Capítulo 14: La sorpresa

Por la mañana me dolía todo el cuerpo pero al recordar el motivo de ese dolor una sonrisa se formó en mi rostro. Estábamos desnudos, envueltos en los brazos del otro. Inspiré profundamente, dejándome embriagar por su olor, tendría que aprovechar y disfrutar de estos momentos porque ya no nos quedaba tiempo. El final se acercaba, pronto nos iríamos y todo sería distinto. Solo había una dirección y esa era hacia adelante, de algún modo u otro terminaría y haría lo que fuera necesario para que ese final nos fuera propicio.

- Peeta, despierta –le susurro. Él abre los ojos unos momentos para mirarme, luego los vuelve a cerrar y me abraza más fuerte, atrayéndome hacia él. No tengo claro que se haya despertado así que se lo repito– ¿Peeta? Vamos, despierta.

- Te haré caso pero solo porque incluso cuando estoy despierto, parece que esté soñando –dijo abriendo finalmente sus ojos y yo no puedo evitar avergonzarme. ¿Por qué siempre tiene que decir este tipo de cosas? Yo soy incapaz…

- ¿Cómo te sientes?

- Increíblemente bien, ¿tú?

- También.

- ¿Te arrepientes? –esa pregunta me asustó así que le cogí la cara para asegurarme de que me entendiera.

- No, claro que no. Quiero estar contigo, así que no lo vuelvas a dudar –le aseguré. Peeta se acercó una de mis manos a sus labios y me la besó.

- Quería asegurarme, no quiero que te arrepientas de nada antes de irnos. Ni que te dejes nada por hacer –entiendo a lo que se refiere y es que este sentimiento, por desgracia, nos es demasiado familiar. Se trata de la sensación de que vamos a perderlo todo al enfrontarnos a una nueva arena y sabemos muy bien cómo se siente. Contando ésta, va a ser la tercera vez.

- ¿Tú te arrepientes de algo? –le pregunté preocupada. Quizás aún le quede algún sueño por cumplir, alguna meta que no ha podido realizar aún… y me entristezco al pensar que seguramente así es.

- Solo de haber desperdiciado esos días en los que estuvimos separados, pero me alegro de que al final pudiéramos estar juntos –él sonríe así que yo sonrío–. Si logramos sobrevivir a la guerra…

- Sobreviviremos –me quejé, había utilizado el condicional, había dicho "si" y no puedo permitirnos tener dudas.

- Cuando sobrevivamos –corrigió–. ¿Querrás seguir conmigo? –esa pregunta me desconcertó. ¿No era obvio?

- Sí, claro que querré. Esta guerra es lo único que podría separarnos pero si logr… –me corregí a mí misma, no puedo permitirnos esta negatividad– pero cuando lo logremos, ya nada no nos podrán separar.

- ¿Realmente piensas eso?

- ¿Tú no? –me quejé, no entendía a qué venían estas dudas.

- Te lo dije ayer, quiero pasar todos los minutos que me queden de vida contigo, y esto incluye una posible vida después de la guerra –oírle decir eso hace que mi corazón lata un poco más rápido.

- Pues lo mismo digo… –susurré, aún un poco aturdida por la perspectiva de poder gozar de una vida junto a él.

- De acuerdo –dijo él con quizás demasiada seriedad.

Nos quedamos en silencio, dejando que esta sensación nos envuelva hasta que recuerdo que para conseguir ese futuro, primero hay que ganar la guerra y sobrevivir a ella, y que no lo lograremos holgazaneando. Así que me vuelvo resolutiva, ese sueño es el que me impulsa a levantarme de la cama y a decidirme a aprovechar el día con tal de conseguirlo. Y por primera vez desde que tengo memoria es Peeta el que no quiere levantarse. No solo me tocó a mí despertarlo, sino que también tuve que llevármelo a rastras hasta la sala de mandos.

- Y luego dices que el aguafiestas soy yo –se quejó mientras me seguía por el pasillo con desgana.

- Me hubiera encantado quedarme, pero tenemos que hacernos con los mapas, no podremos salvar a Finnick y Johanna sino –él no respondió, solo siguió mirándome con reproche hasta que llegamos. Me sentía un poco mal pero quería devolverlos a todos con vida y más me valía empezar a centrarme.

