Capítulo 11: Mordisquitos

Bueno, se podría decir que la reconciliación había sido todo un éxito. No había sido tan feliz en toda mi vida y volver a despertarme al lado del chico del pan me sabía a gloria bendita. Habíamos hecho muchos descubrimientos esa noche y yo era la primera sorprendida porque yo jamás imaginé que pudiera ser capaz de hacer algo así, pero lo había hecho y no me arrepentía en absoluto. Aunque realmente aún nos quedaban cosas por descubrir. Yo había algo que tenía muy pero que muy claro: no iba a ser madre, no al menos mientras existiera un régimen que obligara a tus hijos a participar en los juegos del hambre. Peeta estuvo muy de acuerdo con eso y teniendo en cuenta que no disponíamos de ningún medio para remediarlo en ese momento, nos vimos obligados a utilizar la fuerza de voluntad para evitar que eso sucediera. Lo bueno fue descubrir que había otras formas de pasarlo bien, y de momento con eso ya estaba más que satisfecha.

Sentía el cuerpo relajado, era como flotar en una nube y Peeta estaba conmigo, enredado a mi cuerpo. De hecho no había ni oído el despertador, pero Peeta sí, y estaba intentando despertarme.

- ¿Enserio tenemos que ir hoy? –pregunté a su pecho.

- Ya sabes, sino no nos dejaran hacer el examen de soldado –bufé al recordarlo.

- Maldita Coin, somos el sinsajo, ¿no deberíamos ser VIP o algo así? –Peeta rio y sentir su aliento en mi mejilla me estremeció.

- Quiere controlarnos, hacernos saber que estamos bajo sus reglas.

- Debería presentarse a jueza de los juegos, se le daría de fábula.

- ¿Le dedicarías un muñeco ahorcado? –no pude evitar empezar a reírme como una tonta. Esta es una de las pocas cosas de las que me siento orgullosa, esto y lo de ensartar la manzana que tenía el cerdo en la boca con una flecha delante de los vigilantes. Si, son mis dos hazañas favoritas. Aunque realmente estaba siendo cruel, Seneca Crane nos salvó a Peeta y a mí, pero también mató al resto de los tributos. Tenía sentimientos encontrados con esta persona.

- Si, pero esta vez necesitaría algo más que pintura, necesitaría una peluca –Peeta fue quién se rio esta vez y me abrazó más fuerte, yo no pude evitar volver a cerrar los ojos. Normalmente hablar de esos temas me enfurecía y me daba cuerda para rato, pero no me quedaba suficiente odio y rencor en mí como para seguir quejándome. Peeta había conseguido quitármelos con esa risa.

- Vamos, tenemos que ir de verdad, haremos tarde –resoplé y me levanté.

- De acuerdo, ¡Effie! –y le saqué la lengua a modo de queja. Entonces me di cuenta que no tenía ropa para ponerme.

Peeta me había dejado una de sus camisetas del pijama, pero iba a necesitar algo más que eso para ir al entrenamiento. Por un momento me planteé coger uno de los uniformes de Peeta. Sinceramente no había mucha diferencia entre los modelos para hombres y mujeres, pero si alguien se fijaba podría descubrir que llevaba la ropa de Peeta…

- Esa mirada me preocupa, ¿en qué estás pensando? –dijo sonriendo. Abrí el armario.

- No sé si robarte un uniforme…

- Creo que no son de tu talla –dijo él simplemente y yo me reí un poco. Me irían anchos de los hombros y cortos de los pantalones porque era un poco más alta que él.

- Tendré que pasar rápido por a mi compartimiento entonces –Peeta se agachó, recogió algo y me lo tendió.

- Al menos ponte los pantalones del pijama, alguien podría verte en el pasillo –bien visto. No quería que mi madre y mi hermana me vieran entrar semi-desnuda al compartimento. Cogí los pantalones.

- ¿Por qué no te traes algo de ropa aquí? –de hecho era lo más lógico, antes de nuestra pelea siempre estaba utilizando su ropa y todas sus cosas. Pero había algo que me inquietaba y no pude evitar mirarle con recelo.

Cuando alguien se casaba en el 13 no se hacían grandes ceremonias, solo se les asignaba a la pareja un compartimiento y ya. Teniendo en cuenta eso y nuestra relación, no sé hasta qué punto se podría considerar que pasaríamos a ser un… bueno, ¿una pareja muy formal cuanto menos?

