¡Mis queridos chicos y chicas!
Aquí estoy de vuelta con otro capítulo más. Me hubiese gustado actualizar un poco antes pero al final el examen del que os hablé no salió tan bien como esperaba y mi moral andaba un poco alicaída.
Pero bueno, lo importante es que estoy aquí!^^
Sé que últimamente no hay demasiados momentos Draco/Hermione pero es necesario escribir estos momentos y escenas, prometo que un pelín más adelante las cosas cambiarán. Os pido paciencia, por favor.
Hoy los agradecimientos especiales son para: Adrit126, NemesisAg, Serena Princesita Hale, luna-maga, Danny, betzacosta, memoriesofkagome y poetic lines. Os adoro.
También mil gracias a todos aquellos que me leen desde las sombras y los que me agregaron a favoritos, alertas y demás.
A todos, muchísimas gracias por apoyarme y seguirme.
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.
Por primera vez en días, Hermione se sentía mejor. Haber pasado el día con sus amigos y aquel momento de sinceridad con Draco la habían animado bastante y había repuesto fuerzas para continuar adelante.
Pero lo que ella no sabía era que esa tranquilidad iba a durar muy poco.
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Después de compartir un par de besos y abrazos más, Hermione salió de la biblioteca con la misma sensación que días atrás. Aquel sentimiento que había empezado a crecer dentro de ella era cada vez más intenso y la ayudaba a contrarrestar el dolor que sentía por la muerte de sus padres. Aún no quería ponerle nombre a aquello pues en el fondo aún tenía un poco de miedo de cómo podrían desarrollarse las cosas.
El resto de la tarde la pasó con sus dos amigos ultimando los últimos detalles de la batalla en Wellow, que cada vez era más inminente y no quería que los cogieran desprevenidos.
Eran ya pasadas las diez cuando los chicos estaban recogiendo la cocina después de la cena cuando el fuego de la estancia empezó a crepitar de una forma extraña. Los tres dirigieron miradas ceñudas hacia la chimenea, el fuego se tiñó ahora de un tono verdoso y casi al instante el rostro del profesor Lupin deformado en una mueca de preocupación apareció en él.
-¡Chicos! La batalla es esta noche- les dijo de forma apremiante – Ya sabéis lo que tenéis que hacer – y con la misma rapidez desapareció de la chimenea dejando a Hermione, Harry y Ron paralizados por unos instantes.
A los pocos segundos salieron corriendo escaleras arriba para recoger sus varitas y algunas pociones que les podría ser útiles.
-¡Dentro de cinco minutos nos vemos en el vestíbulo con todo listo! – ordenó Harry y tanto él como Ron desaparecieron escaleras arriba hacia sus habitaciones mientras Hermione se dirigía a su habitación.
Entró en ella como una exhalación y rápidamente recogió su varita del cajón de su mesilla de noche para luego dirigirse al armario y coger de allí el pequeño botiquín que tenía preparado con numerosas pociones. Si hubiese sido por ella se hubiese llevado el botiquín por completo a cuestas pero se obligó a ser práctica y solo eligió las pociones que eran más imprescindibles.
A los pocos segundos salía de su habitación con todo listo pero algo, o más bien alguien, se interpuso en su camino. Malfoy se encontraba en el pasillo mirándola ceñudo.
-¿A dónde coño vais con tanta prisa? – preguntó.
-Vamos a Wellow – dijo Hermione con la voz un poco entrecortada a causa de la prisa que llevaba – El ataque se producirá esta noche.
-Tú no vas a ningún sitio – dijo como si eso lo solucionara todo. Hermione frunció el ceño.
-Claro que voy – replicó decidida – Ahora por favor apártate tenemos prisa.
-No puedes ir – le habló con voz más dureza que antes.
-¡Hermione vamos! – le gritó Ron desde el vestíbulo.
-Tengo que irme Malfoy – le dijo de forma tranquilizadora que no disminuyó el fruncimiento del ceño del chico – Volveré – Le aseguró.
Y acercándose con paso lento se puso de puntillas y lo besó débilmente en los labios. Pero cuando fue a separarse, él la agarró con fuerza por la cintura y con su otra mano la acercó más a él sujetando la nuca de la chica para poder profundizar el beso.
Porque sabía que ella iría de todas formas a la lucha, porque sabía que correría un gran peligro y porque estaba preocupado por ella.
El beso fue corto pero intenso y a los pocos segundos se separaron. Hermione le dirigió una última mirada y bajó a toda prisa. Cuando Draco oyó la puerta de la mansión cerrarse no pudo reprimir una maldición.
