Bajo El Mismo Techo.

By LadyCornamenta.

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Capítulo 24: En Nuevas Tierras.

El desayuno, en una nueva habitación limpia, transcurrió de forma amena, obviando las constantes insinuaciones de Alice a lo que su hermano y yo habíamos estado haciendo antes de bajar. Intenté desentenderme del tema, a pesar de que mi corazón seguía latiendo como loco ante el mero recuerdo. Cuando acabamos, Jasper y Edward comenzaron a levantar las cosas. Temiendo quedarme sola con Alice, alegué que quería salir a tomar un poco de aire fresco. La escuché comentar algo sobre un arduo trabajo nocturno, pero preferí no hacerle mucho caso. Sus comentarios ya me habían causado suficientes problemas.

Una pequeña puerta blanca se encontraba al final de la casa, después de pasar por el polvoriento comedor. Cuando logré abrirla, salí por un diminuto caminito de piedras, que recorría toda la parte trasera de la casa, hasta llegar hasta una piscina vacía. El cielo perlado iluminaba la superficie repleta de verdes. Las flores y las plantas, a pesar de carecer de cualquier cuidado, lucían coloridas y llenas de vidas; quizás el hecho de que era una zona de lluvias constantes ayudaba bastante. Comencé a caminar, dándome cuenta que el terreno era enorme: había metros y metros de vegetación, y no podía decir, con exactitud, donde terminaba la propiedad de los Cullen. Anduve con cuidado, hasta detenerme en el borde de la enorme piscina; la rodeé lentamente, encontrándome con una pequeña banca de madera, de aspecto bastante antiguo. Sacudí un poco la tierra que tenía encima y me senté sobre ella.

Pocos minutos después, Jasper apareció por la puerta. Caminó con parcimonia por el camino, hasta llegar a mi lado. Se puso en cuclillas, quedando a mi altura, mientras sonreía.

—Alice y yo iremos a comprar algunas otras cosas para seguir con la limpieza —comentó Jasper—. Ella insiste en que Edward y tú se queden aquí, pero quería avisarte, para saber si estaba de acuerdo.

Sonreí también.

—Sí, no te preocupes —respondí—. Puedo con ello.

Jasper rió, antes de ponerse nuevamente de pie. Agitó su mano de forma despreocupada, antes de volver sobre sus pasos.

No pasé demasiado tiempo sola sentada allí, ya que pronto Edward se encontraba a mi lado. Ya no vestía más su pijama, sino que ahora traía unos pantalones sueltos y una camisa. Nos quedamos observándonos, en silencio, hasta que él se puso de pie y me tendió la mano. La tomé, mirándolo confundido.

—¿Te gustaría dar una vuelta por los alrededores?

Asentí, mientras me ponía de pie.

Los terrenos, efectivamente, eran más grandes de lo que yo pensaba. Comenzamos a pasar por zonas donde se nos dificultaba un poco el paso, debido a la cantidad de vegetación descuidada que crecía por todos lados.

—¿Hace mucho que tienen estas tierras? —pregunté, mientras Edward corría unas plantas para que pudiéramos pasar.

—Sí, hace bastante —apuntó.

—¿Y… por qué no querías venir? —pregunté, recordando la charla que había tenido en el automóvil con Alice.

Edward se quedó con una mueca inexpresiva por unos cuantos segundos; después, soltó un suspiro, mientras seguíamos avanzando por los descomunales jardines.

—Estas tierras pertenecían al viejo Levi Uley —apuntó—, el bisabuelo de Sam.

Fruncí el ceño, confundida, aunque esperé a que continuara.

—Mi padre siempre creyó que era mejor invertir el dinero que guardarlo, y siempre tuvo cierta… atracción por las tierras —explicó—. Además, en unas vacaciones, cuando mi madre vio el terreno, quedó completamente encantada.

»Papá compró las tierras, pero al parecer los viejos dueños tenían deudas. Alguien se había apoderado de ellas por la fuerza, y fueron bastante difíciles de comprar. Cuando ya eran nuestros, aparecieron los Uley para reclamarlos.

—¿Por eso Sam…?

—Sí, ese es el motivo por el cual su familia y la mía están… enemistadas —respondió Edward rápidamente—. Ya es como algo que forma parte de nosotros.

