¡Aquí me tenéis otra vez! Con un nuevo capítulo.
No es excesivamente largo pero compensa con que haya actualizado más rápido de lo normal ¿no?^^
Otra cosita chicas, el jueves tengo un examen asique no sé cuándo podré actualizar la próxima vez, lo único que puedo prometeros es que subiré antes de que acabe el fin de semana ¿vale? Mándenme sus buenas vibraciones que si el examen me va bien, antes actualizo!^^
Hoy los agradecimientos especiales son para: lilha, NemesisAg, luna-maga, Serena Princesita Hale, Danny, poetic lines, betzacosta y Adrit126. Nunca me cansaré de daros las gracias por vuestros reviews.
También mil gracias a aquellos que me agregaron a alertas, favoritos y demás y a los que leen entre las sombras.
Creo que no tengo nada más que decir, solo que espero disfruten del capítulo que a partir de aquí todo empieza a ponerse más intenso.
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Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis me pertenece, todo es de J.K.
Habían pasado ya dos días y la sensación de vacío no abandonaba a Hermione. Se pasaba el día practicando y trazando planes con los chicos y gracias a ello se mantenía la mayor parte del tiempo distraída, haciéndosele más fácil ignorar aquel sentimiento. Pero cuando se quedaba sola con sus pensamientos, éstos la torturaban.
Sabía que Malfoy no era una persona que pudiera tener sentimientos y que le costaría admitirlos en el caso de que los tuviera, pero aún así fue lo suficientemente idiota como para embarcarse en esta historia. Y lo peor de todo era cuánto le había dolido escuchar aquellas palabras. Ya no podía auto engañarse más, estaba todo demasiado claro como para continuar haciéndolo. Sólo habían sido algunos besos a escondidas pero sus sentimientos por él habían cambiado haciéndose más intensos y eso era algo que la trastocaba enormemente. Estaba empezando a sentir algo más que una simple atracción por Draco Malfoy.
En aquellos dos días no lo había visto salvo en una ocasión, en la que se había cruzado en el pasillo del primer piso. Él se había quedado mirándola desde la distancia y a Hermione le pareció advertir que hizo un par de veces el ademán de decir algo pero que al final se contuvo. Una parte de ella pasaba los días esperando ilusamente que él la buscara al igual que hizo ella días antes, demostrándole que también la echaba de menos. Pero después de dos días sus esperanzas fueron minadas drásticamente hasta hacerse prácticamente nulas.
A todo esto había que añadirle lo cercano que se encontraba el ataque a Wellow y que ellos tendrían que defender. Los nervios empezaban a hacer estragos tanto en ella como en sus amigos. Estaban preocupados por el desenlace de toda aquella situación ya que aún no habían conseguido averiguar si de verdad era una tapadera para poder llevar a cabo otro ataque de mayor índole.
Lo que Hermione no sabía es que las cosas no iban a mejorar.
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Ocurrió el lunes tras el almuerzo.
Hermione estaba tumbada sobre su cama intentando descansar un poco. Las últimas noches apenas dormía pensando en todos las cosas que le venían ocurriendo en el último tiempo además de que Malfoy continuaba ignorándola constantemente.
Unos presurosos golpes abajo la hicieron salir de su ensimismamiento y de un salto se levantó de la cama y bajó las escaleras con paso presuroso. Pudo sentir como Malfoy también salía de su habitación y bajaba tras ella aunque con paso más tranquilo. Pero en cuanto llegó al recibidor supo que algo no iba bien, nada bien.
Tonks y Lupin se encontraban junto a Harry y Ron con un semblante que en ninguno de los casos podría significar algo bueno. Hablaban en murmullos con Harry y Ron y a medida que lo hacían, el rostro de sus amigos adquiría la misma expresión que la de los recién llegados. Y cuando los murmullos cesaron los cuatro dirigieron sus miradas hacia la chica, y en ese mismo instante el mundo de Hermione se le vino abajo. Sabía que era lo que había escondido detrás de aquellas muecas de pena y dolor. Sabía que era lo que había sucedido y no quería oírlo.
-Hermione…-Tonks intentó acoger la mano de la chica entre las suyas pero Hermione rápidamente la retiró.
-¿Qué ha pasado?- murmuró con voz rota sabiendo cual era la respuesta.
