Disclamer: personajes de HP.

Hola a todos, bueno, aquí viene el regalito del fin de semana. Escribí esto en tres días. Lo revise mucho, tratando de enlazar las ideas y de que no se perdiese ningún detalle importante para todo lo que viene después, es extenso, párrafos larguísimos, espero que no se aburran. Si se me paso algún error ortográfico, lo lamento, pero es que no uso beta. Tendrán de todo e imagínense lo bueno que se pondrá esto en los próximos capítulos. Besos. Titulo dedicado a Don´t Damme me, GN´R, quienes sin dudarlo son una estupenda banda sonora para este fic.

Los Artefactos Infernales

Titulo I El Mecanismo Infernal

Capitulo 7 Don´t damme me.

Una hebra dorada de plasma, originada por la magia más poderosa imaginable, incandescente como si estuviese hecha de hierro fundido, unía las varitas de Draco Malfoy y Hermione Granger en aquella Gran Sala de las Profecías.

Ese lugar es famoso por poseer sus propias reglas en cuanto a la magia, de hecho se dice que algunos magos que se han internado allí nunca han salido, pero eso son solo rumores, tampoco es posible la aparición o conjurar hechizos convocadores. Muchas teorías se han promulgado, pero ninguna se acerca a la realidad, a lo mejor simplemente es que el lugar en si tiene una consciencia propia, y esta es caprichosa. Lo cierto es, que de manera inexplicable, ha sucedido algo muy extraño, sin duda inusual, pero no carente de significado. Un Pior Incantatum.

Dos almas que sufren por la pérdida del ser amado, dos corazones agónicos aferrándose a vivir todavía, un hombre y una mujer opuestos, el alfa y el omega, de alguna forma, esto significa el final de muchas cosas y quizás…….el comienzo de algo.

Un Pior Incantatum.

Hermione abrió sus parpados por la sorpresa. Sentía su varita conectada con la de Draco Malfoy, esta temblaba en su mano, y por alguna razón no era capaz de controlar el hechizo. Le dolía la mano por la tensión con que la sostenía. Nunca había visto lo que tenía frente a sus narices, pero sin duda sabía lo que era, un Pior Incantatum, no en vano, era la mejor alumna que había pisado Hogwarts en un siglo, pero lo más importante, era que el mismo raro hechizo Harry lo había experimentado con Voldemort. Aunque en esa ocasión la explicación de Dumblendore sonó lógica, ahora, en ese preciso instante, ella tenía sus dudas. , al parecer la varita de Harry era la gemela de la varita del Señor Tenebroso, ambas tenían en su núcleo, plumas de la misma ave fenix. A Hermione le parecía muy poco probable, que Ollivander construyese varitas gemelas con frecuencia, y además de todo, seria el colmo de las casualidades de que ella y Malfoy fueran poseedores de un par de esas varitas. Así que una respuesta, por los momentos, no la tenía.

Draco Malfoy agitó su brazo, tratando de terminar ese hechizo tan extraño que lo mantenía unido a Hermione Granger, estuvo tentado a soltar la varita, pero no lo hizo a último momento, porque ella se lo advirtió. Si de algo estaba segura Hermione, es que cualquier cosa….mejor dicho cualquier situación impredecible sucedería, incluida la muerte de ambos simultáneamente si no dejaban que el hechizo terminase por si mismo.

-No sueltes la varita por nada de este mundo- gritó ella cuando vio la mano de Draco abriéndose- es un Pior Incatatum.

-No necesito tu ayuda- contestó él malhumorado, no le quitaba la mirada de encima. ¡Diablos! Era tan patético que ella le estuviese echando en cara el hecho de que no había reconocido el hechizo, haciendo gala de su sabiondez. Él no sabia exactamente de que se trataba el encantamiento, pero su padre lo había mencionado alguna vez, en relación con el Señor Tenebroso, al parecer había salvado a Potter de morir. Ni de broma soltaria la varita.

Hermione entonces vio como ambos eran cubiertos por una esfera dorada, una especie de cúpula que destellaba sobre sus cabezas, hecha del mismo material plasmigeno e incandescente de la hebra de energía que mantenía unidas las varitas. Draco miró hacia arriba totalmente desconcertado. Enseguida adelantó una pierna de la otra y flexionó sus rodillas, asumiendo una posición defensiva. Hermione inconscientemente hizo lo mismo.

-¿Qué es esto?- dijo Draco pensando en voz alta.

-No lo se- dijo Hermione respondiéndose a si misma.

Entonces ambos vieron unas imágenes rápidas, como flashes estas fueron reflejadas en la pared de la cúpula dorada que los cubría, como si se tratase de una proyección cinematográfica, pero a una velocidad tal que no lograban distinguir nada. Hermione observó como la varita de Draco vibraba descontroladamente, el hombre tuvo que tomarla con las dos manos para no soltarla. Draco exclamó una maldición en voz baja, parecía como si su varita tuviese vida propia e intentase por todos los medios escapar de su agarre.

Hermione desvío su atención de Draco y se dispuso a observar las imágenes. No sabia lo que iba a ver, pero algo le decía que no le iba a gustar. Si las teorías eran ciertas, los últimos encantamientos poderosos hechos por cada una de esas varitas saldrían a relucir. De hecho, sucedió.

Los dos brujos observaron estupefactos como una figura etérea salía de la varita de Draco y viajaba hacia la cúpula, fundiéndose con esta. La imagen empezó a correr animada como si fuese una película, pero mucho mas lento, a velocidad real.

Una mujer rubia, muy joven, yacía sobre el suelo cubierto de sangre, su respiración era estertorosa, su cuerpo estaba cruzado por profundas heridas, era demasiada la sangre que salía de ellas. Entonces Hermione no pudo evitar un gemido de sorpresa, ella… la chica joven…...estaba visiblemente embarazada y de su abdomen también salía sangre. Hermione estaba profundamente consternada, de pronto vio una figura alta correr hacia el cuerpo de la mujer, observó como un hombre tembloroso con lágrimas en los ojos, la rodeaba con sus brazos cuidadosamente, con ternura, la incorporaba y la llamaba. Era Draco Malfoy. Con desesperación él sacó su varita y empezó a recitar lo que le pareció a Hermione un hechizo sanador:

-"Tres promesas me unen a ti, y así con tres llamadas sanaras: ¡Astoria! ¡Astoria! ¡Astoria!"

El hermoso rostro de la mujer palideció de súbito y fue incapaz de abrir los ojos. No reaccionaba. Sus labios se movieron, quizás intentando decir algo, pero solo sonidos guturales salieron de estos.

-"Tres promesas me unen a ti…………..- Hermione solo oyó un grito de desesperación-¡Astoria! Maldición ¡Astoria!"

La imagen desapareció abruptamente y entonces Hermione desvío su mirada hasta Draco Malfoy quien lucia una expresión de desolación en su rostro. Tenia lagrimas en los ojos y los labios apretados en un rictus de amargura. De alguna manera, ella se conmovió hasta los últimos rincones de su corazón al verlo así. Nobleza obliga y en este caso, literalmente el refrán le caía como anillo al dedo. Esa chica, su esposa, su bebé. Así que eso era lo que había sucedido, el ataque, Astoria Malfoy y su hijo dentro de ella, heridos de muerte. Hermione sintió que empequeñecía ante la magnitud de esa tragedia y no dejo de sentir dolor, por ella, por el niño y también por él, por Draco Malfoy, ese antiguo chico soberbio ahora solo era un hombre que no hacia ningún intento de ocultar el dolor que lo embargaba.