- Veré qué puedo hacer –dije intentando alejar ese pensamiento. Entonces fue el turno de Peeta de arrugar le entrecejo– ¿qué pasa? –con sumo cuidado me apartó el pelo que descansaba en mis hombros. Lo había hecho tan despacio y con tanta preocupación que me asusté. Se tapó la boca con una mano cuando vio mi cuello.

- Oh Katniss lo siento muchísimo, no me di cuenta que… Oh, mierda, ¿te duele? Lo siento… –no entendía ese avalancha de disculpas. Pero entonces vi el cuello de Peeta y engrandecí los ojos. Me puedo imaginar lo que ha visto en mí.

- No tenemos maquillaje a mano, ¿verdad? –él negó despacio. Fui al baño y me miré en el espejo. No me dolía en absoluto y me hacía cierta gracia, sobre todo si recordaba cómo me había hecho esos pequeños moratones, pero había un pequeño problema– Se ven a leguas… –mi piel era muy blanca y destacaban muchísimo. Peeta se puso a mi lado, analizando nuestro reflejo.

- Quizás puedas taparlos con el pelo –me volvió a colocar el pelo encima de los hombros.

- Los tuyos están bajos, quizás los tape el uniforme… –observé yo a través de la imagen del espejo. No pude evitar también fijarme en su torso desnudo. Reprimí las ganas de recorrerlo con mis dedos una vez más antes de empezar el día.

- Oh, por mí no te preocupes lo más mínimo –y una sonrisa socarrona se apoderó de sus labios–. Los llevaré con orgullo, como si fueran medallas honoríficas –su buen humor me molestó un poco pero no pude evitar sonreír levemente.

- No seas bobo, esto es serio. ¿Qué dirán los entrenadores militares? No sé si hay alguna norma que prohíba las relaciones entre los reclutas o algo…

- No seas ilusa, todo el mundo lo sabe. Llevamos haciendo propaganda de ello por todo Panem desde hace más de un año. Quizás para esto sí que somos VIP –y volvió al cuarto para vestirse, ya que solo llevaba sus calzoncillos. Le imité y me puse los pantalones.

- Ya pero eso era mentira, esto es de verdad…

- Oír eso me duele y me alegra a la vez –le miré con reproche, ¿aún seguía molesto por eso?– es broma –añadió–, adoro que hayas dicho que esto es de verdad –resoplé, ¿cómo no iba a serlo después de todo lo que habíamos compartido? Antes iba a medias, pero justo antes del Vasallaje, cuando me despedí de mi familia y de Gale, tengo que reconocer que entregué completamente mi corazón a Peeta y seguía siendo así hasta la fecha.

- Solo espero que no nos haga ver débiles. Recuerda que Coin podría utilizarlo en nuestra contra –le di un rápido beso en los labios y luego abrí la puerta para irme–. Nos vemos en el comedor.

- No tardes o nos lo cerraran –me avisó.

- No te preocupes, iré rápido –ya nos había pasado una vez y no fue nada divertido correr con el estómago vacío.

Efectivamente el distrito 13 tardó como medio segundo en darse cuenta de que Peeta y yo habíamos hecho las paces. Gale se me acercó riendo y me señaló el cuello.

- Vaya, veo que la reconciliación fue bien.

- Ssshh, no tiene gracia –dije avergonzada y apartando a manotazos ese dedo acusador. Peeta, que había estado hablando con otros reclutas, se acercó a nosotros.

- Buenos días Gale –dijo él cordialmente.

- Buenos días panadero –y se sostuvieron la mirada. Sentí cómo empezaba a crecer la tensión. Entonces Gale le tendió la mano, al cabo de un segundo Peeta lo imitó y encajaron las manos.

- Oh, chicos… –estaba orgullosa de ellos. Esa era su forma de quedar en paz.

- Trata de cuidarla bien o tendré que hacerlo yo –la sonrisa de Gale no coincidía con la dureza de sus palabras. Empezaron a medir sus fuerzas a través de ese encaje de manos.

- No te preocupes por eso –respondió con la misma sonrisa inocente a pesar de que sus manos temblaban de la fuerza que estaban haciendo. Todo mi orgullo por ellos desapareció.

- Vale ya basta, ambos necesitáis las manos ¿recordáis? –y me puse en medio para separarlos.

- Tienes razón, ya es suficiente con tener que vivir con tan solo una pierna, ¿verdad? –y le guiñó un ojo a Peeta.

- ¡Gale! –no me lo podía creer, eso había sido tremendamente cruel, pero Peeta mantuvo la calma y la sonrisa.

