¡Hola de nuevo!

Cómo podéis comprobar he conseguido mantenerme viva durante estos días en los que la biblioteca de la universidad se ha vuelto mi casa, aunque no prometo que esto siga siendo así mucho tiempo!

¡Muchísimas gracias a todas las que me habéis mandado vuestra suerte! Mañana tengo un examen bastante importante asique si os concentráis en mandarme todas vuestras buenas vibraciones y energías seré tremendamente feliz^^

Miles de gracias y de abrazos a aquellas personitas que se han tomado el tiempo y la dedicación de dejarme un review. Ellas son: betzacosta, luna-maga, Maruuchiss, poetic lines, Serena Princesita Hale, NemesisAg, Esme Black, Smithback, Adrit126, Danny, memoriesofkagome y Sweet Knight. De verdad, de verdad, de verdad, no sabéis como me animan vuestras palabras.

También mil gracias a aquellos que me leen de entre las sombras y a los que me agregaron a alertas, favoritos y demás.

Creo que no tengo mucho más que contar salvo que espero que disfruten del capítulo.

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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.

Su mente le repetía una y otra vez las palabras recién pronunciadas por la chica que tenía frente a él en aquel mismo instante.

Estaba enamorada de él.

Cualquier discusión que estuvieran manteniendo momentos antes de aquello había quedado completamente en el olvido. Ahora solo era consciente de los latidos acelerados de su corazón, de la cálida sensación que lo había recorrido de pies a cabeza, cada centímetro de su cuerpo.

Jamás hubiese imaginado escuchar algo así y menos de ella, de Hermione Granger. La misma chica que durante años había sufrido sus insultos y humillaciones, su desprecio por ser hija de muggles. Y ahora estaba ahí, dejando al descubierto sus sentimientos, ante él. Durante todos aquellos meses en los que había convivido en la vieja mansión, ella se había preocupado por él y en el último tiempo le había demostrado cosas que nadie había hecho antes.

Debía parecer idiota pero en aquel momento no se sentía capaz de unir ideas en su cabeza para poder pronunciar algo con sentido.

En cambio ella se sentía desfallecer, le había confesado que estaba enamorada de él, algo que hasta hacía unas horas no era capaz de reconocerse ni a sí misma. Y él no había pronunciado palabra alguna, simplemente la miraba.

No lo soportó más.

Alzó la barbilla y salió de la habitación sin ni siquiera mirarlo. Cuando pasó junto a su lado, una parte de ella esperó que él la retuviera, y no pudo evitar sentirse mal al comprobar que no puso ninguna resistencia porque ella saliera de allí.

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Sabía que Draco no le daría una respuesta, sabía que él jamás diría algo como aquello. Pero el mutismo que siguió a su declaración le dolió más de lo que jamás pensó.

Una parte de ella le recordaba una y otra vez la de cosas que el chico había hecho por ella en el último tiempo, como se había preocupado por ella aunque fuese a su manera. Pero otra parte de ella le murmuraba que si él no había hecho ni dicho absolutamente nada era porque no compartía aquel sentimiento.

Y eso le dolía.

Porque no había esperado enamorarse de su enemigo acérrimo desde hace años, porque aquella situación llegó más lejos de lo que ella jamás hubiese imaginado. Y ahora se sentía como una completa idiota por no haber controlado sus palabras.

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Poco tiempo después de que saliera como un huracán de la habitación, Harry y Ron fueron a hablar con ella, obligándola a hacer de tripas corazón y dejar a un lado sus temores para que ellos no se percataran de nada de lo sucedido.

-¿En qué diablos estabas pensando al ocultarnos tantas cosas? – preguntó Ron dejándose guiar por su enfado – La cosa es más grave de lo que creíamos.

-Solo intenté protegeros – se excusó la chica.

-¿Protegernos? – preguntó ahora Harry más calmado que su amigo pelirrojo – La que está en peligro eres tú Hermione.

-Lo sé Harry, y por eso no quería meteros a vosotros tampoco.

-Explícate.

La chica respiró hondo.

