Capítulo 5: El Spot y la reflexión de Prim

La mañana siguiente cuando nos maquillaron y arreglaron sentí náuseas. Miré a Peeta a mi lado que estaba siendo sometido a la misma aberración que yo y tuve que cerrar muy fuerte los ojos para recordarme que no estábamos en los juegos y que Ceaser no iba a entrevistarnos en la sala contigua. Sentí que alguien me cogía de la mano.

- ¿Estás bien? –me preguntó Peeta con un tono dulce.

- Si, es solo que… odio que me arreglen –las maquilladoras del Capitolio intercambiaron una mirada de fastidio y desilusión. Sé que ponían mucho empeño y que era importante para ellos pero no podía evitar ponerme nerviosa.

- Lo sé, tú no necesitas maquillaje –dijo para animarme pero yo bufé, eso no me animaba.

- Tengo la sensación que Ceasar va a aparecer en cualquier momento –en ese momento entendió a lo que me refería. Se puso serio y tomó más fuerte mi mano.

- Si quieres podemos posponerlo…

- Ni hablar, no paso por esto otra vez –me dirigí a las maquilladoras–, podéis continuar.

Cuando nos subimos al escenario me sorprendí deseando que Ceaser estuviera con nosotros. Era mucho mejor tener a alguien que te guiara que no estar sola frente las cámaras.

- Ya sabéis lo que tenéis que hacer. Corréis, plantáis la bandera, decís el eslogan y os besáis –sonó la voz de Plutarch. Resoplé, menuda tontería.

El primer intento fue nefasto. Se me olvidó media frase pese a ser corta. Repetimos. Lo hice bien pero al besarnos estaba tan nerviosa que chocamos de una forma muy poco romántica. Repetimos. Cambiamos papeles y Peeta dijo la frase pero no era suficientemente amenazador, era incluso ridículo lo poco que pegaban esos gritos con su persona y no pude evitar reírme. Repetimos.

- Un poco más de pasión, ¡qué estáis enamorados! –gritó Plutarch. Recordé a Gale mirándonos desde la sala de mandos, así como todos los del equipo técnico.

No había forma, no salía bien. Cambiamos y nos dimos la mano en lugar de besarnos. Al final nos grabaron por separado. Repetimos muchas veces, cambiando posturas, diálogos y expresiones. Cuando nos sentamos a ver los resultados fue bochornoso. Peeta lo había hecho mejor que yo, por supuesto, ya que yo desentonaba completamente. Por no hablar de los besos más ridículos que había visto en mi vida.

- Vamos a ser sinceros. No he visto jamás menos talento para la actuación –cuando Haymitch había empezado a hablar creí que era para ayudarnos, pero de momento no podía estar segura de ello por cómo hablaba.

- Y menos química –rápidamente busqué con mirada amenazante a quién lo había dicho. Era una de las encargadas de las cámaras. Oí como Gale se reía por lo bajo y le lancé una mirada asesina. Eso le hizo callar.

- Peeta es un genial dialogador y lo puede hacer en todos los escenarios, ahora bien, queremos levantar una revolución, no contarles un cuento de buenas noches. Es de Katniss de quién nos interesa su fuego y su mirada amenazante. Exacto preciosa, esa cara de mala uva es la que nos interesa –justamente lo estaba mirando con la misma expresión con la que había fulminado a Gale. Ahora fue Peeta quién ahogó una risita. Al final me sacarían de quicio.

- ¿Y qué propones?

- Lo que propongo es ir a buscar la acción. A Katniss le sobra talento para ser el Sinsajo, pero necesita el escenario adecuado.

Estuvieron debatiendo un poco el asunto y al final aceptaron ir a visitar a un hospital de campaña que se suponía que quedaba fuera de cualquier peligro y riesgo. Disolvieron la reunión y me fui directa al baño, desenado quitarme la pintura de la cara.

Era bochornoso. Absolutamente todo lo que había pasado lo era. Cómo nos mandaron besarnos y cómo no nos salió bien. ¿Cómo pudo no salir bien? ¡Lo hemos hecho miles de veces! Y eso que dijeron de la química… Supongo que es porque no estoy enamorada y se me nota. ¿Se habría ofendido Peeta? Me sentía humillada y frustrada.

