¡Lo conseguí!^^
A pesar de llevar una semana de lo más liada con mil cosas que hacer en la universidad y de haber empezado ya a preparar los exámenes finales, una semana más he vuelto a ser puntual y aquí les traigo un nuevo capi más.
Agradecimientos especiales y miles de besos y abrazos para: memoriesofkagome, betzacosta, Serena Princesita Hale, NemesisAg, Hufflepuff, luna-maga, Danny, Adrit126, poetic lines y Maruuchiss.
Antes de que se me olvide quería hacerle un pequeño comentario a Danny: Preciosa, intenté contestarte vía email pero no me daban por válido por tu dirección asique no pude responderte!T_T He pensado que si quieres puedes mandarme un correo desde tu dirección (la mía está en mi profile) y así ya puedo guardar la tuya y contestarte ya siempre desde ahí. ¿Te parece? ^^
También mil gracias a aquellos que me agregaron a alertas favoritos y demás y a los que leen desde las sombras.
Sin más dilación os dejo con el capítulo que espero de todo corazón que disfruten.
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.
Aquella cena fue la peor que Draco recordaba en mucho tiempo. Se paso todo el tiempo en silencio, escuchando de vez en cuando las conversaciones de su alrededor pero la mayor parte estaba sumido en sus pensamientos. Oía como Potter hablaba con tono misterioso con el padre de la comadreja y Lupin. Al otro lado el pobretón no dejaba de reír con las bromas de los dos gemelos, al igual que Hermione. La chica no dejaba de reír ante los comentarios de aquellos dos y Draco no pudo evitar sentirse celoso, celoso porque aquellos dos podían charlar con ella y gastarle bromas sin sentir las miradas acusadoras de todos los demás sobre ellos. De vez en cuando Hermione se giraba hacia él para sonreírle o le sujetaba la mano por debajo de la mesa.
Cuando la cena llegó a su fin, Malfoy no pudo hacer otra cosa que alegrarse por poder volver a la vieja Mansión Black, pero las cosas no iban a resultar tan simples. La señora Weasley insistió en que se quedaran un poco más y ninguno pudo negarse pues echaban de menos aquel ambiente familiar.
Pusieron un poco de música en la vieja radio mágica de los Weasleys. Lo más adultos se pusieron a charlar sobre temas importantes, ni siquiera en aquellas circunstancias podían dejar de tratar aquellos asuntos. En cambio los más jóvenes siguieron con sus bromas y hablaban de temas menos trascendentales.
Draco observaba el cuadro desde un rincón de la sala apoyado en el marco de la puerta. Envidiaba a aquel grupo de personas que se sentían felices de volver a estar reunidos y de continuar sanos y salvos a pesar de los tiempos que corrían. Los envidiaba porque ellos aún tenían una familia a la que recurrir, él ya no podía decir lo mismo.
Las celebraciones navideñas en Malfoy Manor no podían catalogarse de familiares, eran lujosas fiestas a las que asistían decenas de invitados a los que no conocía. Pero al menos eran sus celebraciones, las pasaba junto a sus padres y no se sentía fuera de lugar tal y como lo hacía en aquel instante, mientras observaba a Hermione reir con uno de los gemelos. Ojalá el pudiera también pudiera hacerla reír para que en un día tan señalado no recordara la falta de sus padres. Pero esa tarea les pertenecía a ellos, a sus amigos, no a él, que era un recién llegado a su vida.
Silenciosamente se escabulló hasta el patio trasero sin que nadie pudiera verlo.
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La cena transcurrió mejor de lo que esperaba, Draco se comportó y no hizo ningún comentario mordaz que pudiera incomodar a nadie. Quería transmitirle su apoyo pero tampoco quería hacerlo sentir incómodo delante de nadie y menos sabiendo que todas las miradas estaban puestas en ellos.
Todos estuvieron realmente atentos con ella, queriéndola distraer a cada momento y aunque lo agradecía muchísimo, tenía ganas de volver a Grinmauld Place. La muerte de sus padres estaba tremendamente reciente como para no recordarlos en aquellas circunstancias. Cuando Molly insistió en que se quedaran un poco más no pudieron negarse al ver lo feliz que se sentía de tenerlos todos bajo el mismo techo. Mientras charlaba con Fred después de la cena, pudo ver como Draco desaparecía silenciosamente por la puerta de la cocina y no pudo evitar sentirse un poco culpable por no haber reparado un poco más en él.
