Capítulo 4: Gale y una flor naranja

Con la luz del día los problemas volvían a esclarecerse. Seguía de buen humor pero sabía a lo que Peeta se refería. Había pasado una tranquila noche con él como tantas otras, pero ahora las cosas eran distintas, Gale dormía a un piso de distancia de nosotros. Mientras estuvimos en el 12 nunca dormimos juntos y ahora estábamos en el 13 pero era como si estuviéramos en casa. Por primera vez ambos mundos, el mío y el de Peeta, empezaban a coexistir de verdad, algo que no había pasado después de los primeros juegos.

Nos despedimos y acordamos vernos en clase. No estaba nada entusiasmada pero había tomado una decisión y estaba dispuesta a cumplirla. Como no había ido nunca aún, me costó un poco encontrarla ya que siempre había evitado esa zona para evitar que me pillaran holgazaneando. Cuando llegué Gale estaba sentado en la primera fila e identifiqué a Peeta sentado dos filas más atrás. Como entré tarde, todo el mundo se giró para verme entrar. Me puse muy nerviosa y me senté en la última fila, ni con Peeta ni con Gale, en una posición neutral. La gente volvió la vista hacia adelante pero vi a Gale sonreírme e indicarme con la mirada el asiento vacío a su lado. Le di a entender que más tarde, que no quería volver a levantarme.

Cuando terminamos nos fuimos los tres a ver a Coin. Cuando supieron de nuestra colaboración se pusieron muy contentos, sobretodo Plutarch (de hecho a Coin no le hizo mucha gracia ver que finalmente me unía, pero se alegraba por tener a Peeta en el equipo). Rápidamente organizaron una sesión de grabación para mañana y nos dijeron que nos mantuviéramos a la espera. Me contaron que Cinna había diseñado mi traje y no pude evitar emocionarme. Peeta no tenía traje pero utilizarían el mismo patrón y nos harían un conjunto a juego.

- Me temo que Cinna… –dijo Plutarch, insinuando su muerte. Yo asentí.

- Lo sé, justo antes de entrar a la arena se lo llevaron a rastras.

- No sabía eso –dijo Peeta preocupado. Yo asentí con tristeza.

- Lo castigaron por el traje de Sinsajo y para desestabilizarme a mí le dieron una paliza cuando entré en el tubo –me puso una mano en la espalda para animarme.

- Estoy bien, no pasa nada. Ya había asumido que… –no pude terminar la frase.

- Te llevabas muy bien con él, ¿verdad? –preguntó Gale. Claro, él no sabe nada de mi vida en el Capitolio. Él solo sabe lo que salió en la tele, que ya es muy traumático de por sí, pero no se imagina qué otras cosas vivimos.

- El Capitolio encuentra muchas formas de torturarte –decidí no contarle lo del avox del distrito 12, pero si, no se podía hacer a la idea de lo que habíamos pasado.

Todo el buen humor de la mañana desapareció. Vivíamos en un mundo demasiado cruel. Salí de la sala apesadumbrada.

- Oye, ¿por qué no aprovechamos la concesión de caza para salir y animarte un poco? –me propuso Gale. No era mala idea porque me sentía francamente mal.

- ¿Te apuntas Peeta? –supe al acto que eso debió fastidiar a Gale, pero lo ocultó muy bien.

- No soy bueno para ir a cazar, ya sabes que hago mucho ruido. Id mejor vosotros y yo de mientras aprovecho las pinturas –eso fue muy amable de su parte pero supongo que después de haber dormido conmigo tenía cierta confianza en sí mismo. Me obligué a alejar ese pensamiento de mí.

No puedo describir lo que sentí cuando el aire fresco me tocó la piel. Gale evitó hablarme de "trabajo" y disfrutamos de un día soleado al aire libre. Sin embargo, no pudo evitar no sacar el tema de Peeta.

- ¿Así que ya no sigues enfadada con él?

- ¿Por qué preguntas eso? –pregunté a la defensiva.

- Estos días lo evitabas pero hoy ya has hablado con él con naturalidad –me revolví un poco inquieta encima de la roca en la que estaba sentada.

- Muy observador.

- Me alegro que estéis más animados. Costó mucho sacaros de ahí así que es mejor que estéis a buenas por lo menos.

- Tenemos personalidades muy diferentes, además que yo soy muy difícil de tratar –dije sin querer profundizar en el tema y revolviendo el manto de césped bajo mis pies. Cogí una pequeña flor de color anaranjada. No me parecía bien hablar de Peeta a sus espaldas.

- Se os ve que tenéis un vínculo especial. Es obvio, después de todo lo que ha pasado...

- Esto no debería afectarte, nuestro vínculo es muy fuerte también. Tengo muy buenos recuerdos de los bosques y de ti –dije para animarle.