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Cuando los tres amigos se aparecieron en aquel pequeño pueblo de las afueras de Londres la batalla ya había dado comienzo. Parejas de duelistas se repartían por aquella plaza central llenándolo todo de haces de luz de varios colores, siendo el verde y el rojo los más predominantes. Durante los primeros instantes los tres se quedaron mudos de la impresión que aquella imagen les provocó.
El corazón de Hermione latía desbocadamente, su respiración se hacía agitada a pesar de no estar haciendo ningún esfuerzo físico y sus ojos se movían de un lado a otro intentando localizar los rostros conocidos que sabía allí se encontraban luchando. No fue hasta que sintió un cálido apretón en su mano derecha proveniente de Harry que sus sentidos se desembotaron.
-No os separéis demasiado – les pidió Harry. Y soltándose de aquel agarre, cada uno se dirigió a un punto de la batalla dónde podían necesitar su ayuda.
Harry se posicionó junto a Kingsley que combatía a la vez con dos mortífagos cuyos rostros estaban cubiertos por una máscara plateada. Por el rabillo del ojo, Harry pudo ver como Ron fue a socorrer a Lupin y Hermione fue junto a Tonks. Pero a los pocos minutos los perdió por completo de vista por culpa de una de las maldiciones que uno de los mortífagos contra los que luchaba le lanzó, obligándolo a tirarse al suelo y resguardarse de su ataque tras una de las figuras que adornaban las fuente central.
Mientras tanto Ron luchaba hombro con hombro con el hombre que una vez fue su profesor en Hogwarts. El pelirrojo no tenía un amplio conocimiento de hechizos y maldiciones como el que podía tener Harry o Hermione pero, al contrario de lo que pudiera parecer, era bastante rápido y ágil por lo que conseguía esquivar los hechizos con facilidad y lanzarlos de igual forma. Desde donde se encontraba podía ver como Hermione con el pelo alborotado esquivaba y lanzaba maldiciones a gran velocidad, haciendo alarde del gran número de hechizos que conocía.
Pero la cosa no era tan fácil. Los mortífagos no dejaban de llegar y el cansancio comenzaba a hacer estragos en los combatientes. Mientras que los del otro bando no dejaban de aumentar en número, los miembros de la Orden cada vez estaban más agotados por la lucha constante. Los hechizos ya no eran tan certeros, ni la rapidez era la misma por lo que las posibilidades de acabar heridos aumentaban exponencialmente.
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Jodida Granger.
Siempre tenía que salirse con la suya. Le daba igual que él le dijera que se quedara, le daba igual que hace unos días las mismas personas con las que se iba a enfrentar esa noche eran las culpables de que sus padres estuviesen muertos. Pero sobre todo le daba igual haberlo dejado a él allí dando vueltas por la casa como un león enjaulado, que hubiese puesto la cocina patas arriba y que se estuviera volviendo loco de la preocupación.
Maldita sea.
No entendía como siendo la alumna más brillante de su generación era capaz de hacer semejante idiotez. No tenía ni la más mínima idea de lo que tendría que presenciar en una batalla como esa, no sabía a lo que tendría que enfrentarse y no sabía todo lo que podría perder en el camino.
No estaba preparada. Ni siquiera podía tranquilizarse pensando que Potter y Weasley la protegerían porque ellos tampoco estaban preparados, incluso menos que ella. Eran un blanco fácil y los mortífagos lo sabían, eran unos inexpertos en ese tipo de cosas e irían a por ellos.
Joder. No hacía ni una maldita hora que se habían ido y ya estaba volviéndose completamente loco. No quería ni pensar como acabaría si Granger no regresaba. Jodidos sentimientos. Por eso mismo él había evitado durante todo este tiempo sentir absolutamente nada por nadie. Pero ella había sido diferente, siempre se había preocupado por él desde que llegó a aquella casa. A pesar de sus insultos y de sus palabras hirientes, ella siempre volvía a él intentando hacerle su estadía más llevadera. Pero cuando realmente consiguió llegar a él fue a partir del aquel primer beso robado, su aire de inocencia al responderle, su nerviosismo. Había sido la única persona que verdaderamente había querido llegar hasta el verdadero Draco Malfoy. La única que a pesar de todas las barreras que había interpuesto siguió insistiendo en averiguar su verdadera naturaleza.
Y ahora que él se había abierto a ella, lo dejaba solo para ir a luchar a una maldita pelea. Ojalá no tuviera esos malditos ideales, ojalá no fuera tan valiente, ojalá le hiciera caso. Solo le quedaba esperar que ella cumpliera su palabra de que volvería.
