¡Hola de nuevo!

Cómo os prometí, aquí os traigo el nuevo capítulo de esta historia antes del fin de semana.

En esta ocasión los agradecimientos especiales son para Elianela, Smithback, ely singer, Danny, betzacosta y manchanita. Las que tienen cuenta ya les respondí sus reviews y a las que no lo tienen ya saben que me encantaría poder responderles y daros las gracias individualmente.

Muchas Gracias a aquellos que me agregaron a favoritos, alertas y demás y también a aquellos que leen entre las sombras.

Este capítulo es un poco una introducción para lo que ocurrirá en el siguiente. Como últimamente tengo bastante tiempo libre, tengo prácticamente terminado el siguiente capi asique si no podéis aguantar la intriga (ya veréis porqué), hacédmelo saber y lo subiré prontito.

¡Gracias a todos por vuestro apoyo!

Disclaimer: todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.

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Después de haber resuelto el problema de qué hacer con el guardapelo, a Hermione se le presentaba otro, decirle a sus amigos que pertenecía a la familia Malfoy y que además se lo había devuelto a su único heredero. Había pensado hablar con ellos a la hora del almuerzo. Ron era menos agresivo cuando había comida de por medio pero aún así sabía que las cosas no iban a salir bien.

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-Hermione ¿te ocurre algo?

Había bajado después de hacerle entrega a Malfoy del guardapelo y se encontró con sus amigos terminando de preparar el almuerzo. Asique poco tiempo después se encontraban comiendo. Hermione se había concentrado tanto en su plato retrasando el momento de hablar con ellos que no se había percatado que sus amigos le lanzaban miradas de preocupación. Al oír como su amigo pelirrojo le hablaba alzó la vista del plato y pasó la mirada de uno a otro.

-Que va, ¿qué me va a ocurrir?- habló demasiado deprisa sonando demasiado apurada.

-Bueno, es que no has levantado la vista de tu plato desde que empezamos a comer- apuntó Harry.

-La verdad chicos es que tengo que contaros algo...sobre el medallón- lo dijo en un pequeño murmullo que los chicos casi no oyeron.

-¿Has descubierto algo?

-Sí.

-Bueno y ¿a qué esperas para decírnoslo?- se impacientó Ron.

-Veréis chicos conseguí descubrir un nombre grabado en el dorso del guardapelo…- comenzó a narrar temiendo llegar a la última parte, ya para ese momento Hermione había dejado de comer, había perdido el apetito.

-Hermione por favor ve al grano- la instó Ron antes de meterse una enorme cuchara de comida en la boca.

-Bueno pues el nombre que venía grabado era el del nombre de la familia a la que pertenece, los Malfoy.

-Es compresible, Lucius Malfoy fue un mortífago bien considerado por Voldemort, no es raro que estuviera en aquella casa el día que se llevó a cabo la reunión- habló Harry con total calma y sin ningún asomo de sorpresa sin sospechar la resolución que había tomado su mejor amiga.

-Eso no es todo- aclaró Hermione que para ese momento estaba a punto de sufrir un colapso nervioso, no dejaba de retorcerse las manos y podía sentir el pulso palpitándole en la sien.

-¿Acaso has descubierto algo más? ¿Cómo abrirlo?

-No exactamente, veréis como os he dicho el guardapelo pertenece a los Malfoy y bu…bueno he pensado en devolvérselo a su dueño…

-Espera, espera- la interrumpió Ron- ¿Estás diciendo que se lo quieres dar al hurón? ¿Te has vuelto loca?

-Verás Ron, él no tiene nada de sus padres en esta casa y puesto que no puede ir a la suya a por nada no me había parecido mala idea- intentó explicarse la chica.

-Pues ni hablar, no tenemos porque darle nada al imbécil de Malfoy- el pelirrojo empezó a enfadarse y a hacer alarde de su cabezonería.

-Lo siento Ronald pero…

-Pero ya se lo has devuelto ¿verdad?- completó la frase Harry con su mirada verde esmeralda posada sobre su amiga.

Hermione solo se limitó a asentir, decir algo más intentando defender su acción solo provocaría que sus amigos se enfadaran aún más.

-Lo siento mucho Hermione pero esto ya se está pasando de la raya- habló Harry mientras Ron se dedicaba a aumentar su enfado- He intentado comprenderte Hermione, lo sabes, pero no puedes tener esta clase de comportamiento con Malfoy. Entérate Hermione de que él jamás lo tendrá contigo.

