Bajo El Mismo Techo.
By LadyCornamenta.
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Capítulo 21: ¿Culpable o inocente?
El ambiente de había vuelto tenso desde que Jacob y los demás habían cruzado el umbral de la puerta. Los cinco nos encontrábamos sentados en la sala, y Edward no hacía más que dirigirle miradas calculadoras a Jake, quien las devolvía de manera desafiante. Jasper respiraba con suavidad y calma, como si quisiera hacer sentir igual a los otros dos muchachos. Alice, por su parte, se encontraba sentada a mi lado, quieta, tomándome la mano con fuerza.
—¿Y bien? —preguntó Edward, después de un pesado silencio—. ¿Piensas quedarte callado toda la noche?
Jacob bufó.
—¿Puedes bajar un poco los humos, Cullen? —pidió Jacob maduramente—. No vengo a hablarte del clima, es algo delicado.
Edward lo miró, alzando una de sus finas cejas.
—Todos te escuchamos —replicó, con una sonrisa irónica.
Jacob alzó los ojos al cielo, mientras soltaba una fuerte respiración. Evidentemente, no le hacía ninguna gracia estar allí, rodeado por todos nosotros. Después de unos segundos, se inclinó un poco hacia delante, apoyando los codos en sus piernas y tomándose las manos. Vi como Alice le hacía un gesto con la cabeza, incitándolo a comenzar.
—Esto ha llegado demasiado lejos, Cullen —comentó—. Realmente, me importa muy poco lo que tú pienses de mí, pero no quiero que Bella forme una imagen de mí basada en tus mentiras.
Edward, que lo miraba fijamente, soltó un sonido que se asemejó muchísimo a un gruñido.
—¿Qué quieres decir? —inquirió, fríamente.
—Estoy dispuesto a que, de una vez por todas, escuches mi versión de los hechos —explicó Jake, duramente.
Edward echó la cabeza hacia atrás, soltando una amarga risotada.
—¿Pretendes embaucarla? —preguntó Edward, sin abandonar la ironía.
Jacob bufó, compartiendo una silenciosa y significativa mirada con Jasper.
—Edward —llamó el gemelo de Rosalie. El aludido se volvió, con algo de brusquedad en sus gráciles movimientos, para mirarlo—. Escúchalo. Por favor.
Alice secundó el pedido con un suave asentimiento.
—Te escuchamos —gruñó Edward, después de unos segundos de silencio.
—Realmente, no sé como llegaron a la versión de los hechos que tenían y tampoco quiero saberlo —apuntó Jake, rápidamente, a modo de introducción—; pero todo lo que sucedió aquella noche fue bastante distinto a como ustedes creían.
Edward bufó y vi, por el rabillo del ojo, como Alice le dirigía una mirada amenazante.
—Esa noche era el cumpleaños de Leah y, como el tiempo se presentaba agradable, decidimos festejarlo en la playa —contó, mientras todos oíamos atentamente.
»Habíamos estado unas cuantas horas allí, hasta que el sol se puso. Por supuesto, aquello dio paso al alcohol, la música y la fiesta propiamente dicha.
Recordé, vagamente, aquella celebración en La Push, a la que había asistido con Alice, y el panorama se me presentó mucho más claro y vívido dentro de mi mente.
—Todo iba bien aquella noche, a pesar de que Sam y yo habíamos discutido esa misma tarde —explicó, con rapidez, como si no quisiera hablar del tema—. Él no quería que Tanya estuviera en la fiesta de su novia.
Mi cabeza intentó armar conexiones. Sam contra Tanya. Leah, novia de Sam. Jacob y Sam peleados.
De acuerdo, aquello sería más difícil de lo que pensaba.
—Paso parte de la noche y todo iba bien… hasta que llegó ella —explicó Jake, sombríamente, y sentí como el aire de la habitación se volvía más denso—. Sam estaba como loco —apuntó—, quería que se fuera, ya que para él, ella era una Cullen.
