Capítulo 8: El Hueso, distrito 2

Por fin nos tocó hacer ejercicio al aire libre y lo agradecí. Salir al bosque siempre era reconfortante. Sobre todo si sabes que no vas a tener que matar a tus compañeros tributos. Los entrenadores eran muy estrictos pero accedí de buena gana a correr con todas mis fuerzas por el circuito. Era una buna forma de liberar tensión, además sentir que utilizaba mi cuerpo a pleno rendimientos me daba satisfacción. Había gente muy rápida, de entre los cuales se encontraba Gale que ya llevaba tiempo entrenando, pero yo tampoco me quedaba atrás. Realmente estaba en buena forma, había entrenado para los segundos juegos y el bosque era mi hábitat natural, pero pronto me di cuenta que no tenía nada que hacer con los profesionales. Al cabo de un rato mi resistencia disminuyó y dejé de formar parte del grupo que encabezaba la fila. Ahora iba un poco por detrás del primer grupo pero cada vez más cerca del segundo. Eso afectó un poco a mi autoestima, pero entonces recordé a Peeta, quien sí que se había quedado muy atrás, el pobre hacía lo que podía con su pierna ortopédica.

Llegamos sudorosos a la base. Me gustaba sentirme exhausta porque eso dejaba poco espacio a los pensamientos y tener la mente en blanco era un gran privilegio dada las circunstancias en las que vivíamos. Estábamos entrenando para una guerra, no se trataba de ninguna broma. De hecho en unos días nos dirigíamos al distrito 2, donde se estaba librando una batalla entre los que apoyaban el Capitolio y los rebeldes.

- ¿Qué tal? –pregunté a Peeta que estaba agachado, apoyando sus manos en sus rodillas y respirando con dificultad. Negó con la cabeza sin mirarme. Entonces llegó Gale, trotando como si no se hubiera cansado en absoluto. No pude evitar fijarme en que Peeta se irguió al acto.

- ¿Todo bien panadero?

- Estupendamente –respondió cordial. Gale me miró.

Desde ese día en el bosque en que intentó convencerme para que saliera con él que yo me comportaba de forma muy arisca con él. La verdad sea dicha yo no sé fingir, si estoy enfadada se me nota y ahora estaba enfadada con Gale. Él había intentado volver a acercarse a mí y habíamos intercambiado alguna que otra frase dentro de la cordialidad, pero sinceramente, me costaba. Nos hizo un gesto de despedida con la barbilla y se fue. Yo lo seguí con la mirada hasta que desapareció. Entonces miré a Peeta y me di cuenta de que me había estado observando.

- No sabes fingir, ¿verdad? –hizo un par de estiramientos con los brazos y empezó a andar, yo le seguí.

- Para eso te tengo a ti, tú te encargas de las diplomacias. Casi se diría que sois mejores amigos –Peeta sonrió.

- Sabes que no, pero mantenemos conversaciones como adultos que somos –me reí por ese comentario. Él tenía 17 años, todo un señor vaya. Pero siendo justos la guerra nos había envejecido mínimo diez años a todos. Llegamos a mi habitación y nos separamos con un leve beso.

Nuestra relación había dado un paso gigantesco, sobre todo desde que había aceptado mis sentimientos por él. Por fin había escuchado a mi corazón y sentía que estaba donde tenía que estar. Pero aparte de eso éramos bastante discretos. Era verdad que estábamos juntos todo el día pero solo nos besábamos en la intimidad. De hecho era algo estúpido porque todo Panem nos había visto besarnos y creía que éramos pareja, pero ahora que era de verdad era distinto. Sentía que debía proteger lo que sentía, que era algo mío y de Peeta, de nadie más. Peeta pensaba de una forma similar porque en público se mantenía cerca de mí, pero tampoco demasiado. Era su forma de protegerme del 13.

