Disclamer: propiedad intelectual de JK Rowling.
Gracias por los reviews, como estoy muy pero muy escasa de tiempo y tengo un familiar enfermo que requiere de mi atención, contestare sus reviews, la proxima vez. J eje j eje je ej. Otra cosa, esto no es una precuela de Polaris, GRACIAS GRACIAS y SIGAN DEJANDO REVIEWS.
Capitulo 5 Culpable
"Por mi madre………………..
Por mi padre…………………
Por mi familia……………..
Y por sobre todas las cosas, por ti……………………."
Draco caminaba lentamente, luciendo una calma que no tenía en su interior. Recorría las calles de Hogsmade casi como un zombie, estaba más pálido que nunca y su acostumbrada pulcritud a la hora de vestirse, la había tirado al diablo por primera vez en su vida. Tenia un nudo en el estomago y tuvo que detenerse en un callejón a vomitar la escasa comida que había desayunado. Se inclino sobre un muro y expelió todo lo que tenia dentro de su estomago. Se limpio la boca con la manga de su túnica, sus ojos grises estaban mas gélidos que nunca, miro a los lados, nadie lo había visto en esa situación tan patética. De nuevo retomo la calle principal, la mayoría de los estudiantes de Hogwarts que habían salido en esa tarde de otoño, estaban en parejas o en grupos. Había un ambiente festivo, pero eso no hacia mella en él, haría lo que tenia que hacer, de cualquier forma no tenia escapatoria, la advertencia todavía brillaba en su antebrazo, que le escocia terriblemente.
¡Maldita sea! Nunca en su vida se había arrepentido de ser lo que era, un Malfoy, pero ahora ese apellido pesaba en su espalda como un edificio. En los dos meses que tenia planeando el ataque, su mente había divagado demasiado, todos los argumentos se venían abajo, como un castillo de naipes. Lo había leído absolutamente todo, cualquier información o libro, hasta había revisado en la sección prohibida, buscando una manera de deshacerse del "Old man". Pero se encontró con otra cosa, algo que lo obsesiono de tal forma, hasta que acepto la triste realidad, no había razón para sostener la teoría de la pureza de sangre, ninguna razón teórica o teológica. Los magos eran magos simplemente porque algo, un ser superior, lo que fuese, les otorgaba la magia al nacer, así de simple, así de doloroso. Toda su vida lo habían engañado, lo habían enfermado de odio, por una tontería. Su familia y él habían vendido su alma por una gran estupidez. Y perderían, claro que perderían la guerra, ellos eran los malos, merecían perder. Pero a pesar de todo, el honor pesaba sobre él, junto con siglos de historia familiar. Había hecho un juramento y lo cumpliría porque de eso dependía la vida de su madre y de su familia, lo único que tenia y las únicas personas que sabia, estaba seguro, que lo querían.
Él era un Malfoy, le gustase o no y los Malfoy´s jamás faltaban a su palabra, aunque les costase el alma, la vida y el corazón.
Llego a las Tres Escobas y se sentó en la barra. Allí estaba Madame Rosmerta, que siempre le había sacado una que otra mirada ávida, pero se contuvo de coquetear, lo que lo traía allí era otro asunto. Disimuladamente, cuando nadie miraba, le lanzo un imperius a la Sra Rosmerta, los ojos de ella se desenfocaron y se acerco a la cara de Draco como compartiendo una confidencia.
-Ve al baño de mujeres y entrega este paquete a la primera chica que veas. No lo abras y tampoco lo toques. Después harás lo que haces siempre, atender a la clientela y no recordaras absolutamente nada. Yo nunca hable con Ud.- dijo Draco por lo bajo, su voz era monocorde. La Sra Rosmenta tomo el paquete que él le dio y desapareció en el cuarto de baño. Draco decidió irse inmediatamente al castillo, esperaría pacientemente el resultado de su plan.
Mientras caminaba por el bosque cubierto de nieve, diviso el sol poniéndose en el horizonte, y sus rayos agónicos metiéndose entre las ramas de los árboles. De alguna forma siempre había disfrutados los atardeceres, era un final, la culminación. Pero en ese momento todas esas cosas lo único que hacían era inundarlo de una gran desazón, lo que acababa de hacer era un crimen y él había trasgredido una barrera, ya nunca mas seria un chico. Ahora era un adulto que algún día rendiría cuenta por sus actos, esa certeza lo invadió completamente. Draco respiro profundo, tenia que ser fuerte, viniese lo que viniese, le haría frente. Era un mortifago, tenia la marca tatuada en su brazo, lo había aceptado voluntariamente, su destino estaba atado a los designios de Voldemort y él obedecería, obligado por las circunstancias pero lo haría. Y así cuando el sol moría tapado por las montañas, se cumplió lo que venia repitiéndose desde hacia varios meses "Draco Malfoy debe morir" y de alguna manera así fue, el antiguo Draco murió en ese crepúsculo y el nuevo, el Draco tenaz y el que cumpliría su cometido, por encima de lo que fuese, surgió.