—Pero… ¿nadie intentó hacer nada? —pregunté, confundida—. ¿Llegar a un acuerdo o algo?

Edward se encogió de hombros, mientras girábamos alrededor de un enorme árbol; desde allí, puede volver a ver la piscina.

—Mi padre intentó devolverles las tierras, pero ellos no las aceptaron —explicó—. Su orgullo no se los permitía —musitó después, con tono sarcástico.

Compartimos un tranquilo silencio, mientras volvíamos a nuestro punto de partida. La pequeña banca nos acogió nuevamente, cuando ambos nos sentamos, aún tomados de las manos. Nos quedamos allí, hasta que una suave llovizna nos obligó a volver a la casa. Cuando ingresamos, Jasper y Alice se encontraban desperdigando cosas por el polvoriento comedor. La pequeña Cullen se movía de un lado para el otro, a tal velocidad, que me costaba seguirla con la mirada.

Pronto, Jasper me facilitó una sustancia oleosa, con la que comencé a lustrar la madera de las sillas. Edward se encargó de la mesa, mientras Alice y su novio se llevaban las pesadas cortinas. Más rápido de lo que cualquier persona normal hubiese podido, Alice se encontraba limpiando los cristales de los ventanales, subida a una larga escalera. ¿De dónde sacaba toda aquella inagotable energía?

Después de unas dos horas, terminamos con el comedor y la cocina, incluyendo en ella un pequeño cuartito. Una vez que habíamos pedido algo para comer, los cuatro nos sentamos en la amplia mesa de roble, totalmente agotados. Incluso Alice parecía algo cansada, después de tanto traqueteo; sin embargo, sólo pareció necesario un poco de pasta para que el rostro de la pequeña del grupo recobrara su habitual entusiasmo. Blandiendo el tenedor que se encontraba entre sus manos, comenzó a hacer un informe detallado de lo que nos quedaba por hacer. Finalmente, tomamos una decisión.

—Sí, sería bueno que despejemos el salón de juegos y la sala del segundo piso —apuntó Alice—. Podremos usar los dos para desarrollar allí la fiesta nocturna.

Los cuatro subimos, transportando todos los utensilios de limpieza con nosotros. La idea de Alice era hacer la recepción y la fiesta, posterior a la ceremonia, afuera, hasta que se pusiera el sol. Después, cuando la oscuridad comenzara a cubrir el cielo, todos los invitados podrían trasladarse dentro de la casa para bailar un rato y tomar algo. Claro que, ante la probable posibilidad de lluvia, la fiesta se desarrollaría dentro de la enorme vivienda.

El salón de juegos resultó ser una espaciosa habitación que, como todas las demás, se encontraba completamente iluminada por la claridad que ingresaba por los amplios ventanales. Habían dos mesas de un tamaño mediano, un par de sillas, un tablero de ajedrez, dos o tres escritorios, un amplio mueble y unos cuantos juegos ubicados en diferentes rincones del cuarto. Como habíamos hecho con todas las habitaciones, comenzamos a limpiar mesas, sillas y paredes, corriéndolas a los costados de la sala. Esta vez, Jasper y Edward se encargaron de los altos ventanales, mientras Alice y yo limpiábamos los muebles de madera que decoraban el lugar. Cuando terminé con la última silla, me dejé caer sobre la polvorienta alfombra, acostándome boca arriba. Estaba completamente agotada.

—Será mejor que tomemos un descanso, ¿no? —apuntó Jasper, mirándome desde arriba, con una sonrisa.

—Juro que no opondré resistencia —respondí, estirando mis brazos sobre el suelo.

—¡Yo cocinaré! —se ofreció Alice, saliendo a saltitos de la habitación.

—Dios, ¿cómo haces para seguirle el ritmo? —pregunté a Jasper, quien había girado el cuello para ver como su novia salía.

Él, simplemente, se encogió de hombros.

—Supongo que estoy enamorado —respondió, con una media sonrisa.

Después de sus palabras, Jasper salió de la habitación, siguiendo los pasos de la pequeña Alice.

—No quiero ni imaginarme lo que será cuando sea su boda —murmuré, cerrando los ojos.

—Ni siquiera lo menciones —apuntó la voz de Edward, más cerca de lo que esperaba.