-Lo sentimos mucho Hermione- esta vez el que hablaba era Lupin- Los mortífagos han conseguido llegar hasta tus padres…no hemos podido hacer nada.
Habían matado a sus padres.
Hermione tuvo que apoyarse en la pared que había junto a ella para no caer al suelo presa de la conmoción que le había producido tremenda noticia. Las palabras sonaban una y otra vez en su mente al igual que los latidos desbocados de su corazón. Harry y Ron se apresuraron a acercarse hasta ella para evitar que terminara por caer y para transmitirle su apoyo pero su amiga los rehuyó. Dejó de apoyarse contra la pared y esquivando a todos los que se encontraban allí se dispuso a salir de la casa.
-No me sigáis- dijo antes de salir con voz apagada- Quiero estar sola.
En cuanto puso un pie fuera de la casa fue consciente del aguacero que caía en esos instantes pero no le importó. Anduvo con paso lento sintiendo como el agua calaba hasta sus huesos, en pocos minutos su ropa estuve completamente mojada al igual que su pelo que se pegaba a su rostro. Sorprendentemente aún no había soltado ni una sola lágrima y no es porque no sintiese dolor, porque aquello dolía y mucho. Había perdido a sus padres, las dos personas que la habían apoyado siempre sin reservas y que la habían querido de igual forma. Voldemort se había encargado de negarle lo único que la ataba a la vida muggle, le había quitado a las dos personas que más quería en el mundo.
Llegó a un oscuro callejón y se despareció para volver a hacerlo en un pequeño bosque desde donde se podía apreciar una hermosa vista. Se encontraba sobre una pequeña colina a cuyos pies corría un pequeño riachuelo. Hermione se sentó recostada sobre un grueso árbol que se encontraba allí, abrazó sus rodillas y hundió su cabeza entre ellas y no fue hasta ese mismo instante con la lluvia aún cayendo sobre ella que empezó a llorar. Como el agua que corría no muy lejos de allí por el pequeño río, sus lágrimas escapaban de sus ojos a raudales confundiéndose con las gotas de lluvia que se encontraban a su paso. Aquello era peor que cualquier crucio que pudieran lanzarle, le dolía el alma, le dolía el corazón y no quería hacer nada por evitarlo. Después de tantos esfuerzos por mantenerlos a salvo, después de haber renunciado a ellos y haberlos escondidos en algún remoto lugar sin ni siquiera saber que ella existía, finalmente habían conseguido llegar hasta ellos y los habían matado.
A sus padres.
Había elegido aquel lugar para estar sola porque era el mismo sitio que visitaba cuando pasaba los veranos con sus padres para poder pensar en paz. Era su lugar favorito y supo que allí podría conseguir desahogar todo su dolor, toda su tristeza y su frustración.
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Había bajado tras ella para saber qué nuevo miembro de la Orden creía conveniente perturbar su paz. Pero jamás pensó encontrarse con tamaña noticia.
Los mortífagos habían conseguido dar con los padres de Granger. Su mente no dejaba de evocar la palidez del rostro de ella cuando se enteró de lo sucedido, ni de cómo tuvo que sujetarse contra la pared para no caer, ni de cómo rehuyó de sus amigos porque en ese instante no había ningún consuelo posible para amainar su dolor. Porque el también había perdido a sus padres y sabía lo que podía estar sintiendo la chica en aquel preciso instante.
Ninguna palabra de consuelo, ni ningún gesto harían que Granger se sintiera mejor. Aquello la acompañaría para el resto de su vida, con el tiempo se haría más llevadero pero nunca desaparecería por completo. Porque siempre recordaría que los malditos mortífagos le había arrebatado a sus padres.
Después de la partida de la chica, los dos recién llegados junto con Potter y Weasley se dirigieron hacia las cocinas dejando a Draco solo en el recibidor, aún bastante conmocionado por lo que acababa de presenciar. Con pasos lentos giró sobre sus talones y se dirigió hacia su habitación donde se tumbó sobre su cama con un amargo sabor de boca.
En los últimos cuatro días había evitado a toda costa cruzarse con la chica por la casa ya que la única vez que coincidieron le picaban los labios por acercarse a ella y besarla como si el mundo fuera a acabar, le picaban las manos por sujetarla por la cintura contra él para poder sentir cada curvatura de su cuerpo y le picaba la lengua por decirle que había sido un reverendo idiota por ser un maldito cobarde.
