Disclamer: personajes de JK Rowling
Hoy estoy apurada, nos leemos cuando contesten los reviews.
Los Artefactos Infernales
Titulo II El mecanismo terrenal
Capitulo 12 Un hombre y una mujer
De alguna y otra forma, evitándolo o no el inexorable destino siempre nos encuentra, por más que hagamos el intento de cambiarlo, modificarlo o trastornarlo, podemos torcerlo, obligarlo, escondernos pero igual hallara la forma y nos arrinconara. Cuando finalmente llegamos a la encrucijada, ningún razonamiento lógico es suficiente, ninguna verdad te convence, nada puede contra aquello, esa corriente vital llamado amor, eso que te eleva a las alturas, te hace ser un pobre humano, te llena al igual que te destroza, te acongoja, destruye y fragmenta tu alma, te hace sentir un dios entre los hombres al mismo tiempo que deseas consumirte en el fuego del infierno hasta convertirte en cenizas, para no sufrir mas, porque es insoportable….amar……morir..a veces es lo mismo. El destino del hombre es hallar la felicidad, donde quiera que esta esté, cumplir su destino, sea cual sea, en cualquier lugar que esté escrito. Lo malo es que a veces el camino a la plenitud, está lleno de espinas. Y hasta el más valiente y decidido tiembla, duda, al darse cuenta que para llegar al amor, a veces debe sortear el odio y la incomprensión.
Luz cegadora que inundaba sus ojos, tan intensa que creyó por un instante estar ciega, todo era blanco a su alrededor, sus percepciones estaban alteradas, sus ojos le mostraban un panorama borroso, incongruente, borroso, casi etéreo, nebuloso como un sueño. Al principio no entendió, luego tampoco fue capaz de encontrarle una explicación.
¿Dónde estoy?
No se suponía que estaba donde debería estar, donde recordaba que alguna vez estuvo, si su memoria no le fallaba, lo ultimo que había visto era la cara de ese hombre, que la sujetaba contra si mientras todo a su alrededor estallaba en miles de colores, se destruía y convulsionaba ante una onda expansiva donde difícilmente alguien podría sobrevivir.
¿Estaba muerta?
No lo sabia con exactitud, no se sentía muerta, pero...¿Es que acaso ella había fallecido alguna vez para poder dar una opinión al respecto? No, esa era la respuesta, un no absoluto y rotundo. Porque conocía a alguien que había regresado de la muerte y de seguro no se sentía como ella. Cerró los ojos para no seguir aturdiendo su cerebro ante la monotonía monocromática que le mostraba su vista, aquella luz blanca que la rodeaba como un todo. De seguro, no estaba muerta, percibía su corazón palpitar, oía su respiración, pero al mismo tiempo se sentía ligera, liviana como una pluma, en algún recóndito lugar de su mente, ella sabia que no podía ser real, esa sensación de tener su cuerpo ligero, reposando, en una superficie blanda, desnudo, tan desnudo que podía sentir la suave brisa acariciando su piel. Una corriente de aire que no sabia precisar de donde venia.
¿Por qué estaba desnuda? El pensamiento vino a su cerebro y se escapó de este en una fracción de segundo. Cuando quiso retenerlo para desentrañar ese misterio con su aplastante lógica una oleada de placer la invadió y lo olvidó inmediatamente, puesto que no se convirtió en una prioridad. Ella sentía su cuerpo temblar y estremecerse, era exquisito, turbador, se sentía tan bien……….
Y no solo era la suave brisa lo que acariciaba su piel, sentía el contacto de otro cuerpo, tan desnudo como él de ella sobre el suyo, estaba plenamente consciente de la humedad de unos labios recorriendo sus parpados cerrados en duermevela, percibía en su totalidad la firmeza de unos manos masculinas, ásperas, fuertes, calientes, ahuecando sus pechos, vagando por el contorno de sus caderas, acariciándola con parsimonia, con suavidad. Un olor exquisito golpeaba sus fosas nasales, un aroma intensamente varonil, a sándalo, a limpio. Y se sentía tan bien………..tan bien, como si cada experiencia de su vida no valiese un centavo en comparación con el despertar de sus sentidos que estaba viviendo en ese momento. No quería pensar ni analizar porque diablos estaba sintiendo de esa forma, en ese extraño lugar donde su cuerpo se encontraba. En algún rincón perdido de su consciencia, ella sabia que no era normal pero no podía hacer nada al respecto más que hundirse en la sensación de placer que estaba experimentando.