Cuando abrí los ojos, me encontré con su figura, sentada a unos pocos centímetros de mí.

—Todavía tengo miedo de lo que me hará poner para la boda —confesé, girando un poco para quedar frente a él. Apoyé mi codo sobre el suelo, reposando mi cabeza sobre mi mano.

—Tranquila, mi hermana está un poco loca, pero tiene una gran habilidad para la moda —respondió él.

—Pero también tiene gran habilidad para el desastre —repliqué yo.

Edward soltó una melodiosa y fuerte carcajada.

Escuchamos un sonido proveniente desde la puerta; los ojos atónitos de Jasper nos observaban a ambos.

—Eso… yo… Alice y yo nos vamos a comprar algunas cosas —comentó—. Eh, estaremos de vuelta enseguida.

Aún algo ido, Jasper se fue de la habitación; entonces, Edward volvió a soltar una melodiosa risotada. Yo, simplemente, me limité a mirarlo, con el ceño fruncido.

—Supongo que, las cosas que cambian, después de mucho tiempo, sorprenden —apuntó, encogiéndose de hombros—. Ven, vamos a ver en qué estado está el resto de la casa.

Ambos nos pusimos de pie y salimos del cuarto de juegos. Atravesamos un pequeño pasillo, que desembocaba en una pequeña sala redonda del mismo aspecto que las demás. Edward abrió una puerta, revelando una polvorienta habitación. Con una sonrisa, pasó una mano por las viejas colchas y estudió cuidadosamente a su alrededor, yo lo imité: el papel de las paredes, de color azulado, poseía algunos manchones, visibles bajo los estantes, bastante desvencijados.; la cama era amplia y llenaba una gran parte del ambiente, haciendo juego con un amplio mueble y una mesita de noche.

—Era mi habitación —comentó, con una sonrisa nostálgica.

Le sonreí. Un momento después, cuando pensé que saldríamos de la habitación, Edward pasó por delante del amplio mueble y miró la pared hacia un costado. Me acerqué a él, viendo una puerta blanca, que se encontraba oculta a un costado del gran armario. Edward la abrió y yo, confundida, lo seguí. Ingresamos en una amplia sala, con el suelo de madera clara; había unas pocas cosas en ella pero, sin dudas, la que más me llamo la atención fue aquel gran piano de cola, negro como la noche. Edward caminó hasta él y sus dedos recorrieron, con cuidado, la polvorienta superficie. Lo seguí en silencio, hasta quedar a unos pocos pasos de él.

—Toca —le pedí, en un susurro.

Se volvió para mirarme, sorprendido; entonces, un gesto pensativo surcó su pálido rostro.

—Luego —apuntó, caminando hacia mí—. Mejor luego.

Antes de que pudiera negarme, su mano había atrapado la mía, arrastrándome fuera de la habitación. Volvimos hasta la sala de juegos y, antes de cualquier comentario, Alice y Jasper, quienes ya se encontraban allí, nos pidieron que los acompañáramos al piso inferior.

Tuvimos una cena tranquila, mientras Alice comentaba los planes para el día siguiente. Aún teníamos bastante por hacer y sólo nos quedaban unas pocas horas antes de volver a Forks, por lo que debíamos organizarnos bien si queríamos que todo quedara listo para la boda. La más pequeña del grupo, después de comer, comenzó a realizar una especie de plano de la casa, marcando las habitaciones que ya habíamos limpiado, las que todavía estaban sucias y aquellas que no necesitaríamos. Limpiamos dos habitaciones más, entre las que se encontraba la antigua habitación de Edward. Alice parecía satisfecha con el trabajo, y pude ver el brillo en los ojos de Edward al apreciar la habitación completamente ordenada y reluciente.

Alrededor de las diez y media de la noche acabamos con los planes para el día siguiente. Jasper y Alice se retiraron a su habitación, alegando que estaban bastante cansados.

—¡Hay una maleta en su habitación, Bella! —gritó Alice, antes de desaparecer de la mano de su novio.

