¡Hola a todos!
Aquí les traigo el penúltimo capítulo de la historia (no saben la pena que me da decir esto T.T).
¡Antes de que se me olvide! ¡Hemos llegado a los 300 reviews! Siempre estaré infinitamente agradecida por sus maravillosos reviews y por todo su apoyo. De verdad que mil gracias de todo corazón.
También mil gracias a aquellos que me agregaron a alertas, favoritos y demás y a los que leen entre las sombras.
Hoy los agradecimientos especiales son para: betzacosta, akNy, Sabaana, Seleniita Black de Malfoy, Hatake Nabiki, yoa89, Nix Zadhara, luna-maga, parvaty32, Maruuchiss, Serena Princesita Hale, mariapotter2002, Aglaia Callia, Caroone y Rebeca. Adoro todos y cada uno de vuestros reviews.
Bueno creo que ya no tengo nada más que decir solo que espero que disfruten del capítulo.
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.
La noticia los cogió por sorpresa, a pesar de llevar días mentalizándose para aquello.
Aún estaban terminando de recoger las cosas del desayuno cuando llegaron el profesor Lupin y Tonks.
-Chicos traemos noticias – les informó el viejo profesor – Siéntense.
Los muchachos se miraron entre ellos y obedecieron sin dudar lo que les pedían.
-¿Qué ocurre? – preguntó Harry taladrando con la mirada a Lupin.
El hombre suspiró.
-Ya tenemos fecha para el ataque a Hogwarts – dijo intentando sonar tranquilo.
-¿Cuándo?
-Mañana al anochecer.
Se sentían como si un jarro de agua congelada les hubiese caído por encima, todos menos Draco, que miraba apartado la situación con su aire indiferente.
Aunque en el fondo sintiera lo mismo que los demás.
-¿Cómo lo habéis sabido? – quiso saber Hermione.
-Nos hizo llegar una carta. Más o menos nos decía que nos avisaba de la fecha porque quería que todos fuéramos testigos de su victoria, que mientras más mejor y que por supuesto tú debías estar presente Harry.
Todos miraron a Harry esperando algún tipo de reacción por su parte pero el chico permaneció sereno, imperturbable y todos lo admiraron por su entereza. Se iba a enfrentar a uno de los magos más poderosos de todos los tiempos y no tenía miedo, sino una terrible determinación por enfrentar su destino.
-¿Cuándo nos vamos? – preguntó.
-Preparad vuestras cosas y a las doce en punto la chimenea se conectará con la del despacho de McGonagall y viajaréis hasta allí mediante red flu – les explicó Tonks – Pero recordad, a las doce en punto. La chimenea solo permanecerá abierta durante unos minutos.
-Nos encantaría quedarnos y contaros más cosas pero tenemos que irnos – dijo Lupin mientras se levantaba junto a Tonks – Ya sabréis los detalles cuando lleguéis a Hogwarts.
Cuando volvieron a quedar solos ninguno pronunció palabra, solo eran conscientes de una cosa.
El día en el que se decidiría el futuro del mundo mágico había llegado.
oOo
Mientras recogía sus cosas, Draco la mirada sentado en el sillón que había frente a la cama. Sabía que tenía la mirada fija en ella y en cada uno de sus movimientos pero en ese momento eso era el menor de sus problemas.
Estaba muy nerviosa.
Había recogido algo de ropa para el día siguiente y ahora hacía una selección de pequeños frasquitos con diferentes pociones. Sabía que allí en Hogwarts, Madame Pomfrey seguro que poseía suficiente arsenal para curar a tanta gente pero nunca estaba de más ser prevenida.
Solo por si acaso.
-No sé cómo puedes estar tan tranquilo – le dijo al rubio sin volverse a él.
-¿Serviría de algo que me pusiera nervioso? – respondió pasivo.
Hermione se giró hacia él.
-Mañana pueden salir mal muchas cosas, corremos un gran peligro – dijo la chica – Es imposible permanecer indiferente ante eso.
-Yo no he dicho que me dé igual todo eso, yo también quiero que salgamos vivos de esta – dijo con un tono un poco molesto.
Hermione se acercó hasta él con expresión arrepentida y se sentó en su regazo.
