Anotaciones;comentarios;opiniones de la autora | Sáltecelo. No es necesario leer. Y es probable que termine rageando.

Esta vez me costó un poder completar este capitulo. Quien sabe por qué, pero igual me agradó que quedase bastante largo. Quería subirlo lo antes posible ya que en el raw (145) ¡Se habló de matrimonio! Por fin después de mucho quieren contraer nupcias y eso me hace tremendamente feliz. Lo que no me hace para nada feliz fue haberme enterado que quería terminar el manga en 4 actos mas :D Personalmente siento que el manga terminará tomando un camino muy apresurado, y se va viendo desde el arco de Akura... Y eso de embarazar a Himemiko por ejemplo se me hizo muy forzado. Ya esta bien, Kotaro tiene como uno o dos años mayor que Nanami (No recuerdo bien) pero lo sentí muy brusco para que la pareja se quedase si o si junta. Entiendo que ya no quiera tener nada que ver con el manga la señora. Pero si los cabos sueltos los va a atar de ese modo será una verdadera decepción el final del manga.

En fin, es opinión personal. A quien le guste como va terminado el manga respeto su opinión al 100% y a quien no, pues tambien.

Sin mas espero que les guste este capitulo. No vemos a fin de mes :)

Pd: Creo que cambiaré el rango del fanfic. Ya que agregaré una serie de asuntos un poco mas adultos en la historia... Pero ahi lo veré.


II: Boda

En un retirado recinto de Tokyo construido en la cima de una montaña alejada de la aglomeración de una ciudad capitalista que crece continuamente, se encuentra el respetado templo Mikage, donde los mejores deseos de matrimonio quedan bendecidos por la divinidad quien los resguarda desde hace cientos de años.

Sin embargo, a pesar de que se considera un recinto sumamente tranquilo, se ha ido desvaneciendo su característica paz a su alrededor, dando paso al inicio de una guerra potencial. Hace semanas los devotos han ido escuchando cada vez más alaridos por parte de los integrantes del templo principal, desde quejas minúsculas a discusiones que llevaban horas en cesar.

Hace un par de semanas, una joven pareja había decidido contraer un matrimonio tradicional sintoísta en aquel recinto. Nada fuera de lo común, cabría decir. Muchas personas han contraído nupcias en el templo Mikage donde la sacerdotisa principal lo organizaba sin ningún tipo de problemas y con una destreza sin igual.

¿Cuál era el problema entonces? Pues que la joven diosa de la tierra quería que fuera el matrimonio más glorioso que se había sido capaz de planificar para que sus queridos, y cabía decir particulares visitantes, disfrutaran con goce cada momento del ansiado día. Pero tenía una gran complicación, al hacerlo en el templo principal para que ningún humano irrumpiese la velada, tenía que organizar todo con minúsculos detalles por si sola.

Y es por esa razón que la pobre chica lo estaba pasando fatal. Los días se hacían cada vez más cortos, requería en más de una ocasión manos extras para poder adornar el recinto para el ansiado día. Himemiko se preocupara de que el trabajo para la joven diosa fuese lo más liviano posible, de todas formas se trataba de su propia boda. Pero había ciertas cosas que solo Nanami podía hacer correctamente, por lo que su buena voluntad terminaba siendo inútil.

Mientras caminaba con agilidad por los pasillos del templo con apuntes en mano iba viendo por los alrededores si existía un defecto, un detalle o una tarea que se le había pasado por alto. Necesitaba que aquella boda fuera la mejor planeada en su aun larga vida como zenko. Ella los había unido como pareja y apoyado en todo lo que necesitaban cuando el tiempo exigía respuestas por su futuro incierto. Y ahora era ella quien los uniría eternamente.

Pero de un segundo a otro sin siquiera tener la oportunidad de reacción, fue apresada con firmeza por unos brazos ajenos, siendo llevaba al interior de una de las habitaciones del templo... Sabia de quien se trataba y por eso su molestia no tardó en aparecer.

- ¿¡Q-Que haces!?

