Sonó el despertador y yo me di la vuelta intentando alejarme de ese ruido estridente. Empecé a escuchar bostezos y sábanas corriéndose.
- ¿Katniss? –esa era la voz de Prim. Por un momento me asusté porque no logré ubicarme, abrí los ojos y vi que estaba en mi compartimento– ¿Qué haces aquí? –esa era una muy buena pregunta, ahora solía hacía falta recordar la respuesta…– Creí que estabas con Peeta –y ahí estaba la respuesta. Abrí los ojos de golpe y mis mejillas se encendieron a más no poder. Prim me miraba con verdadera curiosidad. Yo me senté e intenté buscar la mejor forma de explicarlo.
- Si, bueno, es solo que hemos pensado que estaría bien que tuviéramos un poco de tiempo para nosotros mismos… –me levanté y fui al armario, intentando evitar más preguntas por parte de Prim, pero ella me siguió, no iba a dejar ese tema tan fácilmente.
- ¿Tiempo? ¿Os habéis vuelto a pelear? –preguntó muy preocupada.
- No, no es eso. Estamos bien.
- ¿Entonces? –me estaba empezando a poner nerviosa.
- Pues lo que ya te he dicho, que a veces va bien tener un poco de espacio para uno mismo…
- ¿Tan rápido os habéis cansado el uno del otro?
- Prim, ¡no es eso! –Prim se había ganado mi confianza como confidente pero nunca, jamás, iba a contarle la verdad sobre esto– Además esta también es mi habitación, tengo todo el derecho del mundo a dormir aquí, ¿no?
- Pero no tiene sentido –replicó ella–, si tú siempre querías ir…
- Prim –oír la voz de mi madre me descolocó completamente, como nunca hablaba con ella, a veces incluso olvidaba que también podía participar en las conversaciones–. No insistas tanto, déjala tranquila –eso sí que me dejó estupefacta. Mi madre dándome la razón a mí y no a Prim. ¿El mundo se había vuelto loco o qué?
- De acuerdo, lo siento… –Prim obedeció al acto.
- Y ahora date prisa, recuerda que hoy empiezas más pronto –Prim asintió y se encerró en el baño.
Yo seguía mirando a mi madre sin creerme lo que había pasado y entonces ella me miró directamente. No entendía nada, ¿qué pasaba?
- Sé que no te he ayudado en todo lo que hubiera debido, pero si lo quieres aún puedo aconsejarte sobre ciertos temas –mi madre no solo me había defendido delante de Prim, sino que se la había quitado del medio para poder hablar conmigo a solas. Ya no era una pregunta sino una afirmación: el mundo estaba completamente loco.
- ¿Qué? –fue lo único que pude preguntar.
- Te estoy hablando de Peeta –el corazón empezó a latirme muy rápido. ¿Hasta dónde sabía mi madre?–. No pretendo entrometerme en vuestra relación, eso es cosa tuya. Pero si necesitas cualquier cosa solo dímelo ¿vale? –estaba aturdida pero finalmente asentí.
- Vale, gracias... –recogió sus cosas y se acercó a la puerta.
- Nos vemos más tarde, que te vaya bien el día.
- Gracias, igualmente… –y cuando cerró la puerta me senté en la cama, intentando ordenar mis pensamientos.
Flashback:
Estábamos en la cama, Peeta me besaba como si no hubiera un mañana y yo me aferraba a él como si también me fuera la vida en ello. Me hacía estremecer con cada caricia, habíamos aprendido muy bien y muy rápido qué era lo que nos gustaba, y lo dábamos todo para poder satisfacer al otro. El fuego recorría todo mi cuerpo y en ese momento solo existía Peeta, mi mente había olvidado todo lo demás. Cuando Peeta dejó de besarme gruñí, mis labios lo buscaron en la oscuridad reclamando sus atenciones, pero él me evitó.
- Peeta, ¿qué? –sabía que seguía en la cama porque lo tenía bien sujeto, pero él seguía apartando su rostro de mí.