Edward y yo terminamos de recoger las cosas de la cena y, después, subimos las escaleras lentamente. Apenas entramos en nuestra habitación, busqué la maleta que Alice había mencionado. Gracias a Dios, allí había ropa bastante más decente que el camisón de la noche anterior. Edward salió del cuarto, para darme un poco de privacidad, y yo, después de haber tomado una camiseta de algodón y un pantalón corto, me metí en el cuarto de baño. Me dí una rápida ducha, me cambié y me acomodé un poco el cabello. Cuando salí, Edward se encontraba recostado sobre su cama, con un libro entre sus manos. Al verme salir, alzó la cabeza y me sonrió suavemente. Me senté en mi cama y me quedé allí, repasando las virtudes de aquel muchacho que descansaba a mi lado. ¿Cómo podía ser tan… ideal? No sólo era caballero, sino que también era dulce, le gustaba leer, le gustaba la música, sabía tocar el piano…

¡Momento!

Me volví, para mirarlo con los ojos entrecerrados. Lo único que conseguí fue que sus ojos verdes me observaran llenos de confusión.

Sin decirle nada, le quité el libro, tomé su mano y lo obligué a levantarse de la cama.

—¿Bella?, ¿qué sucede?

Lo ignoré. Seguí tirando de él, hasta que atravesamos la sala de juegos. Después, pasando por su vieja habitación, entramos en aquella espaciosa sala, cuya única luz provenía del exterior, de los rayos de la luna que se filtraban por la espesa cortina de nubes.

—Toca —exigí, con una suave sonrisa.

Llevó su mirada del piano a mí, unas cuantas veces.

—Pero Alice y Jasper están…

—La casa es lo suficientemente grande como para que no te escuchen —apunté, con mi mejor sonrisa.

Suspiró resignado, mientras caminaba hacia el lujoso piano de cola. Con cuidado e innata elegancia, se sentó sobre el taburete y levantó la pesada tapa que cubría las teclas. Cerró los ojos y soltó un fuerte suspiro, antes de que sus dedos comenzaran a deslizarse por el piano, acariciando suavemente cada pieza. Entonces, cuando las notas comenzaron a entremezclarse en el ambiente, el corazón se me contrajo dentro del pecho.

Starlight… (1)—susurré, en un hilo de voz.

Entonces, como confirmando mis palabras, su voz de terciopelo comenzó a cantar las líneas de aquella sublime pieza. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando el entendimiento llegó a mí, la interpretación de cada una de aquellas significativas frases. Entonces, comencé a cantar en voz baja la canción, que tan bien conocía, uniéndome a los susurros aterciopelados de mi acompañante. En ningún momento sus ojos se separaron de mí, y yo, mientras acariciaba distraídamente la superficie del piano, no podía retirar mi mirada de la suya. Después de unos minutos de canción, tuve la necesidad de cerrar los ojos, de sentir la música hasta el rincón más profundo de mi alma, percibir la caricia de su voz sobre mi corazón.

No me dí cuenta en el momento en el que la música del piano dejó de sonar, pero, cuando sentí una suave caricia sobre mi mejilla, pude sentir aún la voz de Edward, repitiendo aún esa hermosa frase.

Sostenerte entre mis brazos… —murmuró, finalmente.

Entonces, sus labios encontraron los míos.

Con los sentimientos a flor de piel, enredé mis brazos en el cuello de mi acompañante, sintiendo las caricias de su boca. Entonces, se separó de mí, tan sólo lo suficiente para poder hablar. Choqué mi frente con la suya y abrí los ojos, hallando aquellas esmeraldas a una escasísima distancia de mí. Compartimos una intensa mirada, en la que sólo me parecía escuchar los violentos latidos de mi corazón.

—Te amo, Bella —susurró.

En ese instante, de forma súbita, mi corazón pareció detenerse; se me dificultó la respiración, mientras las lágrimas se agolpaban en mis ojos, sin llegar a salir de ellos.

—Y-yo, y-yo, t-también —murmuré, antes de hundir mi rostro en su pecho.

Aquél momento era perfecto, único, y sería difícil que alguna me olvidara de él.

Él me amaba, tanto como yo lo amaba a él.