Nos dieron información más detallada sobre la situación del Capitolio y nos enviaron a entrenar. Estaba decidida a volver a casa con todos mis amigos vivos, así que puse ganas en lo que hacía. Pero Peeta lo hacía de mala gana y hacía pausas con frecuencia.

- ¿Qué le pasa a ese? –dijo Gale acercándose a mí.

- Tiene la cabeza en otra parte –dije intentando controlar mi expresión. Solo de recordar lo que habíamos hecho la noche anterior era más que suficiente como para que perdiera la cabeza yo también.

- Pues más le vale espabilarse porque tenemos trabajo –y disimuladamente se tapó la boca antes de decirme–. Están vivos los cuatro, pero por poco tiempo. Tendremos que ir lo antes posible… –¡estaban vivos!, reprimí el impulso de lanzarme a abrazarlo por traerme tan buenas noticias.

- Robaremos el mapa cuando estemos allí –dije manteniendo mis labios rectos y bajando la cabeza. Él asintió y miró a Peeta.

- Eh, ¿vienes a comer? –gritó Gale para que lo oyera. Cuando Peeta lo oyó pareció desconcertado, algo había estado rondando por su cabeza y ahora parecía distraído. Con total seguridad tenía que ver conmigo, pero no entendía esa aura de tristeza que se había apoderado de él.

- Sí, pero id vosotros primero, ahora os alcanzo –esa fue la gota que colmó el vaso. Algo le pasaba.

- Peeta, ¿estás bien? –le cogí las manos. Fuera lo que fuera era mi culpa seguro, quizás debí haberme quedado en la cama con él esta mañana.

- ¿Qué? Claro, estoy bien, mejor que bien. Es solo que tengo que ir a ver a Haymitch.

- ¿No será para contarle…?

- No, no voy a dejar que se burle de nosotros, puedes estar tranquila –y me sonrió–. Es solo que pronto vamos a tener que despedirnos y me gustaría agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros hasta ahora.

- Yo también debería hacerlo…

- Aún hay tiempo, puedes verle mañana –y me dio un beso–. Así que no te preocupes, ve al comedor y guárdame sitio ¿vale? –no terminó de parecerme sincero pero él una de las pocas personas en este mundo podrido en el que confiaba ciegamente, así que le hice caso.

- Vale –le di otro beso y me fui con Gale.

Casi habíamos terminado de comer cuando se nos unieron Peeta y Prim.

- Habéis tardado mucho –me quejé.

- Y perdonad por no haberos esperado, lo hemos intentado pero esto ya está lo bastante malo caliente como para comerlo frío –se excusó Gale.

- Claro, no te preocupes. Yo sí lo siento, había mucho trabajo en la enfermería. Todos vamos de un lado para otro preparándolo todo para la guerra –dijo Prim dejando su bandeja en la mesa y tomando asiento a mi lado.

- Es una suerte que tú te quedes aquí –dije sonriendo, es un gran consuelo saber que Prim estará aquí en el trece y no allí en la guerra. Pero Prim me miró desconcertada.

- No voy a quedarme a aquí.

- ¡¿Qué dices?! –me alarmé.

- No voy a quedarme aquí de brazos cruzados mientras vosotros estáis en el campo de batalla, puedo seros útil ahí –me cayó la cuchara al suelo. Me giré hacia ella y le puse las manos en los hombros.

- Prim, quiero que me escuches y quiero que lo hagas atentamente –ella no entendía nada pero yo sentía que me hervía la sangre. Tengo que impedir esto y lo haré–. Prim, júrame que no vas a moverte de aquí.

- Pero tú…

- Prim –insistí y clavé mis dedos en sus hombros–. Todo lo que he hecho, todo lo que hemos hecho –dije señalando a Peeta y a Gale– no habrá tenido sentido alguno si te pasa algo –y luego la miré con tal intensidad que hasta la asusté–. Por favor, si vas y te pasa algo conseguirás que ninguno de los sacrificios que hemos hecho haya merecido la pena. ¿Eres capaz de entender eso? –Prim estaba confundida, su determinación había menguado.

- ¿Y qué haré yo mientras tú estás ahí?