- Sólo estoy recibiendo mi compensación…

Tomoe estaba más que fastidiado ante toda la situación que ya llevaba semanas en prepararse. No soportaba los matrimonios que se atrevían a irrumpir la tranquilidad de su hogar ni mucho menos con una relación que desde el principio había estado en contra de que siguiese. Ahora no solo era por ser seres tanto de mundos diferentes como de esencias poco compatibles, sino que en el desarrollo de su romance, su querida mujer siempre tenía que estar en medio de modo que aquellas diferencias fueran desvaneciéndose… ¡Y ahora por culpa de ellos se encontraba totalmente estresada!. Con un rostro de no haber dormido bien en días y un temperamento que no soportaba que siquiera le dirigiesen la palabra si no tenía que ver con la planificación de la boda. Y el había sido el único en recibir toda esa frustración.

Le apresó en contra de la pared para poder observar su agotado rostro con una dulzura seductora. Arrebatándole de paso la carpeta con la serie de papeles escritos de forma ordenada y tirarlos a un lugar desconocido de la habitación. Ella sin embargo estaba molesta por su repentino ataque y trataba de alejarlo inútilmente con sus delgados brazos, pero no la dejaría escapar tan fácilmente. En contra de sus quejas unas hábiles manos ajenas viajaban con avidez sobre el contorno de sus muslos, delineando un camino desde el inicio hacia el centro de su espalda baja, comenzando inconscientemente a encender una calidez en su vientre que se iba encaminando por todo su interior, la respiración cerca de su cuello ocasionaba que su piel se erizara en expectación y ansia. Tomoe conocía cada rincón de su piel y sabía cómo encenderla como quisiera, pero no quería permitir que justo ese día se atreviese a robar su voluntad.

- …¡No!... Y-Ya te dije-

- Que no me tomarás en cuenta hasta que la boda acabe, lo sé. Sólo quiero jugar con mi querida esposa~ Tómalo como un receso. - Susurró cerca de su oído, haciéndole pegar un pequeño salto nervioso-

- ¡No tengo tiempo!

Para callar sus quejas incesantes le besó con la mayor ternura que podía tocar esos marchitados labios. Logrando que su resistencia se fuera desvaneciendo poco a poco y deteniendo por un instante aquellos brazos que le empujaban con insistencia, su boca por inercia comenzó a responder sus dulces y ansiados besos, abriéndola y dándole paso a que le disgustara como quisiese con una ansiedad que demandaba llevar su encuentro furtivo más allá de lo permitido. La castaña peleaba inútilmente en contra de sus instintos e iba perdiendo con diferencia. ¡Pero maldición, había pasado tanto tiempo desde que Tomoe no le tocaba de tal forma!

- ¿No quieres jugar sólo un momento… Nanami?~ Aquel dulce ronroneo cerca de su oído la hizo temblar con satisfacción, sacando inconscientemente un suspiro alentador para que el kitsune siguiese su tarea, sentir su caliente respiración en la unión entre su oído y su yugular era delicioso. Y vaya que lo extrañaba. ¿Que importaba pausar por tan solo unos minutos su laborioso trabajo? ¡Se lo merecía! -

- S-Solo… 10 minutos.

Sin más preámbulos la tiro sin delicadeza al reluciente piso de madera que amortiguo su caída de un golpe certero. Era tocada y besada sin nada de vergüenza por aquel hombre que parecía estar endemoniado por la lujuria de su cuerpo. Su delgado kimono era desordenado por unas suaves manos que se entrometían a través de la tela, tocando sus hombros desnudos, su espalda y el contorno de su trasero femenino presionado sin ninguna piedad, sacando sonoros gemidos de dolor y goce por parte de la chica. Aquella reluciente piel albina no se hizo esperar en ser mostrada ante sus ojos cuando de un movimiento su kimono masculino se desordeno mostrando la piel de su torso, pasando sus manos donde la tela se lo permitía, amaba la suavidad de su pecho y exquisito aroma que poseía su cuello.

Pero Tomoe no le permitió que siguiese con su faena de descubrir la piel detrás de su kimono. Con una sonrisa ladeada comenzó a descender desde su cuello hacia el inicio de su pecho. Haciendo que se encorvara con el toque de su lengua sobre su piel expuesta, solo con el roce de sus manos ya sentía que iba a caer rendida en cualquier momento, estaba cansada claro, pero Tomoe lograba algo inexplicable en cada rincón de su ser. En mucho tiempo no se había sentido de aquella forma que ya no tenía cabeza de planificar la propia boda.

Sin darse cuenta aquel zorro astuto ya se encontraba semi encorvado lamiendo la cara interna de sus muslos sin quitar el rostro de su piel, sintiendo con claridad como su saliva sensibilizaba el roce de su aliento contra su muslo. Se contrajo bruscamente cuando sintió la caliente lengua de su amado pasar por encima de la tela que cubría su sexo ansioso. Lo deseaba tanto que sentía como bullía el calor de su vientre con cada recorrido de su lengua contra su intimidad.

