Bajo El Mismo Techo.

By LadyCornamenta.

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Capítulo 20: Palabras claras.

Aún estaba en estado de shock cuando Edward me ayudó a ponerme de pie con cuidado. Sentí como mis piernas comenzaban a andar, aunque sin estar realmente conciente de ello. Simplemente, me dejaba conducir por la arena, con el frío viento marino golpeando mi rostro. Casi no me di cuenta cuando llegamos al Volvo y Edward me ayudó a subirme al asiento del copiloto con cuidado. Lo miré con duda y súplica, mientras se acomodaba frente al volante. Como usualmente hacía, pareció leer mi mente porque, con una mueca sombría y voz suave, sólo aseguró:

—Hablaremos en casa, Bella.

Después de aquél comentario comenzó a conducir, un poco más lento de lo normal. Supuse que el hecho de que sólo tenía una mano al volante tenía algo que ver. Vi la herida ensangrentada reposando de lado, cerca de mi asiento. Entonces, intentando por todos los medios olvidar cuanto me desagradaba la sangre, me quité el pañuelo de mi mano. Luego, tomé la suya con delicadeza y, pasándolo suavemente alrededor, até la porción de tela con fuerza. La mirada confusa de Edward se transformó en una suave mueca de agradecimiento.

Pronto nos encontramos frente a mi hogar. Con cuidado, Edward aparcó y ambos descendimos del automóvil. Con una lentitud que me pareció casi eterna, caminamos hasta la puerta y Edward abrió, dejándome pasar primero. Entramos y rápidamente me volví a mirarlo.

—Será mejor que te duches y te cambies —comentó suavemente, acercándose a mí—. Esto tomará un rato…

—¿Cómo supiste que estaba… allí? —inquirí, con la cabeza gacha.

—Angela me dijo que te habías ido con un muchacho alto y moreno —apuntó, con voz inexpresiva—. La deducción no fue demasiado difícil.

Asentí quedamente y me obligué a subir las escaleras.

Con mi torpeza incrementándose en cada segundo, debido a la mezcla de nervios y ansiedad, me di una ducha rápida. Cuando salí, secando desordenadamente mi cabello con una toalla, me dirigí a mi cuarto. Rebusqué con agitación mi pijama, encontrándolo finalmente perdido detrás del pequeño sofá. Me cambié con velocidad y descendí las escaleras. Últimamente tenía un nuevo record, ya que logré bajar todos los escalones rápidamente sin matarme en el proceso.

Cuando llegué, Edward estaba ya sentado en el sofá, aún con la misma ropa de antes y dos tazas de algo humeante frente a él. Vi, también, que su mano herida traía una especie de vendaje, claramente improvisado. Me acerqué con cautela y me senté a su lado, cruzando mis piernas sobre el sofá. Edward enfocó sus ojos verdes en mí y me quedé observándolo en silencio. Lo vi suspirar profundamente, antes de hablar.

—Supongo que mereces alguna explicación luego de todo… —murmuró él. Hizo una pausa—. Pero, primero, me gustaría saber que sabes.

Fruncí el ceño, intentando ocultar mi indiscutible sorpresa.

—¿Cómo que qué se? —pregunté cuidadosamente.

Suspiró, clavando sus ojos del color de las esmeraldas en mí.

—No creo que Jacob se haya quedado callado en todas las ocasiones que compartieron tiempo juntos —musitó, con tal velocidad, que me costó entenderlo—. ¿Qué fue lo que te contó?

Suspiré. Me sentía como un muñeco entre medio de dos niños caprichosos; ambos tirando de mis brazos, de un lado y del otro. Intenté controlarme, inhalando y exhalando varias veces, con la vista fija en el tapizado del sofá. Finalmente, alcé los ojos y miré a Edward con toda la determinación que pude encontrar en esos momentos.

—Edward, no importa que me dijo él —aseguré, con una voz que no sonó tan firme como esperaba—. Aquí lo que realmente importa es lo que tú vas a contarme.

Suspiró, no sin cierto cansancio.

—Esta claro que no me la vas a poner fácil… —murmuró. Volvió a soltar aire de forma abrupta—. De acuerdo, yo te diré lo que considere que deberías saber…

Me encogí levemente de hombros, aunque, en realidad, quisiera pedirle que me contara absolutamente todo. Me contuve y me acomodé contra el respaldo. Lo vi suspirar unas cuantas veces.

—Nosotros, con mi familia y los Hale, solíamos ir a pasar tardes a la Push… —comentó, con voz distante.