En ese momento dejó atrás su soledad, esa que la había consumido durante años, se alejó de su culpa por amar al innombrable, a ese hombre quien nunca tuvo la fuerza de voluntad suficiente para luchar por su amor, para aceptar su destino, quien nunca tuvo los cojones para abandonarlo todo por ella. Y lo aceptó, que él no luchase por lo que quería, que no abandonara sus ideales, porque en el fondo era orgullosa y sentía la más profunda ofensa carcomiéndome el alma y además porque era lo que todo el mundo esperaba de ella, la heroína, la incorruptible, la santa Hermione, y fue mas fuerte el temor de decepcionar a los demás que a si misma. Si tan solo sus razones hubiesen sido justas, valederas, si el motivo hubiese sido otro más que una búsqueda desmedida de poder o al contrario, si ella hubiese logrado deshacerse del lastre de ser la buena del cuento, que diferente hubiese sido todo. Sabia que aun después de tanto tiempo y tanto sufrimiento, alguna parte de ella lo seguía amando, a pesar de que solo fuese la sombra de lo que alguna vez fue, pero también estaba segura que de alguna forma su corazón se abría de nuevo para otra emoción hacia otro hombre, igual de desgarradora, igual de imposible, con similar conflicto, pero de alguna manera esta vez, a diferencia de la anterior, se sentía absoluta y completamente correspondida. Eso la fascinaba, engullía todo su razonamiento, la dejaba sin nada e inexplicablemente implorando cada vez por más… mucho más de eso a lo que no quería ponerle un nombre, pero que estaba allí, desatando sus sentimientos amarrados.
La dicotomía de sus emociones la asustaba, en su pecho crecía algo inexplicable, pero que alejaba sus miedos por una fracción de segundo para luego retorcerse sobre si mismo en millones de dudas. Una tormenta de dimensiones cósmicas se avecinaba, lo olía en el aire que respiraba, la sentía en su carne, pero al mismo tiempo no quería ni podía hacer nada para detenerla. Ella deseaba confiar, amar de nuevo con todas sus fuerzas, porque no quería que muriera su esperanza, no deseaba quedarse vacía para siempre. Entregarse otra vez al amor no estaba en sus planes, jamás había pensado en ello de nuevo, pero de alguna forma, ella sabia que sucedería, dejaría que un sentimiento poderoso la aturdiera y esta vez, apartó el control de sus acciones, porque por ese momento ella no quería que nada mas importase sino lo que estaba viviendo.
Sus manos se movieron sin que ella controlara sus acciones, apoyándose en los hombros de la figura humana que estaba encima de ella, inundándola con su calor, provocando sensaciones placenteras por todo su cuerpo. Su nombre, su maldito nombre, revoloteó en su mente por un rato, pero no le importó, ni nunca más lo haría ¿Qué importaba un apellido, un nombre, un pasado? En comparación con que lo que sentía, no era nada. Ella rodeó con sus manos sus hombros y acarició su espalda, con lentitud, estrujando, arañando, disfrutando de todos los relieves musculares que encontraba en su recorrido. Sintió su aliento golpeando el suyo, escuchó en la lejanía como él gemía debido a sus caricias y ella correspondía con otro gemido antes de fundirse en un prolongado y hambriento beso, que sabia que no había sido el primero que habían compartido en ese lugar. Ella abrió su boca al mismo tiempo que abría sus piernas, él buscó acomodo entre ellas, cerca…cada vez mas cerca, con su miembro masculino turgente y caliente rozando sus labios inferiores.
-Hermione- la llamó en voz baja, tratando de capturar su atención, asegurándole que sabía que era ella y nadie más que ella, que estaba consciente de la identidad de su compañera en ese etéreo momento de locura- voy a hacerte mía.
Casi fue una suplica, hecha con el alma en la mano, pero a la vez era una afirmación, con la terrible certeza de lo que iba a suceder. Ella se sintió turbada, incapaz de negarle eso que él pedía con la desesperación impregnando cada silaba.
