Hola a todos!
Aquí vuelvo con el tercer capi, un poco antes de lo que dije pero no pude resistirme después de los maravillosos reviews que me dejó Elianela.
Bonita este capi va dedicado a tí por ser la primera en dejarme un review, muchísimas gracias.
Y también mil gracias a aquellas que me agregaron a favoritos, alertas y demás.
Espero que os guste el nuevo capítulo, hehco con el mismo cariño e ilusión que los dos anteriores.
Disclaimer:Todo los personajes y mayoría de lugares pertenecen a la grandísima J.K.
Hacía tres días que había llegado a esa casa. Era sábado. Lo sabía por los periódicos que llegaban a diario a la casa y que se dedicaba a leer por las noches. Cuando los demás dormían.
Exitosamente había conseguido esquivar al trío de leones durante esos tres días, no dándoles ningún motivo para echarlo a la calle. Después de todo, y nunca lo admitiría en voz alta, no se estaba del todo mal en aquella casa. Había descubierto que la habitación en la que Granger se había escondido hacía días era la biblioteca de la mansión. Un lugar bastante espacioso con grandes tomos sobre diversas materias, incluso de magia oscura. También sabía durante que horas podía bajar a la cocina a leer El Profeta del día sin tener que ser interrumpido por los otros habitantes de la casa. Pero no todo iba tan bien como parecía, le quedaba por cubrir una necesidad básica: la comida. Había conseguido hacerse algo de café y un par de tostadas negras como el carbón y con eso se había mantenido durante ese tiempo, pero ya era necesario tomar medidas drásticas porque no pensaba morir de hambre.
A media mañana de aquél sábado, pudo oí como la comadreja y cara-rajada de despedían de Granger y abandonaban la mansión. Por lo que alcanzó a oír, iban a hacerle una visita al padre del pobretón en el ministerio pero no era tan ilusos como para dejar a Malfoy solo en la casa asique la sangresucia en un acto de amabilidad se ofreció a quedarse y después de mil y una advertencias respecto a su persona se marcharon dejándola sola.
Cuando sus dos amigos la dejaron sola en la mansión, sintió un pequeño desazón en el estómago. No le producía excesivo entusiasmo quedarse sola con su enemigo de toda la vida en aquella casa, pero alguien tenía que hacerlo, y si lo hubiese hecho uno de sus amigos se hubiesen agarrado a golpes con el hurón casi seguro.
Para evitar un posible encuentro con el rubio decidió meterse en la cocina y arreglar un poco aquello. La verdad es que Malfoy la tenía un poco preocupada, no lo había visto desde hacía tres días y no parecía que el chico hubiese comido en todo ese tiempo. Sabía que estaba bien, puesto que lo había escuchado salir de su habitación por las noches, pero no debía ser sano la dieta que llevaba porque lo poco que había ingerido en esos días estaba crudo o quemada a juzgar por los restos de pan carbonizado que había en la basura.
Mientras que estos pensamientos le rondaban la cabeza sintió como alguien más entraba en la cocina. Cuando dirigió su mirada hacia la puerta pudo ver a un Malfoy vestido con unos vaqueros y una simple camiseta negra y en su rostro se encontraba la típica sonrisa arrogante marca de la casa.
-Vaya Granger, pensé que tendría la suficiente suerte como para no verte en lo que me queda de estancia aquí-la saludó-Pero parece ser que no.
-Vaya Malfoy, me había hecho ilusiones pensando que habías muerto por inanición – le respondió mordazmente la chica- Pero ya veo que no.
El chico se mordió la lengua y contó hasta diez para no dedicarle un comentario mucho más doloroso que ese. Si quería que la sangresucia lo ayudara a preparar algo de comer no era ese un buen comienzo. Pero tenerla delante de él, con esa pose arrogante y altanera era superior a él por lo que requirió de todos sus esfuerzos para no responderle. En su cuenta regresiva pudo observar que la sabelotodo iba vestida con un par de vaqueros muggles y una blusa color azul cielo que dejaba a la vista su clavícula, además de que llevaba el pelo recogido en un moño flojo dejando a la vista un fino y blanco cuello. Maldita sea. ¿Desde cuándo él, un Malfoy de alta alcurnia, le dedicaba ese examen exhaustivo a una sangresucia? ¿Y encima siendo la sabelotodo Granger? El encierro y el no poder catar a una buena chica en mucho tiempo le estaban trastornando.