-Lo siento – se disculpó – Es que estoy muy nerviosa y preocupada.
Draco la sujetó por el mentón y la acercó hasta él para besarla de forma lenta y pausada hasta que sintió que la chica se relajaba entre sus brazos.
-Todo saldrá bien, tú preocúpate de mantenerte con vida – murmuró sobre sus labios con su mirada plateada fija en ella.
Y ella quiso creer con toda su alma en sus palabras.
oOo
Unos minutos antes de las doce ya estaban los cuatro en la cocina con una mochila cada uno preparados para volver a Hogwarts. Ninguno hablaba, solo esperaban a que fuese la hora.
Cuando el reloj comenzó a dar las doce campanadas, uno a uno se fueron introduciendo en la chimenea. Primero Harry y Ron y luego Hermione dejando a Draco el último. Cuando aparecieron en el despacho de la directora todo estaba igual que la última vez que estuvieron allí.
Varios instrumentos de diferentes formas se encontraban desperdigados por la habitación ocupando gran parte del despecho. Los cuadros de los antiguos directores de la escuela adornaban las paredes, muchos dormían, otros miraban con curiosidad a los recién llegados.
-Bienvenidos de nuevo – les habló la profesora McGonagall.
La mujer seguía igual que siempre, con su apretado moño en la nuca y su expresión severa.
Tras los saludos de los chicos, de todos menos de Draco, la nueva directora del colegio los condujo por los pasillos del colegio hasta el Gran Comedor que, a pesar de ser la hora del almuerzo, se encontraba mucho más vacío de lo normal.
-¡Chicos! – gritó una voz.
Una cabellera pelirroja corrió hasta ellos y abrazó con fuerza a Hermione
-Me alegro de verte Ginny – la saludó la chica.
-Que bien que estéis aquí – sonrió la pelirroja.
-¿Qué haces todavía aquí? – preguntó Harry con el ceño fruncido - ¿Acaso aún no han desalojado el colegio?
-Claro que lo han desalojado pero solo era obligatoria la partida de los alumnos de quinto y cursos inferiores. Los demás podíamos quedarnos a luchar si queríamos y yo me quedo.
-Tú no te quedas – está fue Ron quién le reprochó su actitud – Ahora mismo te vas a la Madriguera.
-Quiero luchar – insistió la pelirroja con determinación – Y pienso hacerlo.
-Por favor silencio – habló una voz grave desde la mesa de los profesores – Ahora que estamos todos vamos a aclarar una serie de puntos.
Kingsley se erguía frente a todos, su sola presencia imponía y la forma que tenía de hablar y su voz grave infundía respeto.
Todos guardaron silencio para escucharlo hablar.
-Todos sabemos porque estamos aquí, todos habéis elegido luchar contra aquello que solo busca la destrucción y el mal. Mañana al anochecer, Hogwarts será atacado por un gran número de mortífagos y a su cabeza irá él, Voldemort – muchos se estremecieron al oír su nombre – Hasta la hora del ataque nos encargaremos de aumentar todo lo posible las defensas del castillo, tanto la zona de los jardines como el propio castillo. Nos dividiremos en diferentes grupos para poder abarcar la mayor extensión posible.
A continuación Kingsley y la profesora McGonagall se dispusieron a dividir a todos los congregados en el Gran Comedor en diferentes grupos asignándoles distintas zonas del colegio.
A Harry y a Ron les tocó una de las zonas de los jardines colindantes con el bosque prohibido mientras que Draco y Hermione debían ir a reforzar la entrada del colegio y los alrededores.
Los tres amigos se despidieron antes de ir a hacer sus respectivas tareas.
Les quedaba una tarde muy ajetreada.
oOo
-A medianoche en la Sala de los Menesteres.
Esas habían sido las palabras de Draco tras la cena.
La profesora McGonagall había creído conveniente que ellos cuatro ocuparan sus antiguas habitaciones, lo cual significaba que Draco dormiría abajo en las mazamorras y Hermione en la torre Gryffindor con Harry y Ron.
Y ciertamente, aquella idea no le agradó en absoluto.
Al día siguiente, a aquella misma hora estarían en plena batalla y, siendo realistas, el desenlace de la misma era algo incierto. Quería estar con Draco la última noche antes de que aquello sucediera por eso fue un alivio el ver que él opinaba lo mismo, y que la citaba a medianoche en la Sala de los Menesteres.
