Bajo El Mismo Techo.
By LadyCornamenta.
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Capítulo 19: problemático pasado, caótico presente.
Caminé para salir de la cocina, aún con aquella certeza latente en mi pecho y en mi mente. El resto de la tarde me resultó muy difícil concentrarme. Todo parecía banal y sin sentido y, cuando mis ojos se posaban en Edward, me quedaba mirándolo con adoración, casi con… amor. Dios, definitivamente todo esto estaba mal.
Muy mal.
Finalmente, agradecí cuando Lauren cruzó la puerta de la casa de los Cullen. Al parecer, una de sus amigas pasaba a buscarla y me tranquilicé bastante al darme cuenta que no necesitaría que Edward la llevara. Después de todo, él era un caballero y sabía que no se negaría ante un pedido como aquél.
—¡Gracias a Dios se fue! —exclamó Alice, antes de que yo pudiera decir los mimso, segundos después de que Lauren cruzara la puerta—. ¡Estaba a punto de matarla!
Vi como Edward sonreía tenuemente de lado.
—Todavía es lunes, Alice —comentó—. Intenta no matar a nadie, por lo menos hasta el viernes —pidió con voz pausada, haciéndonos sonreír a ambas. Luego se volvió con aquella mueca conciliadora hacia mí, sonriendo tenuemente—. ¿Quieres comer algo?
Negué suavemente con la cabeza. Mi estómago no soportaría comida en aquellas condiciones. Sobre todo ahora que tenía la total seguridad de que su sonrisa era la más hermosa que jamás había visto.
—No tengo hambre —aseguré.
No nos quedamos mucho más en la casa de los Cullen ya que, después de todo, al día siguiente debíamos asistir a clases y todavía teníamos otras cosas que terminar. Luego de despedirnos de Alice y Emmett, los dos nos subimos al Volvo plateado de Edward y comenzamos a transitar el camino hacia mi casa.
Edward tuvo que hacer una rápida pasada por el hospital. Esperanzada de poder ver a mis padres, bajé con él, pero, nuevamente, no pude hacer más que quedarme en la sala de espera. Carlisle nos vino a ver y, después de explicarme de que mis padres estaban bajo unos delicados estudios, se llevó a Edward a su consultorio. Con frustración, suspiré mientras me acomodaba en la silla de la sala.
¿Qué se traían entre manos Carlisle Cullen y su hijo?
Poco tiempo después, Edward volvió, luciendo su rostro inescrutable. Nos despedimos de su padre y, después, ambos volvimos a montar el automóvil plateado. En poco tiempo estuvimos dentro de la cálida vivienda, dejando nuestras cosas sobre el sofá.
Al día siguiente, la rutina habitual se repitió. Cuando volví a montarme al Volvo como cada mañana, agradecí haber comido bien, ya que tenía pensado quedarme a hacer unas horas extras en el local de los Weber y, seguramente, llegaría tarde a casa para cenar. Era bastante bueno, ya que la presencia de Edward me estaba volviendo loca.
¿Era algo normal que quisiera abrazarlo y besarlo cada vez que estaba cerca?
La escuela transcurrió con normalidad. Apenas salimos, corrí a la cafetería, buscando comer algo rápido. Cuando antes llegara al negocio de los Weber, más rápido acabaría con mis horas extras. Hice la cola con impaciencia, compré alguna cosa sencilla y comencé a ingerirla con prisa. Los Cullen y los Hale llegaron pronto a la mesa y todos, menos Edward, quien ya sabía cuales eran mis planes, me miraron como si estuviera loca.
Emmett me apuntó con un dedo.
—¿Tan hambrienta estabas? —preguntó cómicamente.
Tragué apropiadamente, para luego sacarle la lengua al mayor de los Cullen.
—Quiere hacer horas extras en el trabajo —explicó rápidamente Edward, quien no parecía demasiado de acuerdo con mi idea—. ¿Necesitas que te lleve ahora? —preguntó, mientra los demás se sentaban a la mesa.
—Tranquilo, puedo ir en autobús o algo… —respondí rápidamente, sintiéndome una molestia.
—Tomaré eso como un sí —replicó sin inmutarse—. ¿Nos vamos ahora?
Asentí, ante la atenta mirada de Alice, Jasper, Emmett y Rosalie. Les dirigí una tímida sonrisa, antes de seguir a Edward fuera de la cafetería.
Pronto, ya acostumbrada a la forma de conducir de mi acompañante, ambos atravesamos la carretera que llevaba a Port Angeles. Antes de que me diera cuenta, a causa del monótono paisaje verde que me había obligado a apreciar para evitar los ojos del apuesto conductor, estábamos frente al local de los Weber. Edward aparcó con habilidad y, después, se volvió para mirarme.