-¿Quieres algo Malfoy o piensas llevarte ahí todo el tiempo?-las palabras de Hermione lo sacaron de su ensimismamiento.
-Ahora que lo dices sabelotodo sí que quiero algo- le dijo mientras baja el par de escalones que lo separaban de la cocina y se posicionó muy pegado a ella-Quiero que me prepares algo de comer y no solo hoy, siempre.
En ese mismo instante Hermione no supo qué hacer, si reírse por la ingenuidad de Malfoy al pensar que le haría caso o enfurecerse por tratarla como si fuera su esclava.
-¿De verdad Malfoy crees que voy a hacer lo que tú quieras?-el chico se enfureció al ver la sonrisa que ella portaba en su rostro al saberse ganadora- Aprende Malfoy.
-¿Cómo quieres que aprendas si ninguno de los buenos Gryffindors se han preocupado en enseñarme?-si la forma intimidatoria no funcionaba emplearía el chantaje emocional, Granger era demasiado santurrona como para resistir eso.
Durante unos instantes Hermione se quedó en silencio mirando detenidamente al rubio que tenía a muy pocos centímetros de ella, dicho sea de paso. Sabía que el hurón lo estaba haciendo a posta, pero en el fondo sabía que tenía razón y su conciencia no la dejaría salir impune sino lo ayudaba.
-Te enseñaré a cocinar con una condición Malfoy-le dijo y al ver que no le respondía continuó-no quiero que vuelvas a llamarme sangresucia.
Durante unos minutos el rubio sopesó sus posibilidades, cierto era que sangresucia era el apelativo que más daño le hacía a la chica pero existían muchísimos más y si no, se los inventaría. No le importaba renunciar a ese por algo de comer.
-De acuerdo, como quieras ratón de biblioteca, tengo muchísimos más.
Hermione asintió y se dirigió al lado de la cocina dónde se encontraba la despensa y el fuego para cocinar. Al ver que Malfoy no la seguía se giró y se lo encontró recargado contra la mesa y los brazos cruzados.
-No creo que ahí parado aprendas a hacerte algo decente de comer.
El rubio la observó y a regañadientes se posicionó junto a ella.
-Te explicaré lo simple para que puedas defenderte Malfoy, de todas formas aquí no tenemos tanta variedad de platos como puedas estar tú acostumbrado-el rubio soltó un bufido despectivo que la chica ignoró y continuó su explicación altiva- Primero Malfoy debes encender el fuego….
-Granger, no soy imbécil, asique no te las des de sabelotodo conmigo.
-Bueno pues si tan listo eres prepárate tu solo la comida-le contestó con el mentón bien alto dispuesta a irse y a dejar al hurón sólo con su gran orgullo en la cocina.
Pero sintió como la mano de Malfoy se aferraba a su antebrazo impidiéndole la huida consiguiendo que se girara hacia él encontrándose con esos ojos grises tan fríos y distantes.
-Sabes que no sé hacerlo sólo-soltó entre dientes-Enseñame.
Hermione no pudo con ese tono que, a pesar de parecer una amenaza, sería lo más cercano a una súplica que el chico habría hecho en su vida. A parte de que la estaba tocando, ¿desde cuándo a Draco Malfoy no le daba asco tocar a una hijo de muggles como ella? Dirigió su mirada al lugar donde Malfoy la agarraba fuertemente del brazo sintiendo cómo el frío de su mano atravesaba su blusa y le daba directamente en le piel.
