Durante unos días nadie habló de nada importante durante las comidas, pero al menos nos veíamos entre una y dos veces al día, lo que ya era mucho, y nos mantenía unidos en cierto modo. En el 12 Peeta solía venir a verme de vez en cuando pero Gale me evitaba. De modo que lo que estaba sucediendo en el 13 era un milagro en toda regla. El resto del día lo pasábamos en solitario, cada uno hacía sus tareas y yo me escondía por el edificio. No llevaba una semana ahí que ya me había aprendido todos los recovecos del 13. Ahora bien, ¿mi decisión sobre ser el Sinsajo? Eso descansaba en lo más profundo de mi cerebro. De hecho, no me enfronté a ello hasta que me encontré a Haymitch vestido con la bata del hospital, temblando, en uno de los pasillos.
- ¿Estás bien? –Haymitch me lanzó una mirada de odio. Era obvio que no estaba bien. En el 13 no había alcohol y la desintoxicación estaba siendo dura– ¿Te llevo a tu habitación?
- ¿Te llevo yo a ti a una de tus clases? –touché. Me senté a su lado haciéndole compañía. Temblaba tanto que le fregué un poco los brazos para que entrara en calor– Así que eludes tus responsabilidades… –empezó él la conversación.
- Creí que no hablaríamos de ello.
- Es necesario, estás jodiendo a Peeta –eso me alarmó.
- No le estoy haciendo nada.
- No, preciosa, hay un pequeño matiz: no haces nada y sí le perjudicas. ¿Eres tonta? Peeta está siendo el niño bueno y obediente que Coin quiere.
- ¿Y? Peeta es el favorito de todos, incluso a ti te cae mejor que yo.
- Lo que pasa es que él no acepta el trabajo porque si tú no eres el Sinsajo, te van a echar de aquí en cualquier momento. Necesitas serle útil a la presidenta –me quedé reflexionando sobre eso–. Aunque consiguiéramos convencerla que necesitamos tu imagen, nunca aceptará trabajar con alguien que se pasa el día holgazaneando. Eres imposible. Nunca has sabido lo que te conviene –se pasó una mano por la cara con frustración–. Lo gracioso es que es eso mismo lo que te ha mantenido con vida.
- ¿Crees que Peeta quiere ser la imagen de la propaganda?
- Vaya, así que ya volvéis a no hablaros… –me enfadé por ese comentario. Todo el mundo parecía poder opinar sobre nosotros y todo el mundo parecía saber más que nosotros mismos y eso me daba mucha rabia porque yo era la primera que no sabía nada–. ¿Tú quieres serlo?
- Quiero matar a Snow y destruir el Capitolio, pero no quiero ser la imagen de nada.
- Vale Katniss, vas a tener que crecer y aceptar que todos hacemos cosas que no nos gustan: dejar el alcohol, participar en unos juegos… tu más que nadie debería saberlo –me miró con ojos acusadores–. No puedes matar a Snow tú sola y por las buenas. Solo siendo el Sinsajo lo conseguirás. ¿Entiendes? Estrategia Katniss, estrategia. Y ahora déjame, no te aguanto cuando te auto compadeces así de ti misma –dijo intentando levantarse. Primero no aceptó mi ayuda pero luego se apoyó en mí. Se fue sin decirme nada más; ya lo había dicho todo.
Fui a buscar cobijo en mi escondite favorito cerca de unas tuberías. Esa charla me había calado hondo. Seguro que Coin había estado presionando a Peeta todo ese tiempo pero él le había dado largas, esperando a que yo me decidiera. Era una estúpida. No había nada qué decidir. Haymitch me dijo una vez que los juegos no terminan nunca y cuánta razón tenía. Seguía siendo una pieza en el tablero al igual que Peeta y si quería ayudarle, debía ponerme a su lado como siempre hemos hecho. Di un golpe con el pie al suelo y me fui a mi habitación. A parte de hacer caso al horario en cuanto a las comidas, también lo hacía en cuanto a las duchas.
Cuando Prim estaba ya vestida con el pijama lista para irse a la cama le dije que me iba un momento. Ella no me preguntó nada pero estoy segura que sabía dónde me dirigía. Maldita sea, era un estúpido libro abierto para todo el mundo cuando ni yo misma era capaz de ordenar mis pensamientos. Llamé a la puerta de Peeta y esperé.
- Soy yo Peeta. Tengo que hablar contigo.