Cuando llegó a su vieja sala común, una oleada de nostalgia la invadió. Cuantas horas había pasado allí con Harry y Ron, haciendo planes, ayudándolos con los deberes o simplemente charlando tranquilamente.
Se despidió de sus amigos y se dirigió junto a Ginny hacia su habitación donde cada una se acomodó en una cama con dosel rojo.
-¿Qué crees que ocurrirá mañana? – oyó que Ginny le preguntaba desde su cama.
-Confío en Harry – le respondió – Podrá vencerle, lo que no sé es a cambio de qué precio.
-Mañana podría morir mucha gente Hermione – dijo la pelirroja con voz compungida.
-Lo sé Ginny y eso es lo que más miedo me da – estaba siendo sincera, temía por la vida de todos y cada uno de aquellos que iban a luchar a su lado.
-Esperemos que mañana la suerte esté de nuestro lado. Buenas noches Hermione – se despidió Ginny.
-Buenas noches.
oOo
Quedaban quince minutos para las doce y muy silenciosamente sin querer despertar a Ginny, Hermione salió de su cama y se dirigió escaleras abajo. Antes de salir por el retrato de la Dama Gorda, se aseguró de que el pasillo estuviera despejado y, una vez que lo hizo, salió a paso rápido por los desiertos pasillos del castillo.
Anduvo por pasillos, cogió atajos y subió un par de escaleras hasta llegar al tapiz que le indicaba que estaba en el sitio correcto. Pasó tres veces por delante de la pared pidiendo un sitio donde ella y Draco pudieran verse y al instante apareció una puerta por donde entró.
Él ya estaba allí.
De espaldas a la puerta mirando por la única ventana que poseía la habitación. Se acercó poco a poco hacia él pero no le dio tiempo a llegar cuando Draco se giró hacia ella.
Estaba mortalmente serio, con los brazos cruzados sobre su pecho y la mandíbula fuertemente apretada.
Y sus ojos.
De aquel gris plata que siempre la habían cautivado, la miraban desde la pequeña distancia que los separaba, taladrándola. Era tal el escrutinio que Hermione no pudo evitar ruborizarse levemente.
-Draco, ¿qué ocurre? – le preguntó suavemente.
El chico pareció relajarse un poco cuando oyó su voz. Mientras descruzaba sus brazos se fue acercando con paso lento hasta ella y sin mediar palabra alzó una de sus manos y le acarició levemente la mejilla con el pulgar.
Sin poder controlarlo, Hermione se había convertido en una pieza fundamental de su vida. Ahora que sus padres habían muerto, ella era la única cosa por la que merecía luchar y por la que estaba haciendo todo aquello.
La necesitaba, y la idea de perderla en la lucha del día siguiente le aterraba.
Dejándose llevar por aquellos sentimientos que lo atormentaban, la besó. Pero no la besó con hambre, con pasión, con voracidad, sino que más bien era una suave caricia, una danza lenta y tortuosa cuyo fin solo era memorizar cada recoveco de su boca, su textura y su sabor.
Aquello fue más que suficiente para que Hermione supiera que Draco estaba igual de atormentado que ella, que temía por ambos.
Era una despedida.
Porque muchas cosas podían salir mal la noche siguiente y podrían no volver a tener una oportunidad como aquella.
Por eso ella misma intensificó el besó, por eso entrelazó sus manos en su nuca y jugó con su pelo, por eso se pegó a él como si fuera su salvavidas.
Se besaron y acariciaron sin pensar en el mañana, solo disfrutando de aquel momento que tenían para disfrutar el uno del otro. Pronto la ropa se convirtió en una molesta barrera que impedía que sus cuerpos pudieran tocarse de una forma más directa.
Sin dejar de besarse y separándose lo menos posible, se deshicieron de sus prendas y cayeron sobre la enorme cama que adornaba la habitación.
Su tacto quemaba, sus cuerpos temblaban anhelantes por unirse en uno solo y no iban a esperar más.
Él se adentró en el cuerpo de la chica, aquel cuerpo que tanto le encantaba y encandilaba. Si existía el paraíso, estaba seguro de que debía ser algo muy parecido a aquello.