Le rogaba a Merlín por qué así fuese.
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Hermione estaba sudorosa consiguiendo que varios mechones de su pelo se quedaran pegados a su rostro. Su pulso temblaba considerablemente por culpa del cansancio por lo que sus hechizos no eran demasiados certeros. Había perdido la noción del tiempo, no sabía cuánto tiempo llevaba en aquella lucha pero parecía que había los mismos o incluso más mortífagos que antes. Aprovechó un momento en el que había conseguido dejar inconsciente al mortífago con el que luchaba para mirar a su alrededor. Pudo distinguir algunos cuerpos en medio de aquella batalla campal y no quiso pararse a intentar reconocer a aquellos rostros por temor a encontrar alguno conocido. Pudo distinguir a Harry y Ron un poco más allá luchando juntos e intentó llegar hasta ellos, junto a sus amigos se sentiría más segura pero no le dio tiempo a dar un par de zancadas cuando una figura con máscara se interpuso en su camino.
-Vaya, vaya. Pero si tenemos aquí a la sangresucia amiga de Potter – dijo con voz socarrona y a Hermione no le hizo falta verlo para saber que estaba sonriendo.
La chica permaneció en silencio observándolo fijamente y con la varita apuntándole.
-Bueno sangresucia, prepárate para tu final.
Pero antes de que de que hiciera si quiera un movimiento con la varita, Hermione ya le había lanzado un hechizo de desarme pero el mortífago tuvo buenos reflejos y lo repelió con un hechizo protector.
-¿Eso es todo lo que sabes hacer? – Dijo burlonamente el encapuchado – ¡Crucio!
El haz de luz se dirigió hacia Hermione que lo esquivó por los pelos obligándola a caer. Intentó levantarse lo más rápidamente que pudo pero no fue lo suficientemente rápido porque el desconocido ya la apuntaba con su varita. Abrió la boca con la intención de decir algo pero se quedó en ese simple gesto porque el mortífago se desplomó contra el suelo inconsciente. Tras él apareció un colorado Ron con la respiración acelerada que se acercó en un par de zancadas hacia ella.
-Gracias – le dijo mientras era ayudada a levantarse.
-Para eso estamos - le habló de vuelta Ron sonriendo.
Pero aquel momento no duró demasiado porque fueron rodeados por tres mortífagos con ganas de luchar.
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Ya había pasado la medianoche y el maldito trío dorado continuaba sin aparecer. Sabía que aquellas luchas se alargaban considerablemente en el tiempo hasta que uno de los dos bandos se daba por vencido y la jodida Orden nunca lo haría, no podría dejar a un indefenso pueblo muggle en manos de los mortífagos, no permitirían que gente inocente muriera. Pero por una vez esperaba que hicieran una excepción y que huyeran de allí y pusieran sus culos a salvo.
Había pasado mucho tiempo rodeado de mortífagos como para saber lo sucios y rastreros que eran. Recordaba las palabras de desprecio que le dedicaban a Potter y a sus amigos y el que Granger fuera una sangresucia no la beneficiaba en lo más mínimo. Había oído en alguna ocasión algunos comentarios sobre ella, de cómo la torturarían hasta llevarla a la muerte.
A toda su jodida angustia había que añadirle ese maldito presentimiento que tenía desde que Granger salió por la puerta. Algo en él le decía que no todo acabaría bien esa noche.
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Ron y Hermione llevaban ya un rato luchando con aquellos mortífagos, les estaba resultando difícil dejarlos fuera de combate. Todo se resumía en esquivar haces de luces y de usarlos contra ellos. Pero pronto Fred y George llegaron en su ayuda y desviaron la atención de los encapuchados hacia ellos.
-¡Id a buscar a los muggles! – les gritó Fred a Ron y Hermione - ¡Algunos mortífagos han conseguido llegar hasta las casas!
Los dos amigos se dirigieron una mirada de preocupación y rápidamente echaron a correr cogidos de la mano esperando no separarse. Después de esquivar a duelistas, maldiciones y cuerpos, consiguieron divisar a Harry dejando inconsciente a uno de los enmascarados.
-¡Vamos con los muggles Harry! – le gritó Ron. A Harry no le dio tiempo a responder cuando se vio tirado de la manga de su túnica por Hermione.
Ahora la chica pudo respirar con un poco de tranquilidad al tener a sus dos amigos junto a ella. Llegaron a la primera casa que quedaba en la zona más alejada donde se llevaba a cabo la batalla y cuando vieron la puerta de la casa abierta de par en par todas sus esperanzas se vinieron abajo. El sonido de la batalla que se estaba produciendo unos metros atrás llegaba hasta ellos como un pequeño murmullo ininteligible.