- Vivir sabiendo que complaciste los deseos de tu hermana –estaba muy seria, no había conseguido cambiar la opinión de Peeta pero iba a cambiar la de Prim–. Prim, es la única cosa que te voy a pedir en lo que me queda de vida. Te lo suplico, hazme este favor –supe que no me replicaría cuando apartó su mirada para buscar la de Peeta, lo que significaba que no podía enfrontarse a mí y buscaba el apoyo en los otros.

- Estoy con Katniss, necesitamos saber que estás a salvo aquí en el trece –luego miró a Gale.

- Tienen razón y lo sabes –dijo él simplemente.

- Yo estaré contigo –intervino Delly–, nos aseguraremos de ayudarlos desde aquí, ¿te parece bien?

- Prim –la llamé para que me mirara–. Da igual lo que te diga Coin, tú te quedarás aquí. Hablaré con Haymitch, no permitiré que te destinen a ningún lugar. ¿Entendido? –Prim está triste y frustrada, frunce el cejo antes de darse por vencida.

- Entendido.

- ¿Me lo juras?

- Te lo juro. No me moveré de aquí –lo dijo con tanta tristeza que supe que me decía la verdad. La abracé con un alivio infinito.

- Gracias, te quiero.

- Y yo a ti –Prim iba a estar a salvo. Me daba absolutamente igual lo que a mí pueda pasarme siempre y cuando ella esté a salvo, y ahora sabía que lo iba a estar.

Después de comer conseguimos reunir la información necesaria para irnos por nuestra cuenta y elaborar un plan, así que una vez terminado nos permitimos tener "libre" el resto de la jornada. Esa fue la parte rara, yo esperaba que Peeta aprovechara ese tiempo estando conmigo pero desapareció en cierto momento y terminé pasando la tarde con Prim y Delly. Nos lo pasamos francamente bien y nos reímos bastante. Fue una tarde de chicas, como las que solía tener con Madge. Oh, Madge… la verdad es que la añoro mucho, me gustaría tanto poder a compartir una tarde con ella… esté donde esté espero que sepa que llevaré el símbolo de su Sinsajo conmigo, que lo he llevado desde que me lo regaló y que no voy a separarme de él.

Tampoco hay rastro de Peeta durante la cena, pero cuando llego al compartimiento (un poco tarde, me he entretenido bastante con Prim y Delly) me lo encuentro ahí.

- Al fin, ¿dónde has estado? –le dije un poco dolida– Creí que querías pasar cada minuto que te quedara de vida conmigo –dije utilizando sus palabras en contra suya.

- Y eso es lo que pienso hacer –por su mirada sé cómo quiere pasar esos minutos. Su beso me lo confirma. Avanzamos hasta la cama y me olvido de la bronca que había planeado echarle.

Por la mañana solo puedo pensar en lo afortunada que soy. Por lo que sé, todos podríamos terminar muertos mañana mismo, pero soy feliz porque sé que no me he dejado nada por hacer, que si muero lo haré sabiendo que hice todo lo que pude, que Prim estará a salvo y que viví los últimos días de mi vida siendo feliz con Peeta.

Esta mañana soy yo la que le propone a Peeta no movernos de la cama porque mañana por la tarde partimos, pero contra todo pronóstico él insiste en salir de la habitación.

- No te entiendo, ayer me llamabas aguafiestas a mí y ahora… –dije empezando a dejarle un camino de besos por su clavícula. Algo me decía que si seguía así terminaría por convencerlo, pero él me detuvo.

- Tu madre me dijo que quería hablar contigo –se excusó él.

- La puedo ver más tarde –repliqué pero Peeta lanzó una mirada al reloj.

- Lo dudo, tiene que ser ahora. Vamos, vístete –y literalmente me empujó hasta el armario. Al final no traje mi ropa, pero bueno, por lo poco que me queda aquí supongo que no importa. Me pongo uno de sus uniformes que me queda un poco holgado, pero puedo resistirlo. Cuando vuelvo a su lado veo que Peeta vuelve a mirar el reloj, parece preocupado.

- ¿Qué pasa? –me acerqué a él.

- Nada, supongo que estoy un poco nervioso. Tu madre me da un poco de miedo –me puse a reír.

- ¿Crees que te echará la bronca? –le dije rozando mis labios con los suyos, provocándolo. Peeta me los besa.