-Draco- susurró ella, acompañándolo en su reconocimiento. Se apretó contra su cuerpo, buscándolo, incansable, insaciable.
No importaba nada más que sus cuerpos frotándose uno con otro, sintiéndose hasta la medula de los huesos. La búsqueda, sus firmes propósitos, los artefactos, todo parecía minúsculo e insignificante en comparación
Esas manos que la enloquecían con su incendiario toque entonces llegaron al final de su espalda y tomaron sus nalgas, levantándola unos centímetros de la mullida superficie que ella, en lo más recóndito de su mente, había identificado como una cama, él la apretó con fuerza, sujetándola como si temiese que cayese o se desmayase. Maravillada ella sintió como era levantada en vilo como si no pesase absolutamente nada, se aferró a ese cuerpo masculino que la sometía con implacable dominio mientras seguía besándolo hasta la asfixia. No podía recordar haber sentido tanta agonía, tanto deseo en su vida, tantas ganas de entregarse completamente a un hombre, su cuerpo estaba hirviendo, quería mas, necesitaba mas, imploraba saborear mas de esos labios que la besaban hasta morir. Ella sintió como sus bocas se despegaban y como luego a continuación él besó su cara, lamió su mentón, succionó el lóbulo de su oreja, mientras tanto estaba cerca…a cada vez mas cerca, sentía su hemisferio sur erupcionar en la mas completa ebullición de esa lujuria que la estaba atormentando. Quería más, mucho mas, lo quería todo y lo deseaba en ese instante.
Entonces ambos abrieron los ojos al mismo tiempo, sus miradas se encontraron, aturdidas y adormecidas por el deseo y la lujuria. Sus mentes estaban confusas, sus pensamientos diluidos, como sino lograran concretarse, solo existía él, ella y la enfermiza pero placentera sensación de que estaban completamente fuera de control. Lo reconoció en el acto, como no hacerlo, reconoció su olor, su tacto, su cuerpo duro sobre el de ella, su manera dominante y avasallante de besarla. Y él también lo había hecho, minutos atrás, reconocido la suavidad de su piel, los valles y montes de su cuerpo, su olor a mujer. Confusos pararon todo movimiento, ya sus caderas no se restregaban una contra otra, buscando acomodo para la consumación final del acto, estaban completamente paralizados, a la expectativa, indecisos si continuar o no ese viaje en el tranvía de los deseos prohibidos.
Hermione y Draco Malfoy no podían ocultar su sorpresa, lo que parecía un sueño, al parecer era la concreta realidad. Estaban juntos, desnudos, sobre una cama en una habitación iluminada intensamente, sin ventanas o puertas, sin salida… solo ellos dos, en la completa soledad. El contorno de sus caras y sus cuerpos se difuminaba por el contraluz, parecía un sueño, pero no lo era. Entonces vino la batalla interna, estaban cerca…demasiado cerca y no podían deshacerse de todas aquellas sensaciones que habían experimentado hacia pocos segundos, cuando parecían que estaban inmersos en una fantasía erótica, cumpliendo sus más descabellados anhelos, los que tenían uno dirigidos al otro. Y de alguna forma no querían despertar, deseaban continuar así, alejados del mundo, de su pasado, de su futuro, de todas las razones por las cuales ellos no deberían estar allí, juntos, nadando en un mar de inexplicable lujuria. Y lo más atemorizante, era que no solo estaban desnudos sus cuerpos, sino también sus almas y sus más profundos y ocultos deseos.