-Si os hubiese contado todo lo ocurrido hubieseis ido a por Zabini…

-¿Acaso crees que ahora no vamos a ir a por él? – preguntó Ron escéptico.

-No lo haréis, no de igual forma – intentó explicarse Hermione – Ahora sabéis todo, habéis oído todo lo que Nott nos contó sobre él. Ya no os dejaréis guiar por la venganza, ahora pensaréis más fríamente.

Hubo unos momentos de silencio en los que Harry meditó las palabras de su amiga.

-Supongo que tienes razón, pero aún así podías haber confiado un poco más en nosotros. ¿Qué hay de Nott? ¿Hubiese sido muy difícil para ti contarnos que él fue quién te salvó?

-Ya os dije que fue él quien me pidió que no dijera nada de aquello – repitió la chica por enésima vez.

-Supongo que ahora no viene al caso discutir por ello… - dijo Harry apesadumbrado – Lo que sí que te pedimos es que…

-Es que tengas más cuidado Hermione – habló ahora Ron recuperando su tono de enfado – No te separes de nosotros, no salgas sola de la mansión, no hagas nada que pueda ponerte en peligro.

-Créeme, haré todo lo posible para no volver a toparme con Zabini – al decir aquello no pudo evitar que un escalofrío la recorriera.

-Y nosotros estaremos aquí para ayudarte – le dijo Harry sonriendo cálidamente.

Hermione pasó su mirada de uno a otro. Aunque Ron se enfadara más con ella, sabía que detrás de todo su enojo lo único que había era preocupación por ella, la misma preocupación que Harry le demostraba.

E internamente agradeció tener unos amigos como ellos.

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Era perfectamente consciente de que había metido la pata con Hermione. A la chica le había costado un considerable esfuerzo decir aquellas palabras y él como toda respuesta se quedó con cara de subnormal mirándola.

No es que le hubiese respondido lo mismo, él jamás podría decir algo de ese calibre, pero sí que podría haber dicho algo, lo que fuese, solo por no ver la mueca de disgusto de ella.

Aunque le jodiera reconocerlo, sabía que Hermione no era un simple capricho como el resto de chicas con las que había estado. Le daba igual que hicieran las demás, si decidían estar con otros chicos, si sufrían por su culpa era algo que no le quitaba el sueño.

En cambio ella era diferente.

Los celos lo carcomían cuando la veía sonreírle solo a Potty y a la comadreja, cuando el dichoso pelirrojo se acercaba a ella más de lo recomendado, se volvió loco de la preocupación cuando despareció y aún porta consigo esa angustia que se anidó en él desde que se enteró de todo lo ocurrido el día anterior.

Porque él no podría exponer sus sentimientos al igual que ella pero le demostraría lo importante que era para él.

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Después de aquella conversación con sus amigos decidió encerrarse en la biblioteca a ver si era capaz de despejar su mente con un buen libro. Sabía que estaba siendo un poco injusta con Draco, por eso necesitaba despejarse un poco para poder ser lógica.

Y allí era donde se encontraba cuando el chico la encontró.

Eran más de las doce, ya habían tenido tiempo suficiente para asimilar lo ocurrido.

Los pelos de la nuca de Hermione se erizaron por completo al sentir su presencia en la estancia. Al igual que meses atrás, había arrastrado consigo uno de los sillones junto a la chimenea y lo había llevado hasta uno de los rincones del lugar para evitar ser molestada por nadie.

Pero él ya conocía su estrategia y cuando entró en la habitación y vio que faltaba uno de los sillones supo inmediatamente que ella se encontraba allí. Con sigilo se dirigió hasta aquel rincón y la divisó al final de aquel pasillo de altas estanterías y no le pasó desapercibido como todo el cuerpo de la chica se tensó prácticamente al instante de él hacer su aparición.

A Hermione no le hizo falta alzar la vista para saber quién era, nadie se movía tan silenciosamente como él lo hacía y en aquel momento lo odiaba por ello. Ahora no tenía ninguna escapatoria porque la única salida posible era pasando junto a él y por supuesto que no lo haría. Sabía que se estaba dejando atrapar, que estaba cayendo en su trampa pero una parte de ella deseaba conocer el porqué de su presencia, para qué la buscaba.