- Algo así. ¿Vamos? –y abrió la puerta antes de que pudiera responder. La verdad es que estoy un poco molesta con todas estas prisas, pero bueno, cuanto antes lo resuelva antes voy a poder volver al compartimento con Peeta.

- Puedes esperarte fuera si quieres –le dije mientras avanzamos por el pasillo, entiendo perfectamente que él se sienta incómodo con ella, especialmente después de lo que llevamos haciendo dos noches seguidas… En pocos segundos estamos delante de la puerta.

- No, prefiero entrar contigo.

- Como quieras –y abrí la puerta sin plantearme nada más.

Cuando vi a mi madre, mi hermana, Haymitch, Gale y Delly con sus ojos clavándose en mí me quedé petrificada.

- ¿Qué… qué hacéis todos aquí? –apenas podía hablar. No lo entendía, ¿qué hacían todos aquí? ¿Íbamos a planear algo? Pero mi madre y Prim no saben nuestro pequeño plan de rescate de Gale, Peeta y mío. Además que ya lo dejamos hablado ayer, no puede tratarse de eso. Todos me miran con una sonrisa y eso me pone nerviosa– ¿Qué está pasando? –y me giré para mirar a Peeta. Esperaba encontrármelo tan sorprendido como yo, pero tiene la cara de aquél que lo han pillado haciendo una travesura– ¿Tú sabías esto? ¿Por qué nadie me está diciendo lo que pasa? –empecé a ponerme nerviosa.

- Katniss, los he llamado yo –dijo Peeta con serenidad.

- ¿Para qué? –oí a Prim ahogar una risita. Ya no estoy solo nerviosa, sino que empiezo a ponerme histérica.

- Katniss yo… –empezó a hablar pero se calló. Él siempre ha sabido qué decir y que ahora tenga problemas con eso me preocupa.

- ¿Qué? –le insistí. Peeta respiró profundamente y recuperó su endereza.

- Katniss –repitió esta vez más firmemente–. Hemos pasado por muchas cosas y no estoy seguro de qué otras cosas nos pasaran a partir de ahora, especialmente a partir de mañana… por eso había pensado que… –volvía a titubear, cerró un momento los ojos antes de continuar– bueno, que no quiero arrepentirme de no haber hecho todo lo que estaba en mi mano mientras tuve la oportunidad. Por eso quiero proponerte algo… pero tranquila, si me dices que no lo entenderé perfectamente, sé que es muy precipitado y que no habíamos hablado concretamente de esto sino de algo parecido pero… –y empezó a justificarse por algo que aún no me había dicho. No estaba entendiendo nada y verle sufrir así me hacía sufrir a mí también– Resumiendo, querrías… ¿querrías casarte conmigo?

Me tapé la boca con las manos ahogando un grito de sorpresa. Peeta estaba temblando, tenía las mejillas sonrosadas y apenas era capaz de sostenerme la mirada. Empezaron a temblarme las rodillas. ¿Esto estaba pasando de verdad? Como no respondí inmediatamente, Peeta empezó a hablar de nuevo.

- Sería simbólico, es decir nos vamos mañana y puede pasar cualquier cosa así que había pensado que… bueno… –lo veía sufrir, estaba muy nervioso y preocupado, no tenía ni idea de lo que estaba pensando o sintiendo– ¿Qué me dices? –me preguntó al final con miedo.

Yo nunca había querido casarme ni mantener una relación romántica con nadie, esa fue siempre mi regla número uno. Pero todo eso cambió cuando me enamoré de él. Me acerqué a él y empecé a llorar justo cuando le cogí las manos.

- Sí.

- ¿Sí? –me preguntó con miedo. Asentí empezando a sollozar.

- Sí, sí quiero casarme contigo Peeta –el Capitolio quiso obligarme a ello una vez, por eso odié el enlace con toda mi alma. Pero ahora era distinto, se me había dado la posibilidad de escoger y escogía hacerlo. De hecho, yo soy la primera sorprendida, nunca creí querer hacerlo pero cuando me lo ha preguntado no he podido desear nada más que no fuera aceptar.

Su expresión de alivio me hizo reír y llorar a la vez. Le besé y cuando Peeta me abrazó noté cómo sus manos aún le temblaban.

