Estamos sentados en el aerodeslizador. Los soldados están callados, solo se oye el repiqueteo de las armaduras golpeando las paredes de metal. Todos están concentrados y tienen la mirada en el suelo, conscientes de lo que se avecina. Algunos no van a volver y eso lo sabemos todos los que estamos aquí. Va a ser un viaje largo hasta el Capitolio… pero no para mí. Toco mi dedo anular, siento el anillo de la perla debajo del guante y los recuerdos me invaden.
Flashback
La sala que nos han habilitado es pequeña pero cabemos los siete perfectamente. La comida es la misma que sirven a los otros en la cantina, pero estoy segura de que a nosotros nos sabe diferente. Todo el mundo se está riendo y comentan alegremente. Las conversaciones fluyen con naturalidad y yo no dejo de sonreír. A un lado tengo a Peeta, que me coge de la mano mientras Prim está sentada a mi otro lado y no deja de hablarme con entusiasmo sobre la boda que celebraremos en el 12 cuando volvamos. Yo no se lo discuto y dejo que siga hablando, a pesar de no estar muy segura de poder llegar a ver ese día. Sin embargo, me permito soñar con lo que Prim imagina: un vestido, música, un gran banquete… y me doy cuenta de que no lo quiero.
- Realmente no necesito nada de eso –le dije–. Solo me haría ilusión tostar el pan. Ya he llevado muchos vestidos –dije restándole importancia. Sí, ya he vestido suficientes vestidos de boda para toda una vida. Aunque si lo diseñara Cinna… Oh, Cinna, ojalá pudiera hablar contigo–. ¿Y qué tienes en contra de esta verdura insulsa y reseca? Yo lo considero todo un banquete –dije riéndome.
- Pero nos falta la tarta, ¡Peeta seguro que haría una muy buena!
- Oh, ya lo creo. Tendría dos pisos y lo decoraría con un glaseado que recordara al bosque –dijo él y vi lo que veía día tras día cuando venía a casa a escribir el herbolario conmigo; su capacidad para concentrarse y entrar en su propio mundo.
- Pero si tú odias el bosque –le recordé.
- Pero tú lo adoras –me recordó él a su vez con una sonrisa.
- Entonces debería llevar flores naranjas –Peeta me sonrió.
- Por supuesto –Peeta iba a darme un beso cuando el ruido de un vaso siendo aporreado sin compasión nos hizo girar. Haymitch estaba de pie, con el vaso levantado.
- Creo que es hora de que la pareja nos dedique unas palabras.
- No creo que haga falta –dije rápidamente y mirándolo de manera asesina. No está borracho pero se comporta como si lo estuviera.
- Claro que sí hace falta, preciosa –y me miró de manera maliciosa–. Vamos, ponte de pie –dijo mientras él se sentaba.
Solo tengo a mi familia y a mis amigos delante, pero me muero de vergüenza así que no pienso hablar. Bastantes discursos he dado ya… Peeta se levantó y yo tiré de él hacia abajo. Si él hablaba me harían hablar a mí también.
- No, no, no, siéntate –dije con nerviosismo.
- Vamos Katniss –me instó Gale tirándome su servilleta. Nadie había bebido nada, ¿por qué se comportaban así? Ah, ya claro, somos felices como hace tiempo que no lo somos.
- Bueno, yo solo quería agradeceros a todos vuestro apoyo –dijo Peeta desde su silla, porque lo mantenía sujeto a mi lado. Peeta empezó a decir lo acogido que siempre se ha sentido por todos nosotros.
Eso me hizo recordar que sus palabras se aplicaban a todos menos a Gale y en cierta medida a mí (porque pasé mucho tiempo confundida y alejando a todo el mundo de mí). Pero bueno, supongo que ya no importa, como tampoco importan las desavenencias que tuvo con Gale, que ya forman parte del pasado.
- ¡Que hable Katniss! –insistió Haymitch y le tiré la servilleta de Gale a modo de queja.
- Si no os importa ahora querría decir yo algo –me quedé muy sorprendida cuando oí hablar a mi madre, pero me faltó tiempo para cederle la palabra (todo antes que hablar yo).
- Sí, claro, adelante –estaba muy contenta por haberme librado de nuevo, pero sobretodo tenía mucha curiosidad por saber lo que iba a decir.
- Sé que te he fallado –me quedé de piedra. No esperaba que su discurso empezara así y mucho menos que lo confesara delante de todo el mundo.
Miré a mí alrededor en busca de caras sorprendidas pero no las encontré. Me sorprendí al darme cuenta de que todo el mundo lo sabía. Incluso Delly. Supongo que no pasaba desapercibido que una niña se paseara sola por el Quemador mientras su madre desaparecía del mapa. La gente tuvo que hablar de eso en el distrito.
