¡Hola!
Aquí ando de vuelta, una semana más, con otro capítulo nuevo en el que se resolverán algunas de las dudas que muchas me habéis preguntado en los reviews.
El capítulo viene con una dedicatoria especial a mi querida NemesisAg que anda un poco estresada con los exámenes. ¡Ánimo!
Los agradecimientos especiales por sus maravillosos reviews son para: Serena Princesita Hale, manchanita, luna-maga, Smithback, Adrit126, memoriesofkagome, poetic lines, Maruuchis, Danny y Negumi Uchiha. Vuestros comentarios son los que me inspiran para escribir!
También mil gracias a aquellos que me leen desde las sombras y a aquellos que me agregaron a favoritos, alertas y demás.
Antes de dejaros con el capi me gustaría comentaros que la semana que viene empiezo las prácticas de laboratorio en la uni y estaré allí desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la tarde, es decir, que mi tiempo para escribir se verá notablemente más reducido. Yo intentaré por todos los medios subir el siguiente capi dentro de una semana como suelo hacer pero si tardo un poquito más por favor os pido paciencia.
Ahora sí, ya os dejo con el capítulo. Espero que os guste!
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.
-¡Vaya! Me alegra saber que me recuerdas – decía Zabini mientras se quitaba los negros guantes que cubrían sus manos. Hermione continuaba en silencio solo observándolo – Vamos princesa, di algo. No va a pasar nada.
-¿Qué quieres de mí? – dijo la chica intentando sonar segura pero no lo logró del todo.
-Ya te he dicho que tengo un secreto que revelarte – continuaba hablando con voz tranquila - ¡Oh! Ya se me olvidaba. También tengo un trato que proponerte.
-No pienso hacer ningún trato contigo.
El moreno negó con la cabeza ante la respuesta de la chica.
-Créeme Granger, te conviene con creces aceptarlo. Pero vayamos por partes – ahora había empezado a rodear a Hermione de la misma forma que un depredador acecha a su presa – Supongo que ansías saber quien fue el que mató a tus padres ¿cierto? – murmuró contra el oído de la chica.
El corazón de la muchacha se encogió ante aquellas palabras, no quería recordar eso ahora, necesitaba ser fuerte y estar con la mente despejada para lograr escapar de allí.
-¿No dices nada? – continuó Zabini ante el mutismo de Hermione posicionándose ahora frente a ella. Sonrió y se humedeció los labios con la lengua como si estuviese saboreando ya las palabras que diría a continuación – Fui yo princesa. Yo maté a tus padres.
oOo
Estaba ya avanzada la madrugada cuando Harry y Ron llegaron al Grinmauld Place. Llevaban dos horas buscando a Hermione y no habían encontrado nada. Buscar a la chica era como buscar una aguja en un pajar, podía estar en cualquier parte. Los dos chicos estaban completamente desolados, al igual que el resto de la Orden. Hermione era una chica lista y valiente pero las posibilidades de que consiguiera escapar con vida eran cada vez más escasas a medida que pasaban las horas. La Orden los había mandado a casa por si ella conseguía escapar e iba hasta allí, los demás se quedarían buscándola. No pararían hasta dar con ella y no estaban dispuestos a perder la esperanza.
Lo que no se esperaban era que Draco Malfoy estuviera sentado a los pies de escalera mirándolos fijamente. Tenía el pelo completamente revuelto y los nudillos ensangrentados pero lo que sí que no se esperaban fueron las palabras que salieron de su boca.
-¿Dónde diablos está Granger?
Después de tantas horas de espera, de tanta inquietud y de tanto todo, aquellos dos subnormales habían aparecido sin la chica. La furia y sobre todo el miedo lo recorrieron de pies a cabeza temiéndose lo peor. Además los rostros de esos dos no auguraban nada bueno. Venían pálidos como la propia muerte, y un enorme gesto de tristeza adornaba sus rostros. Pudo apreciar las miradas de extrañeza que le dedicaron antes de que el pelirrojo le contestara.
-¿A ti qué mierda te importa? – eso fue lo máximo que estaba dispuesto a soportar y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba sobre el pelirrojo sujetándolo por el cuello de su capa y aprisionándolo contra la pared.
-¿Dónde está Granger? – volvió a preguntar con los dientes muy apretados y dejando mucho espacio entre las palabras, a ver si así aquel idiota entendía lo que le preguntaba.