- Déjale, sabe lo que se dice. A él le faltan la mitad de las neuronas –engrandecí los ojos.

- ¡Peeta! –me quejé esta vez.

- Buff tienes que mejorar las respuestas –dijo Gale haciendo una mueca–. Si no te importa consideraré que he ganado yo este asalto.

- Claro, anótate el punto –y entonces Peeta pasó un brazo alrededor de mi cintura y me atrajo hacia sí. A Gale se le borró la sonrisa de golpe. Sonó un silbato.

- Reclutas, ¡aquí! –Gale no dijo nada más y se unió al grupo.

- ¿Me acabas de utilizar de trofeo? –le susurré a Peeta que tenía una sonrisa de mil diamantes.

- Lo de las neuronas no ha sido muy elocuente pero le he dado la vuelta ¿eh? El punto lo he ganado yo de calle –dijo súper orgulloso. Me separé de él para castigarlo.

- ¿Vais a estar siempre así? –pregunté con cierto tono de súplica.

- ¿Hemos dejado nunca de estar así?

Como en una semana íbamos a hacer el examen, nos pusieron el doble de entrenamientos. A la hora de cenar estábamos todos los reclutas deshechos. Los tres entramos juntos así que nos sentamos juntos en el comedor. Cuánto había añorado poder hacer eso (pero no había añorado en absoluto los comentarios sarcásticos que se iban intercambiando). Cuando Prim nos vio rápidamente corrió a nuestra mesa.

- ¿Esto significa lo que creo que significa? –dijo Prim emocionada. Sentí cómo se me encendían ligeramente las mejillas. Asentí– ¡Viva! Qué alegría –dejó la bandeja en la mesa y se sentó al lado de Gale–. Ya lo sospeché ayer cuando no dormiste en el compartimento pero no podía estar segura, has desaparecido otras veces –cierto, no podía culparla por pensar así.

- Tranquila hay otra prueba mucho mejor –y con la barbilla Gale nos señaló. Acto seguido me aseguré de que el pelo me ocultara el cuello, pero ese gesto solo consiguió que Prim centrara la mirada en ese punto.

- ¿Eso son chupetones? –dijo completamente perpleja. Luego miró a Peeta en busca de más pruebas. A Peeta no se le veían tanto, pero claro si lo buscabas expresamente veías cómo sobresalían ligeramente por el cuello de su camisa.

- Baja la voz Prim –dije preocupada.

- Prim no es el problema –me recordó Gale y le lancé una mirada asesina antes de pasarme las manos por la cara, derrotada. Si era tan obvio para todos iba a recogerme el pelo con una cola bien alta para que así todo el mundo lo viera. Quizás si veían que no trataba de esconderlo dejarían de molestarme con eso.

- Buen provecho chicos, vaya veo que hoy somos más. ¡Qué bien! –esa voz cantarina me devolvió a la realidad. Delly se había sentado al lado de Peeta. Gale me la señaló con un ligero movimiento de cabeza. Le respondí con una mirada amenazante, más le valía no decir nada del tema, pero algo me hacía pensar que encontraría la manera de vengarse de Peeta por lo que le había hecho esta mañana– ¿Cómo ha ido el entrenamiento?

- Nos están dando mucha caña –dijo Peeta sin apartar la mirada del plato.

- Disculpa, creo que no sé tu nombre –intervino Gale– ¿por qué no nos presentas Peeta? –Gale evitó a posta mirarme porque supuso (acertadamente) que le estaría lanzando una nueva mirada asesina. Me planteé darle una patada por debajo de la mesa para captar su atención pero estábamos tan estrechos que me dio miedo patear a la persona equivocada así que me contuve.

- Sí, claro –pude ver cómo se ponía tenso, pero fue solo por unos momentos. Peeta era muy buen actor, siempre ha sabido camelarse al público y ahora estaba claro que iba a utilizar ese talento para salir de esa situación–. Ella es Delly Cartwright, estudiaba en el colegio con nosotros. Él es Gale Hawthorne, seguro que lo recuerdas mejor si te lo imaginas cargando un ciervo en el hombro –y encima seguían con su juego estúpido. Estaba a punto de empezar a morderme las uñas.

- No le hagas caso, Mellark es un bromista –dijo Gale restándole importancia.

- ¡Claro que me acuerdo! –dijo Delly muy animada– Además nos salvaste cuando nos atacaron en el 12. Aún no había tenido la oportunidad de agradecértelo en persona y me alegro de poder hacerlo ahora, de verdad, muchísimas gracias Gale –lo dijo con tanta amabilidad que Gale pareció perder las ganas de hacer broma.