Pero dejando todo eso de lado, yo estaba profundamente enamorada de Peeta. Prim me había dicho que se me notaba mucho porque siempre estaba distraída (muy probablemente pensando en él), también decía que me miraba más a menudo en el espejo y cosas por el estilo. Pero sobretodo decía que se le notaba a él porque se le iluminaba la cara cada vez que me veía. Era difícil ser feliz porque prácticamente cada día recibíamos noticias sobre ataques tanto por parte del Capitolio como por parte de los rebeldes, que venían con sus cada vez más numerosas bajas. Pero entonces recordaba a Peeta y me sentía afortunada. Con su sola presencia era capaz de tranquilizarme y con un beso suyo era incluso capaz de olvidarlo todo. Él y Prim eran la medicina que necesitaba.

Cuando salí de la ducha me encontré con Prim llena de sangre: su bata, sus manos y parte de su cuello. Me asusté y rápidamente corrí hacia ella.

- ¡¿Qué te ha pasado?! –la cogí por los hombros pero ella me apartó con semblante cansado.

- Estoy bien, estábamos haciendo unas extracciones para el banco de sangre cuando hemos tenido un pequeño accidente y se han reventado un par de bolsas… –dejé ir todo el aire de golpe.

- ¡Qué susto me has dado! –dije sin conseguir tranquilizarme. Prim llevaba esa cara de pena que no había podido evitar pensar en lo peor.

- Han echado una bronca terrible al chico. No podemos permitirnos perder esta sangre… –me explicó con esa cara seria que se le ponía cuando hablaba de medicina. Yo negué con la cabeza, impidiendo que terminara de hablar.

- Eso me da igual, solo me interesa que estés bien.

- No, Katniss. Pronto vais al distrito 2. Tenemos que estar preparados –entonces entendí lo que realmente quería decir: estaba preocupada por mí. De algún modo participar en esas actividades la acercaba un poco más a mí.

- Todo va a salir bien –dije más por costumbre que por convicción. Sabía que desde el momento en que abandonara el 13 cualquier cosa podía pasar.

- Solo prométeme que evitarás ponerte en peligro innecesariamente –me cogió de las manos y las apretó–. Prométemelo.

- Voy a ir con Peeta, él no dejará que haga ninguna tontería –Prim frunció el ceño poco convencida.

Que fuera con Peeta y con Gale era un alivio, pero ni ellos, ni Haymitch, ni absolutamente nadie me había impedido nunca hacer una tontería y yo eso lo sabía mejor que nadie. No se me da bien trabajar en equipo porque llegado el momento sé que soy capaz de reaccionar de la manera más impredecible posible. Es como si se apagaran todas las voces a mi alrededor y solo quedara yo y el mundo. Sé que es muy egoísta pero soy fiel a mí misma, no pueden obligarme a hacer algo que no quiero.

Prim pareció aceptar mi defensa.

- Ten cuidado, solo te pido eso –yo asentí–. Voy a la ducha.

- Si, por favor –verla manchada de sangre me ponía los pelos de punta.

- Por cierto, me ha costado mucho abrir la puerta, tendremos que avisar para que nos la arreglen.

Como era costumbre fui a la habitación de Peeta pero él no estaba ahí, me subí a su cama y me quedé a esperarle. Me gustaba mucho estar ahí, las sábanas, las almohadas y todo en esa habitación olía como él. Era mi pequeño refugio en ese agujero donde ahora vivía. Al final me pudo el cansancio del entrenamiento y me dormí antes de que Peeta volviera. Cuando me desperté a media noche con sed me di cuenta de que ya estaba tumbado a mi lado, durmiendo. Suspiré aliviada, si no llega a estar ahí hubiera salido como una loca a buscarle, incluso habría despertado a la mismísima Coin.

Me daba pena despertarlo pero la verdad es que me hubiera gustado hablar con él un poco porque habíamos estado evitando un tema; la visita al distrito 2. Me tenía muy preocupada porque se acerba el día de ir. Se suponía que no íbamos a exponernos, éramos los sinsajo y debíamos refugiarnos a un lugar seguro, pero no podía evitar preocuparme. Me levanté sin hacer ruido, fui al baño y me llené un vaso de agua del grifo. Hacía un poco de frío así que volví rápidamente a la cama. Me deslicé por debajo de las sábanas y me abracé a su cuerpo. Peeta inmediatamente me rodeó con sus brazos. Por un momento dudé sobre si lo había despertado, pero cuando lo comprobé descubrí que dormía como un tronco. Le di un beso en la mejilla y dejé que su respiración calmada poco a poco me fuera llevando al reino de los sueños.