Al ver que ella dirigía la mirada a esa zona de contacto, él también pudo percatarse del calor que emanaba el brazo de la muchacha haciéndole sentir una sensación apacible y de serenidad que nunca antes había sentido y menos por un contacto tan ínfimo. Pero en cuanto se dio cuenta de a quién estaba agarrando la soltó como si el contacto le quemara.
Hermione aún un poco aturdida le dirigió una mirada de confusión al chico y volvió a su posición inicial junto al fuego.
-A ver… ¿por dónde íbamos?-volvió a hablar cuando consiguió recuperar el hilo de sus pensamientos- Cómo ya te dije, encendemos el fuego y posicionamos la sartén sobre el fuego y le echamos un poco de aceite para que se vaya calentando. Preparemos un par de filetes, ¿te parece? Te haré una demostración con uno y luego tú lo haces con el otro.
-Me da igual Granger, lo haré bien de todas formas.
Hermione rodó los ojos y esperó a que el aceite se calentara para empezar a hacer el primer filete.
-Bien Malfoy, tienes que poner el filete sobre la sartén con cuidado de que no te salpique el aceite, podrías quemarte- la chica le hizo la demostración de cómo hacerlo- También tienes que tener cuidado de que el fuego no éste demasiado fuerte sino se te quemara por fuera y se quedará crudo por dentro. Se me olvida algo… - se mordió el labio intentando recordar lo que era-¡Ya sé!-se dirigió a la despensa y trajo consigo un pequeño tarro con lo que parecía sal en su interior-Deberás de echarle un poco de sal, si no todo esto no te servirá para nada.
Mientras Hermione soltaba su discurso de cómo preparar el filete perfecto, Malfoy no dejaba de estar un poco sorprendido de cómo la chica le explicaba tan amablemente el cómo preparar un simple filete. Después de tantos años de insultos y de humillaciones, cualquier otro le hubiese explicado en dos pasos como cocinar la carne y ya está. Pero Granger no y en el fondo, muy en el fondo se lo agradecía. Aunque jamás lo admitiría en voz alta.
-…Si quieres asegurarte de que está bien hecho por dentro, puedes darle un par de cortes para comprobarlo…-Hermione seguía con su explicación mientras se lo demostraba con gestos.
Después de dos minutos más sacó de la sartén un filete perfectamente hecho, ni muy pasado ni poco hecho con una muy buena pinta, sobre todo para Draco después de tres días de ayuno.
-Bueno Malfoy, ahora es tu turno- le dijo haciéndole un gesto con la mano para que se arrimara al fuego y empezase a cocinar el otro filete.
Draco se acercó y dejó caer el filete sobre la sartén, aunque no con todo el cuidado que la chica le había advertido haciendo que el aceite salpicase un poco y le echó la sal. Mientras esperaban a que se hiciera la carne un espeso silencio se instauró en la cocina.
-Prácticamente todo lo que hay aquí se cocina igual- rompió el silencio Hermione- Pero si quieres puedo enseñarte a preparar lo demás y cada día hacemos un plato diferente-Después del ofrecimiento Hermione miró fijamente el fuego arrepintiéndose de su ofrecimiento, ya que de seguro el rubio le soltaría algún insulto y le diría que no precisaba más de su ayuda.
-Tendrías problemas con Potty y el pobretón.
-¡No los llames así!- le regañó- Aunque no les guste, no podemos dejarte morir de hambre.
Evitando una respuesta, Draco le dio la vuelta al trozo de carne para que se hiciese por el otro lado.
-Bueno, de todas formas no tengo nada mejor que hacer en esta vieja casona abandonada de la mano de Merlín- respondió indiferente- Enhorabuena Granger, tienes una nueva ocasión para presumir de tus conocimientos.
Hermione bufó pero prefirió no responderle, el Slytherin jamás cambiaría ni le daría las gracias por su ayuda.
-El filete tiene que estar casi hecho- le indicó la muchacha- mira a ver si está crudo por dentro.