Ella miró su rostro y no pudo evitar que un gemido saliera ahogado de su garganta, se deleito con su vista, con las formas de sus facciones y de su cuerpo, él era perfecto, bello, fuerte, en apariencia invencible, pero con la fragilidad que supone ser un ser humano sumido en la desgracia saliendo por cada uno de sus poros, sus ojos tristes la miraban con agonía, pidiendo quizás permiso para continuar, su cuerpo tenso le decía que estaba preparado para invadirla, para penetrar su caliente y mojado interior, a la vez que ella sentía todo su cuerpo palpitando e implorando por el suyo. ¿Cómo evitar no conmoverse? ¿Cómo evitar que todo ese tropel de emociones no tocara cada fibra de su alma? ¿Cómo no enamorarse sin siquiera estar consciente de ello de ese hombre en apariencia duro e inconmovible y la mismo tiempo vulnerable como un niño pequeño? ¿Cómo no desearlo hasta morir? Era una sensación visceral, estaba famélica, hambrienta de Draco Malfoy, envuelta en deseo en su más vivida y descarnada expresión. Una emoción que era ilógica desde todo punto de vista y que no correspondía a la imagen que tenia de si misma. Ella no podía estar allí, echada sobre una cama, con las piernas abiertas, ofreciendo su cuerpo y su alma sin dejar nada para ella, apretando el cuerpo de Draco, frotándolo sin ningún tipo de vergüenza o remordimiento contra el suyo, porque sentía que no podía vivir un segundo más sin tener ese contacto. No, ella no era así, no era del tipo de persona que no media las consecuencias de sus acciones y sin embargo, estaba allí, sometida, vencida, ahogándose en medio de sus besos, necesitada de su hombria, después de toda la decepción que significó que él activase el artefacto infernal. Algo incomprensible, contradictorio. La molestia y la frustración vinieron a despejarle la mente por un instante, solo…por un segundo.
El ser humano no puede alejarse por mucho tiempo de su conducta instintiva. La educación y los altos valores éticos, consiguen que nos disfracemos con una moral autoimpuesta, hipócrita, que aprisiona y acorrala. Pero a veces, si jalamos lo suficiente, sacamos el animal que duerme en nuestro interior. Suele suceder en situaciones borde, de manera inexplicable y otras veces, simplemente porque la corriente vital de nuestros propios deseos suprimidos y reprimidos, consigue desbordarse y finalmente encontrar su camino. Hermione Granger era una mujer y Draco Malfoy era un hombre, ambos pertenecientes una especie llamado humano. Y si bien, no querían pensar porque estaban ahí, porque esa parte de su pensamiento llamada lógica había sido sustraída y suplantada por algo llamado instinto, sabían lo que estaban haciendo y sabían que de pronto estaba mal, que no era correcto. Pero también sabían, que hay momentos en la vida, donde uno simplemente debe tirar todo al diablo. Y ellos, en ese lugar completamente desconocido, en donde habían sido llevados por alguna razón, así lo entendieron. La verdad era que aun cuando estuviesen dispuestos a evitarlo, el destino, tarde o temprano, finalmente los alcanzaría.
Draco no quería decir una sola palabra, estaba embriagado de la visión y el tacto de Hermione Granger. Cuando tomó consciencia de la situación en donde estaba, miles de preguntas asaltaron su mente ¿Estoy soñando? O mas bien ¿Estoy alucinando?, pero el contacto era real, la sensación de su piel suave, calida, húmeda por el sudor producto de sus actividades contra la suya era verdadera, la tibieza del centro de su cuerpo, que lo llamaba a perderse allí de manera magnética, era desgarradoramente real. Si acaso era un sueño, era lo más vivido que hubiese experimentado alguna vez. La miraba confuso, y se dio cuenta de que ella tenia la misma expresión en su cara, pero además, un rubor delicioso arrebolada sus mejillas, su boca entreabierta con sus labios hinchados eran la mas viva prueba de la intensidad de sus besos, sus pezones estaban erguidos y su vagina húmeda, señal de que estaba excitada tanto o mas que él, dispuesta totalmente para su avance. No quería hablar para no destrozar la magia del momento, para no caer en la dura realidad de que lo que estaba haciendo era una locura, que contradecía todas las decisiones que había tomado respecto a ella. No deseaba emitir una sola palabra que lo despertase del dulce sueño donde estaba sumido. Y tampoco quería que ella hablase, deseaba congelar ese momento para la eternidad.
Al final, alguien tenía que tomar una decisión, entonces ella acercó su rostro al de él, y en un momento de irreflexibilidad nada cónsono con su personalidad, Hermione Granger con voz ronca le dijo mirándolo fijamente:
-Tómame- la palabra se deslizó dulce y suave de su boca.