-Suéltalo Malfoy – y de un empujón Harry consiguió separar al rubio de su amigo – No sé porque te interesa tanto el paradero de Hermione, pero te advierto que puede que no regrese- a Draco no le pasó desapercibido el dolor que había camuflado en esas palabras.
-¿A qué coño te refieres con eso? – preguntó de forma agresiva.
-Un mortífago se la ha llevado con él, se desaparecieron del campo de batalla y no sabemos si la vamos a encontrar a tiempo.
oOo
Las palabras retumbaron en los oídos de Hermione y se clavaron como estacas en su corazón. Aquel desagraciado había matado a sus padres y no tenía ningún tipo de reparo en decírselo. Un par de lágrimas se resbalaron por su rostro.
-Bueno, ese era mi pequeño secreto Granger. ¿Qué te parece?
-Eres un maldito bastardo – consiguió articular Hermione con los dientes fuertemente apretados al igual que sus manos.
-¿Un maldito bastardo? ¿Eso crees que soy? – de repente había perdido ese tono amable y dulce por un serio y macabro – Ahora te vas a enterar de lo que es ser un bastardo.
La sujetó fuertemente por el rostro y la obligó a mirarlo a los ojos y fue ahí cuando Hermione dejó de ver el rostro del chico para ver una de las imágenes que siempre llevaría grabada en su mente. Dos cuerpos se encontraban tirados en el salón de una casa completamente deformados y cubiertos de sangre. Aquellos cuerpos tenían adoptadas formas grotescas imposibles de hacer para cualquier persona normal. Y a pesar de toda la sangre y de toda la deformidad pudo reconocer aquellos rostros que siempre le habían transmitido amor y cariño. Pero eso no era lo peor, lo que más le dolía era sentir la euforia que el propio Zabini sentía ante tal imagen, de la alegría que le producía al ver aquel desastre y ser él el causante de todo.
Cuando Hermione regresó a aquel bosque, tenía el rostro completamente empapado y temblada de pies a cabeza. Sentía un dolor agudo en su pecho que sentía que no desaparecería nunca. En cuanto Zabini soltó su cara, Hermione cayó al suelo sollozando.
-Me decepcionas Granger, creía que serías más resistente – pero la chica no lo escuchaba porque el sonido de su propio llanto amortiguaba cualquier sonido.
Cansado de ver aquella imagen débil de Hermione, Zabini la obligó a levantarse de una forma demasiado brusca consiguiendo que ella tuviera que hacer un esfuerzo por mantenerse en pie.
-¡Deja de llorar, maldita sea! – gritó y le dio una fuerte cachetada haciendo que Hermione volteara su rostro y se lo sujetara con ambas manos – Te lo advertí princesa – dijo recuperando el tono amable – Hazme caso y todo saldrá bien.
Hermione lo miró con rencor aún sujetándose la mejilla adolorida pero no dijo palabra.
-Bueno, viendo que no tienes demasiadas intenciones de hablar, continuaré yo – volvió a pasearse alrededor de la chica – Voy a proponerte un trato, que de verdad espero consideres.
El corazón de Hermione latía desaforadamente en su pecho, no estaba dispuesta a hacer ningún trato con ese tipo y sabía que era lo que podría llegar a hacer con ella sino lo aceptaba; aquella persona estaba completamente loca, era totalmente bipolar.
-Ha llegado a mis oídos que ocultáis con vosotros al traidor de Draco Malfoy – la chica intentó mantenerse lo más impertérrita posible ante esa aclaración pero no pudo evitar que su pulso se acelerada aún más, parecía que su corazón quería abandonar su lugar – Y el trato es el siguiente, tú me entregas a Malfoy y esto quedará como una mera anécdota para recordar – acabó de decir justo enfrente de ella con una sonrisa cínica en su rostro - ¿Qué me dices?
-Púdrete – murmuró en un tono amenazante muy poco usual en ella.
El rostro del moreno se transformó de repente. Aquella sonrisa desapareció y la furia hizo su presencia.
-¡Crucio! – gritó apuntándola con la varita imprimiendo todo el odio que pudo en aquellas palabras.
Y justo cuando aquel rayo de luz llegó a ella pudo sentir como miles de dagas se clavaban por todo su cuerpo expandiendo aquel dolor por cada célula. Sus piernas no soportaron su peso y cayó al suelo contorsionándose convulsivamente presa de un dolor que jamás creyó que pudiera sentir.