Cuando llego al castillo, los corredores estaban solitarios, en el gran comedor solo estaban los estudiantes de los primeros años. Ceno allí porque seria muy sospechoso que no lo vieran. Se sentó con desgana y sintió a Pansy al lado de él:
-No quiero pelearme contigo- dijo ella – apartando cualquier cosa, eres mi amigo.
-Lo se- dijo él casi con un gruñido, no quería hablar con ella. Empezaría de nuevo todo y ya estaba cansado. Harto de lo mismo.
-¿Por qué no confías en mi? Puedo ayudarte Draco, correría cualquier riesgo por ti y lo sabes- ella lo miro con sus ojos azules melancólicos, disimuladamente le enseño su antebrazo- yo también tengo la marca Draco, estamos en lo mismo.
Draco miro con dolor la marca tenebrosa, así que ella también había caído. Pobre niña malcriada, sedienta de poder y gloria.
-No, lo que haré lo haré solo. Es por tu bien créeme- Draco tomo un poco de jugo de calabaza- ¿Alguna vez te preguntaste si hacías lo correcto? ¿No dudaste?
-Solo un segundo, Draco, por un segundo lo hice- ella miro hacia delante, sin fijar su mirada en ningún punto- No quiero morir, pero para esto nacimos y fuimos criados. Para ser superiores. Para gobernar el mundo mágico. Pero en el fondo, tengo miedo de morir.
-Yo también Pansy- Dijo Draco sin mirarla. Le tomo una mano suavemente, se la apretó un instante y la soltó- Debo ser honesto contigo, si deseas continuar con el compromiso, me casare contigo. Pero no te amo y estoy seguro que nunca lo haré.
-Debo casarme contigo- dijo ella lánguidamente- Yo tampoco te amo, pero eres un Malfoy y nuestros apellidos deben unirse. Pero te aprecio mucho y te quiero como un gran amigo. Somos jóvenes y queremos experimentar la vida, por eso la renuencia, queremos probar el fruto prohibido y no uno con el otro, ¿verdad?- ella lo miro y Draco asintió- . Quizás Draco, cuando pasen los años y ya no importe que no exista pasión, tú y yo finalmente, nos veremos obligados a fingir que nos amamos, por necesidad y por soledad.
-Y así será Pansy- dijo Draco impresionado por las palabras de ella, pero no sin darle la razón. Era impresionante lo bien que ella lo conocía, pero también Pansy no era ninguna tonta, al contrario era muy inteligente, por eso él siempre escuchaba su consejo.
-Creo que por el momento no deberíamos seguir con la farsa, en eso estoy de acuerdo- le dijo ella de pronto- lo que quiero decirte, es que si bien cuando cumplamos veinte años nos casaremos, puesto que así esta estipulado en el dichoso contrato. Mientras, yo quiero vivir mi vida como mejor me plazca y te recomiendo que hagas lo mismo.
-¿Qué es lo que quieres vivir tan desesperadamente Pansy?- Draco rió con sorna.
-El amor- dijo ella levantándose de la mesa.
Draco sintió como se le encogía el corazón, AMOR. Era una palabra tan extraña a él como el sentimiento en si. Él sentía muchas cosas, todas relacionadas a sus instintos, atracción, deseo, pero amor nunca. Reviso en su pantalón y se encontró con la libreta de notas que siempre cargaba consigo. La imagen de Hermione Granger se atravesó en su mente, como muchas ocasiones atrás. No iba a negarse mas, que ella le gustaba, que le atraía, que cuando la toco, sintió mil cosas inexplicables recorriendo su cuerpo.
Tenía curiosidad, nunca había sentido el cuerpo desnudo de una chica, debajo de él. Muchos en Hogwarts se sorprenderían si descubrieran que el perfecto Draco Malfoy no era el dios del sexo, sino otro adolescente virgen mas, esperando ansioso su primera vez. Pero esa persona, por muchas razones, entre las cuales estaba, que se repelían mutuamente, no estaba en la lista de las posibles candidatas. De hecho, en los últimos tiempos, a pesar de que le hervía la sangre solo al pensar en esa posibilidad, trataba de apartar esos pensamientos ya que tenía un trabajo importante por hacer. Había tratado de analizar la base de su odio hacia Hermione Granger, ya no era por sangre sucia (le había quedado bien claro toda esa situación), tampoco era por fea (hacia años que él la miraba de otra forma) a decir verdad tampoco la odiaba, era simplemente que envidiaba lo que ella tenia y él no, la oportunidad de llevar una vida feliz y normal como cualquier otro mortal. Y por otro lado, ella siempre se empeñaba en dejarlo en ridículo y su orgullo no podía quedar incólume ante tal afrenta.