Quise controlarme, pero mi ansiedad pudo más que yo y hablé casi sin pensar.

—Si, eso ya lo sé —comenté rápidamente—. Y… Tanya se hizo amiga de los chicos de la Push.

Él me miró confuso y luego asintió, mientra su rostro volvía a tornarse inescrutable.

—Ella, se hizo amiga de Jacob… y… yo sabía que ella sentía algo por él —comentó y se volvió para mirarme—. Por tu rostro, debo suponer que eso también lo sabías.

Asentí, con una mueca de incomodidad.

Edward relamió sus labios en un gesto inconciente y fijó sus ojos en la pantalla del televisor, el cual se encontraba apagado.

—Bella, por favor, no me lo hagas más difícil —pidió suavemente, sin mirarme—. Dime lo que te dijo él, por favor.

Suspiré. Su tono de voz y su mirada perdida no me dejaron ningún tipo de opción: finalmente, le conté lo que Jacob me había narrado, obviando algunos detalles que no quería que Edward supiera, relacionados con la relación de Tanya y mi amigo de la Push. Yo no sabía demasiado, pero, igualmente, prefería guardármelo. Sin embargo, me dí cuenta que había metido la pata mientras narraba los hechos.

—Entonces, me dijo que Alice los… descubrió, y organizó unas vacaciones a Italia —expliqué, con la misma voz queda con la que venía narrando todo.

El rostro de Edward se transformó y se volvió para mirarme.

—¿Qué Alice qué? —preguntó, en un suave susurro amenazante.

—E-e-eso… —balbuceé yo, entrecortadamente.

—¡No puedo creerlo! —exclamó, con una mueca de incredulidad asomando en su rostro—. ¡Alice lo sabía desde el principio!

—Edward… mira, yo no quiero qué…

—Tranquila, Bella —murmuró, nuevamente utilizando su usual voz de terciopelo—. No usaré nada de lo que me estás diciendo —afirmó, anticipándose a lo que iba a decir.

Nos quedamos en un largo y pesado silencio. Edward parecía perdido en sus propias cavilaciones y yo, por respeto, no quería interrumpir. Con cuidado, me puse de pie. Él me dirigió una mirada interrogante, pero lo tranquilicé diciéndole que sólo deseaba preparar un poco de té. Él asintió con cuidado mientras yo me alejaba hacia la cocina. Con lentitud, puse el agua a calentar y me apoyé contra la encimera. Me dolía la cabeza y sentía que en cualquier momento podía estallar.

Suspiré.

No me importaba. Esta noche terminaría de conocer la historia de Edward.

Pronto volví con el té a la sala, donde mi acompañante se encontraba en el mismo estado taciturno en el que lo había dejado. Alzó la vista con pereza, mientras yo me encargaba de dejar las tazas sobre la pequeña mesa. Entonces, volví a sentarme a su lado y sus ojos, nuevamente, viajaron hacia la pantalla vacía del televisor.

—¿Entonces…? —dejó la pregunta en el aire y carraspeó suavemente—. ¿Qué quieres saber?

Aquella pregunta abarcaba algo demasiado grande para que él pudiera comprender. Si hubiese sido por mí, le hubiese pedido que me lo dijera todo; sin embargo, teniendo en cuenta que era con Edward con quien estaba hablando, suspiré y me concentré en lo que más me estaba inquietando de toda aquella particular historia.

—¿Cómo…cómo… murió… ella? —pregunté suavemente, evitando también sus ojos.

Edward se echó levemente hacia atrás en el sofá, elevando sus ojos a algún punto de la pared ubicada frente a nosotros. En un corto período de tiempo, que me pareció eterno, mi acompañante se dedicó sólo a respirar pesadamente.

—Esa noche íbamos a salir a cenar, como cualquier… pareja normal —explicó, con cuidado—. Yo respetaba su privacidad, por lo que, cuando me pidió que la pasara a buscar por Port Angeles a las siete, no me negué.

Asentí en silencio, dejándolo proseguir.

—Ella solía bajar a la Push a visitar a todo el grupo, entre los que, por supuesto, se encontraba Jacob —apuntó, como quien no quiere la cosa, aún con aquél tono lúgubre—. Esa tarde no fue diferente.

Se creó un pesado silencio meditabundo entre nosotros.

—¿A…a qué te refieres? —inquirí, sutilmente.