Pero no podía hacerlo. Había descubierto como la había echado de menos en aquellos días y ese sentimiento fue despejando cada vez más el embrollo que tenía en la cabeza. Tenía la certeza de que Granger le importaba más de lo recomendable y este hecho había quedado ratificado con lo que sentía en ese mismo instante por lo recién ocurrido.
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No sabía cuánto tiempo había pasado pero cuando alzó la vista el cielo estaba teñido de rosa y la lluvia había remitido considerablemente hasta convertirse en una simple llovizna. Creyendo que ya era hora de volver se levantó notando como su cuerpo se encontraba engarrotado por haberse llevado tanto tiempo en la misma posición y cuando se desperezó fue consciente de lo terriblemente empapada que estaba y un escalofrío la recorrió por completo.
Al poco tiempo llegó a Grinmauld Place y no terminó de cerrar la puerta cuando sintió unos pasos subir corriendo desde las cocinas pero ni se molesto en pararse.
-Hermione-la llamó Harry con voz suave- Estábamos preocupados por ti.
La chica se giró hacia sus amigos y la mueca de preocupación de ellos no la ayudaron a sentirse mejor y tanto a Harry como a Ron les pasaba exactamente lo mismo. Hermione venía completamente empapada de pies a cabeza, tenía los labios amoratados a causa del frío y los ojos completamente hinchados y rojos por el llanto.
-Dejadme sola, por favor- dijo con voz monótona. No quería sonar grosera pero de verdad que no tenía ningunas ganas de hablar con nadie.
Y sin mediar palabra se giró y subió los escalones con paso lento con la mirada fija en el frente pero sin mirar nada en concreto. Ni siquiera se dio cuenta de que Draco estaba en el marco de su puerta esperándola. Ella pasó por delante de él sin ni siquiera mirarlo y se metió en su habitación sin mediar palabra.
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Draco al oír el sonido de la puerta al cerrarse supo que no podía ser otra que Granger y sin cuestionarse el impulso que lo llevó a hacerlo, se puso en su puerta esperando ver su estado. Se había llevado toda la maldita tarde pensando en ella, en donde diablos estaría con el diluvio que caía fuera y también en como estaría. Y lo que vio no le gustó nada. Hermione venía que parecía un inferi, con el brillo de su mirada completamente apagado. No miraba a ningún lugar en concreto y pasó por su lado sin dedicarle ni una sola mirada. Draco la observó hasta que se perdió dentro de su habitación y hasta que no vio como la puerta se cerraba no se permitió el lujo de suspirar cansadamente y de pasarse la mano por su inmaculado pelo consiguiendo despeinarlo.
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Dos días.
Dos malditos días llevaba encerrada en su habitación.
Dos días infernales sin saber nada de ella.
La chica permanecía encerrada en su habitación desde que llegó y Draco no podía estar pasándolo peor. Se llevaba todo el día con ganas de ir hasta la habitación de la chica y comprobar cómo estaba. Le picaban las manos por ir hasta ella y hacerla olvidar a fuerza de besos lo ocurrido aunque en el fondo sabía que eso no era lo que ella necesitaba, necesita apoyo y él no se veía capaz de darle eso. Eso era lo que más le jodía de todo, la impotencia. La impotencia de ser la primera vez que sentía así, por no tener ni puta idea de que hacer en tal situación.
Encima, ni Potter ni Weasley habían ido a verla, ni siquiera lo habían intentado y entonces no podía intentar sonsacarles algo de información. Solo esperaba que la jodida Granger abandonara pronto su encierro porque no sabía cuánto tiempo más podría controlarse.
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A la mañana siguiente Hermione despertó con los primeros rayos de sol que se colaban entre las viejas cortinas. Llevaba dos días allí acostada, el tiempo lo pasaba llorando o durmiendo, como si estuviera anestesiada. Pero había tomado una determinación, no podía venirse abajo. Por supuesto que aquello dolía, dolía más que nada pero si se dejaba vencer sus padres habrían muerto en vano y eso no lo iba a consentir. Saldría a luchar junto a sus amigos y haría todo lo posible porque la muerte de sus padres no hubiese sido en balde.