-¿Acaso ya has olvidado todos los insultos de estos años?- por fin Ron había recuperado la capacidad de hablar- Siempre nos ha insultado a los tres Hermione, pero contigo era especialmente cruel por ser hija de muggles ¿y ahora tienes esta clase de comportamiento con él? ¡Estas completamente chiflada!

-Claro que no lo olvido Ronald, pero no podemos ser hipócritas y comportarnos con él igual que él lo ha hecho con nosotros con todo lo que nosotros hemos criticado eso- tenía que intentar mantener la calma porque sino las cosas podían acabar muy mal entre ellos.

-Hermione no se trata de eso, lo que no puedes hacer es preocuparte tanto por él. Le has enseñado a valerse por sí mismo, lo defiendes de nosotros y ahora esto….- normalmente Harry era el que mejor comprendía sus actuaciones y era sobradamente más sensato que Ron asique si él le reprochaba su actitud no era muy buena señal.

-¿Lo próximo que será? ¿Qué se convierta en tu mejor amigo? ¿Qué nos sustituya a Harry y a mí?- A medida que aumentaba su enfado, Ron se ponía más rojo y el numero de idioteces que decía, a juicio de su amiga, aumentaba exponencialmente.

-Tampoco hace falta sacar las cosas de quicio Ronald, por supuesto que no va a sustituiros ni a tí ni a Harry. Sólo hago lo que creo que es correcto.

-Pues te estás equivocando Hermione, lo siento- dicho esto, Harry subió escaleras arriba seguido por Ron que no dejaba de enviarle miradas asesinas a la chica.

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Aunque le doliera, sabía que su amigo tenía parte de razón. Malfoy no se merecía ni un poco todo lo que ella hacía por él, además de que en vez de agradecérselo le dedicaba conversaciones como las del día anterior.

¿Qué le estaba ocurriendo? No estaba muy segura, pero no podía evitar sentirse mal cuando lo veía vagar por la casa con esa aura de tristeza permanente que portaba cuando creía que nadie lo veía. Si bien rápidamente cambiaba su gesto a uno de arrogancia y frialdad sabía que estaba mal y eso hacía que algo dentro de ella se encogiese levemente de dolor. Puede que Harry y, sobretodo, Ron no lo entendieran pero ella no podía parecer indiferente al ver al gran Draco Malfoy que en su día había sido tan seguro de sí mismo con su aire altivo, tan triste y hundido cómo lo estaba ahora. El chico estaba totalmente solo, había perdido a sus padres de la peor manera posible y no le quedaba nada. Para él también era muy duro tener que estar encerrado en aquella casa con ellos, si quería seguir vivo tendría que hacer de tripas corazón y permanecer allí. Encima tenía que soportar los interrogatorios a los que lo sometían Harry y Ron sabiendo que él no portaba su varita consigo para defenderse.

Todo eso eran motivos más que suficientes para tener ese tipo de actitud con él ¿no?

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Lo había oído todo. No podían tacharlo de cotilla ni mucho menos, simplemente el también bajó a las cocinas para prepararse su almuerzo y se encontró con la discusión de los tres amigos. Después de haberlo oído todo, fue lo suficientemente ágil como para desaparecer de detrás de la puerta antes de que Potter y Weasley salieran.

Cuando más tarde se detuvo a pensar en lo que había escuchado había llegado a dos conclusiones. La primera era que Weasley parecía superarse así mismo en cuanto a idiotez se refería, ¿él sustituir a ellos dos? Por favor, menuda gilipollez. Ni que él tuviera tal intención.

La segunda conclusión era que tenía que mandar a Granger al carajo o quizás más lejos. Su salud mental corría peligro si no lo hacía. En el fondo, muy en el fondo, agradecía los gestos que la chica tenía con él pero es que las cosas estaban ya sobrepasando un límite. Muy a menudo se había descubierto pensando en ella y las circunstancias que la rodeaban incluso había llegado a pensar que la chica bonita y nada despreciable. ¿No era eso un signo suficiente de que estaba empeorando?

Lo único que quería es que todo el asunto de la guerra terminase y poder volver a su vida normal, en su casa, con sus elfos, su dinero y chicas que si estuviesen a su altura. Cuando todo acabase el sólo recordaría todo esto como una estúpida anécdota.