- ¡Enhorabuena! –oigo como nos grita Prim y todos empiezan a aplaudir. Había olvidado que estaban ahí.

Intento apartarme las lágrimas y sonreír mientras todos nos dan la enhorabuena y nos abrazan. Prim me abraza fuertemente y mi madre se nos une.

- Me alegro mucho por ti.

- Gracias mamá, significa mucho.

Delly se acercó y me dio dos besos en las mejillas.

- ¡Enhorabuena! –le agradecí su felicitación y me volví hacia mi derecha, Gale me esperaba con una sonrisa.

- Al final sí vas a casarte –dijo Gale.

- Eso parece.

- Enhorabuena –dijo con una sonrisa y yo le abracé con sincero agradecimiento. ¡Estoy tan contenta de que nos apoye!

- Al final lo has conseguido –oí que le decía Haymitch a Peeta. Los dos me miraban y me sonreían. Entonces Haymitch levantó un brazo, invitándome, y yo me uní a ese abrazo colectivo de tres–. Estoy orgulloso de vosotros –oír eso solo consiguió que volviera a llorar.

Esto parece un sueño, no puedo dejar de llorar y sonreír a la vez. Quizás no vuelva a verlos, pero me alegro que el último recuerdo que conserve de ellos sea precisamente este. Paso de brazo en brazo hasta que por fin consigo volver al lado de Peeta.

- Así que por eso despareciste ayer –todo encaja ahora.

- Sí –a pesar de haberle dicho que sí, él sigue con esa cara de preocupación y aún le tiemblan las manos–. Te he dicho que sí, así que ya puedes calmarte –y le volví a coger la manos para intentar tranquilizarnos mutuamente a pesar de que el pecho me va a mil por hora.

- Pero lo he fastidiado –me soltó una mano para pasársela por la frente, aún está tembloroso–. Tenía todo un discurso que he olvidado al último momento, en parte cuando os he visto a todos reunidos aquí… –entonces miró a nuestros invitados– no era por excluirlos chicos, pero no os había dicho nada para que no fuéramos demasiados por si me decía que no… –está hablando con el grupo, de modo que no sé bien a quién se está refiriendo.

- Eso es culpa mía –dijo Prim dando un paso adelante–. Sabía que Katniss diría que sí, por eso los invité. Además, mamá tenía que verlo también –añadió.

- ¿A quiénes habías avisado? –pregunté con bastante curiosidad.

- Inicialmente a ninguno, porque no las tenía todos conmigo pero cuando Prim lo supo me pidió asistir y…

- Y yo tampoco podía perdérmelo así que me auto invité –añadió Haymitch–. He pelado incluso más que vosotros por esta relación, así que merecía asistir a esto –dijo haciéndose el importante.

Sigo sin tener claro quién sabía Peeta que venía y quién no, pero ya puedo imaginarme por qué se puso tan nervioso. No solo tenía que pedírmelo, sino que tenía que hacerlo con bastante público delante. Me sabe un poco mal por el mal rato que ha pasado, pero no puedo dejar de sonreír.

- Bueno ya ha pasado, ya puedes dejar de temblar –dije riéndome un poco pero Peeta seguía frustrado.

- Lo he hecho fatal, salió mejor cuando te lo pedí en el Capitolio… –se lamentó.

- No te preocupes, prefiero esta pedida improvisada.

- Peeta, Peeta –le llamó Prim– el anillo –le susurró.

- Mierda –dijo él cerrando los ojos.

- No pasa nada porque no haya –intervine rápidamente–, ¡te repito que me gusta esta versión de la pedida!

- No, sí que hay –dijo completamente apenado–. Lo olvidé –y se metió la mano en el bolsillo. Me puse nerviosa, ¿enserio había anillo? ¿Cómo había conseguido uno? Pero no pude disfrutar de ese momento porque Gale y Haymitch empezaron a entonar un coro de risas.

- ¿Estás de coña? ¿Tenías anillo y no lo sacaste? –Haymitch se reía tanto que tuvo que ponerse la mano en el estómago.

- ¿Cómo pudiste olvidarlo? –se sumó Gale– Solo tenías que recordar una cosa, literalmente. ¿Tan difícil era panadero? –dijo empezando a llorar de la risa.