Con una pobre escusa se deshizo del pelirrojo y se dirigió hacia donde minutos atrás lo había hecho el rubio y lo encontró en el patio trasero, con las manos metidas en los bolsillos de su oscuro pantalón mirando hacia la nada. Avanzó hasta él quedándose unos pasos por detrás.
-¿Qué tal estás? – le preguntó con voz suave.
-Creí que nunca diría esto pero quiero volver a Grinmauld Place.
Con pasos lentos recorrió la distancia que lo separaba de él y lo abrazó por la cintura uniendo sus manos sobre el abdomen del chico a la vez que posaba la mejilla en su espalda.
-Yo también quiero volver a casa.
-No mientas, no te he visto pasarlo demasiado mal.
Ella suspiró.
-Todos son adorables y han hecho todo lo posible porque yo me sintiera cómoda pero aún así no puedo evitar acordarme de ellos a cada momento.
Draco sintió como la chica se pegaba más a su cuerpo buscando protección al dolor que aquellos pensamientos le causaban. Sacó una de sus manos del bolsillo y cubrió con ella las pequeñas manos de la chica.
-Creo que puedo hacerme una pequeña idea de cómo se siente eso – dijo con ironía.
Permanecieron en silencio, oyendo solo el ruido de las copas de los árboles mecidas por el viento. Hermione no pudo reprimir un escalofrío a causa del frío de la noche. Draco lo percibió y se giró entre los brazos de la chica hasta quedar justo enfrente y la estrechó entre sus brazos con la intención de mitigar ese frío consiguiendo que ella sonriera.
-Deberíamos entrar, no me apetece enfrentarme a una horda de pelirrojos furiosos conmigo.
-Dales tiempo y acabarás formando parte de la familia.
-No me digas eso ni en broma, solo de pensarlo me dan ganas de vomitar – se quejó Draco con una mueca de horror en su rostro.
Hermione alzó el rostro con una mirada inquisidora preparada para reñirle por el comentario pero las palabras murieron en los labios del chico.
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Durante lo que restó de noche, Hermione se separó lo menos posible de Draco. Sólo lo hizo cuando Ginny prácticamente la arrastró para que la informara con pelos y señales de lo que ocurría entre ellos y dio gracias a Merlín porque su amiga se hubiese tomado las cosas mucho mejor que Harry y Ron.
No tardaron mucho más en volver de nuevo a casa y cuando lo hicieron tanto Harry como Ron se dirigieron escaleras arriba con un simple "buenas noches" pero Hermione prefirió prepararse una humeante taza de chocolate caliente para que la ayudara a conciliar el sueño. Draco se quedó junto a ella en la cocina, cada uno sentado en uno de los sillones sumidos en el más absoluto de los silencios.
-Cuando aquel mortífago me llevó con él, pensé que no volvería casa – murmuró Hermione apretujada contra el respaldo de su sillón.
Draco se mantuvo en silencio, sorprendido por la declaración de la chica. Desde que consiguió regresar viva de aquella situación, Hermione se había negado a relatarles absolutamente nada sobre lo sucedido. No siquiera les había dicho nada ni a Potter ni a Weasley asique no pensó que sería él el que oyera aquello.
-Me hizo ver…cosas que me temo quedarán grabadas en mi retina para siempre – le dio un pequeño sorbo a su chocolate – Aún me siguen atormentando robándome el sueño por las noches.
Silencio.
No tenía ni la más mínima idea de porque le estaba contando aquello precisamente a él pero sintió como la carga de sus hombros se aligeraba levemente. Alzó la vista hacia él durante unos instantes, tiempo suficiente para ver la tensión que poseía su cuerpo, como su mirada de color mercurio la taladraba con aquellas pinceladas de sorpresa latentes en ellos.
-Hacía tiempo que no sentía tanto miedo – continuó, su voz era débil pero no lo suficiente para que Draco no la oyera. Tenía los cinco sentidos puestos en ella.
-¿Sigues teniendo miedo? – preguntó serio, con la voz grave y dura.
Hermione volvió a mirarlo debatiéndose entre mostrarle sus sentimientos o no, quedaría por completo expuesta a él, la haría vulnerable.
-Sí – dijo al fin – y mucho. Sé que volverá a buscarme y que acabará dando conmigo, no va a dejar las cosas así.
-No volverá a ponerte un dedo encima – respondió con fiereza.
Hermione sonrió con ironía.
-Cuando sepas de quién se trata te darás cuenta de que no es así de simple, insistirá hasta conseguirlo.
-¿Cuándo piensas decirme quién fue?