Cuánto hemos crecido….. Ya no somos unos niños, no más peleas escolares, ni insultos en los pasillos, ni actitudes tontas ni recriminaciones baratas. Hemos transitado un largo camino desde entonces, él y yo. Cada uno ha tenido sus experiencias en la vida, su cuota de dolor. Pero si bien yo también perdí lo que amaba, nunca he perdido un hijo. Entonces Hermione comprendió, por supuesto, cual era el motivo de Malfoy para quitarle los diarios que contenían la manera de activar los Artefactos Infernales, más claro imposible. Y ella se permitió derramar una lágrima solitaria en honor al dolor de Draco Malfoy y él la vio, este gesto inesperado sacudió todo su interior y por un instante, la rabia desapareció. Las dudas empezaron a carcomerlo.

¿Seria ella responsable?

¿Estaría haciendo él lo correcto?

¿Y si estaba equivocado?

Por un insólito momento, Draco empezaba a cuestionarse si existía verdadera justicia en el sádico acto de venganza que se proponía cometer. Nunca le había sido fácil matar, jamás, esa era la razón por la cual no fue nunca el cruel mortifago que se esperó de él, el heredero de los Malfoy´s, consumados seguidores del lado oscuro, y quizás, si otra hubiese sido la historia, otro su destino, un buen prospecto de auror seguramente hubiese sido, inteligente, talentoso, fuerte, ágil y sobre todas las cosas, astuto, pero cruel, nunca. Increíblemente, Draco era un Malfoy con sentido de la justicia, aunque tuviese un genio de perro rabioso. Y aunque quisiese con todas sus fuerzas justificar y apartar el hecho de que dentro de su corazón, algo le impedía asesinarla, se veía una y otra vez dudando.

¿Por qué tengo tantos remordimientos para matarte Granger?

¿Por qué desatas toda la furia contenida en mi interior y también….algo más?

¿Por qué provocas esta desazón en mí?

La observó en silencio, ella era delgada, menuda, mucho mas baja que él, con su cabello castaño recogido en un moño que se estaba deshaciendo, su piel blanca y aterciopelada resplandeciente invitaba a recorrerla entera y esos ojos oscuros, misteriosos, reflejo fiel de la sensualidad de la que estaba impregnada su dueña, una mujer realmente hermosa, que siempre le habían llamado la atención. Pero sobre todas las cosas, lo que perturbó su mente, era verla derramando lágrimas por su situación, compadeciéndose verdaderamente de la suerte de su esposa y su hijo, como si le importasen. Algo simplemente inaudito e inesperado.

Pero el momento de reflexión no duro mucho tiempo, la furia menguada en Draco reapareció más fuerte que nunca cuando la varita de Hermione vibró descontroladamente y de ella salió la figura de Theo Nott.

Hermione dio un chillido y entonces se vio a ella misma realizando un Difendo sobre el cadáver de Theo, metiendo los dedos en su carne muerta. Draco frunció el seño, eso era decididamente asqueroso, ella había profanado ese cadáver ¿Con que intención?, entonces lo vio, un relicario cubierto de sangre.

-¿Qué es?- le preguntó secamente a Hermione- ¡Respóndeme! ¿Qué diablos es eso? ¿Qué sacaste del cuerpo de Nott?

-Nada- contestó Hermione tratando de aparentar seguridad- solo algo que me pertenecía y se lo quite.

-Falso- contestó Draco con rabia- puedo oler una mentira a kilómetros.

La Hermione de la imagen volvió a cerrar la piel y se lanzó a llorar desconsoladamente sobre el cadáver. Draco observó con asco como lo abrazaba y tomaba una de sus manos, apretándola convulsivamente. De nuevo la furia en él fue incontrolable. No se detuvo a pensar en lo importante, en lo revelador de esa imagen, en ella destrozada por el dolor, solo vio la posibilidad de que Hermione Granger fuese la amante del asesino de su mujer. E inexplicablemente, mas allá del hecho de que fuese la posible cómplice de Nott, sentía otro tipo de dolor, uno que no tenia nombre, pero que sin duda estaba allí, desde hacia tanto tiempo que no podría llevar la cuenta, solapado, confundido entre tantos sentimientos, apagado por el paso de los años, algo en su corazón se retorcía de rabia, de celos y no entendía, por Dios que no lo podía comprender, porque sentía todas esas cosas insólitas hacia ella. No tomó en consideración todo lo demás, no tuvo consciencia del significado de esa escena, más allá del evidente. Para Draco Malfoy solo existía su congoja, su dolor y estaba actuando en consonancia con ello, mas tarde, mucho mas tarde, sin duda tuvo tiempo para reflexionar.

-Maldita traidora- fue lo único que dijo, entonces el Pior Incantatum término abruptamente, sorprendiéndolos una vez más.

-Depulso- gritó Hermione lanzando a Draco contra unos estantes, ella pasó corriendo por su lado rápidamente, huyendo aprovechando la oportunidad. Draco aturdido y confuso se levantó y se echó a correr tras de ella.

-Eres una arrastrada Granger. Eras su amante, su cómplice. Es tu culpa, maldita, tu culpa- gritaba él mientras le lanzaba hechizos reductores. No intentaría de nuevo una maldición imperdonable, no estaba seguro si el Pior Incantatum volvería a suceder, pero decididamente no quería ver mas escenas de esos dos. De nuevo sus neuronas se desconectaron y solo la furia guió sus acciones. La mataría, después de eso quizás no dormiría en paz el resto de su vida, la mataría en nombre de su mujer y su hijo, pero lo haría con sus propias manos. En ese momento, Draco Malfoy se convirtió en una bestia enfurecida y embrutecida por el dolor, no atinaba a analizar la situación desde todos los puntos de vista, como haría en estado de total coherencia, solo quería venganza, nada más.

-Reductio- gritó Draco con potencia, el hechizo no dio en su blanco por un pelo.

-Estas equivocado Malfoy – gritó Hermione mientras algunas estanterías caían al piso, destruidas por los hechizos reductores que daban contra estas, ella corría en zigzag, apoyando contra su pecho su mano lastimada. Estaba herida, cansada, no resistiría mucho tiempo y lo sabia, tenia que encontrar la manera de salir de allí a como de lugar.

Draco seguía corriendo tras ella, saltando con agilidad cada uno de los obstáculos que él mismo iba creando. Pero también estaba muy agotado. Su energía estaba llegando a sus límites, tenia semanas sin dormir y sin comer bien y eso le estaba pasando factura. Se encontraba impotente para darle alcance solo corriendo así que conjuró su hechizo de avance, convirtiéndose en una figura hecha de humo, que rápidamente se adelantó a Hermione.

Cuando menos se lo esperó, ella lo tenía frente a si, mirándola con sus ojos grises antes helados que contradictoriamente ahora parecían dos brazas ardientes por la más incontrolable rabia que dominaba a su poseedor. Draco Malfoy, hombre comedido, serio, frío, había lanzado su habitual modo circunspecto al diablo. Nunca volvería a ser el que alguna vez fue, había dejado que toda la intensidad de su personalidad aflorara, esa faceta oculta por su educación, ese carácter violento y apasionado que no era considerado digno de un aristocrático Malfoy, pero que sin duda era su rasgo mas característico. Draco Malfoy nunca fue un cubo de hielo, como se empeñaba en demostrar, sino que estaba hecho casi de fuego mágico.