Los labios de Edward volvieron a refugiarse entre los míos, mientras sus manos sostenían mi cintura con delicada fuerza. Profundizamos el beso, mientras sentía la superficie del piano a mis espaldas. Todo se volvió difuso en el instante en el que sus manos comenzaron acariciar la piel de mi cintura, en el momento en que sus labios comenzaron a depositar suaves y profundas caricias contra mi cuello. Me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas, volviendo a besarlo, mientras nos movíamos por la habitación. Me encontraba sumergida en la inconciencia, hasta que sentí que nos caíamos; mi espalda chocó contra una mullida superficie. Entonces, cuando dí un vistazo alrededor, me encontré con las paredes azuladas del cuarto de Edward.

Volví a besarlo, con fuerza y pasión, con dulzura y amor.

Mis manos viajaron por debajo de su camisa, comenzando a desabrochar los botones que encontraba en el camino, acariciando su pecho cincelado. En ese preciso momento, Edward separó su boca de la mía y me miró a los ojos. En ellos, podía ver una mezcla de sentimientos indescifrables.

—¿Estás segura de…? —inquirió, con un susurro.

Nunca había estado más segura en toda mi vida. Sus ojos, sus sonrisas, sus miradas, sus besos, todo de él era lo que necesitaba; aquel Edward que había ido conociendo poco a poco, que se había ido encendiendo día a día, al igual que aquella incontrolable llama que crecía dentro de mi corazón. Amaba cada parte de él y aquélla sería la prueba de que todo lo que queríamos finalmente estaba allí. Él me amaba y yo lo amaba a él. No necesitaba nada, sólo tenerlo a mi lado.

Nunca te dejaré ir, si prometes que nunca apagarte, nunca apagarte. (2)

Una suave y dulce sonrisa surcó sus labios.

Entonces, nos fundimos en un beso desesperado, mientras sentía las manos de Edward sobre la piel descubierta de mi espalda.

Después de aquello, me sumergí en una perfecta y difusa nebulosa, al tiempo en que nuestras inexpertas manos y aquellos interminables besos intentaban demostrar lo que las palabras no podían.

(1) Starlight es una canción perteneciente a la banda inglesa Muse, de su disco Black Holes And Revelations. Un tema hermoso, si me lo preguntan.

(2) "I'll never let you go, if you promise not to fade away, fade away". Frase que se encuentra dentro de Starlight.

Ok, creo que ahora entienden un poquito mejor por qué decía que este era uno de mis capítulos favoritos. Juro que me costó tanto escribirlo, pero me convenció tanto cuando lo terminé. Dejé en mi blog (lo pueden encontrar casi al final de mi perfil, en contacto) una versión hermosa de la canción que toca Edward, sobre todo porque es un cover hecho sólo con piano y voz. Es realmente una genialidad y va de diez con el capítulo. Les recomiendo escucharlo. Además, me di la libertad de dejar una traducción de la letra, para que vean más o menos por qué decidí poner ese tema.

Estoy como loca. Realmente lo veo y no lo creo. ¡No saben cuánto les agradezco por los reviews, las alertas, los favoritos, todo! Gracias, gracias y gracias de nuevo. Juro que me pone más que feliz que les guste tanto Y sé que suena reiterativo, pero es lo que siento de verdad. No saben lo feliz que me pone llegar y leer sus alentadores comentarios. ¡Gracias, de todo corazón!

Les comento que en dos días estoy saliendo para mis ansiadas vacaciones a la costa y hasta el primero de febrero no voy a estar de vuelta. Sin embargo, una amiga o yo, según como se den las cosas, vamos a dejar un capítulo, dentro de unos diez días. La verdad es que sé que es bastante tiempo, pero no quiero tener la preocupación de irme de vacaciones y pensar que cuando vuelvo tengo que ponerme a escribir como loca. Hice lo justo para poder subir ese capítulo dentro de diez días y para que después sólo tengan que esperar una siete u ocho días más; pero no puedo hacer más que eso. Espero que sepan comprenderlo.

Y sé que las notas se están haciendo eternas, pero quería comentarles que publiqué una nueva encuesta (o poll, as you want), para que decidan cuál va a ser la siguiente historia que publique, más o menos para febrero o marzo. Las opciones son sólo los títulos de las historias, pero pueden ver un resumen de cada una de ella casi al final de mi perfil. Espero su voto, ya que yo sola no pude decidirme jaja.

En fin, ¡saludos para todos! Se cuidan.

Nos leemos.

LadyC.