaja.

Con respecto a lo de la encuesta que colgué en mi profile, les agradezco mucho a todos los que votaron. Una de las historias está ganando por bastante, por lo que ya me puse a escribirla (en el peor de los casos, la subiré más adelante si no gana). Va a ser una historia no muy larga y creo, si no hay modificaciones, que ya tengo todos los títulos de los capítulos (unos escasos 16). Pero bueno, veremos… espero que todos aquellos que no votaron, si tienen un ratito lo hagan, porque todavía hay una o dos más que están dando pelea jaja.

Repito lo mismo que digo siempre, sólo por precaución, ya saben: Quiero que sepan que no leí aun Breaking Dawn, por lo que les voy a pedir encarecidamente que por favor no me dejen spoiler, ni comentarios ni nada relacionado al respecto. Ya lo tengo pensado, y lo voy a leer en diciembre, en vacaciones jaja. Después de ese mes, se aceptan los comentarios jaja.

Gracias a todos por sus reviews. ¡Cuando vi que había más de 500 no lo pude creer! De verdad, muchísimas gracias a todos. Sigo colgada de la señal, porque los técnicos de Flash parecen no tener ganas de venir a mi casa. Ya tomaré alguna medida, pero mientras tanto… ¡Perdón señor vecino! Mientras dure la señal —Lo mas gracioso es que me tengo que poner cerca de la ventana, porque sino no engancha jaja—, trataré de responder sus reviews. Cuando vuelva de inglés particular seguiré intentando también. De todos modos, ¡Gracias a TODOS! Realmente, sus comentarios me ponen más que feliz.

La semana que viene comienzan mis finales, por lo que veré si tengo tiempo de escribir. Si todo sale bien —voy a rezar porque así sea— voy a estar de vuelta por acá en una semana. Seguramente, volveré el viernes por la mañana o el mediodia, cuando ya haya rendido matemática e historia.

En fin, ¡Saludos para todos! Nos leemos en unos días.

LadyCornamenta.