-Sigues siendo orgullosa ¿verdad? ¿Te niegas a gritar? ¡Crucio!
Y esta segunda maldición ya fue demasiado para el destrozado cuerpo de la chica que no pudo evitar lanzar un alarido de dolor. Sentía como su cuerpo temblaba, como sus ojos se humedecían y como aquel dolor, lejos de remitir, no hacía más que volverse intenso.
De repente todo dolor cesó pero no lo hicieron ni los temblores ni tampoco los rastros de aquel dolor agudo que la perforó por completo.
-Me duele mucho hacerte esto princesa – le dijo acuclillado junto a ella y con un gesto le quitó un mechón que le tapa el rostro acariciando su mejilla y su frente en el camino – Solo quería que vieras que es lo que te espera de ahora en adelante si no decides entregarme a Malfoy.
-No pienso entregártelo – murmuró tan bajito que Zabini tuvo que acercarse aún más a ella para poder oírla.
-No seas testaruda Granger, míralo de esta manera. Tarde o temprano lo cogeremos de igual forma asique nos ahorras tiempo y a cambio te dejo libre. No es un mal trato, todos salimos ganando.
Hermione continuó tirada en el suelo mirándolo fijamente sin pronunciar palabra, entonces sintió como alguien inspeccionaba su mente y a pesar de sus esfuerzos no consiguió evitarle la entrada.
-Ya veo… - dijo Zabini más para él mismo que para ella – La pobrecita sangresucia tiene sentimientos hacia él… ¡Qué conmovedor!
Hermione ignoró por completo el comentario demasiado concentrada en conseguir ponerse en pie y mantenerse.
-Voy a tener que mostrarte de nuevo que te espera si no accedes – seguía hablando para sí el mortífago de forma pensativa.
Apuntó a Hermione con la varita y un rayo de color azul intenso chocó contra ella, estaba preparada para sentir dolor pero lejos de eso lo que empezó vislumbrar fueron imágenes. Al principio eran borrosas pero poco a poco se fueron haciendo más nítidas hasta que consiguió ver lo que ocurría. Aquel maldito le estaba haciendo ver alucinaciones, estaba modificando su visión obligándola a ver gente muerta, personas desangradas, asesinadas a manos de Avada Kedavras, le estaba enseñando toda la crueldad de aquella guerra. Pero la cosa empezó a ponerse mal cuando en vez de adultos empezó a ver niños. La angustia empezó a crecer en su pecho dejándola casi sin aire, ¿cómo podían hacer esas cosas? ¿Cómo existía gente tan cruel? Su cuerpo empezó a temblar convulsivamente y de nuevo empezó a llorar. Y cuando creía que Zabini pararía, aquellos rostros desconocidos cambiaron y ahora veía los asesinatos de sus propios amigos, de los Weasley, de Harry, incluso de Malfoy.
-¡Por favor para! – gritó sin consuelo Hermione - ¡Deja a mis amigos en paz!
Y entonces todo paró, ya no veía más muerte pero aquella angustia, aquel dolor casi físico al ver a sus amigos morir no iba a abandonarla tan fácilmente. Entonces una voz que no era la de Zabini le habló desde muy cerca.
-Vamos Granger, reacciona. Tenemos que irnos – le dijo aquella voz con tono apremiante.
oOo
Después de la aparición de aquellos dos imbéciles, Draco no tenía ni puta idea de que hacer consigo mismo asique subió a su habitación y se encerró en ella.
Lo sabía, si es que lo sabía.
Pero no, oh sor Granger, defensora de muggles tenía que ir a aquella mierda de lucha y ¿para qué? Para que alguno de los seguidores del Lord Oscuro se la llevara consigo.
Durante las horas previas a la llegada de Potter y Weasley tenía la esperanza de que Granger regresara con ellos, a lo mejor no del todo ilesa pero al menos viva. Pero ahora que sabía que se la habían llevado, las posibilidades de que sobreviviera eran prácticamente cero. No iba a alimentar falsas esperanzas.
Además de lo tremendamente jodido que se sentía por haberse expuesto tanto a esos dos. Puede que la comadreja tuviera un cerebro del tamaño de un grano de arroz pero Potter era más inteligente y seguro que tenía muchas preguntas que hacerle respecto a ese tema.
Joder.