Los tres se miraron y asintieron a la vez que alzaban sus varitas y se pusieron en guardia. Avanzaron los pasos que los separaban de la puerta de aquella casa y entraron a un pequeño recibidor. Todo estaba en completo silencio, lo único que alcanzaban a oír eran sus propias respiraciones. Justo enfrente se alzaban unas escaleras y a su derecha parecía encontrarse la sala de estar. Observaron un poco aquella pequeña estancia y sus corazones se encogieron aún más al descubrir unas pequeñas botas pertenecientes a algún niño pequeño junto a otras más grandes pertenecientes a un adulto. Allí también vivían niños.
Avanzaron lentamente cubriéndose las espaldas y se aseguraron de que toda la planta baja estuviera despejada y así fue. Pero lo más sorprendente era que todo se encontraba intacto, no había ningún objeto en el suelo, ni roto ni nada. Hermione tuvo la secreta esperanza de que aquellos pobres muggles hubiesen conseguido huir antes de que los mortífagos los encontraran. Después se dispusieron a subir a la planta superior y lo primero que llamó su atención fue una de las habitaciones desde las cuales se podía apreciar una pequeña luz. Instintivamente se dirigieron hacia allí pero nada los preparó para lo que encontraron.
La habitación estaba completamente destrozada, las ventanas estaban por completo rotas dejando que el ruido de la lucha llegara hasta ellos, las puertas del armario estaban colgando de los goznes, el televisor estaba hecho pedazos y miles de trozos de cristal estaban desperdigados por doquier. Pero los chicos no se percataron de ninguno de estos detalles porque no podían apartar sus miradas de la grotesca imagen que tenían ante ellos. Dos cuerpos adultos se encontraban completamente desangrados en medio de la enorme cama empapando todo con su sangre escarlata. Los cuerpos pertenecían a un hombre y una mujer que no superaban los cuarenta años. Sus rostros estaban deformados por una enorme mueca de terror, la misma mueca de horror que causaba la peor de las maldiciones imperdonables, el Avada Kedavra.
Hermione no pudo controlar sus lágrimas y éstas cayeron desbocadamente por sus mejillas. Aquella imagen era de lo peor que jamás hubiera imaginado. ¿Cómo podían existir personas que hicieran eso? ¿Cómo podían vivir tranquilos después de haber matado a tantísima gente inocente? Entonces el recuerdo de sus padres acudió a su mente. ¿Murieron sus padres de la misma forma? ¿Los habían torturado y asesinado de igual manera? Su mente le jugó una mala pasada y no pudo evitar evocar la imagen de sus padres en las mismas condiciones consiguiendo que sus piernas flaquearan. Si no hubiese sido porque Harry y Ron se encontraban a ambos lados de ella, se hubiese ido de bruces contra el suelo. Ambos chicos la abrazaron por la cintura y la ayudaron a mantenerse en pie. Aquello les había afectado a ellos de la misma forma que a su amiga pero ella tenía como añadido la reciente muerte de sus padres.
Se dispusieron a salir de la habitación y volver a la batalla pero entonces Hermione reparó en algo que antes no había visto. Entre las sábanas manchadas de sangre había un pequeño bulto completamente quieto, inmóvil. No le hizo falta acercarse y destaparlo para saber que aquel pequeño bulto pertenecía al niño dueño de las pequeñas botas que se encontraban en el recibidor.
-Es sólo un niño… - consiguió esbozar Hermione entre lágrimas y antes de que pudiera apreciar nada más Harry y Ron la sacaron de aquel lugar.
Cuando dejaron de encontrarse frente a aquella imagen los dos chicos abrazaron a su amiga. Sabían que estaban en medio de una lucha pero lo que acababan de presenciar no se borraría fácilmente de sus mentes y necesitaban recobrar la serenidad para seguir luchando.
-¡RETIRADA! – se escuchó una fuerte voz fuera que hizo que los tres amigos se separaran y bajaran a toda prisa la escalera - ¡RETIRADA!
Cuando llegaron a la puerta de la vivienda y salieron al exterior pudieron observar como los encapuchados se evaporaban en el aire despejando el lugar. Los chicos salieron corriendo hasta el lugar donde se congregaba la mayor parte de la Orden. El aspecto de todos estaba considerablemente desmejorado, la mayoría de ellos tenían alguna herida sangrante y todos respiraban entrecortadamente pero no parecía que tuvieran nada grave.