Malfoy agarró el cuchillo y el tenedor y le dio un par de cortes y comprobó que ya estaba completamente hecho por lo que lo retiró del fuego y lo puso en el plato junto al otro filete.
-Muy bien Malfoy, no está nada mal para ser la primera vez- y le dedicó una sonrisa sincera al chico.
Malfoy fue a responderle cuando se escuchó cerrarse la puerta principal de la casa. Harry y Ron habían llegado.
-¡Qué bien huele Hermione!-iba diciendo Ron mientras bajaba las escaleras- nos has hecho de…-Pero el pelirrojo enmudeció cuando vio al hurón botador junto a su amiga- ¿Qué hace él aquí?
- Preparándose su comida Ronald- le respondió señalando el plato de comida y la sartén aún sobre el fuego.
-Eso ya lo veo, ¿pero que hace contigo?-insistió.
-Le estoy enseñando a prepararse su propia comida.
-¡¿Qué tu qué?!- de repente el rostro del pelirrojo se puso del mismo tono que su pelo- ¡Debería dejarlo morir de hambre! Demasiado hacemos con tenerlo aquí.
-De seguro que tú lo dejarías morir de hambre Ronald pero yo no, lo mínimo que podemos hacer es enseñarle a cómo hacerlo-Hermione intentaba mantener la calma pero es que con Ron algunas veces se le hacía imposible.
-Te aseguro Hermione que si la situación fuese al contrario, el no hubiese hecho nada de lo que tú haces por él- y con fuertes pisadas se dirigió escaleras arriba.
Harry un poco incómodo por la situación optó por ir detrás de su amigo para calmarlo un poco y con una mirada de disculpa hacia su amiga se fue por el mismo camino por el que había desparecido el pelirrojo.
Por su parte Draco se había sentado en la mesa y había empezado a devorar con ansias el par de filetes recién cocinados. Hermione se dirigió hacia él furiosa.
-¿Tu no dices nada?
-¿Qué quieres que diga ratón de biblioteca?-le respondió tranquilamente mientras se encogía de hombros- Ya te advertí que te traería problemas con ese par de idiotas.
-Al menos podía mostrarte un poco agradecido por lo que hago por ti.
-No tengo porque hacerlo, lo haces porque se te da la real gana- volvió a responderle indiferente mientras saboreaba otro trozo de carne.
-¡Eres insufrible!- y de un sonoro portazo Hermione salió de la cocina enfurecida con todos.
Era increíble como el hurón era capaz de sobrepasar sus límites de paciencia con tantísima facilidad. Ella, Hermione Jane Granger con su alto grado de paciencia y saber estar, perdía los estribos con una facilidad pasmosa cuando se trataba de él. No solo le había ayudado a cocinar algo para comer hoy, sino que también le había ofrecido su ayuda para los días venideros buscándose problemas con sus amigos y ¿él como se lo paga? Dándole exactamente igual de todo. Podía valorar aunque fuera mínimamente el esfuerzo que hacían por tenerlo allí, pero no el grandísimo Draco Malfoy estaba por encima de todo y de todos y jamás haría eso.
Hasta que Hermione no oyó como Draco se adentraba en su habitación no se permitió salir de la suya. No le apetecía verlo y tener que soportar su mirada de burla y arrogancia sobre ella.
Bajó a las cocinas, ahora el turno de ella de comer algo. Cuando se puso manos a la obra pensó en prepararles algo de comer a Harry y Ron. Ellos también hacían un gran esfuerzo por tener al hurón bajo el mismo techo que ellos, además de que no le gustaba estar a disgusto con ellos.
Cuando estaba por terminar el almuerzo escuchó los pasos de sus amigos bajar las escaleras y al instante aparecieron bajo el umbral de la puerta.
-He preparado el almuerzo- les anunció.
Harry le agradeció con una sonrisa mientras la ayudaba a poner la mesa pero Ron se mantuvo con los brazos cruzados y el ceño fruncido en la entrada de la cocina sin pronunciar palabra.
-Vamos Ronald- le instó Hermione- No estarás enfadado conmigo y sin comer para siempre ¿no?