-Cuando sea el momento se pondrán en contacto conmigo y será el momento de que lo sepáis, de momento tendréis que esperar.
Draco se mordió la lengua para no volver a contestarle, se la veía tan frágil, y a pesar de ello seguía con la misma obstinación, negándose a contar lo ocurrido.
La chica terminó de beberse su chocolate en silencio y cuando lo hizo se levantó de su sitio notando la mirada del chico clavada en su espalda. Cuando se giró, Draco se encontraba casi a su lado sin que ella hubiese notado su avance. Aquella mirada realmente llegaba a trastocarla.
-Será mejor que vayamos a dormir – dijo y ambos se encaminaron en silencio hasta el primer piso.
Draco la acompañó hasta la puerta de su habitación. Se quedó unos minutos observándola en silencio consiguiendo que la chica se sonrojara de sobremanera y luego depositó un pequeño beso sobre sus labios.
-Me debes una por la cena de esta noche – le dijo estando aún muy cerca de su boca – Ya pensaré como cobrármela – y ese tono sugerente que empleó para pronunciar aquellas palabras fue más que suficiente para que Hermione se pusiera del mismo color rojo que solía portar en su bufanda de Gryffindor.
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Los días pasaron y durante todo ese tiempo no recibieron ningún tipo de información, ni sobre nuevos ataques de Voldemort ni la citación que Hermione tanto esperaba de Nott. Cuando sus amigos vieron que Hermione volvía a la normalidad empezaron a interrogarla más a menudo sin conseguir nada porque la chica seguía sin decir palabra.
-Me temo que tu salvador se ha olvidado de ti – le decía Draco con ironía palpable.
Y ella siempre le respondía lo mismo.
-Tarde o temprano aparecerá, ya lo verás.
Su lo que fuese que tuviera con Draco seguía ahí, en contra de lo que muchos habían creído. Sus sentimientos hacia chico eran difíciles de controlar sobre todo cuando estaba cerca. Era algo que se había agazapado en su corazón y que cada vez se volvía más cálido imposibilitando su huída.
Estás enamorada.
Le susurraba el subconsciente bastante a menudo pero aún no estaba preparada para aceptar algo así. Si ni siquiera era capaz de aceptarlo interiormente, mucho menos lo expresaría con palabras. Se sonrojaba solo de pensar en decirle aquello a Draco, y su corazón se estrujaba cuando la idea de que los sentimientos del chico no eran tan intensos como los suyos le rondaba sus pensamientos
Y tenía miedo.
Porque a pesar de haber demostrado su preocupación por ella y la manera con la que la trataba cuando estaban juntos, seguía sin demostrar al verdadero Draco que se escondía tras su coraza. Cierto era que había traspasado parte de esa coraza pero quería hacerlo por completo, quería llegar hasta su corazón.
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Habían pasado cinco días desde aquella cena de Navidad.
Aunque no fuese algo muy común, los cuatro chicos se encontraban reunidos en las cocinas. Harry y Ron jugaban al ajedrez mágico mientras que tanto Draco como Hermione leían sendos libros con expresión concentrada. Normalmente Draco no hubiese compartido habitación con la comadreja y Potty durante más tiempo del necesario pero Hermione le había pedido encarecidamente que bajara y la acompañara. La chica argumentaba que mientras antes se acostumbrara a la presencia de Harry y Ron más fácil sería para todos. Y como ocurría con la mayoría de las cosas que ella le pedía, no pudo negarse.
Llevaban un buen rato allí, cada uno sumido en sus actividades cuando un suave golpeteo en la ventada de la estancia los sacó a todos de su ensimismamiento. Una lechuza negra como la noche se encontraba en el alféizar de la ventana golpeando insistentemente el cristal.
Hermione podía sentir como su corazón bombeaba a un ritmo frenético en su pecho. Sabía de quién era esa carta. Con un rápido movimiento se levantó del sillón y abrió la ventana dejándole paso a la lechuza, la cual estiró su pequeña pata hacia ella esperando que la chica recogiera el mensaje. En cuanto el ave se vio desprovista de su pequeña carga volvió a emprender el vuelo.
Con manos temblorosas desenrolló el pequeño trozo de pergamino para descubrir una escasa línea escrita con una pulcra caligrafía.
Nos vemos al anochecer en tu casa. Ven con ellos.