-Experliamus- gritó Draco y con esto, desarmó limpiamente a Hermione.

Entonces en una fracción de segundo, con asombrosa rapidez, ella se giró sobre si misma ágilmente, adelantándose unos metros hacia él, saltó y le pateo la mano, tuvo que utilizar los pies para luchar, puesto que estaba desarmada y con una mano fracturada. A veces, saber pelear como los muggles tenia sus ventajas en el mundo mágico, pero su oponente tampoco era ningún tonto. Draco perdió la varita pero logró tomar la pierna de quien lo había atacado y le hizo una llave, que dejó a Hermione tendida de espaldas sobre el suelo. Cuando su cabeza impactó el piso, vio todo negro e incluso sintió crujir algunas costillas en su pecho. Una certeza se abrió camino en su pensamiento, estaba completa y absolutamente jodida.

Draco ni siquiera atinó a recoger su varita, se lanzó sobre ella como un ave de rapiña. Hermione ahogó un gemido cuando sintió todo el peso de Draco sobre su cuerpo.

Draco tenía sus rodillas flexionadas a ambos lados de Hermione, con toda la fuerza de la que era capaz, tomó su cuello y le acercó la cara a su rostro, incorporándola semisentada frente a él, sus alientos se confundían y ninguno podía apartar la vista del otro.

-¿Qué es esto?- preguntó Draco con voz entrecortada, respirando agitadamente, observando uno de los giratiempos que pendían del cuello de Hermione en una cadena, el otro, por casualidad, debido al movimiento, estaba justo detrás de su nuca, pero él no se dio cuenta. Él deslizó sus dedos con lentitud por la delicada piel del cuello de ella, Hermione sintió su tacto como fuego, le erizó todos los vellos de su cuerpo, era una sensación muy extraña ser tocada por él de esa manera. A Draco tampoco le pasó desapercibido la piel tersa de ella, pero apartó la sensación de turbación que ese contacto le provocó. Arrancó la cadena con brutalidad, tomó el giratiempo, lo examinó rápidamente, satisfecho al percatarse de lo que era se lo guardó en un bolsillo de su pantalón. Increíblemente, al romperse la cadena de oro, el otro giratiempo se deslizó por la espalda de Hermione, quedando sujeto entre sus ropas. Ella no abrió la boca, estaba asombrada y no quería tentar más su suerte. Por lo menos le quedaba uno de los giratiempos. Con eso debería ser suficiente si es que sobrevivía.

-¿Eras la cómplice de Nott?- pregunto él con voz agitada, algo dentro de si necesitaba con urgencia que ella lo confesase. Deseaba oírlo en voz alta, para así poder justificar todo lo que haría. Draco Malfoy vivía de la venganza, respiraba revancha, era el aire que sustentaba su existencia en ese momento- ¿Evitaste que lo capturasen después de que el Señor Tenebroso fuese destruido?

-No- dijo ella sin poder apartar su mirada de esos ojos grises inquisidores que la taladraban con intensidad, que de alguna manera, la tenían como hipnotizada. Estaba asombrada con este Draco, algo muy diferente a lo que ella se imaginaba de él, un hombre con tanta intensidad en sus sentimientos, que la rabia simplemente le salía desbordante por los poros. Adiós para siempre al chico malcriado, altivo, con el rostro imperturbable y la lengua venenosa que había conocido en Hogwarts. Lo que tenia frente a ella era otra persona.

-No te creo una sola palabra- contestó Draco molesto. Entonces empezó a apretar su cuello con una mano, mientras que el otro brazo rodeaba su cuerpo. En un abrazo fuerte y mecánico, la pegó a su cuerpo, acercando distancias, sintiendo el corazón desbocado de ella golpeando su pecho, siendo consciente de la curva de su cintura, y de la suavidad de su piel. Hermione empezó a asfixiarse, intentó hablar y lo hizo a duras pena.

-Lo siento- dijo ella con voz ahogada. Las pupilas de Draco estaban encogidas, estaba verdaderamente ciego.

-Tengo que matarte- su voz era susurrante- tengo que hacerlo, por ella, por mi hijo. Si no, moriré de dolor. Mejor tú que yo Granger, ¿No es así?

-No lo hagas- contestó Hermione.

De nuevo las dudas afloraban dentro del hombre, interrogantes sin respuestas bombardearon su cabeza, hundiéndolo de nuevo en el mar de las indecisiones.

Ella lo miró suplicante y él correspondió a esa mirada con atroz intensidad, de pronto inexplicablemente, Draco aflojó su agarre, le soltó el cuello y se apartó un poco de ella. Hermione aprovechando esa inesperada oportunidad, logró subir una de sus piernas a su pecho y se lo quitó de encima con otra patada.

Draco se vio sorprendido con esa fuerte patada en su tórax, sintió como esta fracturó todas sus costillas delanteras. Se arrastró lejos de ella y empezó a toser sangre a grandes cantidades, Hermione seguía sobre el suelo con su mano fracturada recogida sobre su pecho. También se había golpeado la cabeza al caer y estaba toda mareada, estaba segura de que no podría sostenerse en pie. Entonces él rodó por el suelo buscando su varita, la encontró y cuando se disponía a conjurar la maldición asesina, cuando por fin se había decidido, sintiendo como su cabeza se partía en dos al tomar la fatídica decisión de una buena vez y por todas, vio estupefacto como su varita de nuevo volaba por los aires.

Allí, en medio de la destrucción de la Gran Sala de Profecías, anonadado con el espectáculo ya que sitio parecía un verdadero campo de batalla, con todos los altos anaqueles tirados por el piso, destruidos, estaba la figura adusta de Severus Snape, quien apuntaba con su varita a Draco, lanzándole un hechizo no verbal para desarmarlo.

Draco lanzó un grito de furia y frustración. A Hermione se le heló la sangre al escucharlo.

Draco se levantó del suelo y tuvo la intención de ir hacia donde se encontraba ella para terminar su trabajo. Si no lo hacia en ese momento, no lo haría nunca, de eso estaba seguro. Hermione se sentó y pataleo sobre el piso hasta retroceder algunos metros. Estaba totalmente indefensa y no tenía mas fuerzas con que seguir luchando.

-Incarcero- gritó Snape antes de que Draco se acercase a Hermione. El hombre cayó pesadamente sobre el suelo totalmente amarrado con cuerdas mágicas.

-Suéltame, déjame hacerlo- gritó Draco totalmente fuera de sus cabales, se retorcía en el suelo como un animal herido- voy a matarla. No puedes negarme esto Severus. Tengo derecho, es mi derecho.

Snape hizo caso omiso de Draco y se fue hasta Hermione. Por pura suerte había adivinado las intensiones de Draco y llegado justo a tiempo antes de que cometiese una locura. No tuvo que hacer un gran esfuerzo para que Blaise Zabinni desembuchase todo lo que sabía, donde y haciendo que estaba Draco, el joven moreno le tenia pánico a su antiguo profesor de Pociones.

-Gracias- dijo Hermione todavía sobre el suelo, incapaz de levantarse, totalmente sorprendida por esa intervención- usted me ha salvado la vida.

-No me agradezcas nada- contesto secamente Snape, luego miró la mochila que cargaba la bruja- dámelos.

-No- dijo ella asombrada por esa petición- tendrá que matarme para que se los entregue.

-No me tiente Srta. Granger- contestó Snape- usted y yo sabemos que una información como la que tiene guardada en esa mochila, bien valdría su asesinato. Démela y terminamos con esto.