Por la mañana tampoco pudimos hablar mucho porque nos despertamos tarde y tuvimos que prepararnos rápido para llegar a tiempo al entrenamiento. Cuando le pregunté por la tarde anterior me contó brevemente que había estado practicando con Beetee. Yo le pregunté si estaba seguro de eso. Después de pensárselo un momento me confirmó que también había hablado con Haymitch.

- ¿Y bien?

- Entre otras cosas, me ha insistido mucho para que le asegurase de que me encargaría de hacer que obedecieras las órdenes –ya me lo había temido.

Cuando Peeta desaparecía era porque estaba conspirando por alguna parte. A veces con Haymitch y otras directamente con Plutarch. Me molestaba mucho que hablaran de mí a mis espaldas, pero era algo en el modus operandi de Haymitch y Peeta que no podía deshacer por mucho que quisiera. No confiaban en mí, simple y llanamente.

- Odio que hagáis eso –terminé de trenzarme el pelo y salí del baño.

- Ya sabes cómo es Haymitch, sigue actuando como si fuera mentor –dijo para quitarle hierro al asunto.

- Eso, échale la culpa a él –me acerqué a él–. No hagas como si tú no fueras el primero en querer conspirar, que ya nos conocemos –y le clavé el dedo índice en el pecho.

- No te enfades, nunca permitiría que Haymitch hablara mal de ti –levanté una ceja inquisidora pero él se encogió de hombros. No podía con él cuando se hacía el inocente. Suspiré y fui hacia la puerta. Justo cuando la abrí la mano de Peeta se posó sobre la mía y cerró la puerta de nuevo.

Antes de poder preguntar por qué hacía eso sus labios se posaron en los míos y me besó. Me di cuenta de lo mucho que lo había necesitado.

- No puedo empezar el día sin un beso tuyo –me dijo con una sonrisa y yo sentí como se me sonrosaban levemente las mejillas. No estaba acostumbrada a esas muestras de afecto, pero también sabía que ya no podría vivir sin ellas.

Me aferré a su cuello y me acerqué a su rostro buscando un nuevo beso. El anterior había sido demasiado breve. Pero justo cuando la cosa se ponía interesante Peeta se separó suavemente de mí.

- Estamos haciendo tarde… –susurró mucho a su pesar. Yo rodé los ojos. ¡Qué manía en querer seguir las reglas!

- Aguafiestas –y le robé un último beso antes de escabullirme por la puerta. Peeta rápidamente me siguió y ambos corrimos por los pasillos hasta llegar al entrenamiento.

Al final pasaron los días y nunca llegamos a hablar de la inminente visita al distrito 2. Cuando saqué el tema la misma mañana que nos íbamos me di cuenta de por qué Peeta había estado evitando el tema:

- Solo prométeme que no harás estupideces –me dijo serio.

- ¿Yo? Eso nunca –y no pude evitar reírme. Nunca había dicho una mentira tan clara y eso era decir mucho teniendo en cuenta mi expediente.

- Katniss, te lo digo enserio –y su seriedad me preocupó.

- ¿Qué?

- Lo que pasó en el hospital… entiendo que quisieras defenderlos. Yo mismo subí contigo a la azotea para derribar esos aerodeslizadores pero esta vez es distinto –y me puso las manos en los hombros, ahora su seriedad me asustaba–. Prométeme que no harás ninguna estupidez. Si nos piden que nos escondamos, te escondes. Da igual lo que pase a fuera, ¿vale? Da igual lo que hagan los otros, nuestra única misión es mantenerte con vida a ti, ¿entiendes? –aparté sus manos de un golpe.

- ¿Qué pasa contigo? ¿Otra vez hablando con Haymitch a mis espaldas? –me ofendí.

- No, Katniss…

- No sé cómo no me has encerrado en mi habitación –dije ofendida–, allí seguro que no me hubiera pasado nada.

- No me refiero a eso…

- ¿Entonces qué? –bufé.

- Solo prométeme que nos harás caso. Tú no sabes ver el peligro pero nosotros sí. Hazle caso por una vez –y me señaló el auricular.