—¿A qué hora acabas? —preguntó suavemente.
—No estoy segura de ello, creo… —comenté dudosa, no queriendo decirle la completa verdad—. Pero no te preocupes, pediré un taxi o algo.
Suspiró.
—Averiguaré a que hora sales o me quedaré aquí hasta que lo hagas —comentó lentamente, como si hubiese leído mi mente. Su voz no sonaba para nada molesta, sino más bien conciliadora.
Suspiré. Era pésima mintiendo.
—.Ahora, ¿a qué hora sales?
—Como a las ocho, ocho y media, no lo sé —comenté, con resignación.
Una sonrisa de lado adornó su rostro.
—Así está mejor —apuntó—. A las ocho estaré por aquí.
Entonces recargó su mano en mi contrariado rostro, de forma delicada, y acercó el suyo a pocos centímetros. De forma inconciente, contuve la respiración, mientras sentía que mi rostro se tornaba más rojo que de costumbre.
—Eres adorable —aseguró, con su voz de terciopelo, mientras depositaba un suave y lento beso en mis labios.
Atontada, logré bajarme del automóvil a duras penas. Con dificultad comencé a andar hacia el local de los Weber, sintiendo que en realidad mis pies no tocaban el suelo. Estaba como una idiota y ahora cada roce de Edward, teniendo la certeza de que estaba completamente enamorada de él, tenía un efecto mayor en mí.
Si es que aquello era posible, claro.
Estuve sola en el local por algunas horas, atendiendo a unos pocos clientes. Después de todo, la mayoría se encontraba en la escuela, las clases extras o el trabajo. Algunas horas después de mi entrada, Angela llegó. Ambas entablamos una conversación sobre libros y adaptaciones de películas, discutiendo cuales nos habían parecido las mejores, siendo sólo interrumpidas por alguno que otro cliente. Estábamos hablando sobre la versión llevada al cine de La Naranja Mecánica, cuando escuchamos la campanilla de la entrada tintinear suavemente.
Entonces, un rostro familiar hizo entrada en escena.
—¿Jake? —pregunté confundida—. ¿Qué haces aquí?
Jacob sólo me sonrió ampliamente.
—Digamos que… me enteré que trabajabas aquí y me pareció oportuno hacerte una visita —comentó, de forma inocente.
—¿Te enteraste? —inquirí, escéptica.
—Leah aportó el dato —comentó, guiñándome un ojo.
Angela insistió en que no era necesario que hiciera esas horas extras que me quedaban. Creo que debió pensar que Jake y yo teníamos algo, porque una sonrisa pícara adornó su rostro en todo momento y pude notar sus miradas escépticas ante mis comentarios. Finalmente, luego de que insistiera bastante, acepté la propuesta de Angela, sobre todo porque Jacob había dicho que quería hablar conmigo. Para ser sincera, me estaba muriendo de ganas de que siguiera con la historia que había comenzado la noche del viernes, y sabía que debía ser en privado.
Luego de despedirnos de Angela, ambos salimos del local. Allí, estacionada sobre la calzada, se encontraba la motocicleta de Jake. Con detenimiento me quedé observando la reluciente pintura. Entonces, alcé los ojos para encontrarme con un casco negro. Miré a Jake confundida, pero con sólo un guiño me obligó, de forma extraña y completamente testaruda, a ponérmelo en la cabeza. Confundida, cumplí con su desesperado pedido. Después, con habilidad, Jacob se montó en el vehículo y palmeó suavemente la parte trasera del mismo. Cuidadosamente, me senté en la parte de atrás de la motocicleta, enredando mis brazos alrededor de la cintura de mi acompañante. Entonces, luego de dirigirme una suave sonrisa, él arrancó el vehículo y comenzó a andar, con velocidad moderada, por las pequeñas calles.
Algo aterrada por mi primer viaje en motocicleta, me aferré a la cintura de Jacob con más fuerza, mientras veíamos pasar los locales y la gente a nuestro alrededor. En poco tiempo, nos encontrábamos en una de las playas de la Push. Con cuidado, Jake se bajó y me ayudó a mí a hacerlo. Suspiré con tranquilidad cuando me hallé con los pies sobre la tierra, a lo que mi amigo sólo dejó escapar una risa levemente divertida. Después me hizo un suave gesto con la mano y me indicó que lo siguiera. Comenzamos a caminar sin rumbo por la orilla de la gran playa, con el sol desapareciendo por el horizonte. Ya era prácticamente de noche cuando comenzamos a recorrer el amplio tramo costero, iluminado por los últimos rayos del sol. Jake, después de deshacerse de sus zapatos, ubicó sus manos detrás de su espalda y empezó a pasear sus ojos por los apenas iluminados alrededores.