Draco se levanto del Gran comedor y camino hacia las mazmorras de Slytherin. Al entrar a la sala común, todo era un revuelo, parecía una gran fiesta de Fin de Año. Todos los Slytherin parecían alegres y excitados. La cerveza de mantequilla y el whiskey de fuego corrían como un rió. Algunos se felicitaban inclusive.
Se acerco a Zabinni quien le estaba coqueteando a una chica de tercero, una rubia de ojos azules, que si recordaba bien se llamaba Astoria o algo asi.
-¿Qué pasa? ¿Ganamos la copa de Quidditch y no me entere?- pregunto Draco secamente, ignorando a la chiquilla que lo miraba como si Zeus hubiese bajado del Olimpo.
-No, mejor, el Señor Tenebroso se ha manifestado, hubo un ataque- dijo Zabbini mientras chocaba su botella con otro chico que se había acercado- murió una Gryffindor- a Draco se le erizaron todos los vellos- y dicen que fue la sangre sucia, Hermione Granger, te imaginas a Potty llorando sobre su cadáver, genial!!. Draco, eh!! A donde rayos vas, las chicas tienen preparado un baile, Draco!!
Pero Draco Malfoy se había ido fuera de la sala común, con escalofríos en todo su cuerpo y el estomago revuelto. Entro al primer baño que encontró, y nuevamente vomito. ¡Diablos! ¿Que coño había pasado?, el collar lo tenían que entregar a Dumblendore, nadie mas tenia que morir. Y fue ella, precisamente ella. ¡Oh no! Se repetía mentalmente, apretó los ojos impidiendo que alguna lágrima saliera de estos ¡Oh No!
Ella podía ser la persona más insoportable del planeta tierra, pero no la quería muerta y menos de esa manera tan absurda, por equivocación. No quería llevar eso en la conciencia. Si hubiese sucedido en un enfrentamiento, lo podría aceptar, seria la vida de ella o la de él, las reglas del juego estarían claras. Pero Hermione Granger, que para su despecho, era una excelente hechicera, muerta a traición, era algo que no le cabía en la cabeza. Una muerte para nada, sin ningún significado real, ya que realmente lo que el Lord oscuro quería era la muerte de Dumblendore, no la de una chiquilla respondona de 16 años. Y él tendría que volverlo a intentar, ¡MALDITA SEA! Draco se enrollo en el frió piso de cerámica, con la mirada fija, abrazándose para conseguir algo de calor. El honor Malfoy estaba intacto, pero él había empezado a transitar por la senda de su propia oscuridad.
Transcurrieron unas horas, y Draco se calmo, se sentó en el piso con las piernas recogidas sobre el pecho. Si ella estaba muerta, no había más nada que hacer.
La procedencia del collar era fácil de seguir, pero el Sr. Burkes había sido desmemoriado, así que por los momentos no se vería implicado. Draco se imagino entonces a Hermione, sobre un lecho, pálida, con los labios morados y sintió su corazón palpitar con fuerza. Jamás volvería a sentir ese cuerpo pegado al de él, nunca volvería a discutir acaloradamente con ella, ni a ver sus ojos marrones intensos, de los que sabia que solo él lograban sacar chispas de pura furia. Un terrible dolor de cabeza lo envolvió y la seguridad de estar pensando puras estupideces se apodero de él nuevamente. ¡Que diablos! No podía resucitar a los muertos y ahora tendría que preocuparse de averiguar los detalles de lo acontecido. Otra imagen ocupo su cerebro, su madre siendo torturada. El señor Tenebroso no se pondría contento, tendría que dar una buena explicación. Se levanto y decidió ir a la enfermería, sin duda el cadáver todavía estaría allí, tenia que verlo con sus propios ojos, aun a sabiendas que nunca volvería a dormir en su vida, después de ver aquello.
Entro a la enfermería, diviso una cama cubierta de biombos. Se acerco lentamente, sus manos temblaban ante la expectativa. Al llegar aparto el biombo, tuvo el deseo de cerrar los ojos pero se contuvo, reunió fuerzas y miro.
-Sr. Malfoy – exclamo la Sra Pomfrey – con usted ya son veinte las personas que he tenido que sacar de aquí amablemente. Le diré lo que a los demás. La Srta. Bell esta inconsciente pero sana, la trasladaran a San Mungo en unas horas. Por suerte sobrevivió al ataque.