Toda la maldita culpa la tenía ella.
oOo
Hermione, aún aturdida y temblorosa por lo que acaba de ver, se dejó guiar por aquella figura desconocida y comenzaron a andar a paso apresurado por el bosque.
-Toma tu varita Granger – dijo tendiéndosela – Date prisa, tenemos que salir del perímetro de seguridad que Zabini a puesto para que puedas aparecerte.
-¿Quién eres? – preguntó Hermione débilmente, poco a poco iba retomando el control sobre sí misma - ¿Qué has hecho con Zabini?
-No te preocupes por él, solo lo he aturdido. En cuanto a quién soy… – dijo a la vez que se paraba en mitad del bosque aún sujetando a Hermione por la muñeca. Se llevó su pálida mano a la máscara que cubría su rostro y dejó a la vista a un chico de tez pálida y unos ojos azul cielo enmarcados por un pelo castaño.
-Nott – le miró aturdida mientras el chico asentía. Una parte de ella se alegró al ver un rostro amigo. Cuando estaba en Hogwarts coincidió con él en numerosas ocasiones en la biblioteca, incluso llegaron a mantener algún que otro cruce de palabras - ¿Por qué haces esto? Tú…tú eres uno de ellos – Era otro Slytherin al igual que Zabini, al igual que Malfoy, pero siempre había creído que era diferente a los de su casa.
-Es una larga historia Granger – respondió escuetamente – Ahora vete, desaparece e intenta por favor no separarte ni de Potter ni Weasley. Zabini estará al acecho – le advirtió – Pronto contactaré contigo y no le cuentes nada de todo esto a tus amigos, al menos no todavía. Todo a su tiempo – Hermione asintió después de todas estas indicaciones y con una última mirada desapareció de aquel macabro bosque.
Cuando dejó de sentir aquella sensación de vértigo y sus pies tocaron el suelo, sintió como una fina lluvia caía sobre ella en aquel oscuro callejón situado un par de calles más abajo de Grinmauld Place. Cogió aire y salió corriendo hacia la mansión deseando con todo su ser encontrarse de nuevo segura entre aquellas viejas paredes. En pocos minutos llegó a la casa y rápidamente se adentró en ella sin poder controlar el fuerte portazo que dio al cerrar la puerta. Resbaló por ella y quedó sentada en el suelo y en aquel mismo instante el peso de todo lo que había vivido en las últimas horas cayó sobre ella como una enorme roca. Todas las imágenes de las muertes de aquellos pobres muggles, de niños, adultos, de sus amigos, de sus padres…El dolor de la maldición cruciatus que aquel mortífago le había lanzado. Fueron tantos los recuerdos que se agolparon en su mente, fueron tantos los sentimientos angustiosos que sintió que se echó a llorar con todo la angustia de su corazón.
Ni siquiera escuchó como Harry y Ron subieron presurosos desde las cocinas, ni tampoco pudo apreciar la mueca de alivio que portaban sus amigos al verla allí.
-Hermione – la llamó Ron, agachándose junto a ella al igual que a Harry. Pero ella no dejaba de sollozar y de murmurar cosas ininteligibles.
-Mione, tranquila. Estás en casa - la consoló Harry.
Viendo que su amiga no reaccionaba, intentaron entre los dos ponerla en pie. Pero la angustia, el dolor y toda la tensión hicieron mella en su amiga que quedó inconsciente entre sus brazos.
Con todo el cuidado del mundo, Ron la cogió entre sus brazos y la subieron hasta su habitación. Al llegar al rellano del primer piso vieron a Malfoy con la misma mueca de preocupación en su rostro que un rato atrás cuando los vio llegar. Porque las circunstancias no eran las más adecuadas, si no tanto Harry como Ron hubiesen indagado en el tema. La preocupación de Malfoy por su amiga era algo completamente irreal y más tarde averiguarían que estaba ocurriendo.
-Sólo está inconsciente – le aclaró Harry al ver como recorría con la mirada el cuerpo inerte de su amiga en brazos del pelirrojo.
Draco simplemente asintió y volvió a enclaustrarse en su habitación pero notando como su cuerpo se relajaba considerablemente.
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Por primera vez desde que la conocía, se alegró de que fuera tan jodidamente obstinada.
Contra todo pronóstico Granger había regresado. Oyó como alguien entraba en la mansión y salió apresuradamente de su habitación rumbo a las escaleras pero cuando fue a poner un pie en el primer escalón se arrepintió. Desde donde estaba pudo escuchar como alguien gimoteaba en la entrada y sintió como su presentimiento se hacía realidad. Estuvo a punto de girarse para encerrarse en su habitación cuando oyó la voz de Weasley llamando a la chica y minutos después la de Potter intentando consolarla.
