Disclamer: personajes de JK Rowling.
Hola a todos, gracias por los reviews. Disfruten este, porque me tardare un poco en publicar de nuevo, ya que estoy pasando por una situación familiar complicada (un reciente diagnostico de cáncer en una tía que nos tiene a todos como locos), así que bueno no tengo mucha cabeza para fics.
Vi la sexta película y no diré nada mas que dos cosas: Primero, Tom Felton ha hecho la actuación mas maravillosa de su carrera, personificó ejemplarmente a Draco Malfoy, creo que le dio vida a un personaje que pasó desapercibido las ultimas películas e incluso hasta en los libros de JK (inexistente Draco en el tercer y cuarto libro, ni hablar del séptimo), llevó la carga emocional y de acción de la película magistralmente. No nos cansamos en ningún momento de verlo y te quedas con ganas de más aunque tuvo tanto metraje como el Trío Dorado. Es la columna vertebral sobre la cual se sostiene precariamente Harry Potter y el Misterio del Príncipe, si no fuese por la historia de Draco Malfoy (la cual estuvo fiel a la historia del libro, gracias a Dios) seria como ver un capitulo de High Schooll Musical con chistes ingleses ( no mentira, es una exageración mía). Segundo, nada me ha gustado más en la vida que ver a Daniel Radcliffe haciendo de Harry Potter pero convertido en James Potter reencarnado en la escena del funeral de Aragog. Un Harry gamberro y con un humor negro que me recordó a James y al propio Sirius Black. Buenísima la escena, risas aseguradas.
Harry Potter y El Misterio del Príncipe será considerada la película de las Dramioneras. Eso aunado a que Emma Watson confesó que le gustó Tom Felton alguna vez en la vida, bueno "enamorada" al parecer fue la palabra que usó ( no me lo quería creer, pero Mad Aristrocrat posteo el video en PPC blog y casi me caigo de la silla, la escuché con estas orejitas que tengo que algún día se comerán los gusanos), la respuesta de Tom en Twiter fue algo así como "me siento halagado, pero tengo novia", digamos que bueno ha sido una buena semana para las fans de Dramiones y de Draco Malfoy en general.
En cuanto a este fic. Creo que debo abrir un poco más el panorama con Theo para que entiendan muchas cosas que pasaran en los capítulos siguientes. No es que haga promesas de Dramione que no pueda cumplir ( por Dios, si el pairing es Dr/Hr) pero hay que hacerle justicia a la historia y a los personajes (algo que debería copiarse David Yates de mi, jejejjejeejej), así que nos vamos con esto. Disfrútenlo y no dejen de enviarme reviews con sus comentarios. Banda sonora a cargo de Korn, Make me bad.
Los Artefactos Infernales
Titulo I El Mecanismo Infernal
Capitulo 5 Make me bad
Enero de 2007 (nueve meses antes de la caída de Lord Voldemort y la ejecución de su lugarteniente).
Theo Nott caminaba despacio hacia el grupo de prisioneros. Estaban reunidos en el patio de la gran fortaleza de piedra, todos sucios, golpeados. Miraban a su alrededor con temor, pero sin embargo al ver la figura vestida de negro caminando hacia ellos, el miedo le dio paso a duras penas al mas encarnizado odio.
Theo hizo caso omiso de las miradas asesinas de la que era objeto. El imponente mortifago no llevaba su mascara, los que allí estaban en contra de su voluntad por lo menos tenían derecho de ver el rostro de su captor. Su andar era lento, preciso, calculado, no sin dejar de denotar fuerza y seguridad. La palidez de su cara era casi espectral, sus ojos azules miraban fríamente a todos a su alrededor, iba franqueado por Rosier y Mulciber quienes no dejaba de mirarlo de reojo con una expresión entre envidia y temor. Ninguno de los dos había sido tan poderoso a esa edad, ni después de más de treinta años al servicio de Voldemort lo eran ¿Qué era lo que tenía ese hombre que gozaba del beneplácito y la estima del Señor Tenebroso?
-¿Han obtenido toda la información posible?- preguntó Theo con tranquilidad mientras caminaba entre los prisioneros que se apartaban al sentir su siniestra presencia. Un halo de maldad absoluta lo rodeaba. Diez largos años al lado de Voldemort no habían transcurrido en vano. Cada minuto que pasaba con él dejaba atrás su humanidad, cada segundo su corazón y su alma se endurecían mas allá de lo que alguien hubiese previsto. Más que un hombre a veces parecía un demonio salido de las profundidades del averno. Pero a pesar de todo, todavía algo sobrevivía en él, el recuerdo de un amor imposible todavía calentaba su perdido corazón. Y era por eso, quizás, que todavía seguía caminando entre los vivos. No se arrepentía de nada, de las cosas que hacia, solo lamentaba no haber conseguido antes otra solución. Y por otro lado, sin necesidad de arrepentirse…sabia que quizás…….en un asunto en particular, había estado equivocado desde el principio. Y Theo Nott que no se asustaba con casi nada, recordaba ese problema casi con los pelos de punta.
- La mayoría cosas sin importancia- respondió Rosier- un total desperdicio de energías
-Ya veo que estas totalmente de acuerdo conmigo- contestó Theo- otra razón más. Lo dijo en voz baja, casi susurrante. Ese tono tan calmado era muy característico de él. Pocas veces perdía la compostura, era frío como un témpano. No se emocionaba con nada, por lo menos en apariencia. Y quizás eso era lo que hacia de él alguien decididamente escalofriante. Los arrebatos de furia de Voldemort eran más soportables que la aparente impasibilidad de Theo Nott. Por lo menos con el Señor Tenebroso la gente sabia que esperar. Nott era un completo misterio para quienes lo rodeaban.
