Capítulo 16: Los tributos secuestrados

Me desperté antes de que pasaran esas cuatro horas. Fue un acto reflejo, como consecuencia de los Juegos y del entretenimiento, así que cuando oí los pasos y el crujir de un arma al quitarle el seguro a escasos centímetros de mi oreja me moví instantáneamente. Empujé a Peeta para que los dos rodáramos por el suelo, alejándonos solo milésimas de segundo antes de que el arma se disparara. Ya despierta encontré un agujero de bala donde había estado descansando mi cabeza y me encontré con Megan y Jacob armados, en posición de ataque. Jacob levantó el arma, apuntándonos. Esta vez no iba a poder escapar y el instante que tardé en oír el disparo se me hizo eterno.

No me habían disparado a mí, sino a Jacob. Miré a mi derecha y me encontré con Cressida apuntando con su arma. Todo el mundo se despertó en ese momento y antes de que Jacob cayese al suelo, abatido, Gale ya había saltado encima de Megan, apartando el arma de ella de un manotazo.

- ¿Estáis bien? –preguntó Cressida aun apuntando con el arma.

- Sí –respondí temblando levemente, entonces miré a Peeta– ¿Tú?

- Sí, también… –dijo aún aturdido– gracias por cierto.

- Eso díselo a Cressida –dije verdaderamente agradecida. Nunca habíamos hablado demasiado pero me gustaba su carácter y su corte de pelo, y ahora le debía la vida.

- Ya habrá tiempo para eso después –dijo Gale que justo terminaba de ponerle las esposas a Megan. Gale la apuntó con el rifle en la cabeza–. Habla, ¿qué pretendías conseguir con eso?

- Oh, déjame –dijo rabiosa y dándole la espalda para mirar a su compañero. Cuando comprobó que estaba muerto vi la decepción en su mirada, pero nada más. No se la veía especialmente triste ni conmocionada.

- Respóndeme. ¿Por qué queríais matar a Katniss?

- Por el mapa, pedazo de estúpido –dijo ella con odio.

- ¡No mientas! –y le dio un golpe con la parte de atrás del rifle. Me levanté de golpe ante esa violencia. Iba a pedirle que se detuviera cuando oí su razonamiento– Sabíais que necesitabais que Katniss introdujera el código en el holo para que vosotros pudierais utilizarlo. Así que no me vengas con que queríais robar el mapa. Además, ¿qué rebelde mataría a la imagen de la rebelión? ¡Habla!

- Tortúrame si quieres, niñato. Pero no sacarás nada de mí –Gale volvía a prepararse para golpearla cuando le detuve.

- ¡No! Espera… –me giré en dirección a Megan y la miré con solemnidad al darme cuenta de que ya sabía lo que había pasado– Te lo ha ordenado Coin, ¿verdad? El holo te trae sin cuidado.

Oí suspiros de sorpresa a mí alrededor pero la risa de Megan me lo confirmó.

- Pero si en la tele ha dado todo un discurso en tu honor… –comentó alguien detrás de mí.

- ¿Coin? ¿Por qué? –me preguntó Gale. Megan respondió por él.

- Esta cursi ha conseguido mucha influencia, demasiada de hecho, y eso es una amenaza no solo para Snow sino para cualquier líder. Ya da igual el bando, todos te quieren ver muerta –vi la consternación en la mirada de Gale. Sabía que la presidenta no le había despertado una gran simpatía, pero esto era diferente, había intentado atentar contra mi vida–. ¿Cómo te sientes pajarillo? ¿Enjaulado vayas donde vayas? ¿No te duele descubrir que te han estado utilizando? –me preguntó con la intención de herirme pero yo simplemente me limité a encogerme de hombros, como si la cosa no fuera conmigo.

- La verdad es que estoy más acostumbrada de lo que podrías imaginarte –respondí tranquilamente. Los Juegos nunca terminan y ya he abandonado cualquier ilusión de tener un estilo de vida distinto; siempre habrá alguien que querrá utilizarme para su propio beneficio.

- ¿Y qué hacemos ahora? –preguntó Peeta, preocupado.

- Lo mismo que antes –respondí con serenidad. No estaba fingiendo la calma que sentía, era una calma real. Era como si ya nada pudiera sorprenderme. ¿Haber estado a punto de morir? ¿Haber sido traicionada? Me pasa varias veces a la semana–. La diferencia es que vamos a dejarla atrás y desarmada.

