Como cuando quise organizar una huida del 12 antes del Vasallaje, me dispuse a convencer a las personas más importantes de mi vida. Sabía que Peeta vendría conmigo, pero no tenía tan claro si Gale querría venir también, ya que mi propuesta podría no coincidir con sus objetivos. No sabía dónde podría haber cámaras, así que terminé por reunirlos en mi habitación. Gale jugaba con la silla y me ponía nerviosa.
- ¿Quieres parar?
- Tengo prisa –dijo él tranquilamente.
- ¿Tienes una cita? –miré de manera asesina a Peeta. No habíamos hablado de ello pero no creía que fuera buena idea que le sacáramos el tema de Delly. Además seguía creyendo que era pronto para eso.
- Algo así –se limitó él a decir. La ambigüedad en su respuesta indicaba que literalmente podría ser cualquier cosa, así que intenté centrarme.
Recordé que tenía que ser breve, que nos quedaba poco tiempo antes no nos enviaran al Capitolio, así que intenté volver al tema.
- Chicos centraos, nos vamos en tres días, tenemos que tener claro lo que vamos a hacer.
- Yo lo tengo claro, hacer lo que me diga Boggs, a no ser que tu plan sea increíblemente bueno –dijo Gale burlándose de mí. Suspiré. Bueno no era, pero quizás con su ingenio lográramos trazar algo así como un plan.
- No es un plan exactamente, aún no he ultimado los detalles pero… da igual, la idea principal es lo que importa y la idea es que vamos a ir a rescatar a Finnick, Annie y Johanna –me supo mal dejar de lado a Enobaria a pesar de que había intentado matarme, así que añadí – y si hay tiempo a Enobaria también.
Dejé pasar un tiempo prudencial, mirando a mis dos posibles ayudantes, intentando averiguar qué pensaban de mi idea. Los dos se mantuvieron en silencio.
- ¿Qué pasa con Snow? –fue la primera pregunta de Gale. Supongo que es en lo que había pensado cuando le dije que quería proponerle mi propio plan.
- Lo quiero muerto más que nadie, de hecho sueño con travesarlo con una de mis flechas, pero no dejo de pensar que cuando los del Capitolio vean que no pueden seguir utilizándolos los matarán. Snow ya está condenado, los rebeldes no lo dejarán vivir, pero ¿qué pasará con los tributos secuestrados? Nunca serán una prioridad para Coin.
- Puede que ya estén muertos –dijo Gale.
- Pero Finnick sigue saliendo en pantalla –me defendí.
- Eso no demuestra nada, pueden haberlo grabado hace semanas.
- No quiero arriesgarme –dije seria. Había pensado en esta opción, pero no la había querido tomar enserio. Mientras hubiera un mínimo de esperanza necesitaba intentarlo. Peeta intervino por primera vez.
- ¿Sabemos dónde los tienen? –preguntó.
- En el sótano del edificio de entrenamiento, se lo oí decir a Plutarch.
- Yo nunca he estado en el Capitolio pero suena a que ese edificio está en medio de la ciudad. Será imposible entrar ahí –Gale de nuevo me tiraba los planes por el suelo. Era lo bueno de nuestra relación; él siempre me decía la verdad. Pero resultaba muy frustrante cuando no pensaba como yo.
- Estaremos ya en el Capitolio, tendremos los mapas, cuando estemos cerca podríamos escaquearnos y…
- ¿Hacer que nos maten? Tendrán el edificio vigilado. Yo no me arriesgaría por esas personas –dijo serio. Tal y como me lo había temido, era diferente para Peeta y para mí porque nosotros sí los conocíamos.
- ¡Esas personas podríamos haber sido Peeta y yo! –estallé– Se arriesgaron para protegernos, ¡además Finnick le salvó la vida a Peeta en la arena! –y esa era una deuda que jamás podría saldar… quizás hasta ahora, si podía rescatarlo de las zarpas de Snow. Gale suspiró, sabía lo que pensaba él sobre morir por la causa y estoy segura de que consideraba que Finnick y los otros tributos podrían hacerlo– ¿Peeta? –pregunté desesperada.
- Como has dicho me salvó la vida, pero además son nuestros amigo. Si hay una oportunidad de salvarlos lo haré –ese era mi Peeta, estaba orgullosa de él. Gale no dio su brazo a torcer.