-No- dijo Hermione sosteniendo con fuerza la pequeña mochila que llevaba cruzada sobre su pecho. El palpitar acelerado de su corazón no había menguado, estaba realmente asustada. Tuvo entonces la seguridad de que Severus Snape también sabía lo del Artefacto Infernal. Sino ¿Cómo demonios sabia lo que ella llevaba en esa cartera?

-Imperio- exclamó Snape haciendo una floritura con su varita y Hermione sintió como la maldición dio de lleno en su cuerpo. De pronto percibió sus miembros adormecidos y su mente ocupada por tinieblas. Intentó resistirse pero no lo logró.

-Enséñame lo que llevas en la mochila - dijo Snape con voz pastosa, mientras no dejaba de enfocar sus negros ojos en los castaños de ella. Sin duda debería leerle la mente, pero no estaba seguro, ella estaba bajo el efecto del Imperio, quizás no sacaría nada en concreto más que sus propias ordenes. Decidió enfocarse en lo importante. Los malditos diarios de Nott.

Hermione intentaba negarse a la orden, su mano vacilaba, pero no pudo rechazarlo más y abrió su mochila, mostrando su contenido.

-¿Esos son los diarios de Theo Nott?- preguntó Snape. El silencio era interrumpido por las maldiciones e insultos dirigidos hacia él que salían de la boca de Draco Malfoy quien intentaba sacarse las cuerdas mágicas de encima.

-No- contestó ella al sentir que finalmente podía controlar el hechizo, sin embargo una oleada de dolor se esparció por su cuerpo. Empezó a temblar descontroladamente.

Snape levantó una ceja confundido. Ella mentia, lo sabia, se estaba resistiendo a la maldición.

-Imperio- de nuevo la maldición impactó en la figura de Hermione Granger, quien se estremeció totalmente.

-¿Son los diarios de Nott?- preguntó inquisitivamente Snape de nuevo. Ella utilizó todo su poder mágico para negarse a responder, se mordió la lengua hasta hacerse sangre y negó con la cabeza.

Snape estaba absolutamente asombrado. Jamás había visto algo así en su vida.

-¡Imperio!- esta vez la maldición fue lanzada con fuerza brutal, tanto que el cuerpo de Hermione se elevó unos centímetros del suelo. De nuevo el dolor fue tan intenso, que ella temió morirse allí mismo. Cayó al piso de rodillas y empezó a respirar con dificultad.

-Por última vez- dijo Snape- ¿Esos cuadernos son los Diarios de Theo Nott?

Hermione cerró los ojos y la respuesta se deslizó por su boca, incontrolable, como un torrente de agua después del deshielo de la primavera.

-Si.

-Dámelos- pidió Snape, ella mansamente se quitó la mochila y se la entregó a Snape quien no dejaba de apuntarla con su varita.

-¿Qué es el artefacto infernal?- preguntó Snape, era crucial saber si ella estaba en conocimiento, si había leído y comprendido la información. Para él, era de vital importancia.

-Es aquello que puede devolver a los muertos a la vida- contestó ella con un tono de voz impersonal, calmado, siendo clara y precisa en su respuesta. Sometida ya por completo a la maldición imperdonable, no tenía más remedio que contestar.

Draco Malfoy de pronto dejo de moverse, atento a la situación. Contempló con amarga satisfacción el momento en que Snape tomaba los diarios de Theo Nott. Vio como Hermione Granger estaba allí, de pie, temblando, con los ojos desenfocados, sometida al Imperius. También estaba algo impactado por la fortaleza de ella, había recibido tres maldiciones imperdonables seguidas y solo la última logró su cometido.

-¿Fuiste la amante de Theo Nott?- preguntó Snape. A él no le importaba en lo mas mínimo si esos dos se habían revolcado juntos hasta perder la razón, eso formaba parte de la vida personal de la gente y él evitaba meterse en la privacidad de los demás para que no invadiesen la suya. Pero conocía a la chica, de alguna manera la apreciaba, era una bruja muy talentosa, la mejor que hubiese conocido, y seria una lastima si Draco se ensuciaba las manos con su sangre si ninguna razón. Lo conocía demasiado bien, si se equivocaba, lo lamentaría toda su vida.

-No- contestó Hermione, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de impotencia.

-¿Fuiste su cómplice?- preguntó Snape- ¿Tuviste algo que ver con alguna de sus acciones, incluyendo el ataque a Astoria Malfoy?

-No- contesto ella apretando sus manos- nunca.

Draco no dejaba de mirarla y se dio cuenta de que era la verdad. Ella jamás podría mentir sometida a un Imperius, era mejor que una Poción Veritaserum concentrada. En ese momento se percató de la gran injusticia que había estado a punto de cometer.

-Episkeyo- murmuró Snape curando las costillas y la muñeca fracturada de Hermione, quien temblaba todavía luchando contra esa maldición que anulaba toda su voluntad.

-Srta. Granger- dijo Snape- esta charla sin duda ha sido muy productiva. Tendré consideración con usted y no la desmemoriare. Aprecio su mente y para hacer honor a la verdad, nunca he sido muy bueno con esos hechizos, nada me molestaría más que dejarla como un vegetal. Nosotros nos iremos y luego usted saldrá de esta sala y se desaparecerá en donde mejor juzgue conveniente. No hablara con ningún auror ni con nadie a su salida. El Imperius dejara de hacer efecto en cuanto salga del Ministerio de Magia.

Entonces Snape se alejó de ella y fue hasta donde estaba Draco, lo liberó de sus ataduras, y le practicó también el Episkeyo, aun así, él siguió tosiendo sangre y respirando mal. Snape frunció el ceño preocupado, a lo mejor se había perforado un pulmón, eso requeriría de cuidados más complejos. Lo ayudó a caminar, Draco no dejaba de mirar la figura inmóvil de Hermione.

Antes de salir de la sala, Snape se giró. Era cierto, no le gustaba hurgar en la vida de los demás, pero su curiosidad pudo más y lo hizo, le preguntó a Hermione algo que tenia años dando vueltas en su cabeza.

-¿Qué sentías por Theodore Nott?- no esperó la respuesta y procedió a explicarse-No contestes todavía. Digo, él te protegió durante toda la guerra, te deseaba como mujer, fuiste su heredera. Sé que estaba obsesionado por ti, pero me da curiosidad saber ¿Que sentías por él?

El silencio se podía palpar y la tensión del momento también.

-Yo lo amaba- la voz de Hermione se quebró.

Snape hizo una inclinación de cabeza como un respetuoso gesto de despedida, había pronunciado miles de Imperius y jamás vio a alguien resistirse con tanta entereza, ella sin duda, era una bruja muy poderosa, lo había impresionado totalmente. Hermione le devolvió una mirada furibunda.

Snape jaló con él a Draco quien miraba estupefacto a Hermione Granger, incapaz de creer lo que había escuchado y lo que significaba. Lo que no había comprendido en su ofuscación, ahora se le revelaba como una terrible realidad. Ella, haciendo honor a su sentido de la justicia, quizás para no traicionar sus valores, había conducido al paredón al hombre del que estaba enamorada. Y Draco, en algún rincón oculto de su corazón, se compadeció de ella y se arrepintió de lo que había estado a punto de hacer. Snape maldijo por lo bajo, asombrado también por las palabras de la mujer, quizás nunca debió haber hecho esa maldita pregunta.

0o0

-Es tarde, debería irme- dijo Ron tomando el ultimo sorbo del vino de elfo.

