Haymitch nos recibió con una sonrisa en una sala con una larga mesa, supuse que se trataba de la sala de operaciones. Allí nos contó que Finnick, Annie, Johanna y Enobaria los habían capturado el Capitolio. Me sentí mal especialmente por Finnick y a pesar que Johanna y yo no nos llevábamos tan bien, tampoco le deseaba eso. Lo que le pasara a Enobaria me traía sin cuidado y no tenía idea de quien era Annie.
Cuando nos dijeron que habían destruido el 12 se me paró el corazón.
- ¿Prim está bien? –Haymitch asintió y no pude evitar soltar todo el aire que había retenido y cerrar los ojos en extremo alivio.
- Gale sacó a toda la gente que pudo de sus casas y los llevó al bosque, pero no todos los siguieron –explicó Haymitch. ¡Gale también estaba bien! Peeta sano y salvo fuera de la arena y Gale y mi familia a salvo de un ataque del Capitolio. Francamente era el mejor día que recordaba desde que vi nacer a Prim–. Los supervivientes están en el 13.
- ¿Qué hay de mi familia? –preguntó Peeta esperanzado, pero entonces Haymitch ensombreció la expresión y desvió la mirada, haciendo que este mejor día se convirtiera en un nuevo reto doloroso a punto de estallar.
- Gale avisó primero a los del Veta, que es donde se encontraba. Intentó alertar a los otros pero la zona comercial fue de las primeras en ser atacada. Lo siento Peeta, tu familia no sobrevivió –dijo con un tacto que no me pareció suficiente. A Peeta se le ensombreció la mirada. No eran una familia bien avenida pero esa no podía ser una buena noticia de ninguna de las maneras.
- Lo siento… –susurré cogiéndole de la mano. Su padre era un buen hombre que me compraba las ardillas, su madre era una bruja y sus hermanos no parecían muy interesados en él. Pero por muy mala familia que fuera, era la suya, y ahora no tenía.
- Estoy bien –dijo a pesar de que era obvio que no era así. Negó con la cabeza como para restarle importancia pero yo sabía que lo estaba pasando mal, porque por muy desavenidos que estuvieran ese no era un motivo para desearles la muerte. Es más, Peeta los había tenido siempre muy presentes y los había querido proteger. No podía ni imaginarme lo que debería estar sintiendo en estos momentos.
- Nosotros somos ahora tu nueva familia, no lo olvides –dijo Haymitch muy serio, siendo muy consciente y consecuente de lo que le estaba diciendo. Le puso una mano en el hombro y lo zarandeó un poco, mostrándole que lo que decía era verdad.
- Eso mismo, nos tienes a nosotros –añadí yo presionando más fuerte su mano. Aún no sabía bien qué relación teníamos pero era imposible que nuestras vidas se separaran llegados a este punto. Yo le ayudaría con lo que necesitara. Peeta me devolvió el agarre pero fue incapaz de respondernos.
- Estamos llegando –anunció Haymitch para quitarle un poco de hierro al asunto– Preparaos.
La estructura subterránea me ahogó al acto. Mi padre murió en un accidente en la mina, de modo que no había forma humana de que yo me sintiera cómoda bajo tierra. Mi madre, Prim y Gale vinieron a vernos al hospital. Les abracé a todos con gran emoción.
- Lo has conseguido de nuevo –me dijo Gale.
También hablaron con Peeta, Prim le dedicó un fuerte abrazo y Gale chocó las manos con él. Sabía que ellos dos no podían ser amigos, pero tampoco eran exactamente enemigos. Ese momento era muy raro e incómodo, pero zanjaba una especie de tregua ente ellos; en ese momento estaban siendo cordiales. A Gale se le notaban un poco los celos, a pesar de que Peeta le había incluido en las fotos del colgante. Peeta parecía que estaba librando su propia batalla… por su mirada creo que le estaba retrayendo que no salvara a su familia. Culparle de eso era injusto, pero supongo que no podía evitar sentirse así.