Draco solo fue consciente del movimiento de sus labios cuando ella habló, estos se entreabrieron de manera muy sensual e invitadora, el tono de su voz logro erizarle los vellos y su erección se endureció más de lo que ya estaba. La palabra resonó en su cerebro miles de veces y cuando comprendió su significado, con toda la fuerza con la que fue capaz, se envainó en ella, atravesándola como una lanza ardiente. Hermione sintió como todo su cuerpo vibró cuando fue penetrada de manera tan contundente y salvaje, dejó escapar un grito de su garganta mientras su cabeza caía hacia atrás, sumergida en el más poderoso de los éxtasis, producto de los empujes del hombre contra ella.
Draco la contempló en el esplendor de su nirvana, ella lucia bella, irreal, absolutamente deseable con su largo cabello castaño suelto desparramado sobre la impoluta sabana blanca, arqueando la espalda en un ángulo imposible y con sus pechos erectos apuntando al cielo, él tomó uno de ellos con su boca y se amamantó con fuerza, aferrándose a su pezón, mordisqueándolo, luego ofreciéndole suaves toques con su lengua. Chupó hasta quedarse sin aire, sabiendo que nunca lograría saciarse por completo de ella. Esa caricia envió una onda de electricidad sobre el cuerpo de Hermione, que sintió como los dedos de sus pies se contraían en punta.
Él la acostó sobre la cama y siguió sobre ella embistiéndola con brutalidad, desesperado, hambriento, buscando hundirse cada vez mas en ella, dejando su alma en cada golpe, en cada beso que le otorgaba. Hermione no atinaba a pensar en mas nada que la sensación de plenitud que su unión carnal con él le ofrecía, se oyó a si misma jadeando, gritando su nombre una y mil veces, pidiendo cada vez mas. Draco acercó su rostro y la besó, a veces lento, candensioso, con una sensualidad exultante, otras veces con furia, con hambre, dejó que su lengua bailase dentro de su boca, la sujetó contra sus brazos, la sostuvo mientras la hacia suya con decadente desenfreno. Y Hermione correspondió todos y cada unos de esos ardientes besos, cargados de miles de sentimientos en donde privaba la mas profunda melancolía.
Era imposible sentirse al mismo tiempo tan feliz y tan triste. Romper paradigmas, eso era lo que estaban haciendo, entregarse al desenfreno de una situación totalmente inaudita, solo por satisfacer sus mas bajos deseos y al mismo tiempo parecía que era correcto, que entregarse a él era lo mas acertado que había hecho en la vida, por un momento la claridad volvió a su mente, no se estaba revolcando como una puta solo por lujuria, mas bien estaba haciéndole el amor como sabia que él se lo estaba haciendo a ella, sin suciedad, sin corrupción, ese momento intimo era simplemente esplendoroso, la consumación de un sentimiento que nacía allí y se hacia a cada segundo mas fuerte. La belleza del acto en la que era participe, logró remover su corazón, nada mas hermoso cuando una mujer y un hombre danzan el decadente baile de la vida, ninguna razón por valida o poderosa, le pareció suficiente a ella en ese momento, de alguna forma sabia que lo quería de esa forma, sin preguntas y sin respuestas, deseaba solo sentir, solo vivirlo aunque fuese por ultimas vez en su vida. La mujer en ella gritaba feliz mientras él hombre encima de ella en cada embestida declaraba su señorío sobre su cuerpo, pero el ser humano analítico había perdido su apuesta contra la cordura.
Estuvieron así por horas, minutos, nunca sabrían precisarlo con exactitud, todo lo imposible era posible en esa fantasía. El tiempo era relativo y lo único cierto era que solo existían ellos dos.
Cuando el clímax de ambos estalló finalmente, Draco cayó exhausto sobre sus senos, respirando agitadamente por la boca. Ella cerró los ojos, dejando que los temblores del orgasmo sacudieran su interior. Lagrimas resbalaron de sus ojos y ella no supo precisar porque en ese momento, donde su cuerpo se agitaba satisfecho, ella sentía una tristeza de dimensiones abismales, quizás era porque sabia…que no podía ser…que pesar de haber sucedido, no era lo que debía ser. Estaba condenada, de nuevo prisionera de las garras de un sentimiento. Y la desgracia era que si siempre había sido un imposible ahora simplemente era una tragedia.