- Pero no voy a volver a fallarte. Te quiero Katniss, a ti y a Prim, y eso no cambiará pase lo que pase –continuó diciendo mi madre–. En cuanto a ti Peeta, tengo demasiadas cosas que agradecerte y no sé ni por dónde empezar. Así que solo se me ocurre darte la bienvenida a esta familia de manera oficial, en la que ya pertenecías incluso antes de este enlace. Necesites lo que necesites, sé que hablo también en nombre de Prim al decirte que siempre nos tendrás para apoyarte y ayudarte, somos tu familia ahora –mi madre hablaba con seriedad como era habitual en ella, pero Peeta estaba serio también y eso ya no era habitual–. Confío en ti Peeta para que nos traigas a Katniss de vuelta una vez más –eso me provocó una punzada en el pecho–. ¿Puedo confiar en ti?
- Sí, señora Everdeen –dijo serio y yo me preocupé, eso no era algo que pudiera prometerle.
- Y espero lo mismo de ti Katniss, que nos traigas a Peeta sano y a salvo –eso volvió a sorprenderme. Nunca se había comportado así, ni siquiera cuando nos fuimos a los Juegos–. Y eso va por ti también Gale, el trato es que volváis los tres –añadió.
- Haré que tanto Katniss como Peeta vuelvan a su lado –dijo Gale serio y vi la preocupación en la cara de Delly.
- Mamá no podemos promete… –mi madre me miró con severidad pero fue Prim la que impidió que siguiera hablando.
- Yo no me muevo del Distrito 13 a pesar de que Coin me lo haya sugerido y tú vuelves, ese es el trato –dijo seria.
- ¿Coin se ha atrevido a…? –miré a Haymitch, esperando que entendiera que no debía permitir que eso pasara.
- Katniss –me dijo seria y volví la mirada a ella. Si esta vez lo prometía debía cumplirlo.
- De acuerdo. Acepto el trato.
Fin del flashback
- Todos a bajo –ordenó Boggs. Nos quitamos los cinturones y salimos del aerodeslizador. Una ciudad fantasma nos dio la bienvenida–. En formación –ordenó y empezó a adjudicarnos turnos de vigilancia y tareas, cuando llegó a mí se detuvo–. ¿Te importa si sigo llamándote Everdeen? Podríamos confundirnos con dos Mellarks –así descubrí que Boggs sabía que me había casado de forma simbólica. ¿Quién se lo habría dicho?
- Everdeen está bien, decidimos que sería más fácil para el país si no me cambiaba el apellido, ya sabes, tendríamos que cambiar demasiadas pancartas –conseguí hacer reír a Boggs.
- Mejor, porque ya estoy acostumbrado –le sonreí.
- Menos mal, cuanto menos "Mellark eso, Mellark lo otro" oiga, mejor –añadió Gale en broma. Boggs lo miró y Gale se puso firme. Teníamos que mantener el tipo así que yo también dejé de reír.
Nos pasábamos el día disparando y grabando. Era muy aburrido pero también seguro (estábamos en la periferia), lo que complicaba bastante poder llegar hasta el Centro de Entrenamiento. Gale, Peeta y yo no nos separábamos ni un segundo y eso no pasaba desapercibido. No terminaban de confiar en nosotros, básicamente porque formábamos un grupo independiente y sentían amenazada su unidad como pelotón. Tenían motivos para sospechar, obviamente, porque planeábamos ir a nuestra bola, pero aún no habíamos encontrado el momento.
Volví de mi turno de guardia y toqué el hombro de Gale. Sí, intentaban mantenernos separados en las tareas, pero les funcionaba a medias porque terminábamos uniéndonos de nuevo al terminarlas.
- Gale te toca –le susurré. Él bostezó, movió un poco los hombros y se levantó.
- ¿Todo bien? –me preguntó.
- Sí, no hay nadie fuera.
- Peeta está allá –y me lo señaló con la cabeza. Cuando pasó por mi lado le detuve. Él me miró curioso y yo le señalé con la barbilla de manera casi imperceptible en dirección a Boggs y al holo que descansaba en su regazo–. ¿Un abrazo de buenas noches? –y sin esperar respuesta me abrazó y escondió su cara en mi pelo para susurrarme al oído– No es el momento. Esperaremos –se separó de mí con una sonrisa–. Intenta descansar.
- Gracias, buenas noches.
Gale se fue y yo intenté no hacer ruido mientras cruzaba por el campamento evitando pisar a nadie. Peeta estaba dormido y me senté a su lado con una delicadeza que no fue suficiente, porque se despertó.