—¿Por dónde nos habíamos quedado? —inquirió suavemente, sin mirarme.
A pesar de no haberlo aclarado, yo sabía a que se refería.
—Por… lo de Tanya —respondí de forma queda—. Que ella estaba… enamorada de ti.
Él asintió levemente, mientras seguíamos andando.
—Bueno… como tú te imaginarás, Cullen notó que algo extraño sucedía —narró Jake.
Asentí. Tenía totalmente en claro que Edward podía llegar a ser una persona totalmente perspicaz.
—Él notó que a Tanya le pasaba algo, pero Alice Cullen fue la más astuta de todas —apuntó velozmente—. Nos descubrió —sentenció, ante mi cara de confusión—. Nos encontró… besándonos.
Solté un suave grito ahogado.
—¿Y qué pasó? —inquirí, con la voz levemente más aguda de lo normal.
—Organizó unas oportunas vacaciones bien lejos de La Push —respondió Jake secamente—. Creo que fueron a Italia a visitar a unos amigos de la familia o algo así, no estoy seguro.
Se creó un suave silencio mientras seguíamos caminando.
—¿Y…entonces? —pregunté, intentando ser sutil—. ¿Qué hicieron?
Jake suspiró.
—Le dije que lo mejor sería que mantuviéramos una amistad —respondió, mirando al mar—. Aunque odiara con todo mí ser verla con Cullen, era lo mejor y ella lo sabía.
Me mordí el labio inferior con impaciencia, mientras él se tomaba su tiempo en silencio.
—Pero Tanya no era una joven conformista —agregó luego—. Y no le gustaba nada tener que resignarse, a pesar de que todo era por su padre. Además, el grupo de Sam y los demás no ayudaban…
—¿El grupo de Sam? —pregunté, confundida, recordando que alguna vez los habían mencionado en alguna conversación—. ¿Quiénes son?
—Eran amigos nuestros —comentó—. Ellos no se llevaban demasiado bien con los Cullen y los Hale, por lo que no apoyaban mi relación con Tanya —explicó—. Supongo que lo único que querían era joder a Cullen —masculló luego, más para él que para mí.
Llegamos al final de la playa, donde se erguía una escollera de piedras gastadas y oscuras. Algunas plantas marinas adornaban las esquinas de la maltrecha estructura, que parecía brillar bajo la poca luz del sol que aún asomaba. Jake se puso frente a mí y se quedó con la vista fija en la arena, mientras algunas olas le mojaban los pies descalzos.
—¿Y entonces? —pregunté, casi en un susurro.
—Ella volvió, pero nada había cambiado —respondió, soltando un sonoro suspiro—. Era más fuerte que nosotros, no podíamos hacer nada, pero entonces pas…
Jacob se vio obligado a callarse cuando un vendaval lo impactó de forma casi violenta. Entonces, lo vi apoyado contra las piedras y elevado unos centímetros del suelo. Aquella extraña ráfaga no era más que Edward, tomando a Jake por el cuello de la camiseta negra que traía puesta. Mi amigo de la Push lo miró desafiante, alzando una ceja, como si todo estuviera bien. Sin embargo, los ojos verdes de Edward llameaban con intensidad, su respiración era entrecortada y su mandíbula estaba tensa, mientras miraba a Jacob con furia.
Mi corazón empezó a latir con una incontrolable violencia.
—¿Cuántas veces debo repetírtelo, Black? —siseó, con voz ronca—. Aléjate de ella.
—Deberías renovar el discursito, Cullen —respondió socarronamente Jacob, logrando sólo que Edward lo alzara más por el cuello de la camiseta.
A pesar de contextura física, que no era tan grande como la de Jake, Edward parecía tener mucha más fuerza.
—Si te lo repito, es porque parece que no comprendes —gruñó de mala manera, mirándolo intensamente.
—Déjate de palabrerías, Cullen —retó Jacob, sin abandonar aquella sonrisa sarcástica.
—Sabes que si no te rompo la cara es porque ella está aquí —pronunció lentamente, con voz amenazante.
—Oh, sí, siempre todo un caballero —replicó burlón.
Edward alzó su puño rápidamente, impulsándolo hacia atrás, y yo dejé escapar un grito ahogado involuntario. Sin embargo, su mano sólo golpeo contra las rocas, con fiereza, justo al costado del rostro de Jacob. Sin quitar los ojos de él, Edward lo apretó contra las frías rocas y lo dejó caer. Jacob aún poseía aquella sonrisa socarrona, mientras él le daba la espalda.