Estaba enloqueciendo, sus jadeos comenzaron a subir concorde su amado aumentaba y descendía el ritmo, su cadera se movía por inercia al compás esa boca que la hacía sentir el mismo cielo y el tiempo que estuvo trabajando parecía una pesadilla lejana de la que no quería volver. Faltaba poco, el placer que sentía comenzaba a ser asfixiante y necesitaba que algo dentro de ella fuese liberado. No lograba pensar, sentía como las manos del kitsune apresaban sus caderas siendo el quien llevase el ritmo. Estaba acercándose, solo un poco más y esa dulce agonía seria liberada de su cuerpo…

Gimió con satisfacción cuando ese calor absorbente en su interior fue extenuado por los expertos movimientos de su familiar. Se sentía cansada y algo sucia por la transpiración y la saliva ajena en su piel.

Pero a pesar de todo ahora se encontraba mucho más relajada en cuanto a la planificación de la boda que no demoro mucho en volver a ocupar sus pensamientos. Tenía las cosas más claras y su cuerpo se sentía más cansado, pero con un peso menos de encima. Lo que le faltaba por revisar le parecía mucho más sencillo y los trabajos pesados que aún quedaban por terminar estaban con el tiempo ideal. Toda la ansiedad que tenía acumulada era por el trabajo en exceso. El matrimonio de su querida amiga iba más que perfecto.

- Nanami…

Antes de que la chica pudiese responderle, comenzó a arreglar sus ropas de la manera correcta. Ella al verlo de reojo se preguntó si Tomoe se encontraba ansioso por no haber sido atendido de ninguna manera. No le dejó ni siquiera que tocara su piel. Sin embargo no se veía para nada agitado, de hecho parecía mucho más tranquilo que la misma Nanami.

- Tomoe tu-

- ¿Tienes algo importante que atender ahora? - Preguntó dulcemente juntando su frente con la suya. La castaña pensó un momento para que las planificaciones pendientes se ordenaran en su cabeza. Olvidando su pregunta inicial -

- Necesito colocar las mesas en la sala principal… Y organizar bien cuáles serán las comidas que se prepararan en el banquete después de la boda…

- Yo me haré cargo de eso.

- ¿Qué?

- Ya me oíste. - Respondió con arrogancia, levantándose del suelo - Está bien que te esfuerces en preparar la boda de Himemiko, pero no seas ridícula. Es demasiado trabajo para ti sola y hace varios días que no has dormido correctamente. Yo me haré cargo de lo que queda y tú dedícate a disfrutar el tiempo que queda y salir por ahí con tus amigas.

- ¡Pero ya me siento mucho mejor! No es nada de que pre-

- Escucha. - Tomó su mentón con sus garras, presionándole levemente el rostro mientras la acercaba hacia él. - Soy el primero en el templo que se siente orgulloso cuando desarrollas tus labores eficazmente. Pero sigues siendo mi mujer y no toleraré que ese matrimonio te enferme de los nervios. Así que como buena esposa que eres te irás con tus amigas a pasar la tarde en alguno de esos enfermizos sectores humanos llenos de ruido, y de paso te comprarás un adorable conjunto para mí. ¿Has entendido?

- ¡NO QUIERO!


- ¡Estoy feliz de que hayas podido encontrar un momento para nosotras, Nanami-chan!

- jajaja…

Tomoe ni siquiera le había dado la oportunidad de responder, tan rápido como le había dado aquella extraña orden se desvaneció en el aire junto con los documentos que tenía en mano. No podía evitarlo, Tomoe era muy terco cuando algo se le metía en la cabeza y en el último tiempo había sido ignorado por la castaña.

Tampoco había mucho de qué preocuparse, todos los preparativos estaban organizados con anticipación y en perfecto detalle. Incluso si se hubiese pasado por alto alguna cosa estaba segura que Tomoe sería capaz de solucionarlo sin ningún problema. No era la primera vez que le ayudaba en labores del templo.

- No te ves muy feliz de vernos, Nanami. - Cuestionó la chica de porte más maduro del grupo. Aun con la manía de mantener el celular en mano mientras escuchaba una amena charla con sus amigas.-

- N-No es eso Kei… Es solo que estoy un poco cansada.