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Hermione se levantó al día siguiente más tarde de lo normal, apenas había dormido por culpa del malestar tras la pelea con sus amigos. Ninguno de los dos le volvieron a dirigir la palabra en lo que restó del día anterior y eso hacía que se sintiera peor aún. Encima de tener que estar encerrados en aquella mansión, lo que menos necesitaba era que sus dos mejores amigos le retiraran la palabra.

Bajó a desayunar encontrando la estancia vacía, no le sorprendía. A esa hora sus dos amigos debían haber desayunado ya y de seguro que no se habían quedado para evitar verla. El nudo que portaba en su estómago desde el día anterior se estrujó ante tal pensamiento.

El día pasó sin ningún altercado, los chicos seguían evitándola y tenía la impresión de que Malfoy también. Había pasado la mayor parte del día encerrada en la biblioteca intentado entretener su mente con otra cosa que no fuera pensar en sus amigos y el chico no había aparecido por allí en todo el día. Tampoco era algo que la preocupara enormemente, puede que prefiriera leer en su cuarto, pero a una pequeña parte de ella le hubiera gustado verlo para ver que reacción tendría después de lo del día anterior.

Después de cenar, la chica volvió a adentrarse en la biblioteca encontrándose allí al rubio leyendo frente a la chimenea. Unos pequeños nervios de expectación se acomodaron en el estómago de Hermione. Con el libro cogido entre sus brazos Hermione se acercó y se acomodó en el otro sillón.

-Hola- dijo en apenas un murmullo. Pero el chico pareció no escucharla porque no dijo ni una palabra.

En el primero momento en el que Draco oyó como la chica se adentraba en la habitación, sus músculos se tensaron casi imperceptiblemente. Había creído que después de que ella se pasara todo el día allí, no tendría neuronas suficientes como para seguir empapándose de aquellos libros, pero no. Granger incluso superaba sus propios límites de sabelotodo y allí estaba de nuevo dispuesta a seguir con su lectura.

Sintió como se acercaba a él y se sentaba justo en frente. Cuando la escuchó murmurar aquel hola supo, sin ni siquiera levantar la mirada de su libro, que la chica se había sonrojado levemente. Pero él no le respondió el saludo, esperaba que entendiera el mensaje de que no la quería allí con él. Esperaba que después de haberla ignorado durante todo el día ella entendiera que no la quería tener cerca. Pero parecía que toda su inteligencia solo le servía para los libros porque para pillar indirectas era bastante lenta. Él sólo quería evitarle pasar un mal rato, para una vez que se apiadaba de ella…

-¿Qué lees?- y ahí estaba de nuevo, su voz insistente.

-No te importa- le soltó secamente.

Por unos momentos Hermione se quedó sorprendida, con la boca ligeramente abierta pero en cuanto recobró la compostura, recobró también el habla.

-¿Y a tí que mosca te ha picado?

-Ninguna Granger, solo quiero que me dejes en paz- su tono fue más duro que antes.

-Parece que hoy todos habéis decidido fastidiarme el día ¿no?- respondió ella más dolida que enfadada y eso se denotó en su voz- Está bien Malfoy, te dejo en tu inmensa paz y dejo de molestarte con mi presencia.

Y a los pocos minutos Malfoy volvió a quedarse sólo en la biblioteca escuchando los furiosos pasos de Hermione recorriendo el pasillo.

Cuando sintió que el ruido de los pasos desaparecía, Draco suspiró. Era tan fácil hacer enfadar a Granger. Y cómo no podía ser de otra manera el tuvo que pagar los platos rotos de la pelea de la chica con sus amigos. Porque claro, a ellos ¡oh! San Potter y a Weasley no se les podía poner los puntos sobre las íes y hablarle bien claro, porque a la primera que veían u oían algo que no les pareciera correcto, acribillaban a su amiga cómo si fuera lo peor que hubiesen visto jamás.

Ella siempre estaba ahí cuando ellos la necesitaban, los cuidaba y hacía lo que fuera por ellos para velar por su seguridad. Incluso se saltaba las normas solo para ir con ellos. Ella era el cerebro del grupo y si no fuese por ella se seguro que no hubiesen salido airosos de más de uno de sus aventuritas de héroes. Tan acostumbrados estaban a que Granger solo estuviera para ellos que a la primera que veían que ella se preocupaba por alguien aparte de ellos, empezaban a echarle cosas en cara a la chica y le retiraban la palabra. ¿Eso era amistad?