Lo había conseguido.
Pero esa pequeña euforia desapareció por completo cuando vio a Weasley aparecer por las escaleras con el cuerpo inerte de la chica. ¿Había aparecido para morir en aquella casa? ¿Después de haber conseguido escapar este iba a ser su final de todas formas?
Potter se percató de la mirada que portaba y le aseguró que solo estaba inconsciente. Ya se imaginaba lo que ocurría allí, el niño que vivió se ha dado cuenta. Observó cómo se adentraban en la habitación de ella y regresó a la suya bastante más aliviado de cómo salió.
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Cuando Harry y Ron se despidieron de los miembros de la Orden que había ido a ver a Hermione suspiraron agotados. Ya el sol despuntaba en el cielo, había sido la noche más larga de sus vidas.
Aún no podían creer que Hermione estuviese allí con ellos. Según el medimago que la vio, Hermione no sufría ningún daño físico pero no descartaba las secuelas psicológicas que aquello le produciría a su amiga. Ya solo les quedaba esperar a que Hermione despertara para que les pudiera contar todo lo sucedido desde el momento en el que desapareció de Wellow. Asique se fueron a sus respectivas habitaciones esperando descansar un poco después de aquella agotadora noche.
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Había intenta dormir desde que Granger llegó pero le era imposible. Primero fue el vaivén de gente que vino a verla y luego fueron sus propias elucubraciones. Era perfectamente consciente del miedo que sintió cuando supo la desaparición de la chica y del instinto asesino que había resurgido en él contra aquel que había osado ponerle un dedo encima a Granger. Estaba deseando conocer al culpable para matarlo en cuanto lo viera.
Para.
Aquello no era normal. Las cosas con Granger estaban yendo considerablemente a más, cosa que jamás quiso, pero ya no había vuelta atrás. Era consciente de ese sentimiento cálido que le recorría el pecho al pensar en ella pero no pensaba ponerle nombre.
En medio de todo aquel tornado de pensamientos oyó un grito ahogado. Se sentó en la cama como un maldito resorte y volvió a oírlo pero con más intensidad. De un salto salió de la cama y de su propia habitación y entró en la habitación de Hermione.
-Por favor no… - decía en medio de un sollozo – A ellos no.
Aquello descolocó un poco a Draco, Hermione estaba allí dormida, seguramente rogando por la vida de alguien en sueños, con el ceño ligeramente fruncido y agarrando fuertemente las sábanas. Él en cambio, estaba allí como un pasmarote en el marco de la puerta sin saber qué hacer. No estaba acostumbrado a lidiar con una situación como aquella pero seguramente lo que ella querría sería salir de aquella pesadilla. Asique poco a poco se acercó a la cama y se sentó en uno de los laterales de la misma y observó a la chica. Ahora que la veía más de cerca se percató de que estaba bastante más demacrada que cuando partió el día anterior hacia la lucha, estaba completamente pálida, tenía los labios resquebrajados y secos, tenía una mejilla levemente amoratada y su pelo parecía un auténtico nido de lechuzas.
-Apártate de ellos – dijo con voz más apremiante que antes y Draco se vio en la obligación de despertarla.
La zarandeó levemente de los hombros. Esperó unos segundos y al ver que Hermione solo fruncía aún más el ceño volvió a repetir el mismo movimiento pero con más fuerza que antes, llegando a ser incluso un poco brusco. Fue entonces cuando la chica abrió los ojos y se sentó de repente en la cama, con la respiración completamente acelerada y mirando a su alrededor con un gran temor en aquellos ojos almendrados. Hasta que finalmente reparó en Draco, allí sentado mirándola con aquellos ojos gris mercurio que tanto la fascinaban, destilando preocupación
-Malfoy – dijo ahogadamente y sin que ninguno de los dos lo esperara, se lanzó a sus brazos escondiendo su rostro en el hueco de su cuello. Lo hizo siguiendo sus impulsos y en cuanto se dio cuenta de lo que acababa de hacer y de lo desesperada que habría parecido, estuvo a punto de arrepentirse pero toda sombra de arrepentimiento desapareció cuando el rubio la rodeó con sus brazos y la estrechó contra él.