- ¿Ser diosa del templo sigue agotándote mucho? - preguntó Ami con cierta curiosidad y preocupación en su mirada.- Deberías descansar de vez en cuando…

- Hace una semana atrás que planifico un matrimonio. Eso me ha tenido bastante agotada.

- Vaya, ¿qué pasó con la energética Nanami que le hacía frente a todo lo que deparaba su futuro?

- No me molestes Kei, seguiría organizándolo si Tomoe no me hubiese obligado a tomar el día. - Rezongó recordando la particular discusión que habían tenido horas atrás. - ¡Mas encima me ordenó comprar un conjunto para su interés! ¡Eso es un descaro mayúsculo de su parte! - Terminó avergonzada, tapándose el rostro levemente con una de sus manos. Sentía sus mejillas arder. Y aunque esos temas los podía tomar con sus amigas con más naturalidad al paso de los años. Aún seguía siendo muy tímida para comentarlo sin penas. Sus amigas por su parte solo rieron divertidas. Nanami era más abierta respecto a su relación y a sus propios deseos, pero no había cambiado nada. Ni física ni emocionalmente. Al igual que Ami -

- Mikage debe ser realmente molesto cuando se coloca en el estado de pareja preocupada, pero deberías sentirte alagada que te siga viendo con los mismos ojos que hace 7 años. La mayoría de los hombres después de un tiempo se van a los barrios rojos a suplir sus necesidades.

- Eso es verdad… Espero que mi matrimonio jamás termine así. ¡Quiero ser dichosa como Nanami-chan! - Comentó una Ami ilusionada con que su aun joven matrimonio con la celebridad más deseada de Japón siguiese en una dulce luna de miel. Él la trataba con la misma dulzura y cariño como si se hubiesen casado hace días atrás.-

- Ustedes tienen suerte. Sus parejas son demonios, mientras que la mía es solo un idiota.

- ¿Tienes listos los papeles de divorcio Kei?

- Estarán listos desde la próxima semana. Ese infeliz se arrepentirá del día en que intentó levantarme la mano. - Ambas chicas se colocaron un poco tensas por aquel comentario. Kei se había comprometido con un carismático empresario de ata reputación hace años atrás. Sin embargo su matrimonio se fue deteriorando a medida de que el esperase a una mujer sumisa y calmada que no le contrajera en absolutamente nada. Claro está que en Kei jamás funcionó. Y dentro de ella se maldecía internamente en no hacer caso a las palabras de Kurama y Tomoe que ese sujeto no era mala persona. Pero si potencialmente capaz de perder los estribos.-

- Lamento mucho que hayas tenido que pasar por eso. - La castaña tomó con suavidad la mano de su amiga. Esta ante su gesto solo sonrió y la apretó para sentir su apoyo incondicional. -

- No te preocupes Nanami. En el fondo no le guardo rencor… Le sigo queriendo tanto como cuando me casé. Hay veces que simplemente algunas cosas no están planeadas para ti.

- Kei eres muy madura. - Susurró la pequeña chica de cabello ondulado.- Bueno, siempre has sido muy buena para estar espléndidamente sola como con buenas parejas. ¡Kei-chan es invencible!

- ¡Pues claro!

''Hay veces que simplemente algunas cosas no están planeadas para ti''

Esa frase retumbó con fuerza en la cabeza de Nanami… Era verdad. Era tan verdad y tan dolorosa verdad… Que por un efímero momento se desconectó de ese elegante recinto y un abrumador dolor comenzó a emerger desde el fondo de su corazón. Aun le costaba asimilar su propia realidad.

- ¡Nanami!

- ¡¿Ah?!

- ¿Qué te paso? Por un momento parecías estar muerta. - Cuestionó la mayor -

- ¡Tus ojos se vieron grises por un segundo! Dio mucho miedo…

- Ya les dije que estoy muy cansada… Recuerden que soy un zenko joven - Rio inocentemente -

- Como digas… ¿Pero estas segura que no quieres ir a casa?

- Tomoe me dijo que llegase después de las ocho así que aún tengo tiempo que compartir. ¡No se preocupen por mí! - Sonrió con dulzura y bebió un poco del jugo natural entre sus manos.-

- ¿Ah entonces tienes planeado hacerle un lindo regalo a Tomoe?

- ¡No!