- Katniss… –hablar me reveló la posición de sus labios así que me abalancé hacia él y lo besé. Peeta me hizo caso unos momentos antes de volver a separarse– No, espera, no podemos hacer esto.
Entonces se separó de mí completamente, se escurrió entre mis dedos y me dejó completamente confundida y frustrada. Abrió la luz. Al verlo descubrí que eso que había hecho lo fastidiaba tanto como a mí. ¿Entonces, por qué haría una cosa así? Oh. Si, ya sé por qué. Me tapé el torso desnudo con las sábanas.
- Es que si no lo interrumpía ahora no sé si luego habría sido capaz de hacerlo… –asentí.
- No te preocupes, gracias –me pasé las manos por la cara. No me lo podía creer, había perdido completamente el control. Aún ahora me costaba concentrarme.
- No te pongas así –dijo apenado, cuando volvió a abrazarme sentí que podía respirar de nuevo–. Deberíamos pedir ayuda –eso me horrorizó.
- ¿Qué? –las cámaras, Plutarch, la presidenta Coin, nadie debía saberlo. Jamás. Eso era solo cosa nuestra.
- Solo si tú quieres –me recordó–. O sino vamos a tener que empezar a dormir en camas separadas.
- No digas tonterías –él yo habíamos compartido cama desde que empecé a tener pesadillas hacía aproximadamente un año–. Además, hemos dormido juntos desde que estamos en el 13 –descontando claro los momentos en los que habíamos estado peleados.
- Pero ahora las cosas son distintas, ya no puedo estar a solas contigo sin querer… –pese a que no terminó la frase su expresión habló por él. Y de hecho lo entendía perfectamente, porque a mí me pasaba lo mismo. Apoyé mi mejilla en su hombro. No entendía por qué todo tenía que ser tan difícil.
- Quizás podamos hacernos solo compañía. Lo hemos hecho hasta ahora, ¿no? –y le di un beso en el hombro.
- ¿Crees que vamos a poder? –le di otro beso en el hombro, y luego otro y otro y subí por su cuello. Antes de darnos cuenta ya volvíamos estar entregados en un beso feroz.
- Mierda –dije al darme cuenta de lo que había provocado. Peeta se rio.
- No vamos a poder –sentenció y se levantó de la cama. Me pasé las manos por la cara e intenté concentrarme.
- Has dicho pedir ayuda, ¿pero a quién? –Peeta puso la cara que ponen los niños pequeños cuando son sorprendidos haciendo una travesura. Ya sabía a quién se refería.
- Sé que no te gustará la idea pero…
- No, definitivamente no.
- Él podría conseguirnos algo.
- Peeta, olvídate. No voy a permitir que ese viejo borracho se burle aún más de nosotros.
- De acuerdo, no te niego que Haymitch nos tomará el pelo un poco al principio pero estoy seguro que hará algo por ayudarnos –hice una mueca. Haymitch no nos iba a dejar olvidar ese favor. Además, ya nos conocíamos, iba a reírse de esto hasta que diera su último aliento.
- Nos hará la vida imposible –me quejé lastimeramente.
- Puedo pedírselo yo si a ti te da vergüenza –me pasé las manos por la cara.
- Lo puedo oír Peeta, aún no le has dicho nada pero ya puedo oír sus risas.
- ¿Entonces qué vamos a hacer? Aquí no hay tiendas, no hay farmacias. No vamos a poder conseguirlo por nuestros propios medios –estaba tan frustrado que hasta me hizo gracia. La situación en si era muy lastimosa.
- De hecho no creo ni que lo fabriquen, ahora deben tener otras prioridades… –recordé el hospital lleno de enfermos y las bajas que cada vez eran más numerosas. Me sentí un poco culpable.
- ¿Entonces qué? –dijo dando pequeños golpecitos al suelo con el talón. Suspiré.
- Está bien, habla con Haymitch –ya me estaba arrepintiendo–. Pero como haga alguna broma o como se le ocurra esbozar ni que sea media sonrisa, le clavo una flecha en el ojo. ¿Estamos? –asintió.