- ¿Cómo ha ido? –me preguntó con los ojos medio cerrados.
- Bien, aburrido –apoyé mi cabeza en su hombro y me puse cómoda, él también se apoyó en mí, Peeta entrelazó nuestros dedos–. Siento haberte despertado...
- No lo sientas, quería estar despierto cuando volvieras.
- Pero te toca guardia después de Gale y necesitas dormir.
- Eso son detalles sin importancia –por el tono de voz que utilizó parecía bastante somnoliento. Le di un beso en la mejilla.
- No hables, duerme –no me costó mucho convencerle.
- Buenas noches –me susurró. Y se durmió antes de que pudiera responderle.
La oportunidad sucedió poco después y casi hubiera preferido que no sucediera, porque se activaron vainas que no salían en el mapa y perdimos a parte del batallón, de entre los cuales se encontraba Boggs. Me dolió muchísimo su pérdida, él era un buen hombre y me había caído bien desde el principio. Además, me ofreció el holo a mí, introdujo los datos para que solo yo pudiera utilizarlo. Sus últimas palabras fueron un aviso, me dijo que vigilara porque Coin planeaba matarme. Cuando le pregunté por qué hacía todo eso por mí, me dijo que porque me lo había ganado y porque merecía sobrevivir. Esas palabras resonaron muy fuerte en mi mente. Merecía. Yo "merecía" sobrevivir. Yo me había ganado ese derecho… no dejaba de darle vueltas al asunto porque si alguien no merecía morir como había muerto, ese era Boggs. ¿Por qué? ¿Por qué nos había pasado esto? La guerra, la rebelión, los Juegos… ¿nos merecíamos todo este sufrimiento? ¿Cómo nos habíamos ganado esto?
- Katniss el mapa, ¿dónde vamos? –me dijo Gale devolviéndome a la realidad. Ese alquitrán negro y pegajoso parecía haberse secado, así que teníamos que irnos de allí y encontrar un lugar seguro.
Me di cuenta de que todos estaban esperando mis órdenes, sin pretenderlo me había convertido en la líder pero asumí el cargo porque teníamos que salir de allí como fuera, así que lideré la marcha hasta escondernos en uno de los edificios adyacentes. Mi cabeza iba a mil por hora, ¿qué íbamos a hacer? No podíamos dejar al resto del pelotón, ahora nos estaban buscando. ¿Nos los llevábamos? ¿Me había ganado sobrevivir realmente?
- Toma –me dijo Peeta y me tendió una lata. Habíamos encontrado comida y nos la estábamos repartiendo pero yo no estaba prestando mucha atención. Cogí la lata que me ofrecía y vi que era estofado de cordero con ciruelas, mi plato favorito del Capitolio.
- Oh, Peeta… –entre toda esa miseria Peeta había conseguido devolverme un poco de luz. Le besé– gracias.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Yo digo que me des el holo a mí y yo nos guiaré hasta las afueras –dijo Megan con cierta hostilidad, pero no me iba a dejar convencer. Gracias a Peeta había recuperado la confianza en mí misma.
- Os voy a ser muy sincera –dije con la cara que Haymitch denominaba "de mala uva"–. Boggs me ha confiado el holo y no pienso renunciar a él así que voy a utilizarlo para infiltrarnos en el Capitolio y rescatar a los tributos secuestrados.
- ¡¿Estás loca?!
- No os voy a obligar a venir a conmigo, pero si volvéis vas a tener que hacerlo solos.
- ¿Nos envías a morir? ¡Somos un equipo! ¡Boggs no te hubiera cedido el mando de saber lo que planeabas! –y se acercó a mí para quitarme el holo a la fuerza pero Gale y Peeta reaccionaron al acto y la bloquearon antes de que consiguiera llegar a mí– ¡Soltadme! –solo la soltaron cuando dejó de forcejear–. Había olvidado que te trajiste a tus propios guardaespaldas… –y escupió en dirección a ellos.
Todos empezaron a hablar y a opinar. Las conversaciones se solapaban pero a grandes rasgos entendí que dos querían irse, mientras que el resto sorprendentemente querían venirse conmigo.
- ¿Para qué te apuntaste entonces? –le preguntó Peeta a Megan– ¿Para esconderte en las afueras o para hacer un cambio? Esas personas necesitan nuestra ayuda.
- ¡No les debo nada! –le dijo a escasos centímetros de su rostro, escupiendo las palabras con odio.
- Les debes que los escogieran a ellos como tributos y no a ti –le respondió Peeta.
- ¡Es un plan suicida! ¡Ni siquiera sabemos qué hay allí! –se quejó Jacob.