Ambos sentían una gran cantidad de emociones y sentimientos en aquel preciso instante que sentían que estarían a punto de explotar.
Y así fue.
Ambos llegaron al punto álgido del clímax casi a la vez.
Draco permaneció dentro de ella, postergando el momento todo lo posible. Resguardó su rostro en el hueco del cuello de Hermione sintiendo su respiración bajo su cuerpo.
Hermione bajó la mirada buscando la de él y cuando la encontró le acarició el rostro con ternura, sonriéndole levemente.
-Te quiero, Draco – le susurró.
Escuchar aquellas palabras salir de sus labios era lo más exquisito que había oído jamás. Ella lo quería, a pesar de todos los insultos y humillaciones, se lo había entregado todo sin reservas.
Y él había hecho lo mismo, porque la amaba de igual forma.
Hermione vio deleitada como aquellos ojos brillaron de una forma diferente cuando oyó sus palabras. No esperaba que le respondiera, no hacía falta. Él ya se había encargado de demostrárselo y aquella forma en la que le había hecho el amor instantes antes, como la miraba en ese momento y como la estrechaba contra él era más que suficiente.
Draco se movió de donde estaba y se dejó caer junto a Hermione pero no tardó en atraerla junto a él en un abrazo posesivo, abrazo que ella no rechazó en absoluto.
-Draco.
-Hmm.
-Prométeme que harás todo lo posible por mantenerte a salvo mañana.
-¿Crees que soy un suicida? – dijo con voz cansada a punto de sucumbir a los brazos de Morfeo.
-No, pero sí creo que te preocuparás más por mí que por ti mismo y quedarás expuesto.
-¿Y si lo sabes porque me pides que te prometa lo contrario?
-Draco por favor – le pidió – Mírame – insistió cuando vio que la ignoraba.
Con un pequeño resoplido Draco la miró y clavó su mirada en ella.
-Puedo cuidarme sola. Déjame acabar – indicó cuando vio que él iba a objetar – He demostrado que sé cuidarme sola, y lo que quiero es que cuando la pelea acabe pueda volver a ti, sino… - su voz se quebró un poco - …sino no habrá merecido tanto la pena todo esto.
La continuó mirando fijamente sin parpadear y sin pronunciar palabra.
-Está bien, pero a cambio tendrás que prometerme tú algo – Hermione asintió – Que harás todo lo posible por volver a mí, pase lo que pase.
-Siempre lo haré.
Draco se inclinó y la besó suavemente en los labios.
Al poco tiempo ambos se quedaron dormidos sin saber que las cosas serían más complicadas que hacer una promesa.
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El transcurso del día siguiente no fue muy diferente a la tarde del día anterior. De nuevo fueron separados en pequeños grupos para continuar con la protección del castillo.
Un par de horas antes del anochecer Kingsley los reunió en el Gran Comedor para hablar con todos aquellos que habían decidido arriesgar sus vidas por defender lo que ellos creían correcto.
-El momento se acerca – dijo con su voz grave e imponente – En unas horas, una horda de mortífagos y criaturas que Voldemort se ha encargado de reclutar entraran en el castillo buscando la destrucción y el derramamiento de sangre – todos los presentes se mantenían en un silencio sepulcral – Ya saben que el Ministerio se ha negado a colaborar, se niega a abrir los ojos y encontrarse con la oscura realidad en la que nos encontramos. Aquellos que os habéis quedado a luchar, a defender vuestros ideales, seréis los encargados de defender este castillo y todo lo que representa. Vuestra valentía y orgullo será recompensado con la victoria de esta, la última batalla.
Todos rompieron en aplausos y vítores. No había hecho mención especial a Harry, lo cual el chico agradecía ya que todos tenían el mismo mérito que él por encontrarse allí y enfrentarse a aquello que estaba a punto de llegar.
El tiempo que restaba cada uno se dispersó para concentrarse en lo que se avecinaba. Hermione le pidió a Draco que la dejara a solas unos minutos con sus amigos, asique el rubio se dirigió hacia la sala común de Slytherin con algo de reticencia.