- No hay de qué, haría lo que fuera para ayudar a mi gente. De hecho me arrepiento de no haber podido salvar a más.

- Te debemos la vida Gale y eso es algo que jamás olvidaré –dijo seria. Vale, ya era oficial, Delly había logrado desarmarlo con su dulzura. Un momento, la expresión de Gale delante de la amabilidad de ella… un intento de idea se me cruzó por la cabeza pero era tan ridícula y estúpida que la deseché antes de que incluso se formara completamente en mi mente. Peeta continuó con su tarea de las presentaciones.

- Y bueno ella es Katniss, pero creo que ya os conocéis –dijo un poco nervioso.

- Sí –y saqué la cabeza para poder saludarla apropiadamente, ya que por como estábamos sentados Peeta me la tapaba–, pero por desgracia nunca hablamos mucho –dije amablemente. Ahora fui yo quién evité mirar a Gale que de seguro me reprocharía esa amabilidad tan repentina.

- ¡Y cómo hacerlo! –dijo sonriente– Todas las chicas de clase te teníamos envidia. Ya eras una celebridad en ese entonces –eso me dejó desconcertada.

- ¿Enserio? No es eso lo que recuerdo…

- Katniss cree que pasaba desapercibida –le aclaró Peeta.

- ¿Qué? ¿Cómo piensas eso? –se horrorizó.

- ¿Ves? Te lo dije, deberías escucharla –me aconsejó él.

- Todo el mundo tenía miedo del bosque pero tú no, tú ibas ahí a cazar.

- No es miedo sino respeto, el bosque no es precisamente un lugar seguro –intervine.

- Y encima eras la reina del Quemador.

- Yo no diría tanto… –Delly negó con la cabeza.

- Es verdad que no se lo cree –dijo mirando a Peeta con preocupación, volvió a mirarme–. Mira, si había alguien capaz de ganar los Juegos del Hambre esa eras tú. Nadie del 12 tuvo nunca ninguna duda –y lo dijo con tal seriedad que hasta me lo creí. Pero resultaba difícil pensar que alguien llegara realmente a apreciarme o admirarme teniendo en cuenta mi antipático carácter.

- Te lo dije –me repitió Peeta. Entonces recordé que su madre también dijo que iba a ganarlos yo y me sentí mal por él. Nadie creyó en Peeta, cuando era en él en quién recaía la verdadera clave de mi supervivencia: él nos entrenó para el Vasallaje, me ayudó con mis pesadillas y su apoyo fue absolutamente imprescindible. Pero eso solo sabíamos Haymitch y yo.

- Pero nunca hubiera podido ganar sin Peeta –Gale ahogó una risita. Incluso Peeta resopló levemente.

- No hace falta que me animes –dijo sonriendo.

- Es la verdad, lo juro –y entonces me di cuenta que tenía que enfrontarme a toda esa mesa, porque nadie creía realmente en Peeta, ni siquiera él mismo–. Consiguió el apoyo del público, por mí misma jamás hubiera conseguido patrocinadores.

- No es por ofender –dijo Gale–, pero tus conocimientos de caza y del bosque fueron claves.

- Y le curaste la pierna –intervino Prim. Claro, cómo no. Con lo que le gustaba tratar el pus seguro que se acordaba perfectamente de la pierna supurante de Peeta.

- Él me mantuvo cuerda –dije apretando los dientes–. No todo se reduce a la condición física. Llega un momento en que da igual que hayas comido, que hayas dormido o incluso que estés herido –entonces miré a Peeta, quería que lo entendiera de verdad–. La soledad era agobiante, sobre todo después de la muerte de Rue –decir su nombre en voz alta me hizo tener un pequeño temblor. Hacía mucho que no hablaba de ella con nadie–. Si no hubiera podido contar con tu apoyo yo… no sé qué hubiera sido de mí –la mesa entera se había sumido en un silencio sepulcral. Creo que también era la primera vez que hablaba de los juegos delante de la gente. Peeta me cogió de la mano.

- Gracias –fue lo único que dijo, pero lo dijo con tanta sinceridad y sentimiento que sentí que me había entendido. Entonces se acercó a mí y me besó. Lo recibí con gran cariño porque un sentimiento de tristeza me había invadido ahora que había recordado todo eso. Me abrazó y yo apoyé mi cabeza en su hombro.

- Nos salvamos mutuamente, no lo olvides –le susurré. Me acarició la espalda.