Escuché como Edward, a mi lado, gruñía algo inteligible.
—Leah intentó calmarlo, pero no consiguió nada —explicó—. Claro, quizás el alcohol tenía algo que ver —murmuró, más para sí que para todos nosotros.
»De cualquier forma, Sam se controló durante gran parte de la noche, pero llegó un momento en que todo se salió de control —lo vi cerrar los ojos y respirar profundamente—. Sam se quiso acercar a Tanya de mala manera y la arrastró fuera de la playa.
»Pasó un tiempo y pronto todos nos dimos cuenta de que ninguno de los dos estaba. Leah lucía tan preocupada como yo y comenzó a buscar por todos lados. Sin embargo, yo sólo salí de la playa —suspiró, y sus puños se crisparon—. Él quería… abusar de ella.
—¿Qué? —preguntó Edward, frunciendo el ceño—. ¡Deja de decir cosas que no…!
—¡No llegues a decir que estoy mintiendo, imbécil! —gruñó Jacob, poniéndose de pie violentamente.
Edward, como si de un resorte se tratara, se irguió rápidamente. Mi mano, de forma inconciente, se enredó alrededor de su muñeca. Sus hombros se relajaron, aunque no dejó de mirar a Jacob, con furia.
—¿Crees que puedas dejarme terminar sin interrumpir, Cullen? —masculló Jacob.
Edward se sentó y gruñó alguna otra cosa.
—Sam estaba fuera de sí —aseguró Jacob, volviendo a adoptar aquél tono inexpresivo y lejano—. Me costó hacer algo por mi mismo, pero pude conseguir que Tanya escapara —hizo una pausa—. El problema fue que, después, todo el grupo de Sam estaba en mi contra, ya que tú sabes que cuando se nombraba a los Cullen...
Edward asintió, teniendo muy en claro algo de lo que yo no tenía ni idea.
—Tomé mi moto y le pedí a Tanya que se subiera conmigo —habló, rápidamente, Jake—. Comenzamos a andar por donde nos fue posible, pero no era fácil moverse, sobre todo porque era tarde, había tráfico y yo no estaba en total uso de mis facultades.
—¡Entonces no debiste subirte a la motocicleta, idiota! —gruñó Edward—. ¡Eras un crío! ¿Cuánto tenías? ¿Once, doce años?
—¡He crecido rodeado de motos, Cullen! ¡Las conduzco desde mucho antes de que tú supieras lo que eran! —gruñó Jake—. Además, ¿¡Qué pretendías que hiciera!? —gritó—. Tenía a una manada de muchachos de casi dos metros intentando atraparnos. La querían a ella, y yo iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance.
Los dos dejaron escapar un pesado suspiro, de forma casi simultanea.
Jacob agachó la cabeza y su largo cabello tapó sus ojos y parte de su nariz.
—Lo sé, y toda mi vida me apenaré de ello —aseguró, para después alzar la vista—; pero que te quede claro que nunca la dejé abandonada…
La cabeza comenzó a dolerme cuando Jake empezó a contar el accidente en la motocicleta que habían sufrido él y Tanya. Cuando comenzó a explicar como, desesperadamente, había comenzado a buscar a un doctor, las punzadas en mi cien se volvieron casi insoportables. Escuché algo sobre no me atendieron, hombre y teléfono público, pero ninguna frase coherente llegó a mi cabeza. Cerré los ojos y me tiré levemente hacia atrás, escuchando aún la voz profunda de Jake, narrando como había sido él quien, realmente, había ubicado a Carlisle.
—Creo que será mejor que cerremos la sesión —interfirió la sedosa voz de Edward.
Abrí los ojos rápidamente, para encontrarme con todas las miradas de la sala clavadas sobre mí. Aquello fue lo último que vi, antes de echarme hacia atrás, con los ojos cerrados.