Salí al exterior en busca de aire. No me tocaba turno, pero supongo que me lo pasaron por alto como tantas otras cosas. Corrí un buen rato y luego me senté sobre un tronco hueco. Los "juegos nunca terminan" me obligué a recordar.

- Supongo que ese vínculo especial no es suficiente ¿verdad? –rápidamente me puse de pie de un brinco y me puse en posición de ataque tal y como habría hecho si un tributo me hubiera sorprendido en la arena.

Cuando vi que era Gale me relajé y bajé lentamente los puños pero mantuve la mirada desafiante. Algo me decía que no venía en son de paz.

- No me des estos sustos, de poco no te parto el cuello –intenté hacer broma al respecto pero él no se rio y avanzó hacia mí.

- ¿Cuántas pruebas más necesitas Katniss? Lo estuvimos hablando ayer y creo que es obvio que no puedes estar con él de la manera que él espera que lo hagas –ese era una herida recién hecha que aún no se había cerrado, que me lo echara en cara me hirió en lo más profundo.

- Maldita sea Gale déjalo estar… –dije alejándome tanto como me era posible, pero él me siguió y me cogió del brazo, obligándome a detenerme.

- No, Katniss, deja de huir y escúchame –forcejeé pero él se mantuvo firme–. Vuestra relación siempre ha sido de conveniencia mientras que la nuestra es real, fruto de un cariño y un amor real.

- Suelta –él se puso más serio todavía y no me dejó ir.

- Tienes que enfrontarte a los hechos y estos son que tú y yo nos lo pasamos bien juntos y que confiamos el uno en el otro. Te quiero Katniss y sé que tú también me quieres pese a que lo niegues, ¿por qué no te das cuenta? –casi sonaba como una súplica.

- Gale no puedo tener una relación amorosa y lo sabes –dije usando también un tono de súplica, deseando que me dejara en paz.

- ¿Quieres decir que si la situación fuera diferente sí estarías conmigo?

- ¿Cómo de diferente? ¿Sin los juegos y tú y yo en el 12 yendo de caza cada día? No existe Gale, no existe.

- ¡Lo reconoces entonces! –se acercó más a mi rostro– Si hubiéramos seguido con nuestras vidas muy probablemente habríamos acabado tostando pan juntos y viviendo en esa casa cerca del lago –aludir a esa tradición del 12 era una manera de insinuar que estaríamos casados.

- Pero fui a los juegos y conocí a Peeta –le recordé– y eso nada puede cambiarlo.

- Claro que sí, solo tienes que escogerme a mí, como habrías hecho si él no se hubiera entrometido –y entonces me besó.

Gale era robusto y tenía mucha confianza en sí mismo, me cogió de la cintura y me pegó a él con fuerza. Era muy alto, grande y musculoso, muy distinto a Peeta. No sé qué teníamos Peeta y yo, pero sentí que ese beso no estaba bien. Sus labios eran mucho más gruesos que los de Peeta y eso me desagradó, no estaba acostumbrada a ellos. Yo me había acostumbrado a que la única persona que me tocara fuera Peeta y él no era Peeta. Me aparté con brusquedad. Mi confusión rápidamente se volvió rabia.

- No vuelvas a hacerlo –y me solté de un golpe. Aún sentía sus labios calientes sobre los míos y lo odié. Empecé a andar con rabia.

- Katniss… –empezó él.

- No, ni una palabra más –le amenacé.

- Tienes que enfrentarte a esto, a ti misma –me seguía dejando una distancia prudencial. No quería oírle, empecé a correr–. ¡Piensa que si los tres sobrevivimos a la guerra algún día tendrás que escoger! –me gritó prácticamente mientras me alejaba. Si sobrevivimos. Qué bonito todo.

Entré como un huracán en el 13. Me crucé con mucha gente que prácticamente aparté a codazos. La cabeza me ardía. Vi unos rizos dorados acercándose a mí. Había suplicado interiormente para no encontrármelo y allí estaba. Intenté evitarlo pero no había otra salida en el pasillo. Sentí ganas de llorar, me sentía como si lo hubiera traicionado. Él se acercaba con una sonrisa y tenía algo en sus manos, parecía que quería enseñármelo pero yo le detuve con la mano.

- Ahora no Peeta, no es un buen momento, lo siento –y le pasé por el lado sin dejar que ni siquiera se explicara. En ese mismo instante me sentí el ser más despreciable del mundo por haberlo dejado atrás de esa manera. "Ni viviendo cien vidas llegarías a merecer ese chico", era verdad, era una gran verdad. Pero ahora mismo no me sentía preparada para hablar con nadie. Solo quería encerrarme en algún sitio y aporrear algo para dejar ir toda mi frustración.