A cada paso que daba Draco acortando la distancia entre ellos, Hermione se sentía enrojecer rápidamente. Aún estaba demasiado reciente lo ocurrido como para no seguir sintiendo vergüenza al recordarlo.

El chico se paró a unos pasos de ella y sonrió de medio lado al comprobar el enrojecimiento de sus mejillas y como continuaba con la vista clavada en el libro.

-¿Qué haces aquí? – preguntó ella con voz chillona.

Como toda respuesta Draco terminó de acortar la distancia que había entre ellos y le quitó el libro de las manos a Hermione que, a causa de la sorpresa de aquel movimiento, no opuso ninguna resistencia.

Aún más sonrojada, si es que eso era posible, Hermione alzó la vista y se topó con una completamente seria por parte de él, era oscura e impenetrable. Para más sorpresa aún, Draco sujetó sus manos y la obligó a ponerse en pie frente a él, consiguiendo que la chica alzara la cabeza para poder seguir mirándolo a los ojos.

Hermione solo era consciente de aquellos ojos color mercurio que conseguía que todo lo demás quedara relegado a un segundo lugar. Ya no importaba la vergüenza que había pasado unas horas atrás, ahora lo importante era que él estaba ahí, que había ido a buscarla y que la miraba de aquella forma que hacía que le flaquearan las piernas.

Draco soltó suavemente las manos de la chica para pasar a acunarle el rostro con ellas y acarició sus mejillas con los pulgares. A aquella distancia era consciente del brillo que poseían sus ojos castaños, las pinceladas que titilaban en ellos y aquellas diminutas pecas que adornaban su pequeña nariz.

Acercó su rostro aún más a ella casi rozando sus labios.

-Vuélvemelo a decir – murmuró con voz grave – Por favor.

Que se lo pidiera en ese leve tono de súplica, que se lo pidiera por favor con ese tono grave fue el detonante para que Hermione respondiera, aunque esta vez era plenamente consciente de lo que diría.

-Te quiero – dijo débilmente con el corazón latiéndole a mil revoluciones por minuto.

Esa fue la señal para que Draco terminara de unir sus labios con los de ella. Pero esta vez no quería ser hambriento, ni quería dejarse llevar por sus instintos. Quería saborearla lentamente en una dulce agonía, que mediante ese beso le demostrara todo cuanto él no era capaz de decir.

Muy pocas veces Draco la había besado de aquella manera, Hermione tuvo que sujetarse a su pecho para evitar caer contra el suelo porque sus piernas dejaron de sostenerla. El chico pareció darse cuenta de aquello porque abandonó su rostro para sujetarla fuertemente por la cintura y pegarla lo máximo que pudo contra él.

Cuando sus pulmones pidieron algo de oxígeno, se separaron con las respiraciones por completo agitadas y Hermione completamente sonrojada. La chica tardó unos minutos en volver a abrir los ojos y cuando lo hizo, él ya la estaba observando consiguiendo que sus mejillas se colorearan aún más.

-Yo… - no sabía que iba a decir pero fuera lo que fuese no llegó a salir de sus labios porque él la volvió a besar. Un beso corto pero intenso.

-No digas nada – dijo con tono autoritario aunque ambos sabían que no era así – Ya has dicho suficiente.

Esas fueron sus últimas palabras antes de arrojarse sobre los labios de Hermione que le recibieron gustosamente.

Esas fueron las últimas palabras que se escucharon en aquella vieja biblioteca antes de que ambos dejaran de ser conscientes de todo lo que ocurría a su alrededor.

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-¿De qué hablaste antes con Potter y Weasley? – preguntó Draco junto a su oído.

Después de aquel beso y de los muchos que le siguieron se encontraban en el alféizar de una de las ventanas, el sentado en él y ella acomodada en el hueco entre sus piernas mientras él rodeaba su cintura con sus brazos.