La mano derecha de Lord Voldemort era un sujeto de cuidado, una maquina, un ser analítico hasta la medula y según los rumores, estaba completa y absolutamente loco. Pero en este caso se trataba de una locura que no solapaba su gran inteligencia. Hombre pragmático al fin y al cabo, había ido a ese sitio a resolver una situación para él insostenible. Y visto que los demás mortifagos eran unos completos inútiles para algunas cosas, sobre todo si estas involucraban hacer algo público que los dejase en franca evidencia, Theo Nott se tendría que ocupar del asunto literalmente con sus propias manos.
-Si, no sirven para mas nada- masculló Mulciber escupiendo el suelo.
-Constituyen una molestia innecesaria. Estamos llenos de prisioneros, en la fortaleza no cabe ninguno más. El Señor Tenebroso ha dado instrucciones precisas, no debemos seguir gastando recursos en esto. Llevara unos días, así que he diseñado toda una estrategia para hacer el asunto más efectivo. Necesitamos este espacio para otra cosa- dijo Theo Nott contemplando las torres de vigilancia de la construcción.
El castillo de Beux era el centro de detención para muggles y traidores a la sangre, cuando atrapaban a alguno, era torturado hasta que confesase algo de utilidad. Luego encerrado en alguna de las asquerosas mazmorras. Theo Nott había estado en desacuerdo con esa política, le parecía una perdida de tiempo y dinero mantener una improvisada cárcel mágica. Lo más sensato era deshacerse de ellos o liberarlos. Pero mantenerlos prisioneros significaba un sitio mas que defender de los Aurores, mala estrategia a su parecer. Lord Voldemort quería tener algo para negociar, además del cruel espectáculo que implicaba ver las escenas de tortura. Theo Nott era mas practico, no podía creer que el Señor Tenebroso se permitiese esas distracciones carentes de sentido cuando había tanto por hacer. Y luego de un tiempo logro convencerlo con sus argumentos.
-¿Cuántos son?- preguntó Theo mecánicamente- hasta ayer eran trescientos cincuenta y dos.
-Ahora son trescientos cincuenta y cuatro- dijo Rosier- capturaron a dos esta mañana.
-Bien- dijo Theo con algo de desgano- que me los traigan uno a uno.
-¿Quieres ayuda?- preguntó Rosier con ironía.
-¿De ustedes?-contestó Theo frunciendo el ceño- jamás, no lo harían como debe hacerse.
Theo entró a una pequeña estancia, con muros recubiertos de lisa y lustrosa piedra. Dos sillas, una frente a otra, estaban en el medio de la habitación. Se sentó en la que estaba mas cerca de la puerta, de espaldas. Abrió su tunica para no pisársela y guardó su varita, de un bolsillo sacó el pequeño relicario se siempre llevaba a su lado. Su cara seguía inalterable, el largo flequillo color castaño oscuro le ocultaba los ojos, sus labios estaban apretados formando una delgada línea.
Desde una ventana se veía el cielo empañado por nubarrones grises. Se acercaba una tormenta. Podía ver los relámpagos seguidos para poco después escuchar el sonido de un trueno. La estática hizo que se le erizasen los vellos del cuerpo. Olía a humedad, a podredumbre, a muerte. El lugar en donde estaba era la sala de interrogatorios, estaba limpia en esos momentos, pero el olor nauseabundo de la sangre era imposible de quitar. Y la humedad del ambiente solo lograba acentuarlo.
Tomó el relicario y con el pulgar acaricio su superficie. No lo abriría, nunca lo hacia, sabia perfectamente lo que se guardaba adentro. Cerró los ojos y murmuró unas palabras.
-Abre el camino y da la fuerza. Prevalecerá lo que tenga que sobrevivir. Lo demás ….ya no importa.
La puerta se abrió de golpe. Theo no se volteo, ya que estaba de espaldas, la seguridad que tenia en si mismo era impactante, pero mas aun lo era su capacidad de no sentir temor por casi nada. Después de todo lo visto y vivido en sus veintisiete años, pocas cosas lograban sobresaltarlo, escuchó a los dos hombres discutiendo a viva voz, luego de un forcejeo el prisionero fue conducido hasta él.
-Siéntate- dijo Theo con autoridad, el prisionero, un hombre rubio de treinta años lo miraba con odio.
-¡Tú!-dijo el hombre enarcando las cejas, reconociendo al cruel mortifago que peleaba en batalla con una eficacia tal, que le decían la peste negra- ¡Tú!
-Yo- contestó Theo- Roger Davies, te recuerdo de Hogwarts, eras un Ravenclaw. ¿No es así?
-Cierto- dijo Roger molesto y asustado- y tú fuiste siempre una maldita serpiente.
-Sabes como me llamo- dijo Theo- tutéame, somos viejos conocidos.
Roger hizo caso omiso del ofrecimiento
-No tengo mas que decir- dijo Roger Davies siendo obligado a sentarse por un hombre encapuchado con el rostro oculto entre las sombras, analizó su situación, encerrado en una especie de celda con Theo Nott y otro mortifago, se dio cuenta de que estaba en franca desventaja, decidió mantenerse calmado, para evitar que lo torturasen de nuevo- ya no se mas nada. Lo juro, he traicionado todo, pero por favor, no les hagan nada a mis hijos.
-Si has dicho la verdad- dijo Theo levantando su cara y ofreciéndole una mirada intensa al hombre que tragó grueso al ver el rostro cincelado en piedra de su captor. Ninguna emoción se traslucía, buena o mala, absolutamente ninguna expresión que dejase adivinarle sus intenciones- nadie sufrirá. No mataremos a tu familia, tienes mi palabra. No queremos acabar con toda la población mágica, solo queremos que comprendan. Y por eso cada hogar debe recibir un escarmiento, una advertencia de parte de nosotros, para que entiendan el nuevo orden mágico que queremos imponer y nunca mas se opongan.