La conversación se extendió hasta altas horas del dia. Por lo que la joven diosa termino llegando a las 10 de la noche con un montón de cajas de diferentes tamaños y colores. Crédito a su querida Kei que después de un rato decidió que comprar y saturar la tarjeta hasta el colmo de su aun esposo sería una gran idea para quedar en un empate por las recientes discusiones por el acuerdo de divorcio.

Aun con el permiso de usar como quisiese el sueldo de su esposo, a Nanami le hacía sentir muy mal gastar tanta cantidad exagerada de dinero solamente en atuendos de marca y zapatos de diseñador.

Pero si no lo hacía ocasionalmente terminaba discutiendo con Tomoe de por qué no permitía ser consentida como le viniese en gana siendo que para él ese dinero era tan inútil como los humanos quienes se lo entregaban. Ya que ellos no eran parte totalmente de ese mundo.

Al menos con todo lo que había gastado ese día le dejaría en paz por un buen tiempo. Además que de que muchas ropas eran verdaderamente preciosas y el no necesitar ver el precio para poseerlo era como vivir en un dulce sueño para la joven diosa.

Cuando iba llegando por la mitad de las escaleras pudo observar a la distancia una luz tenue alumbrado el final del camino. Era Tomoe.

- ¿Llevas esperándome mucho tiempo?

- No realmente. Sentí tu presencia y vine en tu búsqueda. - Respondió con total naturalidad mientras le quitaba las bolsas que a duras penas llevaba la castaña - Déjame llevar esto.

- Ah sí… Kei me obligó a comprar todo esto…

- Está bien. Me gusta que mi querida mujer haga lo que quiera sin límites algunos. - Sonrió de lado mostrando su caracteriza sensualidad natural. Era un hombre hermoso para los ojos de cualquiera.- ¿Te sientes mejor?

- Si, gracias por cuidar de mi trabajo… Eres el mejor.

- Naturalmente soy el mejor. - Respondió con orgullo y la chica asintió, ya acostumbrada a los aires de grandeza de su amado, tomó la mano libre entre todas las bolsas. - Soy feliz de que ahora estés descansada de todo esto. Ya te veía colapsar.

- Quiero que la boda de Himemiko sea maravillosa. Es por eso que me esfuerzo tanto.

- Recuerda que por mucho que quieras hacer feliz a los demás, debes preocuparte de tu propia salud. Si colapsas en medio de la velada preocuparas a todos.

- Si…

- Así que desde ahora yo me encargaré de los detalles estés o no a favor. Además no queda mucho que hacer después de hoy.

- ¿Qué?

Antes de responder pudo observar un espectáculo visual maravilloso en la entrada del templo. Las kitsune-bi revoloteaban con gracia por los alrededores y unas más grandes se observaban en fila desde el torii hacia la entrada, quien se encontraba brillando de un rojo vivo, como si tuviese vida propia. Le produjo una profunda nostalgia verlo de aquella forma.

- En el interior está todo preparado. Incluso la sala en donde se hará el banquete se encuentra con todo lo que querías para el matrimonio de Himemiko.

- … Simplemente no puedo competir contigo. - Sonrió con pesadez -

- No hice todo esto. Solo lo adorné, fuiste tú quien organizo todo. Así que date crédito también. Nanami.

- ¡Sí!

No podía conseguir a mejor complementación ni aunque le fuese la vida en ello. Tomoe era perfecto no solo en todo lo que hacía. Sino que la conocía al revés y al derecho. Sabía qué hacer cuando estaba deprimida, como actuar cuando se encontraba molesta. Donde y cuando tocarla para que no se sintiese incomoda.

Nadie podía igualarlo, ni siquiera otro kitsune.

Muy en lo profundo de su ser agradeció a Kei de persuadirla para que comprara un regalo ideal que hiciera que Tomoe se sintiera agradecido esa misma noche. Mientras recordaban con cariño el día exacto en donde sus vidas pasaron por la unión eterna del matrimonio.

.

.

No podía estar más nerviosa. Cada segundo tenía que dirigirse al baño en caso de que quisiese vomitar. Las piernas le temblaban y el pecho se le aceleraba tan rápido que hasta Kurama temió que la vida de la chica corriese peligro.

- Cambie de opinión. ¡No quiero casarme!

- ¡¿De qué mierda estás hablando Nanami?! Eres la primera de las tres que se casará, ¡deberías estar feliz!