Al oír las palabras de su amiga el encuadre de sus hombros se relajó y el ceño se desfrunció.
-Supongo que tienes razón- respondió mientras se sentaba en la mesa junto con sus amigos- Pero que conste que solo lo hago por tí, por mí ese mortífago puede morirse de hambre si quiere.
Hermione bufó, pero se abstuvo de responderle a su amigo. No quería romper ese instante de paz que se había creado entre ellos tres.
La carne le había sabido a gloria después de tres días sin probar bocado. Después de ese esperado almuerzo decidió subir a su habitación y reposar un poco la comida que acababa de ingerir.
Poco tiempo después pudo oír a Granger salir de su habitación, seguro que había esperado a que el subiera y se encerrara en su propio cuarto para bajar a comer algo. Lo cierto era que continuaba levemente sorprendido por la actitud de la chica y en parte comprendía que se fuera enfurecida de las cocinas cuando él le hizo saber que le daba exactamente igual lo que ella hiciera y lo que le ocurriera con sus amigos. Pero eso también le daba igual, podía enfadarse con él todo lo que quisiera, mientras que al día siguiente lo ayudara a prepararse el almuerzo…
Después del almuerzo, el trío se encerró en la biblioteca para recabar información sobre magia negra. Durante el par de horas que Hermione consiguió retenerlos allí, Ron no paró de resoplar y quejarse por la "ardua" tarea que Hermione le obligaba a llevar a cabo.
-No seas tan quejica Ron- le reprochaba- Es necesario que conozcamos las armas de nuestro enemigo.
-¿Y de qué nos servirá? Aquí solo hablan de cosas atroces, lo único que conseguimos el dejarnos la moral por los suelos.
-Nos ayuda a mentalizarnos Ronald- dijo Hermione con un deje de tristeza en la voz- Por lo menos podremos hacernos una idea a las cosas que podemos ver o vivir.
Ron tenía razón en lo que había dicho, lo que leían en esos libros era cruel y sanguinario. Maldiciones y hechizos que te amputaban las extremidades, que conseguía que tus sentidos se anularan, que te hacían morir desangrado lentamente…. Además, los libros venían ilustrados con imágenes de cómo quedaba la persona después de sufrir uno de esos hechizos o maldiciones.
-¿Sabéis quien puede ayudarnos con esto?-dejo caer Harry- Malfoy.
-¿Cómo no lo habíamos pensado antes?-dijo Ron- Podíamos preguntarle y así de paso molestarlo un poco ¿no?
-No me parece buena idea-descartó Hermione inmediatamente.
-¿Y se puede saber porqué?- la retó Ron.
-Recordad que Voldemort mató a sus padres, no debe ser agradable para él recordar su época como mortífago y no me parece bien que lo obliguemos a hacerlo.
Durante unos instantes, tanto Harry como Ron permanecieron en silencio sopesando las palabras de su amiga hasta que Harry suspiró.
-Me temo que tienes razón. Por mucho que lo odiemos no me parece justo.
-Te estás convirtiendo en su maldito ángel de la guarda Hermione- le dijo con rencor Ron al ver su plan de molestar a Malfoy fallido.
Hermione no le respondió, solo se dedicó a la lectura de su libro una vez más como si no hubiese escuchado las palabras de su amigo, y es que la verdad era que no tenía ningún argumento para rebatir eso.
Desde el primer instante en el que el rubio llegó a la casa, ella se había encargado de él: le había curado las heridas, le había llevado el desayuno al día siguiente, le había enseñado a prepararse algo decente para comer y ahora evitaba que Harry y Ron fueran a molestarlo.
Sabía que Malfoy no se merecía ni una ínfima parte de lo que ella estaba haciendo por él, pero algo en su forma de comportarse durante esos días, la forma en la que los había evitado para no buscar problemas, la hacían pensar que algo había cambiado dentro del Slytherin a pesar de que se esforzara por aparentar lo contrario.
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