-¿Es verdad lo que dices?- preguntó Davies esperanzado, pero sin que el susto le abandonase el cuerpo, miró con duda a Theo. Si su familia sobrevivía, valdría la pena cualquier tortura- mi Marysse no sufrirá ningún daño.
-Lo juro por mi vida- aseguró Theo con una pasmosa tranquilidad. El reo sonrío ligeramente. Estaban sentados uno frente del otro- ¿Quién es Marysse?
-Mi hija- contestó Davies un poco inseguro, pero al final lo hizo, habló, igualmente ellos sabían todo lo referente a su familia. A lo mejor si lograba despertar algo de simpatía en Nott, hasta lo regresarían con vida a su casa, corrían fuertes rumores en la cárcel de que Lord Voldemort se disponía a cerrar ese sitio.
-¿Cuántos años tiene? ¿Cómo es?- Theo se levantó de su silla y siguió rodeándolo, sus palabras eran corteses, parecía genuinamente interesado- Cuéntame, me gusta escuchar esas historias.
El hombre dudo de nuevo por un segundo, pero de pronto, sintió el ambiente menos opresivo, Theo dejó que un aura de confianza lo envolviese. Roger Davies sucumbió completamente a esta, los recuerdos de sus hijos le provocaban cierto alivio a su situación desesperada.
-Tiene cinco años- dijo Davies de pronto cerrando los ojos, extasiado imaginándose a su pequeña hija- es una nena muy…… traviesa.
-¿Apuesto a que quiere que le compres una varita mágica de verdad y no una de juguete?- dijo Theo detrás del hombre todavía con el relicario en la mano. Enredaba entre sus dedos la fina cadena de oro del cual estaba sujeto. Acariciaba suavemente su pulida superficie, como si fuese la piel de la mujer que rondaba sus sueños, aquella que le había regalado ese relicario. Cerró los ojos y dejo que su extraña habilidad se hiciese presente. Podía usar la legeremancia, pero no necesitaba establecer contacto visual con el otro mago. Solo necesitaba estar cerca de él, que su victima estuviese débil y con el velo de la mente frágil, algo que se conseguía fácilmente después de torturarlos.
-Si- contestó Roger inmediatamente, ¿Cómo lo supo? ¡Que sujeto tan perceptivo Theo Nott!- quiere hacer magia. Ya tuvo su primer estallido, todos estamos muy orgullosos de ella.
-Lo se- dijo para si mismo Theo, quien veía los recuerdos de Roger y su familia como una película dentro de su cabeza. Todos esos sentimientos y todas esas sonrisas lo apuñaleaban como dagas ardientes. Observaba a Davies sosteniendo un bebe recién nacido y besando a su esposa. Algo que nunca experimentaría de seguro, puesto que Hermione todavía se negaba en redondo a ser su mujer y con toda la razón de su parte. Estaba viviendo por medio de Roger Davies, un fragmento de felicidad vedado para una bestia como él.
-Seguro que será una gran bruja- dijo Theo entre dientes. El asunto de espiar en las mentes de los demás era algo así como un hobbie para él, pero al final solo le servia para recordarse a si mismo, lo lejos que estaba cada vez de ser y sentir como un ser humano normal.
-¿Volveré a verla?- preguntó Roger Davies con los ojos vidriosos.
-Un día de estos- dijo Theo mientras desenfundaba su varita en el más absoluto silencio- Te lo prometo. Ahora Roger, mírame.
El hombre giró su cuello lo más que pudo y Theo pronunció las palabras.
La maldición asesina impacto sobre el cuerpo del preso sin ninguna contemplación. El hombre quedo sentado con los ojos abiertos en la silla en una posición bastante inadecuada. El mortifago encapuchado dejo salir una risita de su boca. Theo lo miró con reproche.
-No le veo la gracia- dijo Theo. El mortifago encapuchado inmediatamente ceso sus carcajadas.
-¿Le traigo algún refrigerio, mi Señor?- preguntó el joven mortifago- Hoy hay pavo para la cena.
-Por Merlín- dijo Theo asqueado, agitó una mano en el aire negando- por supuesto que no. Tenemos que apurarnos, debe estar concluido mañana en la mañana, tengo otros asuntos pendientes.
-¿Quizás algo de vino?- volvió a ofrecer el mortifago.
-Solo agua- contestó Theo secamente dando por terminado el odioso tema de la comida. Algo que le desagradaba demasiado.
-¿Qué hacemos con el cuerpo?- dijo el mortifago.
Theo dudo un instante, quizás lo mejor era echarlo al mar, pero entonces recordó algo o más bien a alguien.
- Entréguenlo a su esposa- dijo Theo encogiéndose de hombros, con una expresión que señalaba mas fastidio que congoja- con la respectiva advertencia. Luego déjenlos en paz. Jamás volveremos a esa casa sin una buena razón.
-¿Es necesario que sepan que fue usted?- preguntó el mortifago.
-Absolutamente necesario- fue lo que contestó Nott antes de sentarse despreocupadamente en su silla, ignorando completamente al cadáver que tenía frente a él, que lo miraba directamente con ojos acusadores.
-El próximo- dijo con total indiferencia, mientras seguía jugueteando despreocupadamente con la cadena del relicario.