Abrí un ojo cuando sentí que las cosas se movían. Parpadeé con dificultad, encontrándome con la camisa de Edward. Entonces, reconocí las paredes de las escaleras. Estaba en los brazos de mi compañero, aquello era claro, pero todo lo demás me resultaba horriblemente confuso. Sobre todo, porque aún las palabras de Jacob revoloteaban en mi mente, de forma incesante.
—¿Y los demás? —pregunté, mientras Edward empujaba, suavemente, la puerta de mi habitación con su hombro derecho.
—Acaban de irse —respondió, mientras me apoyaba sobre mi cama, con sumo cuidado.
—¿Seguirá Jake con… su historia? —pregunté suavemente.
Edward se acuclilló a un lado de mi cama, apoyando sus manos sobre las frazadas.
—Es muy probable —replicó, no muy contento con la idea—, pero eso no importa ahora —apartó algunos cabellos de mi frente, con delicadeza—. Duerme, ¿si?, que es tarde y mañana tenemos clases.
Asentí, mientras un gemido involuntario se escapaba de mi boca. ¡Recién era lunes y ya estaba completamente agotada!
Acercó su boca a la mía y depositó un suave beso. Después de que sus labios se movieran con gentileza sobre los míos por unos segundos, se separó de mí y me obligó a meterme bajo las sábanas.
—Hasta mañana, Bella —se despidió, mientras salía de la habitación.
—Hasta mañana… —la puerta se cerró, con un sonido seco—…mi Edward —susurré, cuando él ya estaba lejos de poder oírme.
Había demasiados pensamientos en mi cabeza como para poder dormirme, a pesar de que el sueño me estaba matando. ¿Qué había pasado con Jacob y Tanya? ¿Qué tenía que ver el tal Sam en todo? ¿Por qué tenía algo contra Edward y su familia? ¿Sería real la historia que mi amigo de la Push había narrado? Estaba intentado atar los cabos sueltos del asunto, pero me resultaba algo completamente complicado, no sólo por mi falta de sueño, sino también porque las explicaciones siempre eran confusas, incompletas. ¿Alguien, alguna vez, me contaría la historia de cabo a rabo? ¿A quién debía creerle?
Con todos aquellos interrogantes asechando mis sueños, tuve unas cuantas pesadillas al respecto.
La mañana siguiente me levanté, sintiendo que no había dormido absolutamente nada. Compartí un desayuno en silencio con Edward, siendo sólo interrumpido por el meteorólogo, quien pronosticaba otra de esas lloviznas características de Forks. Salimos en el automóvil, en un silencio sepulcral. Cuando llegamos al instituto, me dí cuenta de que era más temprano de lo normal, ya que, con suerte, había unos diez autos aparcados en el exterior de la escuela. Aún faltaba bastante para el comienzo de nuestras clases.
Estábamos entrando en el salón, cuando Edward tomó mi muñeca con cuidado. Me volví para mirarlo, confundida, para encontrarme con su impasible rostro.
—Bella… yo… —murmuró.
Abrió y cerró la boca varias veces, pero no dijo nada.
—¿Qué? —pregunté, con el ceño fruncido.
La falta de seguridad en Edward era algo completamente extraño.
—Todo lo que dijo Black… —pronunció, en un suave susurro— me gustaría que no le hicieras demasiado caso.
Mis cejas se juntaron un poco más, y mis labios se fruncieron un poco, antes de que pudiera hablar.
—¿Por qué lo dices? —inquirí.
—No estoy seguro de que esté diciendo la verdad —me aseguró rápidamente.
—¿Tienes alguna prueba? —pregunté, con desconfianza.
Edward me miró confundido. Unos segundos después, negó con la cabeza.
—Simplemente no me fío de él.
Nos quedamos los dos observándonos, en total silencio. Me sentí incapaz de romper el contacto visual por unos cuantos segundos, que me parecieron una eternidad. Entonces, una de las tantas preguntas que rondaban por mi mente surgió violentamente, precipitándose hacia mis labios.