Vale que él no hubiera hecho ningún mérito para beneficiarse de ese comportamiento de la chica, pero no había sido muy duro con ella. Durante todo el tiempo que llevaba ya en aquella casa (cada vez que lo pensaba se ponía enfermo) sólo había tenido dos o tres discusiones propiamente dichas en las que hubiese sacado a relucir toda su crueldad con ella. Tenía la impresión de que ella era la única que había valorado aquel detalle y por eso se preocupaba tanto por él.

Uno, dos, tres… Tres segundos tardo su cerebro en procesar todo lo que acaba de pensar y se insultó de todas las maneras que conocía ¡Acaba de defender a Granger de sus amigos! Había encontrado argumentos suficientes como para reprocharle a Potty y a la comadreja su actitud con la sabelotodo. Ni siquiera evitándola ni siendo duro con ella conseguía sacarla de su cabeza. Mierda, mierda.

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-¿No crees que estamos siendo muy duros con ella?

Harry y Ron se encontraban en el cuarto de este último jugando una vez más al ajedrez. Harry empezaba a sentirse culpable por haber evitado a su amiga durante todo el día anterior. No se retractaba de lo que le había dicho pero tampoco creía que fuese cómo para no dirigirle la palabra. Ella estaba sola, y eso le dolía.

-Que aprenda la lección Harry, no puede andarse con esos miramientos con el maldito hurón- rezongó Ron, él era el que había convencido a su amigo para que no fuese a hablar con Hermione.

-Lo siento Ron, pero esto no puede seguir así. Voy a hablar con ella- y sin hacer caso de de las palabras que su amigo le decía salió de la habitación y se dispuso a buscar a la chica.

La buscó en su cuarto y en la biblioteca y no la encontró en ninguno de los dos lugares, lo cual le extrañó bastante. Asique por descarte debía encontrarla en las cocinas y así lo hizo.

No le agradó en absoluto cómo la encontró. La chica estaba sentada en el sofá frente a la chimenea enroscada en una manta con la mirada perdida en el fuego. Su aspecto no era mucho mejor, tenía el pelo más enmarañado de lo normal y unas violáceas ojeras hacían aparición bajo sus enormes ojos castaños.

-Hermione- la llamó cuando llegó a su lado.

La chica despegó la vista del fuego y la fijó en la de su mejor amigo. Una pequeña sonrisa asomó en sus labios del alivio que sintió al ver a su amigo junto a ella.

-Hola Harry.

-¿Podemos hablar?- preguntó el chico sin despegar sus ojos de ella.

-Claro, siéntate- le respondió dejando un hueco a su lado para que Harry se acomodara.

-Verás Mione, no me gusta que estemos así- comenzó el chico- Sigo sin estar de acuerdo con tu actitud pero ahora nos necesitamos más que nunca y no quiero que estemos peleados.

Harry se quedó mirando a Hermione esperando una respuesta pero esta no llegó, en vez de eso Hermione se lanzó al cuello de su amigo y empezó a llorar en su hombro. Al principio no supo cómo reaccionar ante tal inesperada reacción pero acabó por rodear a su amiga con sus brazos y la estrechó fuertemente hacia él.

-Gracias Harry- habló la chica contra su cuello- Yo tampoco quiero que estemos así.

Al oír sus palabras el chico no pudo evitar sonreír. Hermione podía ser mandona y muy cabezota a veces pero también tenía un gran corazón y por eso la quería como a una hermana.

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Maldito Potter. ¿Cómo el grandísimo Potter no iba a hacer gala de su buenísimo corazón? Incluso a él le parecía una soberana gilipollez que los dos idiotas no les dirigiera la palabra a Granger pero de ahí a que el cara ajada apareciera y la abrazara de tal forma era otra cosa muy distinta.

Había atrasado su hora del almuerzo para no tener que encontrarse con nadie cuando bajara pero, lejos de su intención, se encontró con aquella escena tan enternecedora. Hasta perdió el apetito. Lo que más lo enfurecía de todo era que debía importarle una mierda todo aquello, incluso debería alegrarse porque así Granger estaría entretenida con sus amigos y a él lo dejaría tranquilo, pero no. Para nada sentía algo parecido. Sino todo lo contrario y eso lo enfurecía. Lo enfurecía sentir ese malestar al haber sido testigo de aquel abrazo, de aquella muestra de intimidad y confianza que compartían los dos Gryffindors. ¿Celos? ¿Acaso sentía celos porque su subconsciente quería que la chica lo buscase para averiguar que le ocurría y en vez de eso se estaba reconciliando con Potter?