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Abril, 1995
-¿Cuál prefieres? ¿Vainilla o de chocolate?- en medio del patio interno del Castillo de Hogwarts, una Hermione de quince años desplegaba una servilleta en donde tenia unos muffins , sobre la hierba, el chico alto de cabello castaño y ojos azules que estaba a su lado, contemplo los pastelitos por un instante y luego su apagada mirada se enfocó en ella, reanimándose por un segundo, una sonrisa se dibujo en sus apretados labios.
-Chocolate- contestó él tranquilamente. Ella se fijó en los bocadillos y levantó una ceja. Solo había dos, uno de vainilla y otro de chocolate.
-Ah bueno- Hermione lo miró un poco apenada-………a mi también, pero no importa- dijo la chica entregándole uno de los pastelillos, en realidad había sido un poco idiota, pero tenia la ligera sensación de que había recogido mas muffins de chocolate, de seguro alguno se le habría caído en el camino por el apuro. Theo los rechazó educadamente.
-No….si a ti te gusta, me comeré el de vainilla- dijo él. Era quizás una tontería, pero se sabia capaz de renunciar a algunas pequeñas cosas para agradarla, por lo menos eso le daba alivio a su corazón, ser desprendido aunque sea con un muffin. El resto de las cosas a las cuales no estaba dispuesto a renunciar era otra historia.
-Tómalo- Hermione seguía insistiéndole. Theo lucia pálido y ojeroso, además estaba cada vez mas delgado, como consumiéndose a si mismo, raramente lo veía ingerir alimentos, algún sándwich de vez en cuando, Theo Nott literalmente parecía vivir del aire, pero no había acudido a almorzar al Gran Comedor ese día tampoco, y por eso ella se había tomado la molestia de llevarle a algunas golosinas, lo encontró como siempre solo, sentado en el lugar menos visible del patio, inmerso en sus pensamientos, nunca había sido del tipo sociable, ciertamente de vez en cuando hacia alguna broma, pero en el mas absoluto anonimato, su buen humor lo reservaba solo para sus amigos cercanos, que eran muy pocos, incluyéndola a ella. Era el típico chico callado de la escuela, pero su personalidad huraña y taciturna había empeorado a niveles alarmantes y eso a ella la llenaba de inquietud. ¿Qué diablos era lo que le pasaba? Tenía tiempo que no lo veía sonreír y eso la molestaba profundamente ¿Qué había pasado con el Theo ingenioso y de buen humor que sin proponérselo la puesto a volar de un ala? No sabia si ella era la causa, en todo caso, no sabia exactamente que decirle.
-Comételo- dijo ella imperiosa. Theo le lanzó una mirada furibunda, no le gustaba que le ordenasen comer. Su padre lo obligaba a sentarse en la mesa desde que era un niño y Theo era tan terco que podía pasarse horas enteras frente a la comida sin probar bocado, solo lo hacia para provocar a su padre y por orgullo. Era odioso que le dijeran a cada instante lo que tenía que hacer, que lo controlasen hasta el punto de decidir sobre su hambre o sus necesidades. Entonces el Sr. Nott, que también era otro hueso difícil de roer, recurría a la magia y lo torturaba a cruciatus hasta que Theo aceptaba comer a regañadientes. Desde entonces, desarrolló una peculiar relación con la comida, solo se alimentaba para sobrevivir y solo cuando estaba a punto de desfallecer o el hambre se hacia insoportable, de resto, era incapaz de disfrutar de una buena mesa servida, le traía malos recuerdos. A duras penas aguantaba los banquetes en Hogwarts, le daban ganas de vomitar ver como la gente se atragantaba de comida. Y últimamente, como estaban las cosas, había desarrollado una verdadera anorexia nerviosa. No podía creerse lo que había descubierto, era demasiado…….para ser verdad. Y ese asunto tenia ocupado sus pensamientos la mayor parte del día. No tenia tiempo para comer, para divertirse, para planear algún chiste, solo quería ver como diablos hacia para obtener eso que lo obsesionaba.
-Tenemos que discutir por un pastelito- le dijo él con ironía. Ella negó con la cabeza y le apartó la vista.
-¿Por qué no comes?- preguntó ella.
-No tengo mucha hambre en este momento- contestó Theo secamente, sin embargo tomó el Muffin y se lo metió en un bolsillo de su tunica solo para complacerla.
-Tengo tiempo que no te veo comiendo algo
-Esto no es por los muffin´s- aventuró Theo viendo la cara desencajada que tenia ella.
-No- dijo ella, luego de una incomoda pausa Hermione agregó- ¿Qué rayos te sucede Theo? Pareces un cadáver ambulante.
-Nada- dijo él apretando los labios, habían cosas de su vida, humillantes, que jamás compartiría con ella, por vergüenza y por orgullo. Nada de los maltratos a los que era sometido desde que recordaba, nada de las vejaciones que tenia que sufrir por mano de su padre y lo más importante, absolutamente nada de lo que se traía entre manos.
Estaban sentados en un rincón apartado, alejados innecesariamente de los ojos indiscretos, su amistad siempre había pasado desapercibida y sin duda lo seguiría siendo, Theo cuando se lo proponía, era un ser humano bien opaco, pero aun así de alguna manera los dos se encargaban de guardar el secreto de su relación, no sin sentirse culpables por ocultarse. Gryffindor y Slytherin no se mezclaban y eso era casi un decreto en Hogwarts. Ese momento, era su hora libre entre la clase de Aritmancia y Runas antiguas, que ambos tomaban desde hacia unos años, era el que generalmente escogían para hablar, pero últimamente la única que conversaba era ella, él se mantenía en el mas absoluto silencio, si abría la boca era para comentar la solución de algún ejercicio de Aritmancia, de hecho, gracias a esa materia, entre otras cosas, fue que empezaron a tratarse, Theo era un genio con los números, pero fatal en lo que se refería a Transformaciones, su poca pericia con esos encantamientos comparada con la de ella, fue otra de las cosas que lo acercaron a Hermione. En cuanto a cuando empezaron a coquetearse o más bien a lanzarse indirectas, todo era más confuso, en algún momento, su amistad se había convertido en otra cosa……algo más fuerte, mas intenso….mas romántico.