—Ella fue allí, como siempre, pero las cosas no sucedieron como esperaba —relató—. Esa tarde, el grupo había tenido una fuerte pelea… —susurró, casi para él mismo. Entonces, se giró para mirarme—. ¡Dios, Bella! ¡Yo no puedo contarte esto! —casi gruñó.

Lo miré con el ceño fruncido.

—¿Cómo que tú no puedes? —pregunté.

Se pasó una mano por el rostro, con clara frustración.

—No quiero que pienses que soy… una basura —murmuró, desviando sus ojos de los míos.

Automáticamente, sin que mi cerebro aprobara mis impulsos, alcé mi mano a su rostro, obligando a sus ojos a posarse en los míos. Distraídamente, pasé mis dedos por sus pálidas y frías mejillas.

—Edward, sabes que no pensaría eso de ti —aseguré—. Sólo quiero saber… quiero entender que pasa.

Con cuidado, Edward apoyó su mano sobre la mía, que aún descansaba en su mejilla. Después de llevarla a sus labios y depositar un suave beso en ella, produciéndome un escalofrío, la condujo a su regazo. Sus dedos se entrelazaron con los míos, mientras los movía gentilmente.

—Ellos tuvieron una pelea fuerte… y Tanya quedó en medio —explicó, un poco más fuerte que antes, con menor vacilación en su voz.

—¿En medio? —inquirí.

Él asintió lentamente.

—No sé exactamente cuál fue el motivo por el que pelearon, pero no fue algo… agradable —contó, mientras su vista quedaba fija en nuestras manos entrelazadas—, pero todos estaban agitados y furiosos; sobre todo furiosos.

Hizo una nueva y profunda pausa. Apreté un poco su mano, dándole impulsos para seguir adelante.

—Tanya quiso huir —explicó, con voz queda—. Sabía que no era bueno quedarse allí —suspiró—. Claro que, como no tenía auto, Jacob se ofreció a llevarla.

—¿Jabob? —pregunté—. ¿Y qué…?

—Chocaron —explicó, secamente, haciendo que mi estómago diera un vuelco—. Chocaron, por culpa de él, quien iba conduciendo —apuntó—. Claro, él tuvo más suerte que ella…

—Pero, ¿cómo? ¿A Jacob no le pasó nada? —pregunté, compungida.

—Tanya se desprendió de la motocicleta… o eso supone mi padre —masculló—. Claro que para Jacob era muy difícil quedarse a ayudarla, llamar una ambulancia o algo…

—¿Qué quieres decir? —pregunté, confundida—. ¿No querrás decir que él…?

—Huyó, sí —confirmó él.

Comencé a negar frenéticamente con la cabeza. ¿Qué tipo de monstruo podía dejar a alguien así? Alguien que, además de ser amiga de él, tenía otro tipo de sentimientos. No, aquello no podía ser así.

—No puede ser —aseguré, aún negando con la cabeza—. Él no…

—¿Por qué lo aprecias tanto? —preguntó, en un ronco murmullo—. ¿Qué tiene ese idiota de Jacob Black? —preguntó, en un susurro cargado de odio.

—Edward… yo… no —balbuceé. Apreté su mano con fuerza.

¡Me sentía tan… impotente! ¡Tan frustrada!

—Déjalo, Bella, no importa —murmuró y su tono de voz me demostró que, realmente, pensaba todo lo contrario—. Iré a darme una ducha, luego seguimos hablando…

Se puso de pie rápidamente y comenzó a caminar, dejándome sola en la planta inferior. Suspiré pesadamente, con algo de dificultad, y me dejé caer de espaldas sobre el sillón, a lo largo de él. Llevé las manos a mi rostro, frotándolo con cansancio, mientras mi cabeza comenzaba a hacer una recopilación de todo aquél embrollo de hechos y recuerdos. ¿Era posible que Jacob hubiese… matado a Tanya? ¿Aquél era el motivo por el que Edward no quería que me acercara a él bajo ningún punto de vista?

Suspiré. Estaba comenzando a dolerme la cabeza.

Estaba tan perdida en mis pensamientos, que el timbre del teléfono me sobresaltó, haciéndome pegar un respingo. Me llevé una mano al pecho, aún con el corazón alterado, y me puse de pie para contestar la llamada. Corrí y tomé el auricular.

—¿Hola?

¿Bella? Habla Carlisle —respondió rápidamente una voz aterciopelada—. ¿Está Edward por ahí?

—No, se está bañando —respondí—. ¿Quieres que le diga algo?

Pídele que me llame… —balbuceó— debemos hablar sobre algunas cosas.