La conversación había terminado hacia rato y los dos amigos solo se dedicaron a mirarse y a beber en silencio. Se conocían demasiado bien, no valía la pena seguir haciendo conjeturas.

Harry se tomó su vino y dejo la copa vacía sobre la mesa.

-Te acompañare a la salida

-Gracias por escucharme- dijo Ron un poco incomodo- necesitaba decírselo a alguien.

-Habla con Hermione- contestó Harry- no van a casarse igual, pero recupera su amistad.

-Dame tiempo Harry- dijo Ron- te prometo que lo haré.

Los dos hombres se dieron un rápido abrazo de camarería.

-El bebé nacerá la semana que viene- dijo Harry- dile a Molly que cuando el momento llegué, le enviaré a los chicos para poder acompañar a Ginny en el hospital. ¡Ah! y que recuerde que Albus es alérgico a las nueces.

-Super papá Potter- bromeó Ron- ¿Quién lo diría?

Pero Harry no contestó, cuando se disponía a salir de la cocina, un involuntario movimiento de ojos, hizo que su mirada diera con algo que últimamente le pasaba siempre inadvertido, ya que la guerra habia terminado. Arthur Weasley se lo había regalado cuando se casó con Ginny. Un reloj como el que los Sres. Weasley tenían en la cocina de la Madriguera, con todos los integrantes de la familia en cada una de las manecillas. Al principio solo estaban él y Ginny, luego cada vez que les nacía un niño, se agregaba.

Harry, en el transcurso de los años había colocado mágicamente más manecillas, hechizando el reloj para que también incluyera a todos sus seres queridos. ¡Diablos! Si hasta los Dursley estaban allí, junto con todos los Weasley´s, Hermione, Luna, Teddy, Dobby, Kreacher y Sirius, !SI! !Sirius! porque todavía después de tantos años y tantas evidencias, todavía Harry no comprendía lo que había detrás del velo y se aferraba a alguna esperanza. No estaba tan loco como creía la gente, la manecilla de Sirius indicaba siempre "PERDIDO". Después de algún tiempo, como todo mueble y objeto viejo de una casa, olvidado y descuidado, el reloj estaba ubicado en la parte mas alta de la pared de la cocina acumulando polvo. Nunca reparaba mucho en él, Harry a veces lo miraba de paso, pero no fijaba su atención en el reloj, sin embargo esa vez…………

-Ron- Harry sintió un escalofrío recorriendo su columna vertebral. No, no podía ser. No de nuevo.

-¿Qué pasa?- Ron miró a todas direcciones alertado por la actitud de Harry. Estaba inmóvil y había algo en su tono de voz, que no le gustaba.

-Arriba, en la pared, el reloj- dijo Harry con dificultad.

Ron casi lanza un grito cuando observó que la manecilla de Hermione estaba en la posición de "PELIGRO DE MUERTE". Y eso no era todo, todas las demás manecillas, incluyendo la del bebé que no tenia todavía nombre, lentamente iban desplazándose a esa dirección.

0o0

-Creo que te dieron la paliza de tu vida- dijo Snape mientras ayudaba a Draco a subir las escaleras del lobby de Malfoy Manor- te lo advertí, ella es muy buena luchadora.

-Calla de una maldita vez- dijo Draco respirando con dificultad. La molestia en su pecho era soportable mas bien era su orgullo herido lo que le dolía más. Sin embargo ya no tenía esa sensación de inquietud que lo asfixiaba, no tener que matarla representó una especie de alivio. Pero estaba inconforme con lo que había oído.

-Creo que debes darte por vencido- dijo Snape- ella no tiene la culpa. La escuchaste. Sin embargo……

-Lo escuche todo. Entendí lo esencial. Ella enloqueció, se enamoró de Nott pero no fue su cómplice y hasta lo condenó a muerte. Una historia de amor bien tierna- contestó Draco lanzándole una mirada furibunda a Snape quien lo observaba con atención y una expresión burlona en su cara. Bien, otra cosa menos de que ocuparse, Hermione Granger, asunto concluido y enterrado para siempre- ¿Ahora que?

-Tengo la ligera sospecha- dijo Snape arrastrando las palabras- que Hermione Granger será una espinilla en nuestro culo. Si todavía sigue siendo lo que fue, una Gryffindor de cabo a rabo, hará todo lo posible por quitarnos los diarios y el artefacto infernal. Siento decirte que estamos en pie de guerra con ella.

-Así que de todos modos tendré que matarla- dijo Draco con amargura- genial.

-Eso no te lo crees ni tu mismo, tuviste bastante tiempo para hacerlo esta noche, antes de que yo llegase y no lo hiciste. ¿Cierto?- contestó Snape quien después de algún rato, empezó a analizar ciertas cosas y algunos extraños comportamientos de parte de Draco.

Draco solo le ofreció un gruñido.

-Quien no te conozca- dijo Snape- que te compre, Malfoy.

-¿Qué quieres decir?- esta vez Draco si se molestó por las crípticas palabras de Snape.

-No perderé el tiempo contigo, maldito mocoso engreído e inmaduro- contestó Snape, quizás era un poco descocado estar pensando en eso, cuando el chico se había embarcado en esa empresa por su esposa. Sin embargo, tanto conflicto y tanta rabia en relación a Hermione Granger no era de a gratis. Draco era un hombre, y no de los que precisamente se resistía a una mujer atractiva o que la dejan pasar por alto, Hermione Granger era una mujer hermosa, valiente, que ya al parecer había envuelto en sus garras a un Slyhterin…..así que…Snape meno la cabeza. Si, a lo mejor estaba sacando conclusiones apresuradas- ya te darás cuenta tú solo. Del gusto al susto hay un solo paso pero no en vano dicen por ahí que del odio al……….

-Snape- el tono de Draco fue perentorio, sus ojos se detuvieron en el gran reloj de péndulo que había al pie de la gran escalera de mármol que dominaba el hall de su casa. No sabia que lo había inducido a mirar a esa dirección, casualidad tal vez, solo que vio como el péndulo se detenía, algo que no había hecho nunca, pues era imposible, era mágico, seguiría funcionando por milenios, si fuese posible y la madera aguantara el paso del tiempo. En fracciones de segundo, Draco pensó que se había dañado y entonces este empezó a oscilar de nuevo.

-¿Qué pasa?- preguntó Snape con calma. Después de todo lo que había pasado esa noche, tendría que tomarse todo con tranquilidad o moriría de un infarto.

-Aquí esta sucediendo algo muy raro- fue la respuesta de Draco, quien intentaba darle una explicación lógica a lo que estaba observando con sus propios ojos, lo del péndulo y en el fenómeno que estaba aconteciendo en ese preciso instante en la esfera del reloj.

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No había cosa que lograra desesperar más a Bellatrix Lestrange como que la dejaran fuera de acción. Allí estaba, terriblemente aburrida, sentada de medio lado en una silla que había conjurado, con el mentón apoyado en su espaldar y cruzada de piernas, balanceando su pie una y otra vez a ritmo frenético. Tenía cerca de tres horas esperando que alguno de los dos idiotas se apareciese en el sitio y tuviesen la decencia de informarla.

Ni modo, ella se lo había buscado, estaba tan desesperada por salir de Azkaban, que aceptó lo inaceptable. Un juramento inquebrantable que la ponía a las órdenes de su sobrino. Y allí estaba, como una estúpida, casi una vulgar sirviente guardando la inútil cosa que si bien no sabia que era lo que hacia, era obvio que no funcionaba.