-Come por favor- dijo ella de nuevo girando su rostro, para quedar enfrentado con el de él. Su tono de voz fue mas suave y mas conciliador. Theo se vio envuelto de pronto en toda el aura confortable que ella despedía.
-No quiero- dijo él sin apartar sus ojos de ella. Nunca supo que fue lo que paso, si verla con el cabello alborotado y las mejillas sonrojadas debido al calor que estaba haciendo esa tarde de primavera había despertado algunas cosas que siempre trataba de adormecer en su corazón o era simplemente que ya no aguantaba tenerla cerca y no hacer absolutamente nada. Lo cierto fue que se acercó a una distancia imposible y colocó su rostro justo frente al de ella.
Hermione no apartaba su vista, se sentía hipnotizada por esos ojos azules intensos, que la llamaban a hundirse en ellos. La molestia de la pelea se alejaba como un mal recuerdo en su mente. Era difícil no resistirse cuando él le prodigaba una mirada tan intensa.
Theo Nott, era un chico con un expresión dura permanentemente impresa en la cara, pero al mismo tiempo poseedor de un rostro hermoso, nariz recta, facciones angulosas, labios extrañamente gruesos y sensuales, ojos grandes color azul índigo, enmarcado con unas cejas pobladas oscuras, así como negras eran sus pestañas, un joven atractivo que podía tener a medio colegio a sus pies con su encanto si se lo proponía, pero su personalidad reservada, era una pared para todos aquellos que quisiesen acercarse a él, solo tenia las puertas abiertas para la única persona en que confiaba, Hermione Granger, su amiga "secreta", la chica por la cual suspiraba desde hacia un tiempo, aquella que lograba encender su congelado corazón, maltratado y deshecho por interminables años de maltrato infantil a cargo de su padre. Y sin embargo, no se atrevía, no lo hacia, por temor a no ser digno de ella, una perfecta Gryffindor, orgullosa, noble, con coraje, con honor, todas aquellas virtudes de las cuales Theo creía carecer.
Hermione sintió como las manos de Theo apresaban sus hombros para atraerla a su cuerpo. Sorpresivamente, de pronto tenia sus labios pegados a los de él.
Hermione tenia los ojos abiertos de asombro, Theo estaba paralizado, inmóvil como si fuese de piedra, sin embargo de pronto reaccionó tomándole con una mano la nuca a la chica para evitar que escapase asustada, pero ciertamente Hermione en ese momento, lo único que no tenia pensado era huir. Y puesto que al parecer ella tenía más experiencia en ese asunto que él, ya que el año anterior se había besuqueado unas cuantas veces con Victor Krum, abrió la boca y empezó a dirigir ese beso.
Entonces Theo , cuando sintió la lengua de ella, ardiente como fuego, acariciando sus labios tímidamente, abrió los ojos desmesuradamente, percibiendo claramente como una corriente eléctrica lo atravesaba de los pies a la cabeza, y algo instintivo, salvaje salió de su interior para demostrarle que no era ya un niño sino un joven camino en convertirse en un hombre. Haciendo uso de esa agilidad y esa fuerza física que muchos años después lo convertirían en una leyenda viviente, apresó la cintura de Hermione con ambas manos y la sentó sobre él a horcajadas, Hermione estaba tan concentrada en el beso y deleitada de la manera en la que estaba siendo correspondida, luego del minuto de incertidumbre inicial, que no se dio cuenta de la comprometedora posición en la que estaba. Theo quería perderse en sus labios, algo de impaciencia se apodero de él, deseaba aun mas de ella y no sabia exactamente que, pero de nuevo se dejo guiar por sus instintos, sus manos inquietas acariciaron su espalda y bajaron por esta hasta apretar los muslos de la chica con fuerza. Entonces al sentir que estaba a punto de salirse de control, sus alarmas interiores fueron activadas de nuevo y su sentido de la cautela volvió a ser dominante en él. Terminó el beso con jadeos y uno que otro mordisco travieso en los labios de ella, luego la despegó de él caballerosamente y la obligó a sentarse de nuevo en su sitio. Hermione estaba más ruborizada que nunca, cuando se percato Theo tenía las manos casi debajo de su falda, pero lo que más le enternecía era que él no había pasado de allí, la había respetado, aunque lo veía respirando con dificultad y con los ojos cerrados, con el rostro tan enrojecido como seguramente estaba el de ella.
Los dos chicos se miraron un largo rato. Ella tomó su mano y empezó a acariciársela entrelazando sus dedos, él la dejo. Hermione estaba esperando que le pidiese que fuera su novia, ella aceptaría sin dudarlo, tenían meses dando vueltas uno alrededor del otro, ella sabía que se gustaban y a lo mejor esa rara conducta de Theo era por eso. No podía estar más equivocada.