En un inicio nos pusieron en habitaciones contiguas pero terminaron por ponernos en la misma ya que solíamos escaparnos para hacernos compañía. Todo el mundo tenía un horario muy estricto y nosotros nos limitábamos a pasar el tiempo juntos mientras se nos curaban las heridas. No volvimos a hablar de lo de su familia, pero yo sabía que lo seguía teniendo muy presente. Él ya se había hecho a la idea de no verles más cuando entró en el Vasallaje de los 25, pero esto era distinto y seguramente le costaría recuperarse. Además, yo tenía a la mía conmigo, lo que me hacía sentir muy mal por él, a pesar de recordarme constantemente de que su familia le había tratado mal. De algún modo Peeta siempre acababa siendo el más desfavorecido de los dos y no lo soportaba. Por primera vez en mi vida intenté hacerle feliz y animarle. Como jamás había actuado así, él se dio cuenta al acto de mis intenciones.
- Que conste que no me estoy quejando Katniss –dijo Peeta con una sonrisa–. Pero no hace falta que te esfuerces tanto por tenerme entretenido, de veras. Me basta con que seas tú misma –sentí que me había pillado y me encogí de hombros.
- Vale pero lo que te dije en la arena sigue en pie –le recordé–. Yo si te necesito –él asintió en modo de agradecimiento.
- Lo tengo presente, gracias.
Eso redujo sustanciosamente nuestras conversaciones, pero nosotros éramos así. Con solo hacernos compañía estábamos bien. Al final nos dieron el alta y Peeta se emocionó bastante, a diferencia de yo.
- Vamos a tener algo que hacer –me dijo él para animarme–. Clases, reuniones… empezaremos nuestra nueva vida aquí.
- ¿Clases? ¿Tú crees que a estas alturas voy a ir a alguna clase de algo? –estaba harta de que me dijeran cómo debía de actuar o pensar. Ya aprendí suficiente en los juegos, gracias.
- Gale va –no supe interpretar ese comentario. Supongo que era para animarme a ir pero no se sentía bien que fuera precisamente él quién me instara con ese argumento. Tal y como me pasó en los juegos, Peeta y Gale no encajaban en un mismo espacio, ni siquiera cuando pensaba en ellos, jamás he podido hacerlo en conjunto. Sin embargo pronto empezaría a verlos juntos en todos lados. Debería prepararme para eso.
- Pues supongo que podréis llegar a conoceros bien –le dije rechazando su ofrecimiento.
- Eso lo dudo –y se rio. Recordé que desde que compartía habitación de hospital con Peeta, Gale no había venido a verme.
Me trasladaron con mi familia y a Peeta le dieron un apartamento solo para él no muy lejos de donde nosotras estábamos (solo a un par de puertas de distancia). Pasé el día entretenida con Prim, que me contaba su entrenamiento para ser médico. Se podía decir que estaba contenta como hacía tiempo que no lo estaba. Todos mis seres queridos estaban cerca y a "salvo", además ¡se habían acabado las cámaras! Parecía un sueño hecho realidad...
Cómo de equivocada estaba.
Nada más imprimirme mi horario en el brazo me vi citada ante la presidenta Coin junto con Peeta. Había una discusión sobre quién debía ser el Sinsajo, si Peeta o yo. Plutarch insistía mucho en que fuera yo, decía que era yo y no Peeta quién se vistió de Sinsajo ante las cámaras el día de la entrevista del Vasallaje, también había sido yo quién había desafiado al Capitolio con las bayas y ofreciéndome voluntaria el día de la Cosecha. Decía que yo era la imagen guerrera, el fuego que alzaría la rebelión. Plutarch pensaba como Snow y eso no me gustó, pero que ambos pensaran igual también me indicaba que debía haber algo de cierto en ello. Pero claro, había un problema, y es que no tengo nada de labia. A parte de tener mal genio y rebelarme constantemente, no estoy hecha para hacer propaganda ni dar discursos. En eso si destacaba Peeta, quién podía convencer a todo el mundo de lo que fuera con solo hablar. No llegamos a ninguna conclusión. Yo no estaba entusiasmada con la idea así que no participé demasiado en la conversación. Peeta parecía más dispuesto a hacerlo, pero se hacía de rogar, cosa que no entendí.
- Pensaos nuestro ofrecimiento y notificadnos vuestra decisión cuando la tengáis, hemos terminado por hoy –dijo por fin Coin y yo prácticamente hui de ahí.
Peeta me siguió a duras penas. Cuando me alcanzó en el pasillo no parecía enfadado pero si fastidiado.
- Así que no quieres ser el Sinsajo.
- Solo quiero ser Katniss –dije rehuyendo su mirada–. Ojalá me dejaran vivir en el bosque y que me dejaran tranquila.
- No hace mucho tú misma pensabas en rebeliones ¿o no es así? ¿Tan rápido se te olvida lo que nos han hecho? –eso me hirió y me detuve en seco.