- No creo que sea buena idea –dijo Gale y levantó el arma apuntando a su cabeza–. Le dirá a Coin que sabemos sus planes.

- Se lo quitaremos todo, no podrá comunicarse con ella –respondí.

- Da igual, si la encuentran los del Capitolio la matarán de todos modos –opinó Cressida.

- Entonces permíteme hacerte un favor –dijo Gale apuntando de nuevo a Megan.

- ¡Basta! Estamos perdiendo tiempo. Vosotros, recoged las provisiones y vosotros dedicaros a borrar cualquier rastro que hayamos dejado –empecé a organizar al grupo.

- ¿Y conmigo que harás? –preguntó al ver que no le prestaba atención.

- Ya te lo he dicho. Apáñatelas tú sola.

Gale estaba claramente en contra y Megan lo sabía, por eso arremetió contra él. Se le tiró encima e intentó morderle como un animal salvaje. No pude evitar recordar a Enobaria y a sus dientes puntiagudos. Antes de que pudiéramos intervenir, a Gale no le había quedado otro remedio que apretar el gatillo en defensa propia.

- ¿Estás bien? –pregunté ayudando a Gale a levantarse.

- Creí que habías aprendido la lección cuando fuimos al Distrito 2 –dijo molesto y rechazando mi ayuda–. ¿Acaso no te disparó la gente a la que tratabas de ayudar?

- Lo siento… –me disculpé.

- Parece mentira que seas tan confiada después de todo lo que te ha pasado. Deberías empezar a entender quién eres y lo que representas para los demás, maldita sea –y me pasó por el lado. No supe qué contestarle, así que me quedé observando como Pollux, uno a los que había encargado para que borrara nuestro rastro, cogía a Megan de un pie y la arrastraba hasta esconderla en un armario.

- No te fustigues así… –me dijo Peeta poniéndome una mano en el hombro.

- Pero tiene razón, me he confiado y Gale ha estado en peligro... debí haberlos separado de inmediato… –Peeta iba a rebatirme pero no tuvo ocasión, porque la potente voz de Gale captó nuestra atención.

- Esto nos ha retrasado demasiado, vámonos –dijo con seriedad.

Inspiré profundamente y me decidí. Estaba al mando e iba a proteger a mis compañeros, no había nada que dudar. Así que saqué el mapa y con la ayuda de Pollux nos metimos en los túneles subterráneos.

Cuando salieron los mutos a nuestro encuentro corrimos como alma que lleva el diablo. Había demasiados, no podíamos matarlos a todos. Empezamos a tener bajas y yo me desesperé.

- ¡Adelantaos! –les grité mientras los empujaba. Esperé a que los mutos se acercaran– ¡jaula de noche, jaula de noche, jaula de noche! –y tiré el holo.

No había sido una gran idea, porque el túnel era estrecho y esa gran explosión provocó que rápidamente todo empezara a desmoronarse. Fue tal la destroza que estaba convencida de que nos darían por muertos a nosotros también, si no es que moríamos de verdad.

- ¡Katniss! –oí que alguien gritaba mi nombre. Hasta que el polvo no se asentó no pude discernir la figura de Gale buscándome. ¡Qué bien, no estaba herido!

- ¡Aquí! –intenté gritar con todas mis fuerzas pero apenas logré que mis palabras fueran audibles. Algo me estaba oprimiendo el abdomen y apenas podía respirar.

Gale terminó por encontrarme pero él solo no podía levantar los escombros que me apresaban.

- ¡Peeta! ¡Ven! –gritó mirando hacia atrás. Desde mi ángulo no podía verlo pero parecía que estaba ayudando a alguien más adelante en el túnel– Trata de calmarte, respira poco a poco –me aconsejó.

- ¿Cuantos quedamos? –pregunté en un susurro. Cerré los ojos, la verdad es que me dolía mucho.

- Los suficientes para seguir con la misión –eso no me servía y Gale lo sabía– creo que seis –dijo al final y eché mi cabeza hacia atrás, agobiada. Era responsable de todas esas muertes.

- Ya estoy aquí –dijo Peeta jadeando.

- ¡Peeta! –grité aterrada. Tenía media cara ensangrentada.