Theo Nott era mas complejo que lo que resaltaba a simple vista. Tenia ideas bien implantadas en su cerebro por su crianza en relación con la pureza de sangre, sin embargo para él no tenia nada que ver con la superioridad respecto a la magia, solo era una excusa , un medio para llegar al poder. Para su desgracia, la única chica que le gustaba, era la única con la cual no podía estar, una sangre sucia y no era porque la despreciase, al contrario, Hermione Granger le atraía como nadie, su inteligencia, su generosidad, su belleza interior era algo que le encantaba de ella. El verdadero motivo era aun mas complejo que su razonamiento, no podían estar juntos, porque simplemente él estaba seguro de que no la merecía, por pensar como lo hacia, por desear tener poder para nunca mas ser vulnerable, para que hombres como su padre no abusaran de él. Quería ser infalible y quería ser indestructible, más nunca el indefenso niño que alguna vez había sido, y no le importaba la manera. Había investigado muchos recursos, muchas formas, la magia mas negra poderosa posible, la mas atrayente y por supuesto la mas tenebrosa, y algo dentro de él, le decía que estaba mal lo que hacia, que pagaría un alto precio, por ello, por venderle su alma al diablo, pero no le importó en lo absoluto, el premio bien valía cualquier cosa. Había empezado a transitar un camino, que lo llevaría a un nivel de magia y conocimiento jamás explorado por nadie. Pero muy dentro de él, sabía que su humanidad la dejaría en el camino. Y le dolía, lo asustaba, pero en el fondo, no le importaba.
Después de algunos meses, Theo se dio cuenta de que era lo que iba a perder, a ella, la perdería, para siempre tal vez. Porque Hermione jamás lo aceptaría, no de esa forma, no lo que pretendía ser, en lo que seguramente se iba a convertir. Poner en una balanza el amor y la ambición no era justo, pero él lo había hecho y su ansia de poder había ganado. Y sin embargo no podía deshacerse de ese sentimiento que lo atormentaba y lo desvelaba por las noches. Porque no sabia de que se trataba el amor pero estaba seguro que amor era lo que sentía por Hermione Granger. Y por amor, no podía involucrarla para luego decepcionarla. Quizás, algún día ella lo sabría y sin aun así, lo seguía queriendo de alguna forma, entonces él se atrevería a proponerle algo, antes, de ninguna manera.
-Theo- dijo ella en un susurro. Él siguió acariciando su mano.
-Te quiero- dijo él con voz grave, se acercó a ella- Te quiero Hermione. Pero no ……..esto no volverá a suceder. Hay personas que nacen para estar juntos, para vivir juntos por una eternidad. Y tú y yo…..no somos de esa clase.
-No entiendo- dijo ella dolida por esas palabras. La sombra del perjuicio de sangre era algo que pendía sobre sus cabezas como una guillotina, pero Hermione creía que estaba olvidado, si habían estado de alguna manera juntos todos esos años, como amigos, creía superada esa traba….pero al parecer…..no era así. Se sentía dolida y profundamente decepcionada. Pero su orgullo hizo que se tragara sus amargas lágrimas.
-No es porque seas hija de muggles- dijo él con calma adivinando los pensamientos de ella, trataría de explicarse lo mas delicadamente posible, realmente no era que no era el motivo, mas bien esa no era la razón mas importante. Pero una mentira blanca era lo mas apropiado para no dañarla. Nunca debió dejarse llevar por sus impulsos y consumar ese beso…. Porque sabía que no había futuro, por lo menos no por los momentos- esa no es la razón. Es simplemente……..que te quiero…….pero no deseo una relación más allá de la amistad. Algún día…..me lo agradecerás.
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Agosto, 2003
-Cásate conmigo, se mi mujer- rayos rojos iban y venían en el Atrio del ministerio de magia, producto de la lluvia de maldiciones, se entrecruzaban sobres sus cabezas, fiel demostración de la feroz batalla se desarrollaba a su alrededor. Pero en ese instante, olvidándose de eso, solo estaban frente a frente, un hombre y una mujer que se seguían amando a pesar de todo.
-¿Qué?- Hermione se espero cualquier cosa menos eso. Estaban en medio de una batalla y cuando ella se esperaba una maldición, él de nuevo le ofrecía algo inesperado. Se habían batido a duelo muchas veces, pero ella sentía que él nunca tenía verdadera intención de herirla y menos aun de atraparla. Era como un juego, como si Theo se deleitara de tenerla solo por unos minutos junto a él, a su absoluta merced.
-Todavía te amo, nunca he dejado de hacerlo, se que tú tampoco- dijo él calmadamente. El alcance y la intensidad de la mirada que le ofrecía, le aseguraron a Hermione que hablaba en serio - cásate conmigo, por Merlín y acabemos con esto de una buena vez y por todas.
-¿Cómo sabes que aun te quiero?- pregunto ella un poco molesta por la aseveración.
-Solo lo se- dijo él con voz ronca- me lo dice tu cuerpo, que tiembla cada vez que me acerco a ti, tus ojos, que me miran como si yo fuese algo único. Se que me odias, que me temes, pero también se que por encima de todo, me amas con todas las fuerzas, al igual que yo.
Hermione no pudo dejar de estremecerse ante la verdad de esas palabras. No podía ocultarlo, menos a él, que la conocía mejor que nadie.
Cinco años en guerra, desde que la Batalla de Hogwarts, esa en donde casi habían perdido, por un pelo. Casi por suerte, el Señor Tenebroso había sobrevivido y regresado luego mas fuerte que nunca, sembrando el terror y la desolación por toda Inglaterra. Cinco jodidos años, en donde Theo Nott había sido su mano derecha, su hombre de confianza, el depositario de sus terribles secretos y el ejecutor de todas despiadadas maquinaciones. Sin embargo, en ese momento, después de tener años soñándola y deseándola, por fin tenía la oportunidad de sacar a flote todo lo que tenia dentro, porque en medio de toda la conflagración, estaban solos, apartados, mientras el mundo se caía en su entorno. Porque si bien al principio se alejó de ella para no dañarla, ahora, en el momento álgido de la Gran Guerra Mágica, la única opción para que ella sobreviviese y permaneciese a su lado, era esa, unirla a él para siempre. Después de ese beso perdido en quinto año, jamás volvió a tocarla, sin embargo, su mente recreaba una y otra vez el momento de hacerle el amor, y eso había alimentado su amor y su obsesión por años, y cuando se dio cuenta de lo que había perdido, tomó la decisión, tenia que ser suya costase lo que costase.