- No soporto todo esto… ¿¡Que se supone que tengo que hacer en este punto!? Además jamás pedí casarme…

- ¿Qué hacemos? Nanami-chan no puede salir de esa forma vistiendo el wataboshi… - Interrumpió Himemiko los incansables llantos de la chica, tomando una especie de capucha blanca -

- ¡No quiero salir!

- Será mejor que se apresuren… Los invitados ya están en sus puestos. - En cuanto Mizuki había entrado fue tomado por Kei y Ami un tanto alejados de la chica y sus incansables llantos.- ¿Qué pasa?

- Como está Mikage?

- Lanzando fuego por la boca…. Está esperando que todo acabe lo más rápido posible…. - Respondió con molestia - Y al parecer Nanami-chan esta con los mismos nervios… ¿Que haremos? ¡No quiero que la boda de Nanami-chan sea un fracaso!

- ¿Por qué demoran tanto? Ohh Nanami-san se me maravillosa de blanco. - Respondió una tercera voz entrando con una amplia sonrisa a la habitación -

- ¡Mikage-san debería estar viendo que Tomoe-kun no destroce el lugar!

- No te preocupes Mizuki, estará bien…

- ¡No lo estaba! ¡Tomoe-kun estaba cerca de comenzar a discutir con los cuervos y Nanami se encuentra llorando sin querer salir!

- El sólo está ansioso -Respondió con total tranquilidad - No hará ningún daño. Lo que me preocupa es que Nanami-san este aun arreglándose, cuando tuvo que salir hace veinte minutos…

- ¡Mikage-san! -La nombrada fue corriendo hacia los brazos del dios de la tierra. Estaba histérica, asustada y terriblemente preocupada.- No quiero salir… ¿¡Que haré si Tomoe me ve así!?

- Tranquila querida. Sólo estas alarmada. - Le correspondió el abrazo como un padre comprensivo. Luego desvió su mirada hacia los curiosos que miraban preocupados.- Estaremos listos en cinco minutos. Vayan a sus puestos.-

Cuando tuvo una respuesta afirmativa de las chicas y el joven familiar. Acaricio con dulzura la cabeza de la chica en donde un muy complejo peinado coronaba su cabeza con cabellos elegantemente ordenados. Fuera de que el rímel se había corrido y sus ojos estaban hinchados por las lágrimas. Nanami Momozono se encontraba hermosa en el día más maravilloso de su vida.

Pero de pronto, como si de una fuerte ventisca golpease su rostro, mientras Kei y himemiko terminaban los últimos detalles comenzó a sudar frio, se sentía acorralada, sola y angustiada al no verse preparada para contraer matrimonio con 18 años. Pero no era una situación de la cual Mikage no estaba acostumbrado de ver, sólo necesitaba el apoyo familiar que toda su vida había carecido para salir adelante.

- Nanami… Limpia tus lágrimas. El maquillaje quedó totalmente destruido por tus sollozos…

- No sé lo que me pasa… Estaba tan feliz de que Tomoe me hubiese pedido matrimonio…. Pero… Pero… Estoy asustada…. No sé qué haré… ¡Si salgo así Tomoe no querrá casarse conmigo! - Gritó rompiendo en llanto nuevamente -

- Pero querida, Tomoe ya eligió permanecer a tu lado por toda la vida. ¿Tú crees que si te ve llorando va a cambiar lo que él ha sentido por más de 500 años? - La chica lo miro por primera vez directamente a sus ojos. Mikage tomó un pequeño pañuelo húmedo y comenzó a retirar el maquillaje corrido de su precioso rostro - La vida de un matrimonio no es casarse y ya Nanami. Es conocerse profundamente, comprenderse y caminar de la mano por muchos obstáculos que la vida les imponga. Es escucharse antes que nada, respetarse y amararse sinceramente. Por esa razón un matrimonio no se toma a la ligera. Tomoe lo sabe. Así que no te preocupes si te ve llorando o angustiada. Él te apoyará incondicionalmente, porque de eso se trata el matrimonio.

Antes de que pudiese responder sus palabras desvió su mirada hacia el gran espejo que se encontraba a su lado. Era verdad, estaba horrible. Su maquillaje corría dándole el aspecto demacrado de un fantasma, sus ojos estaban hinchados y aun se encontraba nerviosa, por lo que su cuerpo temblaba con leves espasmos.