- Me aseguraré de amenazarlo correctamente –volví a pasarme las manos por la cara y las dejé ahí, tapando mi rostro. La situación era bochornosa y no sabía cómo llevarla. ¿Participar en una rebelión e ir a la guerra? Podía con ello. ¿Informarme sobre métodos anticonceptivos? Me moría.
Bueno, ya era hora de hacer algo de provecho. Aparté las manos de mi rostro, le di la espalda, recogí la ropa del suelo y empecé a vestirme. Solo cuando me acerqué a la puerta Peeta me detuvo.
- ¿Qué haces?
- Evitar las tentaciones –vi la desilusión en su mirada pero asintió–. Buenas noches.
- Te quiero –se apresuró a decirme antes de que me fuera.
- Y yo a ti –le di un beso en la mejilla (que me dolió en toda el alma) y me fui.
Fin del flashback.
En ningún momento me había planteado preguntárselo a mi madre. Ella y yo no teníamos ese tipo de relación, pero era médico, quizás más que nadie podría llegar a tener acceso a lo que necesitábamos. Pero estábamos hablando de mi madre, nunca intercambiaba nada más que un "buenos días" y "buenas noches" con ella. Aún seguía en mi cama, reflexionando sobre todo esto, cuando Prim salió del baño con su uniforme de enfermera, lista para empezar el día.
- ¿Qué te pasa? Vas a hacer tarde.
- Si… –dije sin haberla escuchado realmente, pero como una autómata empecé a vestirme con el uniforme de entrenamiento.
- Nos vemos luego –dijo dándome un beso en la mejilla.
- Hasta luego patito –cuando cerró la puerta me volví a sentar en la cama para reflexionar.
Así que las opciones que teníamos era hablar con mi madre o con Haymitch. Casi que me parecía más buena idea ir al Capitolio a pedírselo personalmente a Snow.
En fin, me obligué a levantarme y a ir al comedor, cogí una bandeja y me senté al fondo, en intento de conseguir algo de intimidad. Peeta me encontró y fue directo hacia mí.
- Buenos días –y me dio un beso en la mejilla. Suspiré, aparentemente a partir de ahora solo iban a haber besos en las mejillas.
- Buenos días, ¿cómo has dormido? –resopló.
- Regular, ¿tú? –me encogí de hombros. Ya habíamos pasado tiempo separados otras veces, de modo que ese vacío ya me era conocido, pero eso no lo hacía más soportable.
Antes de que Peeta pudiera responder a mi pregunta se nos unieron Delly y Gale, que hablaban muy animados. Había intentado esconderme, pero aparentemente todo el mundo podía encontrarme.
- Así que hoy vais a saber a qué pelotón os destinan –dijo Delly, continuando con la conversación que debía haber estado teniendo con él. Un momento, ¿pelotón?
- ¿Qué? –dije completamente alarmada. Miré mi brazo tatuado con el horario ¿Qué maldito día era hoy?
- Sí, hoy nos hacen los tests, ¿lo habías olvidado? –dijo Gale, miré a Peeta. Últimamente había estado tan poco centrada en este tema que había llegado a olvidarlo por completo.
- ¿Sabías que era hoy? –Peeta asintió. Soy un desastre, con lo presente que tuve siempre las fechas en los que salíamos fuera del 13… estaba perdiendo facultades. Peeta me distraía demasiado y eso no podía ser.
- Pero bueno, os habéis estado preparando a consciencia, no deberíais tener problemas –dijo Delly para animarnos.
Me pasé las manos por la cara, intentando recordar todo lo que había estado aprendiendo. Por suerte era poco probable que olvidara la técnica adquirida durante los entrenamientos. La teoría era el verdadero problema. Peeta miró su brazo y luego mi tendió la mano.
- A ver trae –dijo Peeta, le acerqué mi brazo–. Lo tienes a las once como yo, aún tenemos un par de horas. Repasaremos. ¿A qué hora lo tienes tú Gale?
- Once también, me apunto a repasar.
- Entonces os dejo tranquilos –dijo Delly terminándose de un sorbo su zumo–. Mucha suerte –dijo en general y luego puso una mano en el hombro a Gale–, seguro que va bien.