- Mira, puedes comértelo con patatas –dije intentando quitármelo.

- Las manos quietas –me avisó una voz. Cuando le miré encontré a Haymitch que había venido al andén a despedirse–, recuerda ese chip que aún puedo insertarte en el cerebro –sentí como la indignación me recorría. Estaba a un segundo de estallar.

- Vaya, ¿de vuelta al Vasallaje? ¿Qué más habéis planeado a mis espaldas?

- Nada –insistió Peeta–, solo queremos asegurarnos que estés sana y salva.

- Creo que ya he demostrado que puedo hacerlo –y con eso me subí al aerodeslizador. Había vuelto a mentir, si había sobrevivido hasta ahora era gracias a ellos pero intenté obviar ese pequeño detalle. Al cabo de unos segundos lo hicieron ellos. No los miré y Peeta no se sentó a mi lado.

Estaba tan enfadada que estaba olvidando mi mayor preocupación: ver a Peeta y Gale armados de nuevo, camino al campo de batalla. Estaba siendo muy injusta, entendía el miedo de Peeta a la perfección porque era el mismo que yo sentía. Sabía que era muy probable que no nos pasara nada, pero después de lo que sucedió en el hospital donde nos hirieron era inevitable no pensar que una situación así podría volver a repetirse. Entonces, ¿qué es lo que me cabreaba? Supongo que su actitud, ese complot. Obviamente iba a cuidarme, y también a ellos. No planeaba suicidarme ni mucho menos, pero seguían sin confiar en mí y eso me dolía. No hablé durante todo el recorrido, ni siquiera cuando nos contaron la situación del hueso, la montaña donde se escondían los afines del distrito dos al Capitolio.

- Anima un poco esa cara –me dijo Gale cuando al final levantó la mirada del mapa que había estado estudiando. Yo le miré con cara de no entender– Sé que esto no es un gran destino turístico pero a este paso vas a lograr deprimir a todo el pelotón.

- Oh, déjame –y me fui de la tienda de campaña.

- ¿Tú sabes qué le pasa? –oí que Gale preguntaba a Peeta.

- Esta situación no es agradable para nadie –era una forma elegante de defenderme cuando yo estaba actuando como una niña malcriada.

Cuando Peeta vino finalmente a buscarme se sentó a mi lado y me lo dijo directamente:

- No entiendo por qué te comportas así. ¿A caso no harías tú lo mismo si fuera al revés? –rodé los ojos. Odiaba cuando tenía razón.

- No es eso.

- ¿Entonces? –le miré sin saber qué decir. Eran tantas cosas a la vez: Gale planeando cómo matar a los que se refugiaban en el Hueso, el sentimiento de sentirme inútil porque no confiaban en mí, la frustración de ser siempre el último mono en enterarse de las cosas, el miedo por perderlos a todos de nuevo… eran tantas cosas mezcladas que me impedían explicarlo.

- Nada. Voy a matar a Snow, eso es todo –de repente volvía a estar malhumorada.

- Muy bien –me dijo y se levantó.

- ¿Dónde vas? –se encogió de hombros.

- A dar un paseo –le miré unos momentos antes de volver a fijar la mirada enfrente.

- No vayas muy lejos –con eso entendió que no lo acompañaría. Cuando lo miré de reojo comprobé que ya se había ido. Me pasé las manos por la cara, exasperada. ¿Así iba a protegerlo? Menudo plan. Me levanté–. Peeta espera… ¡Peeta! –él se detuvo y me miró serio.

- Tenéis razón, tú y ese estúpido borracho –decir eso estaba siendo muy doloroso pero hice un esfuerzo–, pero me duele que no confiéis en mí. Hasta ahora hemos conseguido salir adelante, ¿no? Podríais confiar en mí por una vez, no soy una inútil –y sentí el escozor de las lágrimas. Era absurdo darme cuenta de lo mucho que me había dolido eso y que ahora iba a romper a llorar delante de Peeta en cualquier momento. De nuevo, menudo plan.

- No eres una inútil –cuando vi que relajaba su expresión sentí que un gran peso se iba de mis hombros. Peeta ya no estaba enfadado, ya podía volver a respirar.