- De acuerdo –y cerré los ojos.

Me había dejado embriagar por la complicidad de la situación y por su aroma. Cuando nos separamos me sorprendí de descubrir que no estábamos solos y que Gale, Prim y Delly habían presenciado esa escena a menos de un metro de distancia. Me avergoncé un poco por ello pero no me sentí capaz de soltarme del brazo de Peeta. Había sido un día duro, estaba cansada y entristecida. Solo me apetecía acurrucarme al lado de mi chico del pan y dejarme mimar.

- Lo siento tanto Katniss –me sorprendió mucho escuchar la voz de Delly.

- ¿Por qué? –dije un poco aturdida.

- Todos sabemos lo que os hicieron –esa seriedad chocaba con su carácter y me preocupé un poco–, pero creo que no podemos llegar a imaginarnos por lo que habéis pasado realmente. Yo… podría haberme tocado a mí… lo siento… no sé cómo expresarlo pero… no deberían enviaros a la guerra, no deberían haceros grabar ningún spot. Ni siquiera deberían atreverse a criticaros por lo que sea que hagáis. No sois alguien más.

- Lo saben, por eso les hicieron Sinsajo –dijo Gale dando una cucharada a su estofado.

- No… no me refiero a eso… es decir la Vila de los Vencedores existe pero os obligaron a volver a la arena y… –Delly estaba frustrada, no conseguía expresar lo que sentía pero yo la entendí perfectamente.

- Gracias Delly, significa mucho –pero eso no pareció calmarla. Supongo que la inocente Delly no se había dedicado a pensar profundamente en todo eso, seguramente sus pensamientos solo se habían centrado en alegrarse de que ella no fuera escogida tributo. Además que habíamos sido unas desconocidas realmente hasta ahora. Supongo que por primera vez se estaba poniendo realmente en mi lugar.

- Lo siento –fue lo único que pudo decir.

- No es tu culpa –le recordé. Ella se encogió de hombros. Parecía que no sabía qué más añadir. Estaba tan desanimada que sin pensarlo alargué la mano y le cogí la suya–. Pero pase lo que pase no vamos a dejar que esto pueda con nosotros –asintió y me devolvió el apretón de mano.

Después de eso comimos en silencio, supongo que aun pensando en esa conversación que habíamos tenido. Al terminar nos dirigimos a los compartimentos, le di un abrazo y un beso de buenas noches a Prim y me reuní con Peeta en su habitación.

- ¿Qué? –dije al ver esa expresión de serenidad que tenía. Él se acercó a mí y me cogió de las manos.

- Estoy orgulloso de ti –parecía hasta incluso emocionado.

- ¿Por?

- Por todo. Por lo que has dicho. Has sido muy amable con Delly.

- La pobre se había asustado mucho, no podía dejarla así –dije restándole importancia. Él negó con la cabeza y me tomó un poco más fuerte de las manos.

- Igualmente me has sorprendido, porque tú no sabes fingir, lo que significa que lo que has dicho hoy es lo que piensas realmente –me encogí de hombros–. Eres demasiado buena, como con Maggs y Wires, tú no sabes ser malvada, te puede más tu lado bondadoso.

- ¿Te estás oyendo? Menuda estupidez –dije a punto de ponerme a reír, había tanto donde escoger que hasta incluso me costaba seleccionar un ejemplo de por qué yo no era una buena persona. Pero me abrazó y no pude replicarle.

- A veces pienso que no podría amarte más, pero luego simplemente consigues hacerlo de nuevo –me meció levemente–. Gracias por lo que dijiste sobre mí.

Y le besé porque no quería que siguiera hablando. Mi mayor inseguridad era creer que yo no era buena para él. Lo pensaba varias veces al día. Incluso Haymitch me lo había dicho. Por eso cuando era tan dulce no podía sino sentirme culpable, porque yo nunca iba a ser tan buena como él.

Peeta cogió mi mejilla para asegurarse de tenerme lo más cerca posible en ese beso y yo enredé mis dedos en su pelo. Fue tirando de mí hasta que llegamos a la cama.

- Te quiero –susurré entre besos.

- Y yo a ti.

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**Nota de autora: Muchísimas gracias por vuestros comentarios, me animan a seguir escribiendo el fanfic. Espero que os haya gustado este capítulo pese a que no haya sido tan "intenso" como el anterior, pero creo que también tiene su qué, ¿no creéis? Sin embargo acepto sugerencias.

Espero que todo os esté yendo bien. Os envío muchos besos, cuidaos!