- Gracias –dijo él y Delly se fue.
Recordé ese intento de idea que tuve unos días atrás. Peeta me dio un golpecito en la pierna, le miré y me señaló a Gale con una gran sonrisa. Vale, no era la única que lo había visto entonces (cosa bastante rara, porque nunca me doy cuenta de estas cosas). Así que era cierto, estos dos empezaban a tener una complicidad especial. No sabía cómo sentirme al respeto. El primer impulso fue preocuparme por nuestra amistad, como si Delly pudiera alejar a Gale de mí. Luego recordé que eso era estúpido. Delly me caí muy bien, era muy amable y alegre, sentía que podía confiar en ella así que terminé por alegrarme de que se llevaran tan bien. Además que aún era pronto para elaborar conjeturas, ya veríamos cómo evolucionaban las cosas.
Las mesas a nuestro alrededor se fueron vaciando y nosotros empezamos a repasar protocolos y códigos. Cuando nos levantamos para asistir a la primera prueba Gale se detuvo y nos recordó:
- Para la última prueba utilizarán vuestro punto débil en contra vuestra. Tenedlo en cuenta –eso me hizo reír, había dicho "punto débil" en singular, como si solo hubiera uno. Yo tenía millones.
- Si solo supiera cuál de todos van a escoger… –eso les hizo bastante gracia. Me dolió un poco que no me lo desmintieran pero ¿a quién pretendía engañar? Era más que obvio.
- Cuando sientas que algo te provoca un conflicto, sabrás que eso es lo que han escogido –dijo Gale sabiamente.
Empezamos a hacer las pruebas. Todas fueron yendo bien más o menos, pero la última es la que preocupaba a todo el mundo; la simulación. En la sala donde los reclutas esperábamos había nerviosismo en el ambiente y se preguntaban unos a otros, intentando averiguar con qué situación iban a encontrarse.
- Esperando nuestro turno para hacer una demostración individual… ¿no te resulta terriblemente familiar? –dije y él asintió rápidamente.
- ¿Crees que pasaran las puntuaciones por la televisión luego? –por supuesto que él tampoco había olvidado las demostraciones que nos vimos obligados a hacer para los jueces de los juegos.
- Es horroroso las similitudes que hay en todo –dije bastante deprimida. Sobre todo lo decía por los spots con sus discursos, trajes y maquillaje.
- Seguimos jugando Katniss –me recordó–, hasta que Snow no esté muerto no podemos bajar la guardia. E incluso después de eso tampoco estoy seguro de que el juego termine finalmente –eso me preocupó, él se dio cuenta, me cogió la mano y añadió–. Lo bueno es que no jugamos solos, seguimos siendo un equipo –no pude evitar sonreír levemente.
- Lo hemos hecho bien hasta ahora, quién sabe, quizás lo logremos una vez más –dije intentando animarme. Él asintió.
- Claro, de momento nadie no nos ha demostrado lo contrario.
Entonces lo llamaron para la demostración. No pude evitarlo y le di un rápido beso en los labios para animarle. Un beso que nos habíamos privado de darnos desde que nos despedimos ayer. ¿Puntos débiles? Podían empezar con la falta de fuerza de voluntad… Él me sonrió y entró en la sala. Sí, era exactamente como en los juegos, lo que esta vez Peeta no iba a lanzar pesas ni a pintar, iba a estar recibiendo órdenes de un militar y disparando con una escopeta. Secretamente deseé que no lo aprobaran, pero Peeta es bueno en todo lo que hace. Estaba claro que iba a aprobar. El problema era yo, así que intenté concentrarme y prepararme.
Llegó mi turno y descubrí qué punto débil habían escogido: mi incapacidad para obedecer órdenes. Estaba a punto de disparar al objetivo cuando me pidieron que no lo hiciera. Ese disparo concluiría la misión y nos daría la victoria. La lógica me decía que lo hiciera y que terminara con el ejercicio, pero no lo hice porque sabía que me estaban poniendo a prueba. No disparé como me habían ordenado y al final fue uno de mis compañeros virtuales el que disparó donde yo había querido disparar. Se terminó el ejercicio y me dijeron que había pasado. Esa prueba me dejó muy claro que los del 13 son más que conscientes de que temen mi insubordinación. Me reuní con Peeta.