Había visto a Harry y a Ron dirigirse hacia la puerta principal del castillo y cuando salió a los jardines no tardó mucho tiempo en encontrarlos. Estaban de pie, unos metros más adelante observando el que sería en unas horas el campo de batalla.
Se posicionó junto a Harry, quien la miró de reojo y le sonrió levemente.
-Ya queda poco – dijo el muchacho.
Hermione alargó su mano y sujetó la del chico mientras que Ron ponía su mano sobre su hombro.
-Estamos contigo Harry – le recordó Hermione.
-Siempre lo hemos estado, tío – la siguió Ron – Y ahora más que nunca.
Harry suspiró, nunca podría devolverles todo lo que había hecho por él. Estaría eternamente agradecido con ellos.
-Aún recuerdo la primera vez que crucé estos terrenos – dijo Hermione con añoranza.
-Yo también – habló Ron – Y el miedo que me daba que durante la selección no me hubiesen mandado para Gryffindor - Harry y Hermione rieron – Hubiese tenido que aguantar las bromas de mis hermanos para la eternidad.
-Y la noche que entramos en el Sauce Boxeador – recordó Harry.
-Sí, la misma noche que supimos que el profesor Lupin era un hombre lobo – añadió Hermione.
-Y también la noche que supimos que Sirius era inocente.
El silencio se hizo entre ellos mientras muchos recuerdos se agolpaban en sus mentes. Habían vivido tantas cosas en aquel castillo que no dejarían que Voldemort lo destruyera.
-Muchos recuerdos – dijo Hermione.
-Demasiados, por eso pelearemos por defender este lugar – continuó Ron.
-Lo defenderemos por todo lo que representa – habló Harry mirando a sus amigos.
Los tres se miraron y asintieron y se dirigieron hacia el interior del castillo a esperar a que los últimos minutos pasaran antes de que llegaran aquel momento tan esperado y temido a la vez.
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Ya era la hora.
El sol se estaba poniendo y no tardaría mucho en que la oscuridad invadiera todo.
La mayor parte de los que se habían quedado a defender el castillo se encontraban reunidos en el hall, tras la enorme puerta que daba a los terrenos de Hogwarts. Otros, se encontraban repartidos por distintos puntos del castillo, en diferentes ventanas que daban a los terrenos por donde aparecerían los mortífagos.
El hall se encontraba en un tenso silencio, en el que solo se oían las respiraciones de todos los que se encontraban allí reunidos.
Draco se encontraba junto a Hermione, sujetando su mano fuertemente como si quisiera que quedaran selladas y así impedir que la chica se separara de él. Cuando despertó aquella mañana con ella acurrucada contra él le pidió a Merlín, Circe y todo aquel ser que se le vino a la mente que por favor ella sobreviviera al ataque de aquella noche.
Notaba como ella temblaba levemente. La miró de reojo y la admiró, por ser tan decidida y valiente, porque a pesar del temor que pudiera sentir lucharía por aquello en lo que creía.
Y fue en aquel instante cuando se oyó.
Un sonido ensordecedor llegó hasta ellos provocando murmullos entre los presentes.
Ya había llegado.
El ruido que llegaba hasta ellos era solo la prueba de que estaban intentando romper la barrera que tenía el propio castillo.
De nuevo otro sonido de mayor intensidad que el anterior llegó hasta ellos.
Todos eran conscientes de que no tardarían mucho en conseguir entrar en los jardines, y entonces sería cuestión de minutos de que llegaran hasta las puertas tras las cuales se resguardaban.
Cuando el sonido volvió a repetirse, el suelo sobre el que estaban tembló y todos supieron lo que había sucedido.
La barrera había cedido.
Empezaron a oírse gritos de euforia provenientes del exterior y haces de luces se vislumbraban a través de los cristales del castillo. Y a los pocos instantes, empezaron a bombardear la enorme puerta de roble consiguiendo que esta empezara a temblar. Todos los allí presentes sacaron sus varitas y las sujetaron con decisión.
Había llegado el momento.
Bueno, ya saben lo que nos espera en el siguiente capítulo: La Batalla Final.
Tendremos que esperar al siguiente capi para ver qué ocurre con nuestros chicos.
¡Estoy deseando saber sus opiniones!
Besos y abrazos para todos.