-¿Alguna baja? – preguntó Harry con cierto temor. Pero por suerte Lupin sonrió débilmente.
-Gracias a Merlín no. Hemos tenido mucha suerte.
Después de oír esas palabras todos suspiraron un poco más relajados.
-Pero no todo son buenas noticias – habló ahora Kingsley – Aún no hemos hecho el recuento de muggles muertos y tendremos que modificarle la memoria a otros muchos.
-¿Sabemos ya donde se produjo el otro ataque? – preguntó ahora Hermione.
El rostro de la mayoría de los que estaban allí se ensombreció denotando que ya sabían la respuesta.
-San Mungo – dijo Lupin con voz desapasionada – Han atacado San Mungo.
El peso de aquellas palabras hizo mella en todos los presentes. No solo mataban muggles si no que también mataban a personas enfermas que no podía defenderse. No les importaba si mataban a muggles o a sangre limpias, la cuestión era expandir el caos y hacer el mayor daño posible.
El sonido que hace una persona al aparecerse los sacó de su ensimismamiento pero no les dio tiempo a averiguar de dónde provenía el sonido cuando una figura alta, ataviada con una oscura capa y con su rostro cubierto por una máscara sujetaba a Hermione por la cintura mientras le clavaba su varita en el cuello.
-Hay que estar más atentos – dijo con voz burlona cuando hubo captado la atención de todos y varias varitas lo apuntaban – Parecéis novatos en esto.
-Suéltala – escupió Harry con furia. No iba a dejar que se llevaran a Hermione.
-No te hagas el héroe Potter – volvió a hablar el enmascarado – Me temo que esta vez no te va a servir de nada.
Hermione tenía el rostro transformado en uno de miedo, tenía los ojos por completo cristalinos intentando retener las lágrimas que pugnaban por salir. Tenía miedo, no sabía cómo sus amigos iban a salvarla. Notó como la mano de aquel mortífago acariciaba la suya mientras le quitaba la varita. Ahora sí que estaba perdida.
-No vamos a dejar que le hagas daño– habló Kingsley con su voz grave e imponente.
-¡Oh! No pienso hacerle daño, al menos de momento – dijo con voz tranquila que desentonaba con la tensión del momento – Solo quiero llevármela conmigo – aquellas palabras retumbaron en los oídos de los presentes, sobre todo de Harry y Ron – despediros de vuestra amiga – y con esas últimas palabras desapareció de allí junto a Hermione.
-No…-murmuró descorazonadamente Ron observando el vacio que había dejado su amiga con su partida.
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Cuando Hermione volvió a sentir el suelo bajo sus pies, pudo ver que se encontraba en un bosque. Estaban por completo rodeados de maleza y altos árboles que apenas dejaban ver el cielo estrellado de aquella noche.
-Ahora Granger te voy a soltar – le habló el enmascarado junto a su oído de una forma tan dulce que a ella le dio escalofríos – pero no hagas ninguna tontería. Eres una chica lista, asique sabrás que tienes las de perder. Tampoco intentes desaparecerte, no te va a servir de nada.
Hermione asintió débilmente y al instante sintió como el agarre disminuía hasta dejarla por completo libre. Pero en vez de encararlo o retarlo, Hermione permaneció quieta en su lugar, de momento era lo más sensato que podía hacer. No llevaba consigo su varita y era bastante obvio que no dudaría en torturarla o matarla si ella no colaboraba.
-Bueno Granger, por fin te tengo aquí. Conmigo – dijo mientras la rodeaba y se situaba en frente de ella. Era más alto que ella y también más corpulento.
-¿Por qué me quieres aquí contigo? – preguntó débilmente Hermione.
-Hace tiempo que quería divertirme un poco contigo – continuó hablando tranquilamente, Hermione sabía que había oído aquella voz en algún lugar – Además de que tengo un secreto que compartir contigo.
-¿Qué clase de secreto? – la voz de Hermione le salió un poco desgarrada.
-No seas impaciente princesa, todo a su tiempo. ¿Acaso no te mueres de curiosidad por saber quién soy?
Hermione permaneció en silencio esperando a que aquel desconocido revelara su identidad. Observó cómo, lentamente, aquella figura llevaba su mano dedos largos hasta la máscara y se desprendía de ella, dejando al descubierto aquel rostro moreno de ojos verdes que Hermione había visto en varias ocasiones deambular por Hogwarts.
-Blaise Zabini – fue lo único que Hermione alcanzó a decir.
Estoy deseando saber sus opiniones, ya saben solo tienen que dejarme un review!^^
Un Besote para todos!