Ella entonces con sus brazos rodeo el cuerpo de él y lo apretó con fuerza a lo que Draco correspondió con igual medida. Permanecieron inmóviles, abrazados, los que les pareció horas, en algún momento se sumieron en un sueño intranquilo, con esa luminosidad sobrenatural todavía rodeándolos. Poco a poco, sucumbieron a su cansancio tanto físico como mental, pero la duda no los abandonaba. Dudas sobre su futuro…sus destinos, preguntas sin respuestas daban vueltas una y otra vez en su pensamiento. Como conciliar lo que sentían con la misión que se habían impuesto, no existía ninguna manera de hacerlo.
Hermione se removió un poco sobre el pecho de Draco. Poco a poco abrió los ojos, ya no había claridad, estaban en la misma estancia que parecía un complejo industrial, ahora completamente destruida, en ese lugar donde habían estado luchando a muerte, donde había ocurrido la explosión del artefacto infernal. Trató de recordar y cientos de imágenes turbadoras aparecieron en su cabeza, ella meneó la cabeza una y otra vez, había soñado eso era seguro, lo había soñado, pero cuando sintió unas manos calientes rodeando la piel desnuda de su cintura, y una presión dentro de ella, se le erizaron los vellos de su cuerpo…, levantó la vista y lo vio, con los parpados cerrados y los labios fruncidos, tan desnudo como ella, echado en el piso de la estancia, abrazándolo, como si …como si…como si…Hermione empezó a temblar descontroladamente y Draco cuando sintió el cuerpo de su compañera estremeciéndose, abrió los ojos para encontrar la desencajada mirada de ella.
La atravesó con sus ojos, por un momento no recordó grandes detalles, pero luego supo, por el hecho de que su cuerpo estaba enredado al de ella y porque aun permanecía dentro de ella, que efectivamente…ellos habían tenido relaciones sexuales. No había sido un sueño ni una fantasía. Lo habían hecho, de la manera más carnal posible. Y el desasosiego hizo mella en él y también, al mismo tiempo, su cuerpo también temblaba, pero de excitación renovada al recordar todo, como ella se había abandonado a su pasión, como la hizo suya contundentemente, como había gemido contra su oído, como ella le había ofrecido palabras dulces y como él las había respondido con lo único que tenia, lo único que alguna vez podría ofrecerle sinceramente, su manera iconoclasta de hacerle el amor.
Ella intentó alejarse, pero él la inmovilizo comprimiéndola contra su cuerpo en un férreo abrazo. Draco acercó su rostro a su cara, rozó sus labios contra su mejilla, absorbió la sensación de tener su caliente cuerpo entrelazado contra el suyo.
-Hermione- dijo Draco en un murmullo, le habló justo al oído, ella tembló de nuevo.
-No- dijo ella menando la cabeza de un lado a otro- no quiero saber.
-Escúchame- dijo él sin saber con seguridad que tenia para decirle ¿ Que explicación podría ofrecer? Eran enemigos declarados, solo el hecho de haber activado un artefacto infernal, los alejaba para siempre. Draco sintió su corazón estrujarse, Astoria………Astoria………..¿Que diablos había hecho?…Astoria. Era una sensación de culpabilidad extraña, puesto que él no estaba arrepentido ni remotamente de lo sucedido. Pero la inconformidad se revolvía en sus entrañas.
-No puede ser- dijo ella tratando de safarse de su agarre, él la dejo ir completamente derrotado. No era el tipo de hombre que se intimidaba después de haberse ido a la cama con una mujer, pero ella decididamente, no era cualquier mujer.
Hermione se levantó y empezó a buscar sus ropas que estaban desperdigadas y rotas por todo el sitio. Draco suspiró amargamente y luego se levantó también, ella le dio la espalda mientras se vestía, con un pudor insólito que a Draco se le antojó completamente fuera de lugar, ya que su cuerpo ya no tenía ningún secreto para él. No pudo evitar mirarla y desearla de nuevo. No tenia palabras de describir lo que había sucedido, la palabra sexo le quedaba chica. Se había entregado a ella como jamás lo había hecho con ninguna mujer, ni siquiera su esposa había derrumbado sus defensas y desgarrado su interior como lo había hecho Hermione Granger. Todavía la sentía rodeándolo, contrayéndose en un prolongado orgasmo alrededor de él, arrebatándole el alma, haciéndolo perder el control, empujándolo con ella a la locura, al delicioso clímax espiritual de la unión sexual.