- Sin embargo a veces pienso que debí haberme ofrecido voluntario para que no fueras sola.

- ¿Y quién habría cuidado de mi familia? No te lo hubiera perdonado.

- Lo sé, hice bien en no hacerlo pero… a veces me arrepiento porque ahora tendría yo este vínculo contigo en lugar de tenerlo tú con él –eso fue la gota que colmó el vaso. No estaba preparada para esa conversación. Me levanté de golpe.

- Sois diferentes, eso es todo. ¿Vamos? Se hace tarde y Coin se quejará.

Gale no se había quedado a gusto con la conversación, era obvio. Parecía que no iba a insistir más pero el tema no estaba zanjado, ni de lejos.

Me sorprendí de encontrar a Prim hablando animadamente con Peeta delante de nuestras habitaciones. Me acerqué dubitativamente hacia ellos.

- ¡Katniss! Te estábamos esperando –dijo Prim sonriente y brindándome un abrazo.

- ¿A mí? ¿Por qué? –le devolví el abrazo.

- Beetee dice que tiene algo preparado para nosotros, ¿no viene Gale contigo? –dudé unos momentos, aún estaba alterada por lo que me había dicho. Intenté ocultar mi nerviosismo, pese a que sabía que era un esfuerzo inútil desde que todo el mundo parecía entenderme mejor que yo misma.

- Si, ahora viene, se ha entretenido dejando lo que hemos cazado en la cocina.

- ¿Habéis cazado mucho? –preguntó Prim.

- Si, aquí los animales no están acostumbrados a que los cacen de modo que resulta muy fácil –entonces miré a Peeta y me acordé de algo–. Toma, he cogido esto para ti, escóndelo porque se supone que no puedo traer nada de fuera –le di la flor y él hizo cara no entender–. Se me ha roto un poco pero ya sabes, he pensado que quizás querrías pintarla y además es naranja así que… –me sentí tremendamente absurda. Especialmente al recordar que Prim había sido testigo de eso.

Sin embargo Peeta se entusiasmó con el regalo, tanto que tuvo que reprimir la gran sonrisa que asomaba en sus labios.

- Muchas gracias, es todo un detalle –sentí cómo me ruborizaba y me puse a la defensiva.

- Si, bueno, lo que sea. Voy a cambiarme –anuncié con ganas de desaparecer.

- Yo voy a guardar mi regalo, ¿te espero en el ascensor? –asentí antes de huir prácticamente de ahí. Prim me siguió hasta el cuarto.

- Borra esa risilla de tu cara –le dije a Prim molesta.

- No tengo ninguna risilla –dijo sonriendo aún más. Esperó para ver si le decía algo más pero al ver que no era así se dio por vencida–. Nos vemos después Katniss.

- Un momento –ella se detuvo y me miró con una fingida cara angelical–. ¿Antes de qué hablabas con Peeta? –esa risilla volvió a sus labios.

- No hablábamos de ti si es a lo que te refieres –eso me enojó más aun así que tiré la ropa al suelo y me puse ese uniforme gris con desgana y a tirones.

- No me refería a eso.

- Me hablaba de sus pinturas, me ha prometido enseñarme las que haga –eso me preocupó y alarmó a la vez.

- ¿No te habrá enseñado ninguna de las que ya tiene verdad? –Peeta era muy buen artista y pintor, pero sus cuadros solían tratar de los juegos y no quería que Prim tuviera pesadillas.

- Esos se perdieron pero dice que no le importa mucho, que hará más.

- Menos mal –me sentí francamente aliviada. Tampoco quería que viera todos esos retratos sobre mí–. Espero que esta vez sean un poco más alegres…

- Estoy segura de ello, piensa que ahora va a dibujar una bonita flor naranja –le di un leve codazo a modo de queja, ella se rio. Salimos juntas y nos despedimos en el ascensor.

Cuando llegamos al laboratorio de Beete nos encontramos con Gale esperando ya en la entrada. Actuaba con normalidad, como si nunca me hubiera dicho esas cosas escasos minutos antes. Y ahí estaba yo, entre un Peeta feliz que trataba de ser cordial y un Gale un tanto rencoroso que hablaba amigablemente con Peeta, y en el medio yo, con cara rancia y sin ser capaz de ocultar mi incomodidad.

Nos explicaban cómo funcionaban nuestras nuevas armas, las probamos, me desahogué un poco y volvimos para cenar. Prim no estaba así que solo éramos nosotros tres. Intenté ser natural y hablar con normalidad pero estaba muy nerviosa y ellos se dieron cuenta. Hicieron un gran esfuerzo y hablaron entre ellos sobre las nuevas armas. Yo me limité a acabar lo que tenía en el plato.

Nota autora: Muchas gracias por leerme y un especial saludo a lucia cullen hale y Brujita22, gracias de nuevo y ànimo estos días!