Draco miraba a Katie Bell, quien lucia placidamente dormida en esa cama. Abrió la boca pero ningún sonido salio de esta. Estaba impactado, asombrado y muy pero muy en el fondo, feliz.
-Por favor- esta vez la Sra. Pomfrey fue bastante tajante- retírese, el toque de queda ya paso para los alumnos de sexto. Tendré que informar al profesor Snape que usted esta rondando el castillo a deshoras.
-Haga lo que quiera- dijo finalmente Draco. Salio de la enfermería e inmediatamente tuvo que apoyarse en un muro. Respiraba agitadamente, estaba terriblemente aliviado. Tendría que analizar a fondo todas esas sensaciones que iban y venían en su cabeza. Decidió marcharse antes de buscarse más problemas.
Doblo una esquina y vio un rayo rojo viniendo hacia él, inmediatamente lo esquivo y saco su varita apuntando a lo desconocido.
-Malfoy, ¿Qué demonios haces en los pasillos? Me asustaste- grito Hermione con su varita en alto. Ella estaba haciendo su ronda y estaba muy nerviosa por el ataque, así que lanzo un hechizo a lo primero que vio.
Draco se abalanzo contra ella y la empujo contra una pared, ella lo miraba con ojos exorbitados. De nuevo estaba cerca de él, y sentía renacer todas aquellas sensaciones que la presencia de Draco Malfoy le inspiraba. Tenia dos meses analizando, porque ella perdía momentáneamente la cabeza cuando estaba con él, no era algo normal, era inesperado, ella se ponía demasiado nerviosa de un tiempo para acá con él. Y sobre todo de alguna manera lo extrañaba, sus peleas y sus desencuentros.
Draco se dedico a tocarle la cabeza, acariciando sus cabellos, seguidamente le toco la cara con ambas manos, como si quisiera comprobar con el tacto que ella estaba realmente allí. Luego apoyo una mano contra el muro y con la otra le acaricio el cuello, rozándolo más que verdaderamente tocarlo. Hermione cerro los ojos y volteo su cara a un lado, él se acerco a su escote y allí desvió el camino, pasando su mano a un lado de su pecho, rozándolo, sintió que ella dio un respingo. Finalmente la tomo de la cintura, sin mucha fuerza, ella permanecía inmóvil, en el fondo estaba muy alterada, pero trataba de ocultarlo. Estaba con los brazos colgando a ambos lados de su cuerpo, inertes, hasta dejo caer su varita, que golpeo secamente contra el suelo. Él se pego a ella y hundió su rostro en sus cabellos, aspirando el olor de estos, coloco su mejilla al lado de la de ella. Estuvo un rato así, preguntándose y reclamándose mil veces por el maldito impulso que lo había llevado a tocarla de esa manera, tan sutil como si fuese un objeto de cristal. Por otro lado, ¿Por qué ella lo había dejado? Hermione sentía el aliento de él en su oreja, con lo cual se erizo y se sonrojo.
-¿Estas bien? Me dijeron que te habían atacado- esas palabras salieron de una manera tan sincera, con una voz tan clara y desprovista de cualquier tono amenazante o de desprecio que Hermione sintió que le acuchillaron el corazón. De alguna forma ella estaba oyendo al verdadero Malfoy, no a la mascara que llevaba siempre. Y eso la atemorizaba más que cualquier cosa, ver a Malfoy como un ser humano, un chico igual a ella con los mismos deseos y las mismas inquietudes. No al proyecto de Mortifago que seguramente era.
-Fue a Katie Bell- respondió Hermione de manera suave, coloco sus manos sobre los antebrazos de Draco y lo aparto de ella lentamente. Él se dejo llevar, sin oponer resistencia, era lo correcto, ellos ni siquiera eran amigos para ir abrazados por ahí. Ella le desviaba su rostro con las mejillas encendidas, si Draco se la hubiese visto en ese instante, hubiera reconocido en su cara la misma incertidumbre que tenia él.
-No se te ocurra morirte sin avisarme Granger. No lo podría soportar- fue lo único que dijo Draco al retirarse. Caminaba con la cabeza en alto, aparentando seguridad por ese solitario corredor de Hogwarts.
Ella se quedo un rato pegada al muro, mirando el techo. Lo que había pasado, ni en sus peores sueños o en sus mejores pesadillas se lo hubiese imaginado. Era inverosímil, ellos dos pegados uno al otro, recostados en un muro, Malfoy diciéndole cosas como si realmente ella le importase. Hermione se abrazo un rato y luego decidió irse a dormir. Reviso su túnica y encontró algo. Lo saco y allí estaba, su libreta. Por un momento sintió molestia, así que él la tenia, ¡Maldito Malfoy!, pero luego la furia fue cediendo y sonrió muy a su pesar. Sin duda él se la había devuelto, no había otra explicación posible.