-Se que no quieres escucharme- dijo Draco todavía observándola, cautivado por la piel de ella que brillaba intensamente, señalando a gritos que había tenido el mejor sexo de su vida, de que a pesar de su cara desencajada lo había disfrutado igual que él- fue una locura lo acepto. No se que sucedió, de alguna manera siento que …
-Perdimos el control- afirmó ella mientras se colocaba sus botas, se trenzó el cabello rápidamente y de vez en cuando lo miraba de reojo. Draco permanecía desnudo ante ella, cuando Hermione se percato del hecho trató de enfocar sus ojos en su cara no en la prominencia entre sus piernas- ese maldito de Tesla debió embrujarnos. Los del pueblo antiguo saben leer los sentimientos de los humanos y le dimos bastante material a ese imbécil para que jugase con nosotros.
-Sucedió porque ambos lo deseamos así- exclamó Draco algo indignado, la explicación de ella tenia su lógica, pero eso no era la única razón de que se hubiesen acostado, inmediatamente empezó a buscar sus ropas ofuscado y de mal humor- nadie nos obligo, estábamos plenamente conscientes de lo que hacíamos, lo se, lo vi en tu mirada, yo espere a que……aguarde hasta que ….tú………..tú….me lo pedieses.
-Se perfectamente lo que dije, lo que te pedí- chilló ella mirando a todas direcciones intentando encontrar su varita- y también se que nadie nos obligó o mas bien nadie me obligó, puesto que tú estabas bien dispuesto a aceptar cualquier cosa que saliese de mi boca, conscientemente o no.
-Eres tan testaruda- contestó Draco, mientras se inclinaba para tomar su varita que yacía en medio de unos escombros.
-Y tú eres……….-ella se atragantó-tan malditamente persuasivo.
-No escuche que te quejases mientras lo hacíamos- contestó él- y por como te movías antes de llegar a concretar "eso" al parecer tampoco era que tenia que convencerte de algo si a eso vamos. Estabas mas caliente que una fundición de acero y yo solo te di lo que querías.
-Pues yo no era la única- refutó ella- la frase "quiero más" no te suena Malfoy.
-Yo también estoy plenamente consciente de mis palabras- dijo él con una sonrisa torva recordando con exactitud el momento en que había pronunciado esas palabras- y creo que ninguno de los dos dijo nada fuera de lugar en esa circunstancia.
-Ahora se llama circunstancia- gritó ella con frustración mientras divisaba su varita y la recogía del suelo- el sexo para ti solo es una circunstancia. Bonito juego de palabras
-No- contesto él con seriedad atravesándola con su insolente mirada- contigo se llama hacer el amor,
Hermione se calló, permaneció completamente inmóvil…si …eso no lo podía negar, ellos había hecho el amor. La diferencia entre sexo casual y eso estaba bien clara para ella. Lo sintió en cada célula de su cuerpo, como se entregaban completa e insensatamente los dos a esa………circunstancia.
-Nos pusieron en una situación donde ninguno de los dos pudo evitar lo que pasó- Draco sabia que ciertamente pudo haberse encabronado por haberle servido de distracción a un hada maquiavélica y retorcida como Tesla, pero por otro lado, una parte de él le agradecía la oportunidad.
-Tú y yo sabemos que esto no va a prosperar- dijo ella y Draco captó la amargura en sus palabras- que tú y yo de ninguna manera podremos estar juntos, ni que quisiéramos. Por dios, si siquiera ha quedado claro lo que sentimos uno por el otro aparte de lujuria.
-¿Estas arrepentida?- dijo él
-No- entonces Hermione se giró y lo enfrento- jamás, de vivir lo que viví contigo, nunca, pero....
Él se fue hasta ella y la sujeto por ambos hombros.
-Deja esto aquí- dijo Draco, de nuevo sentía la apremiante necesidad de alejarla de toda esa situación- vete, no trates de interponerte en mi camino. Yo…buscare una solución para los dos…de alguna forma.
-No voy a aceptar ser tu amante- contestó ella con rabia, Draco la soltó, eso era una gran verdad. ¿Que demonios iba a hacer con ella y con Astoria cuando volviese?
-Yo no estoy proponiendo eso- dijo él- yo solo quiero que...