- ¿Entonces? –Peeta me abrazó y yo me aferré muy fuerte a él.

- Te lo contaremos todo, ¿vale? Solo prométeme que no harás ninguna estupidez.

- Te lo prometo –por suerte iba a ser difícil romper esa promesa cuando nos habían adjudicado guardas día y noche.

Mi buen humor me duró poco, justo el tiempo en que tardó Gale en proponer su estrategia: encerrarlos dentro de la montaña y matarlos a todos, cosa que me horrorizó. En cambio, Peeta quería darles la oportunidad de rendirse y unirse a nosotros. Dos puntos de vista contradictorios de la guerra.

- ¿Tan pronto olvidas lo que te hicieron en los juegos? –le retrajo Gale.

- Precisamente –se defendió él– sé lo que es que te obliguen a participar en algo que no quieres. Ahí hay a rebeldes de los nuestros.

- Si yo estuviera ahí aceptaría que nos mataran por la causa.

- Pero tú no puedes decidir por ellos –entré en la conversación. Gale me miró con reproche.

- Si ellos no hubieran creado este sistema, tu padre y el mío aún seguirían con vida –eso me hizo callar. Sabía todo lo que habían hecho pero aún y así…

- Esa gente en concreto no mató a tu padre –le recordó Peeta.

- ¡Son sus amigos! Ellos no dudarían en hacer lo mismo que yo propongo pero contra nosotros –Peeta y Gale no iban a ponerse de acuerdo. Creía que ambos tenían razón y yo estaba en el medio, no podía terminar de posicionarme. Me pregunto cómo hubiera actuado Gale en los juegos. Pero una cosa sí sabía y era que Peeta valoraba la vida, incluso la de sus enemigos y me sentí terriblemente orgullosa de él.

- Bueno creo que es hora de tomarnos un descanso –propuso Beetee. Menos mal, eso ayudó a relajar un poco el ambiente. Había temido que Peeta y Gale se lanzaran al cuello del otro pero volvían a ser amistosos entre ellos, sabían diferenciar las cosas.

Al final dieron luz verde al plan de Gale pero iban a darles la oportunidad de unirse a nosotros. Peeta y yo nos miramos, habíamos logrado algo pero no parecía suficiente. Nuestro trabajo iba a ser el de dar un discurso para persuadirles de que se unieran a nosotros.

- Hacedlo rápido, no queremos que estéis expuestos más de lo necesario –me indicó Haymitch por el auricular. Peeta me dio un apretón de mano, yo le miré.

- Vamos a hacerlo.

Y como siempre, las cosas se torcieron. No sé por qué me sorprendo si eso es una constante en mi vida. Yo actué siguiendo un impulso en contra de lo que Haymitch me gritaba y rompí la promesa que le había hecho a Peeta.

Cuando desperté en el hospital me sorprendí. Sinceramente había creído que ese disparo me había matado. No sabía qué me habían perforado, pero estaba siendo muy, muy doloroso. Pero iba a haber algo más doloroso que esas punzadas e iba a ser el momento de enfrontarme a Peeta. Ahora veía su punto, él siempre había sabido que yo haría algo así e intentó avisarme pero no le hice caso. No puedo remediarlo, yo soy así. No miento a nadie, hago lo que llevo haciendo desde el primer día que empezó todo este infierno: hacer caso a mi instinto.

- Oh Prim, hola –por un momento había temido que fuera Peeta quién había abierto la puerta. No me apetecía nada una discusión ahora mismo y por suerte ella no iba a gritarme... ¿por qué hacía esa cara?– Prim ¿qué pasa? ¿Le ha pasado algo a Peeta? –me puse muy nerviosa e intenté levantarme pero un dolor agudo me volvió a la camilla.

- Recibió un balazo en el hombro, pero el tiro fue limpio, se recuperará –mierda. ¿Qué he hecho? Intenté recordar los acontecimientos pero solo podía recordar a ese hombre que intentaba convencer y a esa bala apareciendo de la nada. Peeta seguro que debió seguirme en algún momento. Mierda. Me pasé las manos por la cara– Sé que no es fácil a lo que te enfrontas Katniss pero… –hizo una pequeña pausa– esta gente quiere protegerte… ¿por qué no te dejas proteger? –no me había esperado eso en absoluto.