Imposible.

¿Celos? ¿Él? Por favor, el jamás había sentido tal cosa. Siempre había tenido a cualquier chica cuando quisiera, todas estaban disponibles esperando a que él las reclamase. Una voz en su cabeza le recordó que toda regla tiene su excepción. Granger.

Ella nunca había mostrado signos de interesarse por él durante los seis años que habían estado en Hogwarts, ni tampoco en el mes y medio que llevaban conviviendo juntos en aquella mansión. ¿Sería acaso ese el motivo por el que no podía quitársela de la cabeza? Puede que naciera en él cierto interés por ella después de ver todas las cosas que ella había hecho por él, puede que ese interés aumentara cuando la vio salir aquel día del baño con tan solo una toalla cubriéndola.

Nunca lo había pensado pero visto desde ese punto de vista puede que no se estuviera volviendo loco como él pensaba. Al final iba a resultar que lo único que quería era doblegar ante él a la única chica que se había mostrado indiferente con su presencia. Sólo era cuestión de orgullo, el cual acabaría muy henchido si conseguía que Granger se uniera a su lista de conquistas.

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-Ron deja de resoplar, me desconcentras- le reñía Hermione al pelirrojo.

Después de haber arreglado las cosas con Harry, Ron apareció por las escaleras y entre resoplidos dijo que él tampoco quería estar mal con Hermione. Ella sonrió abiertamente y también se abalanzó sobre el chico dándole un gran abrazo el cual él respondió con entusiasmo y con su rostro completamente rojo.

Y ahora se encontraban de nuevo con la gran mesa de la cocina llena de papeles, un día después, intentando encontrar nuevas informaciones sobre los mortífagos.

-Es que nos encontramos en el mismo punto que hace dos horas- se quejó el aludido dejando caer su peso en el respaldar de su silla.

-Bueno Ronald si no hubiésemos insistido la otra vez no hubiésemos descubierto nada ¿no?- intentó animarlo su amiga.

-Hermione tiene razón Ron, no está mal que lo intentemos un poco más- acordó Harry.

-Está bien, pero solo un poco más ¿vale? Dentro de poco será la hora del almuerzo y muero de hambre- se frotó el estómago para enfatizar aún más sus palabras.

Ni Harry ni Hermione pudieron evitar reír ante las palabras de su amigo. No había persona en el mundo más glotona que él.

Esos momentos que compartía con Harry y Ron eran sagrados para ella, en los ratos como aquél se olvidaba parcialmente de la triste guerra que se libraba fuera. Por unos instantes sólo eran ellos, tres amigos que disfrutaban de su tiempo juntos.

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Después de toda la noche sin apenas dormir, Draco Malfoy había llegado a una conclusión: haría que la santurrona de Hermione Granger cayera a sus pies.

Después de mucho pensar estaba seguro de que su pequeña obsesión por la chica era porque ella no mostraba un interés físico por él y su ego se veía levemente dañado, aunque jamás lo reconocería. Estaba completamente seguro que en cuanto consiguiera besar y acariciar a Granger, desparecería en su totalidad de su cabeza. Era eso o pensar que se estaba volviendo loco y la segunda opción no le agradaba demasiado. De nuevo una diminuta vocecilla apareció en su mente. Hay otra opción posible, que de verdad te estés encaprichando con ella.

-¿Qué diablos dices?- dijo en voz alta y en cuanto se dio cuenta soltó una palabrota.

No era la primera vez que esa estúpida voz le decía cosas que no le gustaba por lo que se esforzó en ignorarla. Estaba decidido a comenzar su plan al día siguiente de su larga noche de insomnio pero la jodida chica llevaba toda la mañana encerrada en las cocinas con sus recién recuperados amigos. No tenía ni idea de lo que hacían allí, cuando intentó oír a través de la puerta solo oyó un pequeño murmullo. Parecía que estaban teniendo mucho cuidado para que él no pudiera oírlos.