- Yo misma mataré a Snow, que te quede bien claro. Si tantas ganas tienes de salir en la tele adelante, el público te espera –y le dejé solo.
Esa noche era la primera en nuestras nuevas habitaciones. Me sentí mal pensando en que Peeta se debería sentir solo en una donde no había nadie más que él en su compartimento, signo inequívoco de que no tenía familia. Estuve tentada de levantarme e ir a verle pero recordé que estaba enfadada con él. Además, Prim quería dormir conmigo. Así que intenté silenciar esa vocecilla llamada consciencia e intenté dormir. Me supo muy mal despertar a Prim con una de mis pesadillas, pero ella lo entendió y me ofreció su compañía. No pude evitar recordar a Peeta una vez más. Si él tenía una pesadilla nadie le ayudaría. Cerré los ojos intentando dormir pero no pude. En su lugar reflexioné sobre la inexistente relación con mi madre. Había sido más simpática cuando volví de los primeros juegos, ahora huía de mí y se escondía en su nuevo empleo. Supongo que le daba miedo. Creo que mi padre habría estado algo así como orgulloso de mí, pero mi madre en cambio, parecía que tanto le daba mi vida. Supongo que gracias a esa desvinculación sufría menos. Si no tienes una hija no sufres por lo que pueda pasarle a dicha hija. Por suerte Prim seguía siendo tan dulce y cariñosa conmigo como siempre. La quería con toda mi alma, era la única persona por la que siempre supe que sentía amor de verdad.
Me imprimí el horario en el brazo al igual que mi madre y mi hermana, pero no le hice ni el menor caso. Fui a explorar en busca de escondites. Me gustaba meterme en agujeros pequeños para darme una siestecilla. El único horario que sí cumplía era el de las comidas. Cuando me encontré con la bandeja en las manos analicé la sala. Gale estaba comiendo solo y aún no había rastro de Peeta. Fui a sentarme con él.
- Hey.
- Hey –respondió de igual modo–. No has venido a clase.
- Si vas a sermonearme… –dije cogiendo la bandeja para irme.
- No, no, quédate. Hace tiempo que no hablamos –me volví a sentar.
Comentamos curiosidades del 13, de cómo echábamos de menos cazar, cosas así. Al poco se nos unió Prim.
- ¿Qué has aprendido hoy? –le pregunté.
- Hay un medicamento para curar infecciones que es milagroso. Mira, el pus se…
- Para, para, para –la detuve poniéndome las manos en las orejas de forma exagerada. Eso hizo que Prim se riera.
- Estamos comiendo –ayudó Gale.
- ¡Me habéis preguntado vosotros! –y todos reímos. Entonces lo vi, Peeta de pie con la bandeja. Seguro que estaba teniendo problemas para decidir dónde sentarse–. ¡Peeta! Ven, siéntate a mi lado –dijo Prim que también lo había visto y un suspiro de alivio me salió del alma. No había sido yo quién lo había invitado pese a que había querido hacerlo. Él se acercó y Gale se tensó. Menudo grupo formábamos…
- ¿Qué tal vuestro día? –dijo él amigablemente sin mirarme.
- No me preguntes eso, creo que no vas a querer saberlo –dijo Prim.
- ¿Por?
- Tiene que ver con pus e infecciones –Peeta hizo una mueca exagerada para mostrar desagrado.
- Definitivamente no quiero saberlo.
Me quedé maravillada con Prim. Nos hizo participar a todos en una conversación donde nos comunicábamos a través de ella. Primero pensé que solo su inocencia podría haber logrado algo así, pero luego sospeché que solo la inocencia no bastaba, que Prim estaba haciendo uso de todo su intelecto para normalizar la situación. Mi querida hermanita me estaba sacando las castañas del fuego.
Pese a ese descubrimiento, seguí sin darle el mérito necesario a Prim por lo que había hecho hasta que más tarde cuando nos volvimos a encontrar para cenar. Esa primera comida había creado el precedente para que nos encontráramos todos juntos para comer. No había habido ningún momento incómodo en el que uno de nosotros hubiera tenido que comer solo y quedarse al margen dependiendo de quién estuviera en el comedor. ¿No está Gale? Como con Peeta. ¿No está Peeta? Como con Gale. No, eso no había pasado porque mi pequeña hermanita era más lista que el hambre y eso era decir mucho.