- Sé que son vuestros amigos y sé que es muy importante para vosotros, pero no es probable que estén vivos. Lo siento mucho.
- ¿Y sin embargo me hubieras seguido si te hubiera propuesto ir a por Snow por libre? –dije sin creérmelo. Ir a por Snow era igual de peligroso o incluso más.
- Katniss –dijo él con tono conciliador–, solo quería poner todas las cartas sobre la mesa, pero iré donde sea que tú vayas –eso me descolocó, había estado muy negativo, no me había esperado que al final sí quisiera venir.
- ¿Enserio? –asintió.
- Recolectaremos información y si tenemos la oportunidad iremos a ese edificio. Pero no sin antes trazar un plan, ¿vale?
- Vale –Gale se levantó.
- Me voy entonces. Ve puliendo los detalles de mientras –me dijo yéndose hacia la puerta.
- Le daré vueltas al asunto –dije contenta, Gale se fue. Nos quedamos Peeta y yo solos.
- Me parece muy noble tu propuesta.
- Fue idea tuya, tú lo propusiste primero, ¿te acuerdas? –se acercó a mí y me rodeó con sus brazos.
- Sigue siendo muy noble igualmente –le cogí la cara con las manos.
- Solo de pensar que te hubieran podido coger a ti… se me revuelven las tripas…
- No pienses en eso –y me besó. Con eso consiguió que no pudiera rebatirle.
Había olvidado donde me encontraba hasta que mi madre entró en el compartimento. Nos había visto besarnos cientos de veces, sobretodo en pantalla, pero digamos que ese no había sido un buen momento para descubrirnos. Básicamente porque yo estaba sentada en el regazo de Peeta, compartiendo con él un beso bastante fogoso. Cuando la vi entrar prácticamente volé. Salté como si Peeta quemara y me aparté de él de un empujón, quedando sentada a casi un metro de distancia. Peeta se puso inmediatamente de pie de un salto, como si la cama quemara también.
- Perdonad, no sabía que estabais aquí… –dijo mi madre bastante seria. No sabía dónde colocar los brazos así que los crucé sobre mi pecho mientras me dedicaba a mirar mi trenza con más interés de lo normal.
- No, no pasa nada, yo ya me iba, he quedado con Haymitch –dijo Peeta y eso provocó que lo mirara. ¿Era una excusa o realmente había quedado con él? Si había quedado con él ya sabía para qué. Como si no estuviera ya suficientemente sonrojada, sentí como más sangre volvía a acumularse en mis mejillas.
- No hace falta que te vayas, solo he venido a buscar unas cosas –dijo mi madre con tono agradable.
- No, de verdad, tengo que irme –él tenía don de gentes, además, le había visto congeniar muy bien con mi madre. Pero aparentemente era incapaz de llevar una conversación con ella ahora mismo y lo único que quería hacer era huir de aquí. Sinceramente no podía culparle. Yo misma daría cualquier cosa por poder hacer lo mismo.
- Oh bueno, en ese caso… –y se apartó para dejarle sitio en la puerta–. Hasta otra Peeta, me ha gustado verte.
- Lo mismo digo, hasta otra señora Everdeen –y me lanzó un rápido vistazo antes de irse. Mi madre cerró la puerta detrás de él y me miró. Me moría de la vergüenza pero me pudo más la risa.
- No se lo tomes a mal pero creo que no se ha alegrado de verte –dije empezando a reír. La situación era demencial y aparentemente había escogido reírme de todo ello antes que echarme a llorar.
- Podemos decir que yo también he exagerado un poco mi amabilidad.
- Ya me imagino –dije sin poder esconder mi risa.
Con perspectiva, la situación había sido bastante cómica, sobre todo si tenemos en cuenta que se hubiera podido encontrar con algo mucho peor. Además, ya había aprendido la lección; no volver a invitarlo aquí. Bueno, ¿y ahora qué? Quizás podría ir al bosque a que me tocara el aire. Me levanté con ese propósito y crucé la habitación hasta que mi madre me detuvo cogiéndome por el brazo.