—Mantente alejado de ella —gruñó, para luego empezar a caminar entre la oscura playa.
Rápidamente me agache para ver a Jake. Después de todo, no tenía buena pinta luego de que Edward lo estrellara contra aquellas piedras.
Él sin embargo, puso una mano delante.
—Ve con él —pidió, cabeceando hacia la dirección donde Edward se había ido—. En estas condiciones, es capaz de cualquier locura.
Lo miré confundida.
—¿Estarás bien? —pregunté preocupada.
Él asintió, dedicándome una sonrisa algo forzada.
Entonces, comencé a correr en la oscuridad de la playa, gritando su nombre. Con voz casi lastimera, acabé con la tranquilidad del lugar. No sabía cuando lejos estaba, ya que no llegaba a ver mucho más allá de mis ojos. Sin embargo, aquello no alcanzó, porque pronto caí sobre mis rodillas, apoyando las manos sobre la arena y sintiendo un punzante dolor en una de ellas. Las lágrimas comenzaron a humedecer mis mejillas de forma involuntaria, sintiéndome impotente e idiota.
Entonces, dos esmeraldas verdes surgieron desde la oscuridad. Edward se acuclilló a mi lado y miró mi mano lastimada. Luego de murmurar mi nombre con voz cargada de reproche, rebuscó algo en su bolsillo y sacó un pañuelo. Por unos pocos instantes desapareció y, después, volvió hacia mí. Anudó el pedazo de tela, ahora mojado con lo que parecía agua salada, alrededor de mi mano, produciendo un fuerte escozor en la misma. Sacudí la mano y él la tomó entre las suyas para soplar suavemente. Cuando la picazón cesó, gracias a su cálido aliento, pude enfocarme en sus manos. Entonces vi sus nudillos cubiertos de sangre que, ciertamente, no era mía.
—Edward, por Dios —murmuré horrorizada, mirando su mano y comenzando a marearme.
Él la quitó rápidamente de mi campo de visión.
—Está bien —aseguró rápidamente—. ¿Tú estás bien?
Asentí quedamente, evitando sus ojos verdes.
—¿Por qué? —inquirió con tono dolido, obligándome a mirarlo—. ¿Por qué, Bella?
—Edward… yo… —balbuceé, desviando la mirada. Él no entendía.
—¿Por que lo hiciste? —inquirió con aquel tono suave y lleno de dolor.
Suspiré, intentando contener mis lágrimas.
—Porque quiero saber de ti, Edward —respondí, volviéndome para mirarlo, avergonzada—. Me duele no saber nada de tu pasado, no saber que es lo que me escondes, lo que por momentos te hace comportarte tan frío… —expliqué, con dolor—. Quiero saber por qué odias a Jacob…
Edward suspiró y tomó mi rostro con su mano sana. Entonces, descendió hasta mis hombros y me atrajo con cuidado hacia él, estrechándome en un cálido abrazo. Suspiró contra mi cuello varias veces, produciéndome escalofríos.
—Él… él… la mató, Bella —aseguró en un susurro dolido, contra mi oído—. Él tuvo la culpa, él la mató.
Abrí los ojos con sorpresa.
Aquello no podía ser cierto.
No podía.
…
Se que quizás en estos momentos me quieren matar. Algunas deben estar muy contentas, porque Jacob pasó a ser "el malo de la pelicula". De cualquier forma, veremos que fue lo que sucedió en el próximo capítulo, ¿ok? Por cierto, perdón por el retrazo. Estuve estos últimos tres días afuera y no tuve tiempo de escribir, ni releer ni hacer absolutamente nada. Así que, como saben, sólo pido paciencia. Prometo que, apenas pueda, voy a volver con el capítulo 20, que seguro va a ser más largo que este.
Por cierto, comento que la historia, seguramente, va a tener 24 o 25 capítulos, no más. Simplemente para que lo sepan, aunque todavía no es seguro.
Si puedo, el lunes actualizo Casi Platónico. Sólo pido un poquito de paciencia.
¡Gracias a todos por sus comentarios! Saben que no los respondo por una cuestión de tiempo; pero, por cualquier pregunta o consulta que tengan, no duden en agregarme al msn o mandarme un mail (mi correo está en mi perfil). De todos modos, saben que se los agradezco honestamente. ¡Más de setecientos reviews! Estoy que no lo creo, se los juro. ¡Gracias, gracias y gracias! Sus comentarios son los que me impulsan siempre a seguir con estas cosas. De verdad, gracias.
¡Saludos para todos! Que tengan una buena semana.
LadyC.