-De lo que nos contó Nott – respondió – No quieren que me ponga en peligro.

-Por una vez, aunque resulte increíble, tienen razón – dijo él – No podrás ir sola a ningún sitio.

Hermione suspiró.

-Tengo la sensación de que por mucho empeño que pongamos en lo contrario, Zabini me encontrará.

Al oír aquello, inconscientemente, Draco la apretó aún más contra él haciendo que ella sonriera levemente.

-Eso no ocurrirá – afirmó con completa seguridad.

Hermione se giró entre sus brazos para mirarlo de frente.

-¿Lo prometes?

Draco la miró a los ojos durante unos segundos que a la chica le pareció eternos.

-Te lo prometo.

Y Hermione pudo suspirar un poco más aliviada, sabiendo que él estaría allí para protegerla.

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El resto del día lo pasaron juntos, hablando, besándose y dándose tiempo para conocerse un poco más, lo que le trajo problemas con Ron.

-¡Al fin apareces! – le espetó en cuento la vio aparecer por las puerta de las cocinas.

Hermione venía como si flotara sobre una nube y se dio de bruces contra la realidad al escuchar lo que su amigo le decía.

-¿Qué quieres decir? – dijo aún algo aturdida.

-¡Llevas todo el día con el maldito hurón! ¡Ni siquiera has comido hoy con nosotros!

-¿Y dónde está escrito que tenga que almorzar con ustedes siempre? – le dijo un poco a la defensiva.

Ron empezó a enrojecer hasta casi adquirir la misma tonalidad que su pelo.

-Ya sabía yo que esto pasaría – dijo con cierto desprecio en su voz – Ya solo te importa él y a nosotros nos has dado de lado.

Hermione sintió aquello como un mazazo en el estómago. ¿Cómo era capaz de decirle algo así? Durante días se había arriesgado a que Draco se enfadara con ella por pasar mucho tiempo con ellos dos, para que no se sintieran desplazados. Era lo último que estaba dispuesta a escuchar.

Vio como Ron miraba a Harry buscando apoyo por parte del moreno pero el chico parecía muy interesado en algo que ponía en el Profeta del día anterior.

-¿Cómo te atreves a decirme algo así? Mi vida no gira en torno a la tuya Ronald, tengo tanto derecho a estar con él como con ustedes y estoy en todo mi derecho en elegir con quien quiero pasar mi tiempo.

Ron dejó caer la mandíbula hasta casi rozar el suelo dándole cierto aire de retrasado.

-No me miras con esa cara, sabes que llevo razón – le espetó ahora ella – Y gracias a tus reproches consigues que no quiera pasar nada de tiempo con ustedes. Harry ya puede ir dándote las gracias por tu gran trabajo.

Y tal y como llegó se fue completamente enfurecida de allí, ni siquiera reparó en que Draco se encontraba en el hall de la casa habiendo escuchado toda la conversación.

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Maldito Weasley.

Maldito y jodido Weasley.

¿Con que derecho se creía que podía echarle nada en cara a Hermione? Ella era libre de hacer lo que le diera la gana, pudiendo estar con él cuando quisiera y todo el tiempo que quisiera.

¿Por qué mierda se tenía que meter en eso?

Los celos lo recorrían de pies a cabeza porque sí que sabía el porqué de todo aquello. La comadreja estaba celoso de que Hermione ahora estuviera con él y ese pensamiento hacía que la sangre le hirviera.

Pero lo que más lo enfurecía es que todo aquello le afectaba a Hermione de una forma no muy buena. Porque a ella le importaba mucho sus amigos y lo que pudieran pensar y si bien Potter se había mantenido al margen, Weasley no hacía más que refunfuñar cada vez que estaban cerca, o lanzarle miradas asesinas a Hermione y ahora le reprochaba el pasar tiempo con él.

Durante mucho tiempo se había controlado pero ahora no le quedaba más remedio que cruzar un par de palabras con el pelirrojo, y por una vez el destino jugó a su favor.