- ¿Qué tal te ha ido?
- He pasado –me dijo contento, tal y como había predicho.
- Nunca lo había dudado –dije esbozando una sonrisa al final.
- ¿Y tú? –asentí– Enhorabuena. Solo falta esperar que nos pongan juntos…
- ¿Qué han utilizado contra ti? –pregunté con cierta curiosidad.
- Oh, han sido muy poco sutiles –dijo empezando a reír–. Habían creado una versión de ti que se alejaba mientras a mí me ordenaban que me fuera en dirección contraria. Hice caso a las instrucciones y ya.
- ¿Así que me dejarías sola soldado Mellark? –no pude evitar hacerme la ofendida, a pesar de que había empezado a reírme.
- ¿En una simulación? Sin problemas. ¿En la vida real? Están completamente locos si creen que me voy a separar de ti –seguí riendo y apoyé mis manos en sus hombros, él posó las suyas en mis caderas–. ¿Qué te han hecho a ti?
- Algo parecido. Me obligaban a hacer algo que no tenía lógica, pero lo hice y ¡darán! Aprobada.
- ¿Y en la vida real qué harías?
- Sobre eso… –miré a mi alrededor, no nos prestaban atención pero no me parecía seguro explicarlo en público así que me limité a susurrarle– tengo mi propio plan y pretendo que vengas conmigo.
- Así que esta vez me incluyes –dijo sorprendido–, es todo un logro –le di un leve golpe en el pecho a modo de queja.
- Voy a cumplir con mi promesa. Ya no vas a poder separarte de mí.
- Lo dices como si fuera algo malo…
Nos habíamos estado acercando a medida que hablábamos. No terminamos la conversación porque nos besamos. No fue superficial como el que le di antes de que hiciera su prueba, ese era el primer beso decente de todo el día.
- Ejém, chicos… –dijo Gale. Había necesitado tanto ese beso que tardé un poco en separarme. Cuando al fin lo hice y vi a Gale me avergoncé. ¿Por qué mi cerebro no funcionaba bien cuando Peeta estaba cerca?–. Nos quieren ver.
- ¿A los tres? ¿Eso significa que iremos juntos? –dije animada. No me gustaba la idea de que los tres fuéramos a la guerra, pero ya que íbamos, quería tenerlos cerca.
- Eso parece –me sentí aliviada. Sé lo difícil que es proteger a alguien (lo he intentado en dos juegos, y quedó más que claro que tengo muchas carencias.
- Vamos pues –dijo Peeta animado y me cogió de la mano para ir a la reunión. Al parecer Peeta tampoco quería tenerme demasiado lejos.
Miré a los que serían mi equipo y me alegré de ver a caras conocidas, pero me extrañó ver a Pollux, Cressida y todo mi equipo de grabación. ¿Íbamos a la guerra o a grabar spots? La respuesta era que un poco de todo. "Pelotón estrella", qué honor…
- Tenéis que saber que la ciudad está llena de trampas, tendremos que ir desactivándolas a medida que vamos avanzando…
Un momento, ¿un campo minado con las más diversas y extravagantes trampas? Sabía que los juegos no habían terminado, pero eso era ya demasiado. Me parecía un mal chiste y sin pensarlo detenidamente antes dije en voz alta:
- ¡Bienvenidos a los septuagésimo sextos juegos del hambre! –toda la sala se giró para verme. Justo cuando descubrí que había sonado como una loca, Peeta vino en mi ayuda.
- ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!
*Nota autora: Siento haber reducido la velocidad en que subo capítulos. Hasta ahora tenía algunos en la reserva pero ya no, voy al día. Sin embargo vuestros comentarios me animan mucho a continuar. Son tan positivos y encantadores… nunca creí tener esta acogida, adoro cuando me escribís. Muchas gracias de corazón y espero que disfrutéis del fanfic, lo hago con todo el cariño del mundo. ¡Besos, cuidaos!