- Katniss, quizás ya sea un poco tarde pero me gustaría hablar contigo –esas palabras me asustaron y me dejaron petrificada en el sitio. Recordé lo que me había dicho esa mañana, ¿aún seguiría interesada en hablar sobre ese tema? Bueno, supongo que después de ver a Peeta aquí no le habrá quedado más remedio.
- No hace falta, estamos bien –dije en un intento de zafarme.
- Insisto –suspiré. Me di por vencida, volví a sentarme en la cama y me preparé para lo peor.
Al final lo peor resultó no ser tan malo. Pudimos ponernos de acuerdo y hablar con más o menos libertad. No me lo había esperado en absoluto. Siempre me preocupé por lo que Gale podría estar pensando al vernos, pero por primera vez vi los hechos desde el punto de vista de mi madre. Supongo que enterarte por la tele que tu hija se va a casar primero, y que está embarazada después, no era del todo agradable. Claro que sabía o al menos intuía que todo era una farsa. Bueno, de hecho tenía que saberlo, Peeta y Haymitch cenaron en nuestra casa más de una vez, además que hubo un tiempo en que Peeta se pasó prácticamente todas las tardes escribiendo conmigo ese herbolario. Mi madre sabía la relación que teníamos, y esa relación no podía dar a cabo ni a una boda secreta ni a un hijo. Pero efectivamente la relación que teníamos ahora sí podía dar a cabo algo así. Sus preocupaciones tenían todo el sentido del mundo ahora.
Ya se había hecho tarde para ir al bosque así que me fui a la habitación de Peeta y me senté en lo que ya había adjudicado que era mi lado de la cama. Esperándole me agobié. Solo nos quedaban tres días. Tendría que volver a despedirme de mi familia, era como volver a les juegos y más si tenías en cuenta las trampas distribuidas por el Capitolio. Me pasé las manos por la cara, angustiada. Eso no era vida. Lo único bueno que sacábamos de todo eso era que de algún modo u otro todo iba a terminar, para bien o para mal, pero todo terminaría. Era la última arena a la que me iba a enfrontar. Entonces Peeta abrió la puerta y sus ojos rápidamente se posaron en mí, se alegró de verme. Recordé una vez más el Vasallaje. Le pregunté lo mismo que entonces.
- ¿Qué quieres hacer con los pocos días que nos quedan? –Peeta cerró la puerta detrás de sí y se puso serio.
- Quiero pasar todos y cada uno de los minutos que me queden de vida contigo –sentí un cosquilleo nacerme en la boca del estómago. Parecía que se acordaba muy bien de lo que le dije esa noche en el pasillo, porque su respuesta fue idéntica.
- Entonces ven –dije a medio camino entre la seriedad y la súplica. Peeta no se hizo de rogar.
Lo recibí inmediatamente con los brazos abiertos, cerrándolos detrás de su nuca. Él se puso encima de mí y nos hizo recostar en la cama. Mi chico del pan empezó a acariciarme los brazos a la vez que bajaba para besarme el cuello. Mi mente empezó a desvanecerse. Solo tenía los sentidos puestos en Peeta y en las sensaciones que despertaba en mí. Cuando sus manos entraron por debajo de mi ropa me aferré más fuerte a sus hombros. La temperatura había aumentado muy rápido y en muy poco tiempo. Pronto empezó a sobrarme la camiseta. Justo cuando la pasé por encima de mi cabeza Peeta se detuvo.
- A propósito… –dijo jadeando. Empezó a buscar algo que tenía en su bolsillo– Haymitch nos ha conseguido esto…
- ¿Tan rápido? –pregunté sorprendida, tirando mi camiseta al suelo.
- Después de hacerme pasar uno de los momentos más bochornosos de mi vida fuimos a una especie de almacén. Él lo conoce porque ha ido varias veces en busca de alcohol, pese a que nunca hay y… bueno, el caso es que los hemos tomado prestados.
- ¿Tomado prestado? –empecé a reír.
- Bueno, robado, no creo que los quieran de vuelta –de nuevo me daba por reírme. La situación era absurda lo mirases como lo mirases.
- Yo también he conseguido por mi cuenta –él levantó una ceja inquisitiva, asentí–. Digamos que mi madre se ha preocupado mucho después de vernos hoy en nuestro compartimento. Así que me ha dado algo también –Peeta engrandeció los ojos con una expresión entre sorpresa y miedo.