Se levantó con pereza de la cama sintiendo como todos sus músculos agradecían poder estirarse nuevamente y corrió las cortinas para dejar entrar la poca luz que el cálido sol podía transmitir a través de las numerosas nubes que lo opacaban. No le hizo falta mirarse al espejo de la habitación para saber que tendría un aspecto horrible asique lo primero que hizo fue darse una reparadora ducha. Al salir de la habitación no pudo evitar echarle un vistazo a la puerta de la habitación de Malfoy que permanecía cerrada como parecía ser costumbre. Un pequeño pinchazo la hizo saber que en el fondo sentía una pequeña expectación por saber cómo sería la reacción del chico. No queriendo indagar más en el tema s adentró en el baño para al cabo de un rato salir un poco más animada.
Bajó las escaleras hasta las cocinas. Después de dos días, su estómago reclamaba por algo de comida y al poner el primer pie en la estancia vio que no estaba sola. Harry se encontraba sentado en la mesa con ambas manos rodeando una humeante taza. En cuanto notó la presencia de su amiga, el chico alzó la vista y clavó en ellas sus ojos esmeralda sin saber muy bien qué hacer. De los labios de Hermione surgió una pequeña sonrisa casi imperceptible pero que fue todo lo que Harry necesitó para levantarse de su lugar y avanzar hacia ella y acogerla en un fuerte abrazo. Hermione se abandonó a aquel gesto de su amigo y lo estrechó con fuerza apoyando su cabeza en su hombro.
-Lo siento tanto- lo oyó decir contra su pelo.
Como toda respuesta Hermione se apretujó más contra él.
-Todo esto es culpa mía-continuó Harry.
La chica no se sorprendió en absoluto por sus palabras, lo cierto era que las esperaba. Lentamente se separó de él y sujetó el rostro de su amigo entre sus manos.
-Por favor Harry- le dijo calmadamente- Aquí solo hay un culpable de todo esto y ese no eres tú.
-Eso no es…
-Harry- lo interrumpió- No tengo nada que perdonarte asique por favor, no insistas.
El chico le sonrió y volvió a atraparla entre sus brazos.
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Después de un rato de haber abandonado su encierro y de haber comido algo, se encontraba un poco más reconfortada. Y el tener a Harry y Ron con ella lo hacía todo más fácil. Cuando el pelirrojo bajó y se encontró a sus dos amigos juntos en las cocinas no supo qué hacer. Al principio boqueó un poco como pez fuera del agua pero luego abrazó su amiga de una forma un poco brusca a causa de los nervios pero que la reconfortó de todas formas.
El ambiente fue relajado y tranquilo hasta que una cuarta persona hizo aparición en la estancia. Draco Malfoy iba a desayunar como hacía todos los días pero lo que no se esperó era que Granger estuviera sentada junto a sus amigos allí. Tenía el pelo húmedo, probablemente a causa de una reciente ducha y tenía unas casi imperceptibles marcas violáceas bajo unos ojos algo rojos por el llanto de días atrás.
Se la quedó mirando, y ella a él, por más tiempo del recomendado porque Harry y Ron empezaron a pasar sus miradas de uno a otro. Asique el rubio le dio la espalda al trío y se dispuso a prepararse una taza de chocolate que en cuanto se la preparó, se la llevó hacia su habitación no queriendo permanecer más en aquel lugar.
Hermione lo vio salir de allí sintiendo un leve hormigueo en el estómago a causa del largo rato que el rubio le sostuvo la mirada.
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El resto de la mañana la pasó con sus amigos. Ambos intentaban evitar el tema de los padres de Hermione a toda costa y ella se los agradecía enormemente. Había tenido tiempo de sobra para darle vueltas al asunto y ahora lo que necesitaba era distraerse. Hablaron de temas triviales que hacían el ambiente relajado. Prepararon juntos el almuerzo consiguiendo que Hermione les mostrara una pequeña sonrisa de vez en cuando.
Después de la comida Hermione sí que necesitó estar un poco a solas y dejando a sus amigos abajo subió hasta la biblioteca. Cuando se adentró en el lugar el olor a pergamino la inundó por completo, aquella habitación tenía un efecto especial sobre ella. Dedicó una porción de su tiempo en caminar entre las estanterías sin intención de escoger ningún libro. Al rato pudo oír el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse y por instinto todos los músculos de su cuerpo se tensaron. Solo podía ser una persona y no le hizo falta verlo aparecer por el final del pasillo de estanterías donde ella se encontraba para confirmarlo.