—Edward —llamé, innecesariamente—, ¿por qué Sam no se llevaba bien con tu familia?
Mi acompañante se tensó.
—Son… cosas del pasado —explicó, intentando abandonar el tema rápidamente—. Problemas entre nuestras familias que vienen desde hace algún tiempo…
Lo miré, con la duda pintada en mi rostro.
Quise preguntar algo más, pero vi como su cabeza se movía, lentamente, de izquierda a derecha.
—Son viejas cosas entre familias —aseguró—. Nada que ahora tenga demasiada importancia.
Asentí, quedamente, mientras ambos ingresábamos al salón. Sin embargo, en mi cabeza, había quedado el nombre de una persona que, seguramente, podría ayudarme con todos aquellos interrogantes.
¿Cuándo se terminarían todos esos dolores de cabeza?
Las clases transcurrieron con más rapidez de lo normal, ya que yo me encontraba demasiado perdida en mi propio mundo como para prestar atención al tiempo. Salí con Edward, caminando a mi lado, y Alice, quien, extrañamente, se encontraba callada.
Después de comer, cuando el día escolar acabó, Edward me alcanzó al trabajo. Angela notó que estaba distraída, como la mayor parte del día, por lo que no intentó establecer una conversación demasiado larga o pesada, detalle que agradecí muchísimo en mi fuero interno. Cuando el reloj dio la seis de la tarde, me despedí de la hija de los Weber y salí del local. Como la mayoría de los días, el Volvo plateado estaba esperándome, aparcado sobre la calzada.
Me subí con rapidez, mas Edward no puso el automóvil en marcha. En vez de eso, me miro, abriendo y cerrando la boca una o dos veces, sin emitir sonido alguno. Finalmente, suspiró.
—¿Te parece bien si vamos a ver a tus padres? —inquirió rápidamente.
Parpadeé, confundida.
—¿Los podré ver? —pregunté. Asintió con suavidad, haciéndome sonreír tenuemente—. Claro, vamos.
Llegamos pronto al hospital y comenzamos a recorrer los níveos pasillos del hospital, en búsqueda de aquél corredor que yo ya conocía bastante bien. Una mujer, de unos treinta años de edad, nos pidió que aguardáramos en la sala de espera, ya que Carlisle estaba con un paciente. Edward se sentó y, con un gesto de su mano, me indicó que me sentara a su lado. Me acomodé en la fría silla, mostrando con claridad mi rechazo por los hospitales. Sorpresivamente, sentí que una cálida mano se enlazaba con la mía.
—Tranquila, Bella —pidió Edward, con aquél tono convincente que sólo él poseía—, todo va a salir bien.
Como usualmente solía suceder, las palabras de Edward me tranquilizaron, casi de forma instantánea.
Esperamos allí unos cuantos minutos, hasta que Carlisle apareció por una de las tantas puertas del pasillo. Lucía su bata blanca y tenía aspecto cansado. No pasó desapercibido para mí su rostro sorprendido, cuando vio mi mano entrelazada con la de Edward. Una sonrisa amable se posó en su hermoso rostro, mientras nosotros nos poníamos de pie. Se tomó su tiempo antes de hablar.
—Bella, supongo que Edward ya te habrá contado lo que sucedió con tu madre —apuntó.
Asentí.
—Sólo me ha dicho algo, pero sé que tuvieron que operarla —repliqué, rápidamente, mientras sentía el apretón de la cálida mano de Edward sobre la mía.
—Bueno, debido a la operación, tuvimos que trasladarla a otro piso —explicó, cuidadosamente—. Tu padre sigue estable, en la misma habitación. Puedes pasar a verlo.
Asentí nuevamente.
—Yo iré a preguntar abajo si puedes ver unos minutos a tu madre —comentó.
Le sonreí suavemente.
—Muchas gracias, Carlisle —hablé—. Por todo.
Él sonrió y, luego de replicar educadamente, se retiró.