—De acuerdo —acepté y compartimos un momentáneo silencio—. Esto… ¿Carlisle?

¿Si?

—¿Cómo están mis padres? ¿Hay alguna novedad?

Eh, bien, Bella —respondió—. Presentan progresos, pero ya te diré más cuando realmente pueda.

Iba a hacer más preguntas, justo cuando Edward apareció en el marco de la puerta. Frunció el ceño y, sin producir ningún sonido con mi boca, moví los labios para que comprendiera que era Carlisle quien estaba del otro lado de la línea. Me entendió rápidamente, y su rostro se mostró interesado. Entonces, me pidió el teléfono con un gesto.

—Papá, soy yo —habló rápidamente.

Realmente quería saber sobre que hablaban, porque todo aquello me estaba sonando horriblemente misterioso —y eso que no era una persona demasiado perceptiva—. Sin embargo, dejándole a Edward algo de privacidad para hablar, volví al living y me dejé caer sobre el sofá. Esperé allí unos cuantos minutos, hasta que volvió con el mismo rostro serio que había traído toda la noche. Se acomodó a mi lado y se quedó en silencio.

—Edward, ¿te puedo hacer una pregunta? —inquirí, suavemente.

—Puedes hacerla —aceptó—, claro que no sé si podré responderla.

—¿Qué está pasando con mis padres? —pregunté, en un susurro. Sus ojos me estudiaron, sorprendidos.

—Yo…

—Por favor —rogué, suavemente—. Sé que está pasando algo, y creo que tengo el derecho a enterarme.

—La realidad es que… —habló. Un suspiro interrumpió su oración. Se quedó un rato hundido en un desesperante silencio— tuvimos que operar a tu madre de urgencia.

Mis ojos se abrieron al máximo. Estuve varios segundos buscando mi voz; aunque, cuando hable, ésta sonó débil y lastimera.

—¿Y…qué…pasó?

—Ella está en observación ahora —apuntó, rápidamente. Tomó una de mis manos y la aprisionó bajo la suya—. Pero…

—¿Qué? —pregunté, rápidamente.

—No queríamos decirte nada porque… yo… bueno… yo he ayudado en la operación —apuntó, desviando sus ojos de los míos. Abrí la boca de la sorpresa y mis cejas se alzaron automáticamente—. Soy inexperto y quizás, si te lo decíamos, temíamos que…

—Edward, confío en ti —aseguré, sin dejarlo seguir. Las lágrimas se agolparon en mis ojos, por la emoción ante su gesto—. Pondría hasta mi propia vida en tus manos, deberías saberlo ya —apunté, con las mejillas arreboladas. Luego mi rostro se contrajo en una extraña mueca—. De acuerdo, eso sonó extremadamente cursi.

Una sonrisa tenue surcó su rostro y tiró de mi mano, aprisionándome bajo sus brazos. Con cuidado, pasó su mano sana por mi cabello.

—Gracias —susurró, cerca de mi oído—. Te juro que, si así fuera, la cuidaría más que a la mía.

Sus palabras me causaron un extraño estremecimiento.

Después de unos segundos, se separó de mi cuerpo y me miró a los ojos.

—Sé que, seguramente, tienes ganas de que siga contándote cosas —comentó—, pero… ¿podríamos continuar mañana? —pidió, suavemente.

—¿Demasiadas emociones por un día? —pregunté, acariciando su mano con cuidado, en los huecos que dejaba el vendaje.

Asintió, con una suave sonrisa.

Me iba a poner de pie, pero sentí como, con delicadeza, Edward tiraba de mi mano. Entonces, lo siguiente que percibí fueron sus suaves labios sobre los míos. En un acto reflejo, llevé mi mano libre a su suave cabello de bronce, donde deseaba que permaneciera para siempre. Él acarició delicadamente mi cuello, aún con una de mis manos entre las suyas. Sentí como sus labios comenzaban a bajar por la línea de mi mandíbula, hacia mi cuello. Me tiré suavemente hacia atrás, empujando su cabeza con mi mano. Lo arrastré conmigo, hasta que quedé recostada sobre el apoyabrazos del sofá, mientras él seguía depositando suaves besos sobre la piel de mi clavícula. Cuando soltó mi mano, deslicé ambas hacia abajo, escabulléndolas por debajo de su camisa. Deleitándome con el suave tacto de su piel, dejé suaves caricias a lo largo de su espalda. Él volvió a besarme, aunque con más fuerza que antes. Sus manos se dirigieron hacia abajo, acariciando la piel de mi cintura y enviando una descarga eléctrica a cada rincón de mi cuerpo. Acomodé mis manos en la parte superior de su espalda, por debajo de la camisa, y lo atraje más hacia mí, aunque aquello fuera físicamente imposible. Necesitaba tenerlo más cerca, necesitaba todo de él.