Pero a pesar de todo… Estaba vestida de blanco, lista para su amado. Se iba a casar con el único hombre que había iluminado su vida de mil maneras diferentes. Mikage tenía razón. Permitió que sus nervios nublaran su juicio. Se levantó con determinación y retiro el maquillaje en exceso mientras dejaba por un momento sus ojos en el agua. En menos de un segundo ya estaba de lado del antiguo dios con su habitual sonrisa, y unos ojos que anunciaban decisión y la profunda felicidad que hace días atrás irradiaba por todo el templo.

Sus temores habían desparecido poco a poco gracias a las palabras del hombre, tomó su pálida mano y camino junto a él hacia donde le esperaban los ansiosos invitados y su querido amante. Sólo faltaba ella para que la celebración comenzase y ya no podía hacerlos esperar. Donde un brillante torii relucía en un rojo vivo la joven diosa apareció de la mano de un amable acompañante. Desvaneciendo la ansiedad de quienes pensaban que se arrepentiría y maravillando a quienes le veían con un elegante y tradicional vestido blanco.

Ella jamás había conocido lo que significaba tener una familia. Ni siquiera podía imaginarlo con el padre que tuvo en su infancia. Pero su corazón cubierto de tristeza ya no tenía dudas ni inseguridades. Como muy contadas veces sucedía, antes de llegar al altar se permitió ser observada con sus orejas y colas de zenko.

- ¿Nanami-san?

- Me casaré con la apariencia que decidí para permanecer al lado del hombre que amo. Mikage-san. - El nombrado sonrió honrado. - No me casaré con ninguna mascara de por medio.

- Ya vas entendiendo lo que es un matrimonio, me siento orgulloso de ti.

El wataboshi cubría totalmente sus orejas puntiagudas que se camuflaban con su cabello, y sus colas tan oscuras como la tierra nutrida sobresalían perfectamente por el kimono blanco que la cubría del sol. Un maravilloso día para casarse con el hombre que la había esperado por más que 500 años.

Pero nadie se esperó que ese día un mito tan arcano como los orígenes de los dioses se mostrara como invitada especial de esa boda. Aun con un radiante sol de primavera unas delgadas y frágiles gotas de lluvia comenzaron a caer en el templo, empapando levemente a los invitados. Se presenció más de un rostro desconcertado por ese fenómeno. Menos el astuto familiar, quien miraba el cielo con decepción. Si tan sólo su gente no tuviese tales tradiciones.

La chica observo maravillada aquella frágil lluvia de primavera. No era cualquier lluvia. Sino transparente y totalmente pura, parecía que desde el cielo caían diamantes hechos especialmente para hoy. Se recogió levemente la capucha que cubría su cabello y se permitió ser acariciaba por las gotas de agua cristalina. Eran frías, pero por alguna razón agradables a su tacto.

Cuando llegó al encuentro de su amado este lo veía un tanto entristecido y maravillado por la imagen de Nanami. Un kimono tan puro como el alma de esa niña de 18 años, un cabello recogido elegantemente en el que la horquilla que conocía muy bien lo sostenía de la gravedad. Y su rostro pequeño levemente humedecido por las gotas mostraba la sonrisa más hermosa que había visto en su larga vida.

- Te ves hermosa… Lástima que la lluvia mojé el precioso kimono que llevas.

- No sería una boda de zorros sin lluvia. Es realmente hermoso…

- … Si, lo es.

Respondió melancólico, No había pisca de nerviosismo en la mirada de la chica. Y la ansiedad del kitsune también se había desvanecido en el momento que la vio en camino. Con una amplia sonrisa la tomó de la mano y se dispuso al iniciar la ceremonia.

En frente de íntimos invitados que vieron el fruto de su relación madurar con el tiempo y una lluvia de primavera en un día soleado. Una pareja al fin pudo dar fin a la larga espera de unir sus destinos y dar inicio a su vida, juntos.


Dato: Los Hombres casados japoneses luego de formar una familia con el pasar de los años pierden el interés ante la señora. Por lo que es normal para ellos después del trabajo irse a los barrios rojos (de putas, literalmente) y las esposas lo consienten, en la mayoría de los casos debido a que tampoco tienen como cultura establecido que las relaciones maritales son importantes. Por lo que el deseo lo consiguen fuera del matrimonio.

Wataboshi: Es una capucha que va encima del kimono blanco cuando las mujeres se casan.

Kitsune no Yomeriri: Existe un mito dentro de la cultura nipona que cuando los zorros se casan comienza a llover en día soleado. Ademas se dice que los zorros quienes no fueron invitados a la boda, se vengaran por ello.