Ni unas iniciales, ni firma, nada. Absolutamente nada que pudiera identificar a la persona que le enviaba aquel escueto mensaje pero a Hermione no le hizo falta porque sabía que se trataba de Nott. Pero ¿por qué quedaban en su casa? ¿No sería un lugar peligroso? Esperaba que el chico supiera lo que hacía porque no quería poner en peligro la vida de sus amigos, ni de Draco.
-¿Es él? – escuchó que Harry le preguntaba.
Hermione asintió.
-Dice que vaya al anochecer a mi casa.
-¿A tu casa? ¿Por qué?
-No lo sé, pero confío en su criterio – Esperaba no tener que arrepentirse de sus palabras – Y me pide que os lleve conmigo.
-No íbamos a dejarte ir sola de todas formas – rezongó Ron.
-Al anochecer…eso es dentro de un par de horas – observó Harry – Vamos a tener que esperar.
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Aquellas dos horas fueron de las más largas de su vida. Después de recibir aquella nota ninguno de ellos fue capaz de volver a concentrarse en la tarea que tenían entre manos y se dedicaron a pasearse nerviosos por la estancia y el resto de la mansión. Incluso Draco que nunca se dejaba guiar por el nerviosismo arrinconó a Hermione en la cocina cuando Harry y Ron salieron de allí.
-¿Eres consciente de que puede que nos estés guiando hacia una trampa? – siseó bastante enfadado, Hermione hacía mucho tiempo que no lo veía así, y menos con ella.
-Estoy segura de que no es así – dijo ella intentando no amedrentarse por las palabras del chico.
Bufó sarcástico.
-Al menos podrías decirme ya quien es ese que se gasta tanto misterio, así puedo hacerme una idea de lo que me espera.
-Llevo más de una semana negándome a decir palabra, ¿crees que lo haré ahora por tus intimidaciones?
-Solo intento evitar que nos maten.
-Si Harry y Ron han confiado en mí ¿por qué no lo haces tú? Si quieres quedarte hazlo – atacó ella altiva y orgullosa.
-Por si no te das cuenta ni siquiera tengo una varita con la que defenderme en caso de ataque – dijo sarcástico – Me serviría de gran ayuda para no sentirme como si me estuviera metiendo en la boca del lobo.
Hermione se quedó callada por lo que acaba de oír. No porque no tuviera razón y lógica lo que el chico acababa de decir sino por el miedo que la recorrió de pies a cabeza. Si le devolvía la varita tendría más facilidades para escapar y le aterraba que eso sucediera. Sabía que no era momento de pensar en eso, que ahora tenían asuntos más graves en lo que pensar pero no podía evitarlo, le era imposible no contemplar esa posibilidad.
-¿Qué te pasa ahora? ¿También vas a decirme que no llevo razón en eso? – la instó el con fiereza. Sabía que estaba dejándose llevar pero esa pequeña angustia que sentía en la boca del estómago porque todo fuera una trampa y que volvieran a llevársela lo obligaban a actuar de esa forma.
-Si te doy la varita la usarás para escapar – murmuró ella tan débilmente que creyó que él no la escucharía pero lo hizo.
Se quedó anclado en el suelo mirándola desde la pequeña distancia que los separaba con las palabras que la chica acababa de pronunciar aún resonándoles en la cabeza. Tenía miedo de que al recuperar su varita pudiera irse y dejarla sola.
Se acercó a ella con pasos lentos consiguiendo que ella retrocediera por puro instinto hasta que la pared le cortó el paso. Apoyó sus manos a ambos lados de su cabeza y Hermione se sintió enrojecer, se sentía tremendamente expuesta en aquellos instantes.
Draco dejó caer la cabeza para reírse con cierto matiz de sarcasmo. No se podía creer lo que iba a decir a continuación. Volvió a alzar la mirada clavándola en la de ella para que cuando escuchara lo que le iba a decir no le quedara ningún asomo de duda.
-Aunque quisiera escapar no sería capaz – le dijo en un tono serio que erizó los pelos de la nuca de la chica – No podría dejarte aquí.
El corazón de Hermione luchaba por salir de su pecho, su rostro estaba enrojecido a más no poder y su respiración era tremendamente superficial. Pero nada de esto le impidió arrojarse a sus labios como si quisiera fundirse en ellos mientras que sus manos se unían rápidamente tras su cuello.
Hermione nunca había reaccionado así con él, siempre era él el que se lanzaba hambriento y voraz sobre ella y le encantaba que los papeles hubiesen cambiado. Sus manos apresaron fuertemente su estrecha cintura y dejó caer su cuerpo sobre el de ella aprisionándola contra la pared. Ante tal movimiento Hermione no pudo reprimir un leve gemido al sentir como todo su cuerpo entraba en contacto con él y aquello casi consigue que la cordura de Draco se evaporara. Su razón le echó un cable y evitó que la hiciera suya contra la pared de la cocina en aquel mismo instante.