- ¡Chicos! –los regañó Prim por mí– ¡Haced el favor u os voy a tener que echar de aquí! –dijo muy molesta.

- Espero que te guste –dijo Peeta con cierta vergüenza dándome una pequeña cajita.

- ¿Cómo conseguiste uno? –dije intentando no hacer caso de las risas de fondo de esos dos. Delly les estaba echando la bronca también.

- Beetee me ayudó a confeccionarlo. Ya verás –y una sonrisa se apoderó de su rostro. Eso me indica que sea como sea, será precioso seguro. Lo abrí y me quedé muda. Ahora eran mis manos las que empezaron a temblar de nuevo.

La perla.

La perla que Peeta me había regalado durante el Vasallaje había sido incorporada a un anillo plateado. No sé qué metal es pero me da que muy probablemente este material también sirva para confeccionar armas o aerodeslizadores, solo eso explicaría por qué Beetee lo tenía en su repertorio. Material reciclado con una perla reciclada y me encanta el concepto. Yo no necesito nada extravagante ni brillante, de hecho no me gustan las joyas, por eso esto es tan perfecto. No solo me resulta precioso, sino que además está lleno de significado. Recuerdo nuestro sufrimiento de esos días y también recuerdo el beso que nos dimos en esa playa, uno de los primeros besos que me hizo desear otro. Me aferro a su cuello sin mediar palabra, no puedo dejar de llorar y soy incapaz de hablar.

- ¿Te gusta? –me preguntó un poco preocupado– Espero que no te importe que haya tomado prestada la perla…

- ¿Estás de broma? –me separé de golpe– Es lo más precioso que nadie nunca me haya regalado. Es… perfecto en todos los sentidos. No sé cómo has podido pensar en esto… –Peeta me apartó las lágrimas con su pulgar.

- No sabes cuánto me alegra oírlo –dijo con agradecimiento y no pude evitar besarle. Estoy temblando de pies a cabeza, no me había esperado que un regalo pudiera tener tal efecto en mí.

- Gracias por todo esto –dije cuando nos separamos.

- Gracias a ti por aceptar –y luego añadió con un susurro– y por no hacerme quedar mal delante de todos ellos –los dos nos reímos. Luego miré a la multitud, los unos prácticamente pegados a los otros, en este pequeño compartimento.

- ¿Y ahora qué hacemos? –pregunté. ¿Cada uno iba a volver a sus tareas? No quería separarme de ellos.

- ¡Celebrarlo! –dijo rápidamente Haymitch, que parece que ya se ha recuperado del ataque de risa– Pedí que me dejaran celebrar una pequeña comitiva sin decir el motivo y se negaron, obviamente, pero después de insistir y hacerle un poco la pelota a Plutarch, he conseguido que para comer tengamos una mesa en una sala apartada donde podremos hacer todo el ruido que queramos –dijo animado y a mí la idea me entusiasma, me aferro al brazo de Peeta con ilusión–. A cambio quizás él se pase por allá un momento pero bueno, era lo mínimo –añadió menos animado–. Y tampoco habrá alcohol… –susurró con gran pesar–. Pero bueno, a las doce todo el mundo ahí –dijo un poco más animado. Prim empezó a dar unos saltitos de alegría y Delly incluso aplaudió.

Peeta me había preguntado en una ocasión si me había dejado algo por hacer en esta vida. La verdad es que había habido muchas, pero ya no soy capaz de acordarme. Celebrar y compartir una comida con mis amigos y familiares antes de irnos a la guerra era más de lo que podía desear. Sobre todo, si tenemos en cuenta de que me sentía casada con Peeta.

*Nota autora: ¡Hola! Siento haber tardado tanto pero este capítulo es bastante largo (no sé si sois conscientes pero… ¡son 8 páginas de word!). ¿Qué os ha parecido? No pretendía que saliera así pero a medida que iba escribiendo… ¿digamos que salió solo? ¿Os ha gustado la declaración de Peeta? Precipitada e imperfecta, pero muy dulce en el fondo, ¿no os parece? Muchísimas gracias por seguir leyendo mi fanfic y gracias por vuestros comentarios. Me hace mucha ilusión saber que seguís leyéndome. ¡Un abrazo muy fuerte, besos y cuidaos!