Pocas veces el mortifago se despojaba de su mascara de impasibilidad. Era frío, calculador, porque se obligaba a si mismo mostrarse de esa forma, porque no podía darse el lujo de perder el control, porque el demonio furioso y el hombre apasionado que habitaban en su interior eran incontrolables. Porque mecanizando sus acciones y sus sentimientos era que había sobrevivido durante todo ese tiempo el horror de su existencia. Pero Theo Nott solo era un hombre, aunque desesperadamente desease ser algo más. Y no podía contener por mas tiempo, todo aquellp que tenia arraigado dentro de si. Ni lo bueno…..ni tampoco lo malo. Y menos aun ahora que tenía confirmada sus esperanzas, ella todavía lo amaba.
Hermione estaba frente a él amenazándolo con su varita, con la cara transfigurada de miedo y decepción. Ese hombre alto, pálido, todo vestido de negro, arrogante y altanero, ese ser cruel que todos temían y odiaban, la miraba con ojos tristes y desesperados. Durante esos años, ella no había querido creer lo que tenia ante sus ojos, lo justificó tantas veces que no llevaba la cuenta, incluso, se llegó a convencer a si misma de la historia de un Imperius o la de la locura para no morir de desesperación, quiso creerlo con toda su alma. Pero al final, no pudo ocular mas el sol con un dedo, ella sabia que si él estaba de parte de Voldemort, era simplemente por voluntad propia, nada más. Y aun así, enfrentándolo como en ese momento, siento opuesta a todos sus ideales, a veces, incluso odiándolo, no podía dejar de amarlo. Porque ese sentimiento que había aflorado en ella siendo una niña, todavía era fuerte dentro de su corazón, y jamás podría ser arrancado.
La proposición logró descolocarla, a un punto que ya no presto mas atención a la lucha que se desarrollaba en el lugar, tenía toda su atención puesta sobre él. Theo Nott le estaba proponiendo matrimonio en la situación más inaudita posible. Y entonces, de nuevo empezó el conflicto entre el deber y el querer. Porque ella sabia que no debía estar sintiendo lo que sentía, y menos aun por él, pero no podía evitarlo. Sin embargo, la lógica se impuso al sentimiento, la razón prevaleció una vez más. Y se maldijo por eso, porque era lo contrario a lo que su corazón suplicaba con ansiedad, estar para siempre junto a él. Y por dejar traslucir ese sentimiento era que se había puesto en evidencia ante él, demostrándole que todavía estaba perdidamente enamorada.
-No- Hermione apretó con fuerza la varita que lo apuntaba, pero dentro de si sabía que era incapaz de pronunciar algún hechizo. Theo sintió una oleada de rabia invadiéndolo. Si, que otra cosa iba a contestar ella. No….. No. …..No.
Velozmente fue hasta Hermione y tomándola por la cintura la aplastó contra una pared. Las respiraciones de ambos se tornaron agitadas. Theo la sujetaba con fuerza, ella se mantenía inmóvil, completamente sometida por la alta e imponente humanidad de su captor. El rostro de Theo se acercó a centímetros de su cara y con su nariz acarició su rostro y su cuello con suavidad, mientras sus dedos se hundían en su carne. Hermione cerró los ojos y empezó a temblar descontroladamente en los brazos de su enemigo y al mismo tiempo el hombre que era el protagonista de sus más descabelladas ilusiones.
-Escapemos, huyamos- dijo él con voz ronca, el tiempo lo había convertido en un hombre intimidante, pero a la vez terriblemente magnetico - estoy dispuesto a cualquier cosa por ti.
-Entrégate- dijo ella cerrando los ojos con fuerza. Su sentido de la justicia hacia que no pudiese soportar todo lo que Theo había hecho en esa guerra, debía pagar todas esas muertes. Lo amaba, pero no podía perdonarlo, así de sencillo- ríndete.
Theo dejó escapar una amarga carcajada. Por supuesto, que otra cosa iba a solicitarle ella, sino que se dejase atrapar como un perro. Huir con ella, no significaba necesariamente que él renunciaría a su búsqueda de poder, solo que lo aplazaría por un tiempo, mientras tanto la convencería de que lo mejor, era lo que él se proponía hacer, el asunto Voldemort se resolvería a su tiempo, si algo estaba seguro Nott, era que el Señor Tenebroso tenia sus días contados, no en vano, Potter se estaba encargando de ese asunto de los Horrocruxes de manera magistral, no era tonto, había espiado a Hermione durante sus años de Hogwarts, él sabia que ellos lo sabían. Ganarían, lo había previsto así, aunque él no moviese un dedo para ayudarlos, no debía intervenir, para nada, ese era lo primordial del asunto, un movimiento en falso y también se darían cuenta de que él mismo poseía su propio Horrocrux.
Impensable.
Luego que le quitasen del camino a Voldemort, el Niño-que-vivió no tendría más remedio que someterse a él. Porque lo que tenia en sus manos, pondría a todo el mundo mágico a sus pies. Theo Nott había estado tanto tiempo sumergido en el desvarío que le otorgaba convivir todos los días con la más absoluta maldad, que tejía planes, dentro de planes. No mas el chico golpeado, no mas el joven inseguro, ahora era un hombre perfectamente capaz de lograr lo que quería, aunque tuviese que diezmar el mundo para conseguirlo.