- Katniss y Peeta ya han estado en el Centro de Entrenamiento, vivieron ahí. Se conocen la zona –le respondió Gale.
- ¿Y las trampas?
- Han participado en dos Juegos del Hambre, saben más de trampas y de cómo piensan los del Capitolio que ninguno de nosotros.
Entonces Pollux, que había sido avox, hizo gestos para indicar que él podría ayudarnos, porque también se conocía la zona. Estábamos gritando mucho cuando el himno nos hizo callar a todos. La televisión se había encendido y nuestros rostros eran los protagonistas. Ver eso fue una experiencia verdaderamente traumática. Así anunciaban las muertes en la arena, de modo que había podido ver lo que hubieran visto los otros tributos si yo hubiera muerto en la arena.
- Creo que somos los únicos tributos que han visto anunciadas sus propias muertes –le susurré a Peeta. Me seguía considerando un tributo, sobre todo desde que habíamos vuelto al campo de batalla–. ¿Peeta? –pregunté al ver que no me respondía así que le miré y me asusté; se había puesto blanco como la cal.
- Nada… –me mintió e intentó volver a la conversación.
- Pronto descubrirán que seguimos vivos y vendrán a por nosotros, da igual que huyamos hacia las afueras, no llegaríamos a tiempo –razonó Gale.
- Pero al menos tendríamos una oportunidad, que es más de lo que tendríamos yendo al corazón del Capitolio. Seguro que saben que queréis ir a buscar a vuestros estúpidos amigos…
- Entonces nuestros caminos se separan –dije seria–, y casi que mejor, si nos vamos en distintas direcciones dividiremos su atención y tendremos más posibilidades de sobrevivir.
- Perfecto, con un poco de suerte irán tras tu grupito y nos dejaran tranquilos a los demás –dijo de forma muy desagradable.
- Está decidido pues –dijo Gale con seriedad–, dormiremos cuatro horas y nos iremos. Tenemos que intentar aprovechar la ventaja que tenemos antes de que se den cuenta de que estamos vivos –y con eso se acabaron las conversaciones. Nos dividimos en dos grupos según nuestra afinidad por los planes y nos preparamos para dormir.
Peeta seguía con esa expresión de preocupación que no podía descifrar. Se había sentado un poco apartado y me acerqué a su lado.
- ¿Estás bien? –le puse una mano en el hombro. Sus mejillas seguían blancas.
- Siempre he sido consciente de la suerte que hemos tenido de sobrevivir hasta ahora pero… si yo hubiera muerto tú hubieras visto eso –dijo con agonía y entonces entendí lo que pasaba. Después de ver esas imágenes se estaba imaginando mi reacción al ver su cara reflejada en la bóveda del campo de fuerza–, y lo que es peor, si yo hubiera llegado a ver tu rostro ahí yo no… no sé qué hubiera hecho –le cogí de la mano.
- Pero no pasó y no pasará –me apresuré en decirle pero era tarde, Peeta ya estaba muy afectado. Me puso una mano en la mejilla, veía el dolor reflejarse en esos ojos azules.
- Si algo llegara a pasarte… perdería lo único bueno que me queda en esta vida –puse mi mano encima de la suya.
- No pasará nada. Nos protegeremos mutuamente, como siempre hemos hecho –dije para intentar tranquilizarlo.
- Te quiero –me dijo con el ceño fruncido, muerto de la preocupación.
- Y yo a ti –y le besé–. Ahora será mejor que nos vayamos a dormir, necesitamos descansar –cogí un cojín del sofá donde dormía Castor y que no utilizaba, lo puse en el suelo y nos tumbé, tirando suavemente de Peeta. Me abracé a él y él me devolvió el abrazo con fuerza. Me sentí reconfortada, sus brazos eran el lugar más seguro que había conocido jamás.
- Me alegro tanto de que aceptaras casarte conmigo… –susurró mientras me acariciaba el pelo.
- Y yo me alegro de que me lo pidieras –sobre todo lo veía claro estando en esta situación. No haber dejado cabos sueltos era lo máximo a lo que podíamos aspirar ahora mismo.
Nos besamos como no lo hacíamos desde que dejamos el trece. El ambiente había sido tan tenso y deprimente, que no habían invitado a compartir momentos románticos, pero ahora estábamos asustados y en cuatro horas empezaría la persecución de verdad. Solo los labios del otro podrían tranquilizarnos en un momento así y no lo desaprovechamos. Le besé intentando demostrarle todo el amor que sentía por él.
**Nota autora: ¡Hola! Últimamente he tardado mucho en actualizar así que voy a intentar compensarlo. Muchas gracias por seguir leyendo mi fanfic y por seguir acompañándome. Espero que os guste. ¡Muchos besos y cuidaos!