Sin embargo, algo no encajaba. Conoció a su señor al dedillo, Lord Voldemort no era ningún imbécil, si se había tomado tantas molestias con ese gran artefacto incrustado en el piso de piedra, para protegerlo y ocultarlo, era porque realmente valía la pena. Quizás, Draco se había precipitado y no cumplió con todos los pasos para activar el mecanismo. Pero………tendría que esperar……Realmente era odioso, ella, la mejor mortifaga que alguna vez caminó sobre la tierra, estaba siendo desperdiciada, relegada al simple papel de vigilante.

Una rata paso corriendo entre sus pies. Bella la sintió y se paro violentamente de la silla.

-Estúpido animal- exclamó ella con asco, esgrimió su varita. La rata se desplazaba velozmente cruzando el mismo centro del Artefacto Infernal.

-Avada Kedavra- Bella estaba tan frustrada y tenia tanto tiempo que no pronunciaba la maldición asesina, que esta fue conjurada con fuerza inusitada. Dio de lleno en el pobre animal, que lejos de quedar paralizado y muerto, simplemente estalló como un globo, cubriendo de carne y sangre el pulido bronce del Artefacto.

Entonces, ocurrió.

La sangre goteo entre las ruedas dentadas circunscritas en el mecanismo, luego de una fracción de segundo, este se activó y empezó a funcionar, las ruedas se movieron, unas sobre otras, al principio lentas, pero poco a poco desarrollando un poco mas de velocidad, una cadencia infernal, el sonido era muy parecido al de un reloj, una especie de tic tac. Haces de luz empezaron a inundar la estancia.

Bella observó absorta y fascinada el espectáculo de luz que se desarrollaba frente a ella y entonces de pronto, este acabó y la estancia quedo sumida en la más profunda oscuridad, solo se oía el tic tac del artefacto. Todo se cubrió de tinieblas y Bella, sintiendo la malevolencia y la perversidad en el ambiente, algo que sin duda la revitalizaba puesto que no se sentía incomoda con ello, exclamó un grito de triunfo.

Ella, sin quererlo, por una casualidad del destino, gracias a una maldita rata que se le había atravesado en el camino, había activado el mecanismo infernal.

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Hermione respiraba con dificultad, el dolor en sus costillas era decididamente insoportable. La magnitud de sus heridas no era suficiente para incapacitarla, pero si para hacerle pasar el mal rato. Estaba viva de milagro y lo sabia, tenía que agradecérselo a Snape, quien había evitado que Malfoy la matase impunemente. Aun así, su antiguo profesor de Pociones no había tenido reparos para lanzarle una imperdonable. Por supuesto, todo a causa de los malditos diarios. Y para colmo, ya Draco Malfoy sospechaba que ella estaba ocultando algo muy importante referente al propio Theo Nott. Su Horrocrux.

Lo insustancial o lo circunstancial ya no tenían cabida en esta historia. De manera paradójica tendría que pelear a muerte contra aquellos a quien pretendía salvaguardar. Porque el destino de los Artefactos ponían en riesgo a todos y cada uno de los que habitaban el mundo. Incluyendo a Draco Malfoy y Severus Snape. Porque si bien trató de explicarse a medias con él, Draco Malfoy padecía una ceguera propiciada por el estado de locura temporal que estaba padeciendo. No escuchaba a nada ni a nadie.

Hermione trató de que entrara en razón, tragandose su orgullo, le pidió que no la matase, estaba viva de milagro, solo se salvó porque Snape imprevistamente había desarmado a Draco Malfoy. Él también estaba gravemente herido, ella puso todo su empeño en que así sucediese, no en vano peleo por su vida hasta con las uñas. En su mirada no había visto la frialdad acostumbrada en sus ojos cuando se dirigían a ella, solo vio la tempestad, rabia, ira, turbación, desasosiego, una amalgama de sentimientos violentos dirigidos hacia su persona. Y Hermione, por primera vez en toda su vida, supo en carne propia lo que era el odio mas desmedido hacia ella y sin embargo también le pareció captar otra cosa, algo más.

Ella se apareció en la sala de su casa aproximadamente a las tres de la mañana, la habitación permanecía en total oscuridad. Hermione dio unos pasos para encender el interruptor de la luz, seguidamente caminó tambaleándose hacia la cocina, abrió el refrigerador y tomó la hielera, envolvió bastantes cubos de hielo en una pequeña toalla y se lo llevó a la cabeza, estaba segura que tenia una concusión, la sien le palpitaba como si tuviese un corazón adicional allí, se sentía desesperada, golpeada y miserable, lo único que la animó en ese momento era saber que Draco Malfoy estaba tan o mas golpeado que ella.

-Maldito Malfoy –gruñó Hermione en voz alta. ¿Qué es lo que demonios vas a hacer? sin poder evitarlo su cuerpo se estremeció. El Artefacto…………..esa era la respuesta a todo. Esa cosa sacada del rincón más oscuro del infierno, aquello que podría en jaque la existencia del mundo como ella lo conocía, la puerta del infierno desatado sobre la tierra.

Hermione dejó la toalla sobre la repisa y se tomó las sienes con sus manos. ¡DIABLOS! ¡DIABLOS! ¡DIABLOS!. Había sido imprudente cargando con ella los diarios, eso era cierto, había traicionado todo su entrenamiento de guerra. Hizo lo menos que se esperaba, llevar los diarios con ella ¡Que pensabas Hermione! ¿Qué diría el viejo Ojoloco Moody? Había sido tan estúpida. Les había dado la respuesta de todo a esos dos. Pero realmente es que tampoco se esperó que Draco Malfoy diese con los escritos de su abuelo. Y tampoco que Abraxas Malfoy supiese al parecer lo que era un Artefacto Infernal. El destino se conjuraba en su contra, todas las casualidades parecían reunirse para joderla en serio. Bueno, no lo tenia seguro, pero sin duda sus sospechas no eran infundadas. Draco lo había mencionado por su nombre, al igual que Snape, ellos sabian que los diarios de Nott tenían información, no, eso no era cierto, lo más acertado seria decir que los diarios de Theo eran el manual técnico de los malditos artefactos, con alguna que otra laguna en su contenido, pero lo suficiente para que ella los ubicara y los pudiese destruir y otra persona también, esta vez con intensiones menos loables. Además, para colmo, le había arrebatado uno de los giratiempos gemelos. Malo para todo.

Hermione caminó erráticamente de un lado a otro en medio de la estancia, hasta que finalmente se cansó y se dejó caer en uno de los sofá de la sala, se quitó los zapatos y se acostó, pronto cerró los ojos y se dejo sumergir en un estado de duermevela, estaba demasiado agotada y asustada. Quizás lo mejor era ir al Hospital de San Mungo para que la sanasen, pero ella no quería preguntas indiscretas, suficiente con el pequeño desastre que había dejado tras si en el Departamento de Misterios. Había cometido robo y de paso también vandalismo, digamos que la sala de las Profecías había quedado hecha polvo, en el sentido mas literal de la frase. Obviamente iba a ser muy difícil de explicar alguna de las dos cosas. Y el Wizegamot le tenía ganas, nadie quedo conforme con el hecho de que ella aceptase la herencia de Nott, en realidad poco le importaba el dinero y la casa en Bristol, ella lo había hecho por los diarios. Pero los enemigos resurgían, dentro del Ministerio de Magia ingles y sin duda sospechaban de ella por actuar como lo hizo.