Entonces, Edward me soltó la mano.
—¿Quieres que te espere aquí afuera? —preguntó dulcemente.
Negué.
Aquello era algo que me parecía descortés.
—Creo que estás en todo el derecho de pasar conmigo —respondí, tomando su mano nuevamente, mientras mis mejillas emanaban un suave calor—, es bueno tener compañía.
Apretó mi mano, con delicadeza, antes de comenzar a caminar conmigo por el pasillo.
Afortunadamente, mi padre tenia un aspecto mucho mejor que el de la última vez que lo había visto. Sin embargo, al verlo allí, sobre la cama e inconciente, no pude evitar que algunas lágrimas se escaparan de mis ojos, de forma traicionera. Fue un alivio tener a Edward allí, sosteniendo mi mano y frotando mi espalda en silencio.
Algunos minutos después, Carlisle ingresó en la habitación. Con unas rápidas palabras, me indicó que podía ir a darle una pequeña visita a mi madre. Lo observé, con ilusión, y Edward tiró suavemente de mi mano, para guiarme por los largos pasillos del hospital. No sabía, con exactitud, cuánto habíamos caminado, ya que los ojos aún me ardían y mi cabeza aún guardaba las imágenes de mi padre. Vi como Edward hablaba con una enfermera, quien le indicó que podíamos pasar por unos pocos minutos. La mujer nos guió por el corredor, hasta que dimos frente a una de las tantas puertas iguales. Ingresamos en un cuarto, tan enfermizamente blanco como los demás, dónde sólo podía oírse el sonido de los aparatos médicos. Entonces, allí, tendida sobre la cama y conectada a la extraña maquinaria, me encontré con mi madre.
Inevitablemente, soltándome de la mano de Edward, me dejé caer a un costado de su cama, mientras las lágrimas corrían por mis mejillas. Pasé bastante tiempo allí, llorando, mientras Edward acariciaba mi espalda, de forma conciliadora. Entonces, escuché la voz de la enfermera, pidiéndonos que nos retiráramos. Me limpié las lágrimas torpemente, mientras le dirigía una última mirada a mi madre.
Con paso vacilante, salí de la habitación. Edward me condujo hasta una de las sillas, ayudándome a acomodarme en una de ellas. Me quedé allí, mirando fijamente la pared, sintiendo únicamente la mano de mi acompañante entrelazada con la mía. Cuando volví a ser conciente de lo que me rodeaba, parpadeé varias veces y miré a Edward, con la mejor sonrisa que podía construir en aquél momento.
—Gracias —dije, a media voz—. De verdad, Edward, gracias.
Sentí como su mano libre acariciaba suavemente mi mejilla. Cerré los ojos y disfruté del placentero contacto.
—No me lo agradezcas, Bella —pidió—. Gracias a ti, por dejarme estar a tu lado.
Abrí los ojos, para encontrarme con sus sinceras obres esmeraldas.
Sollozando, me incliné para besarlo. Enredé mis manos en su cabello, paseando mis manos gentilmente por todos los mechones que se cruzaban en mi camino. Las manos de Edward acariciaron dulcemente mi cintura, hasta que nos vimos obligados a separarnos, por la falta de aire.
—¿Por qué no vamos para tu casa? —propuso suavemente, con su frente reposando sobre la mía.
Entonces, recordé el segundo propósito que me había llevado al hospital.
Él era mi última esperanza.
—Eh, me gustaría hablar un segundo con Carlisle —pedí cuidadosamente.
Edward me miró, con la confusión pintada en su rostro. Luego asintió.
—Lo iré a buscar.
Afortunadamente, Carlisle pudo atenderme más rápido que antes. Edward aseguró que me esperaría en el auto, para darme un poco de privacidad. Agradecí aquello, ya que el tema que quería tocar era bastante delicado. El doctor Cullen me invitó a sentarme frente a su ordenado escritorio, mientras él se acomodaba del otro lado.