No tuvo que esperar mucho tiempo a que se diera la situación idónea para poder decirle un par de cositas a Weasley. Sabía que Hermione se enfadaría con él cuando supiera de lo sucedido pero en aquel instante aquello le importaba muy poco.

Era pasada la medianoche cuando aún se encontraba en las cocinas, solo, sin poder conciliar el maldito sueño. Pero la suerte estaba de su lado aquella noche cuando escuchó unos pasos bajar las escaleras. No era Hermione, esos pasos pertenecía a unos pies más grandes y menos sigilosos que los de la chica, y no pudo evitar sonreír de medio lado cuando vio al pelirrojo entrar en la habitación, con todo el pelo revuelto y los ojos aún medio cerrados a causa de la molestia que le producía la luz del lugar.

Tardó unos instantes en percatarse de quién se encontraba allí y su rostro se volvió sombrío en el mismo instante en el que enfocó a Malfoy sentado junto a la chimenea.

-Menuda suerte la mía – dijo en tono mordaz – De todo el mundo me he tenido que encontrar con el lechoso.

-¿Te has mirado alguna vez a un espejo Weasley? ¿O acaso tu familia no tiene bastante dinero para comprar uno?

La palidez desapareció por completo del rostro del pelirrojo que inmediatamente fue a echar mano de su varita y descubrió que no la llevaba consigo puesto que no solía dormir con ella. Cuando alzó la mirada para encararse con el rubio, éste ya lo apuntaba con la suya.

-¿Qué pasa Weasley? ¿No tienes tu varita? – dijo con sorna y burla.

-Una vez más vuelves a demostrar lo cobarde que eres hurón – dijo Ron con los puños apretados - ¿Vas a atacarme sin que yo tenga mi propia varita para defenderme?

-No me vengas ahora con esas comadreja – le dijo Draco empezando a enfadarse – Te recuerdo que cuando yo no tenía mi varita no tuviste ningún reparo en amenazarme ¿qué se siente ahora que han cambiado los papeles? – el silencio que prosiguió a esa pregunta fue suficiente para que Draco continuara – Bien, ahora que estás calladito pobretón me gustaría aclararte un par de cositas – el tono amenazante que empleó hizo que Ron se enfureciera aún más.

-No eres nadie para aclararme nada hurón – le respondió el pelirrojo de forma mordaz.

-Me temo que sí Weasley. Para que veas lo generoso que voy a ser contigo de momento solo pienso advertirte pero como vuelvas a hacerlo nadie te librará de mí ¿Entendiste? Creo que he sido lo suficientemente claro como para que tu diminuto cerebro lo haya entendido.

-¿De qué demonio hablas? – inquirió el pelirrojo comenzando a alzar la voz. Sabía que estaba en clara desventaja sobre el rubio y eso lo ponía nervioso.

-No quiero volver a oírte decirle nada más a Hermione como lo que le dijiste esta tarde. Te lo advierto Weasley, déjala en paz, ella puede estar conmigo siempre que le plazca y no cuando tú le des permiso.

Decir que Ron estaba completamente sorprendido era decir poco.

-Te recuerdo hurón que mientras te dedicabas a insultarla yo ya era su mejor amigo. Creo que eso me da cierto derecho a decirle lo que quiera.

La mano con la que sujetaba su varita temblaba ligeramente a causa de la ira que recorría a Draco. No le gustaba que le recordasen aquellas cosas porque ya se atormentaba él solo con su comportamiento con la chica en los años anteriores.

-Asúmelo Weasley, ella está conmigo. Si durante todos estos años no fuiste capaz de valorar lo que tenías a tu lado es solo culpa tuya. No busques que Hermione se sienta culpable por estar conmigo.

-¡Yo solo quiero protegerla!

-¡¿Cómo? – gritó Draco colérico - ¡¿Haciéndola sentir mal por estar conmigo? ¡Enhorabuena Weasley! ¡Eres el amigo que todos desean tener!