Cuando entré en la habitación ya estaba llorando. Di gracias porque mi madre no estuviera ahí y me encerré a llorar en la ducha, esperando que el sonido del agua ahogara mi llanto. Cuando Prim me encontró estaba hecha un ovillo encima de la cama. Se acercó corriendo hacia mí y cuando comprobó que no estaba herida se sentó a mi lado y me habló con voz calmada.

- ¿Me contarás lo que ha pasado? –no respondí– Vamos, ya sabes que puedes confiar en mí. Ya no soy una niña –seguí callada, ella presionó un poco más–. ¿Quién ha sido esta vez? ¿Peeta? ¿Gale? ¿Un poco de los dos?

- ¿Y tú qué sabes de eso? –dije sin mirarla.

- Sé que te están presionando para que escojas entre ellos –eso sí había logrado captar mi atención. Me senté y la miré directamente a los ojos.

- No te ofendas pero no me siento cómoda hablando de esto con mi hermana pequeña.

- Si no hablas de esto conmigo, ¿con quién lo harás? No ceo que Haymitch sea muy sensible con este tema –tuve serias dudas. ¿Podía hablarle de eso a ella? ¿No era demasiado joven? Pero era muy lista, había demostrado serlo mucho más que yo–. Vamos, déjame ayudarte aunque sea por una vez –no pude negarme a esa cara. Suspiré, me crucé de piernas y me preparé para hablar.

- Estoy hecha un lio. Yo nunca me permití amar a nadie, ni siquiera pensaba en esa posibilidad porque solamente tenía una cosa en la cabeza y esa eras tú y tu bienestar. De repente participo en los juegos y debo aparentar que estoy enamorada de alguien que apenas conozco y que sí lo está de mí. Vuelvo aquí y Gale se me declara también, mi mejor amigo. Luego un matrimonio de conveniencia, otra vez los juegos y yo ya no tenía expectativas de… –me detengo, ¿cómo le digo que no esperaba poder sobrevivir?– el caso es que no esperaba tener que volver a lidiar con todo esto –Prim asintió a todo lo que le dije.

- Para los segundos juegos lo diste todo por Peeta. Ya no se trataba de conseguir patrocinadores ni de engañar al público, ya eráis los favoritos y no hacía falta fingir. Esa eras realmente tú Katniss, es cuando estuviste realmente al lado de Peeta.

Me sorprendí porque ella lo entendiera de ese modo. Ese punto de vista me hizo reflexionar, quizás Prim y su teoría no estaban tan equivocadas en realidad.

- ¿Y qué pasa con Gale?

- Gale es mi mejor amigo. Yo nunca le vi de ese modo pero no puedo evitar pensar que si nunca hubiera sucedido nada de esto, creo que hubiéramos acabado juntos y eso me da como un toque de atención, me hace dar cuenta de que no me hubiera importado que así fuera.

- ¿Gale te ha llegado a besar? –esa pregunta me incomodó mucho, básicamente porque me la estaba haciendo Prim, pero a ella parecía no incomodarla en absoluto. Hice un esfuerzo por no avergonzarme.

- Si.

- ¿Y bien?

- Él y yo no hacemos estas cosas, es raro y parece como si estuviera mal.

- En cambio con Peeta no te molesta, ¿verdad?

- Estamos acostumbrados –me encogí de hombros para disimular mi nerviosismo.

- ¿Con Peeta os habéis besado alguna vez porque hubierais querido y no porque os hayan obligado?

- Si –recordé que incluso algunos de los besos en la arena fueron porque quisimos. Pero sobretodo tenía en mente los que le di cuando nos despertamos en el aerodeslizador, que eran los más recientes.

- ¿Cómo el de la playa ese día en la arena? –sentí que me ruborizaba.

- Así que tú también lo viste…

- Todo Panem –y se rio un poco. Su sonrisa era tan dulce que me la contagió.

- No nos hemos vuelto a besar de esa manera –era verdad, en la intimidad nos respetábamos y nos llevábamos bien, pero no éramos especialmente románticos. Prim se quedó reflexionando.