Draco Malfoy inmaculadamente vestido se encontraba allí, parado frente a la chica con aquella mirada tan intensa posada sobre ella. Inmediatamente todo su cuerpo reaccionó ante su escrutinio y su corazón comenzó a bombear fuertemente contra su pecho, llegando a temer que el propio Malfoy lo oyera. Con paso sigiloso, como buena serpiente que era, se acercó a ella dejando solo unos pocos pasos de distancia entre ellos. Hermione ni siquiera se movió, tal era la expectación que su cerebro no mandó la orden de separarse inmediatamente de él, algo en cómo estaba actuando hacía que permaneciera en su sitio. Una pequeña parte de ella había anhelado durante muchos días aquella situación y ahora no podía echarse atrás.
-¿Cómo estás?- soltó en un tono bastante hosco que no concordaba con la pregunta que estaba formulando.
Hermione tardó unos segundos en responder.
-Un poco mejor.
Draco tenía la mandíbula fuertemente apretada. Se notaba que aquella situación lo hacía sentir incómodo y Hermione sabía que hacía un considerable esfuerzo por estar allí parado frente a ella y haciéndole aquella pregunta. Porque estaba preocupado por ella.
-Yo…-Malfoy agachó la mirada y se paseó la mano por el pelo como cada vez que se ponía nervioso, las malditas palabras no salían de su boca. Después de los dos mierdas de días que había pasado deseando verla ahora continuaba siendo un maldito cobarde.
Y como si hubiese cogido impulso desde muy atrás, el chico salvó la distancia que había entre ellos y la abrazó fuertemente por la cintura. Al principio Hermione dejó sus brazos cayendo a ambos lados laxos pero luego los subió lentamente hasta devolverle el abrazo. Era la situación más íntima que habían compartido nunca y aquel inesperado abrazo actuó como bálsamo para el adolorido corazón de Hermione, sentía como la angustia que llevaba consigo desde aquel día que discutieron se evaporaba.
Después de unos minutos más en silencio en los que solo se dedicaron a abrazarse, Draco se fue separando poco a poco de ella hasta que hubo distancia suficiente como para mirarla a los ojos. Llevó una de las manos que reposaban en la cintura de la chica hasta su mejilla y la dejó ahí, acunándole el rostro. Y por primera vez desde que lo conocía pudo leer lo que sus ojos le mostraban, había dejado a un lado su armadura para mostrarle a ella mediante su mirada lo que no podía expresarle con palabras. Pudo ver la preocupación que había en ellos y también miedo, miedo por las cosas que empezaban a surgir entre ellos que poco a poco habían ido mutando a algo más profundo que unos simples besos. Pero a pesar de ese miedo él estaba allí, con ella, demostrándole su apoyo y eso para Hermione valía más que cualquier palabra que pudiera decir.
Por eso fue ella la que acortó la distancia que separaba sus bocas, por eso ella fue la que posó tímidamente sus labios sobre los de él mandando una descarga eléctrica a través de la columna vertebral del chico. Ese beso que comenzó con ese tembloroso roce de labios fue profundizando poco a poco cuando Hermione le dio paso a la lengua de Draco para que se adentrase en su boca y la chica se sorprendió gratamente por lo dulce del beso, no era hambriento ni voraz como otras veces. Parecía como si quisiera demostrarle ahora con ese gesto lo que minutos atrás le había demostrado con aquella mirada.
No supieron durante cuánto tiempo estuvieron así enlazados en aquel beso pero cuando sus pulmones reclamaron por algo de oxígeno se tuvieron que separar aunque con reticencias. Pero lejos de separarse, Hermione se apretujó más contra él y escondió su rostro en el cuello del chico, gesto que Draco recibió gustosamente.
-Gracias por esta aquí- murmuró ella contra el níveo cuello del rubio.
El chico soltó una risita prepotente.
-Comprendo que me lo agradezcas, muchas pagarían por estar en tu lugar- le respondió de vuelta de forma arrogante.
Y Hermione no pudo hacer otra cosa que sonreír mientras sentía como él la apretaba aún más contra su cuerpo.
¡Estoy deseando leer sus opiniones! ¡Yo no sé ustedes pero a mí cada vez me gusta más este Draco!^^
Un Besazo!
Nos leemos pronto!