Después del almuerzo decidieron cambiar de lugar de reunión y se trasladaron a la biblioteca. Al pasar por la puerta de la habitación de Malfoy, el chico se encontraba apoyado en el marco de su puerta con aire casual. Harry y Ron le dedicaron miradas asesinas que el ignoró olímpicamente, su mirada fue dirigida en exclusiva a la chica, ella había querido pasar sin ni siquiera mirarlo pero al notar el peso de su mirada sobre ella no pudo evitar devolvérsela para encontrarse una mirada bastante más penetrante que la que normalmente le dirigía. Esa mirada le causó muy mala espina por lo que apartó la vista inmediatamente y se adentró en la biblioteca con un mal presentimiento.

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La tarde se hizo realmente interminable para los tres amigos, todo el tiempo rodeados de aquellos pesados volúmenes con tanto polvo que a veces era imposible leer los títulos.

Cuando Ron avisó de que se aproximaba la hora de la cena todos suspiraron aliviados de posponer la tarea para el día siguiente, incluso Hermione lo hizo. Era demasiado frustrante dedicar todos tus esfuerzos en conseguir algo y que no sirvieran para nada.

La cena transcurrió tranquila, los tres amigos charlaron sobre cómo podían enfocar las investigaciones para que la búsqueda fuera más fructífera y también señalaron que hacía tiempo que los miembros de la Orden no tenían reunión, no sabía si eso era una buena señal o no, asique decidieron verlo desde el punto de vista de que si no había aparecido por allí sería porque ningún ataque de gran índole se habría producido.

Después de cenar los dos chicos decidieron jugar al snap explosivo para despejar un rato sus mentes pero Hermione prefirió leer un rato antes de dormir asique, después de despedirse de sus dos amigos, decidió ir a la biblioteca de los Black a buscar un nuevo libro ya que el último ya lo había terminado.

Recorrió la desierta biblioteca entre las grandes estanterías que medían más de dos metros, aquel lugar era increíble. Incluso a alguien que no le gustase tanto la lectura cómo a ella tenía que reconocer que no todo el mundo podía contar en su casa con una biblioteca de tales características.

Al final se paró en la sección de magia antigua y empezó a ojear los distintos títulos que se abrían frente a ella. Hubo uno que le llamó especialmente la atención cuyo título era "Magia Antigua: origen y aplicaciones". Podría encontrar algo del origen de la poderosa magia de Voldemort en él, o algo que le ayudase a combatirla pero el libro estaba demasiado alto para ella, que ni poniéndose de puntillas, lograba alcanzarlo. Dio un par de saltitos consiguiendo solo rozar la cubierta del libro con la yema de los dedos.

-Maldita sea- protestó en voz baja.

Y fue en ese mismo instante cuando lo notó, un penetrante olor a menta la embriagó por completo. Sabía a quién pertenecía ese aroma aunque sólo hubiese tenido una oportunidad de tenerlo lo suficientemente cerca como para percatarse de él. Cómo una auténtica serpiente, Malfoy se había adentrado en la biblioteca siguiendo los pasos de la chica y cuando ella se distrajo intentando coger el libro aprovechó para acercarse aún más a ella.

Entonces Hermione pudo sentir cómo se acercaba a ella por detrás haciendo que el pecho del chico rozara la espalda de ella lo suficiente como para provocarle un escalofrío. Draco alzó el brazo por encima del hombro de la chica y alcanzó sin ningún esfuerzo el libro que tanto trabajo le había costado a ella coger. Cuando tuvo el libro en sus manos, en vez de devolvérselo a Hermione dejó su brazo caer a uno de sus costados esperando que ella se girara y justo cuando empezó a pensar que no lo haría, Hermione comenzó a girar sobre sí misma lentamente hasta que quedó de frente al chico.

La muchacha al girar se encontró totalmente pegada al pecho del rubio que se rozaba con el suyo propio por culpa de su respiración levemente agitada. En cuanto se percató de tal detalle dio un paso hacia atrás queriendo poner distancia entre ambos pero la estantería le impidió avanzar. Todas sus frases ingeniosas habían quedado olvidadas en algún rincón de su cabeza, al igual que su razón que había quedado anulada en el mismo instante en el que el aroma a menta del chico llegó a ella.

Lentamente alzó la vista para encontrarse con la plateada del rubio que la miraba de la misma forma que aquella tarde y que tanto la inquietó. Esta vez su mirada iba acompañada con una sonrisa ladeada que pretendía parecer seductora y, por Merlín, lo estaba consiguiendo.

-Hola Granger- habló Malfoy con una voz grave y ronca.

Y en el mismo momento en el que aquel perturbador sonido llegó a oídos de Hermione supo que su mal presentimiento iba a cumplirse.

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