Cuando nos quedamos sin aire, ambos nos separamos. Compartimos una mirada profunda y pude volver a ver aquello en sus ojos.

Tenían fuego.

Sin palabras, parecíamos entendernos a la perfección.

Pero… ¿se sentiría él como yo?

Volví a besarlo con fuerza. Era una necesidad.

De alguna forma, Edward se las ingenió para que volviéramos a quedar sentados en el sillón, sin dejar de besarnos. Quedé sentada en su regazo, mientras sus manos aún acariciaban gentilmente mi cintura. Enredé mis manos en su cabello, cuando el beso se tornó casi hambriento. Sentía que mi corazón pronto se escaparía de mi pecho.

Entonces, escuché un sonido que pareció muy lejano.

Pensé en ignorarlo, pero pronto se volvió insistente.

Separamos nuestros labios y nos observamos en silencio, confundidos. Estaba por decirle que dejara que el timbre siguiera sonando, cuando Edward me acomodó de forma delicada sobre el sillón, mientras sentía mi rostro arder. Pronto se puso de pie y salió de la sala. Confundida, lo seguí. Después de todo, no era algo normal recibir visitas pasadas las once de la noche.

Cuando llegué, me sorprendió el panorama.

Podía ver la espalda tensa de Edward, tapando la puerta. Sin embargo, alcancé a ver una cabellera rubia y otra morena. Entonces, cuando mi compañero se corrió de la puerta, pude ver tres rostros familiares.

Fruncí el ceño y miré a Edward con confusión, quién parecía a punto de explotar.

Después de todo, ¿qué podían hacer Alice, Jasper y Jacob en mi casa?

—Edward, por favor… —rogó Alice, con voz suave, pasando cuidadosamente una mano por el tenso brazo de su hermano.

De acuerdo, no entendía absolutamente nada.

—Edward, realmente, debes escuchar a Jacob —pidió Jasper, con aquella voz tranquila que lo caracterizaba. Su semblante lucía preocupado.

Edward miró fijamente a Jacob.

—¿Por qué los involucraste a ellos también? —masculló, de mala manera—. ¿Crees que tengo algún interés por escucharte?

—Yo tampoco tengo ganas de estar aquí —gruño Jake, de forma desafiante—. No hubiese venido si no hubiese sido estrictamente necesario —aclaró—, y, si los traje a ellos —señaló a Alice y a Jasper—, lo hice porque sabía que no me escucharías.

Edward lo fulminó con la mirada.

Entonces carraspeé suavemente, y todas las miradas se posaron en mí.

—¿Alguien sería tan amable de explicarme qué sucede?

Estoy algo grogui porque estuve durmiendo poco, aprovechando un poco las vacaciones. La escritura está cada vez más lenta, pero el final de la historia está en mi cabeza, tan claro como el agua. O algo así. El asunto es que me está costando mucho sentarme a escribir, pero poco a poco lo voy haciendo. Sobre todo a la madrugada, con mi tacita de café o té y mi música, cuando nadie puede molestarme jaja. Si puedo, como regalito de navidad, voy a traer un capítulo para el veinticinco. De cualquier modo, como saben, no puedo prometer nada. De hecho, fue por eso que actualicé antes de lo esperado. Quizás, con todo el tema de las fiestas, traiga el siguiente capítulo uno o dos días después de navidad. Todo depende. No tengo ninguna Alice que me diga lo que va a suceder, así que, simplemente, es cuestión de cómo se den las cosas. Igual, muchas gracias por su paciencia.

Wow, ¿Más de 800 reviews? ¡Oh-my-god! Se los juro, todavía no caigo. De verdad, no saben lo contenta que me pone saber que les gusta tanto la historia. ¡Mis más sinceras gracias a todas! Saben que, cualquier duda o pregunta que tengan, pueden agregarme al msn o escribirme a mi mail.

Creo que los capítulos van a ser, finalmente, veinticinco y estoy pensando en hacer algún Edward's POV. Veremos como se dan las cosas mientras escribo.

¡Saludos para todos y gracias de nuevo!

Si no llego, felices fiestas para todo el mundo.

Nos leemos.

LadyC.