No tuve que esperar más que un par de segundos cuando la puerta se abrió. Por su expresión parecía que había estado esperando por mucho tiempo que yo fuera a verle, teníamos una conversación pendiente. Me senté en su cama y él se sentó en la silla del escritorio, esperando a que yo hablara. No me gustó esa suficiencia y bufé.
- Voy a colaborar con lo de ser el Sinsajo y todo eso…
- ¿Cómo piensas hacerlo? –dijo él, curioso.
- Sé que tú solos te bastas y te sobras para esto, pero yo empecé todo esto y ya estoy metida en esto hasta el fondo así que… supongo que haremos nuestra única estrategia: tú hablas y yo actúo. Que me den un arco y dispararé por una anilla de fuego o lo que quieran… –estaba molesta por haber de decirlo en voz alta, me miré a los pies durante todo ese rato.
- No tienes que hacerlo si no quieres.
- Me resistía a ser una marioneta de nuevo porque ya lo hemos sido durante suficiente tiempo, pero los juegos nunca terminan ¿no? –me mordí el labio inferior– Quiero matar a Snow y terminar con todo esto. Si para ello tengo que pasar por el aro… qué remedio –fue entonces cuando me atreví a mirarle a los ojos–. ¿Qué opinas tú de todo esto?
- Primero, que estás muy mona cuando te muerdes así el labio –no me esperaba para nada ese comentario. Me puse muy roja, cogí el cojín de la cama y se lo tiré en toda la cara. Él lo cogió al vuelo entre risas– No te enfades, solo te estaba tomando el pelo.
- Pues no me hace nada de gracia –sentía que me ardía la cara. Yo me esforzaba en ser sincera y hablar de manera clara y directa por una vez y él aprovechaba para burlarse de mí.
- Perdóname. Llevas una semana entera sin dirigirme la palabra, era mi pequeña venganza –me dejé caer de espaldas sobre la cama, con los brazos cruzados sobre mi pecho. Así evitaba verlo a la cara y que él disfrutara de su pequeña victoria.
- Quiero estar ahí, aunque sea solo de apoyo y para que Coin me acepte seré obediente y haré caso al horario.
- No puede ser, ¿vendrás a las clases?
- Si.
- ¡Milagro! –se burló y se tiró encima de la cama también, tumbado a mi lado. Su caída hizo que yo saltara un poquito por los aires y eso provocó que ambos riéramos un poco. Nos quedamos mirando el techo– Llegados a este punto deberíamos hacer una lista de nuestras peticiones.
- ¿Peticiones?
- Si, lo que queremos a cambio de colaborar. Algo como que queremos una suite de oro y cosas así –fruncí el ceño.
- No te sigo, ¿qué quieres pedirle?
- Para empezar, quiero que me proporcione material de pintura. Piensa, ¿no hay nada que quieras? –reflexioné un momento.
- Salir de aquí.
- Quizás te den un permiso para ir a cazar –eso hizo que me sentara al acto de la emoción.
- ¡Eso sería fabuloso! –estaba verdaderamente emocionada. Peeta rio– ¿y ya está? ¿No pedimos nada más?
- Que Finnick, Annie, Johanna y Enobaria sean rescatados a la mayor brevedad y les perdonen cualquier delito –eso me congeló al acto. Era obvio que Peeta llevaba dándole vueltas al asunto desde hacía tiempo. Me sentí muy mal, prácticamente había olvidado que los tenían secuestrados. Me sentí la persona más despreciable del mundo y sentí cómo se me hundía el mundo a mis pies, arrastrándome con él. Me levanté muy despacio. Peeta debió ver mi expresión de máxima preocupación porque se sentó y me puso una mano en la mejilla–. Katniss no, no te pongas así por favor…
- Finnick… nos ayudó tantísimo y yo casi que ni me acordaba… –entonces Peeta me abrazó y yo me agarré fuertemente a él.
- No es agradable recordar todo el rato lo que está pasando –me justificó.
- No, pero soy una persona despreciable. Llevo una semana evadiéndome del mundo.
- Has sufrido mucho, necesitabas una pausa –me acarició la espalda, intentando que ese mal cuerpo que se me había quedado se me fuera.
- Pues ya ha llegado el momento de que despierte. No puedo seguir haciendo como que todo esto no va conmigo.
- Una semana no es mucho tiempo, necesitabas pasar por esto –entonces me separé de él y le miré curiosa.
- ¿Y tú? Desde el primer momento lo has tenido todo muy claro. ¿Cómo has podido? –a veces me sorprendía esa gran determinación que él tenía, como cuando se propuso ponernos en forma a Haymitch y a mí en forma para el Vasallaje.