- Se ve peor de lo que realmente es. Solo me he dado un golpe en la cabeza, estoy bien –se colocaron en posición–. A la de tres. Una, dos y tres –y tiraron a la vez. Realmente la fuerza de Peeta era envidiable. Me escurrí entre el hueco y pude salir– ¿Estás bien? –no pude responder inmediatamente. A pesar de que ahora nada me impedía respirar, seguía sin poder hacerlo bien.

- Sí, solo necesito un momento… –me palpé el abdomen y reprimí el impulso de levantarme la camiseta. Tuviera lo que tuviera, verlo no me ayudaría. Así que me conformé con palparlo levemente y alegrarme de que no estuviera mojado de sangre.

- Pues no lo tenemos –dijo Gale y me pasó un brazo por debajo de la axila, levantándome–, tenemos que irnos. Peeta ¿crees que podrías guiarnos? Ahí hay un agujero que da al exterior, con un poco de suerte quizás puedas orientarte.

- Sí, creo que podré, estamos bastante cerca –me echó un último vistazo para asegurarse de que estuviera bien antes de seguir adelante. Mientras Peeta avanzaba pude ver como de vez en cuando seguía tocándose la cabeza. Debía dolerle bastante.

- Bien, vamos nosotros también –me colocó un brazo en sus hombros y empezó a tirar de mí. No podía correr y Gale lo sabía, pero no tenía alternativa así que básicamente empezó a arrastrarme– Tu marido está preocupado.

- Y no le culpo, yo también lo estoy… Pollux, ¿estás bien? –pregunté al verle cojear. Asintió con el semblante serio, su hermano había sido devorado por los mutos– Pronto llegaremos… –dije para intentar animarlo, a pesar de que pronto llegaríamos… a un edificio lleno de trampas.

- Estamos en la plaza –dijo Peeta al volver entrar en el túnel–. Pronto se hará de día, tenemos el tiempo justo para llegar.

- Este es el momento, si no queréis venir decidlo ahora –les dije a lo que nos quedaba de pelotón. Nadie dijo nada–. En ese caso vamos.

Nos escondimos entre las sombras y avanzamos bastante rápido. Lo bueno de estar ya tan a dentro de la ciudad era que las vainas estaban desactivadas. Me acostumbré al dolor y pude volver a andar sola, me puse al lado de Peeta y entre los dos decidimos cuál sería la mejor manera de entrar.

- Iremos por la puerta de los tributos, es por donde nos hacían pasar para escondernos de la gente. Es el lugar más oculto que conocemos –le explico al equipo.

- ¿Cuál es el plan?

- Nos ponemos las máscaras y lanzamos las bombas de gas. Si se resisten haremos fuego a discreción, no podemos permitirnos más bajas. Una vez tengamos a Finnick, Johanna, Annie y Enobaria con nosotros buscaremos refugio en los túneles subterráneos así que estad atentos a las entradas ¿De acuerdo? –todos asintieron, harían lo que les dijera. De nuevo sentí una gran responsabilidad– Bien, vamos. Tenemos poco tiempo.

Por suerte la puerta no estaba vigilada. Entramos en formación y con precaución. Avanzábamos a medida que lanzábamos las bombas de gas. Un par de personas cayeron al suelo desmayadas. Bien, evitar el enfrentamiento era crucial. Nunca había estado en el sótano y francamente era increíble lo grande que era. Creo que nadie me había creído tan estúpida como para volver aquí, por eso había bastante poca vigilancia. Pero claro, solo de momento, hasta que dieran la alarma de que estábamos aquí.

Bajamos pisos hasta dar con una especie de laboratorio. Tenía que ser aquí así que seguimos con el mismo procedimiento y entramos. Y sí, era aquí. Me lo confirmaron las distintas herramientas de tortura que habían repartidas por las mesas. Intenté mantener la calma pese a que se me contrajo el estómago. Nos dispersamos para encontrarlos más rápido. Peeta y yo dimos con la celda de Johanna.

- Santo cielo… –susurré al verla a través de la puerta de cristal.

Había intentado prepararme mentalmente para eso, pero mis esfuerzos fueron completamente en vano. Estaba completamente irreconocible; esquelética, ensangrentada, con la mirada perdida y con tics. También le habían rapado el pelo y solo llevaba una bata mohosa. Ni en sus peores momentos en la arena había tenido este aspecto.