-Olvida lo que paso- dijo ella con rabia- olvídalo así como yo intentare olvidarlo. No puedo dejarte hacer lo que pretendes. Ganaste, activaste el Artefacto infernal pero todavía quedan los demás y no dejare que lo hagas, entendiste.
Entonces la mirada de Draco se desvió hasta donde estaba la gran esfera que en teoría había explotado. Pero no, seguía allí, iluminada, blanca, lanzando pequeños rayos eléctricos a su alrededor. La duda volvió a carcomerlo, de alguna manera, sentía la energía oscura, malévola proveniente del artefacto.¿Estaría haciendo lo correcto? Meneo la cabeza de un lado a otro, intentando convencerse de nuevo. Estaba sujeto a una promesa y la cumpliría a como de lugar.
-Entonces- la voz de Tesla resonó por el sitio- ¿Ya terminaron sus asuntos? O mejor dicho ¿ Ya saciaron sus ganas?
Los dos permanecieron en silencio, iban a castigar a ese maldito manipulador con el látigo de la indiferencia.
-Realmente no había visto una pelea tan buena- afirmo Tesla entre carcajadas- en cientos de años. Así que decidí premiarlos ¿No fue de su agrado? Puse todo mi empeño para darles algo de privacidad.
-Maldito idiota- masculló Draco.
-Basta de charla- dijo Tesla con brusquedad- han trascurrido dos días desde que el Sr. Malfoy activó el Artefacto Infernal y necesitamos concentrarnos en cosas más urgentes.
-¿Dos días?- Hermione miró confundida a Draco.
- Pues si- Tesla volvió a reír- aunque les resulte imposible de creer, han estado follando sin parar como dos animales en celo durante dos días.
-Vaya- Draco no pudo evitar sonreír satisfecho de si mismo, eso era sin duda una confirmación de su potencia sexual. Su ego masculino se infló a dimensiones cósmicas. Hermione desvió su mirada completamente ruborizada y bastante turbada, ahora entendía porque su entrepierna le escocia como si la hubiesen atravesado con hierro fundido y la razón por la cual estaba tan hambrienta.
-Ah se me olvidaba- agregó Tesla- creo que tendremos una interesante charla. Los invito a cenar y creo que no tienen ninguna otra opción más que aceptar. Los estaré esperando a la salida, sigan el pasillo frente a ustedes.
Draco miró de nuevo a Hermione.
-¿Dos días?- preguntó él todavía sin poder creérselo- es decir………tú y yo……¿Dos días seguidos? Y ¿Todavía puedes caminar derecha? Te subestime Hermione, eres toda una maquina sexual.
-Oh por Dios- le respondió ella completamente perturbada por sus palabras, enrojeciéndose cada vez mas, imágenes de él follándola con energía inagotable le vinieron a la cabeza, para que negarlo, él era un animal en la cama, sabia perfectamente como complacer a una mujer y ella tampoco le perdía pisada. Además de todo eso que había sentido estando junto a él, un momento memorable- cállate de una buena vez. Pasa la página quieres, tengo la sensación de que ese hada seguirá jugando con nosotros y esta vez no estaremos sobre un colchón.
-No me gusta nada esto- dijo Draco- ¿Qué diablos quiere ahora Tesla?
-No lo se- dijo ella mientras caminaba por un largo corredor alejándose lo mas que podía del artefacto infernal. Draco la siguió caminando con cautela, mirando todo a su alrededor con sospecha, al parecer no lucharían de nuevo ni a golpes ni a besos durante un buen rato, tenían una especie de tregua implícita. Sabía que no tenia nada que temer de ella, pero igual estaban en terreno desconocido- pero creo que no será del agrado de ninguno de los dos.
-Creo que es hora de usar el giratiempo- concluyó Draco- tenemos que salir de aquí.
-Mientras estemos bajo tierra- explicó Hermione- no podemos usarlos o mucho menos escapar. Estamos en las manos de Tesla- Draco asintió aceptando completamente su explicación.
Draco dio un silbido, mientras seguía caminando a la retaguardia de ella, plenamente consciente que mas que vigilarla lo hacia para protegerla.
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DEJEN REVIEWS.
Capitulo inspirado en Dreamfever de Karen Marie Moning