Theo le había indicado en sus diarios lo que tenía que hacer con su legado. Y si, fue un detalle inesperado, pero justo a al fin y esa petición de Theo estaba sobre ruedas. Los papeles estaban listos, el momento llegaría en algunos años. Inexplicablemente, le había pedido que se le otorgase en el más completo anonimato la mitad de la herencia a un chiquillo de diez años de cabello multicolor que Hermione conocía muy bien. El resto seria para ella, más de cincuenta millones de galeones en oro macizo, para que, como le había escrito Theo con su odiosa manera de ver las cosas, lo disfrutase, lo guardase o lo arrojase por el precipicio mas profundo. Lo que juzgase más conveniente, traducido, lo que menos remordimiento de conciencia le provocase.

La intención de ese regalo fue una sorpresa para Hermione y luego de analizarlo un buen rato, dio con el motivo. Entonces decidió entregarlo todo, a ese ser inocente que no tenía la culpa de nada, un niño pobre, huérfano, sujeto a la caridad de su abuela y de su padrino. La maldita casa la conservaría. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabía. Algunos deseos son tan bizarros que no vale la pena preguntarse sobre ellos, a lo mejor, la quería de recuerdo. ¿Quién sabe? Después de todo, lo imposible tocaba a su puerta mas a menudo de lo que desearía.

Por supuesto, el Horrocrux de Theo tenía que ver con todo ese asunto, Hermione no era tonta, con todas las cartas sobre la mesa….ya ella sabía quien había muerto para darle la supuesta inmortalidad a Theodore Marcus Nott. No necesitó leer el Libro de los Ángeles caídos para saber el nombre de esa victima. Ni tampoco necesitó preguntarse los motivos de Theo, inexplicablemente, sin duda algún remordimiento de conciencia, había tenido al final.

¿Que puedes decir cuando ya no hay nada que te sorprenda del ser humano que alguna vez amaste con toda el alma? ¿Cuando ya no te escandalizas por todos sus monstruosos actos o no te conmueves con sus inesperados destellos de sensibilidad? ¿Cuándo tu tolerancia ha sido llevada al máximo? La respuesta es simple, nada, simplemente corres el riesgo de que ya mas nada te importe.

Hermione estaba soportando lo insoportable con tal disposición que hasta ella misma se sorprendía de su actitud. Quizás, sin ser muy consciente de ello, sin quererlo, la sangre fría de Theodore Nott se le estaba contagiando. Le dolía, por supuesto que si, ese hombre había sido una de las personas mas genuinamente buenas que ella hubiese conocido alguna vez y que su muerte hubiese servido a tan repugnante propósito, de alguna manera le revolvía el estomago ¿Cómo arreglarlo? No había forma, ni manera, lo hecho consumado estaba. Y si Theo estaba en lo correcto, aún cuando los Artefactos funcionasen al unísono y levantasen a todos los muertos del mundo, esa alma, jamás volvería.

En cuanto a decirle algo a Harry, estaba completamente descartado y ahora menos, con Snape y Malfoy dispuestos a todo, rememorando sus viejos tiempos como mortifagos, para conseguir los Artefactos. Ninguno lo dijo explícitamente, no era necesario, era demasiado evidente. Ella sabía que sin duda Draco Malfoy tenía una buena razón, suponía, o por lo menos así lo quería creer, que era por su mujer, cualquier otra posibilidad seria inconcebible. Malfoy, a su juicio, no podía estar tan errado en la vida, ¿o si? En cuanto a Snape, ¿En que demonios estaba pensando? ¿Cuál era su motivación? ¿Poder? ¿Erigirse como el nuevo señor Tenebroso?, le costaba creerlo, no conocía a Snape lo suficiente, pero no era ningún demente, de hecho era una de las personas mas cuerdas e inteligentes que había conocido, un sujeto algo maquiavélico, cierto, pero no movía un pie sin analizar la situación cuidadosamente, había tenido la oportunidad de ser un poderoso mortifago, ayudando a Voldemort a ganar, y había hecho lo contrario, según Harry, por un juramento a Albus Dumblendore y por el amor de una mujer. Y todo lo que hizo, fue tan estupendamente planeado, que sin duda, la ingrata comunidad mágica algún día tendría que agradecerle de rodillas al igual que lo hacían con Harry, haberlos liberados de la oscuridad. Pero antes, tendría que pagar los tres Imperius que le había lanzado esa noche. Nota mental: Tener mucho cuidado con Snape, aparentemente no es lo que quiere aparentar, esta vez mas que ninguna otra.

Hermione no estaba segura completamente de los motivos de ambos, Severus Snape había sido miembro de la Orden de Fenix, Draco Malfoy también, cada uno tuvo buenos motivos para cambiar de bando, de seguro las mejores, habían traicionado al Señor Tenebroso y habían sido absueltos de sus culpas, entonces ¿Era tal el atractivo del Artefacto Infernal para arriesgarse de nuevo a perderlo todo? ¡Por supuesto que lo era! No en vano Voldemort y Theo habían sucumbido. La única esperanza es que alguno de los dos hiciese caso de las advertencias de Theo Nott contenidas en esos diarios, pero desesperación como la de Malfoy y posiblemente la ambición de Snape, no eran dos situaciones en donde se pudiese ser razonable. Si lo sabría ella.

Hermione se acurrucó sobre el sofá, sin abrir los ojos, cada célula de su cuerpo reclamaba descanso y paz, aunque fuese por un ínfimo instante.

Si, poder, gloria, inmortalidad…………..cualquiera pagaría con sangre por tener aunque fuese alguno de los artefactos. Snape y Malfoy eran Slytherin´s, ambiciosos por sobre cualquier consideración. Además, regresar a tus seres queridos de la muerte, ofrecerles una segunda oportunidad era la cereza que coronaba el pastel. El Artefacto Mortal era una promesa que seduciría a cualquiera que no tuviese una moral sólida en la que sostener sus decisiones. Ninguno de los dos era un santo, eso estaba claro. Así que…..

Por otro lado, si bien ella había pensado que estaba muy jodida en la vida, amando a un imposible y prácticamente condenándolo a muerte en un juicio declarando en su contra, con toda la pena y la angustia que eso significó, sintiendo como su corazón se partía a mil pedazos, tenia que reconocer que Draco Malfoy le llevaba la delantera, había perdido a su esposa y a su hijo. Si padecía un cuadro de locura temporal casi asesinándola ¿Quién podría culparlo? , lo único cierto era que por una fracción de segundo, en un momento de cercanía casi insólito ella pudo respirar su dolor, lo sintió en el alma, se hizo participe y solidaria de su angustia, tuvieron su momento de comprensión mutua, solo una milésima de segundo, antes de nuevo luchar a muerte por los diarios. Si, estaba demente, estaba justificando de alguna forma que el odioso de Malfoy, enceguecido por la furia de haber perdido a sus seres queridos, quisiese vengarse de ella, quien no tenía nada que ver con el asunto, exceptuando el hecho de que ella había estado enamorada del monstruo, Theo Nott. Pero ¿Quién puede decir que ha elegido a la persona correcta para amar? La vida a veces es como la rueda de la fortuna, una ruleta rusa que se empeña una y otra vez en dar vueltas y ofrecer el número equivocado. Y a todas estas ¿Quién decide lo correcto? ¿Quién puede culparla por amar como lo hizo?