—¿Qué sucede, Bella? —preguntó cordialmente, mientras apoyaba sus codos sobre la mesa y entrelazaba sus manos.
—Yo… esto… Carlisle… quería hacerte una pregunta —murmuré, bastante incómoda.
Me miró con curiosidad, aunque sin abandonar aquél gesto cordial.
—¿Acerca de…?
—Sobre… la muerte de Tanya —respondí, evitando sus ojos.
Se creó un silencio entre nosotros.
—No sé si podré contestarte —me contestó Carlisle, con total honestidad—, pero… ¿qué es exactamente lo que quieres saber?
Estuve unos cuantos segundos en silencio, intentando organizar todas las palabras que se arremolinaban en mi cabeza.
—¿Tú…cómo te enteraste… de que bueno…ella…?
Asintió, comprendido a que me refería.
—Yo no estaba en el hospital —comentó, con voz profunda—. Estaba con Esme, cuando me llegó una llamada de aquí. Una de las enfermeras me dijo que habían llamado por un accidente y, al saber que conocía a Tanya, creyó que era lo más oportuno que yo estuviera al tanto.
Intenté que las palabras salieran de mi boca.
—¿Pero… quién… quién llamó? —pregunté, vacilante.
Él negó suavemente con la cabeza.
—No lo sé —respondió—. Fue una llamada anónima.
Abrí los ojos, con sorpresa.
—¿Una llamada anónima? —inquirí quedamente, con la vista fija en el escritorio.
Se volvió a crear un silencio entre nosotros, luego de que Carlisle respondiera mi pregunta. Entonces alguien había llamado de forma anónima. La teoría de Jacob tenía bastante sentido. ¿Sabría Edward aquello? Me dejé caer hacia atrás, golpeando el respaldo de la silla con mi espalda.
—¿Estás bien, Bella? —inquirió Carlisle, preocupado.
Asentí, aún con la cabeza echada hacia atrás.
—Sí, sólo necesito unos segundos para organizar mi mente —comenté, con cansancio.
Tanta información en tan poco tiempo terminaría por volverme loca. Lo peor del asunto era que todavía había una pregunta fundamental sin responder:
¿Quién era culpable y quién era inocente allí?
…
Oh, un nuevo interrogante. Sé que les extrañará verme por acá tan pronto; pero, ¿qué puedo decir? Cuando empezaron a llegar tantos reviews en el capítulo anterior, sencillamente no lo podía creer. ¡En mi vida había recibido tantos! De verdad. Entonces, como antes de ayer tuve la oportunidad de quedarme en casa, adelante bastante de la historia. El tema es que, después de ver la cantidad de comentarios, me sentía demasiado perra haciéndolos esperar. ¿Qué les pareció el capítulo?
Por otro lado, paso a contarles que, finalmente, estoy casi segura de que los capítulos serán veintiséis, incluyendo un Edward's POV. Todavía tengo bastante que escribir, claro, por lo que no es cien por ciento seguro. Yo diría que un noventa y nueve por ciento jaja.
En fin, mil gracias a todos por los comentarios. Les juro que soy más que feliz y que el otro día me senté con muchísimas ganas de escribir. ¡Gracias, gracias y más gracias! Como siempre les digo, si tienen alguna duda o algo, pueden mandarme un mensaje privado o un mail a mi correo (que, como ya deben saber, está en mi perfil). Si quieren agregarme al msn, no me molesta en lo absoluto, aunque no estoy demasiado conectada.
También, estoy pensando en una nueva historia, para cuando termine con esta. Ya les comentaré algo si las ideas colaboran. Tendré que ver que onda.
¡Saludos para todos! ¡Felices fiestas! Que disfruten hoy a la noche —ya que lady sigue con problemas para dormir y acá ya es la madrugada del veinticuatro— y que Papá Noel se porte y cumpla todos sus deseos.
¡Nos leemos pronto!
LadyC.