Como si su contacto le quemara, se separó de ella rápidamente ante la mirada confusa de la chica.
-Será mejor que lo dejemos aquí – dijo con voz ronca.
Completamente avergonzada y colorada Hermione agachó la vista y se dispuso a salir de la habitación pero Draco la sujetó por la muñeca y volvió a acercarla a él.
-No te preocupes que ya tendremos tiempo de continuar – dijo con tono sugerente.
La chica lo miró escandalizada.
-Yo no he dicho que quiera continuar nada contigo – dijo con voz chillona.
-No hace falta que digas nada, tu mirada te delata – y antes de que ella pudiera volver a replicarle Draco apresó su labio inferior con los propios y lo succionó consiguiendo que una nueva descarga eléctrica recorriera a Hermione por completo – Ahora vamos a buscar mi varita, ya casi es la hora.
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A penas un cuarto de hora después los cuatro chicos se encontraban en el hall de la Mansión Black para partir entre las quejas de Harry y Ron que no estaban de acuerdo en haberle devuelto la varita a Malfoy.
-Si sucede algo no podrá defenderse sin su varita – argumentaba Hermione – Corre demasiado peligro como para salir ahí fuera sin ella.
-¿No te das cuenta de que puede escapar y correr a contarle a Voldemort todo lo que sabe de nosotros? – se quejó Ron enfadado.
-Sé que no lo hará – le respondió de forma firme – Puede que tú no confíes en él Ronald pero yo sí que lo hago y sé que no escapará.
Su voz sonó tan autoritaria y firme que ni Harry ni Ron volvieron a decir nada más.
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Al cabo de cinco minutos ya se encontraban en el callejón que se encontraba un par de calles al norte de Grinmauld Place. Hermione sujetó a Draco y Harry mientras que Ron lo hacía a su amigo, ya que ninguno había ido a casa de Hermione con anterioridad la chica fue la que se encargó de llevar a cabo la aparición conjunta.
-Sujetaos fuerte – les indicó Hermione y antes de que les diera tiempo a coger aire, sintieron esa conocida sensación que precedía a la desaparición.
Cuando sintieron como el suelo volvía a aparecer bajo sus pies, abrieron rápidamente los ojos y no tardaron en ponerse en guardia.
Todos salvo Hermione.
La chica miraba embelesada a su alrededor recordando cada uno de los detalles de aquella casa, que tanto tiempo hacía que no visitaba. Se habían aparecido en la cocina que tan familiar le resultaba. Recuerdos se agolparon en su mente sobre las tardes que preparaba dulces y pasteles con su madre, como le gustaba observarla. Todo estaba como lo había dejado hacía ya más de un año. La pequeña mesa de madera envejecida seguía ocupando el centro de la estancia, los estantes donde varios tarros guardaban un sinfín de ingredientes para las comidas.
Todo estaba tal cual consiguiendo que la embargara una enorme sensación de nostalgia y no pudo evitar que una solitaria lágrima resbalara por su rostro desde uno de sus ojos. No fue hasta que sintió una fría mano rozando levemente la suya que volvió en sí y se fijó en sus dos amigos y en Draco que la observaban en silencio esperando a que ella los guiara por la casa.
Salieron de la cocina y entraron en un pequeño pasillo desde donde se vislumbrara la que parecía ser la puerta principal de la casa. En frente una escalera se dirigía a la planta superior y a la derecha había una nueva puerta.
Hermione caminó con pasos lentos hacia aquella estancia quedando completamente quieta en el marco de la misma con los otros tres chicos a su espalda. Una figura completamente vestida de negro se encontraba sentada en uno de los sillones de aquel acogedor salón. Su rostro estaba cubierto por una máscara plateada que no daba lugar a dudas de que tipo de persona era. Al instante los tres chicos lo apuntaron con las varitas de forma decidida y una vez más Hermione no lo hizo.
-¿Quién diablos eres? – dijo con fiereza Draco.
Como toda respuesta, la figura se quitó con parsimonia la máscara pero ni siquiera cuando desveló su identidad los tres chicos lo dejaron de apuntar con la varita.
¿Qué les ha parecido? ¿Bien? ¿Mal? ¿Adoran a Draco tanto como yo? Todo cuanto quieran decirme ya saben, déjenme un review!^^