- Porque no he dejado de considerar que estás en peligro, por eso –no me esperaba esa respuesta. Me impactó mucho–. Si el 13 pierde, Snow vendrá a por ti. Tengo que hacer lo máximo que pueda para que el 13 gane.
- Peeta… –estaba muy sorprendida. Era mucho más maduro que yo en muchos aspectos. Me sentía avergonzada de mi misma. Me pasó un brazo por los hombros y nos quedamos apoyados el uno al lado del otro, con las piernas colgando de la cama.
- No debes sentirte mal. Ese es un miedo que siempre tendré. Tú, tu familia y Haymitch sois lo único que me queda, ¿recuerdas? –asentí con tristeza.
Había abierto los ojos por fin. Debía tomar las riendas de mi vida y asumir el control de nuevo. Iba a jugar mi papel, Peeta y yo lideraríamos la rebelión así podría tenerlo a él y a Gale controlados. Iba a ayudar a Finnick, estaba decidida también a eso y solo podía conseguirlo si le caía lo suficientemente bien a Coin. Por suerte Peeta ya le caía bien, si no lo hacía por mí, quizás lo hacía por él. Definitivamente no sé qué hubiera hecho sin Peeta a mi lado. Supongo que esto me ablandó un poco, sino no me explico la siguiente petición que salió de mi boca sin apenas darme cuenta.
- ¿Te quedas conmigo esta noche? –hasta ese momento no me di cuenta de lo mucho que lo deseaba. Desde que sabía que dormía solo quise hacerle compañía, pero ahora que habíamos hecho las paces también me parecía una buena forma de volver a ser los que éramos, si es que nunca fuimos algo.
- Siempre –eso provocó que se me erizaran los pelos de la nuca. De hecho era una petición un poco rara porque era yo quién iba a quedarme en su habitación porque la mía estaba sobrepoblada. Él me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
Hablamos un poco más y decidimos que ya era hora de acostarnos, mañana iba a ser un "¡gran, gran día!" como solía decir Effie, así que mejor que descansáramos lo máximo posible. Cuando me acurruqué al lado de Peeta me sentí completa. Era absurdo hablar de felicidad teniendo en cuenta los tiempos que vivíamos, pero creo que es lo más cerca que he estado de sentirlo últimamente. Sé que no nos hemos librado de Snow, pero es lo más lejos que hemos estado nunca de él y también sé que tenemos una tarea muy difícil y peligrosa entre manos pero tengo a toda la gente que quiero viva y cerca de mí, y eso me hacía estúpidamente feliz.
- ¿Sabes una cosa? –estaba recostada en su pecho, sintiendo cómo subía y bajaba. Él me rodeaba con su brazo derecho.
- ¿Qué? –me susurró muy cerca del oído. Sentir su aliento hizo que me estremeciera.
- Por primera vez en mucho tiempo creo que puedo decir que me siento bien.
- ¿De veras? –asentí.
- Sé que es pasajero antes no me vuelvan a golpear los recuerdos y las responsabilidades pero… –le abracé un poco más fuerte– me siento bien.
- No sabes cuánto me alegra oír esto… –cerré los ojos, disfrutando de su proximidad y perdiéndome en su aroma– hoy has solucionado muchas cosas, por fin sabes lo que quieres hacer así que es normal que te sientas bien –pensé que tenía razón pero había algo más. Empezaba a sospechar que se debía a haber hecho las paces con él.
Me calmaba mucho su presencia. Los últimos juegos nos habían unido mucho y esos días previos, el día libre que los dos nos tomamos en esa terraza… me había centrado únicamente en mantenerlo con vida y lo había conseguido. Sentirse bien era un sentimiento tan poco común para mí que parecía que necesitaba describirlo y entenderlo, por eso no dejaba de darle vueltas y de buscar de justificarlo. Justo cuando pensaba en todo esto Peeta se acercó a mi cabeza y me dio un beso en la coronilla y un dulce calor inundó mi corazón.
- ¿Tú cómo te sientes? –pregunté para callar esa cálida sensación que había hecho florecer en mi pecho.
- Yo vivo preocupado, pero si hago como tú y me centro en este mismo instante… me siento muy bien –sonreí inconscientemente. Era reconfortante oír eso.
Esa noche dormí sin pesadillas y del tirón. Me sentí orgullosa de mi misma y Peeta me felicitó pero yo le dije que era en gran parte gracias a él.
- Pues ya sabes lo que tienes que hacer, ven más seguido a verme.
¡Muchas gracias por leerme! Dejad cualquier comentario o sugerencia, lo leeré encantada.