- Johanna hemos venido a salvarte, no tienes que preocuparte de nada ahora –dijo Peeta tratando de encontrar el modo de abrir la puerta. Yo me separé para seguir buscando, cuando di con Annie sentí un gran alivio–. ¿Crees que habrán dado ya con los fusibles? –y entonces se apagaron las luces, el sistema había sido desactivado y una luz tenue roja se encendió en su lugar– ¡Bravo Cressida! Aparta Johanna –Johanna no se movió, Peeta disparó y el cristal se rompió en mil pedazos.

- Hemos encontrado a Johanna y a Annie pero no hay rastro de los otros –dije por el pinganillo avanzando por el pasillo, las otras celas estaban vacías.

- Nosotros tenemos a Finnick, está inconsciente. No hay rastro de Enobaria –dijo Gale, una nueva voz se filtró en la radio.

- Enobaria está aquí. Está en buenas condiciones y dice que puede guiarnos hasta fuera.

- Estupendo, nos encontramos en la sala principal en cinco minutos… –oí como una alarma empezaba a sonar– ¡Ya! ¡Nos reunimos ya! –disparé a la cela de Annie y entré a buscarla. Annie se negaba a venir, forcejaba conmigo. Físicamente no se la veía tan desmejorada como a Johanna, pero psíquicamente era todo otro mundo– Annie venimos a salvarte, soy Katniss Everdeen, soy amiga de Finnick –fue decir el nombre de Finnick y cambiar completamente su predisposición a seguirme–. Sí, Finnick, exacto, él es mi amigo. Sé dónde está, vamos a buscarlo –parecía que podía andar así que la cogí de la mano y tiré de ella hacia fuera. Peeta me esperaba en el pasillo, llevando a una Johanna medio desmayada cargada a la espalda.

- Salgamos de aquí.

La situación se volvió muy crítica, Gale y Peeta que llevaban a rastras a Finnick y a Johanna hacía que contáramos con dos tiradores menos. Yo intentaba cubrirles las espaldas sobre todo ahora que empezaban a llegar soldados. Enobaria nos guio hacia abajo, alejándonos cada vez más de la puerta por la que habíamos entrado. Empezaba a creer que había sido un error confiar en ella cuando me encontré en las cloacas. Pollux sustituyó a Enobaria en su papel como guía y pronto nos alejamos. Ojala tuviera otro holo para destruir de nuevo la salida que habíamos utilizado… pero bueno.

Huimos y descendimos más de lo que creía humanamente posible. Dimos muchos tumbos y me sentí perdida y desorientada completamente, pero Pollux parecía saber lo que hacía, estaba despistando a nuestros perseguidores (y a mí, pero mientras él no se perdiera todo iría bien). Al final nos detuvimos.

Me dejé caer de rodillas. Mis pulmones buscaban aire con toda la fuerza de su ser, aunque ese aire estuviera podrido y apestara. Todo el mundo estaba intentando recuperar el aliento. Sobretodo Gale y Peeta que habían estado cargando a esos dos. Ahora era el momento de revisar heridas y hacer recuento de los víveres y arsenal del que disponíamos, que no era mucho. No podíamos relajarnos, tendríamos que enfrontarnos al hambre, la sed y el cansancio, pero me atreví a esbozar una sonrisa; lo habíamos conseguido, los habíamos salvado contra todo pronóstico.

.

.

.

**Nota autora: ¡Hola! ¿Qué tal? No tenía muy claro qué hacer con Enobaria, pero supongo que al final, al igual que Katniss, me sabía mal dejarla de lado. Al fin y al cabo es otra víctima del sistema. Por otra parte, como habréis visto Megan y Jacob son personajes inventados para que tenga un poco de sentido el tema Coin, ya que ahora su trama de villana irá por otro lado. De paso he aprovechado para demostrar una vez más cuán diferentes son las perspectivas sobre la guerra entre Gale y Katniss, lo que a la obra original da apoyo a su relación con Peeta (siempre intento hacerlo lo más coherente posible). ¿Qué opináis? Sé que la trama de la guerra puede hacerse un poco pesada, pero será breve, lo prometo.

De nuevo muchas gracias por seguir leyendo mi fanfic y por seguir acompañándome. ¡Mil gracias! ¡Muchos besos y cuidaos!