- ¿Qué? –esas palabras me sonaban demasiado– ¿Y quién te dice a ti que hoy he tenido elección? –Obviamente había tenido elección, pero no iba a decírselo– ¿De verdad crees que yo quiero estar aquí tumbada? No sé qué me he roto pero duele una barbaridad.

- Solo digo lo que veo y sé que hacen todo lo posible por protegerte pero que tú siempre sales al encuentro –me acusó directamente. Esto no iba por buen camino y no estaba de humor como para centrarme en mi autocontrol.

- Vale, no hay problema, le diré a Snow donde voy a estar en cada momento y le pediré educadamente que retire sus tropas en esos lugares, ¿te parece bien eso?

- ¿No lo entiendes? –me dijo suplicante– Cada vez que me dicen que vuelves a estar en el hospital yo… nosotros te curamos, tú vas a la guerra, vuelves herida, te curamos y vuelta a empezar… Crees que podemos curarte una y otra vez y arreglar lo que sea que hagas, pero creo que deberías empezar a tomarte enserio lo de salir ilesa de las misiones –era la primera vez que me hablaba con tanta dureza. Apreté los dientes con indignación, no podía tolerar que me hablara así.

- Si os cansáis de curarme, dejad de hacerlo y ya –solté sin miramientos. Prim resopló y a mí me dio igual herir sus sentimientos.

- Te pusiste a tiro delante de los del Capitolio –se quejó Prim y eso la delató, alguien se lo había dicho. Se dio cuenta y desvió la mirada.

- ¿Quién te ha dicho eso? –ella evitó responder.

- Sé que podías haberlo evitado, a veces parece que…

- ¿Qué Prim? Vamos, dilo –la reté.

- A veces parece que busques que te pase todo esto –dijo al final, prendiendo del todo mi mecha. Vaya, ¿así que lo busco? Una frase flotó en mi mente: "¡me presento voluntaria como tributo!". Sí que lo busqué, le daba la razón en eso.

- ¿Qué son todos estos gritos? –Peeta entró en el momento justo, evitando así que dijera una grandísima barbaridad. Mis ojos volaron hasta su hombro donde tenía un vendaje. Mi malhumor se vio menguado, pero no desapareció– ¿Qué está pasando Prim? –no dejé que respondiera.

- Cree que puedo evitar que la gente quiera matarme ¿Has sido tú quién le ha metido esta idea en la cabeza? –le acusé directamente y vi la frustración y el enfado en su mirada.

- ¿Así que crees que sigo haciendo complot a tus espaldas? –me acusó él ahora a mí.

- Se lo oí decir a Haymitch –intervino Prim rápidamente. No sabía de qué iba todo eso pero intuyó que no era nada bueno. Había errado el tiro, Peeta no se había chivado. Mierda.

- No sería la primera vez –intenté excusarme.

- Oh, ya claro, ¿sabes? No soy yo el que rompe las promesas –estaba muy dolido y muy, muy enfadado–. Nunca utilizaría a Prim en tu contra –me había desarmado. Todo esto era única y exclusivamente culpa mía. ¿Tan poco confiaba en él? Estaba desorientada, todo estaba sucediendo muy rápido– ¿Sabes qué? Haz y piensa lo que quieras –y se fue. Prim me miró y luego salió detrás de Peeta, oí cómo le llamaba por el pasillo.

Herida física y psicológicamente, sola y devastada. Recibía lo que merecía.

**Nota autora: Capítulo recién salido del horno. Me ha llevado un poco porque me ha costado decidir qué rumbo debía tomar la historia, además que este es bastante largo. ¿Qué os ha parecido? Sé que las discusiones no son plato de buen gusto para nadie pero para tener veracidad Katniss y Peeta deben tener problemas (por desgracia es lo que ha caracterizado su relación desde siempre) así que toca sufrir un poquito y ya veremos cómo continua…

Por cierto publiqué también un Oneshot sobre ellos hace un tiempo, podéis echarle un vistazo de mientras y ya sabéis lo de mi instagram (angela_moiras_art). ¡Espero vuestros comentarios! ¡Besos!