Un parpadeo de la luz de la lampara hizo que se despertase. Desde hacia años tenia el sueño ligero, cualquier ruido, cambio de temperatura, algún roce, era capaz de devolverle sus sentidos. Inmediatamente se levantó del sofá, alerta, así mismo asombrándose de su agilidad, movimiento que provocó algo de molestia en su tórax y su muñeca, que a pesar de haberse arreglado con un Episkeyo, todavía le palpitaba de dolor.

Hermione miró las luces del techo, el neón de la lámpara parpadeó unas cuantas veces hasta que se apagó por completo, al igual que todas las luces de la casa. Sus pupilas se dilataron en la oscuridad, sus músculos se contrajeron en un espasmo, listo para enfrentar cualquier cosa y empezó a deambular por la sala, mirando a todos lados, con la varita en la mano. No conjuro un Lumus, esa penumbra tambien le serviria a ella en todo caso. Conocía bien su casa, podía andar en la oscuridad perfectamente, se sabia de memoria la ubicación de cada mueble, cada mesa, cada escalón. Sin embargo todo el lugar se sumergió en una atmosfera inquietante, prácticamente lo único que podía oír era su respiración entrecortada, y ese silencio la alteraba. Algo en su mente reconoció la situación, sentía que en algún momento la atacarían. Esa sensación de estar en vilo, esperando, era algo que ella reconocía por lo que era, un ataque inminente. ¿Seria que esos dos no se darían por vencido? Si algo sabia de Malfoy (que por otro lado, era un completo extraño para ella, más allá de haberlo conocido de chico) era que era un hueso duro de roer, y mucho más aun difícil de convencer. Ningún argumento seria suficiente si él seguía pensando que ella tuvo algo que ver con la muerte de su esposa.

Entonces, la temperatura ambiental bajo súbitamente, ella sintió el frío penetrando sus fosas nasales, haciendo que de su boca saliese un vaho cada vez que respiraba, un extraño olor, penetrante, acre se instaló en sus fosas nasales. Empezó a tiritar descontroladamente, Hermione trató de controlar los temblores que sacudían su cuerpo pero no pudo. Cada célula de su humanidad le estaba gritando a su mente, peligro. Algo estaba mal, ¿Que era lo que rayos estaba pasando en su casa?

Una oleada de pánico la recorrió de los pies a la cabeza, por un instante solo quiso salir corriendo de allí y de hecho lo hizo, pero la puerta que comunicaba su sala comedor con el pasillo hacia el hall de entrada se cerró en sus narices. Por un momento pensó en desaparecerse, pero esta vez fue prudente, no lograba encontrar la concentración necesaria, sin duda se escindiría si lo intentaba. Estaba espantada, así de simple. Cuando se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave, sin que fuese posible de ninguna forma normal, sin magia involucrada, Hermione entonces retrocedió, paso a paso, centímetro a centímetro sin quitar sus ojos de la puerta, su varita la tomaba fuertemente, con la mano izquierda, se aferraba a ella porque sabia que quizás era lo único con lo que podría defenderse. Miró de reojo hacia una de las ventanas de la sala, esta se cerró estruendosamente también. ¿Qué diablos……?

El ambiente era opresivo, le parecía que las paredes caían sobre ella, como si fuesen a aplastarla. Entonces algo la paralizó, una presencia, escuchó un sonido, parecido una respiración pausada, acompasada, que no provenía de sus labios. Los vellos de su cuerpo se erizaron y la inquietud dentro de su mente alcanzó proporciones cósmicas. Todavía estaba frente a la puerta incapaz de darse vuelta. Sintió unas pisadas, amortiguadas por la alfombra y luego un peso muerto sobre uno de los sofás que chirrío ruidosamente.

No se atrevía a girar todavía, estaba paralizada por el pánico. Algo estaba allí con ella, una presencia, pero no era humano, no estaba segura porque, pero lo sabia, lo presentía, sus sentidos de bruja no la engañaban. Sus ojos se posaron sobre el reloj que tenía colgado sobre el marco de la puerta y entonces lo vio. Estaba corriendo hacia atrás, la manecilla del segundero había cambiando de dirección, retrocediendo. Ahogó un grito de sorpresa.

¡Merlín Santo! Hermione trataba de que su mente analítica hiciera lo que tenia que hacer, buscarle una razón lógica a aquello. Un reloj de manecillas en cuenta regresiva, eso no lo había visto nunca, pero sin duda tenia que tener una explicación. Y esa presencia, ese olor que inundaba sus fosas nasales, ese frío polar que se había instalado en su casa y ese……..

-Es lamentable cuando te das cuenta de que si quieres que las cosas se hagan de la manera correcta, tiene que venir uno a ocuparse personalmente de estos molestos asuntos. De manera irónica, esta vez tengo que decir, que mas acudir voluntariamente mi presencia ha sido requerida- su voz era áspera, con un dejo de sarcasmo, su tono era alto, tanto que Hermione la sintió resonando en su cerebro mas que entrando por sus oídos.

Miedo.

En ese momento, Hermione Granger estaba sumida en el más irracional miedo. No podía pronunciar ninguna palabra, tampoco podía moverse, estaba dándole frente a la puerta y no se atrevía a girarse en la dirección de donde provenía la voz. Todo su coraje Gryffindor se esfumó en un segundo. Su cuerpo estaba paralizado y el terror más primitivo la recorría, internándose en cada uno de sus células, diseccionando su carne, enredándose en todas las neuronas de su cerebro. Jamás había sentido pánico de esa forma, tan vivido que podía tocarlo, comerlo, masticarlo, defecarlo. Lo que su cerebro, racional y lógico se negaba a creer en lo mas profundo, era confirmado por sus sentidos……esa voz….Ella sentía que la cabeza le estallaría de un momento a otro. Su lengua seguía pegada al paladar y se sentía a punto de enloquecer.

La reconoció, lo haría aunque pasasen milenios, esa voz ronca estaba grabada a fuego en sus recuerdos. En medio del terror, el corazón de Hermione empezó a palpitar con violencia. Como si eso fuese posible, le pareció que la oscuridad de la estancia se hacia mas profunda, envolviéndola como una mortaja.

-Me has decepcionado, yo no debería estar aquí y lo sabes, pero aun así sigo conservando la esperanza en ti. ¿Gracioso no? – sus palabras eran claras, con una sintaxis correcta, pronunciadas con un leve acento nórdico- Estoy seguro de que te decepcione como nadie, que tú nunca confiaste en mi, pero al mismo tiempo se que jamás dejaste de sentir algo. Pero esperanzas, esas nunca las tuviste. ¿O me equivoco?

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!Hey! tú me atrapaste en un coma
Y creo que no quiero
volver a este mundo otra vez
Quizás no te guste estar en coma
porque nunca has ido
!Oh! hazme sentir que vuelvo a este mundo otra vez
Ahora me siento como si estuviera flotando lejos
Y no puedo sentir todo la presión
Y me gusta este camino
Pero no quiero volver a este mundo otra vez
Suspendido en un profundo mar negro
Y tengo la luz al final
Y tengo los huesos en el mástil
Bueno, he ido a navegar he ido a navegar
Y no lo puedo dejar tan fácil
Mientras mis amigos me llaman para volver
Yo digo que ellos están
están dejándome ir para arriba
cuando yo necesitaba claridad
!Que demonios esta pasando!
Maldición
Resbalandome lejos lejos lejos
Es un milagro cuanto tiempo puedo estar
En un mundo creado por tu mente
En un mundo que esta lleno de mierda
Ayuda
!Bastardos!

Coma, GN´R

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