- ¿Enserio? –se pasó una mano por el pelo con nerviosismo– Tu madre debe odiarme –dijo muy preocupado, eso solo hizo hacerme reír más.
- Lo dices como si fuera algo nuevo, te recuerdo que tú eres el que se casó conmigo a escondidas y me dejó embarazada para el Vasallaje –vi la incomodidad en su mirada.
- Dios, debe verme como el peor novio de la historia para su hija –creo que esa fue también la primera vez que Peeta se puso en el lugar de mi madre.
- Era broma, le caes bien, mi familia te adora. Prim ya te considera un miembro de nuestra familia –y le acaricié la mejilla con una sonrisa–. Todas te queremos –él me devolvió la sonrisa y me besó.
- Yo también las aprecio mucho… De hecho, ahora que lo pienso me hubiera gustado presentarte formalmente a mis padres –él no parecía triste, pero a mí sí me entristeció un poco su comentario.
- Tu padre era un encanto, tenía una buena relación con él. Pero tu madre… no creo que le hubiese gustado –dije imaginándome una cena familiar con ellos. Jamás me lo había planteado, ni siquiera llegado a imaginar. Ahora veía lo mucho que había hecho Peeta para acercarse a nosotras y lo poco que hice yo para acercarme a su familia. Nunca hablé con ninguno de sus hermanos por ejemplo, mientras que Prim y él habían compartido partidas de ajedrez y seguramente más que una confidencia.
- A mi madre no le gustaba nadie, solo sí misma… menudo cuadro hubiéramos formado las dos familias. Sobretodo sabiendo que mi madre no tragaba a la tuya, ya que sabía que mi padre había estado interesado en ella –nunca lo había pensado así, pero puede que yo le cayera mal a su madre por eso (aparte de haber utilizado a su hijo durante los primeros juegos, pero creo que eso debería habérmelo perdonado por haberle salvado la vida).
- Tienes razón, qué incómodo realmente, con los dos hijos juntos… –y ambos nos callamos un momento, imaginándonos unas circunstancias imposibles en las que ambas familias al completo compartían mesa.
Entonces nos invadió el peso del vacío y la ausencia, lo vi en su mirada. Mi padre no estaba y su familia tampoco. Nunca íbamos a organizar algo así. Le acaricié la mejilla con el pulgar.
- Están orgullosos de ti, lo sabes ¿verdad? –él asintió, aún con ese aire de tristeza que se había apoderado de nosotros. No pude evitarlo e hice que apoyara su cabeza en la parte baja de mi cuello, lo abracé con fuerza– y también sabes que te quiero ¿verdad?
- Y yo a ti –su aliento en mi cuello me provocó cosquillas pero me contuve, ese era un momento serio. Apoyé mi mejilla en su frente y me puse a acariciarle el pelo y los brazos.
Peeta se mantuvo quieto un buen rato, dejando que yo le fuera acariciando suavemente. Estaba pensando en la manera de animarlo cuando recordé que solo llevaba el sostén en la parte de arriba. Podría trabajar con eso. Sin embargo esperé, no había prisas, y seguí brindándole mi cariño hasta que se recompuso.
- Gracias, no sé qué me ha pasado –dijo al final. Se sentó y se frotó los ojos. Yo me senté con él.
- No te preocupes, es lo más normal... ¿estás mejor? –respiró hondo y asintió. Entonces me miró y sus ojos fueron directos a mi ropa interior. Efectivamente había recuperado su atención. Al cabo de unos segundos me cogió de la cintura y me atrajo a él.
- Ahora deja que yo cuide de ti –me susurró poniéndome un mechón de pelo detrás de la oreja.
- Me parece bien –le susurré, no había forma humana de que me negara a esa proposición.
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*Nota autora: ¡Hola! ¡Muchas gracias por seguir leyendo mi fanfic! Por desgracia el final se acerca, pero como uno de mis problemas es que suelen abrumarme diferentes ideas a la vez, tengo material para seguir ofreciéndoos nuevas historias de este universo que creo que os podrían gustar bastante, así que aunque termine este, no os dejaré con las manos vacías.
Espero vuestros comentarios y sugerencias con ansias. También podéis encontrarme en insg ( angela_moiras_art). ¡Besos, cuidaos!