-No puedes simplemente querer estar conmigo- le dijo él mirándola a los ojos, su voz no dejaba de tener algo de reproche. Theo Nott era un hombre maquiavélico, pero en cuanto al amor, todo lo veía con la más desgarradora simplicidad- Pues no, tienes que complicarlo todo. Sabes perfectamente que no me voy a entregar a esos imbéciles.
-No voy a casarme contigo, no después de todo lo que has hecho- dijo ella dejando rodar una lagrima, le dolía esa confesión, algo dentro de ella esperaba que él se arrepintiese, para por lo menos tener de donde aferrarse para lograr finalmente perdonarlo, que era lo que su alma necesitaba con urgencia- te amo, pero no puedo dejar de lado todo lo demás por eso, jamás lo haré, lo que me pides es una locura.
-No lo niego- dijo él- pero el amor es una especie de locura. Y tú lo sabes, también la sufres, puesto que si estuvieses completamente en tus cabales, jamás me corresponderías.
-Theo- dijo ella- ¿Por qué? ¿Por qué tanta muerte, tanta destrucción? ¿En que te has convertido?
-En lo que siempre quise ser- dijo Theo endureciendo su mirada, Hermione tragó grueso, sus ojos azules tan cristalinos antes, se oscurecieron convirtiéndose en un pozo de turbulentas emociones, un verdadero hoyo negro sin fondo. Percibió de parte de él violencia extrema, la maldad en su mas vivida expresión y también algo mas……..un amor furioso e incontrolable. Ella estaba segura de que él seria capaz de cualquier cosa, en ese momento más que en ningún otro y eso la aterrorizaba. Sintió ganas de vomitar, esa parte de él, su faceta siniestra, era lo que ella odiaba con todas sus fuerzas.
Theo entonces se reprimió, de nuevo recupero el control y la soltó con calma, sus manos rodaron por su cuerpo lentamente, rozándolo por encima de la ropa, una caricia tenue sin buscar nada mas en apariencia, solo un ínfimo contacto, para tratar de saciar a medias el hambre voraz que tenia de ella, que lo consumía hasta dejarlo en carne viva, Hermione sintió como su interior se removía, como sus deseos mas innombrables pasaban como una película por su mente, la tentación era grande, insoportable, pero ella también logro reprimirla a duras penas, él se alejó cautelosamente unos pasos, poniendo una distancia que era mas simbólica que otra cosa entre ellos. Lo que antes eran deseos inocentes de niños, ahora se interponía entre ellos en su real dimensión. Simplemente, eran un hombre y una mujer que compartían una tensión sexual descomunal, que pedía a gritos ser consumada de cualquier manera, algo que sin duda atentaba contra sus principios, amor en su estado más primitivo y salvaje. Un torbellino de sentimientos que trataban de controlar con todas sus energías. Porque cada situación tiene su hora y su lugar, y ambos lo sabían, por lo menos Theo Nott hallaría la forma de cumplir sus sueños y sus esperanzas y ella tendría que ceder.
- Vete, esto la hablaremos después. Se que puedo lograrlo, convencerte.
-No voy a cambiar de opinión- dijo ella- nunca lo haré. No creo en el amor tan egoísta que me ofreces. Yo no soy como tú.
-No voy a obligarte. Puedo hacerlo perfectamente, forzarte, pero no lo haré- dijo él- cuando vengas a mi será tu decisión.
-Es lo menos que puedes ofrecerme- dijo ella verdaderamente molesta. ¿Por qué venia él a pedirle matrimonio y a poner su mundo de cabeza de nuevo? Cuando ella estaba más tranquila creyendo que la despreciaba- Tú me rechazaste una vez y yo lo acepte, no veo porque yo no puedo hacer lo mismo y esta vez yo tengo una buena razón.
-Yo también tuve mis razones………tú….solo tú- Theo dio un largo suspiro resignado- y debo reconocer que me equivoque. Hermione, no creas que no te entiendo. Se que es difícil para ti. Pero compréndelo de una buena vez y por todas.
-¿Qué es lo que tengo que entender mas allá del hecho de que eres un maldito asesino Theodore?- dijo ella, esta vez rompiendo a llorar sin poder evitarlo.
Theo se acercó a ella y le apresó la cara con una mano. Con la otra le limpio suavemente las lágrimas de la cara. Si, de alguna forma él era participe de su desgracia, mas bien el responsable, nada lo conmovía mas que verla llorando, le movía el piso, lo hacia mas desgraciado de lo que ya era. Ella logró calmarse. Luego Theo la miró fijamente, Hermione tragó grueso, era como si otra persona la estuviese observando, donde antes vio el odio y la confusión reflejados……….ahora solo había comprensión en esa mirada y amor……………….mucho amor. Sus palabras fueron dichas con un tono tranquilo y calmado, sin un dejo de ironía o burla.
-No escoges a quien amar pero tampoco puedes elegir la forma en que te aman- Theo no parpadeaba, sus dedos dejaron de tocar a Hermione, ella se sintió vacía cuando cesó el contacto- Sabes quien soy, lo que soy, lo que siempre seré y también sabes que te quiero por encima de eso. Y eso debe ser suficiente y si, soy egoísta, pero mi amor demente y egoísta es lo único que puedo ofrecerte.
Y durante cinco largos años, hasta el dia que murió, Theo Nott no dejo perder una sola oportunidad para expresarle con palabras a Hermione Granger cuanto la amaba, aunque sabia que ella jamas aceptaria traicionar a los suyos e irse con él. Porque sus acciones lo contradecian y su locura amenazaba a llevarse a ella tambien al infierno, como finalmente, a pesar de todo, parece que va a suceder de todas formas.
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