- Yo creo que sientes más cosas por Peeta de lo que piensas, pero que no aceptas esos sentimientos porque crees que provienen de un engaño. En cambio, no sientes algo tan intenso en ese sentido por Gale pero como os conocéis de hace muchos años, crees que es más legítimo –eso me dejó completamente perpleja. Había dado en el clavo.

Debió quedarme cara de tonta por mucho rato porque Prim me cogió las manos para devolverme a la realidad.

- Hay algo que tienes que tener claro y es que no hace falta que demuestres nada a nadie si no quieres. Yo no te voy a obligar a escoger novio. Ahora bien, pienso que sí sientes algo muy intenso por uno de ellos y que si no lo aceptas cuanto antes os va a hacer sufrir a los tres –no podía creerme lo adulta que estaba siendo Prim en esos momentos.

- ¿Y si me equivoco? –pregunté con un ligero tartamudeo.

- Estás demasiado acostumbrada a no escuchar tu corazón que has olvidado cómo se hace, pero estoy segura que si lo haces con suficiente atención lo sabrás.

- Y supongo que tú me dirás cómo debo hacerlo.

- Si te soy sincera pienso que el hecho de que no te guste que te bese Gale, pero sí que te bese Peeta, ya es algo muy significativo –eso me dejó completamente aturdida. Si se tomaban en cuenta los hechos no era muy difícil hacer esa lectura pero aún y así…

- Esta mañana no nos ha salido bien cuando gravábamos el spot… –ella negó con la cabeza.

- ¿Delante de una cámara y con todo el mundo mirándoos? Por dios, si incluso Gale debía de andar cerca, cómo para concentrarse una ¿no crees? –eso me hizo reír y me noté las mejillas entumecidas por culpa de haber estado llorando antes.

- ¿Estás segura que es lo correcto? ¿No empeoraré la situación?

- Si no lo necesitaras tanto como ellos arreglar la situación no te hubiera encontrado echa un mar de lágrimas.

- Una última pregunta, ¿por qué eres tan desmesuradamente inteligente?

- Porque no me he perdido ni una sola emisión del Capitolio. A ellos puedes engañarles pero no a mí, así que he sabido en todo momento lo que te ha rondado por la cabeza –eso me dejó con la boca abierta.

- Pero bueno ¡Qué hermana más cotilla tengo! –la cogí entre mis brazos y la zarandeé, ella se rio– No sé qué haría sin mi pequeño patito –me dio un beso en la mejilla.

- ¿Te he podido ayudar?

- Ni te lo imaginas.

- No sabes cuánto me alivia. Es la primera vez en todos estos años que te puedo ayudar… –su tono de voz me preocupó, la miré directamente a los ojos.

- ¿Qué insinúas?

- Que he sido una inútil toda mi vida, que solo te he causado problemas, y que por mi culpa has tenido que sufrir lo que no está escrito.

- Eh, eh, no digas eso. Siempre has sido mi luz, mi única verdadera alegría en esta vida –le acaricié la mejilla–, eres la única persona a la que sé con certeza que quiero. Así que ni se te ocurra culparte porque la estúpida de Effie sacara el papel equivocado –sonó un poco a amenaza pero quería que supiera cómo de importante era ella para mí.

- Gracias –me dedicó una de sus más dulces sonrisas.

- Ni se te ocurra dármelas. Si pasó así es porque tenía que pasar. Y ahora vamos a cenar –la empujé para que se levantara–, tanto llorar me ha abierto el apetito.

- ¡Eh! Una última pregunta –dijo ella animándose–. ¿Lo de tu embarazo era real o qué?

- ¡Prim! –dije sonrojándome– ¿Cómo vamos a tener un hijo si apenas nos cogemos de la mano?

- Ah, no sé. Pero como pasas noches con él pensé que quizás… –abrí la boca exageradamente. La cara me ardía de indignación y la vergüenza.

- Oye, que soy tu hermana mayor, ¡qué falta de respeto más grande tomarme el pelo de esta manera!

Y nos fuimos al comedor entre risas y empujones. Me di cuenta que desde que empezaron los juegos no había conectado tanto con Prim como en ese mismo momento. Por fin habíamos vuelto a ser solo hermanas.

* Nota autora: en este capítulo he intentado expresar mi forma de entender este peculiar triángulo amoroso, ¿estáis de acuerdo conmigo o tenéis otro punto de vista? Muchas gracias por leerme!