-¡¿Cómo puedes decir algo así? ¡Tú! ¡Que durante años te has encargado de insultar a Hermione cada vez que te cruzabas con ella por cualquier pasillo, que la humillabas, que la maltratabas! – la respiración del pelirrojo era agitada y la furia empezaba a cegarlo - ¡¿Y quién la cuidaba eh? ¡Harry y yo! ¡La protegíamos de ti!

-¿Qué diablos pasa aquí? – preguntó Harry entrando en la habitación. Los gritos de aquellos dos lo habían despertado al igual que Hermione que venía tras él.

La mirada de Hermione se posó un momento sobre la de Draco intentando averiguar qué era lo que ocurría allí pero el rubio la retiró rápidamente.

-¡El hurón! ¡Eso es lo que pasa! – continuaba gritando Ron ahora sintiéndose más seguro al tener a Harry de apoyo.

-¿Qué ha pasado Draco? – preguntó Hermione acercándose hasta él. Puso su pequeña mano sobre la pálida del chico que sujetaba su varita y suavemente hizo que la bajara.

-¡Quiere darme lecciones de cómo tratarte! ¡Él!

-Maldita sea Ronald – salta Hermione – Deja de gritar.

El pelirrojo se quedó tan sorprendido por la reacción de su amiga que se calló en el acto.

-¿Qué cosa tan grave te ha dicho para que te pongas a gritar como un desquiciado? – le preguntó la chica.

Ron ya no estaba tan seguro de salir airoso de aquella situación y eso lo enojaba aún más.

-No quiere que me preocupe por ti – dijo sabiendo que eso no era del todo cierto – No quiere que me preocupe para poder hacer lo que le dé la gana contigo.

-Te juro zanahorio que como no digas la verdad te parto esa cara de subnormal que tienes – siseó Draco entre dientes.

Hermione frunció ligeramente el ceño y volvió a girarse hacia él.

-Cuéntame tú lo que ha ocurrido – le pidió.

Le jodía enormemente ser tan vulnerable cuando se trataba de ella y aún más le jodía demostrarlo delante de aquellos dos idiotas.

-Le he advertido que como vuelva a echarte en cara algo sobre nosotros se las verá conmigo – dijo con los dientes apretados.

-¿Es eso verdad Ronald? – se giró hacia su amigo con los brazos en jarras muy al estilo de la Señora Weasley.

-¿No te das cuenta Hermione? Te está manipulando. ¿Crees que después de tantos años de insultos y humillaciones es el más indicado para decirme como tratarte? – de nuevo empezaba a enfadarse Ron –¡ Lo peor de todo es que tú te dejas manipular! ¿Dónde está la Hermione Granger que no quería ver a Draco Malfoy a menos de un metro de ella?

-¡Sigue aquí Ronald! – estaba harta de discutir siempre por el mismo tema - ¡Sigo siendo la misma de siempre! ¿Crees que a mí no me duele pensar en lo ocurrido años atrás? ¡Por supuesto que sí! ¿Crees que no me sentía una traidora cuando todo esto comenzó? ¡Claro que lo hacía! Pero he decidido dejar todo eso atrás Ronald. Creo que Draco ha demostrado con creces que se merece una segunda oportunidad y si tú no quieres dársela es tú maldito problema pero yo haré lo que me venga en gana.

Harry no había abierto la boca en todo el tiempo y no dejaba de pasar su mirada de uno a otro bastante sorprendido de cómo estaba desarrollándose la situación. Ron estaba completamente rojo y se debatía entre la mueca de enfadado o sorpresa.

En cambio Draco estaba que no cabía en sí de la poderosa sensación que lo recorría. Al contrario de lo que él hubiese creído, la chica lo había defendido con uñas y dientes delante de sus dos amigos y la cara de sorpresa de los dos era increíble.

-Si ya no tienes ninguna tontería más que decir Ronald me voy a dormir – dijo Hermione altiva como pocas veces se la había visto – Y Draco también – lo sujetó de la mano y ambos se encaminaron escaleras arriba.

¿Qué me dicen? ¿Os gustó? ¿Sí? ¿No?

Sea lo que sea díganmelo mediante un review y ya de paso me sacan una sonrisita.

Un Besote!